lunes, 13 de febrero de 2017

El G-9 cierra filas en torno a Francisco



Son muy pocos, pero hacen mucho ruido. Ya sea en forma de amenazas de "corrección pública", a través de mentiras en sus terminales mediáticos o eclesiásticos, o mediante campañas de contrapublicidad (después de siglos, han regresado los "pasquines" y las falsificaciones de diarios), los sectores ultraconservadores de la Curia intentan dinamitar las reformas de un Papa que tiene detrás el apoyo de la práctica totalidad de los creyentes de todo el mundo.
Entretanto, Francisco habla cuando tiene que hacerlo, y deja en su sitio a los "profetas de desventuras" y a las "resistencias malévolas" y, según el sustituto de la Secretaría de Estado, Angelo Becciu, "hasta se rió" cuando supo de la existencia de carteles en su contra en las calles de Roma.
Sin embargo, no está de más declaraciones como las que este lunes, durante su XIII reunión, ha realizado el coordinador del G-9, cardenal Rodríguez Maradiaga. Según informa la Oficina de Prensa de la Santa Sede, al inicio del encuentro, "el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, después de haber retornado el saludo al Santo Padre, le agradeció a nombre de todos los miembros por sus palabras en el discurso de Navidad a la Curia Romana el pasado 22 de diciembre de 2016, reconociendo en él un aliento y una orientación para los trabajos del Consejo".
En dicho discurso, el Papa arremetía contra los "pecados" de la Curia y las actitudes gatopardianas de los que se oponen, sin dar la cara, y también de las "resistencias malévolas" a cualquier cambio.
Al mismo tiempo, y "en relación a recientes sucesos, el Consejo de Cardenales expresa su pleno apoyo a la obra del Papa, asegurando al mismo tiempo su adhesión y sostenimiento plenos a su persona y su magisterio".
El G-9 está formado por los cardenales Oscar Rodríguez Maradiaga (Coordinador), Pietro Parolin (Secretario de Estado), Giuseppe Bertello, Francisco Javier Errázuriz Ossa, Sean Patrick O'Malley, Reinhard Marx, Laurent Monsengwo Pasinya, Oswald Gracias y George Pell.
Aunque la nota no los citaba, los "últimos episodios" eran la copia falsa de L'Osservatore y los carteles contra el Papa que empapelaron algunos barrios de la Ciudad Eterna. Por fortuna, en los dos últimos Angelus, decenas de miles de fieles se han congregado para gritar vivas al Pontífice, y asegurar su oración ante la dura tarea de reformar la Iglesia, tal y como se acordó en el Cónclave que lo eligió Papa. Mientras tanto, y según ha podido saber RD, la Policía italiana ya cuenta con algunas claves que podrían permitir conocer a los responsables de la publicidad falsa.
Jesús Bastante

¿Estamos preparados para morir?


Nos preparamos para los diversos eventos de nuestro diario vivir. Tomamos toda clase de medidas con vistas al futuro: inversiones, seguros, planes de estudio, de trabajo. Pero somos incapaces de prepararnos para el acontecimiento más cierto que nos va a sobrevenir, aunque no sabemos ni cómo ni cuándo. Se hace necesaria una educación para la muerte, mirarla de frente, aceptarla como parte integrante de la vida es tanto como ensanchar y enriquecer la vida misma. Urge responder a cuestiones vitales: ¿Hacia dónde me encamino, qué sueños tengo, qué ángeles me habitan, qué demonios me atormentan?
Conviene cultivar estas actitudes fundamentales: lograr una noción sabia del mundo y de la vida que lleva al reconocimiento y la gratitud por tanto don y prodigio en los que estamos inmersos. A la gratitud sucede la humildad y el arrepentimiento, conscientes de que la urdimbre de las maravillas está entretejida con tantas actuaciones nuestras equivocadas, tontas y ridículas. Vivir siendo creativos, generosos, aportando a los demás, que es una manera de no morir del todo. La vida es tiempo de amistad; es mejor morir con alguien que nos quiera y acompañe. Al final, nos preguntarán: «¿Has vivido?, ¿has amado?». Ojalá podamos presentar nuestro corazón lleno de nombres.
Se aprende a morir un poco cada día con el dolor y la enfermedad, con los amigos y familiares que se van, con los sueños e imaginaciones sobre la muerte, con la experiencia de las diversas etapas que dejamos atrás, con los fracasos personales o profesionales. Recorremos el camino de cada día con la confianza de que, en cada tramo, Jesucristo es nuestro buen cirineo que ayuda a soportar el peso de la jornada. Tras la muerte, Él saldrá a nuestro encuentro para acompañarnos a la casa del Padre, donde se nos adelantó para prepararnos un sitio. Allí será el hogar del reencuentro con todos los que nos precedieron, en torno a una gran mesa para celebrar que el amor es más fuerte que la muerte. Reconcíliate contigo mismo, ponte frente al espejo, piensa que estás en las manos de Dios y decide, ahora mismo, ser feliz.
Jesús García Herrero
Capellán del tanatorio M-30. Madrid
Alfa y Omega

Comentario del papa Francisco a ¿Por qué esta generación reclama un signo?


«¿Por qué esta generación reclama un signo?», pregunta el Señor en el pasaje evangélico de Marcos, respondiendo a la petición de los fariseos. Así quería decir que «esta generación es como los niños que escuchan música de alegría y no bailan, escuchan música de luto y no lloran. Nada está bien». En efecto, «la persona que no tiene paciencia es una persona que no crece, que permanece en los caprichos de los niños, que no sabe tomar la vida como se presenta», y sólo sabe decir: «o esto o nada».

Cuando no se tiene paciencia, «ésta es una de las tentaciones: convertirse en caprichosos» como niños. Y otra tentación de aquellos «que no tienen paciencia es la omnipotencia», encerrada en la pretensión: «¡Quiero las cosas de inmediato!». Precisamente a esto se refiere el Señor cuando los fariseos le piden «un signo del cielo». 

En realidad, «¿qué querían? Querían un espectáculo, un milagro». Al fin de cuentas es la misma tentación que el diablo propuso a Jesús en el desierto, pidiéndole hacer algo —todos creerían si la piedra se convertía en pan— o tirarse desde el templo para mostrar su poder.

Los fariseos, al pedir un signo a Jesús, «confunden el modo de obrar de Dios con el modo de obrar de un mago». Pero, precisó el Santo Padre, «Dios no actúa como un mago. Dios tiene su modo de ir adelante: la paciencia de Dios». Y nosotros «cada vez que nos acercamos al sacramento de la reconciliación cantamos un himno a la paciencia de Dios. ¡Cómo nos lleva el Señor sobre los hombros, con cuánta paciencia!».

«La vida cristiana —sugirió el Papa— debe desarrollarse desde esta música de la paciencia, porque fue precisamente la música de nuestros padres: el pueblo de Dios». La música de «aquellos que creyeron en la Palabra de Dios, que siguieron el mandamiento que el Señor había dado a nuestro padre Abrahám: camina en mi presencia y sé irreprensible».

El pueblo de Dios «sufrió mucho: fueron perseguidos, asesinados, debían esconderse en las cuevas, en las cavernas. Y tuvieron la alegría, el gozo —como dice el apóstol Santiago— de saludar desde lejos las promesas». Es precisamente ésta «la paciencia que nosotros debemos tener en las pruebas». Es «la paciencia de una persona adulta; la paciencia de Dios que nos conduce, nos sostiene sobre los hombros; y la paciencia de nuestro pueblo» destacó el Pontífice exclamando: «¡Cuán paciente es nuestro pueblo aún ahora!».

Son muchas las personas que sufren y son capaces de llevar «adelante la vida con paciencia. No piden un signo», como los fariseos, «pero saben leer los signos de los tiempos». Así, «saben que cuando brota la higuera se acerca la primavera». En cambio, las personas «impacientes» que presenta el Evangelio «querían un signo» pero «no sabían leer los signos de los tiempos. Por ello no reconocieron a Jesús».

En la Carta a los Hebreos se dice que «el mundo era indigno del pueblo de Dios». Hoy «podemos decir lo mismo de esta gente de nuestro pueblo: gente que sufre, que sufre muchas, muchas cosas, pero no pierde la sonrisa de la fe, que tiene la alegría de la fe». Sí, también de todos ellos «no es digno el mundo». Es precisamente «esta gente, nuestro pueblo, en nuestras parroquias, en nuestras instituciones», quienes llevan «adelante la Iglesia con su santidad de todos los días, de cada día».

Pidamos al Señor que nos dé «a todos nosotros la paciencia: la paciencia alegre, la paciencia del trabajo, de la paz», «la paciencia de nuestro pueblo fiel que es tan ejemplar».

(De la homilía del Papa Francisco en Santa Marta el 17 febrero 2014

Padre Lombardi: Francisco siente el apoyo de su predecesor Benedicto XVI


El 11 de febrero de 2013 el papa Benedicto XVI presentó su renuncia al ministerio petrino. Un gesto inédito que cuatro años después se comprende siempre más profundamente gracias también a la extraordinaria relación de hermanad entre Francisco y el papa emérito.
Lo indicó hoy a la Radio Vaticano el padre Federico Lombardi, portavoz emérito de la Santa Sede y actual presidente de Fundación vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI.
El padre Lombardi segura que “el modo en que Benedicto XVI ha vivido y vive en estos años corresponde a lo que había dicho, o sea en oración, en retiro, desde un punto de vista espiritual”. Y por lo que se refiere al acompañar la vida de la iglesia “con extrema discreción y siendo solidario con su sucesor”.
Señaló que tuvo oportunidad de encontrar a Benedicto XVI en los últimos meses, quien se encuentra “perfecto desde el punto de vista de la lucidez, de la presencia espiritual, mental y por lo tanto ha sido un verdadero placer estar con él”.
El ex portavoz reconoce entretanto que el tiempo pasa y por lo tanto “las fuerzas físicas se van debilitando”. A pesar de ello asegura Lombardi “no tiene enfermedades particulares, por lo tanto es la fragilidad que aumenta con la edad”. Aseguró además que “puede estar parado y caminar por la casa”.
“Su vivir este tiempo en la oración –asegura el actual presidente de la Fundación– está en perfecta coherencia con lo que apenas ha sido dicho, o sea poniendo a Dios en el centro, la fe como sentido de la vida, y lo que encuentro muy lindo es este sentido de la proximidad al encuentro con Dios; vivir la ancianidad como un tiempo para prepararse y familiarizarse con el Señor que se prepara a encontrarlo”.
“Creo sea muy hermoso que haya un papa emérito que reza por la Iglesia, por su sucesor”, además porque “es una presencia que nosotros sentimos, porque él está aunque no lo veamos con frecuencia”.
Interrogado sobre la relación entre los dos Papas, el sacerdote italiano asegura que es una relación “inédita que es vivida con extrema serenidad y normalidad”.
“Todos recordamos evidentemente, el último encuentro del papa Benedicto con los cardenales que estaban llegando a Roma para prepararse al cónclave, y aunque no sabía quien de ellos sería su sucesor le prometía obediencia” señaló.
Allí estaba el cardenal Bergoglio, hoy el papa Francisco, que siente “el apoyo de esta presencia y de esta oración”, a veces visitándolo, otras llamándolo por teléfono, “seguramente con muchas manifestaciones de familiaridad, de respeto y contando con su apoyo espiritual”.
“Todas las veces que vemos imágenes –concluye Lombardi– del papa Francisco y de su predecesor juntos, es una gran alegría para todos y un hermoso ejemplo de unión en la Iglesia, en la variedad de las condiciones”.
Zenit

Que nada se pierda


Febrero es el mes de Manos Unidas. En su 58ª campaña, nos recuerda que «un tercio de nuestros alimentos acaba en la basura. Mientras, 800 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo».
Mientras la sociedad de consumo se convierte en sociedad de despilfarro, aflora, fruto de la misma crisis de valores que propicia este cambio, una emergente sociedad empobrecida. El espectáculo está servido: si ya en el entorno de las sociedades del bienestar conviven puerta con puerta el despilfarro con la pobreza, ¿cómo es el mapa que reparte despilfarro y miseria en el mundo?
Si sumamos los 89 millones de toneladas de alimentos que se tiran anualmente en Europa a los 40 millones de toneladas que se tiran en Estados Unidos, nos acercamos con esa cifra al tercio de los alimentos que se producen en el mundo. Es decir, que si el elemento básico e imprescindible para vivir y por su puesto para aspirar a una calidad de vida es, junto al agua potable, el alimento, el actual sistema económico y moral instaurado en el mundo desde sus regiones más desarrolladas se presenta en flagrante fracaso: un tercio de lo que se produce como alimento para la humanidad se despilfarra. ¿Cómo? Del despilfarro europeo en alimentos un 39 % procede de los productores, un 14 % de los servicios de catering y restauración, un 5 % del sector de la distribución y un 42 % de los particulares, quienes arrojamos a las bolsas de la basura, como media, 179 kilogramos de alimentos al año.
Y la sentencia «que nada se pierda» (Jn. 6,12) de la escena evangélica de la multiplicación de los panes y los peces hace evidente que compartir solidariamente alimentos no es asistencialismo sino justicia, aquella que iguala la oferta y la demanda del alimento no según las leyes del mercado, sino según las leyes del bien común, que no son otras que las del sentido común. Y que hacen que mientras baja el despilfarro de alimentos suba, como en unos vasos comunicantes, el aprovechamiento alimenticio de quienes más lo necesitan. Pero este tipo de respuesta solidaria local, encomiable, no es suficiente para responder al hambre en el mundo.
Solo un «que nada se pierda» que responda a una cambio de mentalidad y de hábitos de consumo puede ser el detonador de una solidaridad global, o de una globalización de la solidaridad, como le gusta decir al Papa Francisco. Él mismo en su encíclica Laudato si nos recuerda que aún «es posible un estilo de vida alternativo».
Manuel María Bru
Alfa y Omega

«En todo está Dios, y en todo se encuentran signos de su presencia»


Adolfo Nicolás, superior general de los jesuitas entre 2008 y 2016, reflexiona sobre los retos de la misión en Japón y en Asia. Igual que los primeros cristianos buscaron una síntesis con el pensamiento de los filósofos paganos, «no hay evangelización posible sin alianzas con el budismo o el sintoísmo»
Tras pasar unas semanas en Madrid, Adolfo Nicolás vuelve a Asia, con escala en Roma. Mientras la salud se lo permita, el ex prepósito general de los jesuitas se pone a disposición de la Compañía de Jesús, no sabe todavía si para servir en Filipinas o volver a Japón, el país donde se ordenó sacerdote el 17 de marzo de 1967 (sus bodas de oro están al caer). Tenía 30 años. La mayor parte de su vida la ha pasado desde entonces en el lejano Oriente, donde –confiesa– se siente más en casa que en Europa. Uno de sus mayores retos es ayudar a configurar un cristianismo de rostro genuinamente asiático. La nueva película de Martin Scorsese ha avivado en él esta inquietud.
¿Recomienda entonces ver Silencio?
Sí, la recomiendo. Es la película ideal para quien quiera reflexionar acerca de la evangelización de Japón. Cuando se publicó la novela en que se basa la película, en el año 66, ya hubo allí cierta reacción negativa por parte del clero diocesano más que por parte de los jesuitas. Porque el clero diocesano problematiza que el japonés no entiende el cristianismo. Pero era un libro que hacía pensar, y todo lo que hace pensar es bueno.
¿Qué factores han dificultado la evangelización de Japón?
En Japón hemos cometido errores, como en todas partes. El error principal es no haber sabido entrar en la cultura y en la vida de su gente. Yo creo que no hay evangelización posible sin alianzas con el budismo o el sintoísmo. Los primeros cristianos estaban fascinados con encontrar las raíces del cristianismo en los filósofos o en los poetas paganos, pero eso ha sido flojo en nuestra generación. No nos inculcaron la urgencia de estudiar el budismo y el sintoísmo como merecían. Y eso es una debilidad muy fuerte. Yo estuve en el Sínodo de la Nueva Evangelización y ahí no se habló nunca de los errores de la vieja evangelización. ¿Cómo podemos hablar de una nueva evangelización sin reconocer que nos ha faltado algo en la vieja evangelización? Yo creo que el interés de Silencio va por ahí.
¿Qué nexos de unión percibe entre el cristianismo y la cultura japonesa?
El budismo creo que tiene raíces profundamente cristianas como el desapego, la convicción de que todo es transitorio y las cosas tienen una belleza en sí… Una película puramente budista que fui a ver en Japón cuenta la historia de un señor a quien le dice el médico que tiene cáncer y le quedan seis meses de vida. Busca entre sus amigos quién tiene cáncer y se encuentra a uno al que le quedan tres meses de vida. Le va a visitar y le pregunta: «¿Qué haces durante el día?». El otro responde: «Salgo al jardín, veo una flor y me quedo contemplándola». Así pasa el tiempo, encontrándose con la realidad tal como es: la cuestión no es si esta flor es bonita en un ramo; no hace falta el ramo, solo la flor como es.
El budismo es más meditación y muerte, mientras que el sintoísmo es vida y celebración. Por eso se dice que los japoneses nacen sintoístas, se casan católicos y mueren budistas.
También ha hablado usted mucho de la misericordia en el budismo.
Recuerdo a un cardenal de América Latina que se fue a Japón y en once días ya tenía su tesis hecha: los japoneses no entienden la misericordia de Dios. ¡Pero si eso es lo único que entienden! Porque la compasión es la virtud budista más profunda. Ellos no necesitan a un Dios juez. Por eso, de las cosas mejores de Francisco fue cuando le preguntaron por los homosexuales y él dijo aquello de «quién soy yo para juzgar a otros». Cuando a una persona la sociedad ya le ha juzgado y condenado, es importante que el Papa diga esto. El Evangelio nos dice que no juzguemos a los demás y no seremos juzgados.
El Papa insiste también en algo muy jesuítico, el discernimiento. ¿Cree que se entiende bien qué es esto?
Este es uno de los puntos clave de este pontificado. A los jesuitas de Polonia les dijo que necesita más de ellos porque el clero no está suficientemente preparado todavía para discernir. Si se toma el discernimiento en serio, a los laicos no hay que darles respuestas, hay que plantearles un discernimiento. Y eso es difícil. Porque supone considerar que la voluntad de Dios está abierta, y eso no es lo que prima muchas veces en la Iglesia, donde se considera a menudo que la voluntad de Dios está ya clara y que quiere que todos vengan a determinado redil, con un único pastor. Las luces que pueda haber en otras religiones se consideran siempre como una sombra, no son luces, sino sombras que anuncian otra cosa. Y eso nos trae algunos problemas.
¿Como cuáles?
No ser capaces de comprender que las otras religiones son lo mejor que una cultura puede ofrecer. Las culturas asiáticas, por ejemplo, han producido el budismo: este es su mejor fruto. Y sin embargo, hubo un tiempo en el que pensábamos, yo lo pensaba también, que esa religión era un producto del diablo, y resulta que es obra del Espíritu. Hoy esto lo entendemos mejor.

¿Por qué esta generación reclama un signo?


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 11-13
En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo:
«¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación».
Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.
Palabra del Señor.