martes, 2 de junio de 2015

"Laudato sii", título de la próxima encíclica sobre Ecología de Francisco. "Si destruimos la creación, la creación nos destruirá a nosotros"

El texto, cuyo subtítulo será "Sobre el cuidado de la creación", verá la luz en dos semanas
En el texto ha colaborado un equipo de expertos, liderados por el cardenal Turkson y el teólogo de cabecera del Papa, Víctor Manuel Fernández, y expertos como Leonardo Boff. 
Francisco regresa a Francisco. El Papa que arrancó su pontificado hablando de la necesidad de convertirnos en "custodios de la creación", dedica su primera encíclica atribuíble única y exclusivamente a él -"Lumen Fidei" estuvo escrita a cuatro manos- al cuidado de la misma. Se llamará "Laudato sii" y verá la luz en estas dos semanas (entre el 5 y el 16 de junio, según distintas fuentes).
En este caso, la comparación con el santo de Asís no es baladí. "Laudato sii" es elcomienzo del famoso "Cántico de las criaturas", atribuido a San Francisco y que constituye el primer texto ecológico -y ecologista- de la historia. El Hermano Sol, la Hermana Luna, la Hermana Tierra, estarán presentes en el texto, y también el "hermano hombre", pues el cuidado de la creacióntambién abordará el drama del hambre, la desigualdad y el impacto de la deforestación o la esquilmación de los recursos naturales en la vida de los seres humanos.
Después de varios meses de rumores -y mucha polémica, especialmente desde grandes multinacionales-, y meses antes de que el Papa hable ante Naciones Unidas, el director de la Librería Editrice Vaticana,Giuseppe Costa, desveló el título ayer, durante la entrega del premio Cardenal Michele Giordano en Roma.
"Son muchas editoriales en el extranjero que se han interesado ya por la publicación de la encíclica en sus países", ha declarado el director de la editorial oficial del Vaticano, en declaraciones a la agencia SIR de la Conferencia Episcopal Italiana.
En el texto ha colaborado un equipo de expertos, liderados por el cardenal Turkson y el teólogo de cabecera del Papa, Víctor Manuel Fernández. Según reveló el teólogo brasileño Leonardo Boff, Francisco le pidió material para la misma.
"La naturaleza no es una propiedad de la que podamos abusar a nuestro antojo, ni mucho menos es la propiedad de unos pocos, sino un don de todos, que debemos custodiar. Si destruimos la creación, la creación nos destruirá a nosotros. ¡Nunca lo olvides!", ha señalado en algunas ocasiones Francisco, quien, rotundo, ha afirmado que "Dios perdona siempre; los hombres, algunas veces; la naturaleza, nunca".
Jesús Bastante, 31 de mayo de 2015 

Lo esencial del Credo

o    Santísima Trinidad  (Mateo 28,16-20)

A lo largo de los siglos, los teólogos cristianos han elaborado profundos estudios sobre laTrinidad. Sin embargo, bastantes cristianos de nuestros días no logran captar qué tienen que ver con su vida esas admirables doctrinas. Al parecer, hoy necesitamos oír hablar de Dios con palabras humildes y sencillas, que toquen nuestro pobre corazón, confuso y desalentado, y reconforten nuestra fe vacilante. Necesitamos, tal vez, recuperar lo esencial de nuestro credo para aprender a vivirlo con alegría nueva.
«Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra». No estamos solos ante nuestros problemas y conflictos. No vivimos olvidados, Dios es nuestro «Padre» querido. Así lo llamaba Jesús y así lo llamamos nosotros. Él es el origen y la meta de nuestra vida. Nos ha creado a todos solo por amor, y nos espera a todos con corazón de Padre al final de nuestra peregrinación por este mundo. Su nombre es hoy olvidado y negado por muchos. Nuestros hijos se van alejando de él, y los creyentes no sabemos contagiarles nuestra fe, pero Dios nos sigue mirando a todos con amor. Aunque vivamos llenos de dudas, no hemos de perder la fe en un Dios Creador y Padre pues habríamos perdido nuestra última esperanza.
«Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor». Es el gran regalo que Dios ha hecho al mundo. Él nos ha contado cómo es el Padre. Para nosotros, Jesús nunca será un hombre más. Mirándolo a él, vemos al Padre: en sus gestos captamos su ternura y comprensión. En él podemos sentir a Dios humano, cercano, amigo. Este Jesús, el Hijo amado de Dios, nos ha animado a construir una vida más fraterna y dichosa para todos. Es lo que más quiere el Padre. Nos ha indicado, además, el camino a seguir: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Si olvidamos a Jesús, ¿quién ocupará su vacío?, ¿quién nos podrá ofrecer su luz y su esperanza?
«Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida». Este misterio de Dios no es algo lejano. Está presente en el fondo de cada uno de nosotros. Lo podemos captar como Espíritu que alienta nuestras vidas, como Amor que nos lleva hacia los que sufren. Este Espíritu es lo mejor que hay dentro de nosotros.
José Antonio Pagola

Sagrado Corazón de Jesús


Junio mes en que tradicionalmente la Iglesia lo dedica al Sagrado Corazón de Jesús, un corazón tan grande y misericordioso y muchas veces olvidado. Acompañalo en el Sagrario.
Adoramos el Corazón de Cristo porque es el corazón del Verbo encarnado, del Hijo de Dios hecho hombre.

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida.
Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.
La Iglesia dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días.

Esto significa que debemos vivir este mes demostrándole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.
Todos los días podemos acercarnos a Jesús o alejarnos de Él. De nosotros depende, ya que Él siempre nos está esperando y amando.

Debemos vivir recordándolo y pensar cada vez que actuamos: ¿Qué haría Jesús en esta situación, qué le dictaría su Corazón? Y eso es lo que debemos hacer (ante un problema en la familia, en el trabajo, en nuestra comunidad, con nuestras amistades, etc.).
Debemos, por tanto, pensan si las obras o acciones que vamos a hacer nos alejan o acercan a Dios.

Tener en casa o en el trabajo una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, nos ayuda a recordar su gran amor y a imitarlo en este mes de junio y durante todo el año.



PAPA FRANCISCO: EL PERDÓN DE DIOS NOS DA NUEVA VIDA Y VALOR PARA MIRAR AL FUTURO CON ESPERANZA

"La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestida por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia.
La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. La Iglesia « vive un deseo inagotable de brindar misericordia ».
Tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia. Por una parte, la tentación de pretender siempre y solamente la justicia ha hecho olvidar que ésta es el primer paso, necesario e indispensable, pero que la Iglesia necesita ir más lejos para alcanzar una meta más alta y más significativa.
Por otra parte, es triste constatar cómo la experiencia del perdón en nuestra cultura se desvanece cada vez más. Incluso la palabra misma en algunos momentos parece evaporarse. Sin el testimonio del perdón, sin embargo, queda solo una vida infecunda y estéril, como si se viviese en un desierto desolado.
Ha llegado de nuevo para la Iglesia el tiempo de encargarse del anuncio alegre del perdón. Es el tiempo de retornar a lo esencial para hacernos cargo de las debilidades y dificultades de nuestros hermanos. El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza".
Acojamos nuevamente estas palabras de san Juan Pablo II: «La Iglesia vive una vida auténtica cuando profesa y proclama la misericordia – el atributo más estupendo del Creador y del Redentor – y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora».
"Francisco, obispo de Roma, siervo de los siervos de Dios, a cuantos lean esta carta: gracia, misericordia y paz".

(De la Bula Misericordiae Vultus -El rostro de la misericordia-, mediante la que el Papa convocó el Jubileo de la Misericordia el pasado 11 de abril).
News.va

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Hoy, como culmen de la celebración de los misterios pascuales, celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. Es día de profesar la fe en el Dios revelado. “Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro” (Dt 4,39).
No creemos en un Dios lejano, abstracto, proyección de nuestra necesidad religiosa. Hemos recibido el Espíritu, que nos relaciona con un Dios personal, entrañable, amigo, hermano. “Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Rom 8,17).
El privilegio de la fe nos debe suscitar el movimiento difusivo de anunciar la verdad revelada: que el hombre ha sido creado por Dios, redimido por Jesucristo, y sostenido y acompañado por el Espíritu. No estamos solos, Dios nos habita; Jesús permanece con nosotros; su Espíritu se convierte en nuestro acompañante interior. Es de justicia anunciar con alegría el Evangelio, la Buena Nueva. Jesús nos envía: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28, 19).
Este día coincide con el 31 de mayo, jornada que culmina el mes dedicado a honrar a la Madre de Jesús, la coronada en el cielo como Señora de todo lo creado. Con la certeza del amor de Dios, nos inunda de alegría, porque no hay dimensión humana que no esté invitada a una relación trascendente y amorosa, pues el Creador, por los méritos de Jesucristo, nos ha hecho hijos y amigos suyos, hermanos y templos sagrados. Contemplando a la Madre de Dios coronada de gloria, sabemos que en ella se nos anticipa nuestro propio destino.
Quizá, ante la sublimidad del misterio divino, tan solo tenemos la experiencia de la fe, de creer sin sentir, de creer sin ver, fiados de la Palabra, y consolados con el testimonio de los santos. Santa Teresa nos deja el de su visión: “Aquí es de otra manera: quiere ya nuestro buen Dios quitarla las escamas de los ojos y que vea y entienda algo de la merced que le hace, aunque es por una manera extraña; y metida en aquella morada, por visión intelectual, por cierta manera de representación de la verdad, se le muestra la Santísima Trinidad, todas tres personas, con una inflamación que primero viene a su espíritu a manera de una nube de grandísima claridad, y estas Personas distintas, y por una noticia admirable que se da al alma, entiende con grandísima verdad ser todas tres Personas una sustancia y un poder y un saber y un solo Dios; de manera que lo que tenemos por fe, allí lo entiende el alma, podemos decir, por vista, aunque no es vista con los ojos del cuerpo, porque no es visión imaginaria. Aquí se le comunican todas tres Personas, y la hablan, y la dan a entender aquellas palabras que dice el Evangelio que dijo el Señor: que vendría El y el Padre y el Espíritu Santo a morar con el alma que le ama y guarda sus mandamientos” (Moradas VII, 1, 6).

Hoy recordamos de manera especial a los contemplativos, testigos vivientes de quienes no se conforman sino con solo Dios. Ellos rezan por nosotros. Recemos hoy por ellos.
Angel Moreno de Buenafuente

LA CENA DEL SEÑOR

Mt 28, 16-20
Los estudios sociológicos lo destacan con datos contundentes: los cristianos de nuestras iglesias occidentales están abandonando la misa dominical. La celebración, tal como ha quedado configurada a lo largo de los siglos, ya no es capaz de nutrir su fe ni de vincularlos a la comunidad de Jesús.

Lo sorprendente es que estamos dejando que la misa «se pierda» sin que este hecho apenas provoque reacción alguna entre nosotros. ¿No es la eucaristía el centro de la vida cristiana? ¿Cómo podemos permanecer pasivos, sin capacidad de tomar iniciativa alguna? ¿Por qué la jerarquía permanece tan callada e inmóvil? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación con más fuerza y dolor?

La desafección por la misa está creciendo incluso entre quienes participan en ella de manera responsable e incondicional. Es la fidelidad ejemplar de estas minorías la que está sosteniendo a las comunidades, pero ¿podrá la misa seguir viva solo a base de medidas protectoras que aseguren el cumplimiento del rito actual?

Las preguntas son inevitables: ¿No necesita la Iglesia en su centro una experiencia más viva y encarnada de la cena del Señor que la que ofrece la liturgia actual? ¿Estamos tan seguros de estar haciendo hoy bien lo que Jesús quiso que hiciéramos en memoria suya?
¿Es la liturgia que nosotros venimos repitiendo desde siglos la que mejor puede ayudar en estos tiempos a los creyentes a vivir lo que vivió Jesús en aquella cena memorable donde se concentra, se recapitula y se manifiesta cómo y para qué vivió y murió? ¿Es la que más nos puede atraer a vivir como discípulos suyos al servicio de su proyecto del reino del Padre?

Hoy todo parece oponerse a la reforma de la misa. Sin embargo, cada vez será más necesaria si la Iglesia quiere vivir del contacto vital con Jesucristo. El camino será largo. La transformación será posible cuando la Iglesia sienta con más fuerza la necesidad de recordar a Jesús y vivir de su Espíritu. Por eso también ahora lo más responsable no es ausentarse de la misa, sino contribuir a la conversión a Jesucristo.

José Antonio Pagola