miércoles, 25 de octubre de 2017

Agua y clima: El Papa anima a promover una “cultura del cuidado”


Del 23 al 25 de octubre se celebra en Roma la Cumbre Internacional “Agua y Clima. Encuentro de los grandes ríos del mundo”.
El deseo del papa Francisco –expone el cardenal Mons. Pietro Parolin– es que “vuestro” esfuerzo conjunto “ponga de relieve la necesidad de un enfoque más integrado con el fin de promover el desarrollo y la difusión de una ” `cultura del cuidado´ ” (Laudato si ‘, n. ° 231).
En particular, el Papa Francisco confía en que la amenaza que representa el cambio climático para nuestros hermanos y hermanas en los países más vulnerables “pueda encontrar respuestas oportunas y efectivas”, declaró Mons. Parolin a los participantes en la Cumbre.
Ayer, 23 de octubre de 2017, durante la apertura, el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, leyó el mensaje enviado por el Santo Padre Francisco a los participantes en el evento y pronunció el discurso que publicamos a continuación.
Discurso del Cardenal Secretario de Estado
Señor Presidente del Consejo,
Sres. Ministros,
Excelencias,
Señoras y señores,

En primer lugar, me complace leer el Mensaje que el Papa Francisco ha enviado a esta Cumbre:
Su Santidad el Papa Francisco dirige su saludo a todos los participantes en la Cumbre Internacional “Agua y Clima. Encuentro de los grandes ríos del mundo”, junto con sus mejores deseos para los trabajos, destinados a identificar las formas de preservar el precioso don del agua para el futuro de la humanidad. Su deseo es que vuestro esfuerzo conjunto para sensibilizar la conciencia de la comunidad internacional acerca de los problemas urgentes de las principales cuencas fluviales del mundo no sólo lleve a soluciones prácticas, sino que también ponga de relieve la necesidad de un enfoque más integrado con el fin de promover el desarrollo y la difusión de una “cultura del cuidado” (Laudato si ‘, n. ° 231). En particular, el Papa Francisco confía en que la amenaza que representa el cambio climático para nuestros hermanos y hermanas en los países más vulnerables pueda encontrar respuestas oportunas y efectivas. Encomendando las deliberaciones de la Cumbre a la guía del Todopoderoso, Su Santidad invoca bendiciones de sabiduría y perseverancia para los participantes y para todos los comprometidos en el progreso de una mayor atención a nuestra casa común.
Permítanme, que después de las palabras de Francisco, aborde brevemente algunos aspectos de la reunión de hoy, centrada en un recurso esencial como el agua, que San Francisco en su Cántico de las criaturas llama “hermana agua” y define “muy útil, humilde, preciosa y casta “.
No es necesario, por una parte, subrayar la importancia del agua, un elemento indispensable para los seres humanos en todos los ámbitos de la vida.
Por otra parte, todos somos conscientes de que el aumento constante de la demanda de agua, agravada por el cambio climático, es uno de desafíos más serios de hoy y de mañana que se plantean a la comunidad internacional.
Esto requiere que todos nosotros aumentemos de manera responsable nuestros esfuerzos para profundizar de manera más amplia el tema del agua, en sus diferentes significados. Pienso por ejemplo:
– El agua como componente esencial para la vida humana y los ecosistemas terrestres y acuáticos, que se refiere a ese derecho humano al acceso al agua cada vez más debatido en numerosos foros . El acceso al agua es, de hecho, uno de los derechos inalienables de todo ser humano, ya que es un requisito previo para el ejercicio de la mayoría de los otros derechos humanos (ver. Laudato si ‘,’no. 30), tales como el derecho a la vida, a la alimentación y a la salud. En esta perspectiva, la gestión del agua, bien común de la humanidad, debe permitir el acceso de todos, especialmente de aquellos que viven en la pobreza;
– El agua como un elemento al que no pocas religiones han atribuido una valencia “espiritual” y “simbólica”; baste pensar en el papel de “purificación” del agua tan bien delineado en muchas de ellas;
– El agua como factor clave para el desarrollo. La escasez de agua o su mala gestión, constituyen, efectivamente, un “factor limitante” del desarrollo humano: incluso en la presencia de otros factores (trabajo, tierra, minerales y otros recursos naturales) la escasez o la mala gestión del agua impiden una vida digna, la agricultura, la ganadería, las actividades productivas, el saneamiento adecuado y comportan desigualdades y migración forzada;
– El agua también como un elemento destructivo de la vida en la Tierra, a través de diversos fenómenos naturales extremos relacionados con su abundancia o su escasez, por desgracia fenómenos que ocurren cada vez con más intensidad y frecuencia;
– El agua como causa potencial de “conflicto” o, por el contrario, de solidaridad, especialmente cuando existen recursos hídricos compartidos entre dos o más estados.
Y precisamente sobre dos últimos puntos me gustaría reflexionar brevemente, ya que están estrechamente relacionados con el tema de nuestra Cumbre: el vínculo entre agua y clima y la gestión de los recursos hídricos compartidos.
Hablando de la relación entre agua y clima, no se puede negar que el problema del agua como un “factor limitante” del desarrollo está aún más acentuado por el problema del cambio climático, que afecta al ciclo hidrogeológico y depende no sólo de elementos naturales, sino también de actividades antrópicas mal administradas que pueden crear alteraciones y desequilibrios en el mismo ciclo. Considerad, por ejemplo, la contaminación de las faldas acuíferas o de los ríos, o la destrucción de los bosques. Por otra parte, existe un fuerte nexo entre el cambio climático y los desastres relacionados con el agua: se estima que alrededor del 90% de los principales eventos extremos producidos en los últimos treinta años se puede atribuir al agua. En esta perspectiva, una gestión integrada de los recursos hídricos es una de las principales herramientas para fortalecer la resiliencia y la adaptación al cambio climático.
En segundo lugar, el agua puede ser objeto de conflicto y contiendas (cada vez están más generalizadas las llamadas “guerras del agua”), especialmente en presencia de ríos, lagos o embalses hidrográficos compartido entre varias naciones. Sin embargo, adoptando un cambio de perspectiva orientado hacia el futuro, el agua puede verse como un elemento de colaboración y diálogo, oportunidad para la paz y la solidaridad a través de acuerdos políticos o tecnológicos, iluminados y responsables, de gestión participativa en función del valor precioso de “compartir”. Los recursos hídricos transfronterizos, “compartidos” por varios Estados, ofrecen oportunidades tanto de competición y conflicto como de cooperación y solidaridad, ya que son un factor clave para la estabilidad económica de cada Estado. Se están desarrollando conceptos como “hidro-solidaridad” o “hidro-diplomacia”. En la segunda mitad del siglo XX se negociaron más de 200 tratados sobre el agua, demostrando a menudo que la cooperación transfronteriza en el ámbito del agua es un buen ejemplo de la prevención a largo plazo de conflictos, ya que los países dotados de mecanismos de cooperación en este ámbito raramente han recurrido a la guerra.
Hacen falta, pues, nuevos enfoques sobre el agua, de carácter legislativo, institucional , político, económico, técnico y ético, y por lo tanto también educativo y cultural (cf. Laudato si ‘, n 30), basados en la certeza de que el tema del agua requiere una visión a largo plazo, en la perspectiva de esa ecología integral tan bien delineada por el Papa Francisco en Laudato si ‘,.Es necesario asumir el compromiso de incluir el tema “agua” en todos los debates sobre el desarrollo en el escenario mundial: en los próximos años serán necesarias nuevas inversiones financieras destinadas sea a aumentar la resiliencia y reducir así los riesgos de desastres naturales sea a favorecer la promoción de un verdadero desarrollo humano integral; es bueno que el acceso al agua y la gestión integrada de los recursos hídricos sean elementos centrales de las reflexiones encaminadas a determinar esas inversiones.
La necesidad de identificar enfoques innovadores también requiere nuevas formas de cooperación entre público y privado, nuevos modelos de asociación, en el ámbito de una planificación racional del agua, que tengan en cuenta fenómenos como el cambio climático, la difusión y asimilación de información entre la población, la modificación a largo plazo de los comportamientos y de los usos con respecto al agua. En la base de estos enfoques, debe estar la prioridad de la satisfacción de las necesidades de seguridad hídrica de los pobres a través de políticas hídricas a favor de los pobres, así como la revitalización del ámbito local mediante la promoción de la descentralización, es decir , de la subsidiariedad, de la valoración de los conocimientos y experiencias de las poblaciones y de las comunidades locales.
Espero que de la Cumbre que comienza hoy, surjan nuevos elementos para desarrollar estas formas de solidaridad y “diplomacia transfronteriza” basadas en el agua. Gracias.
ZENIT

Santa Marta: Meditar el Vía Crucis, “centro del misterio de Cristo”

El Papa sugirió meditar sobre la Pasión de Jesucristo en el Via Crucis. El Papa ha indicado que el “centro del misterio de Jesucristo” es que “me amó” y “se entregó a sí mismo” a la muerte, por mí.
El Santo Padre comenzó su homilía en la misa celebrada esta mañana en Santa Marta con una reflexión a partir de la Primera Lectura tomada de la Carta a los Romanos, en la que San Pablo usa contraposiciones – pecado, desobediencia; gracia, perdón – para tratar de “llevarnos a comprender algo”. Se siente “impotente” para “explicar” lo que quiere decir.
“Detrás de todo esto está la historia de la salvación” –ha aclarado el Papa– Pablo “va más allá”, nos arroja, para que “caigamos en el misterio” de Cristo. Y añadió que estas contraposiciones son sólo pasos en el camino para sumergirnos en el misterio de Cristo, que no es fácil de entender, porque es “tan sobreabundante”, “tan generoso”, que no se puede comprender con argumentaciones porque éstas llevan hasta cierto punto.
“Está bien ir a Misa, rezar, ser buenos cristianos –dijo Francisco– pero la pregunta central es si hemos entrado en el misterio de Jesucristo” y explicó que “Entrar en el misterio de Jesucristo es dejarse caer en aquel abismo de misericordia donde no hay palabras: sólo el abrazo del amor.
El amor que lo condujo a la muerte por nosotros. Cuando nosotros vamos a confesarnos porque tenemos pecados – ‘sí, debo quitarme los pecados’, decimos; o ‘que Dios me perdone los pecados’ – decimos los pecados al confesor y estamos tranquilos y contentos. Si hacemos así, no hemos entrado en el misterio de Jesucristo. Si yo voy, voy a encontrar a Jesucristo, a entrar en el misterio de Jesucristo, a entrar en aquel abrazo de perdón del que habla Pablo; de aquella gratuidad del perdón”.
Por ello, el Pontífice ha invitado a realizar un ejercicio de piedad que ayuda: el Vía Crucis, que consiste en caminar con Jesús en el momento en que nos da “el abrazo del perdón y de la paz”.
“Es bello hacer el Vía Crucis. Hacerlo en casa, pensando en los momentos de la Pasión del Señor. También los grandes Santos aconsejaban siempre comenzar la vida espiritual con este encuentro con el misterio de Jesús Crucificado. Santa Teresa aconsejaba a sus monjas: para llegar a la oración de contemplación, la alta oración que ella tenía, comenzar con la meditación de la Pasión del Señor. La Cruz con Cristo. Cristo en la Cruz. Comenzar y pensar. Y así tratar de comprender con el corazón que me amó a mí y que se entregó por mí, se dio a sí mismo a la muerte por mí”.
Así, la invitación conclusiva del Papa fue precisamente a mirar al Crucificado, “icono del mayor misterio de la creación, de todo”: “Cristo crucificado, centro de la historia, centro de mi vida”.
ZENIT

¿Han aumentado los católicos en el mundo?


El número de católicos en el mundo aumentó en 12 millones 529 mil personas alcanzando la cifra de 1.284.810.000 católicos a día 31 de diciembre de 2015. Pese al aumento numérico, el porcentaje de católicos en el mundo disminuyó un 0,05% situándose ahora en el 17,72%, de la población mundial que también se ha incrementado.
Según datos del Anuario Estadístico de la Iglesia actualizados en esa fecha, recogidos por la Agencia Fides con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, el crecimiento del número de católicos se produjo en todos los continentes excepto en Europa, donde se registraron 1 millón 344 mil católicos menos.
Por continentes, África es donde más creció el número de católicos, 7.411.000; seguida por América con 4.756.000 católicos más; África con 7.411.000 nuevos católicos; y Oceanía con 123 mil.
Según indica el Anuario Estadístico, la población mundial también registró un importante crecimiento llegando a las 7.248.941.000 personas, lo que significa un aumento de la población mundial de 88 millones 202 mil respecto al año anterior. Este aumento se produjo en todos los continentes, incluida Europa después de varios años de disminución demográfica.
Según los datos estadísticos, el número de obispos en el mundo aumentó en 67, alcanzando la cifra de 5.302. También aumentaron los sacerdotes en 136 nuevos presbíteros, para alcanzar la cifra total de 416.656, de los cuales 281.514 son diocesanos y 134.142 sacerdotes religiosos.
Por el contrario, el número de religiosos no sacerdotes disminuyó por tercer año consecutivo. Según el Anuario, en diciembre de 2015 había 54.229 religiosos, 330 menos que en el registro anterior. También disminuyó el número de religiosas, 12.399 menos, hasta situarse en la cifra de 670.330.
Esa misma tendencia se registró en el número de misioneros laicos al disminuir en 16.723 personas hasta situarse en 351.797.
Por su parte, el número de catequistas en el mundo disminuyó un total de 142.115 personas, por lo que en diciembre de 2015 había en el mundo 3.122.653 catequistas.
Aunque el número de seminaristas mayores volvió a disminuir globalmente como en años precedentes, el descenso se ha contenido. La disminución respecto al año anterior es de 96, por lo que el número de seminaristas en el mundo en la fecha del estudio fue de 116.843.
ACI/Miguel Pérez Pichel

¿Por qué Dios permite el sufrimiento?

El arzobispo de La Plata en Argentina, monseñor Héctor Aguer, dio algunas luces ante la  experiencia humana de tener que sobrellevar el sufrimiento en la vida que parecieran contradecir el anhelo de felicidad hasta el punto de decir «¿Por qué Dios permite esto?».
«Parece que a algunos les va todo bien o la mayor parte de las cosas le salen bien, pero en cambio a otros parece que les va todo mal», inició su reflexión monseñor Aguer en su programa Claves Para un Mundo Mejor, el 20 de octubre.
Esta realidad tiene relación con la «fragilidad de nuestra existencia, con nuestros límites» continuó el arzobispo, «todos tenemos que sobrellevar cosas desagradables en la vida y nos 'estrellamos' muchas veces».
Entonces surge la pregunta: «¿Por qué Dios permite todo esto? ¿Por qué tengo yo que sobrellevar este sufrimiento, esta pena?».
Frente a esto, monseñor Aguer señaló que muchas veces se cree que «todo tiene que salir bien, todo a pedir de boca y no es así». La felicidad consiste precisamente en «el equilibrio de estas cosas».
La felicidad es «asumir con serenidad los elementos negativos que encontramos en la vida cotidiana», y esto implica reflexionar sobre la vida en su conjunto y ver «que todo aquello tuvo algún sentido».
Pero lo más importante, subrayó el arzobispo de La Plata, es que «esos sufrimientos, esas penas, tienen sentido para un cristiano porque nosotros las unimos a los sufrimientos de Cristo».
Por lo tanto «no hay que dramatizar demasiado», aconsejó. «No es que todos los días nos caiga encima una cruz enorme, pero crucecitas tenemos todos y hay una gran ocasión de comportarse como verdaderamente hombre o mujer».
Monseñor Aguer exhortó a ser cristianos que sepan reconocer sus límites y saber quiénes son y para qué están en el mundo. De esta manera, «unir estas cosas que parecen negativas al sufrimiento de Cristo porque la cruz es el camino para la resurrección».
«Estas cosas que nosotros ofrecemos a Dios sirven para la purificación de nuestros pecados y sirven también para adiestrar nuestra voluntad, para hacernos más libres y para ponernos en las manos de Dios con mayor confianza», concluyó su reflexión monseñor Aguer.
ACI

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (12,39-48) POR EL P. CANTALAMESSA O.F.M. Cap., PREDICADOR DE LA CASA PONTIFICIA:




¿Qué significa en este caso velar? Jesús lo explica aquí y en otros pasajes del Evangelio mediante algunas aproximaciones: “Velad y estad atentos”; “velad y vigilad” (Marcos 13, 33); “velad y orad” (Marcos 14, 38).

Estar atentos significa estar como “inclinados” o proclives hacia alguna cosa. Nosotros debemos ser como personas que se ponen un punto de mira, que se fijan un blanco, una meta. ¿Habéis visto alguna vez a un cazador en el momento de apuntar? ¡Qué atención y qué concentración! He aquí, cómo deberíamos estar nosotros. No para abatir a un pobre pájaro, sino para no fallar el blanco de toda una vida, que es la eternidad. 

En efecto, nosotros estamos destinados a la eternidad. ¿Para qué serviría vivir bien y durante prolongado tiempo, si no nos fuese dado vivir para siempre?

En cuanto al estar preparados, Jesús lo explica con la imagen del portero o del mayordomo de casa, que está siempre dispuesto o pronto a abrir apenas llega el amo de casa: “Es como uno que ha partido para un largo viaje y le ha ordenado al portero vigilar o velar”...

La oración, además, es el contenido principal de la vigilancia. Entre el rumor de las voces, que nos llegan de todas partes y nos distraen, velar o vigilar significa, en ciertos momentos, imponer silencio a todo y a todos, apagar todo “audio” o escucha, para situarse ante la presencia de Dios, volver a encontrarse consigo mismos y reflexionar sobre la propia vida. Orar es estar en el umbral desde donde se puede echar una mirada sobre el otro mundo, el mundo de Dios. Es “pasar de este mundo al Padre”.

La vigilancia toma valor a partir del motivo por el que se vela. Vigila también el mujeriego, decía san Agustín, y vigila el ladrón, pero ciertamente no es bueno su vigilar. Velan quienes pasan la noche en la discoteca, pero frecuentemente para enajenarse y no pensar. Ahora el motivo de la vigilancia está formulado así por Jesús: “Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento”.

No sirve consolarse diciendo que nadie sabe cuándo será el fin del mundo. Hay una venida, un retorno de Cristo, que tiene lugar en la vida de cada persona, en el instante de su muerte. El mundo pasa, termina, para mí en el momento en que yo paso del mundo y termino de vivir. ¡Hay bastante más “fin del mundo” que esto! Hay tantos fines del mundo cuantas son las personas humanas, que dejan este mundo. Para millones de personas, el fin del mundo es hoy.

... ¿Quizás Dios nos amenaza, no nos quiere bien? No, es por amor, porque tiene miedo de perdernos. Lo peor que se puede hacer ante un peligro que nos sobreviene es cerrar los ojos y no mirar. 

La noche en que naufragó el Titanic he leído que tuvo lugar una cosa del género. Había habido mensajes vía radio por parte de otras naves que señalaban en la ruta a un iceberg. Pero, en el trasatlántico tenía lugar entonces una fiesta y un baile; no se quiso molestar a los pasajeros. Así que no se tomó ninguna precaución dejando cualquier decisión para la mañana siguiente. Mientras tanto, la nave y el iceberg estaban marchando a gran velocidad la una contra el otro, hasta que tuvo lugar durante la noche un tremendo choque y se inició el gran naufragio. 

Esto nos hace pensar en aquello que dijo Jesús en otra parte del Evangelio, hablando de la generación del diluvio: “La gente comía y bebía y se casaba hasta el día en que… llegó el diluvio y se los llevó a todos” (Mateo 24, 38-39).

Terminamos con una palabra de Jesús que, también en esta ocasión, nos abre el corazón a la confianza y a la esperanza: “Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes”.
(De la homilía para el I domingo de Adviento)

EVANGELIO DE HOY: AL QUE MUCHO SE LE DIÓ, MUCHO SE LE EXIGIRÁ




Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,39-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»

El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. 

Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. 

El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

Palabra del Señor