martes, 12 de febrero de 2013

Dichosos los invitados a la Cena del Señor


Hace unos días conversaba con una amiga sobre la importancia que tiene la Misa y ella me decía lo aburrida que le parecía porque, según ella, en la Misa siempre se repetía lo mismo… Este comentario de mi amiga no me sorprende, resulta que ella es evangélica y como es de suponer, no sabe lo que es la Santa Misa. Pero lo que me mueve a escribir esta pequeña reflexión, más que el comentario de una hermana evangélica que habla por desconocimiento, es el hecho de que esta misma actitud de apatía y dejadez existe entre muchos Católicos que sí deberían saber pues asisten a Misa cada domingo… Pero la realidad es que ellos no saben en dónde están… ni porqué están allí… ni lo qué está sucediendo ante sus ojos…

Tenemos que empezar por señalar que lo que decía mi amiga tiene algo de verdad – no la parte del aburrimiento – sino que la Misa siempre es igual… y es igual porque la celebración no es nuestra, sino de Jesús… La Misa es la plegaria que Jesús eleva al Padre en acción de gracias por nuestra redención… y aunque nosotros también estamos allí y participamos, lo hacemos solo como humildes invitados a la Cena del Señor.

Existe un escrito de San Justino Mártir que data del año 155 (¡fue escrito hace 1,850 años!) en donde el santo le explicaba al emperador Antonio Pío el culto que practicaban los cristianos en aquellas primeras comunidades. Cuando leemos este relato no podemos menos que sorprendernos… leer este relato es como leer la descripción de la Misa del domingo pasado… nuestra Misa es la misma celebración que Jesús instituyó hace dos mil años… y que practicaban los Apóstoles y junto a los primero cristianos…

Al comienzo de la Misa, a modo de preparación para lo que vamos a celebrar, lo primero que hacemos es reconocer que somos pecadores, y como tales, indignos de presentarnos ante la presencia de Dios… Entonces, después de pedir perdón por nuestras ofensas, nos disponemos a escuchar la Palabra de Dios y aunque siempre parezca igual, realmente no lo es… Cada domingo se leen cuatro lecturas de la Biblia – una del Antiguo Testamento, un Salmo, una del Nuevo Testamento y finalmente, una lectura de uno de los Evangelios – y si asistimos a Misa todos los domingos durante tres años, ¡habremos escuchado la Palabra Escrita de Dios casi en su totalidad!

La Misa es acción de gracias… es alabanza y es bendición… pero también es súplica y es sacrifico… por eso presentamos nuestras intenciones y necesidades, que sumadas a las de toda la Santa Iglesia se depositarán sobre el Altar para que Jesús interceda ante el Padre por nosotros al momento de su inmolación…

Es necesario que hagamos un pequeño paréntesis para entender algo… para Dios, el tiempo no existe… Dios es eterno… para Él no existe el ayer, el hoy o el mañana, sino que todo es un infinito presente. Y aunque Jesús se hizo carne y habitó entre nosotros… Él ya existía en la eternidad desde antes de su encarnación… y regresó a ella con su resurrección.

Para seguir leyendo:

http://www.tengoseddeti.org/article/dichosos-los-invitados-a-la-cena-del-senor/