domingo, 23 de julio de 2017

Proteger a los niños migrantes con soluciones duraderas


“Proteger” a los niños migrantes, “integrarlos y proponer soluciones duraderas” este es el objetivo señalado por el Papa. Lo indicó el subsecretario del dicasterio para el Servicio del desarrollo integral, el padre Fabio Baggio. C.S., en su intervención en la octava edición de la ‘escuela de verano’ sobre la Movilidad humana que llevó por título: Niños y adolescentes en los procesos migratorios”. El evento se realizó del 17 al 20 de julio pasado en Italia, en la localidad de Montepaone Lido.
Los trabajos de la ‘escuela de verano’ fueron organizados por la Universidad católica del Sagrado Corazón, en colaboración con el Instituto internacional escalabriniano para las migraciones, la Fundación Migrantes, la Fundación Ismu, y la agencia escalabriniana para la cooperación y el desarrollo.
Las jornadas que profundizaron el problema de los menores involucrados en los fenómenos migratorios, se inspiró al mensaje del papa Francisco para la Jornada mundial del migrante y refugiado 2017: “Migrantes menores, vulnerables y sin voz”.
El padre Baggio evocó la exhortación del papa que invita a “ocuparse de los niños” migrantes, “que son indefensos porque menores, extranjeros e indefensos”. El secretario del dicasterio insistió que “el Santo Padre insiste sobre el deber de resolver y regularizar la posición de los migrantes menores, en el pleno respeto de su dignidad”.
Señaló que “encontrar soluciones duraderas” a este problema “significa sobre todo empeñarse en eliminar las causas de las migraciones forzadas de tantos niños: las guerras, las violaciones de los derechos humanos, la corrupción, la pobreza, los desequilibrios y los desastres ambientales”.
(ZENIT – Roma, 22 Jul. 2017)

El trigo y la cizaña


Nos situamos hoy ante un relato que pretende seguir profundizando en cómo es el Reino de los Cielos. De nuevo, Jesús utiliza las parábolas con un lenguaje sencillo y comprensible por la gente, especialmente por quienes conocen el mundo agrario. El trigo y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura corresponden a realidades de la vida cotidiana. A través de la función de estos elementos en su contexto natural –el campo– el Señor quiere hacernos ver el modo en el que Dios Padre actúa en nuestra vida.
La paciencia
La controversia que aparece en la narración de Jesús sobre el trigo y la cizaña gira en torno a si es conveniente arrancar esta última cuanto antes. El desenlace del relato hace ver que es preferible que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta que llegue el momento de la siega. Solo en ese momento serán separados.
Desde un punto de vista meramente racionalista y calculador no parece tener mucho sentido la espera, pues cuanto antes hagamos desaparecer las malas hierbas, mejor será para el campo y para el trigo. Además, siendo Dios omnipotente, no habría ningún obstáculo para que desde el primer momento impidiera al maligno sembrar la cizaña. Sin embargo, la primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, señala que si Dios no interviene no es por carencia de poder: «Tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia […] pues concedes el arrepentimiento a los pecadores». Si alguna característica del obrar de Dios destaca aquí es su infinita paciencia con el hombre. Aunque la parábola hable del campo y de la hierba, la realidad que hay detrás es el actuar de Dios en relación con el hombre, así como la posibilidad de cambio del hombre. El Señor desea ante todo que cambiemos y nos convirtamos. Y ello no sería posible si la siega se realizara antes de tiempo.
La otra cara de la moneda es que hemos de ser pacientes también nosotros. Naturalmente, quisiéramos ver solucionados todos nuestros problemas de un plumazo, los que nos afectan directamente y aquellos que escapan de nuestro alcance inmediato. Nos enerva, a menudo, ver cómo al mal arraiga en el mundo y parece que poco podemos hacer. Tampoco comprendemos, a veces, por qué Dios no interviene de modo excepcional en cada momento. Entendemos que el Señor permita que seamos libres, que podamos elegir entre el bien y el mal. Sin embargo, cuando somos testigos del mal propagándose por el mundo, no entendemos por qué Dios no interviene fulminantemente.
El grano de mostaza y la levadura
Las otras dos parábolas del pasaje que la liturgia nos presenta este domingo amplían nuestro conocimiento sobre el Reino de Dios y sirven para iluminar el sentido de la primera. La parábola del grano de mostaza quiere ser una muestra de que el Reino de Dios no se impone de una manera deslumbrante, sino que nace como algo pequeño y escondido. Nos enseña que Dios actúa de modo casi invisible, pero real. Con el tiempo va saliendo a la luz la gran obra que el Señor hace en nuestra vida. Parecido es el sentido de la levadura: no se ve, pero está presente y hace germinar la masa.
En resumidas cuentas, mediante las parábolas del Reino de Dios, Jesús nos anima a centrar nuestra mirada en la acción de Dios de un modo paciente y con esperanza. Dios es quien marca los tiempos y quien ya ha puesto su germen en nosotros. De no poner obstáculos, su Evangelio puede hacerse realidad en nuestra vida.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid

23 de julio: santa Brígida de Suecia, fundadora y Patrona de Europa


La santa sueca; una mujer cuya vida está inmersa en lo sobrenatural, acompañada de todo tipo de visiones, profecías, revelaciones. Como si se pudiera decir que es el juego de Dios, o quizá la paradoja de lo divino, para enseñar dónde se encuentra la verdad. Viene bien, sobre todo, para los que han mirado en los últimos tiempos a Suecia como prototipo de país culto y adelantado, por los que no ven más allá de sus narices llamando el progreso a lo que solo lo es parcial.
Aunque en la actualidad sea Suecia uno de los países europeos de más acusada carencia católica, llevaba ya seis siglos de cultura cristiano-romana sobre sus espaldas cuando entró en ella el protestantismo. O sea, que no siempre fue así. Los países escandinavos cuentan con un gran plantel de santos entre los que sobresalen los reyes mártires, patronos muy venerados a lo largo de la Edad Media, de los tres países nórdicos: Dinamarca, cuenta con san Canuto, Noruega tiene a san Olav y Suecia venera a san Eric.
Brígida nació probablemente en el 1030, en Finsta. Su padre era un senador del reino, se llamaba Birger Peterson, y era gobernador de Upland; hombre rico, piadoso y casado con Ingeborg Bengtsdotter, que murió al poco de nacer Brígida, por lo que tuvo que educarla una tía suya, que a su vez estaba casada con el gobernador de Östergötland.
Siguiendo la costumbre de la época, Brígida se casó a los catorce años con Ulf Gudmarson, senador y gobernador de la región de Närke, con quien tuvo ocho hijos en sus treinta años de matrimonio. Facilitó a su esposo el gobierno recto y justo del territorio, y se entregó sin reserva a la educación personal de los hijos. No todos le salieron buenos; pero Catalina estará siempre unida a ella y será la continuadora de la obra de su madre. Brígida fue llamada a la corte cuando la nombraron dama de honor de la reina Blanca, la esposa de Magnus Eriksson. Como era frecuente en su época, peregrinó con su esposo a Santiago de Compostela en un viaje de dos años y que le facilitó conocer in situ los dos males de la sociedad de su tiempo con desastrosas consecuencias: la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, y el destierro de los papas en Avignon. A la vuelta, su marido entró en el monasterio cisterciense de Alvastra, donde enfermó y murió en febrero de 1344. Con ello empezaba una nueva época para Brígida, plena de intervenciones sobrenaturales, visiones –de Cristo, de la Virgen y del demonio–, revelaciones, profecías, terribles tentaciones contra todas las virtudes, discernimiento de espíritus, que le llevaron a una dinámica acción con papas, reyes, príncipes, nobles, obispos y clero para intentar poner algo de orden en el estado deplorable que padecía la Cristiandad.
En 1345 fundó un monasterio en Vadstena y escribió su Regla. Sería la Ordo Sanctissimi Salvatoris: Orden contemplativa para alabar al Señor y a su Madre, y reparar por los pecados con la contemplación frecuente de la Pasión. El hábito tendría manto gris. Cada monasterio se compone de 85 miembros repartidos entre 60 monjas, 13 presbíteros, 2 diáconos, 2 subdiáconos y 8 legos; todo un simbolismo medieval que representaba a los 72 discípulos del Señor, más los 12 Apóstoles con san Pablo.
Para conseguir la aprobación de la Regla y ganar el Jubileo del Año Santo 1350 se puso en camino hacia Roma en el año 1349. Por revelación tenía orden de evitar Avignon y de permanecer en Roma hasta la llegada del papa. Fueron veinte años de espera paciente acompañada de su hija Catalina, de dos obispos suecos y del eremita Alfonso de Vadaterra que recopilaría su obra como obispo de Jaén. En Roma trabajaron con sus manos para vivir y hacer limosnas; ejercían la caridad, visitaban las piedras santas, instruían a los pobres y extranjeros. Brígida, enamorada de la humanidad de Cristo y, por tanto, de la Eucaristía, practicaba el ayuno con grandes penitencias corporales, siempre durmió en el suelo. Su estilo chocaba fuertemente con el espíritu mundano de la Roma del siglo XIV, que la llamó «bruja escandalosa» por sus continuas llamadas a la rectitud moral. Cuando vino el papa Urbano V, aprobó la Orden pero no le hizo caso en lo de residir en Roma, regresando de nuevo a Avignon… y murió como le había avisado.
Muere en Roma, el 23 de julio de 1373, al regreso de la peregrinación que hizo con Catalina a Tierra Santa, donde tuvo más revelaciones sobre la vida no-narrada –conocidas por Revelaciones y por Revelaciones Extravagantes– de Cristo, que luego inspiraron las obras de muchos artistas.
Su entierro en San Lorenzo in Panisperma fue temporal. Catalina y su hermano Birger Ulfsson trasladaron sus restos a Suecia; pero hasta que lo depositaron en el monasterio de Vadstena el 4 de julio de 1374, pasaron atravesando Europa –incluidas Viena y Czestochowa–, predicando una misión itinerante mientras daban a conocer las revelaciones de Brígida, ratificada con los milagros que Dios iba haciendo y que fueron solo un anticipo de los que luego se realizarían junto al sepulcro de Brígida.
Otro dato curioso por infrecuente fue su «triple canonización». Me explico. Catalina se fue a Roma en 1375 a gestionar la canonización de su madre, pero murió sin conseguirlo. La canonizó el papa Bonifacio IX en el 1401; ratificó la canonización el antipapa Juan XXIII, en 1415, en el Concilio de Constanza; legitimó la canonización Martín V, ya Sumo Pontífice de toda la Cristiandad. Fue una de las mínimas consecuencias de tener varios papas por estar la Iglesia dividida por el cisma.
Por si quedaran dudas al lector hispano de lo que supuso la figura y escritos de santa Brígida para el último largo siglo de la Edad Media, conviene reseñar que el sapientísimo Juan de Torquemada defendió sus Revelaciones tan discutidas y combatidas, dándolas por buenas.
En la inauguración de las sesiones del Sínodo de obispos del 1999, cuando se prepara la Iglesia para el comienzo del tercer milenio, el Sumo Pontífice la declaró Patrona de Europa, junto a Catalina de Siena y Edith Stein, queriendo colocar tres figuras femeninas junto a los patronos Benito, Cirilo y Metodio para subrayar el papel que las mujeres han tenido y tienen en la historia eclesial y civil del continente.
Archimadrid.org

Comentario del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-30


“El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo”. Estas palabras del Señor hacen del mundo y de la historia un lugar hermoso. Dios no deja de bendecirnos, de cuidarnos, de exhortarnos. Siembra incesantemente. Aunque muchas personas desesperen contemplando el mal en el mundo, en realidad se siembra mucho más bien, aunque su acción no sea tan evidente. En la primera lectura leemos: “diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento”. También en el salmo exclamamos: “Tú, Señor, eres bueno y clemente”.
Cristo ha vencido al maligno, le ha sometido instaurando el reino de los cielos, donde sólo Uno puede reinar. Algún día lo veremos con evidencia total en el cielo nuevo y la tierra nueva. Mientras tanto, nos toca esperar. O mejor dicho, vivir de la gran virtud teologal de la esperanza. No esperamos la victoria de Cristo, pues ha vencido ya por su muerte y resurrección; esperamos que esa victoria se manifieste en su plenitud y esplendor.
La virtud propia del sembrador es la esperanza. La hierba no crece rápido, y mucho menos los árboles. En el episodio de Astérix “La residencia de los dioses”, el druida Panorámix inventa unas semillas de crecimiento instantáneo para evitar que los romanos, talando árboles, construyan sus edificaciones. En ese cuento, basta plantar la semilla mágica para que crezca un árbol completo en décimas de segundo, para regocijo de Idéfix. Fuera de los cuentos, el crecimiento vegetal requiere de mucho tiempo.
También el enemigo sabe luchar a largo plazo, aunque no tiene tanta paciencia como el Señor. La cizaña estropea la calidad de la buena semilla y pone en peligro la cosecha de trigo. No pertenece a la cosecha buena, pero la afecta completamente, pues crecen juntas. Así es el pecado: no pertenece a la naturaleza humana —imagen y semejanza de Dios—, pero la afecta completamente.
En la vida real, nos encontramos muchas veces con situaciones similares: un campo en que junto al buen trigo, encontramos cizaña. Por ejemplo, en muchas situaciones familiares o de amistad, cuando hay problemas y pretendemos solucionarlos, corremos el riesgo de arrancar no sólo la cizaña (la envidia, el orgullo, la codicia), sino también la buena voluntad o la rectitud de intención salvable en las personas. Cuántas veces pensamos en “decirle a fulano esto y esto”, “cantarle las cuarenta” o “ponerle en su sitio”. No todo es cizaña, no todo es perverso: con una frecuencia mucho mayor de lo que pensamos, siempre hay algo que salvar. El Señor nos enseña a tener paciencia para salvar lo salvable, fomentarlo y afianzarlo. Quizá acompaña siempre la cizaña, pero al final, todo se cortará y se pondrá en su justo lugar.
La impaciencia, cuando se trata de avanzar en el bien, no es cosa buena. Tampoco en la vida interior, donde el campo del buen trigo tiene la cizaña del pecado. No podemos bastarnos a nosotros mismos, sino que con humildad, tenemos que reconocer que es Otro quien nos salva, cortando y separando lo bueno de lo malo. San Pablo lo dice con gran ternura: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene”.
Hoy es un buen día para pedir dos cosas. En primer lugar, esperanza en la victoria definitiva del bien. La segunda, saber distinguir siempre bien el trigo y la cizaña. Esto último es también don del Paráclito: ilumina los corazones y las mentes para movernos hacia la santidad, abandonando el pecado y la muerte. Sin duda, una de las mayores victorias del enemigo es el relativismo moral que impide distinguir el bien del mal, haciendo que muchos coetáneos nuestros anden como vagabundos por la vida, desorientados, faltos de una luz que guíe su existencia.
Señor, ¡no dejes de sembrar el buen trigo en nuestros corazones! ¡Ilumina nuestras vidas, multiplica los dones de tu gracia, para que encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveremos fielmente en el cumplimiento de tu ley!
Archidiócesis de Madrid

La importancia de lo pequeño




Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran una Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.
Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre -el reino de Dios- sembrando pequeñas «semillas» de Evangelio e introduciéndolo en la sociedad como pequeño «fermento» de una vida humana.
La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.
La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso ni espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores parece insignificante: los centros de poder lo ignoran.
Incluso los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.
La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla por completo.
Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.
Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.
Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna.
José Antonio Pagola

SOLO DIOS ES DIOS


MANDAMIENTO PRINCIPAL
El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Dt 6, 4-5).

PRINCIPIO DE SABIDURÍA
“No hay más Dios que tú, que cuidas de todo, para demostrar que no juzgas injustamente” (Sb 12, 13).

ORACIÓN DEL SALMISTA
“Grande eres tú y haces maravillas, tú eres el único Dios” (Sal 85).

APOTEGMA EVANGÉLICO
“Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga” (Mt 13, 43).

TEXTO PATRÍSTICO
“Enmudezcan, pues, aquí las deudas contraídas por la humana naturaleza, pues ya perecieron en Adán, y reine por siempre esta gracia de Dios, que ya reina por medio de Jesucristo, Señor nuestro, único Hijo de Dios y único Señor” (San Agustín).

TEXTO MÍSTICO
“Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta” (Santa Teresa).

CONFESIÓN
“Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso…”

CONSIDERACIÓN
Los que han creído en Dios nos manifiestan la mayor sabiduría, la de cruzar esta vida con la mayor libertad interior, por no perecer en ningún deísmo, no permanecer sujeto a ninguna idolatría esclavizante. Ellos nos enseñan a buscar enteramente a Dios (San Benito); a invocarlo como a único Señor: “Dios, Dios; Dios, mi todo (San Francisco de Asís); a poner en Él toda la esperanza: “Solo Dios, solo Dios” (San Rafael Arnáiz).


La fe en Dios es liberadora, consuela el alma, acompaña el corazón, y permite retornar siempre a los brazos entrañables de quien aguarda siempre a que lo amemos por Él mismo con el corazón unificado, haciendo de su voluntad nuestro camino, y compartiendo los dones que de Él hemos recibido.
Ángel Moreno de Buenafuente

Dejadlos crecer juntos hasta la siega




Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:
"Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?"
Él les dijo:
"Un enemigo lo ha hecho".
Los criados le preguntaron:
"¿Quieres que vayamos a arrancarla?"
Pero él les respondió:
"No, que, al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
Palabra del Señor.