jueves, 30 de marzo de 2017

Diálogo interreligioso: ‘Todos diferentes e iguales, como los dedos de una mano’



“Nosotros somos hermanos y por lo tanto todos diferentes y todos iguales, como los dedos de una mano” indicó el papa Francisco a los participantes de la segunda reunión organizada por el Consejo pontificio para el diálogo interreligioso, con tres superintendencias de Irak, para los chiítas, sunitas, cristianos, yazidíes, y sabes/madness, este miércoles 29 de marzo antes de la audiencia general.
Eran unos cuarenta representantes religiosos iraquíes, miembros de la superintendencia del ministerio Culto, en el salóncito del Aula Pablo VI, antes de la audiencia general de este miércoles.
“Todos nosotros somos hijos de Dios” les dijo el Papa, y señaló que “el diálogo entre ustedes, así como vuestra visita es una verdadera riqueza de hermandad y por esto es un camino hacia la paz de todos. La paz del corazón, la paz de las familias, la paz de los países, la paz del mundo. Pido a Dios omnipotente que les bendiga a todos ustedes y les pido por favor que no se olviden de rezar por mi”.
En el encuentro el Papa recibió como regalo una copia del Corán y un vestido tradicional musulmán, indicó el diario L’Osservatore Romano. Saludó además una a una a las diversas delegaciones y escuchó los testimonios que narraban las violencias y situaciones dramáticas que sufrieron los iraquíes.
En la audiencia general, en la que también participaron los representantes, el Papa hizo un nuevo llamamiento pidiendo por la protección de los civiles en el país.
(ZENIT – Ciudad del Vaticano – 29 Mar. 2017)

Audiencia – el Papa a los peregrinos de idioma árabe: ‘Vivir sostenidos por la fe’

(ZENIT – Ciudad del Vaticano – 29 Mar. 2017).- El papa Francisco ha saludado al concluir la audiencia general de este miércoles a los peregrinos de idioma árabe presentes en la Plaza de San Pedro, en particular los que viene de Irak. Y les animó a “vivir sostenidos por la fe”, palabras traducidas inmediatamente al árabe por un colaborador suyo.
“Queridos hermanos y hermanas –les dijo el Papa después de la catequesis sobre la esperanza de Abraham– por la fe María recibió las palabras del ángel y creyó al anuncio de que ella sería la Madre de Dios. Y ella a acogido en ella misma lo que no entendía del actuar de Dios, abriéndole su espíritu y su corazón”.
“Como Ella –prosiguió el Pontífice– nosotros estamos llamados a vivir apoyados por la fe, y a mirar con esperanza que se cumpla la voluntad de Dios en nuestras vidas. ¡Que el Señor les bendiga!”.

Las vicarías de Pastoral Social y Acción Caritativa organizan la 9ª Vigilia de oración con los que sufren la crisis este sábado



Abriendo caminos de esperanza es el lema con el que ha sido convocada la 9ª Vigilia de oración con los que sufren la crisis. Organizada por la Vicaría de Pastoral Social e Innovación y la Vicaría de Acción Caritativa de la archidiócesis de Madrid, se celebrará este sábado, 1 de abril, en la parroquia Nuestra Señora de las Angustias (c/Rafael de Riego, 16 – metro Atocha, Renfe y Palos de la Frontera), de 19:00 a 24:00 horas.
La vigilia constará Eucaristía, reflexión con Teresa Villanueva de Cáritas Española, testimonios de personas que sufren la crisis del trabajo, la música del cantautor Faustino Díez y los cuentos de Ana García Castellanos. Todo en un clima de oración. El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, se acercará a acompañar a los presentes.
Esta vigilia ha sido convocada con motivo de la Campaña contra el Paro que Cáritas Madrid celebra este domingo, 2 de abril. Durante la misma se pretende hacer una lectura creyente de las causas y consecuencias del desempleo.
Infomadrid

Europa, ¡vuelve a encontrarte! ¡No olvides a los pobres!


La semana pasada celebramos el 60 aniversario de los Tratados de Roma, que sentaron las bases de la Unión Europea tal como hoy la conocemos. La reunión de los jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros, haciendo memoria y proyectando futuro, fue un gran acontecimiento en el que tuvieron un eco significativo las palabras que el Papa Francisco les dirigió. Un mensaje fraterno, lleno de amor y verdad, animándolos a seguir trabajando por la acogida y la inclusión para ser fieles a los ideales con los que nació el proyecto común. Son palabras claras y precisas para ir directamente a lo que ha de ser Europa en este momento, y no caer en «la tentación de reducir los ideales fundacionales de la Unión a las exigencias productivas, económicas y financieras», ni tampoco creernos que Europa sea «un conjunto de normas que cumplir o un manual de protocolos y procedimientos que seguir». Fue muy bella la forma en la que dijo: Europa, ¡vuelve a encontrarte!, apelando a las enseñanzas de aquellos «padres fundadores».
Es bueno recordar que la historia del continente europeo tiene una característica muy precisa: el influjo vivificante del Evangelio, que fue un factor primario de unidad entre los pueblos y las culturas, y un factor determinante de la promoción integral del hombre y sus derechos. De tal modo esto es así, que cuando Europa lo abandona, florecen los egoísmos que nos encierran y asfixian, olvidándonos de mirar más allá, y empobreciéndonos más y más. Europa acuñó valores fundamentales que dieron al mundo ideales democráticos y muestras claras de defender siempre todos los derechos humanos. Acabamos con un valor necesario y fundamental: la solidaridad. Solidaridad que implica defender todos los derechos del hombre sin ambigüedades, para mantener la unidad y ayudar a todos los hombres, estén donde estén.
Cuando olvidamos la solidaridad, caemos en esos populismos que nos dividen, que crean muros y derriban toda clase de puentes de comunicación, y que impiden, como decía el Papa Francisco a los jefes de Estado y de Gobierno, que se impulsen políticas «que hagan crecer a la Unión Europea en un desarrollo armónico, de modo que el que corre más deprisa tienda la mano al que va más despacio, y el que tiene dificultad se esfuerce por alcanzar al que está en cabeza». Si algo es necesario hoy para la humanidad, es recuperar con fidelidad creativa los valores fundamentales, aquellos que vuelvan a poner al ser humano en el centro. De tal manera que la afirmación de la dignidad trascendente de la persona humana, la razón, la libertad, la democracia, el Estado de Derecho y la distinción entre política y religión sean elementos esenciales que sustenten nuestra convivencia, y mostremos que ser acogedores y maestros de acogida es lo que enseña e ilumina a los pueblos en la necesaria tarea de construir la familia humana.
Nunca olvidemos a los pobres, a los necesitados, a los refugiados de hoy que no tienen alternativa. La solidaridad es verdadera cuando nace de la capacidad de abrirnos a los demás. Estemos atentos al peligro que engendra la falta de solidaridad hacia los hombres, mujeres, ancianos y niños que huyen de la guerra, del hambre, de la persecución, de no tener un horizonte de futuro. ¿Por qué no seguir haciendo hoy nosotros lo que en su momento hizo Europa, llevando a todos los pueblos de la tierra valores esenciales? La grave crisis migratoria no puede gestionarse solamente como si fuera un problema numérico, económico, cultural, de seguridad o de pérdida de ideales. Es urgente la reorientación de la cooperación internacional, con vistas a una nueva cultura de la solidaridad. Como subrayaba el Papa san Juan Pablo II, «decir Europa debe expresar apertura. Lo exige su propia historia, a pesar de no estar exenta de experiencias y signos opuestos. Europa no es un territorio cerrado o aislado; se ha construido yendo, más allá de los mares, al encuentro de otros pueblos, otras culturas y otras civilizaciones». Abiertos y acogedores. No podemos desentendernos de los pobres de este mundo. ¿Por qué no acometer iniciativas audaces ofreciendo a los más pobres la construcción de un mundo más justo y fraterno?
Quiero recordar a dos personas muy diferentes, y en posiciones existenciales muy distintas: Jacques Maritain, autor de Humanismo integral, quien en Cristianismo y democracia (1944) abordaba el fracaso de las democracias y con este la crisis de la civilización europea, incidiendo en que «la causa principal es de orden espiritual; reside en la contradicción interna y en el malentendido trágico del cual, en Europa sobre todo, han sido víctimas las democracias modernas. En su principio esencial esta forma y este ideal de vida común que se llama democracia, viene de la inspiración evangélica y no puede subsistir sin ella». Y a Albert Camus, que en artículos como «Hacia el diálogo» (1946) denunció el miedo y el silencio: «Lo que hay que defender es el diálogo y la comunicación universal entre los hombres. La servidumbre, la injusticia, la mentira, son los flagelos que acaban con esta comunicación e impiden el diálogo. [...] Pero se puede pretender luchar en la historia para preservar esa parte del hombre que no le pertenece».
¿Qué debemos hacer los cristianos para que Europa se encuentre, salga de sí y sea ella misma?
1. Ser una Iglesia en el mundo, y no frente al mundo: tenemos que ser no unos cristianos quejumbrosos, sino unos cristianos que tomemos la determinación clara y precisa de anunciar el amor de Dios en los que más lo necesitan, los pobres. El futuro se juega en mostrar la misericordia de Dios con el lenguaje de la misericordia. Lo primero son las personas, por eso lo primero es mirar el rostro del otro.
2. Abrirnos a las nuevas oportunidades, para que los hombres vuelvan su mirada a Jesucristo: estamos en una nueva época. Como decía Mounier, «el acontecimiento será tu maestro interior». Por eso, miremos lo que acontece en todos los órdenes de la vida del ser humano. Recordemos aquella pregunta que hacía el Papa Francisco en el comienzo del Sínodo de la Familia de 2014, cuando planteaba la situación de los jóvenes que prefieren convivir a casarse: «¿Qué debe hacer la Iglesia: expulsarlos de su seno o, por el contrario, acercarse a ellos?». Y a esto responde la Amoris laetitia. El mundo cambia, y hemos de ver, escuchar e interpretar con los ojos, el corazón y el pensamiento del Señor nuevas llamadas y nuevas oportunidades para acercarnos a los hombres y entregarles el rostro de Cristo de primera mano.
3. Vivir y salir desde un encuentro radical con Jesucristo: con una vivencia de Jesucristo tan fuerte que hagamos vivir la experiencia de Emaús a quienes nos encontremos. Dejemos que nos visite y entre Jesús en nuestra vida, e incorporemos su mirada, sus preferencias y sus prioridades. Tengamos una vida contemplativa para ver y escuchar la realidad, la que tuvo Jesús en el camino de Emaús. Quienes iban a su lado no lo reconocieron, pero sintieron los efectos de su presencia y por eso le dijeron: «Quédate con nosotros que atardece».
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

Hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza



Lectura del santo Evangelio según san Juan 5, 31-47
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?»
Palabra del Señor.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO: ESPERAR CONTRA TODA ESPERANZA

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos que hemos apenas escuchado nos da un gran don. De hecho, estamos acostumbrados a reconocer en Abraham a nuestro padre en la fe; hoy el Apóstol nos hace comprender que Abraham es para nosotros padre de la esperanza; no sólo padre en la fe, sino padre en la esperanza. Y esto porque en su historia podemos ya aprehender un anuncio de la Resurrección, de la vida nueva que vence el mal y la misma muerte.
En el texto se dice que Abraham creyó en Dios «que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen» (Rom 4,17); y luego se precisa: «Su fe no flaqueó, al considerar que su cuerpo estaba como muerto y que también lo estaba el seno de Sara» (Rom 4,19). Así, esta es la experiencia a la cual estamos llamados a vivir también nosotros. El Dios que se revela a Abraham es el Dios que salva, el Dios que hace salir de la desesperación y de la muerte, el Dios que llama a la vida. En la historia de Abraham todo se convierte en un himno al Dios que libera y regenera, todo se hace profecía. Y lo hace para nosotros, para nosotros que ahora reconocemos y celebramos el cumplimiento de todo esto en el misterio de la Pascua. Dios de hecho, «resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesús» (Rom 4,24), para que también nosotros podamos pasar en Él de la muerte a la vida. Y de verdad entonces Abraham puede bien llamarse «padre de muchos pueblos», en cuanto resplandece como anuncio de una humanidad nueva – nosotros – rescatada por Cristo del pecado y de la muerte e introducida una vez para siempre en el abrazo del amor de Dios.
A este punto, Pablo nos ayuda a poner en evidencia el vínculo estrecho entre la fe y la esperanza. Él de hecho afirma que Abraham «creyó, esperando contra toda esperanza» (Rom 4,18). Nuestra esperanza no se apoya en razonamientos, previsiones o cálculos humanos; y se manifiesta ahí donde no hay más esperanza, donde no hay nada más en que esperar, justamente como sucedió con Abraham, ante su muerte inminente y la esterilidad de su mujer Sara. Era el final para ellos, no podían tener hijos y ahí, en esa situación, Abraham cree y tuvo esperanza contra toda esperanza. ¡Y esto es grande! La gran esperanza hunde sus raíces en la fe, y justamente por esto es capaz de ir más allá de toda esperanza. Sí, porque no se funda en nuestra palabra, sino en la Palabra de Dios. También en este sentido, entonces, estamos llamados a seguir el ejemplo de Abraham, quien, a pesar de la evidencia de una realidad que parece destinada a la muerte, confía en Dios, «plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete» (Rom 4,21). Me gustaría hacerles una pregunta, ¿eh?: ¿Nosotros, todos nosotros, estamos convencidos de esto? ¿Estamos convencidos que Dios nos quiere mucho y que todo aquello que nos ha prometido está dispuesto a llevarlo a cumplimiento? Pero Padre, ¿Cuánto debemos pagar por esto? (El Señor responde): “Hay un precio: abrir el corazón”. Abran sus corazones y esta fuerza de Dios llevará adelante y hará cosas milagrosas y les enseñará que cosa es la esperanza. Este es el único precio: abrir el corazón a la fe y Él hará el resto.
¡Esta es la paradoja y al mismo tiempo el elemento más fuerte, más alto de nuestra esperanza! Una esperanza fundada en una promesa que del punto de vista humano parece incierta e impredecible, pero que no disminuye ni siquiera ante la muerte, cuando a prometer es el Dios de la Resurrección y de la vida. Esto no lo promete uno cualquiera, ¡no! Quien lo promete, es el Dios de la Resurrección y de la vida.
Queridos hermanos y hermanas, pidamos hoy al Señor la gracia de permanecer instaurados no tanto en nuestras seguridades, en nuestras capacidades, sino en la esperanza que surge de la promesa de Dios, como verdaderos hijos de Abraham. Cuando Dios promete, lleva a cumplimiento aquello que promete. Jamás falta a su palabra. Y entonces nuestra vida asumirá una luz nueva, en la conciencia de que Quien ha resucitado a su Hijo, resucitará también a nosotros y nos hará de verdad una cosa sola con Él, junto a todos nuestros hermanos en la fe. Todos nosotros creemos. Hoy estamos todos en la plaza, alabemos al Señor, cataremos el Padre Nuestro, luego recibiremos la bendición… pero esto pasa. Pero esto, también, es una promesa de esperanza. Si nosotros hoy tenemos el corazón abierto, les aseguro que todos nosotros nos encontraremos en la plaza del Cielo por siempre, que no pasa nunca. Y esta es la promesa de Dios. Y esta es nuestra esperanza, si nosotros abrimos nuestros corazones. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)