viernes, 14 de julio de 2017

5 advertencias del Papa Francisco sobre la ideología de género

A continuación, 5 claras advertencias que ha hecho el Santo Padre sobre este polémico tema:
1. La ideología de género es una colonización ideológica
A finales de julio de 2016 y dirigiéndose a los obispos de Polonia, el Pontífice afirmó que “en Europa, América, América Latina, África, en algunos países de Asia, hay verdaderas colonizaciones ideológicas. Y una de estas –lo digo claramente con nombre y apellido– ¡es la ideología de género!”.
“Hoy a los niños –¡a los niños!–, en la escuela se les enseña esto: que el sexo cada uno lo puede elegir. ¿Y por qué enseñan esto? Porque los libros son de las personas e instituciones que te dan el dinero. Son las colonizaciones ideológicas, sostenidas también por países muy influyentes. Esto es terrible”.
2. Presenta una sociedad sin diferencias de sexo y vacía el fundamento antropológico de la familia
En la exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia, sobre el amor en la familia publicada en marzo de 2016, el Santo Padre explica en el numeral 86 que la ideología de género “presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia”, además procura una identidad humana que puede determinarse de forma individual y ser cambiada en el tiempo.
“Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer”, denuncia el Santo Padre.
3. Se exporta desde Europa y crea confusión
En marzo de 2015, el Papa Francisco se refirió a las “colonizaciones ideológicas” que afectan seriamente a la familia, ya que son “modalidades y propuestas que existen en Europa y llegan también de la otra orilla del Océano. Y luego esa equivocación de la mente humana que es la teoría de género, que crea tanta confusión”.
4. Cancelar las diferencias sexuales es dar un paso atrás
En abril de 2015, el Papa dirigió una catequesis sobre el ser humano creado por Dios como hombre y mujer, en la que dijo: “la cultura moderna y contemporánea ha abierto nuevos espacios, nuevas libertades y nuevas profundidades para el enriquecimiento de la comprensión de esta diferencia. Pero ha introducido también muchas dudas y mucho escepticismo. Por ejemplo, yo me pregunto si la así llamada teoría del género no sea también expresión de una frustración y de una resignación, orientada a cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma. Sí, corremos el riesgo de dar un paso hacia atrás. La remoción de la diferencia, en efecto, es el problema, no la solución”.
5. Denunciar la ideología de género no implica negar ayuda o compañía a los homosexuales
En la habitual conferencia de prensa que concede en el retorno de sus viajes internacionales, específicamente en el vuelo de Azerbaiyán a Roma, el Papa señaló que “las personas se deben acompañar como las acompaña Jesús. Cuando una persona que tiene esta condición llega hasta Jesús, Jesús no le dirá seguramente vete porque eres homosexual. No. Lo que yo he dicho, es esa maldad que hoy se hace en el adoctrinamiento de la teoría del género.
Me contaba un papá francés que en la mesa hablaba con los hijos, católicos ellos y la esposa, católicos no tan comprometidos, pero católicos; y le preguntaba al niño de 10 años, ‘¿Tú qué quieres ser cuando seas grande?’ ‘Una muchacha’.
El papá se acordó que el libro del colegio enseñaba la teoría del género, y esto va contra las cosas naturales. Una cosa es que una persona tenga esta tendencia, esta opción, e incluso que cambie de sexo, y otra cosa es hacer la enseñanza en la escuela en esta línea para cambiar la mentalidad. A esto yo llamo colonizaciones ideológicas”.


Cuerpo y sacramentos


Una de las raíces más profundas de la crisis de los sacramentos se encuentra en la idea de que la materia es ajena a la salvación
Parece bastante claro que los sacramentos están en crisis. Hoy en día la figura de Jesús es objeto de un extraordinario interés; la acción social y caritativa de la Iglesia suscita por lo general respeto y admiración; en cambio, la actividad sacramental es considerada como cuestión exclusivamente intraeclesial. Más aún, entre no pocos despierta recelos, porque les da la impresión de que se trata de una evasión que aliena al hombre, lo aleja de su existencia cotidiana y de sus semejantes.
La crisis es especialmente aguda en lo que se refiere a la Eucaristía. Concurren en ella circunstancias propias que agravan lo dicho sobre los sacramentos en general. Una de ellas es que la ciencia moderna, por un lado, y la fenomenología existencial, por otro, consideran superada la categoría de sustancia, con lo cual, una noción tan fundamental como la de transustanciacion resulta difícil de aceptar. Al hombre de hoy también le resultan problemáticos los conceptos de sacrificio y expiación, propios de sociedades primitivas e incompatibles con la idea ilustrada de Dios.
Por una curiosa paradoja, lo sacramental nunca había estado tan presente en la reflexión teológica como en el siglo XX. La categoría de sacramento se ha convertido en una de las claves –si no la clave– de los tratados de eclesiología (Semmelroth, Rahner), cristología y antropología (Schillebeeckx). Rahner, en su epocal artículo Zur Theologie des Symbols propone una ontología del símbolo en la que aparece como el modo fundamental de darse el ser. A partir de esta concepción propone repensar la teología.
La paradoja del sacramento
Pienso que ambos fenómenos están interrelacionados. Ante la crisis señalada, los teólogos emprenden un esfuerzo por enriquecer la reflexión acerca de lo sacramental y mostrar así al hombre actual su razonabilidad.
Una de las raíces más profundas de la crisis se encuentra en la idea de que la materia es ajena a la salvación. Bultmann hablaba en 1948 de «la paradoja del sacramento», que él formulaba en los siguientes términos: «¿Cómo pueden fuerzas espirituales estar unidas a elementos materiales que las contienen?».
Esta concepción de la materia conduce, a su vez, a una relativización de la dimensión corpórea e institucional de la Iglesia. «¿Está Dios en las instituciones, en los acontecimientos, en las palabras? Dios, que es eterno, ¿no nos llama desde dentro? […] Dios no necesita de ningún intermediario para entrar en el alma del hombre, porque está más dentro de él que el hombre mismo, y no hay nada ni nadie que pueda llegar más cerca y más hondo al hombre que quien palpa a esa criatura en lo más profundo de su interioridad. Para salvar al individuo no se necesita ni la Iglesia, ni la historia de la salvación, ni la encarnación, ni la pasión de Dios en el mundo». Este texto procede de un pasaje muy expresivo de la Introducción al Cristianismo de Ratzinger (1968), en el cual el teólogo bávaro intenta meterse en la mente de un hombre de nuestra época y pone en su boca las palabras citadas.
El mismo Ratzinger, en un artículo publicado en 1976, afirma que la raíz de esta actitud moderna hacia lo material e institucional se encuentra en el dualismo cartesiano: «A pesar del redescubrimiento del cuerpo, a pesar de la glorificación de la materia, seguimos, hasta ahora, profundamente marcados por la división cartesiana de la realidad: no queremos introducir a la materia en nuestras relaciones con Dios. La tenemos por incapaz de convertirse en expresión de la relación con Dios o en el medio al menos a través del cual Dios nos alcanza. Hoy como antes, intentamos reducir la religión tan solo al ámbito del espíritu y de la conciencia y llegamos hasta el punto de atribuir a Dios solo la mitad de la realidad, incurriendo así en un craso materialismo, que no acierta a percibir en la materia ninguna capacidad de transformación».
Manuel Aroztegi Esnaola
Catedrático de Teología de la Universidad San Dámaso


Mensaje urgente de los obispos de Venezuela a los católicos y personas de buena voluntad



Los obispos de Venezuela al concluir su Asamblea plenaria ordinaria que se celebró en Caracas del 7 al 12 de julio, han publicado un “Mensaje urgente a los católicos y personas de buena voluntad en Venezuela”.
“En nuestro país se percibe de manera muy clara cómo la violencia ha adquirido un carácter estructural” indican. Añaden que además “existe un menosprecio de la dignidad humana que se expresa en la violación y negación continua de los derechos humanos por parte de las autoridades”.
Sobre “la iniciativa del Gobierno de convocar una Asamblea Nacional Constituyente, cuestionada y rechazada por la mayoría del pueblo venezolano”, consideran que “todo deja entrever que lo que se busca es instaurar un Estado socialista, marxista y militar con la desaparición de la autonomía de los poderes, especialmente el legislativo”.
Reitera así “haciéndonos eco de los clamores de la inmensa mayoría de nuestro pueblo”, que el gobierno “retire su propuesta de una asamblea constituyente” y a la “fuerza armada que cumpla su deber de estar al servicio de todo el pueblo y no simplemente de un régimen, partido o gobernante”. El mensaje termina con una invitación a participar en la Jornada de Oración y ayuno convocada para el 21 de julio.
Texto completo:

Mensaje urgente a los católicos y personas de buena voluntad en Venezuela

1. Con nuestro afectuoso saludo, los Obispos de Venezuela nos dirigimos al pueblo venezolano. Le reiteramos nuestra cercanía en estos tiempos difíciles y duros que vivimos. De modo especial, queremos ratificar nuestro acompañamiento a quienes más sufren. Les transmitimos el saludo y la bendición del Santo Padre Francisco, quien, además de seguir de cerca los acontecimientos de nuestra nación, nos invita a buscar soluciones urgentes en paz y concordia entre todos. Nos sentimos unidos y en plena comunión con él, quien nos ha señalado: “en la voz de los obispos venezolanos también resuena mi voz”.
“LOS CLAMORES DE MI PUEBLO SE OYEN POR TODO EL PAIS” (Jer. 8,13).
2. Hacemos nuestros los clamores de la gente que se siente golpeada por el hambre, la falta de garantías para la salud, la difícil adquisición de medicinas y la inseguridad en todos los sentidos. Aunque el pueblo mantiene la esperanza y la capacidad de superar las dificultades, hoy sufre mucho más. Pide le sea respetada su voluntad democrática, lo estipulado en el ordenamiento jurídico y constitucional, así como la real posibilidad de vivir en concordia, paz, libertad y con un creciente desarrollo humano integral.
3. En nuestro país se percibe de manera muy clara cómo la violencia ha adquirido un carácter estructural. Son variadas sus expresiones: desde la represión irracional, con su dolorosa cuota de muertos y heridos, los daños a viviendas y estructuras residenciales; y persecuciones, hasta la desatención frente a las necesidades básicas de la gente. La represión oficial genera, en ocasiones, respuestas violentas, lo cual contribuye a crear un clima de tensión y anarquía, con sus peligrosas consecuencias. Nos encontramos ante una terrible escalada de la violencia. La detención de numerosas personas, sobre todo jóvenes, por disentir del Gobierno agrava más la situación. Se escuchan serias denuncias acerca de torturas y de maltratos; hay detenidos que son procesados arbitrariamente ante la justicia militar en contra de la Constitución y las leyes y que han sido llevados indebidamente a cárceles de máxima seguridad (El Dorado y otros centros penitenciarios) como si fueran peligrosos delincuentes. También hay muchos detenidos en instalaciones militares y confinados en lugares insalubres y condiciones infrahumanas. Existe un menosprecio de la dignidad humana que se expresa en la violación y negación continua de los derechos humanos por parte de las autoridades.
4. Muchas de nuestras comunidades e instituciones son azotadas por grupos paramilitares ilegales que actúan bajo la mirada complaciente de las autoridades. Ejemplo de ello son los acontecimientos del pasado 5 de julio en el ataque a los diputados de la Asamblea Nacional, sólo visto en el asalto del 24 de enero de 1848 al Congreso Nacional por orden del Presidente Monagas. La Asamblea Nacional, expresión de la “soberanía popular”, es heredera del Congreso de 1811. Tiene un auténtico valor histórico y real. Por eso, la Guardia Nacional Bolivariana que reside allí tiene la misión de brindar seguridad al recinto y a los diputados y no debe permitir ataques de grupos irregulares.

“CUALQUIERA QUE TOCA A MI PUEBLO, TOCA LA NIÑA DE MIS OJOS, DICE EL SEÑOR DIOS” (Zacarías 2,13).
5. Es hora de un cambio de rumbo en la orientación política del Gobierno. Aunque la crisis que padecemos los venezolanos data de varios años, en los últimos meses se ha profundizado por la iniciativa del Gobierno de convocar una Asamblea Nacional Constituyente, cuestionada y rechazada por la mayoría del pueblo venezolano. Esta propuesta ha ignorado rotundamente que es el pueblo, en el ejercicio de su propia soberanía, quien la puede y debe convocar. Los venezolanos hemos de recordar que “la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo” (CRBV, art. 5). “El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario” (art 347). Sólo él puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente.
6. La Constitución ha sido violada nuevamente, y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y el Consejo Nacional Electoral (CNE) avalan lo que propone el Ejecutivo, sin tener en cuenta los principios básicos de la democracia participativa establecidos en la Constitución. El mencionado proyecto constituyentista pretende imponer al país un régimen dictatorial. Además, al privilegiar, en su conformación, unas bases comiciales sectoriales sin asidero jurídico, se viola el derecho de todos a elegir y a ser elegidos y el principio constitucional (Art. 63 CRBV) de la representación proporcional de la población según su distribución territorial. Asimismo, la Asamblea Nacional Constituyente tendría un poder supraconstitucional con el propósito de eliminar los actuales órganos del Estado, principalmente la Asamblea Nacional, elegida legítimamente por el pueblo. Tampoco se establecen límites en el ejercicio de sus funciones y extensión en el tiempo. Todo deja entrever que lo que se busca es instaurar un Estado socialista, marxista y militar con la desaparición de la autonomía de los poderes, especialmente el legislativo.
7. El próximo 16 de julio, promovida por la Asamblea Nacional, tendrá lugar una consulta popular que goza de toda legitimidad. Consideramos una provocación de parte del gobierno y del CNE convocar, para ese mismo día, un simulacro de votaciones en algunos centros electorales del país, pues puede generar lamentables conflictos. El pueblo sigue exigiendo el respeto a su dignidad y a sus propios derechos.

COMO PASTORES PREOCUPADOS POR SUS OVEJAS (EZEQUIEL 34,12).
8. Como pastores de la Iglesia en Venezuela, haciéndonos eco de los clamores de la inmensa mayoría de nuestro pueblo, queremos elevar nuestra voz y exigir:

a) AL GOBIERNO NACIONAL: que retire su propuesta de una Asamblea Constituyente, y posibilite la realización de las elecciones establecidas en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Es hora de que el Gobierno reconozca la autonomía de los Poderes públicos; abandone la represión inhumana de las manifestaciones de quienes disientan, y se desmantelen y sancionen los grupos armados que, con sus acciones, llenan de zozobra a amplios sectores de la sociedad. La medida acordada recientemente en favor de un importante líder político de los factores de oposición, debe llevar a la liberación de todos los privados de libertad por razones políticas. Es urgente también avocarse a solucionar los gravísimos problemas de la gente y de permitir la apertura de un canal de carácter humanitario para que puedan llegar medicinas y alimentos a los más necesitados en Venezuela.
b) A LA FUERZA ARMADA NACIONAL BOLIVARIANA: que, según lo señala la Constitución Nacional, cumpla su deber de estar al servicio de todo el pueblo en el respeto y garantía del orden constitucional y no simplemente de un régimen, partido o gobernante. “Las personas que prestan su servicio en las fuerzas armadas, tienen el deber específico de defender el bien, la verdad y la justicia…Los militares son plenamente responsables de los actos que realizan, cuando violan los derechos de las personas y de los pueblos” (COMPENDIO DE DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, 502 y 503).. Apelamos a la conciencia de todos sus miembros: no olviden que también forman parte del pueblo y que deberán rendir cuenta de sus actos ante la Justicia humana y divina.
c) A LA DIRIGENCIA POLITICA: que, en el ejercicio de su vocación ciudadana, esté siempre comprometida sólo con el pueblo y nunca en la búsqueda de propios intereses. Urge seguir dando los pasos para hacer respetar la voluntad democrática de todo el pueblo venezolano y buscar los mecanismos transparentes para encuentros y negociaciones que conduzcan eficazmente a la superación de la crisis.
d) A LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS Y CULTURALES: que colaboren a crear conciencia política y así elevar el nivel sociocultural en todos los ciudadanos.
9. Fieles a nuestro ministerio de pastores nos comprometemos a seguir acompañando solidariamente a nuestro pueblo, particularmente a los más pobres y excluidos. En este sentido pedimos a todos los miembros de la Iglesia actuar según los criterios del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia, para iluminar y para derribar todo muro de división existente en nuestro país y contribuir a la recuperación de nuestra nación, rehacer el tejido social e ir dando los pasos para la reconciliación en el encuentro fraterno entre todos. Alentamos todos los esfuerzos que se puedan realizar a favor de la paz y la convivencia, basados en la ley del amor fraterno. Acompañamos a los jóvenes y estudiantes, quienes son defensores con sus propias vidas de la libertad y de la actual Constitución.
10. A todos los miembros de la Iglesia y personas de buena voluntad les invitamos a hacer realidad la opción preferencial por los más pobres y excluidos. Además de sostener con la oración, la reflexión y otras iniciativas todo esfuerzo para la salida de la crisis, les pedimos manifestar la solidaridad con quienes pasan hambre, necesidad y desconsuelo. Fortalezcamos las diversas obras y acciones que, desde la pastoral social, permiten ayudar a muchas personas necesitadas de alimento, atención en salud, protección de sus derechos, educación integral. La acción de Pastoral Social-Caritas en sus diversos ámbitos (nacional, diocesano y parroquial) es un signo de nuestro compromiso con todos, sin excepción de ninguna clase.
11. Invitamos a nuestros hermanos en la fe y a otros creyentes a una Jornada de Oración y Ayuno el próximo viernes 21 de julio, a fin de pedir a Dios que bendiga los esfuerzos de los venezolanos por la libertad, la justicia y la paz. Imploramos las luces del Espíritu Santo para cada uno de nosotros, pedimos a Dios siga protegiendo a este pueblo y que la maternal protección de María de Coromoto nos aliente a seguir edificando la paz y la convivencia fraternA
ZENIT

Vida y familia, más allá de las batallas ideológicas


«Una nueva estrategia. Un proyecto ambicioso». Así resume Vincenzo Paglia la misión de la Iglesia para la defensa de la vida y la familia en tiempos de Francisco. No se trata de renunciar a las luchas de siempre. Pero tampoco de fosilizarse en posiciones de retaguardia. En entrevista con Alfa y Omega, el presidente de la Pontificia Academia para la Vida y gran canciller del Instituto Juan Pablo II explica los porqués de un nuevo rumbo que ha desatado no pocas controversias
¿Qué desea el Papa Francisco con la reforma a la Academia para la Vida?
Hoy existe una cultura mayoritaria según la cual cualquier cosa es matrimonio, cualquier cosa es familia. Este horizonte cultural exige de parte de la Iglesia, según el Papa Francisco, una reflexión adecuada. Eso implica una reestructuración de organismos de la Curia Romana. La academia, que estaba concentrada en cuestiones relativas a la bioética, exige una ampliación de horizontes. Se trata de entender la vida como las edades de la vida. Tomar las dimensiones de la vida humana en su complejidad, en todos sus aspectos y condiciones, vinculada a la relación entre el hombre y la creación. Es la «ecología humana» de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Todo esto exige un rediseño, una ampliación de las perspectivas, una multiplicación de los temas, un recambio.
¿Se retira la Iglesia de la lucha en defensa de la vida no nacida?
No. Está claro que existen ciertos prejuicios sobre este tema; a veces se han convertido en batallas ideológicas situaciones muy delicadas y complejas que exigen una atención detallada. La vida, si la comprendemos en sentido global, requiere un abordaje mucho más articulado que simplemente repetir un principio llamado no negociable. Nadie quiere negociar nada, al contrario. Reivindico la necesidad de una mayor profundidad al defender la vida, una mayor eficacia e involucrar a la mayor cantidad de aliados posible. Es una nueva estrategia, mucho más compleja y extendida. Eso nos lleva a mar abierto, no nos cierra en posiciones a la defensiva, sino que nos da la responsabilidad de fermentar la cultura contemporánea. El proyecto es muy ambicioso: nosotros no queremos defender, queremos cambiar el mundo. Esto requiere un cuerpo a cuerpo, recorrer senderos nuevos, caminos polvorientos, a veces pasar entre las espinas. Este itinerario debe ser manejado, no sufrido. Las batallas deben ser afrontadas para ganarlas, no para ser derrotados.
¿Usted sabe que, para muchos católicos, lo que usted dice es percibido como una renuncia a luchar por los valores cristianos?
Yo pienso exactamente lo contrario. Estoy tan convencido de la fuerza de los valores cristianos que no los debo defender yo, se defienden solos. Con esa actitud no solo no silencio la identidad, al contrario, la vuelvo tan fuerte que es capaz de tocar a quien no cree. Sé bien que vivimos en un cambio de época dramático, pero justamente por eso o nos salvamos juntos, o no nos salvamos. Reivindico la fuerza del Evangelio, que es más que una ideología; reivindico la fuerza del diálogo, que no es diplomacia, es mucho más. Esta es la estrategia de quien piensa que la fe no tiene necesidad de fortines, la fe es mucho más fuerte que el príncipe de este mundo.
¿Este es el sentido de los cambios aplicados en la academia en los últimos tiempos? Como el cambio de los estatutos, donde se quitó el juramento obligatorio de los académicos.
Debo aclarar una cosa: sobre el cambio de los estatutos, yo solo recogí lo que se había decidido precedentemente.
¿Se estaba ya trabajando antes sobre eso?
Ya estaba todo listo antes de mi llegada. Eran propuestas de la administración anterior, yo solo recogí el material y se lo llevé al Papa. No es Paglia quien cambió todo, nosotros solo ampliamos la participación [entre los académicos] a algunos exponentes de otras religiones y confesiones, incluso no creyentes. Pero todos ellos deben estar dentro de un cuadro de defensa de la vida. No acepté a científicos favorables a la guerra, por poner un ejemplo. Algunas posiciones pueden ser un poco diferenciadas, pero con la certeza de que ninguno actuará contra el pensamiento católico.
¿Esto lo saben los académicos? El nombramiento de algunos generó encendidas polémicas.
Lo saben. El escenario es tan dramático que debemos tener el mayor número posible de científicos que reman en una misma dirección. El camino es ese. Algunos quizás están en el borde, pero están dentro del camino. Hoy está en juego la humanidad, hoy existe la tentación de poder crear la vida, de manipular el universo… Son desafíos gigantescos que nos piden alianzas lo más amplias posible.
¿Eso implica descartar las definiciones históricas de la Iglesia en bioética?
Al contrario. Pero si solo nos detenemos en una o dos batallas, estoy seguro de que perderemos incluso esas.
¿Están trabajando sobre una comisión para reformar la encíclica Humanae vitae?
No existe ninguna comisión, eso ha sido todo inventado. De todas maneras, estoy convencido de que uno de los temas centrales de nuestro tiempo, visto entonces por Pablo VI, es la procreación. ¿Cuál es el problema? Existe la tentación de querer cómo se genera vida: en China se obliga a tener solo un hijo. Luego el que puede engendrar no lo hace. El que no puede se vuelve loco por engendrar hasta bombardear su propio cuerpo. El crecimiento está descuadrado por los pocos nacimientos y la extensión de la vida anciana. Ante esto es miope plantear el problema en términos anticonceptivos sí o no, cuando hoy los hijos se hacen en probeta, existen los vientres de alquiler, la teoría de género… El riesgo es que, de tanto mirar para atrás, perdamos la batalla de la cultura. ¿Cómo anunciar el Evangelio de siempre a los hombres de hoy, individualistas, que pretenden controlar la procreación? Este es el gran desafío. Enorme. Y nosotros jugando a ver quién es más tradicionalista.
¿Y el Instituto Juan Pablo II sobre matrimonio y familia perderá su nombre? ¿Cerrará?
¡Es una locura! Estas son noticias falsas, una mentira dicha por quien no quiere entender. No solo conserva el nombre, el instituto necesita ser reforzado. Queremos ampliarlo, darle prestigio en el campo internacional. Nosotros enriqueceremos las enseñanzas, fortaleceremos académicamente el instituto y conservará su nombre, Juan Pablo II. No puede ser de otra manera.
¿Siente que existe una campaña mediática con todas estas informaciones falsas?
A mí me entristece que existan estas acusaciones, falsedades y detracciones. Lo que estoy diciendo es lo que se hará. He pedido a las conferencias episcopales que manden alumnos. Querían cerrar la sede australiana y yo me opuse, llamando a otro obispo para cambiarlo de diócesis pero para que continúe. Es más, propuse su apertura también en algún país de África.
Y utilizarlo para estudiar fenómenos como la poligamia, que tanto preocupa a los obispos africanos…
Para que se reflexione sobre todas estas situaciones. La Conferencia Episcopal de Mozambique me escribió porque quiere abrir una sección. Quisiera que nazca también en el África anglófona. Es indispensable reforzar el nivel cultural del instituto en su sede central, para que los afiliados puedan alzar ellos también el nivel y reflexionar así, en manera más detallada, las situaciones del mundo contemporáneo.
¿Qué responde a quienes cuestionan su compromiso en defensa de la vida?
Algunos amigos estadounidenses dudan de que yo defienda la vida. Yo les dije: la vida no solo la defiendo, faltaría más que yo estuviera a favor del aborto, ¿pero estamos locos? Lo que me pregunto es: ¿por qué ellos no están en contra de la pena de muerte? En estos últimos cinco meses 6.500 personas murieron por armas de fuego en Estados Unidos. ¿Alguien habla de ellos? La vida de estas personas, muchas veces jóvenes, ¿vale menos? ¿Tenemos que estar callados? ¿Por qué no las defendemos? Por esto acuso de no defender la vida. Pongamos todo sobre la mesa, eso quisiera yo.
Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano

14 de julio: san Camilo de Lelis, fundador de la Orden de los Ministros de los Enfermos



Gigantón de carácter duro, resuelto, impetuoso y tenaz. Con ese resumen, uno se imagina a un sujeto de cuidado que no se desea tener por enemigo. Esos ciertos atributos personales no fueron dificultad para que Camilo pasara la mayor parte de su vida en el humildísimo servicio de la caridad, siendo el más incondicional servidor de los enfermos más necesitados. Quiso darles un aliento de consuelo mientras estaban vivos y buscó apasionadamente prepararlos para que dieran con sabiduría el paso a la eternidad.
Quizá su carácter era una herencia genética por parte de padre, Juan de Lelis, militar por toda Europa al servicio de España, Nápoles, Florencia, Lombardía, Piamonte y Francia; o quizá aprendió de la madre que supo gobernar bien su casa a pesar de las larguísimas y frecuentes ausencias del padre. El caso es que nació en 1550, en Chieti (Italia). Cuando quiso enrolarse en los ejércitos de Venecia, lo rechazaron; se consideró un hombre de suerte al ser aceptado en la cruzada que Pío V convocó contra los turcos; fue cuando murió su padre en Saint’ Elpidio a Mare.
Allí le salió una extrañísima llaga en una pierna que no tuvo cura ni siquiera por los médicos del hospital de Santiago, en la Roma de 1571. Las dos cosas –llaga y hospital– fueron sus compañeros inseparables de camino para el resto de su vida, hasta el punto de que, sin una de ellas, Camilo de Lelis no sería san Camilo.
Pareció que había quedado curado; se apuntó a la Compañía de Santiago que era un voluntariado que cooperaba en el cuidado de los enfermos, pero lo expulsaron; le pilló el vicio del juego. Se alquiló como soldado por cuatro años porque de algo había que vivir; estuvo en las guerras de Túnez y Palermo; los inviernos no eran tiempo de guerra y en ellos se gastaba la soldada entre tabernas y más juego. Prometió vestir el hábito de san Francisco en aquella tempestad del 28 de octubre de 1574; pensaba no salir con vida, pero al pasar el peligro dejó en el olvido lo que prometió, volviendo a sus tareas de empedernido ludópata; una noche perdió la espada, el trabuco y el manto; se quedó sin pasta y tuvo que pedir limosna en la puerta de las iglesias, ¡buen patrón para los técnicos limosneros de hoy, por los que se mide el nivel de fe de cualquier iglesia en dependencia del número de subalternos pastorales que pidan a su puerta! Así estaba en Manfredonia cuando le ofrecieron el puesto de peón para las obras del convento de los capuchinos el 2 de febrero de 1575. Allí se convirtió, y le dieron el hábito solo a regañadientes; cuando el roce del hábito le abría la llaga, marchaba a curarse; pero entre llagas y curas se le iba el tiempo; aquello era un correo. Decidió ponerse enteramente al servicio de los enfermos en el mes de octubre de 1579. Le nombraron mayordomo por méritos; pensó fundar una cofradía de varones para la que bocetó unos breves estatutos, pero no cuajó por las habladurías y tensiones que provocó; hasta Felipe Neri se le opuso.
Se hizo sacerdote, después de cursar los estudios en el Colegio Romano, y dijo su primera misa en 1584. Comenzó una vida inconcebible por su dureza junto a la iglesia de la Virgencita de los Milagros con un pequeño grupo de compañeros; todos enfermaron. Trasladados a una casa próxima a la iglesia de la Magdalena, fue donde empezaron de verdad.
Sixto V aprobó esa vida extremadamente pobre, con la cruz roja en la sotana o en el manto. Esa misma cruz que se había visto por los campos de batalla un poco antes, cuando el papa había encargado a Camilo y los suyos organizar la asistencia sanitaria de los ejércitos que marchaban a Hungría, y que ya no dejará de verse en guerras, epidemias y catástrofes naturales donde sea necesaria una labor humanitaria.
En el inmenso hospital romano del Espíritu Santo atienden el día entero a los enfermos, en medio de cuadros macabros –alguna vez se encontraron al moribundo colocado ya dentro de su ataúd de madera– y tristísimos de desahuciados, que hasta entonces estaban en manos de criados malhumorados malpagados.
Añadieron a su vida ordinaria la atención fuera del hospital a moribundos y encarcelados. Él se reservó los oficios más bajos y rastreros para cuidar los enfermos. Aquel grupo de sacerdotes y hermanos empezó a conocerse en Roma como ejemplo de caridad.
La peste y las epidemias del siglo XVI, que hacían perder la cabeza a la gente, fueron ocasión de heroísmo de los Camilos con días agotadores. También ellos quedaron diezmados por el contagio.
Luego se extendieron por Nápoles, Milán, Génova, toda Italia y las islas; pero no pudieron ni en Francia, ni en España.
Camilo quiso controlar en su globalidad la atención a los enfermos en los hospitales. Pensó que no había que tratarlos solo a la cabecera para que murieran entre jaculatorias y rezos. Era preciso organizar de tal modo los centros de salud que la dignidad del paciente se respetara en todos los frentes: el humano, el sanitario y el espiritual. Eso pedía unificar criterios tanto en la dirección como en la administración, en la contratación del personal sanitario, en los profesionales y en los que llevaban a Dios. La oposición fue tan fuerte por parte de los de fuera y de los de dentro, que abandonó el generalato, pero no cedió como fundador de los Ministros de los Enfermos y mantuvo la idea que, pasado el tiempo y los apasionamientos, acabó siendo aceptada.
No hay originalidad en los principios, son evangélicos: el prójimo es imagen de Dios, al final se pedirá cuentas del comportamiento con él, es decisiva la hora de la muerte. En esto se mantuvo firme, sin cesión. Todo lo demás estaba al servicio de la idea.
Y es bueno recordar que su trabajo con el enfermo lo hacía estando él mismo delicado, con su llaga ulcerada abierta, una hernia, dos forúnculos rebeldes y el estómago debilísimo.
Murió el 14 de julio de 1614 con 64 años, en Roma.
Fue canonizado por Benedicto XIV, el 29 de julio de 1746.
Es el patrono de enfermos y hospitales, compartiéndolo con san Juan de Dios.
Archimadrid.org

Cuando Jonás fue engullido por una maleta


Adou llegó a España escondido en una maleta. Su padre le esperaba al otro lado de la frontera, sin saber que había dejado a su hijo en manos de una mafia. Ahora espera a ser juzgado como traficante de personas. Su delito fue la desesperación de no dejar a su hijo solo en Costa de Marfil tras las negativas del Gobierno español a la reagrupación familiar. ¿El motivo? Le faltaban 56 euros en la nómina
El 7 de mayo del año 2015 una foto dio la vuelta al mundo. Un escáner del puesto fronterizo de El Tarajal, en Ceuta, detectó la perfecta silueta de un niño de 7 años escondido en posición fetal dentro de una maleta. Como Jonás, dice el poeta Luis García Montero en el prólogo de Me llamo Adou, el libro que el periodista Nicolás Castellano ha publicado con su historia. «La sociedad de hoy es el monstruo que se traga a Jonás –o Adou Nery Ouattara– pero ya no es el mensajero encargado de llevar a Nínive la salvación, sino un niño que se juega la vida por ir al encuentro con sus padres». Esta habría sido una historia más de un menor no acompañado que busca los escondites más inverosímiles para llegar a España si no fuera porque, 20 minutos después de ser escaneado, un hombre aseguró a los policías que ese niño era su hijo.
Alí Ouattara era profesor de Francés y Filosofía en Abiyán, la capital administrativa de Costa de Marfil. Una noche de 2005, cuando salía de dar clase en un instituto, varios militares armados le pararon en la calle y le retuvieron durante horas. Finalmente le dejaron marchar, pero lo que le salvó la vida realmente fue no llevar su documento de identidad encima. Si aquellos hombres del Gobierno de Gbagbo hubieran sabido que su apellido, Ouattara, coincidía con el del principal opositor del presidente –actual mandatario del país– «quizá nunca habría regresado a casa. Yo jamás participé en manifestaciones políticas, pero el simple hecho de llevar el mismo apellido me convertía en enemigo», explica Alí en conversación con Alfa y Omega.
Tardó un día en ponerse a buscar un visado para cualquier país europeo, siendo España el destino final. Para llegar hasta aquí se vio obligado a pasar por manos de traficantes, fue robado, engañado, maltratado… y todo ello «lejos de mi mujer y mis tres hijos, que se quedaron en Costa de Marfil». Ocho años tuvieron que pasar hasta que Alí cumplió los requisitos para traer a España a su familia. Con un trabajo fijo en una lavandería de la isla de Fuerteventura y un piso alquilado en Puerto del Rosario, el marfileño ya podía tramitar la reagrupación familiar de su mujer, Lucie, y de sus dos hijos pequeños, Mariam y Adou. «No era tan fácil con Michael, mi hijo mayor, porque tenía más de 18 años», explica con dolor.
Por 56 miserables euros
La primera en llegar fue su mujer, en 2014. En abril de 2015 llegaría Mariam y, «si la Delegación del Gobierno en Canarias no hubiera hecho una interpretación extrema de la ley de extranjería, Adou también podría haberse reunido con su familia sin necesidad de que sus padres buscaran a la desesperada una vía irregular para poder traer al pequeño», señala Nicolás Castellano, autor del libro recientemente publicado por Planeta que cuenta la historia de esta familia. «Con una correcta aplicación de la ley esa imagen nunca tendría que haberse producido».
Pero la nómina aportada por el padre de familia no cubría el importe requerido para el sostenimiento de los cuatro miembros que forman la unidad familiar, «y el criterio económico es el que prima tras la reforma de la ley de 2011», sostiene Castellano. A Alí le faltaban exactamente 56 euros al mes para llegar a los 1.331 que necesitaba acreditar y, en este caso, «no se aplicó correctamente el reglamento, que hace referencia a que cuando haya menores de edad, se puede minorar la cuantía en atención al interés del menor. Pero la Administración pública lo utiliza poco en la práctica», afirma Santiago Yerga, abogado de Pueblos Unidos y asesor jurídico de la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración durante la redacción de la reforma de la ley.
Una madre desesperada
Las recurrentes negativas a las peticiones de los Ouattara para poder traer a España al benjamín de la familia y la desesperación de una madre que, cada vez que llamaba a Abiyán, escuchaba a su hijo llorar y decir que no quería comer ni ir al colegio, que quería estar con papá y mamá, desembocaron en que Alí confiara en el primer vendehumoque le prometía con pasmosa facilidad que llevaría al niño hasta España, eso sí, con un coste de 5.000 euros, todos los ahorros de un hombre trabajador para la casa familiar que Alí soñaba con construir en su país.
Ni el niño llegó a Barajas, como se le había prometido ni tenía un visado, ni siquiera llegó a pisar suelo español. A Adou le soltaron en Casablanca (Marruecos), y de allí llegó por vía terrestre hasta la frontera ceutí, donde le metieron en una maleta, eso sí, dejando una rendija para respirar. «Si un niño me dijera que quiere venir a Europa a estar con su familia, le diría que no lo hiciera como yo, porque puede morir. Yo he tenido suerte, porque Dios estuvo conmigo y no tuve miedo nunca», cuenta el pequeño Adou en la introducción del libro del periodista. El niño, que narra su experiencia en primera persona, recalca con una visión preclara que «le diría al Gobierno español y a todos los gobiernos de Europa que son idiotas. Hay que dejar venir a los niños que huyen de la guerra o de la miseria, es algo que tiene que permitírsele a los niños».
Condenado por tráfico de personas
El caso de Adou dio la vuelta al mundo gracias a la impactante foto. El Gobierno español, paradójicamente, aceleró los trámites para que el pequeño pudiera residir en el país. Pero su padre ha sido imputado por tráfico de personas y, a día de hoy, espera a la celebración del juicio que puede llevarle hasta la cárcel. «Mi madre falleció y el niño no podía quedarse solo en Abiyán. Yo no soy un delincuente, estaba desesperado», explica a este semanario.
No quiere aceptar una condena reducida de un año, porque eso significaría aceptar que es un traficante y tener antecedentes penales. Su pasaporte está retenido y no puede salir del país. Mientras, Lucie, Mariam y Adou emigraron a París, donde la madre de familia ha podido encontrar un trabajo (solo habla francés). Después de tanto, siguen separados.
Cristina Sánchez Aguilar
@csanchezaguilar

Alfa y Omega

Disposición al martirio



En el Evangelio de ayer contemplábamos el mandato y envío de Cristo a sus Apóstoles a proclamar que el Reino de los Cielos está cerca. También nos advertía cómo habrá muchos que no querrán oír. A continuación las advertencias del Señor suenan más fuertes. No sólo no querrán oír: “os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa (…). Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra los padres, y los matarán. Todos os odiaran por mi nombre”. No quiere que seamos sorprendidos por esa resistencia al Evangelio y contemos con ello. Mientras está en la tierra, la Iglesia “va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios” (San Agustín, De civ. Dei XVI, 52, 2), anunciando la cruz del Señor hasta que venga (cf. 1 Cor 11, 26).

En algunos lugares del mundo esto ocurre literalmente y a los cristianos les cuesta la vida confesarse como tales. A muchos no les cuesta literalmente la vida, pero en ocasiones sí padecer comentarios despectivos, o se les impide progresar en su profesión, o sencillamente no ser tenidos en cuenta. Es importante no perder de vista que la vocación cristiana es vocación martirial. Hemos de estar dispuestos a padecer la injusticia y no temer a ser perseguidos de cualquier manera. Jesús nos anima: “cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro padre hablará por vosotros”. Todo cuanto sucede es algo con lo que la Providencia de Dios cuenta, llenémonos de esa seguridad, Él hará justicia, pondrá las cosas en su lugar: “creedme, no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del Hombre”. No es que deseemos ningún mal a quienes puedan perseguirnos de cualquier modo, al contrario, deseamos su conversión y su salvación. El Papa Francisco nos recordaba en Evangelii gaudium cómo “el discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora”.
Necesitamos estar muy unidos a Cristo. Sólo así superaremos los temores. “El renovado ardor apostólico que se requiere en nuestros días para la evangelización, arranca de un reiterado acto de confianza en Jesucristo: porque El es quien mueve los corazones; El es el único que tiene palabras de vida para alimentar a las almas hambrientas de eternidad; El es quien nos transmite su fuego apostólico en la oración, en los sacramentos y especialmente en la Eucaristía. ‘He venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda?’ (Lc 12, 49). Estas ansias de Cristo siguen vivas en su corazón.” (San Juan Pablo II, Salto (Uruguay), 22 – V – 1988)
María, Reina de los mártires nos lleve a perseverar en el seguimiento y anuncio de su Hijo, para que pueda cumplirse el deseo de Dios de que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (cf. 1 Tim 2,4).
Archidiócesis de Madrid

No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre



Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 16-23
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.
Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán.
Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra.
En verdad os digo que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.