viernes, 31 de julio de 2015

¿No es el hijo del carpintero? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 54-58
En aquel tiempo, fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada:
-«¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?»
Y aquello les resultaba escandaloso.
Jesús les dijo:
-«Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta.»
Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

Palabra del Señor

ORAR CON LOS SALMOS: ¡ACLAME A DIOS TODA LA TIERRA!

Del salmo 66:
¡Aclame a Dios toda la tierra!
¡Aclame a Dios toda la tierra!
¡Canten la gloria de su Nombre!
Tribútenle una alabanza gloriosa,
digan a Dios: «¡Qué admirables son tus obras!».

¡Aclame a Dios toda la tierra!
Vengan a ver las obras de Dios,
las cosas admirables que hizo por los hombres.
Bendigan, pueblos, a nuestro Dios,
hagan oír bien alto su alabanza.

¡Aclame a Dios toda la tierra!
Los que temen a Dios, vengan a escuchar,
yo les contaré lo que hizo por mí:
apenas mi boca clamó hacia Él,
mi lengua comenzó a alabarlo

¡Aclame a Dios toda la tierra!
Si hubiera tenido malas intenciones,
el Señor no me habría escuchado;
pero Dios me escuchó
y atendió al clamor de mi plegaria.

¡Aclame a Dios toda la tierra!
Bendito sea Dios,
que no rechazó mi oración
ni apartó de mí su misericordia.


¡Aclame a Dios toda la tierra!

Homilía del Papa Francisco en la solemnidad de San Ignacio de Loyola Julio 31 de 2013

“El lema de nosotros, los jesuitas, “Iesus Hominum Salvator” - dijo- nos recuerda constantemente una realidad que nunca debemos olvidar: la centralidad de Cristo para cada uno de nosotros y para toda la Compañía que precisamente San Ignacio quiso que se llamase “de Jesús” para indicar el punto de referencia... Y esto nos lleva a nosotros, los jesuitas y a toda la Compañía a ser “descentrados”, a tener siempre delante a “Cristo siempre mayor”... Cristo es nuestra vida.

A la centralidad de Cristo corresponde también la centralidad de la Iglesia: son dos fuegos que no se pueden separar: yo no puedo seguir a Cristo si no en la Iglesia y con la Iglesia. Y también en este caso, nosotros los jesuitas y toda la Compañía, estamos por decirlo así “desplazados”, estamos al servicio de Cristo y de la Iglesia... Ser hombres radicados y fundados en la Iglesia: así nos quiere Jesús. 
No puede haber caminos paralelos o aislados. Sí, caminos de búsqueda, caminos creativos, sí, es importante; ir hacia las periferias... pero siempre en comunidad con la Iglesia, con esta pertenencia que nos da el valor para ir hacia adelante”. 

El Pontífice continuó subrayando que el camino para vivir esta centralidad doble es “dejarse conquistar por Cristo. Yo busco a Jesús y lo sirvo porque Él me ha buscado en primer lugar... En español - precisó- hay una palabra que es muy descriptiva: “Él nos primerea”. Es siempre el primero... Ser conquistado por Dios para ofrecer a este Rey toda nuestra persona y nuestra fatiga... imitarlo en el soportar incluso injurias, desprecio, pobreza”. “Dejarse conquistar por Cristo significa estar siempre tendidos hacia quién tengo enfrente, hacia la meta de Cristo”.

El Santo Padre señaló luego cómo siempre en el ocaso de su existencia, "cuando un jesuita termina su vida" le vienen a la mente dos imágenes; la de san Francisco Javier, mirando a China, y la del padre Arrupe, en su última conversación en el campo de refugiados. "Dos imágenes -aseguró- que a todos nos hará bien observar y recordar. Pedir la gracia que nuestro ocaso sea como el de ellos". 
Finalizando su homilía en la Iglesia romana del Gesù, el Papa Francisco animó a los congregados a pedir a la Virgen que "nos haga sentir vergüenza por ser inadecuados para el tesoro que nos ha sido confiado, para vivir la humildad ante Dios. Que acompañe nuestro camino la intercesión paternal de San Ignacio y de todos los santos jesuitas, que siguen enseñándonos cómo hacer todo, con humildad, ad maiorem Dei gloriam".

Ignacio y Teresa


Aunque ambos santos fueron canonizados el mismo día, Teresa no conoció personalmente a Ignacio de Loyola. Sin embargo, desde el principio, le atrajo el estilo y la labor pastoral de los jesuitas. Ya desde el monasterio de la Encarnación, en 1555, recién fundado el Colegio de san Gil por parte de la Compañía, en Ávila, Teresa contactó con ellos. A lo largo de su vida, la ayuda y el magisterio de los jesuitas serían decisivos para Teresa. Hubo un enriquecimiento mutuo por parte de ambas espiritualidades.
En 1982,  con motivo del IV Centenario de la muerte de la santa, el P. Ignacio Iglesias (s.j.) escribió un artículo en la revista Manresa, titulado «Santa teresa de Jesús y la espiritualidad ignaciana». En él, trazaba algunos puntos de contacto entre ambas espiritualidades. Podemos resumir así su interesante aportación:
  1. El primado de la oración. Para ambos, la oración está en la base de cualquier hacer. Los dos entienden también la oración contemplativa como una experiencia gratuita que Dios regala a la persona, que esta no produce. Para los dos,  orar es quehacer de amigos. «El coloquio se hace propiamente hablando así como un amigo habla a otro…» (EE, 54). El «gustar internamente», «conocimiento interno» tienen también resonancias en las obras teresianas.
  2. Cristología. Desde la Cristología de Ignacio, toda ella centrada en el conocimiento interno de la humanidad divina de Jesús «para que más le ame y le siga», resulta muy cercano el proceso de Teresa, su entusiasmo por la Humanidad de Cristo. La meta de la espiritualidad teresiana, el matrimonio espiritual, se lleva a cabo con la Humanidad de Cristo. Para Teresa, Cristo es el  Hijo, Maestro, Amigo, Esposo, Rey, Juez. Para Ignacio, es Señor, Rey eterno, Hijo, Capitán (término también usado por Teresa), Mediador, Cabeza. Teresa refleja más el mundo de la relación personal, Ignacio el del compromiso misionero.
  3. Espiritualidad misionera.  Ignacio y Teresa viven la Iglesia de su tiempo con una misma sintonía, reaccionando, como mujer o como varón, ante la realidad de una Iglesia turbada por divisiones internas y hostilidades externas, y abierta, por otra parte, al Nuevo Mundo necesitado de evangelización. Ambos perciben que la Iglesia, por mandato de Jesús, es para los hombres. Y por ello, su amor a la Iglesia se transformará en una preocupación concreta por la persona en su necesidad. El ansia misionera de Teresa bulle como componente de su propia espiritualidad, a pesar de las limitaciones que como mujer, tenía en su tiempo.
 Os invitamos a leer el contenido completo de este artículo.

ORACIÓN DE SAN IGNACIO DE LOYOLA

Las siete claves de Laudato si. Carta pastoral de monseñor Francesc Pardo.


Es muy importante leer íntegramente –o por lo menos un buen resumen– esta encíclica que el Papa Francisco dirige a todo el mundo, y no únicamente a los cristianos católicos, para concienciarnos de lo que sucede y de la necesidad de cambios profundos, si no queremos poner en peligro la persona y la Humanidad.
Estas breves líneas, en un formato casi telegráfico, son una invitación a conocer qué nos propone el Papa.
– El títuloLaudato si Alabado seas, mi Señor— es una expresión de san Francisco de Asís, el gran santo amante de las personas, los animales y la naturaleza, que en su Cántico de las criaturas recuerda que la tierra es nuestra casa común. El Papa invita a contemplar de una forma diferente a las personas, los pueblos, animales y naturaleza, no como objeto de explotación, sino como contribución al bienestar y disfrute de las personas, los pueblos y la humanidad. Por ello su clamor para que, dialogando, nos esforcemos en promover un cambio radical.
– Compresión integral de la ecología.
La encíclica, en su análisis de la realidad, lo hace con los pies en el suelo y concreta la cuestión sobre la contaminación y el cambio climático, en lo referente al agua, a la tierra, al mar, las plantas, los animales, la diversidad biológica… Pero al mismo tiempo remarca la necesidad de justicia respecto a los pobres, el deterioro de la calidad de la vida humana, la decadencia social en el sentido que muchas ciudades son inhabitables. Y señala el daño a la salud de las personas y las desigualdades planetarias.
– Posicionamiento en relación a la debilidad de las reacciones.
El Papa se muestra afectado por «la debilidad de las reacciones» ante las tragedias de tantas persones y poblaciones. Remarca reacciones positivas, pero lamenta una cierta «irresponsabilidad despreocupada». Solicita con urgencia «crear un sistema normativo que garantice la protección de los ecosistemas».
– El evangelio de la Creación.
La fe ofrece motivaciones para cuidar de la naturaleza y de nuestros hermanos y hermanas más frágiles. Los deberes respecto a la naturaleza forman parte de la fe cristiana. El Dios que libera y salva es el mismo que ha creado el universo. La creación solo puede entenderse como un regalo que brota de la mano del Padre de todos. Por ello la tierra es un don, no una propiedad. Se nos ha dado para administrarla, no para destruirla.
– El destino común de los bienes.
«Creados por el mismo Padre, nosotros, todos los seres del universo, estamos unidos por lazos invisibles y formamos una especie de familia universal». El Papa, recordando a los Padres de la Iglesia, enfatiza el destino común de los bienes de la tierra: «La tierra es esencialmente una herencia común, los frutos de la cual han de revertir en beneficio de todos». Los que poseen una parte han de administrarla respetando la «hipoteca social» que grava todas las formas de propiedad. Propiedad privada, sí, pero respetando la dimensión social de toda propiedad.
– Ecología ambiental, económica, social, cultural, de la vida cotidiana.
Aquí apreciamos el corazón de la encíclica: la ecología integral, un nuevo paradigma de justicia, una ecología que integre el lugar que ocupa el ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad en que está inmerso. Esto es válido para todas las dimensiones que configuran la vida: economía, política, cultura, e incluso cada momento de nuestra vida cotidiana.
– Educación y espiritualidad. Invitación a la conversión.
Estilo de vida distinto con una verdadera conversión ecológica. La dimensión civil y política del amor. La relación con la Trinidad, con la celebración de los sacramentos y con la Reina de la Creación, María.
Al final nos hallaremos ante la infinita belleza de Dios. ¡Laudato si’!

+ Francesc Pardo i Artigas, obispo de Gerona

Nuncio Apostólico denuncia: Además de la guerra, Siria sufre el olvido del mundo

El Nuncio Apostólico en Damasco (Siria), Mons. Mario Zenari, exhortó a la comunidad internacional a no acostumbrarse a la violencia que golpea a este país, porque corre el riesgo de acostumbrarse y dejar caer en el olvido a los más de once millones de refugiados dentro y fuera de las fronteras sirias.

“La situación es verdaderamente alarmante: se superan los cuatro millones de refugiados en los países vecinos, se habla todavía de siete millones y medio, incluso más de siete millones y medio de refugiados internos”, señaló el Prelado a Radio Vaticana. 
Sin embargo, advirtió que junto a los muertos y heridos está “la amenaza de la bomba de la pobreza”. “Cerca del 60 por ciento de la población no tiene trabajo”, señaló. 

En ese sentido, reiteró que junto a las Naciones Unidas se sigue insistiendo en que “no se debe dar una solución militar: Es necesario encontrar urgentemente una solución política y se necesita que la comunidad internacional haga esfuerzos mayores. No se puede permitir que sigan llegando más meses y meses de guerra”. 


“El olvido es un mal que se une al mal que ya existe. Cuando un conflicto se prolonga por un largo tiempo, se corre el riesgo de caer en el olvido y esto hace mucho daño a todos”, advirtió el Prelado en declaraciones a Radio Vaticana. 

En ese sentido, agradeció la cercanía del Papa Francisco, que anda pendiente de lo que sucede en Siria. “Es cercano a estas personas que sufren y ello lo he tocado con la mano, lo he sentido”, afirmó.

«DICHOSOS LOS QUE PUDIERON HOSPEDAR AL SEÑOR EN SU PROPIA CASA» San Agustín

Las palabras del Señor nos advierten que, en medio de la multiplicidad de ocupaciones de este mundo, hay una sola cosa a la que debemos tender. Tender, porque somos todavía peregrinos, no residentes; estamos aún en camino, no en la patria definitiva; hacia ella tiende nuestro deseo, pero no disfrutamos aún de su posesión. Sin embargo, no cejemos en nuestro esfuerzo, no dejemos de tender hacia ella, porque sólo así podremos un día llegar a término.

Marta y María eran dos hermanas, unidas no sólo por su parentesco de sangre, sino también por sus sentimientos de piedad; ambas estaban estrechamente unidas al Señor, ambas le servían durante su vida mortal con idéntico fervor. Marta lo hospedó, como se acostumbra a hospedar a un peregrino cualquiera. Pero, en este caso, era una sirvienta que hospedaba a su Señor, una enferma al Salvador, una criatura al Creador. Le dio hospedaje para alimentar corporalmente a aquel que la había de alimentar con su Espíritu. Porque el Señor quiso tomar la condición de esclavo para así ser alimentado por los esclavos, y ello no por necesidad, sino por condescendencia, ya que fue realmente una condescendencia el permitir ser alimentado. Su condición humana lo hacía capaz de sentir hambre y sed. [...]

No te sepa mal, no te quejes por haber nacido en un tiempo en que ya no puedes ver al Señor en carne y hueso; esto no te priva de aquel honor, ya que el mismo Señor afirma: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
Por lo demás, tú, Marta —dicho sea con tu venia, y bendita seas por tus buenos servicios—, buscas el descanso como recompensa de tu trabajo. Ahora estás ocupada en los mil detalles de tu servicio, quieres alimentar unos cuerpos que son mortales, aunque ciertamente son de santos; pero ¿por ventura, cuando llegues a la patria celestial, hallarás peregrinos a quienes hospedar, hambrientos con quienes partir tu pan, sedientos a quienes dar de beber, enfermos a quienes visitar, litigantes a quienes poner en paz, muertos a quienes enterrar?

Todo esto allí ya no existirá; allí sólo habrá lo que María ha elegido: allí seremos nosotros alimentados, no tendremos que alimentar a los demás. Por esto, allí alcanzará su plenitud y perfección lo que aquí ha elegido María, la que recogía las migajas de la mesa opulenta de la palabra del Señor. ¿Quieres saber lo que allí ocurrirá? Dice el mismo Señor, refiriéndose a sus siervos: Os aseguro que los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

De los sermones de san Agustín, obispo (Sermón 103,1-2. 6: PL 38, 613. 615)

News.va

Reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 47-53
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
-«El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos les contestaron:
-«Sí.»
Él les dijo:
-«Ya veis, un escriba que entiende el reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo. »
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

Palabra del Señor.

miércoles, 29 de julio de 2015

Ofrecer la vida, elegir el amor

En 1895, Teresa de Lisieux tomó una decisión importante que iba a afectar a su propia vida pero, también, a su mundo más próximo, a sus hermanas de comunidad. Una decisión que, finalmente y de modo insospechado para ella, iba a traspasar los muros de su convento, las fronteras de la cristiandad de su Francia natal e incluso los límites de la Iglesia Católica.
Parece desproporcionado y, sin embargo, es real. No hay nada que tenga más fuerza que una vida entregada, una vida hecha de tiempo y carne, de gestos concretos y esfuerzo, de elecciones cotidianas y opciones trabajadas. Teresa decidió ofrecer lo más valioso que tenía: a sí misma, su propia vida y regalárselo a la misericordia o, como decía ella, al «amor misericordioso de Dios», para que la repartiera.
No ocultó las muchas batallas que libró consigo misma para que el sí que daba, fuera un sí con toda su vida. Y, en cambio, intuyó que vivir de ese modo, cogida por el amor y entregada a él, era formar parte de una onda expansiva que no tenía límites.
Tenía experiencia de la misericordia, de lo que es capaz de despertar la bondad divina en los seres humanos. De cómo mueve y transforma, y de cómo cura, porque Teresa había permitido que la misericordia labrase su interior y había aceptado la purificación continua del amor, al elegir la gratuidad como su modo de ser en el mundo.
Su propia vida le decía que el amor es lo que hace dignos a los seres humanos y lo único que los hace santos al modo del único santo: Jesús. Por eso, escribía: «Sé también que el fuego del amor tiene mayor fuerza santificadora que el del purgatorio. Sé que Jesús no puede desear para nosotros sufrimientos inútiles».
Así es como Teresa tomó la decisión de ofrecer su vida: desde la experiencia del desproporcionado amor de Dios. Hablando a Jesús, decía: «Déjame que te diga que tu amor llega hasta la locura... ¿Cómo quieres que, ante esa locura, mi corazón no se lance hacia ti? ¿Cómo va a conocer límites mi confianza...?».
Esa confianza le dio alas para comprometer toda su vida, para poder decir: hago «ofrenda de mí misma», una ofrenda de amor. Teresa había comprendido que lo único que agrada a Dios es el amor, que ese es su modo de comunicarse y el camino humano para unirse a Él. Por eso, escribía dirigiéndose a Dios: «Creo que te sentirías feliz si no tuvieses que reprimir las oleadas de infinita ternura que hay en ti».
Quien vive con un Dios así, que –como decía Juan de la Cruz– «el lenguaje que más oye solo es el callado amor», entiende que aprender esa lengua es el camino de vida verdadera. Desde esa experiencia, escribirá Teresa: «No quiero acumular méritos para el cielo, quiero trabajar solo por tu amor».
Esa es la ofrenda que hace ella: elegir cada día el amor. Y entiende que hay que elegirlo allí donde uno se encuentra y haciendo lo que tiene a mano, en vez de soñar con lo que no está al alcance. Por eso, le habla a su hermana Celina de amar buscando «pequeñas ocasiones, naderías que agradan a Jesús… una sonrisa, una palabra amable cuando tendría ganas de callarme o de mostrar un semblante enojado».
Teresa llevó al extremo el amor que sentía por Jesús, dándole concreción en su vida. Eligió ser amable, es decir, hacer agradable la vida, facilitar las cosas, mostrar afecto, colaborar abiertamente con todos los que le rodeaban pero, especialmente, con aquellas personas que no podían devolverle la amabilidad. Prefirió estar con «los pobres, los lisiados, los ciegos y los paralíticos» de los que hablaba Jesús, con aquellos que tenían carencias poco agradables y no podían «pagar» su afecto.
Por todo esto –y más que desvela una lectura profunda del mismo–, el «acto de ofrenda al amor misericordioso» que escribe Teresa, dos años antes de morir, es un testamento de amor y una confesión de fe en el Dios entrañable del que hablaba Jesús.
Solo a ese Dios podía Teresa entregar su vida, sabiendo que Él la uniría a la suya, entregada por todos. Solo a ese Dios podía decirle: «Quiero, Amado mío, renovarte esta ofrenda con cada latido de mi corazón y un número infinito de veces, hasta que las sombras se desvanezcan y pueda yo decirte mi amor en un cara a cara eterno».

 Religión digital

“No tengan miedo al matrimonio, Cristo los acompaña con su gracia”. Mons. Paglia comenta el Tweet del Papa

Queridos jóvenes, no tengan miedo del matrimonio: Cristo acompaña con su gracia a los esposos que permanecen unidos a él”. Escribe esta mañana el Papa Francisco en su cuenta oficial de Twitter @Pontifex, seguido por más de 22 millones de usuarios en todo el mundo. Sobre la exhortación del Santo Padre a los jóvenes de hoy y a menos de tres meses del inicio del Sínodo sobre la Familia, el Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, el Arzobispo Vincenzo Paglia, explica las palabras del Pontífice ante los micrófonos de Radio Vaticano, el servicio es de nuestro compañero Alessandro Gisotti.
R.- Como muchas veces sucede, el Papa Francisco ha acertado. Todos nosotros, en proximidad del Sínodo, sabemos cuántos problemas giran alrededor de este tema del matrimonio, de la familia. Pero el núcleo de fondo es exactamente este: lamentablemente muchos jóvenes tienen miedo de casarse, no porque ellos sean – como decir – peores de ayer, ¡absolutamente no! Existe una cultura que induce a tener miedo, que provoca este desconcierto sobre las decisiones definitivas por lo cual es fácil retroceder. El Papa Francisco repite a los jóvenes hoy: “!NO tengan miedo!”. Es interesante ver que esta afirmación se repite en la Biblia 365 veces, una al día. Entonces, diría que esta insistencia cotidiana debe ser el coro que debe resonar en el corazón y en la mente de los jóvenes porque – de verdad – si se está unido a Jesús, el matrimonio, la unión para siempre, logra dar esta estabilidad que en cambio una sociedad demasiado liquida lo impide.
P.- Es muy bello que el Papa Francisco utilice el tweet, para animar a los jóvenes, es decir una “modalidad joven” que viene justamente usada por la juventud, entonces es una modalidad para conectarse con quienes escuchan.
R.- Si justamente, en este sentido todavía una vez más se percibe a un Papa que sale de los esquemas ordinarios, un poco pomposos y solemnes para hacerse cercano a todos. En definitiva, el Papa Francisco cuando nos pide “salir” no lo dice solo en palabras, lo dice también con los hechos y también con este pequeño y extraordinario medio que es el tweet, que de todos modos logra tocar un poco la mente y el corazón. ¡Esperamos de verdad que llegue al corazón con este tweet!
P.- ¿Qué cosa puede hacer la Iglesia para evidenciar la belleza del matrimonio en un periodo en el cual, tal vez la cultura muestra más los peligros y las dificultades de formar una familia?
R.- Sí, creo yo que la Iglesia tiene un tesoro en este campo: un tesoro espiritual, humanístico, de una increíble riqueza. Pienso que sea poco conocido y tal vez también olvidado. Hoy se tiene necesidad de sacarlo fuera, y representar el matrimonio y la familia no como una opción simplemente por sí misma, sino como el modo para cambiar el mundo. El matrimonio y la familia no es una opción cerrada en el círculo de los propios afectos: es una opción para la sociedad, para el mundo.
(Renato Martinez - RV)


"Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en Mí, aunque hubiere muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí no morirá para siempre".

En el episodio de Betania. Lágrimas derramadas por las hermanas Marta y María junto a su hermano Lázaro, muerto y puesto ya hace cuatro días en la sepultura. También Jesús llora. Pero de aquellas lágrimas del Amigo Divino saltan destellos de victoria, que son el primer anuncio del misterio de la Pascua.

¡Oh, qué palabras las que se dijeron Jesús y Marta! La seguridad de la Resurrección y de la vida garantizada a la humanidad redimida toda entera por virtud de la sangre de Cristo.

"Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en Mí, aunque hubiere muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí no morirá para siempre". 

En realidad, la Pascua —cuyo anuncio solemne tuvo lugar en Betania— está toda aquí: celebración perenne y renovada del misterio de Cristo, Rey glorioso e inmortal de los pueblos y de los siglos, consuelo y alimento para toda la humanidad, por Él redimida y reservada al triunfo de sus destinos eternos, y también a los triunfos pacíficos dentro de la humana convivencia y de la ordenada prosperidad sobre la Tierra.


MENSAJE PASCUAL DE SU SANTIDAD JUAN XXIII .

La resurrección de Lázaro. San Agustín

Este relato del evangelio se ha hecho tan célebre por ser tan grande milagro, que ni aun infiel hay que no haya oído hablar de la resurrección de Lázaro; ¿cuánto más conocido no será de los fieles, cuando ni los infieles han podido ignorarlo? Y, sin embargo, cuando se lee, el alma parece como que asiste a una escena siempre nueva. No está fuera de lo razonable que repitamos nosotros lo que solemos decir sobre la resurrección esta; ni debe daros fastidio, me parece, lo que yo diga; al fin, más veces oís leerlo que comentarlo; porque, si acontece leerlo fuera de un sábado o de un domingo, no se predica. Lo digo para que no torzáis el rostro ahora que vamos a decir algo, ni salga nadie con un «Ya otras veces dijo eso»; también lo ha leído el diácono más veces, y lo habéis oído con gusto. Atención, pues.

 Enséñanos el santo evangelio haber Jesucristo resucitado tres muertos: a la hija del príncipe de la sinagoga, pues, habiéndosele dicho que se hallaba enferma de gravedad, fue a su casa, donde la encontró muerta; le dijo: Muchacha, levántate; yo te lo mando, y se levantó.
Otro es un joven llevado ya fuera de las puertas de la ciudad y amargamente llorado por su madre viuda; él lo vio, mandó que se detuviesen los que le llevaban y dijo: Joven, levántate; yo te lo mando; y el muerto se sentó y comenzó a hablar, y se le devolvió a su madre.

El tercero es este Lázaro al que acabamos de ver con los ojos de la fe muriendo y resucitando en virtud de un prodigio mucho mayor que los anteriores y blanco de una gracia extraordinaria, pues llevaba cuatro días muerto y ya hedía; con todo, fue resucitado.

¿Qué significan estos tres muertos? Algo, sin duda; los milagros del Señor son palabras de sentido misterioso. Tres géneros de muerte hallamos en los pecados de los hombres. Traed a la memoria estos tres muertos. Había primeramente muerto aquella doncella en su casa; aún no había sido alzado su cadáver; al joven habíanle sacado fuera de las puertas de la ciudad; Lázaro ya estaba sepultado y oprimido bajo la mole de piedra. ¿Cuáles son, pues, los tres géneros de muerte que hay en los pecados? 
Digo: si uno consintió en su corazón el mal deseo, resolviendo ceder a la suavidad de sus halagos, está ya muerto. Nadie lo sabe, aún no fue sacado fuera; es muerte secreta, en su casa, en su cuarto; pero muerte. Nadie diga que no cometió adulterio si determinó cometerle; si ha consentido a la delectación que le impulsaba blandamente a cometerlo, ya lo cometió; él es adúltero, ella casta. Preguntad a Dios, y él os responderá sobre esta muerte doméstica, interior, de la muerte en el lecho, lechos de los que leemos: Compungíos en el silencio de vuestros lechos de las cosas que andáis meditando en vuestros corazones. Oye la sentencia del resucitador en punto a este morir: Quien a una mujer casada mira para desearla, adulteró ya con ella en su corazón, si bien no llevó aún a efecto la fornicación corporal. Más a las veces le mira el Señor, y se arrepiente de haber determinado hacerlo, de haber consentido; en su lecho ha muerto y en su lecho resucita.


Pero, si ejecuta lo pensado, ya la muerte se puso en marcha, ya salió fuera; mas por el arrepentimiento se le da fin, y el muerto llevado a enterrar es devuelto a la vida. Pero si a la consumación de la obra se allega la costumbre, ya hiede y tiene encima de sí la losa de la mala costumbre; mas ni aun a éste le abandona Cristo; poderoso es para resucitarle también, aunque llora. Hemos oído, cuando se leía el evangelio, haber Cristo llorado a Lázaro. Los oprimidos por la costumbre están aprisionados, y Cristo brama para resucitarlos. Mucho, en efecto, los increpa la palabra divina, mucho les grita la Escritura, y también es mucho lo que yo grito para ser oído y felicitarme de la resurrección de este Lázaro.

Quitad, dice, la piedra, pues ¿cómo puede resucitar el consuetudinario si no se le quita el peso de la costumbre? Clamad, ligadle, acusadle, removed la piedra; cuando veáis a uno de ésos, no queráis daros tregua; es cosa trabajosa, mas el trabajo ese remueve la piedra. Aquel cuya voz traspasa los corazones sea el que grite: Lázaro, sal fuera; esto es, vive, sal del sepulcro, muda la vida, da fin a la muerte. Y el muerto salió atado con las vendas; porque, si bien el consuetudinario cesa de pecar, todavía es reo de lo pasado, y necesario es que ruegue y haga penitencia por lo hecho, no por lo que hace, pues ya no lo hace; está vivo, no lo hace, pero aún está ligado por las cosas que hizo. Luego es a los ministros de la Iglesia, por medio de los cuales se imponen las manos a los penitentes, a los que dice Cristo: Desatadle y dejadle ir. Dejadle, desatadle: Lo que desatéis en la tierra, desatado quedará en el cielo. (Quien me hubiese oído ya esto que ahora dije y lo recordaba, imagínese estar leyendo lo que entonces escribió; y quien no lo había oído, escríbalo ahora en su corazón para leerlo cuando guste.)
(San Agustín, Obras Completas, XXIII, Sermones (3º), BAC, Madrid, 1983, Pág. 270-273)



Creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios

Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 19-27
En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»
Jesús le dijo:
-«Tu hermano resucitará.»
Marta respondió:
-«Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le dice:
-«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mi, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»
Ella le contestó:
-«Si, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

Palabra del Señor

martes, 28 de julio de 2015

HACE DOS AÑOS, EL PAPA FRANCISCO EN RÍO CON LOS JÓVENES: "QUIERO QUE LA IGLESIA SALGA A LA CALLE"





Queridos amigos, falta un año para el inicio de la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia, en Polonia, y este domingo, después de rezar el Ángelus, el Papa Francisco fue el primero en inscribirse oficialmente en la JMJ.
Y hace dos años, el Papa Francisco participaba en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro 2013. Un momento especial fue el encuentro con los jóvenes argentinos en la Catedral de San Sebastián, el 25 de julio. El Papa afirmó: “Quiero que la Iglesia salga a la calle”, e invitó a los jóvenes a salir con la ya famosa expresión: "Quiero lío”.
Les ofrecemos este vídeo para recordar este momento y este deseo del Papa.
News.va

LA MESA DE LA CREACIÓN


En el ciclo “B” del Tiempo Ordinario, por ser el año en el que se proclama el evangelio de San Marcos, que es el más breve de los textos evangélicos, a partir de este domingo se leerá el capítulo sexto del evangelio de San Juan.
Las palabras de Jesús en el evangelio son a la vez llamada de atención y profecía de la situación actual, cuando les advierte a los discípulos, después de dar de comer a la multitud: -«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.».
El papa Francisco, quien acaba de regalarnos la comprometedora carta encíclica: “Laudato sí”, nos señala en ella: “Sabemos que se desperdicia aproximadamente un tercio de los alimentos que se producen, y « el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre” (Francisco, Laudato Sí 50). Esta denuncia nos obliga a cada uno, y no solo a las instituciones políticas o económicas.

Escuchamos hoy la orden que da Eliseo a su criado cuando recibe la ofrenda de veinte panes de cebada: «Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará.» Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor. (2 Re 4, 44)”. La imagen coincide con el gesto de Jesús ante la multitud, con los cinco panes de cebada: “Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado” (Jn 6, 11). 

Deberíamos sentir por un lado, la responsabilidad sobre la administración de los bienes y por otro lado, el escándalo por la cultura del consumismo y del despilfarro, cuando tantos pasan hambre.

Al meditar la Palabra, nos tendría que invadir la compasión, como a Jesús, y movernos a introducir en nuestros hábitos, al tiempo que la austeridad, la opción de compartir, sintiendo el grito de los más pobres. “Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente” (Sal 144).
Los textos bíblicos que hoy se proclaman, si los leemos en clave material tienen una dimensión social, que no deberemos obviar: hay una gran necesidad de pan en el mundo. Y también contienen una dimensión sacramental, al interpretarlos en clave eucarística, como lo hace el Papa en su encíclica: “La Eucaristía une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado. El mundo que salió de las manos de Dios vuelve a él en feliz y plena adoración. En el Pan eucarístico, « la creación está orientada hacia la divinización, hacia las santas bodas, hacia la unificación con el Creador mismo ».167 Por eso, la Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado” (Ls 236).

Seamos solidarios, a la vez que contemplativos. Participemos en la mesa santa, a la vez que compartimos el pan cotidiano.
Ángel Moreno de Buenafuente

Yo quiero vivir el hoy


Me decía un amigo con humor: He trabajado toda la vida con intensidad para después jubilarme y tener tiempo para los amigos, viajar a otros países, comer con calma y beber buenos vinos. Ahora ya tengo dinero y tiempo, pero con tanto trabajar he destrozado mi salud de tal manera que ya no puedo viajar, ni comer, ni beber. He tenido éxito en los negocios, pero he hecho el peor de todos los negocios con mi vida.

Esto me confirma en lo que hace unos años trato de vivir con sencillez y humildad. Vivir el presente y atender a lo cotidiano de la vida. Para ello trato de ser fiel a la vida cotidiana en todas sus manifestaciones, en la atención a cada momento y a cada persona, sin quedar absorbido por sueños y ritmos que me agitan y me sacan del día a día y de aquella persona que tengo delante de mí, sin dejarme tiempo para el encuentro en el que se rehacen las personas y las tareas.

Cada vez veo más claramente, que es una trampa trabajar para vivir bien en el futuro, sin tener, aquí y ahora, buenas relaciones con aquellas personas con las que estoy, sean familiares, amigos y amigas, personas con las que ocasional y puntualmente me encuentro, como por ejemplo aquellas con las que comparto este mes de julio en México. Ya no me dejo llevar y arrastrar con impaciencia por la agenda, pues he constatado que eso me hacer perder el tacto y la sensibilidad necesaria para estar con las personas, asumir los sucesos de cada día y vivir esperanzadamente el futuro posible, que no tanto el deseado.

Es por eso que para mí cada persona, cada encuentro, cada día… son únicos, y no leña para quemar y así alumbrar el futuro. A medida que la vida y cada detalle cobran su valor, me siento unificado en mi vida y vivo en paz y, de esta forma, puedo pasar de una situación a otra, del dolor a la risa, del trabajo al canto, porque cada segundo está situado en una corriente de vida que alimenta y unifica desde dentro los instantes, tanto los dolorosos como los alegres.

Así trato de vivir el tiempo al ritmo del evangelio en el que cada detalle cuenta: “el vaso de agua dado al servidor, el abrazo al niño que se abre paso entre los adultos para ver qué pasa, la falta de vino en una boda, el perfume de nardo en la cabeza, un hombre rico que se sube a una higuera del camino para ver al hombre del que todo el mundo habla…”

Para mí, pues, vivir el hoy, el aquí ahora, me lleva a asumir con responsabilidad y solidaridad el paso de la vida, lo que hacerme cargo de lo que me pasa cada día, asumirla responsable y solidariamente,
muy lejos de la búsqueda del disfrute y del gozo del presente, al que descaradamente se nos invita, por diversos modos y medios, en la sociedad del bullicio y el descarte.

Si quieres ejercitarte en vivir el hoy, desde la cotidianidad, te invito a participar en el encuentro, que tendrá lugar en Segovia, “Desafíos de humanización”, promovido por este servicio de Animación comunitaria por un Mundo Mejor.
Nacho. Fuente: Religión digital

El Señor es compasivo y misericordioso.

Sal 102, 6-7. 8-9. 10-11. 12-13
El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor hace justicia 
y defiende a todos los oprimidos; 
enseñó sus caminos a Moisés 
y sus hazañas a los hijos de Israel.
El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor es compasivo y misericordioso, 
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando 
ni guarda rencor perpetuo.
El Señor es compasivo y misericordioso.
No nos trata como merecen nuestros pecados 
ni nos paga según nuestras culpas. 
Como se levanta el cielo sobre la tierra, 
se levanta su bondad sobre sus fieles.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Como dista el oriente del ocaso, 
así aleja de nosotros nuestros delitos. 
Como un padre siente ternura por sus hijos, 
siente el Señor ternura por sus fieles.

El Señor es compasivo y misericordioso.

Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 36-43
En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle:
-«Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó:
-«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.
 
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga. »

Palabra del Señor

lunes, 27 de julio de 2015

¿Políticos en actos religiosos? Depende

La profesión de fe comienza con un verbo conjugado en primera persona del singular: “yo creo”. El sujeto de este verbo es cada persona individual que recita el Credo. Porque la fe es un acto personalísimo, del que solo yo soy responsable. Nadie puede creer por mí. Ni siquiera la Iglesia. El creer es un acto, una actitud que me concierne personalmente. Sin duda, el acto de fe es también un acto eclesial, en la medida en que los otros creyentes lo recitan igual que yo. Pero aunque lo lógico sea recitar la profesión de fe en común, formando Iglesia, cada uno es responsable de la fe profesada.

De ahí que la fe tenga necesariamente que ser un acto libre. En la medida en que hay presión, en esta misma medida la fe se empequeñece o se infantiliza. Si la presión se convierte en coacción, hasta el punto de que sin esa presión yo no recitaría el Credo, la fe desaparece. El acto que estoy haciendo será cualquier cosa menos un acto de fe. Puede ser un acto social, un acto político, un acto interesado, pero no un acto de fe. Religiosamente es una pura ficción. Y la ficción es la negación de la fe.

En la España actual hay políticos no católicos que se niegan a asistir a actos religiosos en los que era habitual la presencia de las personas que representaban a las instituciones civiles. A la luz de la fe como acto personal y libre, eso debería ser lo normal. Ningún católico debería escandalizarse por la actitud de tales políticos. Cosa distinta es que un representante político considere que, por cortesía, debe asistir a algún acto religioso o cultural, ya que entre sus votantes se encuentran, sin duda, algunos de los que participan “de buena fe” en tal acto. Pero cuando el político participa por cortesía en un acto religioso no lo hace en tanto que creyente, sino como solidario con los creyentes que en el acto participan, manifestando así el respeto que le merecen todas las creencias.

Sería bueno que unos y otros tuviéramos clara esta doble dimensión, la religiosa y la social. En España es cada vez más habitual la convivencia con personas de distinta fe, de distinta religión y de distinta ideología. Si uno tiene un amigo de otra confesión cristiana o de otra religión, lo lógico, si es invitado, es que participe en aquellos actos que son significativos e importantes para su amigo (una boda, un funeral). Al hacerlo no compromete para nada su fe. Pero, desde su fe, precisamente porque es libre y personal, comprende que haya otras personas con distinta fe que merecen un respeto y, si son amigos suyos, merecen que les apoye en aquellos actos que son importantes para ellos.

Martín Gelabert Ballester

domingo, 26 de julio de 2015

Carta abierta a Sor Lucía Caram

"No debemos perder nuestra independencia por una ideología"

Para nuestra vocación es necesaria la vivencia del silencio y de la vida oculta y discreta .
Querida Hermana: Por los medios de comunicación todos conocemos tu labor en el mundo fuera de la clausura y tus dotes para la comunicación. Y como son actividades que realizas abiertamente, nosotras, que también somos monjas dominicas de clausura, queremos reflejar cómo vivimos nuestra vocación de forma activa desde una vida escondida en Dios.
La propia vocación de clausura indica que es una forma de vida cristiana radical, que recuerda que lo importante para los bautizados es el Reino de Dios y por tanto, Jesucristo. Nuestra vocación sirve para enseñar que también el silencio y la soledad son fructíferos y que la Iglesia, como cuerpo de Cristo, tiene muchos miembros, cada uno de los cuales están llamados a realizar su función. La nuestra consiste en la escucha y en la atención, que hoy en día son más necesarias que nunca; para ello es necesaria la vivencia del silencio y de la vida oculta y discreta, que es lo que vienen buscando quienes acuden a nuestro torno, porque ven otra forma de vida diferente.
Podemos comprender nuestra vocación de clausura a través de la experiencia de San Antonio abad, el primer monje o ermitaño, que quiso retirarse al desierto cuando comprendió el Evangelio, que la única riqueza es Cristo. Pero, a pesar de retirarse al desierto, no se escondió de quienes lo buscaban para pedirle consejo. Así debemos ser también nosotras poniendo en práctica el lema de nuestra orden: Contemplata aliis tradere (transmitir a los otros lo que hemos contemplado); no guardamos para nosotras lo que hemos experimentado y recibido, sino que compartimos desde nuestra pobreza con quienes se acercan a nuestro monasterios.
Y la gente que viene a visitarnos para consultarnos, para pedirnos oración, consuelo y remedios materiales urgentes valora, con la percepción de la gente sencilla, que nuestra vocación consiste en mostrar que lo único importante para cualquier cristiano es Jesucristo. Por eso nosotras, como Orden de Predicadoras, estamos llamadas a predicar desde el silencio y la oración sólo a Cristo muerto y resucitado, no a predicar nada más, ni hablar de otros asuntos que pertenecen al ámbito de los laicos y seglares, de manera que cada miembro de la Iglesia realicemos nuestra vocación para el bien común de todo el cuerpo, lo que significa que no invadamos terrenos o hagamos tareas que, como no son propias de nuestra misión, pueden causarnos daño a nosotras mismas y a la Orden, además de a toda la Iglesia, pues como cuerpo que es, sufre cuando uno de sus miembros se daña.
Por eso es tan importante que siempre hagamos lo que estamos llamadas a ser, porque así repercutirá para todo el cuerpo de la Iglesia; igual que si no realizamos lo que estamos llamadas a ser y hacer, nos dispersamos, nos mundanizamos, nos alienamos, no solamente nosotras, sino todo el cuerpo al que pertenecemos. También es importante hacerse todo a todos, porque hemos de integrar y atender a cualquier persona, no a algunos solamente según nuestros gustos o intereses particulares. Para esto también son importantes los métodos que usamos, de manera que nunca perdamos nuestra libertad ni nuestra independencia en favor de un grupo o de una ideología en detrimento de otros.
En este sentido he tenido con dolor que escuchar de ti y ver actitudes en ti que desdicen de una persona, y más de una religiosa, ya que dividimos a los hermanos en lugar de dar ejemplo de integración y de acogida.
Termino con un último consejo desde mi experiencia de ser una hermana de tu Orden: Nuestra misión y vocación necesita espacios de relación comunitaria y con Dios, cuidando las relaciones fraternas con las demás hermanas, la comunión con todas. Si dices al mundo que monja de clausura, no. Monja de silencio, no...de obediencia, no ¿qué es lo que queda de consagrada?
Afectuosamente, 
Sor María Pilar Cano, OP

Fuente: Religión Digital