La Iglesia como madre, ha sido de nuevo el tema que ha
elegido Francisco para la catequesis de la audiencia general de los miércoles.
“Es una imagen- ha dicho- que me gusta mucho porque nos dice no sólo como es la
Iglesia, sino cual es el rostro que tendría que tener cada vez más la Iglesia,
esta madre Iglesia nuestra”.
Para explicar esa imagen, el Papa ha
partido de lo que una madre hace por sus hijos. En primer lugar “nos enseña a
caminar por la vida ... nos orienta, intenta siempre indicarnos el camino
acertado para crecer y convertirse en adultos. Y lo hace con ternura, con
afecto, con amor, siempre, incluso cuando se trata de enderezar nuestro camino
porque nos perdemos o seguimos rumbos que nos llevan a un barranco”.

En segundo lugar,“cuando un niño crece y se hace adulto... se asume sus
responsabilidades..., hace lo que quiere y, a veces, se sale del camino. Pero la
madre siempre, en todas las situaciones, tiene la paciencia de seguir
acompañando a sus hijos. Lo que la impulsa es la fuerza del amor... e incluso
cuando se equivocan, encuentra la manera de entender... de ayudar. En mi tierra
decimos que una madre sabe "dar la cara" por sus hijos, es decir, está dispuesta
a defenderlos siempre”.
“La Iglesia es así, es una madre misericordiosa,
que comprende, que trata siempre de ayudar, de alentar incluso a los hijos que
se han equivocado y que se equivocan; no cierra nunca las puertas de casa; no
juzga, sino que ofrece el perdón de Dios, ofrece su amor que invita a reanudar
el camino, incluso a aquellos hijos que han caído en un profundo abismo; no
tiene miedo de entrar en su noche para darles esperanza. Y la Iglesia no tiene
miedo de entrar en nuestra noche cuando estamos en la oscuridad del alma y de la
conciencia para darnos esperanza. ¡Porque la Iglesia es madre!.”
Por
último, “una madre sabe también pedir, llamar a todas las puertas por sus hijos,
sin cálculos, con amor. Y pienso en cómo las madres saben llamar -también y
sobre todo- a la puerta del corazón de Dios ! Las madres rezan mucho por sus
hijos, especialmente por los más necesitados... para los que en la vida han
elegido sendas peligrosas o equivocadas. Lo mismo hace la Iglesia: pone en las
manos del Señor, con la oración, todas las situaciones de sus hijos. Confiemos
en la fuerza de la oración de la Madre Iglesia; el Señor no permanece
insensible. Sabe siempre cómo sorprendernos cuando menos lo esperamos . ¡La
Madre Iglesia lo sabe!”.
“Estos eran los pensamientos que hoy quería
transmitiros - ha concluido Francisco- . Veamos en la Iglesia a una buena madre,
que nos muestra el camino a seguir en la vida que sabe ser siempre paciente,
misericordiosa, comprensiva, y sabe cómo ponernos en manos de Dios”.
Papa Francisco