miércoles, 29 de marzo de 2017

Asesinan a un sacerdote católico mexicano en Nayarit


Un sacerdote fue asesinado en el estado de Nayarit, sobre la costa del Pacífico, informó el martes la Conferencia del Episcopado Mexicano.
Felipe Altamirano Carrillo, un sacerdote indígena, fue asesinado el lunes, dijo la conferencia.
Su prelatura nayarita incluye una población constituida mayoritariamente por indígenas huichol y coras.
La conferencia no entró en detalles, pero la prensa local dijo que lo mataron cuando conducía un auto.
Es el segundo sacerdote asesinado en lo que va del año. El primero fue hallado muerto en el estado norteño de Coahuila en enero.
Se calcula que 32 sacerdotes han sido asesinados en México desde 2006.
(RD/Agencias)

La única imagen de la Virgen María que sobrevivió a la furia del ISIS



Los terroristas arrasaron por completo la iglesia de la Inmaculada de Qaraqosh. Destruyeron todo menos la imagen de la Virgen María y el niño Jesús que ilustra esta información y que está situada en el patio interno del templo. «Al ver esta imagen extrañamente intacta no podía más que pensar en su protección constante hacia nosotros. Protección que los cristianos perseguidos conocen y proclaman con insistencia», asegura el padre Luis Montes, misionero del Instituto del Verbo Encarnado en Irak y testigo de los hechos
El padre Luis Montes, misionero del Instituto del Verbo Encarnado en Irak, ha podido comprobar in situ las barbaridades cometidas por el ISIS contra las iglesias cristianas.
Invitado por el nuncio en Irak y Jordania, el español monseñor Alberto Ortega, el padre Montes pudo visitar este jueves las poblaciones de Bartalla y Qaraqosh, que se encontraban desde hace dos años bajo el yugo yihadista y que han sido liberadas recientemente.
«Uno percibe de un modo muy fuerte el odio, que se resume en una frase: rechazo a Cristo y a su Cruz. El mismo odio que ataca los templos de Cristo ataca los templos vivos que son los cristianos», explica el misionero en su blog Amigos de Irak.
La imagen intacta
Durante la visita a Qaraqosh, el padre Montes ha sido testigo de la destrucción de la iglesia de la Inmaculada. Los yihadistas la arrasaron por completo: «Rompieron las imágenes de la iglesia, a las que golpearon, dispararon y arrojaron al suelo», asegura.
Los terroristas destruyeron todo. Todo menos la imagen de la Virgen María y el niño Jesús que ilustra esta información. Está situada en el patio interno de la iglesia de la Inmaculada. «Al ver esta imagen extrañamente intacta no podía más que pensar en su protección constante hacia nosotros. Protección que los cristianos perseguidos conocen y proclaman con insistencia», asegura el sacerdote.
«No conocemos por qué el Isis la respetó, pero es como un símbolo de su amor de madre que al oído nos susurra: “¡no te preocupes que aquí estoy yo!”», concluye.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (5,17-30) POR SAN JUAN PABLO II





“Jesucristo, que es Hijo del hombre, es al mismo tiempo verdadero Dios porque tiene el poder divino de juzgar las obras y las conciencias humanas, y este poder es definitivo y universal. 

Él mismo explica por qué precisamente tiene este poder diciendo: «El Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo todo su poder de juzgar. Para que todos honren al Hijo como honran al Padre» (Jn 5, 22-23).

Jesús vincula este poder a la facultad de dar la Vida. «Como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo a los que quiere les da la vida» (Jn 5, 21). «Así como el Padre tiene la vida en sí mismo, así dio también al Hijo tener vida en sí mismo, y le dio poder de juzgar, por cuanto Él es el Hijo del hombre». 

Por tanto, según esta afirmación de Jesús, el poder divino de juzgar ha sido vinculado a la misión de Cristo como Salvador, como Redentor del mundo. Y el mismo juzgar pertenece a la obra de la salvación, al orden de la salvación: es un acto salvífico definitivo. En efecto, el fin del juicio es la participación plena en la Vida divina como último don hecho al hombre: el cumplimiento definitivo de su vocación eterna... Jesús dice claramente que «los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre» (Mt 13, 43), pero anuncia también no menos claramente el rechazo de los que han obrado la iniquidad (cf. Mt 7, 23).

Así, pues, del Evangelio aprendemos esta verdad —que es una de las verdades fundamentales de fe—, es decir, que Dios es juez de todos los hombres de modo definitivo y universal y que este poder lo ha entregado el Padre al Hijo en estrecha relación con su misión de salvación. Lo atestiguan de modo muy elocuente las palabras que Jesús pronunció durante el coloquio nocturno con Nicodemo: «Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para que juzgue al mundo, sino para que el mundo sea salvado por Él» (Jn 3, 17)... 

El poder divino de juzgar está conectado con la voluntad salvífica de Dios que se manifiesta en la entera misión de Cristo. Sin duda Cristo es y se presenta sobre todo como Salvador. No considera su misión juzgar a los hombres según principios solamente humanos (cf. Jn 8, 15). Él es, ante todo, el que enseña el camino de la salvación y no el acusador de los culpables. 

... ¿En qué consiste, pues, el juicio? Jesús responde: «El juicio consiste en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas» (Jn 3, 19). Por tanto, hay que decir que ante esta Luz que es Dios revelado en Cristo, ante tal Verdad, en cierto sentido, las mismas obras juzgan a cada uno. 

...Por desgracia... el hombre ha sido ya condenado, cuando rechaza la posibilidad que se le ofrece: «el que cree en Él no es juzgado; el que no cree, ya está juzgado» (Jn 3, 18). No creer quiere decir precisamente: rechazar la salvación ofrecida al hombre en Cristo..

... Dios juzga porque ama y en vistas al amor. El juicio que el Padre confía a Cristo es según la medida del amor del Padre y de nuestra libertad.

(San Juan Pablo II, catequesis del 30 de septiembre de 1987)

EVANGELIO DE HOY: "QUIEN ESCUCHA MI PALABRA Y CREE AL QUE ME ENVIÓ POSEE LA VIDA ETERNA"





Lectura del santo evangelio según san Juan (5,17-30):

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».

Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

Jesús tomó la palabra y les dijo: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.

Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.

Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.

En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.

En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.

Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.

Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

Palabra del Señor

Papa a la ONU: mundo sin armas nucleares imperativo moral y humanitario

Alentando a «trabajar con determinación para promover las condiciones necesarias para un mundo sin armas nucleares», el Papa Francisco envió un Mensaje a la Conferencia de la ONU, para negociar un instrumento legalmente vinculante que prohíba las armas nucleares y que conduzca a su total eliminación, que comenzó el 27 de marzo en Nueva York.
El Mensaje pontificio fue leído por el Subsecretario para las Relaciones con los Estados, Jefe de la Delegación de la Santa Sede, Mons. Antoine Camilleri.
Reiterando lo que dijo ante la Asamblea General de la ONU, el Papa recuerda que el 25 de septiembre de 2015, subrayó que «el Preámbulo y el primer artículo de la Carta de las Naciones Unidas indican los cimientos de la construcción jurídica internacional: la paz, la solución pacífica de las controversias y el desarrollo de relaciones de amistad entre las naciones».
Y que «una ética y un derecho basados sobre la amenaza de la destrucción recíproca – y potencialmente de toda la humanidad – contradicen el espíritu mismo de las Naciones Unidas».
Por lo que, una vez más, el Papa Francisco señala que «debemos comprometernos por un mundo sin armas nucleares, aplicando plenamente el Tratado de no proliferación, en la letra y en el espíritu».
Considerando las principales amenazas contra la paz y la seguridad con sus múltiples dimensiones, en este mundo multipolar del siglo XXI, como por ejemplo el terrorismo, los conflictos asimétricos, la seguridad informática, los problemas ambientales, la pobreza, el Papa señala que «emergen no pocas dudas sobre la insuficiencia de la disuasión nuclear para responder eficazmente a dichos desafíos».
Preocupación que el Papa Francisco destaca considerando «las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales que se producen con el empleo de cualquier tipo de arma nuclear, con devastadores efectos indiscriminados e incontrolables en el tiempo y en el espacio».
En este contexto, el Mensaje del Papa hace hincapié también con preocupación en el «despilfarro de recursos» para las armas nucleares y objetivos militares: recursos «que, sin embargo, se podrían utilizar para prioridades más significativas, como la promoción de la paz y del desarrollo humano integral, así como la lucha contra la pobreza y la actuación de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible».
La comunidad internacional está llamada a adoptar estrategias de largo alcance para promover la paz para toda la humanidad
La paz y la estabilidad internacional no se pueden fundar sobre un «falso sentido de seguridad, sobre la amenaza de un destrucción recíproca», vuelve a reiterar el Papa, para luego recordar que «la paz se debe construir sobre la justicia, el desarrollo humano integral, el respeto de los derechos humanos fundamentales, la custodia de la creación, la participación de todos en la vida pública, la confianza entre los pueblos, la promoción de instituciones pacíficas, el acceso a la educación y a la salud, el diálogo y la solidaridad».
«El objetivo final de la eliminación total de las armas nucleares se vuelve un desafío y también un imperativo moral y humanitario», escribe el Papa Francisco, que alienta a la humanidad a aunar esfuerzos en un diálogo inclusivo:
«Los estados que poseen armas, los países que no las poseen, los sectores militares y privados, comunidades religiosas, sociedad civil, Organizaciones internacionales. En este esfuerzo debemos evitar aquellas formas de recriminación recíproca y de polarización que impiden el diálogo, en lugar de alentarlo».
El Mensaje del Papa termina deseando que los trabajos de la Conferencia de la ONU, para negociar un instrumento legalmente vinculante que prohíba las armas nucleares y que conduzca a su total eliminación, «puedan ser proficuos y puedan dar una contribución eficaz para avanzar en aquella ética de la paz y de la seguridad cooperativa multilateral, que tanto necesita hoy la humanidad».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

Homilía del Papa: la fe es ir adelante con la vida que se tiene

Creer en Jesús es tomar la vida tal como es e ir adelante con alegría, sin quejas, sin dejarse paralizar por el feo pecado de la pereza. Lo dijo el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
El Papa puso en el centro de su reflexión el Evangelio del día, que se refiere al paralítico curado por Jesús. Un hombre enfermo desde hacía treinta y ocho años, que yacía en el borde de una piscina en Jerusalén, llamada en hebreo Betzaeta, con cinco pórticos, debajo de los cuales había un gran número de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Y se decía que, cuando descendía un ángel y se agitaban las aguas, los primeros que se sumergían quedaban curados. A la vez que Jesús, al ver a este hombre, le pregunta: “¿Quieres curarte?”:
“Es hermoso. Jesús siempre nos dice esto a nosotros: ¿Quieres curarte? ¿Quieres ser feliz? ¿Quieres mejorar tu vida? ¿Quieres sentirte pleno del Espíritu Santo? ¿Quieres curarte?’, esa palabra de Jesús… Todos los demás que estaban allí, enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, habrían dicho: ‘¡Sí, Señor, sí!’. Pero este es un hombre extraño. Le respondió a Jesús: ‘Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua se agita. En efecto, mientras estoy a punto de ir, otro desciende antes que yo’. La respuesta es una queja: ‘Pero mira, Señor, cuán fea, cuán injusta ha sido la vida conmigo. Todos los demás pueden ir y curarse, y yo desde hace treinta y ocho años que trato, pero’…”.
Este hombre – observó el Pontífice – era como el árbol plantado a lo largo de los cursos de agua, del que habla el primer Salmo, “pero tenía las raíces secas” y “aquellas raíces no llegaban al agua, no podía tomar la salud del agua”:
“Esto se comprende por la actitud, las quejas y también tratando siempre de dar la culpa al otro: ‘Pero son los otros los que van antes que yo, yo soy una persona inútil aquí desde hace treinta y ocho años…’. Este es un feo pecado, el pecado de la pereza. Este hombre estaba enfermo no tanto por la parálisis, sino por la pereza, que es peor que tener el corazón tibio, peor aún. Es vivir pero porque vivo y no tener ganas de ir adelante, no tener ganas de hacer algo en la vida, haber perdido la memoria de la alegría. Este hombre ni siquiera de nombre conocía la alegría, la había perdido. Este es el pecado. Es una enfermedad fea: ‘Pero así estoy cómodo, me he acostumbrado… Pero la vida ha sido injusta conmigo…’. Y se ve el resentimiento, la amargura de aquel corazón”.
Jesús no le reprocha, pero le dice: “Levántate, toma tu camilla y camina”. El paralítico se cura, pero dado que era sábado, los doctores de la Ley le dicen que no es lícito llevar la camilla y le preguntan quién lo ha curado en ese día: “Va contra el código, no es de Dios aquel hombre”. El paralítico – dijo el Papa – ni siquiera le había dicho gracias a Jesús, ni siquiera le había preguntado su nombre. “Se levantó con aquella pereza” que hace “vivir porque el oxígeno es gratis”, hace “vivir siempre mirando a los demás que son más felices que yo” y se está “en la tristeza”, se olvida la alegría. “La pereza –explicó Francisco – es un pecado que paraliza, nos hace paralíticos. No nos deja caminar. También hoy el Señor nos mira a cada uno de nosotros. Todos tenemos pecados, todos somos pecadores, pero mirando este pecado” nos dice: “Levántate”:
“Hoy el Señor nos dice a cada uno de nosotros: ‘Levántate, toma tu vida como sea, bella, fea, como sea, tómala y ve adelante. No tengas miedo, ve adelante con tu camilla’. –‘Pero Señor, no es el último modelo…’. ¡Pero ve adelante! Con aquella camilla fea, quizás, ¡pero ve adelante! Es tu vida, es tu alegría. ‘¿Quieres curarte?’ – es la primera pregunta que hoy nos hace el Señor –.  ‘¡Sí, Señor!’. –‘Levántate’. Y en la antífona, al inicio de la Misa, estaba aquel inicio tan bello: ‘Ustedes que tienen sed, vengan a las aguas – son aguas gratis, no se paga –. Ustedes sacien la sed con alegría’. Y si nosotros le decimos al Señor: ‘Sí, quiero curarme. Sí, Señor, ayúdame que quiero levantarme’, sabremos cómo es la alegría de la salvación”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)