viernes, 21 de diciembre de 2012

¡ALÉGRATE!

En el Evangelio vemos cómo los hechos que marcan el inicio de la vida de Jesús se caracterizan por la alegría. 
Cuando el arcángel Gabriel anuncia a la Virgen María que será madre del Salvador, comienza con esta palabra: "¡Alégrate!" [...]

Aquí nos preguntamos: ¿Cómo podemos recibir y conservar este don de la alegría profunda, de la alegría espiritual? 

Buscar la alegría en el Señor: la alegría es fruto de la fe, es reconocer cada día su presencia, su amistad: "El Señor está cerca"; es volver a poner nuestra confianza en Él, es crecer en su conocimiento y en su amor. 

El "Año de la Fe", que iniciaremos dentro de pocos meses, nos ayudará y estimulará. 

Queridos amigos, aprended a ver cómo actúa Dios en vuestras vidas, descubridlo oculto en el corazón de los acontecimientos de cada día.


 Creed que Él es siempre fiel a la alianza que ha sellado con vosotros el día de vuestro Bautismo. Sabed que jamás os abandonará. Dirigid a menudo vuestra mirada hacia Él.Benedicto XVI, 27 de marzo de 2012.

TIEMPO DE ALIANZA

Tiempo de alianza

“El Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros” (Is 7, 14)-«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. (Lc 1, 26-38). Súplica

“Llave de David, que abres las puertas del reino eterno, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas”.

Consideración

Al hacer un pacto, suele intercambiarse un documento y es necesario un testigo que garantice el cumplimiento de lo acordado. Dios, por su cuenta, sin que nadie se lo pida, nos entrega la señal más entrañable, una doncella encinta, para acreditar su opción de acompañarnos siempre.

Por el misterio de Emmanuel se confirma la voluntad divina de amar, proteger, acompañar a cada criatura dentro de ella misma. Somos en verdad tabernáculos sagrados, tiendas del encuentro, artesas remecidas de presencia divina, seres habitados.

En la hondura del ser, en el hondón del alma, más íntimo que nuestra propia intimidad, en el corazón, todos los seres humanos llevamos grabada la imagen de nuestra semejanza divina, que nos acredita a los ojos de Dios como criaturas suyas.

Quienes son conscientes de la opción de Dios de hacerse carne; quienes dan fe a la Palabra revelada, que asegura el acompañamiento divino, han conocido el secreto de la fuerza invencible, de la alegría constante, de la seguridad permanente. De ellos se aleja el temor y el miedo, porque están seguros de la opción divina en su favor.

Todo se confirmó cuando María quedó embarazada y se convirtió en señal del cumplimiento de todas las alianzas.

Ruego

No seas injusto contigo mismo. No andes solitario, sin referencia a quien te ha hecho persona sagrada, habitada por el misterio. Abre la llave de tu espacio interior, entra en la celda de tu corazón, y aguarda en silencio, hasta escuchar claramente, aun sin palabras, que eres amado.

III LUNES DE ADVIENTO

III Lunes de Adviento

Tiempo de profecía

“A ti, Judá, te alabarán tus hermanos, pondrás la mano sobre la cerviz de tus enemigos, se postrarán ante ti los hijos de tu padre” (Gn 49, 8-10).

“Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo” (Mt 1, 17)

Súplica

“Que florezca la justicia, y la paz abunde eternamente” (Sal 71)

Consideración

En un momento en que las noticias domésticas y las lejanas atentan diariamente contra la esperanza, porque la violencia, la pobreza, la falta de trabajo, y hasta el hambre, se imponen de manera dramática, parece fuera de lugar que se eleve una voz positiva, extasiada en contemplar un futuro amable, positivo, colmado de luz y de belleza.

Es tiempo de interrumpir la inercia de la visión negativa de la realidad para descubrir signos de esperanza, gestos permanentes que iluminan el trayecto penoso, la travesía por el desierto sin horizonte.

Los ojos abiertos del profeta evocan los ojos abiertos del ciego que vuelve a ver y por la visión, rostro a rostro, de Jesús de Nazaret, se dispone a seguirlo de cerca, para compartir la suerte del Maestro.

Se nos anuncia un futuro florecido, que es presente para el que cree, porque del cielo llueve la justicia, la santidad, y de la tierra brota la salvación, alumbrada en el seno de una mujer nazarena.

Atrévete a iluminar todo acontecimiento con la noticia del nacimiento de Jesús, y por aciagos que sean los días, siempre habrá una razón para bendecir a Dios.

Preguntas

¿Te atreverás a ser augurio de bondad, verdad y belleza?
¿Te descubres anunciando y comentando realidades positivas, o en la inercia social de la crítica violenta y desesperanzada?
¿Qué haces o estás dispuesto a hacer para que los que están junto a ti descubran lo positivo?