lunes, 25 de julio de 2016

El presidente de la CEE preside una misa en Czestochowa ante 9.000 jóvenes españoles. Blázquez: "Deseamos una Europa de hombres libres y solidarios; Dios bendice la hospitalidad"


El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y arzobispo de Valladolid, el cardenal Ricardo Blázquez, ha reclamado, ante más de 9.000 peregrinos españoles congregados en la explanada al pie de la muralla del santuario de Czestochowa, compasión ante los últimos atentados y una Europa que no cierre sus fronteras.
Blázquez ha presidido una misa con jóvenes españoles, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia, que dará comienzo oficialmente mañana martes 26 de julio.
En el encuentro con los jóvenes, que ha comenzado a las 14,30 horas, el presidente de la Conferencia Episcopal Española ha concelebrado la misa con los también cardenales Antonio María Rouco Varela y Antonio Cañizares, junto a los responsables de juventud de la Conferencia Episcopal, monseñor Novell y monseñor Carlos Escribano. En total, 51 obispos españoleshan estado presentes en el primer acto masivo de peregrinos españoles.
En la homilía, el Arzobispo de Valladolid ha señalado, en referencia al Año de la Misericordia proclamado en la Iglesia, que "la compasión debe guiar a la humanidad apesadumbrada por nuevas y antiguas inquietudes e incertidumbres, por el llanto de las víctimas en atentados y por la inseguridad diaria de los ciudadanos. "Sin respeto de las personas y sin la misericordia recibida y otorgada se hace inhóspito nuestro mundo", ha advertido.
Ante los más de 9.0000 jóvenes, según fuentes de la organización, congregados en la explanada del histórico santuario mariano de Jasna Gora, Blázquez ha reclamado que las fronteras no encierren a Europa en su egoísmo y nivel de vida, sino que sean una incitación para ir al encuentro de los demás y trabajar unidos a favor de la humanidad que en el proyecto de Dios es una sola familia.
"El humanismo cristiano, vivido por los padres fundadores de Europa, debe promover los derechos de cada uno sin olvidar los deberes de todos. En los cimientos del edificio europeo está el reconocimiento de todo ser humano con la dignidad de persona, que Dios custodia", ha advertido.
Así, ha pedido una Europa de hombres libres y solidarios, acogedores de las personas, porque han comprendido que Dios bendice la hospitalidad. "No colma nuestras aspiraciones una Europa que se atrinchera en su prosperidad y se cierra al clamor de quienes llaman a sus puertas y de quienes a distancia contemplan nuestro bienestar postrados en la pobreza y la desesperanza. Queremos una Europa cuyos jóvenes puedancompartir con otros jóvenes la esperanza en el futuro desde el Atlántico hasta los Urales, desde el Mar del Norte hasta el Mediterráneo", ha añadido.
En la fiesta del patrón de España, el Apóstol Santiago, el cardenal ha querido recordarle como "el maestro de la fe cristiana", como aparece en el parteluz del Pórtico de la Gloria en la catedral de Compostela. "Santiago es también peregrino y aliento de peregrinos; nos enseña recorrer como evangelizadores y pacificadores los caminos de Europa", ha recordado.
El presidente de los obispos españoles también ha recordado la primera Jornada Mundial de la Juventud celebrada en España: "En 1989 en la IV Jornada Mundial de la Juventud escuchamos muchos el mismo Evangelio en el Monte del Gozo, a las puertas de Santiago de Compostela. Unimos también así la Galicia de España con la Galicia de Polonia. Celebramos este acontecimiento extraordinario justamente en la patria y en la diócesis de Cracovia, donde ejerció el ministerio episcopal el Papa Juan Pablo II, con quien están íntimamente unidas las Jornadas Mundiales de la Juventud; a él, en efecto, se debe esta iniciativa pastoral".
El arzobispo de Valladolid ha destacado que es saludable peregrinar para desentumecer los cuerpos y despertarse del sopor espiritual. Finalmente, ha expresado su deseo de que la Jornada Mundial de Cracovia sea un foco de fe y de esperanza, de evangelización y humanización.
A la celebración religiosa, han asistido varias autoridades de la Embajada española en Polonia. El embajador, Agustín Núñez, ha manifestado a Europa Press su satisfacción "por esta manifestación de fervor comunitario y religioso de miles de españoles y por este acto maravilloso".
El arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, ha afirmado antes de comenzar la misa que hay que dar gracias a Dios. "Resulta evidente que los jóvenes tienen unas antenas especiales para captar la presencia de Dios y las necesidades de los demás", ha añadido.
Religión digital

SANTIAGO APÓSTOL


Fue uno de los primeros que recibieron la llamada de Jesucristo, cuando estaba pescando en el lago de Genesaret junto a su hermano.

"Poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban en una barca arreglando las redes; y los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él." (Marcos 1, 19-20)

Tuvo un papel especial en el desarrollo del milagro de la hija de Jairo (Marcos 5, 21-43).

Fue uno de los discípulos más apreciados por Jesucristo, de tal manera que estuvo presente en dos de los momentos más importantes de su ministerio -la Transfiguración en el monte Tabor.. (Marcos, 9)

"Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos,aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos,tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés y conversaban con Jesús"

También estuvo presente en la oración en el Huerto de los Olivos, junto a Simón Pedro y a su hermano Juan .

- Van a una propiedad, llamada Getsemaní, y dice a sus discípulos:

"Seantaos aquí, mientras yo hago oración".

Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan , y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: " Mi alma está triste hasta el punto de morir, quedaos aquí y velad"



Santiago el Mayor


El hijo de Zebedeo (q.v.) y Salomé (Cf. Mateo 17:56; Marcos 15:40; 16:1). Zanh consigna que Salomé era la hija de un sacerdote. Santiago es designado "el Mayor" para distinguirlo del Apóstol Santiago "el Menor," quien probablemente era más corto de estatura. No sabemos nada de los inicios de la vida de Santiago. Era hermano de Juan, el amado discípulo, y probablemente el mayor de los dos. Sus padres al parecer eran personas acomodadas como consta en los siguientes hechos:

Zebedeo era un pescador del Mar de Galilea, que probablemente vivió en o cerca de Betsaida (Juan, I, 44), tal vez en Cafarnaúm; y disponía de algunos remeros o peones como sus asistentes comunes (Marcos, i, 20).


Salomé era una de las devotas mujeres que en adelante siguieron a Cristo y "cuidaban de su asistencia " (cf. Mateo, xxvii, 55, sq.; Marcos, xv, 40; xvi, 1; Lucas, viii, 2, sq.;xxiii, 55-xxiv,1).

San Juan era conocido del sumo sacerdote (Juan,xviii,16); y tuvo que haberse encargado de ahí en adelante de proveer por la Madre de Jesús (Juan, xix,27).

Es probable que, de acuerdo Hechos 4:13, que Juan ( y por consiguiente su hermano Santiago) no hayan recibido la formación técnica de las escuelas rabínicas; en este sentido carecían de preparación y de ninguna posición oficial entre los Judíos. Mas sin embargo, de acuerdo al rango social de sus padres, debieron ser hombres de educación promedio, en los ámbitos comunes de la vida Judía. Tuvieron oportunidad frecuente de estar en contacto con la cultura Griega y su lenguaje, que para entonces estaban ampliamente difundidos a lo largo de las riberas del Mar de Galilea.

Mi cáliz lo beberéis


Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 20-28
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó:
-¿«Qué deseas?»
Ella contestó:
-«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
Pero Jesús replicó:
- «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? »
Contestaron:
-«Lo somos».
Él les dijo:
-«Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos.
Pero Jesús reuniéndolos, les dijo:
-«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos».
Palabra del Señor.

LA ORACIÓN DE INTERCESIÓN


En el marco del Año de la Misericordia, este domingo podemos meditar de manera especial, desde las lecturas que se proclaman, acerca de la obra espiritual de orar por los vivos y por los difuntos.
El texto del Génesis, en el que se presenta a Abraham en un diálogo un tanto mercantil con Dios para obtener el perdón para las ciudades de Sodoma y Gomorra, nos revela que Dios escucha la súplica del patriarca y que está abierto a conceder el perdón para todos, si encuentra, al menos, diez justos. “Abrahán continuó: -«Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?» Contestó el Señor: -«En atención a los diez, no la destruiré».”
El Evangelio nos ofrece la enseñanza de Jesús sobre la oración, y para demostrar la receptividad divina hacia nuestras súplicas, pone de ejemplo nuestro comportamiento ante la necesidad de aquellos que más queremos, como sucede con un padre respecto a su hijo pequeño. Y el argumento es contundente: “Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?”
Desde ambas lecturas, la del Génesis y la del Evangelio, se nos hacen dos llamadas: en la primera, ante la fuerza que Dios concede a la oración, y el favor que se puede derivar de hacerla en favor de los demás, se nos invita a orar; y en la segunda, a no dudar nunca de la misericordia divina.
Podríamos refutar el argumento que pone Jesús para demostrar la misericordia divina al ver el comportamiento de algunos progenitores con sus criaturas, pero no es lo normal. Tenemos en nuestras manos y en nuestros labios la gran posibilidad de ayudar de manera gratuita a la sociedad, pidiendo por la paz, por la convivencia, por el bien común. Puede parecernos inútil, y sin embargo, nada se pierde.
El salmista se suma a valorar la eficacia de la oración cuando reza: “Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma”.
Gracias a la oración de Jesucristo, a su ofrenda, gozamos del perdón: “Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz”.
Ángel Moreno de Buenafuente

Reaprender la confianza

Lucas y Mateo han recogido en sus respectivos evangelios unas palabras de Jesús que, sin duda, quedaron muy grabadas en sus seguidores más cercanos. Es fácil que las haya pronunciado mientras se movía con sus discípulos por las aldeas de Galilea, pidiendo algo de comer, buscando acogida o llamando a la puerta de los vecinos.
Probablemente, no siempre reciben la respuesta deseada, pero Jesús no se desalienta. Su confianza en el Padre es absoluta. Sus seguidores han de aprender a confiar como él: «Os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá». Jesús sabe lo que está diciendo pues su experiencia es esta: «quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre».
Si algo hemos de reaprender de Jesús en estos tiempos de crisis y desconcierto en su Iglesia es la confianza. No como una actitud ingenua de quienes se tranquilizan esperando tiempos mejores. Menos aún como una postura pasiva e irresponsable, sino como el comportamiento más evangélico y profético de seguir hoy a Jesús, el Cristo. De hecho, aunque sus tres invitaciones apuntan hacia la misma actitud básica de confianza en Dios, su lenguaje sugiere diversos matices.
«Pedir» es la actitud propia del pobre que necesita recibir de otro lo que no puede conseguir con su propio esfuerzo. Así imaginaba Jesús a sus seguidores: como hombres y mujeres pobres, conscientes de su fragilidad e indigencia, sin rastro alguno de orgullo o autosuficiencia. No es una desgracia vivir en una Iglesia pobre, débil y privada de poder. Lo deplorable es pretender seguir hoy a Jesús pidiendo al mundo una protección que solo nos puede venir del Padre.
«Buscar» no es solo pedir. Es, además, moverse, dar pasos para alcanzar algo que se nos oculta porque está encubierto o escondido. Así ve Jesús a sus seguidores: como «buscadores del reino de Dios y su justicia». Es normal vivir hoy en una Iglesia desconcertada ante un futuro incierto. Lo extraño es no movilizarnos para buscar juntos caminos nuevos para sembrar el Evangelio en la cultura moderna.
«Llamar» es gritar a alguien al que no sentimos cerca, pero creemos que nos puede escuchar y atender. Así gritaba Jesús al Padre en la soledad de la cruz. Es explicable que se oscurezca hoy la fe de no pocos cristianos que aprendieron a decirla, celebrarla y vivirla en una cultura premoderna. Lo lamentable es que no nos esforcemos más por aprender a seguir hoy a Jesús gritando a Dios desde las contradicciones, conflictos e interrogantes del mundo actual.
José Antonio Pagola

"La oración no es palabrería para recordar a Dios las muchas carencias que sufrimos"

Los discípulos piden al Maestro: "enséñanos a orar". Y Jesús responde: "cuando oréis decid ´Padre, santificado sea tu nombre"
1. Jesús no habló nunca sobre métodos de oración, ni siquiera cuando los discípulos le pidieron que les enseñase a orar. Pero sí se refirió al contenido de la oración que por sí mismo incluye también un cambio de método. Y lo más novedoso del contenido es la palabra Padre, Abba, ternura infinita, cuya presencia de amor nos origina y continuamente nos alienta.
2. Por tanto la oración cristiana no es empeño trabajoso del ser humano para despertar y poner de su parte a una divinidad que reposa tranquila detrás de las nubes. Según el evangelio, la oración no es palabrería para recordar a Dios las muchas carencias que sufrimos y para convencerle de que arregle lo que debemos arreglar nosotros. Por ejemplo le pedimos que se preocupe de muchos trabajadores que hoy en la misma sociedad española sufren cada vez más la pobreza, la provisionalidad y la explotación irreverente, mientras nosotros cristianos, incluso a la hora de ir a las urnas electorales, o no vamos, o sencillamente votamos para seguir dejando las cosas como están ¡qué contradicción!
3. Más que despertar a una divinidad alejada y dormida, la oración tiene que ser un medio para despertarnos a la presencia de Dios que continuamente se está dando como amor en nosotros, en los demás y de modo especial en las víctimas. Porque las situaciones de nuestra existencia cambian, la oración será unas veces de acción de gracias: "Te doy gracias, Padre". Otras de petición: "hasta cuando, Seño, seguirás olvidándome", "que pase de m este cáliz". Pero siempre desde a confianza, porque suceden en el mundo muchas cosas que Dios no quiere, pero todo sucede en la presencia de su amor que nunca nos abandona. La oración es el espacio donde actualizamos esa confianza para seguir metiendo las manos en la masa del mundo en orden a su plena humanización.
 (Jesús Espeja, op)

"La oración es la primera herramienta de trabajo", el Papa a la hora del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de este domingo (Lc 11,1-13) se abre con la escena de Jesús rezando, solo, apartado; cuando termina los discípulos le piden: «Señor, enséñanos a orar» (v. 1); y Él responde: «Cuando oren, digan: Padre…» (v. 2). Esta palabra es el "secreto" de la oración de Jesús, es la llave que Él mismo nos da, para que podamos entrar también nosotros en esa relación de diálogo confidencial con el Padre, que ha acompañado y sostenido toda su vida.
Con el apelativo "Padre", Jesús asocia dos peticiones: «Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino» (v. 2). La oración de Jesús, y por lo tanto la oración cristiana, es ante todo hacer lugar a Dios, dejándole que manifieste su santidad en nosotros y haciendo avanzar su reino, a partir de la posibilidad de ejercer su señorío de amor en nuestras vidas.
Otras tres peticiones completan esta oración que Jesús nos enseña, el "Padre Nuestro". Son tres preguntas que expresan nuestras necesidades fundamentales: el pan, el perdón y la ayuda en las tentaciones (cf. vv 3-4.). No se puede vivir sin pan, no se puede vivir sin perdón, y no se puede vivir sin la ayuda de Dios en las tentaciones. El pan que Jesús nos hace pedir es aquel necesario, no el superfluo; es el pan de los peregrinos, el justo, un pan que no se acumula y no se desperdicia, que no sobrecarga nuestra marcha. El perdón es, ante todo, aquel que nosotros mismos recibimos de Dios: solamente la conciencia de ser pecadores perdonados por la infinita misericordia divina puede hacernos capaces de cumplir gestos concretos de reconciliación fraterna. Si una persona no se siente pecador perdonado, no podrá nunca hacer un gesto de perdón o de reconciliación. Se inicia en el corazón, en donde nos sentimos pecadores perdonados. La última petición, «no nos dejes caer en la tentación», expresa la conciencia de nuestra condición, siempre expuesta a las insidias del mal y de la corrupción. ¡Todos sabemos lo que es una tentación!
La enseñanza de Jesús sobre la oración continúa con dos parábolas con las que Él toma como modelo la actitud de un amigo con otro amigo, y la de un padre con su hijo (cf. vv. 5-12). Ambas nos quieren enseñar a tener plena confianza en Dios, que es Padre. Él conoce mejor que nosotros mismos nuestras necesidades, pero quiere que se las presentemos con audacia e insistencia, porque esa es la forma en que participamos en su obra de salvación. ¡La oración es la primera y principal "herramienta de trabajo" en nuestras manos! Insistir con Dios no sirve para convencerlo, sino para fortalecer nuestra fe y nuestra paciencia, es decir, nuestra capacidad de luchar junto a Dios por las cosas que son realmente importantes y necesarias. En la oración, somos dos: Dios y yo, que luchamos juntos por las cosas importantes. 
Entre ellas, hay una, la gran cosa importante que Jesús nos dice hoy en el Evangelio, pero que casi nunca le pedimos, y es el Espíritu Santo. ¡Dóname el Espiritu Santo!. Y Jesús lo dice: «Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan». (V. 13). ¡El Espíritu Santo! Debemos pedir que el Espíritu Santo venga a nosotros. Pero, ¿para qué sirve el Espíritu Santo? Sirve para vivir bien, para vivir con sabiduría y amor, haciendo la voluntad de Dios. Que bella oración sería, en esta semana, que cada uno de nosotros pidiese al Padre: "Padre, ¡dame el Espíritu Santo!". La Virgen nos lo demuestra con su existencia, completamente animada  por el Espíritu de Dios. Que ella nos ayude a orar al Padre unidos a Jesús, para vivir no en manera mundana, sino según el Evangelio, guiados por el Espíritu Santo.
(Traducción de italiano: Griselda Mutual - Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)