martes, 18 de abril de 2017

El documental de los Franciscanos sobre el lugar desde el que resucitó Cristo


El Christian Media Center, de la Custodia Franciscana de Tierra Santa, ha preparado el documental ¡No está aquí, ha resucitado!, un vídeo de 40 minutos en el que se relata la historia del Santo Sepulcro y que termina con la explicación de la última restauración que se ha hecho en el lugar desde donde resucitó Cristo.
¡No está aquí, ha resucitado! incluye imágenes de dicha restauración –que concluyó el pasado mes de marzo– así como del resultado final.

Cardenal Osoro: «Jesús ha cambiado mi mirada, veo hermanos en todos los demás»


El arzobispo de Madrid ha querido sumarse a la iniciativa Jesús está vivo ¡Cuéntalo! y ha mandado un vídeo con su testimonio.
El cardenal Osoro confiesa que «Jesús ha cambiado mi corazón, en él entran todos los hombres; ha cambiado mi mirada, veo hermanos en todos los demás; y ha cambiado mis pensamientos, me dice que tengo que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, sea quien sea y esté donde esté».
Iniciativa Jesús está vivo ¡Cuéntalo!
Jesús está vivo, resucitado, y se ha quedado en la tierra junto a nosotros –en la Eucaristía, en los hermanos, en la oración– para que tengamos una vida nueva y feliz.
¿Quién es Jesús para ti? ¿Has experimentado su amor, su misericordia, su perdón? ¿Jesús te ayuda a ser feliz? ¿Ha cambiado tu vida? ¡Cuéntalo!
Te invitamos a participar en el proyecto Jesús está vivo. ¡Cuéntalo!
Tanto si te ha salvado de una vida de pecado, como si experimentas su amor y su alegría cada día en tu vida… ¡cuéntalo!
Graba un vídeo testimonial de 2 o 3 minutos máximo, en horizontal, y cuenta todo lo que Él ha hecho y hace por ti. Sé concreto, abre un poco tu corazón y habla de Jesús.
Después mándalo por email a: jesusestavivo@alfayomega.es (Se recomienda mandar el archivo comprimido, o a través de WeTransfer; o subirlo a tu canal de YouTube y mandarnos el link).
Editaremos tu vídeo y lo publicaremos en la web. Y te mandaremos en enlace por si quieres compartir tu testimonio con tus amigos, con tu familia o con quien quieras, en tu Facebook o en tus grupos de WhatsApp.
Rompe el hielo. Muestra a los demás tu fe, habla de Dios que mueve tu vida. Si quieres que todo el mundo sepa lo que Dios ha hecho por ti… ¡cuéntalo!
Alfa y Omega

Características de las apariciones de Cristo resucitado. Juan Pablo II

1. Conocemos el pasaje de la Primera Carta a los Corintios, donde Pablo, el primero cronológicamente, anota la verdad sobre la resurrección de Cristo: «Porque os transmití... lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras: que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce...” (1 Co 15, 3-5). Se trata, como se ve, de una verdad transmitida, recibida, y nuevamente transmitida. Una verdad que pertenece al “depósito de la Revelación” que el mismo Jesús, mediante sus Apóstoles y Evangelistas, ha dejado a su Iglesia.

2. Jesús reveló gradualmente esta verdad en su enseñanza prepascual. Posteriormente ésta, encontró su realización concreta en los acontecimiento de la pascua jerosolimitana de Cristo, certificados históricamente, pero llenos de misterio.

Los anuncios y los hechos tuvieron su confirmación sobre todo en los encuentros de Cristo resucitado, que los Evangelios y Pablo relatan. Es necesario decir que el texto paulino presenta estos encuentros ―en los que se revela Cristo resucitado― de manera global y sintética (añadiendo al final el propio encuentro con el Resucitado a las puertas de Damasco: cf. Hch9, 3-6). En los Evangelios se encuentran, al respecto, anotaciones más bien fragmentarias.

No es difícil tomar y comparar algunas líneas características de cada una de estas apariciones y de su conjunto, para acercarnos todavía más al descubrimiento del significado de esta verdad revelada.

3. Podemos observar ante todo que, después de la resurrección, Jesús se presenta a las mujeres y a los discípulos con su cuerpo transformado, hecho espiritual y partícipe de la gloria del alma: pero sin ninguna característica triunfalista. Jesús se manifiesta con una gran sencillez. Habla de amigo a amigo, con los que se encuentra en las circunstancias ordinarias de la vida terrena. No ha querido enfrentarse a sus adversarios, asumiendo la actitud de vencedor, ni se ha preocupado por mostrarles su “superioridad”, y todavía menos ha querido fulminarlos. Ni siquiera consta que se haya presentado a alguno de ellos. Todo lo que nos dice el Evangelio nos lleva a excluir que se haya aparecido, por ejemplo, a Pilato, que lo habla entregado a los sumos sacerdotes para que fuese crucificado (cf. Jn 19, 16), o a Caifás, que se habla rasgado las vestiduras por la afirmación de su divinidad (cf. Mt 26, 63-66).

A los privilegiados de sus apariciones, Jesús se deja conocer en su identidad física: aquel rostro, aquellas manos, aquellos rasgos que conocían muy bien, aquel costado que hablan visto traspasado; aquella voz, que habían escuchado tantas veces. Sólo en el encuentro con Pablo en las cercanías de Damasco, la luz que rodea al Resucitado casi deja ciego al ardiente perseguidor de los cristianos y lo tira al suelo (cf. Hch 9, 3-8): pero es una manifestación del poder de Aquel que, ya subido al cielo, impresiona a un hombre al que quiere hacer un “instrumento de elección” (Hch 9, 15), un misionero del Evangelio.

4. Es de destacar también un hecho significativo: Jesucristo se aparece en primer lugar a las mujeres, sus fieles seguidoras, y no a los discípulos, y ni siquiera a los mismos Apóstoles, a pesar de que los habla elegido como portadores de su Evangelio al mundo. Es a las mujeres a quienes por primera vez confía el misterio de su resurrección, haciéndolas las primeras testigos de esta verdad. Quizá quiera premiar su delicadeza, su sensibilidad a su mensaje, su fortaleza, que las habla impulsado hasta el Calvario. Quizá quiere manifestar un delicado rasgo de su humanidad, que consiste en la amabilidad y en la gentileza con que se acerca y beneficia a las personas que menos cuentan en el gran mundo de su tiempo. Es lo que parece que se puede concluir de un texto de Mateo: “En esto, Jesús les salió al encuentro (a las mujeres que corrían para comunicar el mensaje a los discípulos) y les dijo: ‘¡Dios os guarde!’. Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron. Entonces les dice Jesús: ‘No temáis. Id y avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán’” (28, 9-10).

También el episodio de la aparición a María de Magdala (Jn 20, 11-18) es de extraordinaria finura ya sea por parte de la mujer, que manifiesta toda su apasionada y comedida entrega al seguimiento de Jesús, ya sea por parte del Maestro, que la trata con exquisita delicadeza y benevolencia.

En esta prioridad de las mujeres en los acontecimientos pascuales tendrá que inspirarse la Iglesia, que a lo largo de los siglos ha podido contar enormemente con ellas para su vida de fe, de oración y de apostolado.

5. Algunas características de estos encuentros postpascuales los hacen, en cierto modo, paradigmáticos debido a las situaciones espirituales, que tan a menudo se crean en la relación del hombre con Cristo, cuando uno se siente llamado o “visitado” por Él.

Ante todo hay una dificultad inicial en reconocer a Cristo por parte de aquellos a los que El sale al encuentro, como se puede apreciar en el caso de la misma Magdalena (Jn 20, 14-16) y de los discípulos de Emaús (Lc 24, 16). No falta un cierto sentimiento de temor ante Él. Se le ama, se le busca, pero, en el momento en el que se le encuentra, se experimenta alguna vacilación...
Pero Jesús les lleva gradualmente al reconocimiento y a la fe, tanto a María Magdalena (Jn 20, 16), como a los discípulos de Emaús (Lc 24, 26 ss.), y, análogamente, a otros discípulos (cf. Lc 24, 25-48). Signo de la pedagogía paciente de Cristo al revelarse al hombre, al atraerlo, al convertirlo, al llevarlo al conocimiento de las riquezas de su corazón y a la salvación.

6. Es interesante analizar el proceso psicológico que los diversos encuentros dejan entrever: los discípulos experimentan una cierta dificultad en reconocer no sólo la verdad de la resurrección, sino también la identidad de Aquel que está ante ellos, y aparece como el mismo pero al mismo tiempo como otro: un Cristo “transformado”. No es nada fácil para ellos hacer la inmediata identificación. Intuyen, sí, que es Jesús, pero al mismo tiempo sienten que Él ya no se encuentra en la condición anterior, y ante Él están llenos de reverencia y temor.

Cuando, luego, 
¡Entonces una luz absolutamente nueva ilumina en sus ojos incluso el acontecimiento de la cruz; y da el verdadero y pleno sentido del misterio de dolor y de muerte, que se concluye en la gloria de la nueva vida! Este será uno de los elementos principales del mensaje de salvación que los Apóstoles han llevado desde el principio al pueblo hebreo y, poco a poco, a todas las gentes.

7. Hay que subrayar una última característica de las apariciones de Cristo resucitado: en ellas, especialmente en las últimas, Jesús realiza la definitiva entrega a los Apóstoles (y a la Iglesia) de la misión de evangelizar el mundo para llevarle el mensaje de su Palabra y el don de su gracia.

Recuérdese la aparición a los discípulos en el Cenáculo la tarde de Pascua: “Como el Padre me envió, también yo os envío...” (Jn 20, 21): ¡y les da el poder de perdonar los pecados!
Y en la aparición en el mar de Tiberíades, seguida de la pesca milagrosa, que simboliza y anuncia la fertilidad de la misión, es evidente que Jesús quiere orientar sus espíritus hacia la obra que les espera (cf. Jn 21, 1-23). Lo confirma la definitiva asignación de la misión particular a Pedro (Jn 21, 15-18): “¿Me amas?... Tú sabes que te quiero... Apacienta mis corderos.. Apacienta mis ovejas...”.
Juan indica que “ésta fue va la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos” (Jn 21, 14). Esta vez, ellos, no sólo se habían dado cuenta de su identidad: “Es el Señor” (Jn 21, 7); sino que habían comprendido que, todo cuanto había sucedido y sucedía en aquellos días pascuales, les comprometía a cada uno de ellos ―y de modo particular a Pedro― en la construcción de la nueva era de la historia, que había tenido su principio en aquella mañana de pascua.
JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERALMiércoles 22 de febrero de 1989

Parroquias y diócesis profundizan en la Eucaristía con el pro multis



«No queríamos que el cambio se quedara en un libro al que solo tenemos acceso los sacerdotes», explica uno de los párrocos que ha aprovechado el nuevo Misal para organizar charlas sobre liturgia para sus fieles
«Por vosotros y por muchos». La nueva traducción de la fórmula de la consagración tendrá más fuerza que nunca en la tarde de este Jueves Santo. Para vivir mejor este momento, el oído de los fieles –y la lengua de los sacerdotes– se ha ido acostumbrando a la nueva edición del Misal durante toda la Cuaresma. Para facilitar la adaptación, además, los obispos miembros y los colaboradores de la Comisión de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española han recorrido las diócesis españolas explicando el cambio a sacerdotes y, en algunas ocasiones, también a laicos.
Es el caso de José Antonio Goñi Beásoain, delegado de Liturgia de Pamplona y Tudela y consultor de la Comisión de Liturgia. Él ha visitado desde Canarias hasta Vitoria, pasando por Ibiza. En varios de estos lugares, y en su propia diócesis, la presentación del Misal era abierta a los laicos. «La gente no se hace más problema sobre este cambio, ni es beligerante –explica–. Algunos sacerdotes sí protestan al principio. Pero cuando se les explica el porqué lo entienden y ven que tiene fundamento, que no es un capricho». Aunque sí conoció –añade–, a un sacerdote que «se lo había explicado a sus parroquianos por si iban a otro sitio, pero que él en su parroquia no lo iba a aplicar». El delegado de Liturgia confía en que «poco a poco se implante. Estos cambios se hacen gradualmente».
Una «puesta a punto»
José Luis Simón, párroco de la madrileña parroquia de San Leopoldo, reconoce que «me pasé las dos primeras semanas leyendo la fórmula al consagrar, por si me despistaba. Y en algún sitio donde aún no estaba el Misal nuevo, por inercia me seguía yendo al “y por todos los hombres”». Sus parroquianos, en cambio, no han tenido problema. Los dos sacerdotes de San Leopoldo habían dedicado a explicar el cambio las homilías del fin de semana anterior al I domingo de Cuaresma, y repartieron la carta de Benedicto XVI a los obispos alemanes en 2012 sobre esta cuestión.
Además, organizaron un ciclo de cuatro conferencias. El pro multis, reconoce Simón, se explica «en media hora. Pero en la parroquia buscamos ocasiones como esta para hacer una puesta a punto. Quisimos volver a explicar qué celebramos realmente en la Eucaristía»: el sacrificio actualizado de Cristo por cada uno, al que alimenta con Su vida. «Queríamos dar, a la gente que ya participa de ella con fe y devoción, palabras y razones para que también lo hagan con la cabeza. No queríamos que el cambio se quedara en un libro al que solo tenemos acceso los sacerdotes. Cuando intentas hacer la teología didáctica, la gente lo valora mucho».
Hasta los monjes
No es el único caso. En León –cuyo obispo, monseñor Julián López, preside la Comisión Episcopal de Liturgia–, se organizaron unas charlas cuaresmales en torno al Misal y a la Eucaristía. Fueron en la Real Colegiata de San Isidoro, muy vinculada al culto eucarístico porque tiene adoración eucarística prolongada. A Goñi, el delegado de Liturgia de Pamplona, un monasterio cisterciense de Palencia le ha pedido, también con ocasión de la nueva edición, que les dé un cursillo amplio sobre la Eucaristía.
En la diócesis madrileña de Getafe, el obispo auxiliar monseñor José Rico Pavés ha recorrido varios templos explicando los cambios y su relación con la institución de la Eucaristía. Uno de ellos fue la parroquia de Nuestra Señora de La Saleta, en la localidad de Alcorcón.
El párroco, José Antonio Medina, quiso «aprovechar para profundizar en el misterio de la Eucaristía» durante una de las catequesis parroquiales que cada segundo martes de mes reúnen a miembros de distintos grupos, áreas y movimientos de la comunidad. Al encuentro asistieron fieles de otras parroquias de la ciudad, porque Medina les invitó. La grabación se subió a la web de la parroquia, desde donde se ha descargado muchas veces, y se ofreció a Radio María, que la ha emitido varias veces.
María Martínez López

Una llamada a la misión
Para el sacerdote José Antonio Medina, párroco de Nuestra Señora de La Saleta en Alcorcón (Madrid), interpretar el «por muchos» de la nueva fórmula de la consagración «como una reducción del “por todos” a “por algunos” ha sido simplemente la lectura apresurada de unos pocos sin incidencia real en el pueblo de Dios».
En su carta a los obispos alemanes, Benedicto XVI recordaba varios textos del Antiguo Testamento en los que se afirma que Jesús «murió por todos». «El ser y obrar de Jesús –explicaba el ahora Papa emérito– abarca a toda la humanidad. Pero históricamente, en la comunidad concreta de aquellos que celebran la Eucaristía, Él llega de hecho solo a “muchos”».
Para el fiel, esto tiene tres lecturas: en primer lugar, la gratitud por haber sido llamado y poder «estar con Él». Esta cercanía implica, además, la responsabilidad de «ser luz en el candelero, ciudad puesta en lo alto de un monte, levadura para todos». Por último, es un antídoto contra el desánimo que se puede sentir a veces por «no ser en absoluto “muchos”, sino muy pocos». «Nosotros somos muchos y representamos a todos», concluía el Pontífice alemán.
Alfa y Omega

“¿Por qué lloras?”





Mujer, ¿por qué lloras?” 

Amantísimo Señor, ¿cómo es que quieres saber porque llora ella? ¿No te había visto cruelmente inmolado, agujereado por los clavos, suspendido en el madero como un ladrón, entregado a las burlas de los impíos? ¿Cómo puedes ahora decirle: “Mujer, ¿por qué lloras?  

Ya que no pudo arrancarte de la muerte, hubiera querido, por lo menos, embalsamar tu cuerpo a fin de protegerlo de toda corrupción el mayor tiempo posible... Y ahora, para colmo, cree haber perdido ese cuerpo que conservaba la esperanza de poseer todavía. Con ello se desvaneció toda esperanza para ella ya que no tiene aquello que quería conservar como recuerdo de ti. ¿Cómo puedes, pues, preguntarle ahora: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿Qué buscas?”

      Oh mi buen Señor, es tu fiel discípula, rescatada con tu sangre, que está atormentada por el deseo de verte. ¿Es que vas a dejarla mucho tiempo con esta pena? Ahora que tú estás libre de toda corrupción ¿has perdido la compasión? Llegado a la inmortalidad, ¿has olvidado la misericordia?. No; tu dulce bondad, Amigo mío te hace intervenir sin tardar para que, aquella que llora a su Señor, no dé paso a la amargura de corazón.

      “¡María!” Oh Señor, has llamado a tu sierva por su nombre familiar, y ella reconoce inmediatamente la voz familiar de su Señor. “María”. ¡Palabra tan dulce, tan desbordante de ternura y de amor! Maestro, te es imposible de decirlo más corto y más fuerte: “

¡María! Sé que eres tú. Sé qué es lo que quieres. ¡Aquí me tienes! No llores más. Soy yo, a quien tu buscas.” Inmediatamente las lágrimas cambian de naturaleza: ¿Cómo se pueden parar, ahora que brotan de un corazón en fiesta?

San Anselmo, doctor de la Iglesia

Martes de la Octava de Pascua. Aparición a María Magdalena



Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 11-18

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. 

Ellos le preguntan: 

- «Mujer, ¿por qué lloras?» 

Ella les contesta: 

- «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han 
puesto.» 

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. 

Jesús le dice: 

- «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» 

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: 

- «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» 

Jesús le dice: 

- «¡María!» 

Ella se vuelve y le dice: 

- «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!» 

Jesús le dice: 

- «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."» 

María Magdalena fue y anunció a los discípulos: 

- «He visto al Señor y ha dicho esto.»