domingo, 29 de noviembre de 2015

Primer Domingo de Adviento. Benedicto XVI


El Señor nos da la gracia y la alegría de abrir el nuevo Año litúrgico iniciando con su primera etapa: el Adviento, el período que conmemora la venida de Dios entre nosotros. [...]

Precisamente el misterio grande y fascinante del Dios con nosotros, es más, del Dios que se hace uno de nosotros, es lo que celebraremos en las próximas semanas caminando hacia la santa Navidad. Durante el tiempo de Adviento sentiremos que la Iglesia nos toma de la mano y, a imagen de María santísima, manifiesta su maternidad haciéndonos experimentar la espera gozosa de la venida del Señor, que nos abraza a todos en su amor que salva y consuela. [...]

Dios nos ama de modo profundo, total, sin distinciones; nos llama a la amistad con él; nos hace partícipes de una realidad por encima de toda imaginación y de todo pensamiento y palabra: su misma vida divina. [...] «Cristo, el nuevo Adán —afirma el concilio Vaticano II— en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación... El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre» (Gaudium et spes, 22). Creer en Jesucristo conlleva también tener una mirada nueva sobre el hombre, una mirada de confianza, de esperanza. 


Benedicto XVI, Homilía, Sábado 27 de noviembre de 2010
Los discursos apocalípticos recogidos en los evangelios reflejan los miedos y la incertidumbre de aquellas primeras comunidades cristianas, frágiles y vulnerables, que vivían en medio del vasto Imperio romano, entre conflictos y persecuciones, con un futuro incierto, sin saber cuándo llegaría Jesús, su amado Señor. También las exhortaciones de esos discursos representan, en buena parte, las exhortaciones que se hacían unos a otros, aquellos cristianos, recordando el mensaje de Jesús. Esa llamada a vivir despiertos cuidando la oración y la confianza es un rasgo original y característico de su Evangelio y de su oración.
Por eso, las palabras que escuchamos hoy, después de muchos siglos, no están dirigidas a otros destinatarios. Son llamadas que hemos de escuchar los que vivimos ahora en la Iglesia de Jesús, en medio de las dificultades e incertidumbres de estos tiempos.
La Iglesia actual marcha a veces como una anciana «encorvada» por el peso de los siglos, las luchas y trabajos del pasado. «Con la cabeza baja», consciente de sus errores y pecados, sin poder mostrar con orgullo la gloria y el poder de otros tiempos.
Es el momento de escuchar la llamada que Jesús nos hace a todos.
«Levantaos», animaos unos a otros. «Alzad la cabeza» con confianza. No miréis al futuro solo desde vuestros cálculos y previsiones. «Se acerca vuestra liberación». Un día ya no viviréis encorvados, oprimidos ni tentados por el desaliento. Jesucristo es vuestro Liberador.
Pero hay maneras de vivir que impiden a muchos caminar con la cabeza levantada confiando en esa liberación definitiva. Por eso, «tened cuidado de que no se os embote la mente». No os acostumbréis a vivir con un corazón insensible y endurecido, buscando llenar vuestra vida de bienestar y placer, de espaldas al Padre del Cielo y a sus hijos que sufren en la tierra. Ese estilo de vida os hará cada vez menos humanos.
«Estad siempre despiertos». Despertad la fe en vuestras comunidades. Estad más atentos a mi Evangelio. Cuidad mejor mi presencia en medio de vosotros. No seáis comunidades dormidas. Vivid «pidiendo fuerza». ¿Cómo seguiremos los pasos de Jesús si el Padre no nos sostiene? ¿Cómo podremos «mantenernos en pie ante el Hijo del Hombre»?

José Antonio Pagola

NUEVO AÑO LITÚRGICO. I DOMINGO DE ADVIENTO, “C”

Tiempo nuevo que nos ofrece la Iglesia de mano del Evangelio de San Lucas, en coincidencia con el “Año de la Misericordia”, cuyo inicio celebraremos el 8 de Diciembre, día de la Inmaculada, en el 50 aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.
El texto de San Lucas se refiere especialmente a la misericordia, tanto en las parábolas, como en los gestos que hace Jesús con los pobres. Este año será ocasión propicia para acompañarnos con la enseñanza lucana.
Las lecturas de este domingo nos ofrecen un vocabulario esperanzador: “Cumpliré la promesa”. “Se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos”. “El Señor es bueno”. “Las sendas del Señor son misericordia y lealtad”. “El Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos”. “Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación”.

Toma una de las frases bíblicas, la que más te haya tocado el corazón, aquella en la que encuentres mayor resonancia: rúmiala, hazla jaculatoria, llévala en la mente mientras vas de camino, recítala como oración, y poco a poco te abrirás a una comprensión mayor del texto, que se convertirá en compañero de camino.
Personaliza las expresiones, como si te las dijeran a ti personalmente, escucha dentro de ti la promesa de salvación, y atrévete a confesar al Señor: “Tú eres mi Dios y mi Salvador”.
Si alguna de las expresiones se ha introducido en tu interior y las has escuchado como dicha al oído de tu corazón, seguro que podrás sentir confianza, y hasta el impulso íntimo de abandonarte a la Providencia divina.
Si por lo que sea no sientes vibración alguna, te aconsejo, como hoy nos señala San Lucas: “Levanta la cabeza, mira al horizonte, se acerca nuestra salvación. No estamos destinados a la desesperanza. Mantente despierto, de pie, vigilante, como quien aguarda a alguien amigo.

Nos va a visitar la Misericordia de Dios, vamos a poder contemplar el rostro del Invisible, hecho visible en el Hijo de María. Hoy es tiempo de comenzar de nuevo, de interrumpir la posible inercia, de levantarse, porque se acerca nuestra salvación.
Ángel Moreno de Buenafuente

A ti, Señor, levanto mi alma.


Salmo responsorial Sal 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14

A ti, Señor, levanto mi alma.
Señor, enséñame tus caminos, 
instrúyeme en tus sendas: 
haz que camine con lealtad; 
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
A ti, Señor, levanto mi alma.
El Señor es bueno y es recto, 
y enseña el camino a los pecadores; 
hace caminar a los humildes con rectitud, 
enseña su camino a los humildes.
A ti, Señor, levanto mi alma.
Las sendas del Señor son misericordia 
y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos. 
El Señor se confía con sus fieles 
y les da a conocer su alianza.
A ti, Señor, levanto mi alma.


Se acerca vuestra liberación


Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 25-28. 34-36
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»
Palabra del Señor.