domingo, 11 de octubre de 2015

Sólo recibiendo con humilde gratitud el amor del Señor nos liberamos de las seducciones de los ídolos y la ceguera, dijo el Papa en el Ángelus

«¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El Evangelio de hoy, tomado del capítulo 10 de Marcos, se articula en tres escenas, marcadas por tres miradas de Jesús.
La primera escena presenta el encuentro entre el Maestro y un tal, que - según el pasaje paralelo de Mateo – es identificado como ‘joven’. El encuentro de Jesús con un joven. Él corre hacia Jesús, se arrodilla y lo llama «Maestro bueno». Luego le pregunta: «¿Qué debo hacer para heredar la Vida eterna?» (v. 17). Es decir, la felicidad.  “Vida eterna” no es solo la vida del más allá, sino que es ésta: la vida plena, cumplida, sin límites. ¿Qué debemos hacer para alcanzarla? La respuesta de Jesús resume los mandamientos que se refieren al amor al prójimo. En este contexto, ese joven no tiene nada que reprocharse; pero evidentemente la observancia de los preceptos no le basta, no satisface su deseo de plenitud. Y Jesús intuye este deseo que el joven lleva en su corazón; por lo que su respuesta se traduce en una mirada intensa llena de ternura y de cariño, así dice el Evangelio: «Jesús lo miró con amor» (v.21). Se dio cuenta de que era un buen joven… Pero Jesús comprende también cuál es el punto débil de su interlocutor y le hace una propuesta concreta: dar todos sus bienes a los pobres y seguirlo. Pero ese joven tiene el corazón dividido entre dos patrones: Dios y el dinero, y se va triste. Esto demuestra que no pueden convivir la fe y el apego a las riquezas. Así, al final, el impulso inicial del joven se apaga en la infelicidad de un seguimiento naufragado.
En la segunda escena, el evangelista enfoca los ojos de Jesús y esta vez se trata de una mirada pensativa, de advertencia: «Mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!» (v.23). Ante el estupor de los discípulos, que se preguntan: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?» (v. 26), Jesús responde con una mirada de aliento – es la tercera mirada – y dice: la salvación es sí «imposible para los hombres, ¡pero no para Dios!» (v.27). Si nos encomendamos al Señor, podemos superar todos los obstáculos que nos impiden seguirlo en el camino de la fe. Encomendarse al Señor. Él nos dará la fuerza, él nos dará la salvación, él nos acompaña en el camino.
Y así llegamos a la tercera escena, aquella de la solemne declaración de Jesús: Les aseguro que el que deja todo para seguirme tendrá la vida eterna en el futuro y el ciento por uno ya en el presente (cfr v 29 y v 30). Este “ciento por uno” está hecho de las cosas primero poseídas y luego dejadas, pero que se reencuentran multiplicadas al infinito. Nos privamos de los bienes y recibimos en cambio el gozo del verdadero bien; nos liberamos de la esclavitud de las cosas y ganamos la libertad del servicio por amor; renunciamos a poseer y logramos la alegría del don. Lo que Jesús decía: «Hay más alegría en dar que en recibir».
El joven no se ha dejado conquistar por la mirada de Jesús y así no ha podido cambiar. Solo acogiendo con humilde gratitud el amor del Señor nos liberamos de la seducción de los ídolos y de la ceguera de nuestras ilusiones. El dinero, el placer, el éxito deslumbran, pero luego desilusionan: prometen vida, pero causan muerte. El Señor nos pide el desapego de estas falsas riquezas para entrar en la vida verdadera, la vida plena, auténtica, luminosa.
Y yo les pregunto a ustedes, jóvenes, chicos y chicas, que están en la plaza: ¿han percibido la mirada de Jesús sobre ustedes? ¿Qué le quieren responder? ¿Prefieren dejar esta plaza con la alegría que nos da Jesús o con la tristeza en el corazón que la mundanidad nos ofrece?
Que la Virgen María nos ayude a abrir nuestro corazón al amor de Jesús, a la mirada de Jesús, el único que puede apagar nuestra sed de felicidad».
(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)

Monseñor Agrelo: "Las fronteras matan, aunque a veces finjamos ignorarlo".Tacha de hipócritas a los Gobiernos que "reciben a Cristo en la catedral y ponen cuchilas"

El arzobispo de Tánger (Marruecos), el español Santiago Agrelo (A Coruña, 1942), ha reivindicado la dignidad de las personas pobres, el papel social de la Iglesia ante la actual crisis de refugiados y ha advertido que "las fronteras matan, aunque a veces finjamos ignorarlo".
El clérigo franciscano, que ha visitado Barcelona esta semana para inaugurar el curso 2015-2016 del Centro de Estudios Cristianismo y Justicia, ha denunciado en una entrevista con Efe la "paradoja" que supone el hecho de que "los creadores de los problemas en Oriente Medio y en África" seamos "nosotros mismos", en referencia a los países occidentales.
Por eso, Agrelo, que entró en el noviciado de los franciscanos con tan sólo 11 años, ha acusado de hipocresía a los estados europeos, "que reciben a Cristo en la catedral y luego ponen cuchillas en la frontera".
El prelado, que estudió Filosofía, Humanidades y Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y Liturgia en Roma, ha defendido que "no somos ni debemos ser los encargados de exportar la democracia" porque eso sólo "desestabiliza naciones", y ha reprochado que "se vaya salvando el mundo llenándolo de víctimas".
Como arzobispo de Tánger, cargo en el que fue nombrado en 2007, ha descrito elcontinente africano como un lugar donde las naciones occidentales "explotan los recursos en su favor" con el objetivo de llevar "una vida de señores" que, asegura, "es lo que los africanos nos envidian, y por eso vienen para aquí".
Concretamente, y en relación con su experiencia en Marruecos, monseñor Agrelo ha explicado que cuando bendice a los emigrantes que emprenderán el viaje hacia Europa siente que, más bien, les está "dando la extremaunción".
Agrelo se ha mostrado muy crítico con los gobiernos europeos que presumen de tener buenas políticas de inmigración: "me duele, me molesta y me indigna la impermeabilización de las fronteras", porque "detrás hay mujeres, hombres y niños que quedan mutilados, muertos, y sin derecho a buscar un futuro mejor".
"Las fronteras siempre me han parecido vejatorias", ha remarcado. "No creo que haya nadie con capacidad moral de prohibir el paso al pobre", ha opinado Agrelo, que ha equiparado las políticas de inmigración europeas con "muros que sólo obligarán al pobre a arriesgar la vida en su camino".
Según el arzobispo, que ha trabajado en barrios marginales de Roma, acompañando a presos y colaborando con las religiosas oblatas en proyectos de apoyo a mujeres prostitutas o dirigiendo un albergue para personas sin techo, "aunque la Iglesia no tenga capacidad de decisión política", necesariamente "debe estar donde están los pobres, porque no tiene otros destinatarios".
Agrelo ha apelado a periodistas y medios de comunicación, y ha exigido responsabilidad y "rigor en el lenguaje", ya que "los términos 'irregular' o 'sin papeles' los hemos inventado nosotros", y ha reprochado que, de forma interesada, se llame 'refugiados' a los emigrantes.
En relación con las recientes declaraciones del papa Francisco sobre la crisis migratoria, Agrelo se ha mostrado muy cercano a la línea del Pontífice, que recuerda la necesidad de mantener un "compromiso permanente" para con los emigrantes, y no sólo una disponibilidad fruto de una circunstancia temporal, como puede ser una crisis.

En cuanto al Sínodo de obispos sobre la familia en el que el papa Francisco quiere flexibilizar la postura de la Iglesia sobre los divorciados y separados, Agrelo ha dicho que, a pesar de que el modelo del matrimonio para la Iglesia "es claro", también ésta debe "reconocer el derecho a tropezar" y valora muy positivamente este "ejercicio de libertad de reflexión" dentro de la Iglesia, aunque ha augurado que va a "traer tensiones". (RD/Agencias)

Una cosa nos falta

¿Quién no desea acertar en la vida? Es una pregunta que se plantea no solo en el momento de escoger una carrera o elegir un trabajo; es, sobre todo, la cuestión esencial al optar por la forma de vida que identifique la propia historia,  A veces se hace por haber caminado de manera errada y en otros casos por tentación, cuando se pasa alguna dificultad o crisis.
Se acercó un joven al Señor: -«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» (Mc 10, 18) Es la pregunta existencial más importante Quizá no es la preocupación más habitual entre nosotros, por estar inmersos en los afanes de este mundo, pero en definitiva debería ser lo que más nos importara.
Suelo afirmar, cuando acompaño a alguien en algún discernimiento, que la opción de vida no es un proyecto, sino una obediencia. El camino que debemos recorrer no debería responder a nuestra imaginación o deseos, sino a la llamada recibida, a la voluntad de Dios. De aquí lo importante que es conocer la vocación personal contrastándola con la Palabra de Dios, los signos y acontecimientos, la mediación objetivadora, con la ayuda de la oración y la súplica al Espíritu Santo.
Para conocer el querer de Dios para cada uno, la lectura de hoy nos aconseja recurrir a la oración: “Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría” (Sb 7,7). El salmista incide en lo mismo, y en la misma clave pide el don de la sensatez: “Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato” (Sal 89).

Tengo la seguridad de que Dios no oculta su voluntad al que quiere llamar para sí. “Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas” (Hbr 4, 13). Y no puede permitir que estemos vocacionados para algo que Él desee de nosotros, y no lo descubramos.
Puede suceder, que no obstante que seamos consciente de la llamada y nos dé pereza seguirla, o estemos afectados por otras realidades y tengamos miedo a la radicalidad. Jesús respondió a los discípulos: -«Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más-casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones- y en la edad futura, vida eterna.» (Mc 10, 18.29-30).
La razón de seguir la llamada no debiera ser la especulación del ciento por uno. Jesús, sin embargo, conoce nuestra naturaleza, y sabe lo que nos cuesta fiarnos de lo que no vemos. Pero es seguro que quien se fía de Él no quedará defraudado, no solo por heredar la vida eterna, sino en este mundo.

Atrévete a seguir a Jesús en aquello que creas es de su agrado, aunque te cueste.
Ámgel Moreno de Buenafuente

Una cosa nos falta

Evangelio del joven rico
El episodio está narrado con intensidad especial. Jesús se pone en camino hacia Jerusalén, pero antes de que se aleje de aquel lugar, llega «corriendo» un desconocido que «cae de rodillas» ante él para retenerlo. Necesita urgentemente a Jesús.
No es un enfermo que pide curación. No es un leproso que, desde el suelo, implora compasión. Su petición es de otro orden. Lo que él busca en aquel maestro bueno es luz para orientar su vida: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?». No es una cuestión teórica, sino existencial. No habla en general; quiere saber qué ha de hacer él personalmente.
Antes que nada, Jesús le recuerda que «no hay nadie bueno más que Dios». Antes de plantearnos qué hay que «hacer», hemos de saber que vivimos ante un Dios Bueno como nadie: en su bondad insondable hemos de apoyar nuestra vida. Luego, le recuerda «los mandamientos» de ese Dios Bueno. Según la tradición bíblica, ese es el camino para la vida eterna.
La respuesta del hombre es admirable. Todo eso lo ha cumplido desde pequeño, pero siente dentro de sí una aspiración más honda. Está buscando algo más. «Jesús se le queda mirando con cariño». Su mirada está ya expresando la relación personal e intensa que quiere establecer con él.
Jesús entiende muy bien su insatisfacción: «una cosa te falta». Siguiendo esa lógica de «hacer» lo mandado para «poseer» la vida eterna, aunque viva de manera intachable, no quedará plenamente satisfecho. En el ser humano hay una aspiración más profunda.
Por eso, Jesús le invita a orientar su vida desde una lógica nueva. Lo primero es no vivir agarrado a sus posesiones: «vende lo que tienes». Lo segundo, ayudar a los pobres:«dales tu dinero». Por último, «ven y sígueme». Los dos podrán recorrer juntos el camino hacia el reino de Dios.
El hombre se levanta y se aleja de Jesús. Olvida su mirada cariñosa y se va triste. Sabe que nunca podrá conocer la alegría y la libertad de quienes siguen a Jesús. Marcos nos explica que «era muy rico».

¿No es esta nuestra experiencia de cristianos satisfechos de los países ricos?
¿No vivimos atrapados por el bienestar material?
¿No le falta a nuestra religión el amor práctico a los pobres?
¿No nos falta la alegría y libertad de los seguidores de Jesús?
José Antonio Pagola

DESCIENDA SOBRE NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR

 Del Salmo 89:

 Sácianos de tu misericordia, Señor.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando?
Ten compasión de tus siervos.


Sácianos de tu misericordia, Señor.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Dános alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.


Sácianos de tu misericordia, Señor.

Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor;
que el Señor, nuestro Dios, haga prosperar la obra de nuestras manos.


Sácianos de tu misericordia, Señor.

VEN Y SÍGUEME



Evangelio según San Marcos 10,17-30.

Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?". 

Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.
Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre".

El hombre le respondió: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud".

Jesús lo miró con amor y le dijo: "Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme".

Él, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: "¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!".

Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: "Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!. Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios".

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?".

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Él todo es posible".

Pedro le dijo: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido".

Jesús respondió: "Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia,
desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna".