jueves, 6 de octubre de 2016

Entre judíos y samaritanos



Después de los reinados de David y Salomón, el pueblo judío se dividió en dos reinos: Judá o Reino del Sur, con su capital en Jerusalén; e Israel o Reino del Norte, con su capital en Siquem (que más tarde se trasladó a Samaria)… Cada uno de los dos reinos sufrió el exilio en distintas ocasiones: Judá a manos de Babilonia; e Israel a manos de Siria… la diferencia entre ambos es que los habitantes de Judá lograron restablecerse sin mezclarse con otras razas, mientras Israel se unió con otros pueblos al regresar del exilio…
Esto fue motivo de escándalo para los habitantes de Judá, quienes dejaron de considerar a los samaritanos como judíos auténticos… De igual manera, los samaritanos dejaron de considerar obligatorio el culto en el Templo de Jerusalén, dando culto a Dios en el monte Garizim…
Los samaritanos creían en Yahvé como único Dios… consideraban a Moisés como el profeta por excelencia y observaban la Ley de la Toráh… pero no reconocían el Talmud (tradición oral judía), ni los Profetas (Nevi’im), ni los libros escritos (Ketuvim)…
Todos sabemos que en el tiempo de Jesús, las relaciones entre judíos y samaritanos eran tensas y conflictivas, llegando hasta el odio y la intolerancia en muchas ocasiones… pero hay tres pasajes muy interesantes que me gustaría mirar brevemente…
Inhospitalidad de los samaritanos (Lucas 9, 51-56)
Samaria quedaba entre Galilea y Jerusalén, de manera que para ir de uno a otro era necesario pasar por Samaria, de otra manera había que dar una gran vuelta para evitar la región… y cuenta Lucas que en uno de sus viajes, Jesús envió mensajeros delante de Él a un pueblo de Samaria para que le prepararan posada… los samaritanos de ese pueblo se negaron a recibirle, porque iba hacia Jerusalén (por tanto, era judío)… y Santiago y Juan (por algo les llamaban “los hijos del trueno”) le preguntaron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?»… pero Jesús les reprendió por tal pensamiento y siguió hacia otro pueblo…

La samaritana, en el pozo de Sicar (Juan 4, 1-42)
En esta ocasión Jesús va de Judea hacia Galilea y se detiene en Sicar (en Samaria)… mientras los discípulos van a comprar comida, Él se queda junto al pozo conversando con una mujer samaritana… el diálogo entre ambos es hermoso y de gran profundidad teológica… lo primero que debemos comentar es la sorpresa de la mujer: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?»… Jesús le responde haciendo alusión al «Don de Dios» y le ofrece «agua viva»… esas dos referencias son al Espíritu Santo… luego Jesús le habla de un nuevo culto que no estará sujeto al Templo de Jerusalén ni al Monte Garizim, sino que «llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad»… el relato sigue diciendo que Jesús le habló sobre todo lo que ella había hecho durante su vida… y ella, sorprendida, corrió al pueblo a contárselo a todos: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?»… dice Juan que Jesús se quedó dos días en Sicar… y «fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: “Ya no creemos por tus palabras; nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.”»

Parábola del buen samaritano (Lucas 10, 25-37)
Todos hemos escuchado la parábola del buen samaritano… un doctor de la Ley que, para poner a prueba a Jesús, le pregunta qué debe hacer para tener en herencia la vida eterna… Jesús devuelve la pregunta, preguntando qué es lo que dice la Ley… “Amar a Dios y amar al prójimo”, responde el legista… inconforme con el giro de la conversación, vuelve a preguntar a Jesús que quién es su prójimo (los judíos solamente consideraban como “prójimo” a otros judíos)… esto le da pié a Jesús para contar la parábola del hombre que va de Jerusalén a Jericó y caen en mano de ladrones que le dejan mal herido a la orilla del camino… a su lado pasan un sacerdote y un levita judíos, y ambos siguen de largo sin ayudarle… finalmente, pasa un samaritano que le socorre, cura y cuida… la parábola concluye con un pequeño diálogo entre ambos: Jesús le preguntó, «¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores? Él dijo: El que practicó la misericordia con él. Díjole Jesús: Vete y haz tú lo mismo.»

Veamos… en el primero de estos tres pasajes, Jesús rechaza la actitud de odio y violencia de Santiago y Juan –y los judíos en general– hacia los samaritanos… actitud que hubiera estado bien vista, según las relaciones reinantes entre judíos y samaritanos pero que se opone con el mensaje del Evangelio de amar al prójimo (incluyendo a los “enemigos”)… en el segundo, Jesús no sólo conversa con la samaritana, sino que le ofrece el «Don de Dios», que no es otra cosa que Dios mismo… en adición, se queda entre los samaritanos dos días, anunciándoles el Reino… o sea, que además de hablar con los samaritanos, Jesús se interesa por su salvación y les trata con respeto y misericordia… por último, Jesús utiliza a un samaritano como ejemplo para mostrarle a un legista judío que “prójimo” no es el que comparte mis ideas o mi fe, sino todo aquel que necesite ayuda…
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Pues la actitud de algunos hermanos evangélicos hacia los católicos se parece a la actitud que existía entre judíos y samaritanos: está llena de reproche y condena por el sólo hecho de ser católico… fíjense, en ocasiones he comentado que algunos hermanos evangélicos tienen más respeto y cortesía para con un musulmán o un budista que para un católico… ¡lo vemos aquí mismo en algunos temas!!!
Los valores del Evangelio son humildad, mansedumbre y renuncia… y estos valores nos deben llevar a amar a Dios y al prójimo (y “prójimo” son todos)… no con un amor cualquier, sino con el Amor mismo de Cristo… con un amor tan perfecto, que no deja espacio para nada más…
A ti, hermano evangélico o de otra denominación que me lees…
Cuando veo la actitud que tienes hacia los católicos, no veo el Amor de Jesús reflejado en tus palabras… al contrario, en lugar de humildad, veo soberbia y prepotencia… en lugar de mansedumbre, veo intolerancia y odio… en lugar de renuncia, veo insulto, burla y desprecio… y no se trata de que creamos lo mismo o estemos de acuerdo en todo… pero de la misma manera que los católicos respetamos la manera de pensar de otras iglesias –cristianas y no cristianas– de esa misma forma esperamos que se nos respete nuestra fe…

No sé tú… pero yo no puedo imaginarme a Jesús enviando fuego del cielo para acabar con una ciudad de Samaria… sin embargo, tú nos condenas sin pensar que esa actitud de juicio/condena es rechazada por Dios…
No sé lo que tú piensas… pero mientras Jesús se sentó a dialogar con la mujer samaritana, abriéndole su Corazón para poder alcanzar el de ella… tú te limitas a disparar tres o cuatro textos bíblicos, sin importar lo que yo pueda decir o pensar al respecto… no te interesa escucharme porque ya me has juzgado por lo que te dijeron… y no te interesa conocerme para saber lo que de verdad creo y pienso…
No sé tú… pero cada vez que leo uno de tus comentarios incendiarios, no puedo dejar de preguntarme si alguna vez has pensado que yo soy “tu prójimos”, al igual que tú eres el mío… y que de la misma forma que yo respeto tu fe, también espero que tú respetes la mía…
Entiendo que tú creas que estás por el camino correcto… pero de verdad te digo, lo que tú crees de los católicos… lo que te han dicho o lo que crees haber visto… ¡está equivocado!… yo soy tan cristiano como tú… adoró a Yahvé, él único Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo… y guardo su Palabra con celo apostólico… tan así, que no sólo guardo su Palabra escrita, sino que guardo todo aquello que dijo e hizo Jesús y que no se escribió (como explica Juan al final de su Evangelio)…
No espero que cambies tu forma de pensar o sentir… cada cual es libre de elegir el camino que desea recorrer… y cada cual será responsable de darle cuentas a Dios por sus acciones (o la falta de ellas)… pero igual que tú eres libre, también lo soy yo… y si nuestro Padre respeta la libertad de ambos, ¿por qué no puedes tú respetar la mía?
A pesar de tus palabras y reproches, créeme, te amo como a mi hermano y oro a Dios por ti… no para que te cambie… o te convierta… o te salve… sino para que Su Voluntad se cumpla total y completamente en tu vida … y sobre todo, oro pidiéndole a Dios que te bendiga con su Amor y te conceda esa Paz que viene de morar dentro de su Corazón…
Y tú, hermano católico que me lees…
No permitas que estas actitudes afecten tu relación con Dios o tu forma de ver al prójimo… Lo digo porque a veces pienso que podemos caer en lo mismo… juzgando y condenando, cuando eso solamente le compete a Dios… Si nos insultan o calumnian o difaman… respondamos con caridad y respeto… mostremos la Verdad de nuestra fe… amemos y oremos!!!

Recuerda que Jesús predicó en muchas sinagogas… y levitas y fariseos rechazaron, unos tras otros, el Mensaje de Salvación que se les ofrecía… pero a pesar de eso, algunos oídos oyeron… y algunos corazones acogieron la Palabra… y por esos pocos es que hoy vive nuestra Iglesia… Sembremos la semilla del Evangelio con nuestras palabras… pero sobre todo, con nuestro ejemplo de vida… seamos como Jesús… y el Espíritu Santo se encargará de tocar los corazones que Él desee tocar…
Dios me los bendiga a TODOS… y María Santísima, Madre del Salvador y Madre nuestra, nos acompañe por el camino hacia Jesús…

Romualdo de Tengo Sed de Ti

Nuestra Señora del Rosario – 7 de octubre


En este santoral de ZENIT, que se inició a primeros de noviembre de 2012, por vez primera se incluye un espacio específicamente dedicado a la Virgen, aunque a través de la vida de los santos y beatos ofrecidos siempre ha estado presente. La tradición mariana impregna la cultura de incontables rincones del mundo. Sin disimular su orgullo, las gentes relatan la ancestral devoción heredada y transmitida a las sucesivas generaciones por la patrona que les aglutina. Cada una de las imágenes veneradas, que fue descubierta por alguien en lugares y circunstancias diversas, así como la aparición milagrosa directa de Ella misma, tiene tras de sí la grandeza de la fe florecida en el noble corazón de personas sencillas que nunca osaron dudar de la presencia de la Reina del cielo. Todas han tenido un porqué. Con ellas María insta a la penitencia, advierte de los peligros de no vivir la conversión, media para que se restablezca la paz cuando ha sido el caso, auxilia a los que están en peligro, responde a todos los que la invocan y se encomiendan a su mediación, sea cual sea la situación en la que se hallen. Siempre es portadora de consuelo y esperanza para sus hijos; lleva consigo multitud de bendiciones.
Hay advocaciones de carácter local, de modo que la noticia de su existencia es restringida. Otras son universalmente conocidas, como sucede con la que hoy se celebra: la de Nuestra Señora del Rosario. Tras cada una de ellas se esconde una hermosísima tradición. Por lo general, radica en apariciones que han tenido como acreedores de esta gracia a personas de distinta edad y condición. Han sido escenarios de su presencia árboles, oquedades, montañas, grutas, colinas, rocas, lugares desérticos que han florecido milagrosamente bajo sus pies, riveras marinas o el océano mismo, en campo abierto o en un templo, bien en la intimidad de un convento o en una humilde celda… Todos ellos, y muchos más, han servido para enmarcar una historia de amor sellada por la Virgen en una localidad determinada, en una nación, o en una persona concreta; son «acueductos» a través de los cuales proyecta sus gracias a la Humanidad entera.
El origen del rosario, aunque no como es conocido, se remonta al s. IX. Era usual en la observancia monástica con la lectura de los 150 salmos en la Liturgia de las Horas. El vulgo se limitaba a rezar 150 avemarías (el conocido «salterio de la Virgen»). En 1208 María se apareció a santo Domingo de Guzmán en la capilla del monasterio de Prouille, Francia. Era un momento difícil para él marcado por su lucha contra los albigenses, y rogaba a la Madre de Dios que le sostuviera en esa batalla. Portaba un rosario en sus manos que le enseñó a rezar, rogándole que difundiera por doquier esta devoción, a la par que vaticinaba incontables bendiciones especialmente en la conversión de los pecadores. El santo hizo depositario de esta gracia, entre otros, a Simón de Monfort, que tenía vía libre para dirigirse a los soldados que se hallaban bajo su mando e iban a combatir en Muret. Toda la tropa rezó esta oración y obtuvo la bendición de María con el resultado de una espectacular victoria. En conmemoración de este hecho, que Simón consideró obra de Ella, erigió una capilla dedicada a Nuestra Señora del Rosario.
Domingo propagó esta devoción y fue testigo de numerosas conversiones. Después de su muerte, los dominicos tomaron el testigo continuando esta misión. Pero el ser humano muchas veces peca de inconstancia, y aunque la oración fue acogida y rezada con piedad durante un siglo, después decayó. Entonces María volvió a hacerse presente para pulsar el corazón de sus hijos. Así, en el siglo XV se apareció al beato dominico bretón Alain de la Roche reiterando las promesas –quince en total– que había hecho a Domingo. Le rogó que recuperase esta tradición que se había perdido diciendo que, si además de saludarla, añadían la meditación sobre la vida, muerte y Pasión de su Hijo, se sentiría totalmente complacida. Le aseguró que serían tantos los milagros que se producirían con su rezo, que no habría prácticamente volúmenes para recogerlos. El beato volvió a restablecer esta devoción que fue calando en las gentes sencillas y en otros estratos sociales del pueblo cristiano.
Cuando el 7 de octubre de 1571 se obtuvo la victoria de los cristianos en la batalla naval de Lepanto, el papa san Pío V, que vio en ella la intercesión de María, solicitada rezando el rosario, extendió su práctica. Instituyó la celebración de Nuestra Señora de las Victorias, y mandó incluir en las letanías el título de «Auxilio de los cristianos». A Gregorio III se debe haber reemplazado el nombre de Nuestra Señora de las Victorias por el de Nuestra Señora del Rosario, como se viene celebrando desde entonces. La historia recoge memorables batallas en las que el adalid del triunfo obtenido ha sido siempre la advocación a la Virgen del Rosario. Distintos pontífices han ido acogiendo fervorosamente su rezo, otorgándole diversas indulgencias. Entre las encíclicas de León XIII se hallan doce dedicadas a él. A este papa se debe que la Iglesia confiera al mes de octubre la dedicación al santo rosario y a la presencia en las letanías del título «Reina del Santísimo Rosario». San Juan Pablo II, al igual que hicieron sus predecesores así como sus sucesores Benedicto XVI y Francisco, insistió en la conveniencia de rezarlo, y en 2002 añadió los misterios luminosos. En total se recorren veinte misterios de la vida de Jesucristo y de María. Tanto en Fátima como en Lourdes, María se apareció llevando un rosario en sus manos, pidiendo a los videntes: «Rezad el rosario».
En las primeras décadas del siglo XX esta oración se hizo popular en el mundo gracias al P. Patrick Peyton, quien hallándose plenamente convencido de haber sanado de su enfermedad gracias a María, no dudó en llevar a cabo su bellísima cruzada en pro del rosario haciendo de este lema «la familia que reza unida, permanece unida» un heraldo de reconciliación, bendecido por la Virgen.

El próximo Sínodo de los obispos tratará sobre ‘los jóvenes y la fe’



El papa Francisco ha decidido el tema para el próximo Sínodo de los obispos: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. La decisión la ha tomado tras consultar, como es habitual, a las Conferencias Episcopales, las Iglesias Orientales Católicas y la Unión de los Superiores Generales. Además también ha escuchado las sugerencias de los padres de la pasada Asamblea sinodal y el parecer del XIV Consejo Ordinario.
Según informa la oficina de prensa de la Santa Sede, el Sínodo tendrá lugar en octubre del 2018. Asimismo, se explica que el tema, “expresión de la preocupación pastoral de la Iglesia hacia los jóvenes, está en continuidad con lo surgido de las recientes Asambleas sinodales sobre la familia y con los contenidos de la exhortación apostólica post-sinodal  Amoris Laetitia”.
Se quiere “acompañar a los jóvenes en su camino existencial hacia la madurez para que, a través de un proceso de discernimiento, puedan descubrir su proyecto de vida y realizarlo con alegría, abriéndose al encuentro con Dios y con los hombres y participando activamente en la edificación de la Iglesia y de la sociedad”.
El Sínodo de los obispos es una asamblea de obispos procedentes de distintas regiones del mundo. Fue creada por el papa Pablo VI el 15 Septiembre de 1965, para responder así al deseo de los padres del Concilio Vaticano II de mantener vivo el buen espíritu nacido de la experiencia conciliar.
Las Asambleas generales pueden ser ordinarias y extraordinarias. Las Asambleas extraordinarias del Sínodo de los Obispos tratan cuestiones que exigen una resolución rápida. La diferencia entre una y otra es también la designación de los miembros de la Asamblea: en la Asamblea extraordinaria participan menos personas que en la Asamblea ordinaria, para facilitar la discusión rápida de los temas a estudiar.
El último Sínodo celebrado abordó el tema de la familia y tuvo una gran atención mediática. Además, tal como explicó en varias ocasiones el Santo Padre, fue en realidad un camino que duró dos años. En octubre de 2014 se celebró la Asamblea extraordinaria y en octubre de 2014 la Asamblea ordinaria. El resultado de este camino fue la exhortación apostólica del Santo Padre Amoris Laetitia.
ZENIT

Marko Rupnik pinta cuatro grandes lienzos. La inspiración de Ignacio en el arte del Aula

La sala de la Congregación es sobria y su acondicionamiento favorece ante todo la concentración en su tarea de las personas ahí reunidas. La vista no se distrae por el alrededor. Sin embargo, los proyectistas del aula han propuesto al artista jesuita esloveno Marko Ivan Rupnik que añada algunos elementos visuales en consonancia con el espíritu de los trabajos que se desarrollaran en este espacio. Rupnik es conocido sobre todo por sus mosaicos de arte sagrado, algunos de los cuáles decoran las capillas de la Curia general, de la Residencia Canisius y otras muchas iglesias en el mundo. De ellos hablaremos en posteriores publicaciones.
Para el Aula, el artista jesuita ha pintadocuatro grandes lienzos (paños) en tonalidades naranjas y amarillas en consonancia con el color madera que predomina en el Aula. El resultado impresiona en las primeras visitas, otorgando una calidez al espacio enormemente acogedora. Los lienzos han sido desarrollados sobre los siguientes temas:
En todo amar y servir, una expresión bien conocida que San Ignacio expone en la última parte de los Ejercicios Espirituales (nº 233), como respuesta agradecida ante el efecto de la gracia de Dios en la vida del ser humano.
1 Jn 4, 8, que redirige al versículo del evangelio según San Juan que dice:Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. De nuevo construyendo sobre la fuerte intuición de Ignacio sobre la interconexión entre la relación con Dios y la relación con los demás.
2 Cor 5, 2.17, otra referencia neotestamentaria, en este caso en la segunda carta de San Pablo a los cristianos de Corintio. Estos son los dos versículos citados: Suspiramos por el anhelo de revestirnos de nuestra morada celeste (v.2); y Quienquiera que vive en Cristo, es una criatura nueva. El mundo viejo ha pasado, un mundo nuevo ya ha nacido.
A su divina majestad, extraído igualmente del nº 233 de los Ejercicios Espirituales. Expresión muy utilizada por Ignacio expresando la actitud de profunda reverencia que nuestro fundador sentí hacia el Señor.
El crucifijo del Aula es también obra de Rupnik, realizado en el Centro Aletti, un centro de estudios y de investigación de la Compañía de Jesús ligado al Instituto Pontificio Oriental (Roma) dedicado a la reflexión intercultural.

MEDITACIÓN DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL EVANGELIO DE HOY:


Esta parábola del amigo inoportuno, que de noche va a pedir a otro, nos hace pensar en nuestra oración. ¿Cómo oramos nosotros? ¿Oramos así por costumbre, piadosamente, pero tranquilos, o nos ponemos con valentía ante el Señor para pedir la gracia, para pedir aquello por lo que rogamos?


La actitud es importante, porque una oración que no sea valiente no es una verdadera oración. Cuando se reza se necesita el valor de tener confianza en que el Señor nos escucha, el valor de llamar a la puerta. El Señor lo dice, porque quien pide recibe, y quien busca encuentra, y a quien llama se le abrirá.

¿Pero nuestra oración es así? ¿O bien nos limitamos a decir: «Señor, tengo necesidad, dame la gracia»? En una palabra, ¿nos dejamos involucrar en la oración? ¿Sabemos llamar al corazón de Dios?

Al final del evangelio de hoy, Jesús nos dice: ¿qué padre entre vosotros si el hijo le pide un pez le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo le dará un escorpión? Si vosotros sois padres, daréis el bien a los hijos. Y luego sigue: si vosotros, que sois malos sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre del cielo... Y esperamos que prosiga diciendo: os dará cosas buenas a vosotros. En cambio no, no dice eso. Dice: dará el Espíritu Santo a quienes lo pidan. Y esto es algo grande.

Cuando oramos valerosamente, el Señor no sólo nos da la gracia, sino que se nos da también Él mismo en la gracia. Porque el Señor jamás da o envía una gracia por correo: la trae Él, es Él la gracia.

Hay una oración en la que decimos al Señor que nos dé aquello que incluso la oración no se atreve a pedir. ¿Y qué es aquello que nosotros no nos atrevemos a pedir? ¡Él mismo! Nosotros pedimos una gracia, pero no nos atrevemos a decir: ven Tú a traérmela. Sabemos que una gracia siempre es traída por Él: es Él quien viene y nos la da. No quedemos mal tomando la gracia y no reconociendo que quien la trae, quien nos la da: es el Señor.

(De la homilía del Papa Francisco el 10-10-2013)

PEDID Y SE OS DARÁ



Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,5-13):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos: 

«Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.” Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.” 

Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. 

Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. 

¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? 

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

Palabra del Señor


Asesinan a tiros a cuatro catequistas católicos en Michoacán


Semidesnudos, torturados, tiroteados y envueltos en en bolsas de plásticos. Así es como aparecieron ayer los cadáveres decuatro jóvenes catequistas católicos en una huerta de limón en una comunidad del municipio de Apatzingán, en el estado deMichoacán, México.
Los cuatro jóvenes habían sido secuestrados el pasado sábado en el poblado de La Ruana, en el municipio de Buenavista Tomatlán. Se trataba de Willibaldo Hernández, Adán Valencia, Jesús López Urbina y Jesús Ayala Aguilar, todos integrantes del grupo evangelizador católico Arcoiris.
"Eran gente de bien, gente trabajadora", dijo Hipólito Mora, líder de un grupo de autodefensa de la zona, al que había pertenecido Jesús Ayala. "Estos muchachos trabajaban con sus papás, con sus familias; uno de los muertos, 'El Chuy', apenas acababa de darse de baja del movimiento para seguir en Arcoíris", dijo Mora.
Mora señaló al cártel de Los H-3, una organización que ha infiltrado a grupos de autodefensa, de ser el responsable de los asesinatos, y recordó que murieron tanto su propio hijo como el padre de Ayala en un reciente ataque perpetrado por este cártel.
En Michoacán operan el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), los Caballeros Templarios, Los Viagras, Los H-3 y la Nueva Familia, entre otras pequeñas organizaciones dedicadas a la producción y tráfico de la droga sintética conocida como cristal.
Apenas el pasado 19 de septiembre fue asesinado a balazos el sacerdote católico José Alfredo López Guillén en el municipio de Puruándiro. Luego esta misma semana fueron ejecutados dos curas del municipio de Poza Rica, Alejo Nabor Jiménez Juárez y José Alfredo Juárez de la Cruz, en el estado de Veracruz. (RD/Agencias)

miércoles, 5 de octubre de 2016

Mira lo que hacía Jesús con los que llevaban mala vida



Jesús come con pecadores y da una oportunidad a los que pensaban que ya no tenían ninguna oportunidad con Dios: “En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: – Ése acoge a los pecadores y come con ellos”.

Me emociona leer este pasaje y pienso, al leerlo, que merece la pena seguir y entregar la vida por alguien así. Al leer esto, arde mi corazón y repito mi sí a Jesús, a mi vocación, a estar con Él a intentar conformar mi vida según ese estilo que me queda grande. Quiero vivir según su corazón.

Su forma de vivir suena a verdad para cualquier hombre, creyente o no. Lo que hoy escuchamos era algo que solía pasar. No es un hecho aislado. A Jesús se le acercan publicanos y pecadores. Y Él los acoge y come con ellos. Los acoge en su vida, a su lado.

Y no sólo eso, sino que se deja acoger por ellos. Comparte su vida tal como es en ese momento. Comparte la mesa con ellos. No hay prejuicios ni barreras. El que es puro come con los impuros. Esa es la principal crítica que le hacen fariseos y escribas. Los que se supone que no pecan.

Ellos condenan, son puros. Condenan que los pecadores se sienten a su mesa. Condenan que Jesús entre en sus casas. Sin poner condiciones. Sin pedirles que primero se conviertan o por lo menos hagan una declaración de buenas intenciones. No les exige un cambio de actitud.

El otro día leía: “El pueblo judío creía en el perdón de todos los pecados, incluidos el homicidio y la apostasía. Dios sabe perdonar a quienes se arrepienten. Eso sí, era necesario seguir un camino. En primer lugar, el pecador debía manifestar su arrepentimiento mediante los sacrificios apropiados en el templo; debía abandonar su vida alejada de la Alianza y volver al cumplimiento de la ley; por último, los daños y ofensas al prójimo exigían la debida restitución o reparación. Si Jesús hubiera acogido a su mesa a pecadores para predicarles el retorno a la Ley, logrando que publicanos y prostitutas abandonaran su vida de pecado, nadie se hubiera escandalizado. Al contrario, lo hubieran admirado y aplaudido”[1].

Pero Jesús no actuó así. Jesús comparte su vida con cualquier hombre que se le acerqueY además parece que los pecadores públicos, marginados y condenados por la sociedad, eran sus predilectos.

Dios, que es todo pureza y perfección, se deja tocar y amar por los pecadores que lo buscan. Se sentó con ellos a la misma mesa.

Comenta el papa Francisco: “La misericordia se revela como dimensión fundamental de la misión de Jesús. Ella es un verdadero reto para sus interlocutores que se detienen en el respeto formal de la ley. Jesús va más allá de la ley; su compartir con aquellos que la ley consideraba pecadores permite comprender hasta dónde llega su misericordia”.

Comparte con los impuros sin hacerse Él impuro. Me gustaría ser así. No poner etiquetas. Me gustaría que no me importara que me las pusieran. No poner barreras, no crear distancias, no temer hacerme impuro.

Me gustaría compartir mi vida y mi camino con cualquier hombre, sin encasillarlo por su moral, por su religión, por su forma de vida. No quiero servir sólo a los que sirven, amar sólo a los que me aman, dar sólo a los que me dan.

Miro a Jesús y me sigo sorprendiendo de lo grande que es su corazón. Todos caben en él. Siempre me ha impresionado. Simplemente amó a los pecadores. Comió con publicanos y prostitutas. Se detuvo con aquellos que estaban fuera de la ley sin hacer que volvieran inmediatamente a la ley.

Su actitud me inquieta. A veces me empeño en querer convertir a todos los que no actúan de acuerdo a la ley. Lo quiero ya. Un cambio absoluto.

Ese abrazo del padre al hijo pródigo me parece excesivo. No hay castigo, ni exigencia. Y pienso que volverá a caer en lo mismo. Se dejará llevar de nuevo por la tentación de huir lejos de su padre. Me cuesta creer en la verdadera conversión del corazón.

Y eso que sé en el fondo del alma que sólo el amor incondicional sana lo más profundo de mi corazón. Lo sé, lo he experimentado y soñado tantas veces.

Los publicanos, las prostitutas, los pecadores públicos que no tienen acceso a Dios según la ley, reciben a Dios en sus casas sin hacer nada para merecerlo. Eso es amor incondicional. Y ese amor los cambió para siempre y seguramente fueron de los discípulos más fieles. Habían conocido de verdad la hondura de Jesús.

María Magdalena. Zaqueo. Mateo. Y muchos otros. Al que mucho se le perdonó, mucho amó. Los fariseos y escribas juzgan desde lejos, no se acercan. Colocan a Jesús bajo sospecha. Si fuera un hombre de Dios, un profeta, no se mezclaría con lo impuro. Se quedan lejos. Construyen un muro y no se dejan amar ni mirar por Jesús.

Me gustaría preguntarme hoy si yo soy de los que juzgo de lejos como esos fariseos y escribas. Si vivo lejos de los que considero impuros, o distintos a mí en la forma de pensar o vivir, encerrado en mi comodidad, protegido y guardado.

O si soy de los que me siento en la mesa de los que pecan dejando de lado mis prejuicios y miedos. Como lo hacía Jesús. Él acoge y se deja acoger por cualquiera. A cambio de nada. Sin contrapartida. Sin pretensiones. Sólo mira al otro hasta el fondo. Le comprende. Se pone en su mesa públicamente para darle la dignidad que se merece cualquier persona.

[1] José Antonio Pagola, Jesús, aproximación histórica

Aleteia

Santa Faustina Kowalska – 5 de octubre


Helena Kowalska nació el 25 de agosto de 1905 en Glogowiec, Polonia, en el hogar de una familia de campesinos, piadosos practicantes. Fue la tercera de diez hermanos. Espiritualmente fue forjada en la fe sobre todo por su madre. Y desde su más tierna infancia manifestó una inclinación religiosa que se apreciaba en su comportamiento. Los suyos conocían perfectamente sus prácticas de oración, la tendencia a procurar todo el bien posible a su alrededor y su marcada predilección por las vidas de santos que le gustaba leer y compartir con otros niños de su edad. A los 7 años fue sellada por la experiencia del amor de Dios. Antes de ir a la escuela, su padre le había enseñado a leer. Luego añadió lo que pudo aprender en la escueta formación académica que recibió, que no llegó a tres años. Los escasos recursos para tan numerosa familia demandaban la pronta ayuda de los hijos mayores. Y ella con 16 años tuvo que ganarse el sustento como empleada de hogar y dependienta. Trabajó en varios hogares y localidades diversas.
Soñaba con la vida religiosa, y en las contadas ocasiones que viajó a su casa paterna expuso este anhelo, recibiendo siempre una negativa como respuesta. En una de ellas ya tenía 18 años. Fue entonces cuando pasó por un corto periodo en el que las diversiones ocuparon su tiempo. En su Diario explicó que de ese modo trataba de sofocar las constantes invitaciones que recibía de lo alto para mudar sus hábitos. Pero la predilección divina se extendió sobre ella. Un día en una fiesta, mientras bailaba, vio al divino Redentor lleno de llagas; poniéndose a su altura, le dijo: «Helena, hija mía, ¿cuándo cesarás de ignorarme y cuánto más estarás alejada de mi lado?». Profundamente turbada, como no podía ser menos, acudió presurosa a la catedral de San Estanislao de Kostka. Cristo se manifestó explícitamente ante la pregunta acuciante de la joven, ansiosa por saber qué debía hacer: «Ve inmediatamente a Varsovia; allí entrarás en un convento».
En esa época la dote era condición imprescindible para ingresar en él. Solo cabía la fe, ya que de ningún modo poseía la cantidad exigida. Pero su confianza en Dios no tenía fisuras, y con ella tocó las puertas del convento de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. Para reunir la suma necesaria aún tuvo que trabajar otro año más. Por fin, en 1925 pudo cumplir la indicación de Cristo integrándose en la vida religiosa; tomó la iniciativa sin contar con la venia de sus padres. Ahora bien, no le resultó fácil la consagración. Le acuciaron las tentaciones de volver al mundo y de mirar retrospectivamente su pasado. Cristo le instó a mantenerse fiel para superar las sombras que se cernían sobre ella y, una vez disipadas con su gracia, siguió el camino trazado desempeñando tareas de cocinera, jardinera y portera. El 30 de abril de 1926 profesó en Cracovia con el nombre de Faustina del Santísimo Sacramento, nombre que se le reveló durante el acto litúrgico.
Era humilde, sencilla, trabajadora, muy alegre. Durante el primer año de noviciado vivió la experiencia de la «noche oscura». Hacia mediados de 1930 y después de haber pasado por casi todas las casas de la Orden, llegó al convento de Płock. En febrero de 1931 recibió la primera revelación. En ella Cristo le pedía: «Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: ‘Jesús, en Ti confío’. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero». Esta imagen fue realizada en 1935 por Eugene Kazimierowski siguiendo sus indicaciones. Es venerada en Ostra Brama, Vilma, aunque la más conocida es obra de Adolf Hyla, que la pintó en 1943 en agradecimiento por haber preservado a su familia de la guerra.
Progresivamente, y en sucesivas manifestaciones, Cristo confiaba a Helena la devoción y ejercicio de la virtud de la misericordia: «Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo, ni excusarte, ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: la primera, la acción; la segunda, la palabra; la tercera, la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mí». En una ocasión, después atender a un enfermo de gravedad, el Redentor le dijo: «Hija mía, me has dado una alegría más grande haciéndome este favor que si hubieras rezado mucho tiempo». Ella respondió: «Si no te he atendido a Ti, oh Jesús mío, sino a este enfermo». Cristo corroboró el alcance de esa virtud: «Sí, hija mía, cualquier cosa que haces al prójimo me la haces a Mí».
Estas revelaciones fueron marcando su vida mística, sellada por profunda aflicción: «Experimento un terrible dolor cuando veo los sufrimientos del prójimo. Todos los dolores del prójimo repercuten en mi corazón, llevo en mi corazón sus angustias de tal modo que me agotan incluso físicamente. Quisiera que todos los dolores cayesen sobre mí para llevar alivio al prójimo». En medio de ello, Cristo la consolaba. Su director espiritual el beato Miguel Sopoćko fue de inmensa ayuda para dilucidar cuánto había de verdad en sus experiencias místicas, y qué debía hacer respecto a la fundación de una nueva Congregación como había percibido. En una de las locuciones Cristo le comunicó su deseo de que instaurase una Fiesta dedicada a la Divina Misericordia. Y ella impulsó esta devoción que contiene la «Coronilla a la Divina Misericordia», oración que Él mismo le dictó, haciéndole saber que quien la rezara recibiría gran misericordia en el momento de la muerte, entre otras gracias.
Mientras, su vida iba deteriorándose paulatinamente con lesiones diversas. La tuberculosis atacó sus pulmones y estómago. Y murió en Łagiewniki, Cracovia, el 5 de octubre de 1938. Había sido agraciada con numerosos carismas. Juan Pablo II la beatificó el 18 de abril de 1993, y la canonizó el 30 de abril de 2000. Determinó también que la Fiesta de la Divina Misericordia se celebre el primer domingo después de la Pascua de Resurrección.
ZENIT

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Algunos colegas están desconcertados. Durante su visita a Georgia y Azerbaiyán, el Papa de la acogida y de la misericordia ha empleado unos tonos de gran severidad a la hora de valorar las consecuencias del divorcio y la pretensión de imponer la ideología de género desde los poderes públicos. Demasiado duro es este lenguaje, han debido pensar, como si las afirmaciones de Francisco fueran nuevas en su pontificado, y como si contradijesen su imagen de la Iglesia como hospital de campaña. La cuestión se la han planteado a Francisco a bocajarro, durante su habitual rueda de prensa en el vuelo de regreso a Roma. En su respuesta, el Papa ha partido de su propia experiencia pastoral como sacerdote y obispo, en la que ha acompañado a personas con tendencia y con prácticas homosexuales. Y ha reconocido que a algunas de esas personas las ha acercado al Señor, pero en otros casos no ha sido posible. Hay que acompañar a las personas como las acompañaría Jesús, que seguramente no despacharía a una persona que se le acerca diciéndole «¡vete, porque eres homosexual!».
Este acompañamiento hecho de acogida, comprensión, paciencia y lealtad a la verdad, no está en contradicción con la denuncia planetaria de la pretensión de muchos poderes (mediáticos, económicos y políticos) de imponer la «teoría de género». A esta pretensión de adoctrinamiento, el Papa Francisco la ha denominado en numerosas ocasiones «colonización ideológica», y esto lo ha hecho en Nueva York, ante la sede de Naciones Unidas, y en el último rincón de Filipinas o del Cáucaso. «La vida es la vida -dijo el Papa a los periodistas- y hay que tomar las cosas como vienen… El pecado es el pecado… cada caso hay que acogerlo, acompañarlo, estudiarlo, discernir e integrarlo. Esto es lo que haría Jesús hoy… Es un problema humano, de moral. Y hay que resolverlo como se puede, siempre con la misericordia de Dios, con la verdad, pero siempre con el corazón abierto». Como hacía Jesús.
Francisco había dicho a los sacerdotes, religiosos y seminaristas en Georgia que hoy está en marcha una «guerra mundial en contra del matrimonio», al que calificó como la obra más bella de la creación de Dios, y fue especialmente duro al hablar de las consecuencias del divorcio. Como explicó en el avión, en realidad esas cosas están ya dichas (aunque con otras palabras) en la Exhortación Amoris Laetitia. Y es curioso que algunos se sorprendan ahora de este modo de hablar del Papa, como si ello estuviese en contradicción con el ímpetu de acompañar e integrar a las familias heridas.
La Iglesia custodia y presenta la hermosura y la verdad del matrimonio a la humanidad en todo tiempo y lugar. Eso es parte esencial de su misión, pero ella no olvida que «las debilidades humanas existen, los pecados existen, pero siempre la última palabra no la tienen las debilidades, los pecados, ¡sino la misericordia!». Francisco recordó los cuatro criterios recogidos en la AL: acoger a las familias heridas, acompañar, discernir cada caso e integrar. De esta manera, la Iglesia «colabora en esa recreación maravillosa que ha hecho el Señor con la redención». La estocada final es de antología: «EnAmoris Laetitia todos van al capítulo octavo, pero hay que leerla toda, desde el principio hasta el fin. El centro es el capítulo cuarto, sirve para toda la vida. Pero hay que leerla toda, y releerla y discutirla toda, es un conjunto. Está el pecado, la ruptura, pero también está la cura, la misericordia, la redención».
José Luis Restán/PáginasDigital.es

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (11,1-4)




No hay necesidad de emplear tantas palabras para rezar: el Señor sabe lo que queremos decirle. Lo importante es que la primera palabra de nuestra oración sea «Padre». Es el consejo de Jesús a los apóstoles. 

Para rezar, no hay necesidad de hacer ruido ni creer que es mejor derrochar muchas palabras. No podemos confiarnos al ruido, al alboroto de la mundanidad, que Jesús identifica con «tocar la tromba» o «hacerse ver el día de ayuno». Para rezar no es necesario el ruido de la vanidad: Jesús dijo que esto es un comportamiento propio de los paganos. Y la oración no se ha de considerar como una fórmula mágica: «La oración no es algo mágico; no se hace magia con la oración»; «esto es pagano».

Entonces, ¿cómo se debe orar? Jesús nos lo enseñó: «Dice que el Padre que está en el Cielo “sabe lo que necesitáis, antes incluso de que se lo pidáis”». Por lo tanto, la primera palabra debe ser «“Padre”. Esta es la clave de la oración. Sin decir, sin sentir, esta palabra no se puede rezar».

«¿A quién rezo? ¿Al Dios omnipotente? Está demasiado lejos. Esto yo no lo siento, Jesús tampoco lo sentía. ¿A quién rezo? ¿Al Dios cósmico? Un poco común en estos días, ¿no? Rezar al Dios cósmico. Esta modalidad politeísta llega con una cultura superficial». 

Es necesario, en cambio, «orar al Padre», a Aquél que nos ha generado. Pero no sólo: es necesario rezar al Padre «nuestro», es decir, no al Padre de un «todos» genérico o demasiado anónimo, sino a Aquél «que te ha generado, que te ha dado la vida, a ti, a mí», como persona individual. Es el Padre «que te acompaña en tu camino», quien «conoce toda tu vida, toda».

Para profundizar en el sentido de la palabra «Padre», podemos pensar en la actitud confiada con la que Isaac —«este muchacho de veintidós años no era un tonto»- se dirige a su padre cuando se da cuenta de que no estaba el cordero para sacrificar y sospecha que él mismo era la víctima sacrificial: «Debía hacer la pregunta, y la Biblia nos dice que dijo: “Padre, falta el cordero”. Pero se fio de quien estaba a junto a él. Era su padre. Su preocupación: “¿tal vez soy la oveja?”, la arrojó en el corazón de su padre». 

Es lo que sucede también en la parábola del hijo que despilfarra la herencia «pero luego regresa a casa y dice: «Padre, he pecado». Es la clave de toda oración: sentirse amados por un padre»; y nosotros tenemos «un Padre, muy cercano, que nos abraza» y a quien podemos confiarle todas nuestras preocupaciones porque «Él sabe lo que necesitamos».

Pero, ¿es «un padre solamente mío? No, es el Padre nuestro, porque yo no soy hijo único. Ninguno de nosotros lo es. Y si no puedo ser hermano, difícilmente puedo llegar a ser hijo de este Padre, porque es un Padre, con certeza, mío, pero también de los demás, de mis hermanos». Por ello, se deduce que «si yo no estoy en paz con mis hermanos, no puedo decirle Padre a Él. 

Y así se explica lo que dice inmediatamente Jesús, después de enseñarnos el Padrenuestro: “Si vosotros perdonáis las culpas a los demás, vuestro Padre que está en los cielos os perdonará también a vosotros; pero si vosotros no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas».
(De la homilía del Papa Francisco el 20-6-2013)

JESÚS NOS ENSEÑA A ORAR

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,1-4):

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

Él les dijo: «Cuando oréis decid: "Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación."»

Palabra del Señor

martes, 4 de octubre de 2016

Violencia, estética y Francisco de Asís


 Como en muchas partes del mundo, también en muchas parroquias de New York, el mes de octubre se recuerda y se celebra la festividad de san Francisco de Asís. Se sabe que es un santo muy querido a nivel universal incluso fuera de ámbitos creyentes. Su vida sigue iluminando muchas situaciones complejas del mundo de hoy. Recordarlo en estos tiempos, donde se pretende infligir no sólo daño sino también el pánico y la desorientación, resulta una terapia eficaz contra una violencia que alimenta el miedo, el aislamiento en los propios puntos de vista y la instalación en los extremismos.
La paz, la contemplación, la oración y todo lo que inspira el santo de Asís desactiva el pánico y ayuda a mantener la calma en momentos sombríos de la vida. Como bien dice la carta a los hebreos, "resistir hasta la sangre luchando contra el pecado" (Heb 12, 4). El creyente está llamado a combatir todo tipo de violencia, pero combate con un corazón sereno, y ese combate es tanto más eficaz cuanto más sereno está su corazón. Francisco de Asís comprendió y nos transmitió que la paz del corazón sólo puede venir de la contemplación de la belleza.
En la visión franciscana es fundamental la contemplación de la belleza (estética) de todo lo creado, algo que a veces se nos olvida y es necesario recuperarlo. La belleza a la que nos referimos no es aquella que seduce o la que se vende por diversos medios sociales, es la belleza que hace visible el bien. Cuando la belleza es negada entonces el mal triunfa, el odio se hace presente, el rencor ocupa el lugar del amor. Recordar a Francisco de Asís, en un contexto violento y agresivo, es recuperar la belleza desde la conversión, la generosidad, y la creatividad. El pobre de Asís nos señala que en la búsqueda del bien se encuentra la paz.
La experiencia estética para el santo de Asís es apertura en un momento de la conversión personal: El individuo siente la necesidad de mirar de nuevo, a prestar más atención a lo que está sucediendo. Mirando de nuevo, cuestionamos nuestras actitudes iniciales, revisamos nuestras opiniones y nos disponemos a admitir que podríamos haber cometido un error.
La consecuencia de "entrar" en la cosmovisión franciscana es la adquisición de una esperanza que nos lleva a concebir un estilo de vida diferente y a luchar por un mundo mejor. Nos lleva a hacer frente a la violencia y resistir posturas políticas enfermas y egoístas. Como vimos en la noche del pasado lunes, en el debate entre D. Trump y H. Clinton. Ahí quedó claro que Trump representa el capitalismo degradado a puro egoísmo. Clinton aparentemente mejor preparada pero que en el fondo representa una imagen que no inspira el bien común.
Frente a estos sucesos hace bien a la mente y al corazón humano venerar a san Francisco de Asís. Él nos ofrece la posibilidad de ampliar nuestro universo moral en la que se puede incluir a más personas e incrementar nuestras categorías morales. Nos ayuda a amar la creación y a verla como un regalo de la mano del artista divino que encanta al corazón humano y ayuda a comprender que no hay ruptura entre este mundo y el siguiente. El pobre de Asís acoge sin reservas a todo el que encuentra, amigo o adversario, aceptándolo como compañero de camino. Ante hechos violentos y desesperantes no nos sugiere encerrarnos, sino proclamar la belleza divina para construir un futuro de esperanza con toda la humanidad. Nos invita a ser signo visible de comunión, comunicación en modo tal que todos puedan sentirse acogidos, amados y perdonados.

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO DE SAN LUCAS (10, 38-42)




“Queridos hermanos y hermanas, 

En el Evangelio de hoy el evangelista Lucas habla de Jesús que, mientras está de camino hacia Jerusalén, entra en un pueblo y es acogido en casa de las hermanas Marta y María (cf. Lc 10, 38-42). Ambas ofrecen acogida al Señor, pero lo hacen de modo diverso. María se sienta a los pies de Jesús y escucha su palabra (cf. v. 39), en cambio Marta estaba totalmente absorbida por las cosas que tiene que preparar (...)

En su obrar hacendoso y de trabajo, Marta corre el riesgo de olvidar —y este es el problema— lo más importante, es decir, la presencia del huésped. Y al huésped no se le sirve, nutre y atiende de cualquier manera. Es necesario, sobre todo, que se le escuche. 

Recuerden bien esta palabra: escuchar. Porque al huésped se le acoge como persona, con su historia, su corazón rico de sentimientos y pensamientos, de modo que pueda sentirse verdaderamente en familia. Pero si tú acoges a un huésped en tu casa y continúas haciendo cosas, le haces sentarse ahí, mudo él y mudo tú, es como si fuera de piedra: el convidado de piedra. No. Al huésped se le escucha. 

Ciertamente, la respuesta que Jesús da a Marta —cuando le dice que una sola es la cosa de la que tiene necesidad— encuentra su pleno significado en referencia a la escucha de la palabra de Jesús mismo, esa palabra que ilumina y sostiene todo lo que somos y hacemos. 

Si nosotros vamos a rezar —por ejemplo— ante el Crucifijo, y hablamos, hablamos, hablamos y después nos vamos, no escuchamos a Jesús. No dejamos que Él hable a nuestro corazón. Escuchar: esta es la palabra clave. No lo olviden. 

Y no debemos olvidar que en la casa de Marta y María, Jesús, antes que ser Señor y Maestro, es peregrino y huésped. Por lo tanto, la respuesta tiene este primer y más importante significado: «Marta, Marta, ¿por qué te afanas tanto en hacer cosas para el huésped hasta olvidar su presencia? Para acogerlo no son necesarias muchas cosas; es más, necesaria es una cosa sola: escucharlo, demostrarle una actitud fraterna, de modo que se dé cuenta de que se está en familia, y no en una «hospedaje provisional».

Así entendida, la hospitalidad, que es una de las obras de misericordia, aparece verdaderamente como una virtud humana y cristiana, una virtud que en el mundo de hoy corre el riesgo de ser descuidada. En efecto, se multiplican los hospicios y asilos, pero no siempre en estos ambientes se practica una hospitalidad real. (...) Incluso en la propia casa, entre los propios familiares puede suceder que encuentren fácilmente servicios y curas de varios tipos más que de escucha y acogida. 

Hoy estamos absorbidos por el frenesí, por tantos problemas —algunos de los cuales no resultan importantes— que carecemos de la capacidad de escuchar. 

Y yo quisiera preguntarles, hacerles una pregunta, cada uno responda en el propio corazón: tú, marido, ¿tienes tiempo para escuchar a tu mujer? Y tú, mujer, ¿tienes tiempo para escuchar a tu marido? Ustedes padres, ¿tienen tiempo que «perder» para escuchar a sus hijos, o a sus abuelos y a los ancianos? —«Pero los abuelos dicen siempre las mismas cosas, son aburridos...»— Pero tienen necesidad de ser escuchados. 

Escuchar. Les pido que aprendan a escuchar y a dedicarse más tiempo entre ustedes. En la capacidad de escucha está la raíz de la paz.

La Virgen María, Madre de la escucha y del servicio atento, nos enseña a ser acogedores y hospitalarios hacia nuestros hermanos y hermanas”.
Papa Francisco, Ángelus del 17-7-2016