domingo, 29 de octubre de 2017

El mandamiento principal



El Evangelio de este domingo nos recuerda que toda la ley divina se resume en el amor a Dios y al prójimo. Con ello, Jesús, sin añadir un nuevo precepto, cumple la revelación antigua, realizando en sí mismo la síntesis que nos presenta. Es precisamente en la celebración eucarística donde percibimos con mayor nitidez la muestra máxima de amor a Dios y al prójimo que Jesús realiza. Y el Señor no solo muestra este amor, que es entrega máxima, sino que, alimentándonos de su cuerpo y su sangre, nos lo comunica. Únicamente recibiendo esa capacidad de amar, se realiza la verdadera conversión de la que san Pablo nos habla en la segunda lectura de la Misa.
El resumen de la ley de Dios
Por otro lado, el mandato del doble amor nos señala que el amor es el compendio de toda la ley divina. Ciertamente, los fariseos no tenían buenas intenciones al plantear a Jesús la cuestión sobre el principal mandamiento de la ley, ya que «trataban de ponerlo a prueba». Pero, independientemente de su finalidad, la pregunta no carecía en absoluto de sentido. La ley comprendía multitud de preceptos, que a lo largo de los siglos se habían convertido más en una limitación a la libertad que en una ayuda eficaz para la salvación del hombre. Hasta 613 preceptos, de los cuales la formulación comenzaba por «no…» en unos y «harás» o «debes» en otros. Entre tanta disposición no era extraño querer hallar un principio unificador. Por desgracia, aún hoy en día muchos no creyentes y también cristianos practicantes piensan que la Revelación de Dios que Jesucristo nos ha traído consiste en explicarnos un compendio de mandatos y prohibiciones; algo que la Iglesia continuaría, secundando el mandato del Señor. Si reducimos el cristianismo a esto, estamos circunscribiendo la fe únicamente a una lista de reglas morales, perdiéndonos lo esencial de la salvación de Dios.
El precepto del amor a Dios y al prójimo no trata de aniquilar todo lo que se había recogido en la ley y los profetas, es decir en el Antiguo Testamento, pero sí busca presentar la misión de Cristo y, en último término, el designio de Dios, como algo que trata no de coartar, sino de liberar; no crear nuevas normas, sino buscar el sentido y el motor de todas ellas. Frente a la pregunta capciosa de los doctores de la ley, el Señor no elige uno de los múltiples preceptos, sino que, partiendo del amor, unifica bajo este concepto lo que en la Escritura aparecía de manera dispersa, tanto en Deuteronomio 6, 5 (amar a Dios con todo el corazón), como en Levítico 19, 18 (amar al prójimo como a uno mismo).
La concreción del amor
Puesto que el amor es una de los conceptos que puede quedar sin contenido si no se concreta, la primera lectura completa en cierto sentido el pasaje evangélico, poniendo ante nosotros cuatro ejemplos de cómo realizar ese amor: la ayuda al forastero nos impulsa a atender a quien viniendo desde otra tierra necesita de nuestra atención; el mandato de no explotar a la viuda o al huérfano nos recuerda que el amor no es abstracto, sino que se ejecuta precisamente con las personas más desamparadas por la sociedad, como eran estos grupos de personas en tiempos de Jesús y pueden ser otras personas hoy en día (ancianos, quienes viven en soledad); el modo de actuar con el pobre cuando nos pide un préstamo nos advierte que Dios considera como dirigido a sí mismo el trato que damos a estas personas, y que, si un pobre es humillado, Dios mismo es humillado.
No debemos olvidar que el ejemplo supremo de amor nos lo muestra el Señor en la cruz, dando su vida por nosotros. Él mismo nos recuerda asimismo que no solo debemos amar al prójimo como a nosotros mismos, sino que hemos de amar incluso a nuestros enemigos, algo inaudito en aquella época para quienes acompañaban a Jesús.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid

Evangelio
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos mandamientos se sostienen toda la ley y los profetas».
Mateo 22, 34-40

Alfa y Omega

El último gesto del Papa y Omella con Catalunya


 Me consta que lo ha intentado. Hasta el último momento. Ha sido uno de los grandes protagonistas silenciosos de este procès que, si nadie lo remedia, acabará en catástrofe. Para todos. El cardenal de Barcelona, Juan José Omella, partió ayer por la mañana hacia Roma convencido de que el president Puigdemont iba a dar marcha atrás y convocar elecciones autonómicas, frenando la aplicación de la DUI y del famoso artículo 155 de la Constitución.
Así se lo había comentado, horas antes, al propio Papa, quien felicitó al purpurado por el trabajo conjunto llevado a cabo con Osoro y la aquiescencia de Blázquez. Pero ya en la Ciudad Eterna, en mitad de la reunión de la Congregación de Obispos, Omella supo que todo se había truncado.
Los teléfonos echaron humo el pasado mediodía. En Barcelona, en Madrid, en Bilbao... también en Roma. Nadie entendía qué había podido pasar, cuando todo estaba medianamente atado. Quienes lo conocen, cuentan que el cardenal de Barcelona está triste, muy triste. Por las decisiones tomadas (o a punto de materializarse) pero, fundamentalmente, por el pueblo catalán. Que va a sufrir, y mucho, por la irresponsabilidad de sus gobernantes.
A media tarde, casi sin proponérselo, Francisco y Omella vieron la posibilidad de hacer un último gesto, probablemente baldío, de amor a Cataluña. Ocurrió durante la visita del Papa a la sede italiana de Scholas Ocurrentes. El cardenal de Barcelona acompañó al Papa para escuchar las conclusiones del último encuentro de esta fundación celebrado en Tarragona, y allí coincidieron, también, con los responsables del F. C. Barcelona, que venían a renovar el acuerdo con Scholas.
Ni cortos ni perezosos, nos cuentan, el director de Scholas, José María del Corral, vio la oportunidad. Y se hizo la foto que preside esta información. Francisco, Omella y el vicepresidente primero del FC Barcelona y de la Fundación, Jordi Cardoner, posaban juntos con una camiseta del Barça con el "10" (el dorsal de Messi), y el nombre de "Papa Francisco" en la zamarra. Un último gesto de seny, una última llamada a la sensatez. Y al "Catalunya t'estimo" por parte de Bergolio y del cardenal que, todavía hoy, continúa tratando de parar el desastre.
Jesús Bastante

Creer en el amor


La religión cristiana les resulta a no pocos un sistema religioso difícil de entender y, sobre todo, un entramado de leyes demasiado complicado para vivir correctamente ante Dios. ¿No necesitamos los cristianos concentrar mucho más nuestra atención en cuidar antes que nada lo esencial de la experiencia cristiana?
Los evangelios han recogido la respuesta de Jesús a un sector de fariseos que le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley. Así resume Jesús lo esencial: lo primero es "amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser"; lo segundo es "amarás a tu prójimo como a ti mismo".
La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Por eso, lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor, todo queda desvirtuado.
Al hablar del amor a Dios, Jesús no está pensando en los sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón; tampoco está invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como Fuente última de nuestra existencia, despertar en nosotros una adhesión total a su voluntad y responder con fe incondicional a su amor universal de Padre de todos.
Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas. Una religión que predica el amor a Dios y se olvida de los que sufren es una gran mentira. La única postura realmente humana ante cualquier persona que encontramos en nuestro camino es amarla y buscar su bien como quisiéramos para nosotros mismos.
Todo este lenguaje puede parecer demasiado viejo, demasiado gastado y poco eficaz. Sin embargo, también hoy el primer problema en el mundo es la falta de amor, que va deshumanizando una y otra vez los esfuerzos y las luchas por construir una convivencia más humana.
Hace unos años, el pensador francés Jean Onimus escribía así: "El cristianismo está todavía en sus comienzos: nos lleva trabajando solo dos mil años. La masa es pesada y se necesitarán siglos de maduración antes de que la caridad la haga fermentar".

Los seguidores de Jesús no hemos de olvidar nuestra responsabilidad. El mundo necesita testigos vivos que ayuden a las futuras generaciones a creer en el amor, pues no hay un futuro esperanzador para el ser humano si termina por perder la fe en el amor.
José Antonio Pagola

Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?».
Él le dijo:
«"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente".
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
En estos dos mandamientos sostienen toda la Ley y los Profetas».
Palabra del Señor.