sábado, 8 de octubre de 2016

Las monjas que dejaron el hábito para casarse: "Dios condena la hipocresía, no a los homosexuales"


 Federica e Isabel, las dos monjas franciscanas que dejaron los hábitos para casarse, cuentan la historia de su amor a un diario italiano. Se conocieron, trabajando en las misiones, en África y se enamoraron. Tras casarse, denuncian la hipocresía de muchos curas y monjas que, en todo el mundo, viven sus amores en la clnadestinidad. Mientras, el Sustituto de la Secretaría de Estado, dice que el Papa se entristeció al leer la noticia de las monjas.
"¡Cuánta tristeza en el rostro del papa cuando le he leído la noticia de las dos 'monjas' esposas!", afirmó hoy en un tuit el sustituto de la Secretaría de Estado de la Santa Sede,Angelo Becciu.
Federica e Isabel decidieron casarse, ateniéndose a la reciente ley que permite en Italia las uniones civiles entre personas del mismo sexo, aprobada el pasado mayo.Estas dos mujeres, una italiana y otra proveniente de Suramérica, tienen 44 y 40 años y se casaron el pasado 28 de septiembre en el municipio piamontés de Pinerolo, informan medios locales.
El diario "La Repubblica" publicó este viernes una entrevista a la pareja en la que señalan que su amor surgió durante una misión en Guinea Bissau, "trabajando codo con codo a favor de los pobres" como llevan haciendo desde que se hicieran monjas con veinte años.
Las dos aseguraron que han rechazado "un consejo que se escucha a menudo en los conventos, el de vivir juntas como hermanas: 'basta que no digáis nada y no provoquéis escándalo'", si bien consideraron este modo de actuar como "una vía cómoda y falsa".
"Hay muchos casos como estos: sacerdotes y religiosas que viven clandestinamente sus relaciones con hombres y mujeres. Pero en el Evangelio, Jesús condena la hipocresía, no a los homosexuales. Y por eso hemos decidido dejar la vida religiosa y emprender un camino de libertad, fe y serenidad, sin escándalo", recordaron.
Afirmaron también que la suya ha sido "una elección difícil pero no infeliz", aunque confesaron cierto temor ante la vida fuera de los muros del convento.
"Dejar el hábito religioso significa hallarse de un día para otro en la condición de quien no sabe cómo juntar comida y cena, encontrar un trabajo, sin ayudas ni pensiones. Quien sale del convento, en vez de ser ayudado a reinsertarse en la sociedad, es abandonado", dijeron a ese medio.
En la entrevista, las religiosas aluden a la respuesta que el papa Francisco suele dar cuando se le pregunta por el tema de los homosexuales: "¿Quién soy yo para juzgar?".
"El papa ha dicho '¿quién soy yo para juzgar? Nadie debería juzgar. Esa frase nos ha abierto el corazón", señalaron las exreligiosas, que han invitado a los que se encuentren en su misma situación dentro de la Iglesia a "no tener miedo".
El diario turinés "La Stampa" informó por su parte de que su "unión civil" fue presidida por el alcalde de Pinerolo y que acto seguido tuvo lugar una "función religiosa" organizada por Franco Barbero, expulsado del sacerdocio en 2003 por Juan Pablo II por bendecir a parejas homosexuales.




“La íntima relación entre la Palabra de Dios y la alegría se manifiesta claramente en la Madre de Dios. Recordemos las palabras de santa Isabel: «Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho e
l Señor se cumplirá» (Lc 1,45). 

María es dichosa porque tiene fe, porque ha creído, y en esta fe ha acogido en el propio seno al Verbo de Dios para entregarlo al mundo. La alegría que recibe de la Palabra se puede extender ahora a todos los que, en la fe, se dejan transformar por la Palabra de Dios. 

El Evangelio de Lucas nos presenta en dos textos este misterio de escucha y de gozo. Jesús dice: «Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra» (8,21). Y, ante la exclamación de una mujer que entre la muchedumbre quiere exaltar el vientre que lo ha llevado y los pechos que lo han criado, Jesús muestra el secreto de la verdadera alegría: «Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen». 

Jesús muestra la verdadera grandeza de María, abriendo así también para todos nosotros la posibilidad de esa bienaventuranza que nace de la Palabra acogida y puesta en práctica. Por eso, recuerdo a todos los cristianos que nuestra relación personal y comunitaria con Dios depende del aumento de nuestra familiaridad con la Palabra divina. (...) 

Así pues, que cada jornada nuestra esté marcada por el encuentro renovado con Cristo, Verbo del Padre hecho carne. Él está en el principio y en el fin, y «todo se mantiene en él» (Col 1,17).

Hagamos silencio para escuchar la Palabra de Dios y meditarla, para que ella, por la acción eficaz del Espíritu Santo, siga morando, viviendo y hablándonos a lo largo de todos los días de nuestra vida”.

(Benedicto XVI, Exhortación Apostólica “Verbum Domini”, n. 124)

DICHOSOS LOS QUE ESCUCHAN LA PALABRA DE DIOS Y LA CUMPLEN





Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,27-28):

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»

Pero Él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen.»

Palabra del Señor