lunes, 31 de julio de 2017

El Papa retoma sus audiencias públicas en el Aula Pablo VI

 Finaliza el mes de julio, históricamente inhábil en la Ciudad del Vaticano. Como viene siendo costumbre, el Papa Francisco ha disminuido su ritmo público de trabajo, pero no ha tomado vacaciones. Este miércoles, regresan las audiencias públicas, pero el "ferragosto" romano obliga a que éstas se celebren en el Aula Pablo VI.
Francisco no ha ido a Castel Gandolfo (nunca lo hará), y Benedicto se desplazará a la residencia veraniega de los papas en las próximas horas. Frente a lo que parecería, estos meses no son de vacaciones, aunque sí de algo de descanso.
El Papa suspende sus audiencias públicas -no las privadas, pues sigue recibiendo a sus colaboradores y tiene encuentros personales- y continúa trabajando, con tres prioridades clave: la reforma de la Curia -la salida de Müller y la "excedencia" de Pell son una oportunidad para ello-, los próximos viajes -en septiembre, Colombia; en noviembre, Bangladesh y Birmania; y en enero, Perú y Chile-; y la conclusión de varios textos, alguno de los cuales podría concluir en una encíclica que varias fuentes apuntan podría girar en torno al drama de los perseguidos y olvidados, los "descartados" del mundo de hoy.
Con todo, este miércoles regresan las audiencias públicas. No serán en la plaza de San Pedro, por el intenso calor romano. La sequía, que ha llevado a apagar las fuentes del Vaticano, tampoco ayuda. Al menos las audiencias del 2 y del 9 de agosto serán en el Aula Pablo VI, a pocos metros de la residencia pontificia de Santa Marta.
Mientras aprovecha el descanso romano conocido tradicionalmente como "Ferragosto" para avanzar con la preparación de los discursos que dará en su visita a Colombia entre el 6 y el 11 de septiembre, Francisco ya tiene confirmado que no hará la audiencia del miércoles 16.
Un día antes, rezará el Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico para conmemorar la fiesta de la Asunción de María.
En caso de que las temperaturas alivien para la segunda mitad del mes, las fuentes consultadas por Télam aseguraron que las audiencias generales de los miércoles 23 y 30 podrían hacerse nuevamente en la Plaza San Pedro, donde la capacidad es casi 10 veces mayor que la del Aula Pablo VI.
 Jesús Bastante

"El mayor obstáculo para la conversión que quiere el Papa es la actitud de parte del clero"

"El mayor obstáculo para la conversión que el Papa Francisco quiere para la Iglesia es, en cierta medida, la actitud de buena parte del clero". El profesor Giulio Cirignano ha escrito un artículo en L'Osservatore Romano en el que denuncia las actitudes de "cerrazón y hostilidad" de algunos sacerdotes ante las reformas que impulsa Bergoglio.
El artículo, titulado "Costumbre no es fidelidad", constata cómo "gran parte de los fieles ha entendido el momento favorable, el kairos que el Señor está dando a su comunidad", mientras que algunos "pastores poco iluminados se mantienen dentro de un horizonte viejo, el horizonte de las prácticas habituales, el lenguaje anticuado, el pensamiento repetitivo y sin vida".
En el artículo Cirignano compara a los sacerdotes con los discípulos dormidos en el Huerto de los Olivos. Un "hecho desconcertante" que "debe ser examinado a fondo", y que se debe, entre otras razones, a "el modesto nivel cultural de parte del clero". "En muchos sacerdotes, por desgracia, la cultura teológica es pobre, y aún menor la preparación bíblica", sostiene el profesor quien no obstante advierte que "no se puede generalizar. Hay muchas excepciones".
En su opinión, las aulas de Teología se han de llenar de estudiantes que "no han abandonado el deseo de pensar" y de "ejercer un mínimo de sentido crítico". "Los años de preparación para el sacerdocio deben alimentar la conciencia acerca de la necesidad del ministerio como un trabajo de verdad", finaliza Cirignano, quien recuerda que, "al igual que todas las personas, incluso el cura trabaja para ganarse la vida".
 (Jesús Bastante)

31 de julio: san Ignacio de Loyola, fundador


El fundador de la Compañía de Jesús nació en la casa-castillo de Loyola (Azpeitia, Guipúzcoa), en 1491. Fue Íñigo el último hijo que hacía el número decimotercero de los hermanos. Otoño medieval con restos feudales, pero ya se vislumbraban ciertos rasgos de humanismo renacentista convertidos pronto en ansias de aventuras con los horizontes nuevos que abrió el descubrimiento del Nuevo Mundo. Vivió con los entresijos políticos de Carlos V y Felipe II; le tocaron profundamente los problemas de la Reforma y las fórmulas de Trento. Su casa y familia fue profundamente religiosa; allí gustó de las utopías caballerescas, plenas de imaginativa aventura, plasmadas en el anónimo Amadís de Gaula. Íñigo pasó a ser paje –desde poco antes de morir su padre– de Don Juan Velázquez de Cuéllar, caballero encargado de las finanzas del rey, amigo de la familia, y que podía ir educándolo en palacio hasta que se presentara la ocasión de poder entrarlo en la corte. Al tiempo que adquiría la mejor educación y porte en las nuevas circunstancias, le sirvió esta temporada para visitar y conocer todos los sitios por donde andaba el rey o los que mandaban: Arévalo en Ávila, Medina del Campo, Valladolid, Tordesillas, Segovia y Madrid.
Una bala de cañón lo hirió las piernas en la defensa del castillo de Pamplona, en el ataque francés del 20 de mayo de 1521, cuando la revuelta de las Comunidades. Su pesada y lenta convalecencia le llevó a leer –por no haber de caballería– libros como Vidas de los santos y Vida de Cristo. Con ellos empezaron las contradictorias luchas interiores entre desolaciones y consuelos, basculando entre el deseo de imitar sus hazañas y la consideración de lo que necesitaba quedarse atrás.
En 1522 montó un viaje a Jerusalén pensado como peregrinación. Comenzó en Montserrat donde cambió de indumentaria, hizo confesión general y se consagró a la Virgen. En los alrededores de Manresa (en la provincia de Barcelona) estuvo un año dedicado a la oración, a la penitencia, al apostolado y a la visita a los enfermos en los hospitales. En la cueva tomó apuntes de su trayectoria espiritual que, con retoques posteriores, será el esbozo de los Ejercicios Espirituales. Luego sigue su proyectado viaje –siempre mendigando– de Barcelona a Roma, de Venecia a Chipre, Palestina y los Santos Lugares.
A la vuelta consideró que eran necesarios los estudios. Se le ve en las universidades de Alcalá y Salamanca. En 1528, está en la de París consiguiendo grados académicos; pero, más que eso, encontró a Fabro, Javier, Laínez y Salmerón, Rodríguez y Bobadilla que serán, además de los primeros discípulos en los que ha prendido el hambre de almas, los pilares de su futuro quehacer apostólico. Todos hicieron voto de apostolado en pobreza y castidad y se marcharon a Roma a ponerse a total disposición del Papa.
En 1537, tuvo Iñigo –en Storta– una experiencia mística de donde salió con la convicción de fundar una compañía de apóstoles que debía llevar el nombre de Jesús. La Compañía de Jesús había nacido. En Roma se ordenó sacerdote (1538). Pablo III aprueba en 1540 aquel nuevo estilo de monacato innovador por la bula Mare magnum, la declarada exenta de jurisdicción episcopal y de tributación. Un año después, Loyola fue elegido primer general de la orden. Y mientras sus hijos se esparcen por Europa en cumplimiento de distintas misiones pontificias, e inundándolo de colegios, Ignacio –que así se llama ahora– se queda en Roma escribiendo cartas (cerca de 7000), predicando, dando ejercicios espirituales y visitando los hospitales. Preocupado por la formación del clero, fundó el Colegio Romano (1551) y el Colegio Germánico (1552). Comienza a mandar misioneros a tierras de infieles en India, Japón y Abisinia. Se quema activamente en contrarrestar la Reforma protestante y se ocupa del peligro que supone la media luna ante Carlos V y Felipe II.
El genio práctico y organizador, santo, político, soldado conquistador, romántico vehemente y enamorado místico se había puesto en juego, pleno de ideales humanos y sobrenaturales, para rendir en la pelea de conquista del Reino. Y lo hizo con una fuerza y empuje tal, que la Iglesia entera no pudo menos de mirar a Ignacio y a sus hijos como puntos de referencia de lo que había que hacer y en tanto tiempo no se había hecho: Predicación abundante y sólida, de la que no deja resquicios a la duda, la que llama al desorden pecado, a la obediencia virtud, al sacrificio medio y remedio, al misterio don, a la pobreza entrega, a la penitencia servicio, a Dios padre, a Jesús rey, a la Virgen madre, y al Espíritu necesidad para el camino; atendió y mandó atender mucho al confesonario; patrocinó el empleo de la imprenta, libros y libretos; pidió exigente piedad, ciencia profunda y hasta marcó un estilo jesuítico de arquitectura sacra nuevo.
Murió en Roma el 31 de julio de 1556 y fue canonizado por el papa Gregorio XV en 1622.
Con él había nacido el inmenso personaje de la historia humana, uno de los hacedores del mundo moderno, símbolo de una Iglesia que no se resigna a unos andares cansinos, pasivos y lentos. Cierto que la Compañía de Jesús sería, como ella, alabada arriba en el candelero y pisada abajo en donde se ensucian los cuerpos.
Archimadrid.org

El grano de mostaza se hace un árbol hasta el punto de que los pájaros del cielo anidan en sus ramas

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 31-35
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola al gentío:
«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros a anidar en sus ramas».
Les dijo otra parábola:
«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta para que todo fermenta».
Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta:
«Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».
Palabra del Señor.

Un asombroso hallazgo: la casa de la Virgen en Éfeso

En 1891, la superiora de una comunidad en Esmirna, la actual Turquía, pidió a su capellán que comprobara en Éfeso las descripciones que había hecho la beata de Emmerick sin salir de Westfalia. Al poco tiempo, la improvisada expedición dio con la casa de la Virgen
No tiene sentido. Acompañar a alguien hasta las puertas de la muerte, que ese alguien te haga depositario de su última voluntad, y que la misma te entre por un oído y te salga por el otro, después de habértela jugado por permanecer a su lado. Eso es lo que no tiene sentido. Por tanto, es absurdo pensar que, tras aguantar hasta el final a los pies de la Cruz, Juan, el discípulo amado, hiciese oídos sordos a las palabras de Cristo referidas a la Virgen: «He aquí a tu Madre». Con lo que cabe concluir que es verdad, que desde aquel momento, Juan tomó consigo a María.
La pregunta es adónde exactamente se llevó el apóstol consigo a la Virgen y una posible pista la encontramos a pocas páginas del pasaje arriba relatado, en los Hechos de los Apóstoles. Allí se cuenta que, a la muerte de Cristo, se desató en Jerusalén una persecución contra los cristianos.
Fue también entonces que los apóstoles llevaron a término el mandato de su Maestro –«Id por todo el mundo y predicad el Evangelio»–, situando distintos autores y fuentes a Juan en Asia Menor, cuya capital era Éfeso. Fue precisamente en el concilio que tuvo lugar en Éfeso, en 431, donde se definió el dogma de la maternidad divina de María. Es mucho suponer que para tan alta ocasión la Iglesia eligiera Éfeso al azar, obviando la carga simbólica del lugar. De hecho, la iglesia donde se celebró el concilio fue la primera de la cristiandad puesta bajo la advocación de la Virgen.
Las visiones de Ana Catalina de Emmerick
Sin embargo, no fue aquella edificación, sino otra cercana, la que dicen que vio con sus propios ojos Ana Catalina de Emmerick, monja agustina del siglo XIX que en su vida salió de su patria chica, Westfalia, y quien nunca adquirió la instrucción suficiente para situar en el mapa la ciudad de Éfeso. ¿Cómo fue capaz entonces de describir con todo detalle unas ruinas a miles de millas de distancia? Porque las mismas se le representaron por medio de visiones.
Nada extraño, por otro lado, para alguien que, a lo largo de su vida, se vio bendecida con los más sobrenaturales dones; por ejemplo, el de reproducir en su cuerpo los estigmas de Cristo; o la cardiognosis o capacidad de leer los corazones de quienes la visitaban, aunque fuera la primera vez que los veía; o la inedia o facultad de alimentarse durante años solo con el pan de la Eucaristía y unos sorbos de agua; o… Cada cual es libre para creer lo anterior o no, pero ha de saberse que en vida de Emmerick tres instituciones tan dispares como la Iglesia católica, el invasor napoleónico y la autoridad imperial prusiana impulsaron sendas y exhaustivas investigaciones cuyo objeto era la monja, y que si bien cada una partía de una motivación y llegaba a unas conclusiones distintas, las tres coincidieron en descartar el fraude.
Cómo han llegado aquellas visiones hasta nuestros días, eso se debe a la pluma de Clemens Brentano, estrella de los salones literarios del Berlín de la época, y quien quedó subyugado por Emmerick tan pronto la conoció, erigiéndose, sin consultarlo con nadie, ni siquiera con ella, en su fedatario. El problema era que no se limitó a transcribir las visiones, muchas y muy distintas, sino que las enriqueció, en el sentido de que las dotó de un contexto, histórico y literario, nada extraño, por otra parte, en un investigador de su categoría. Que por esta razón la Iglesia dejara fuera las visiones del proceso de beatificación –porque Emmerick fue beatificada– no significa necesariamente que las tuviera por falsas, como enseguida se verá.
El hallazgo de la Casa de la Virgen
En 1891, una monja de muy determinada determinación, sor Marie de Mandat Grancey, superiora de una comunidad en Esmirna, la actual Turquía, pidió al padre Jung, su capellán, que comprobara in situ, en la no muy lejana Éfeso, si la descripción de la casa de la Virgen que Emmerick le había hecho supuestamente a Brentano se correspondía o no con el terreno. Al poco tiempo, con la bendición de sus superiores, la improvisada expedición de la que formaban parte el propio Jung, otro sacerdote y dos laicos, hallaba, y con la sola ayuda del texto de las visiones y una brújula, la casa de la Virgen.
Al hallazgo de las ruinas, siguió la sorpresa del obispo del lugar, quien ordenó una comisión interdisciplinaria, la cual concluyó con la constatación de la semejanza entre lo relatado en las visiones y lo encontrado, todo con el refrendo de la pequeña comunidad ortodoxa del lugar, que llevaba siglos peregrinando hasta allí el día de la Asunción. Con el tiempo y hasta hoy, millones de peregrinos de todo el mundo se les unirían, entre ellos, tres Papas de Roma: el beato Pablo VI en 1967, san Juan Pablo II en 1979 y Benedicto XVI en 2006.
Gonzalo Altozano
Éfeso

La alegría consoladora de Jesús cambia nuestra vida y nos abre a la acogida de los hermanos más débiles: el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El discurso parabólico de Jesús, que agrupa siete parábolas en el capítulo décimo tercero de Evangelio de Mateo, se concluye con las tres semejanzas de hoy: el tesoro escondido (v. 44), la perla preciosa (v. 45-46) y la red de pesca (v. 47-48). Me detengo en las primeras dos que subrayan la decisión de los protagonistas de vender toda cosa para obtener aquello que han descubierto. En el primer caso se trata de un campesino que casualmente se topa con un tesoro escondido en el campo donde está trabajando. No siendo el campo de su propiedad, debe comprarlo si quiere poseer del tesoro: entonces decide arriesgar todos sus haberes para no perder aquella ocasión de veras excepcional. En el segundo caso encontramos un mercader de perlas preciosas; él, como experto conocedor, ha descubierto una perla de gran valor. También él decide apuntar todo en aquella perla, al punto de vender todas las otras.
Estas semejanzas ponen en evidencia dos características concernientes la posesión de Reino de Dios: la búsqueda y el sacrificio. El Reino de Dios es ofrecido a todos, pero no está puesto a disposición en una bandeja de plata, necesita un dinamismo: se trata de buscar, caminar, ocuparse. La actitud de la búsqueda es la condición esencial para encontrar; es necesario que el corazón arda del deseo de alcanzar el bien precioso, es decir, el Reino de Dios que se hace presente en la persona de Jesús. Es Él el tesoro escondido, es Él la perla de gran valor. Él es el descubrimiento fundamental, que puede dar un viraje decisivo a nuestra vida, llenándola de significado.
De frente al descubrimiento inesperado, tanto el campesino come el mercader se dan cuenta que tienen delante una ocasión única que no deben dejarse escapar, por lo tanto, venden todo aquello que poseen. La valuación del valor inestimable del tesoro, lleva a una decisión que implica también sacrificio, separaciones y renuncias. Cuando el tesoro y la perla han sido descubiertos, es decir, cuando hemos encontramos al Señor, es necesario no dejar estéril este descubrimiento, sino sacrificarle cualquier otra cosa. No se trata de despreciar el resto sino de subordinarlo a Jesús, poniéndolo a Él en el primer lugar. La gracia en primer lugar. El discípulo de Cristo no es uno que se ha privado de algo esencial, es uno que ha encontrado mucho más: ha encontrado la alegría plena que sólo el Señor puede donar. Es la alegría evangélica de los enfermos curados, de los pecadores perdonados, del ladrón a quien se le abre la puerta del paraíso.
La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de aquellos que se encuentran con Jesús. Aquellos que se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría (cfr. Evangelii Gaudium, n. 1). Hoy somos exhortados a contemplar la alegría del campesino y del mercader de las parábolas. Es la alegría de cada uno de nosotros cuando descubrimos la cercanía y la presencia consoladora de Jesús en nuestra vida. Una presencia que transforma el corazón y nos abre a las necesidades y a la acogida de los hermanos, especialmente de aquellos más débiles.
Recemos por la intercesión de la Virgen María, para que cada uno de nosotros sepa dar testimonio, con las palabras y los gestos cotidianos, de la alegría de haber encontrado el tesoro del Reino de Dios, es decir, el amor que el Padre nos ha donado mediante Jesús.
(Traducción de María Cecilia Mutual – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

El Papa en el día Mundial contra la Trata: “Con empeño erradiquemos esta plaga de esclavitud moderna”

 “Cada año, miles de hombres, mujeres y niños son víctimas inocentes de la explotación laboral, sexual y del tráfico de órganos. Deseo renovar mi llamamiento al empeño de todos, con el fin de que esta “plaga aberrante, forma de esclavitud moderna, sea aplacada adecuadamente”, lo dijo el Papa Francisco el domingo 30 de julio, tras rezar la oración mariana del Ángelus en el Día Mundial contra la Trata de Personas.
El Santo Padre ha condenado públicamente y en numerosas ocasiones la trata de seres humanos, un fenómeno que considera un auténtico crimen contra la humanidad. En esta ocasión, reiteró su apelo a no permanecer indiferentes frente a la realidad de la trata. "Parece que nos hemos acostumbrado a considerarla como una cosa normal. Esto es feo, es cruel, es criminal”, explicó el Obispo de Roma ante miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, a quienes invitó a rezar a la Virgen María "para que sostenga a las víctimas y convierta los corazones de los traficantes”.
El Día Mundial contra la trata fue instaurado por Naciones Unidas desde el año 2013, con el fin de crear una conciencia social a nivel global sobre esta actividad delictiva, que acaba con la dignidad del ser humano
Según los últimos datos publicados por la Organización Internacional del Trabajo, se calcula que aproximadamente 21 millones de personas en el mundo son víctimas de la trata, en sus diversas modalidades de explotación existentes. Esta dura realidad repercute de manera directa o indirecta a todos los países, ya sea como país de origen, tránsito o destino de las víctimas.

domingo, 30 de julio de 2017

¿Cadáveres que contradicen a Dios? Matanza o revolución pacífica de Israel en Palestina




El periódico El País de ha publicado un interesante trabajo de N. Domínguez titulado: Los cadáveres que contradicen a Dios con su ADN (con el subítulo: El análisis genético demuestra que la civilización que inventó uno de los primeros alfabetos no fue exterminada como se pensaba. (En el fondo estaría el hecho de que la Biblia no tenía razón al decir que los judíos mataron a todos los cananeos, como deberían haber hecho según la Biblia y ... no sé si eso sería una buena o mala noticia).
https://elpais.com/.../26/ciencia/1501071277_630340.html...

El trabajo científico donde se fundamenta Domínguez ha sido escrito por M. Haber y otros, Continuity and Admixture in the Last Five Millennia of Levantine History from Ancient Canaanite and Present-Day Lebanese Genome Sequences (Continuidad y mezclas en las secuencias de genoma a lo largo de cinco milenios de la historia del Levante, desde los antiguos cananeos hasta los libaneses de la actualidad), publicado en The American Journal of Human Genetics (2017), 
http://dx.doi.org/10.1016/j.ajhg.2017.06.013 (cf. también http://www.cell.com/ajhg/pdf/S0002-9297(17)30276-8.pdf).
Agradezco la refeencia a A. Furlani. Él me ha indicado la distinción entre el trabajo original de M. Haber (preciso, substancial) y la aplicación de N. Domínguez, con su atrevida "inferencia" sobre los cadáveres y Dios.
El argumento de este último trabajo (cuya lectura recomiendo, a pesar de todo, a mis amigos) se resume en tres ideas, que pueden resumirse así:
a) El análisis del ADN de una serie de restos humanos de Sidón(actual Fenicia), enterrados hace unos 3600 años (hacia el 1600 a.C.), muestra que ellos son de antepasados genéticos de los actuales fenicios (libaneses)
b) Las leyes del “herrem” de la Biblia piden a los invasores israelitas de los años 1300/1200 a.C. que maten a todos los cananeos, entre los cuales se encontraban los fenicios, cosa que los israelitas habrían cumplido a rajatabla.

c) Eso significa que los israelitas no cumplieron las leyes de la Biblia… y que lo que dice la Biblia es mentira (pues ella afirma que los mataron)

El trabajo de Domíngues resulta (¿voluntariamente?) ambiguo (sensacionalista), pero me ofrece la ocasión para presentar tres objeciones de base y para desarrollar luego el apasionante problema del exterminio o no exterminio de los “cananeos” (¡palestinos!) del tiempo de la primera entrada de los israelitas en la tierra de Canaán/Palestina (un tema que sigue siendo esencial para la misma existencia y política actual de Israel en Palestina/Canaán).
A) La Biblia no manda aniquilar en ningún lugar a los cananeos sidonios (fenicios), sino (al menos en un plano) a los de la tierra de Canaán. De los fenicios, y en especial de los sidonios (y de los tirios) hablan con admiración muchos textos históricos y proféticos de la Biblia.
B) Cuando la biblia dice que los cananeos de la tierra estricta de Canaán (Palestina, el Israel actual) han de ser "aniquilados" (según la ley del herrem, que seguiré estudiando) lo dice en un contexto teológico-simbólico que debe precisarse bien. No se puede entender ese mandato de un modo puramente “físico” (se trata más bien de superar una cultura que iba en contra del ideal de la alianza de Israel). Por otra parte, la misma Biblia sabe que los israelitas no cumplieron de un modo físico ese mandato (formulado, por otra parte, en un momento posterior a los hechos).
C) La historia real de la conquista de Canaán por los hebreos/israelitas (fundada en un estudio crítico de la Biblia) muestra que ni Dios mandó matar físicamente a los cananeos... y que hecho la mayoría de los cananeos se fusionaron con los hebreos (que son cananeos que entraron en la alianza de Israel)

¡ Mira que tesoro tan grande!. Según Tu Palabra

Obispos de Venezuela reiteran rechazo a Asamblea Constituyente de Nicolás Maduro

La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), reiteró su rechazo a la Asamblea Nacional Constituyente promovida por el Presidente Nicolás Maduro, y cuya elección de miembros se realizará este 30 de julio.
«Faltando pocas horas para las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente, la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana reitera su rechazo a esa iniciativa, por considerarla inconstitucional, pero además, innecesaria, inconveniente y dañina para el pueblo venezolano», expresaron los obispos en un comunicado emitido este 27 de julio.
Los prelados venezolanos recordaron que la iniciativa de Maduro «no ha sido convocada por el pueblo, tiene bases comiciales inaceptables, y en ella estarán representados sólo los partidarios del oficialismo».
Por ello «será un instrumento parcializado y sesgado que no resolverá, sino agravará los agudos problemas del alto costo de la vida, la escasez de alimentos y medicamentos que sufre el pueblo, y ahondará y empeorará la profunda crisis política que padecemos actualmente», advirtieron.
Maduro anunció su intención de convocar a una Asamblea Constituyente el 1 de mayo con el fin de reformar la Carta Magna promulgada por Hugo Chávez en 1999.
La convocatoria se dio casi un mes después de las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). La primera eliminaba la inmunidad parlamentaria y otorgó facultades especiales al Presidente Nicolás Maduro. En la segunda, la Corte anunció que asumiría todas las funciones de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora desde enero de 2016.
Esto provocó protestas masivas a nivel nacional. Aunque a los días el tribunal retrocedió y anuló ambos fallos, las manifestaciones no se han detenido desde entonces. Sin el embargo, el número de muertos producto de la violencia y represión de los efectivos del gobierno ha superado el centenar.
El pasado 16 de julio la oposición realizó una consulta popular sobre la Constituyente. Aunque la consulta no fue reconocida por el Consejo Nacional Electoral (CNE) -organismo controlado por el régimen-, tuvo el apoyo de rectores universitarios que actuaron como garantes y participaron más de 7 millones de votantes. En un comunicado publicado días antes, los obispos indicaron que esta consulta gozaba «de toda legitimidad».
En su comunicado de este viernes, la CEV dijo que el país vive «horas difíciles cargadas de incertidumbres y contradicciones» con «enfrentamientos de creciente intensidad», donde «efectivos militares y policiales, y grupos civiles armados afectos al gobierno, obran coordinadamente atropellando al pueblo que manifiesta su descontento y su rechazo a la Asamblea Constituyente».
«Una vez más alzamos nuestras voces contra la violencia, venga de donde venga. Es preciso que si se da ese proceso, que no apoyamos, se desarrolle sin violencia. La violencia no puede ser nunca la forma de solucionar los conflictos sociales que se agravan día a día en nuestra sociedad venezolana. La represión desmedida con saldo de heridos, muertos y detenidos genera mayor violencia», expresó el Episcopado.
Los obispos recordaron que «Dios no hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes», por ello recordaron a las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB), «que su primera obligación es con el pueblo y está llamada constitucionalmente a defender la vida de todos los ciudadanos, sin distingos de ninguna clase ni parcializaciones políticas».
«Que en estos momentos de tensión no sea la irracionalidad y la fuerza bruta la que pretenda solucionar el reclamo de buena parte de la sociedad», exhortaron.
«El papel primario de la FANB es mantener la paz y el orden para que la racionalidad y el actuar de las partes en conflicto tienda puentes que superen el caos en el que estamos sumidos. No aumentemos más el sufrimiento y la angustia de tanta gente que quiere vivir en paz, que se escuche y respete su voz de protesta y se encuentren caminos de entendimiento y bien para todos. Como nos dice el Papa Francisco ‘el conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada’», recordó la CEV.
Los obispos dijeron que «desde el fondo de nuestro corazón y como expresión de fraternidad surgen dos expresiones muy humanas y cristianas: un ‘no matarás’ física o moralmente en forma de violencia y represión que generan muertos, heridos y encarcelados; y un ‘cultiva la vida’ en medio del pueblo por la solidaridad que comparte el pan, el medicamento, la vida en común, la verdad que enaltece, el bien que nos hace mejores, la fe que siembra esperanza».
«Que el Señor y la Virgen de Coromoto bendigan a Venezuela y que los venezolanos podamos resolver nuestros conflictos de manera pacífica. Amén», culminó el comunicado de la CEV.
ACI/Eduardo Berdejo

29 de julio: santa Marta, hospedera


Figura evangélica bien conocedora del Maestro y metida en las intimidades de Jesús. Todas las ocasiones en que aparece en la literatura evangélica son anteriores a la pasión; pero los datos evangélicos son más que suficientes para pergeñar una buena hagiografía.
Es la hermana mayor de la familia de hermanos de Betania, villorrio cercano a Jerusalén, como a unos tres kilómetros. El que fuera la mayor, lo puede sugerir su mismo nombre que quiere decir señora, bien acorde con el oficio de llevar la casa, que desempeñó con tanto esmero siendo ama concienzuda y hacendosa.
Los tres fueron amigos de Jesús; buenos amigos. Se mostraron hospitalarios hasta la saciedad. En Betania encontraba el Maestro un agujero bastante adecuado para romper etapas y reponer fuerzas. Allí, en aquella casa, se producía el intercambio de bienes; Jesús dejaba su doctrina y premiaba con su presencia y compañía; Marta, María y Lázaro daban hospitalidad, comida y techo a Jesús y al nutrido grupo que le acompañaba; pero quienes salían ganando eran los hermanos.
Es una familia conocida, con buenas amistades. Se sabe por las alusiones evangélicas sobre la afluencia de judíos que se han acercado a acompañar a los hermanos cuando Lázaro murió. Y también se adivina el mismo trasiego de gente que, animada por la curiosidad de ver a un muerto resucitado, va visitando Betania, cuando las voces corrieron por la cercana Jerusalén, hasta el punto de que se llegaran a preocupar los principales y decidiesen la próxima muerte de Jesús y, si fuera necesario, para acallar los comentarios, también la de Lázaro.
Marta es la mujer activa –eterna trabajadora– que siempre quiso hacer agradable la estancia a Jesús. No para en el trajín de limpiar, ordenar, estar atenta para que no falte nada y de preparar mesa ante la llegada de Jesús y sus compañeros que cuadruplican las tareas habituales de una casa proyectada para tres. Y por si fuera poco atender al menaje y al fogón, siente la urgencia de hacerlo pronto, porque bien sabía ella el hambre que arrastraban aquellos hombres que vivían solo de las limosnas que les daban.
Es la mujer de la confianza.
No es apocada, ni se deja arrastrar por una falsa educación, ni por una errónea cortesía con mezcla de temor; tiene confianza para mandar recado cuando la enfermedad entra en Lázaro; tiene confianza para quejarse con lamento lacrimoso al llegar Jesús y encontrarlo ya enterrado de cuatro días. No era un pasar receta por los favores que ella hizo; es solo manifestación de la pena que arruga el estómago por la pérdida del hermano muerto, dicha con sinceridad –a corazón abierto– a Jesús, que bien sabía ella que podía haber evitado el desenlace de haber estado presente en aquel momento crucial. Tan afectada está, que Jesús mismo se conmueve hasta las lágrimas; pero, mira, gracias a ella tenemos una declaración de Jesús sobre su propia divinidad –«Yo soy la Resurrección»– y sobre la importancia de la fe.
Tiene igualmente la confianza limpia de dirigir a Jesús una queja sin trabas para que le indique a María que le ayude, porque su hermana se dedica a disfrutar de su presencia y de su palabra, olvidándose de las labores de la casa. Es la última vez que la literatura neo-testamentaria habla aún de Marta. Fue antes de la pasión, justo seis días antes de la Pascua, después de resucitado Lázaro que fue tiempo atrás un muerto apestoso y ahora goza de la vida a plenitud. Allá fueron Jesús y sus discípulos y se les trató con toda la delicadeza posible, hasta llegar a derramar aquel precioso ungüento de nardo sobre Jesús que suscitó el triste y manido comentario de Judas acerca del valor del valioso perfume caro derramado sin que aprovechase a los pobres, anticipo de todos los judas posteriores tan preocupados de quitar al Amor lo que se le debe con la excusa de amoríos al hombre.
Esta fue la ocasión pintiparada para que los comentaristas se hayan estrujado los sesos y decidieran –sin contestación posible– acerca de la excelencia de la vida religiosa sobre la activa. «Marta, te preocupas por muchas cosas; una sola es la importante. María ha escogido la mejor parte y no se la quitarán».
Jesús mismo resolvió lo que a quienes venimos después de Marta nos hace tanta falta: aprender que, cuando hay que elegir entre lo útil y lo necesario, lo mejor es lo necesario; o que lo importante está antes que lo urgente; que no es cuestión de palabras solo, sino más.
Sí, fue un dulce reproche para Marta después de haberse tomado tanto trabajo por Él. En fin, a lo mejor Marta estaba muy lejos de considerarse pospuesta; quizá entendió muy bien que ella solo hacía una cosa práctica, mientras que la decisión de María era el abandono sublime de todo por lo que tiene prioridad absoluta; y hasta puede ser que se quedara satisfecha al saber que Jesús entendía en su medida exacta lo mucho de su amor sacrificado cada vez que entraba un bocado en su boca. Al fin y al cabo, la santidad no depende del estado en que uno se encuentre, sino del amor que cada persona meta en cualquier estado en que Dios la haya puesto.
Marta –patrona de hospederos, amas de casa, administradoras, limpiadoras, cocineras, hoteleros, planchadoras, lavanderas, tejedoras y decoradoras– desaparece de la historia neo-testamentaria en esta página evangélica. Lo demás son probabilidades y fábula. Los franceses la vieron junto con María y Lázaro, hecho todo un obispo predicador del Evangelio, por Marsella. Los italianos, con el permiso de Paulo III, levantaron templo en el siglo XVI en honor de Marta por el impulso de san Ignacio. Pero lo más probable es que la tumba paleocristiana del siglo I encontrada con los nombres tallados en piedra de Marta y María, en la ladera noroccidental del Monte Olivette, en el lugar llamado Dominus flevit, sea significativo. Solo falta por determinar lo imposible: que las dos personas llamadas así coincidan con las dos hermanas de Lázaro. Aunque muy probable, no se da seguridad.
Archimadrid.org

Es el Reino de los cielos


En junio hemos recibido a grupos de jóvenes, adolescentes y niños. Los primeros venían a un campo de trabajo: han ayudado a la comunidad a mejorar su hábitat y la comunidad los ha ayudado a reflexionar sobre su propia vida desde la fe. Los adolescentes han venido a un campamento, y en él han tenido de todo: la fe ha ido iluminando los juegos, las actividades, los encuentros… Los terceros, los niños, han venido a vivir en medio de la naturaleza la alegría de ser cristianos. Todos estos grupos los llamamos Civitas Dei (Ciudad de Dios), la ciudad que está construida con el amor de Dios como centro, un amor que no pasa, que lo llena todo de vida y que nos transforma y nos hace otro Jesús en la tierra. El tema es el Amor que une lo que no puede unir otra cosa en este mundo. Y así ha sucedido.
Los jóvenes del campo de trabajo más o menos se conocían y procedían todos de un tipo de vida concreto: eran estudiantes, chicos formados, pertenecientes a grupos parroquiales o movimientos…; los segundos eran de muy diversas procedencias y los más pequeños, pocos y muy acompañados por las religiosas, tenían historias familiares muy diferentes. De estos os quiero hablar.
Los niños, de hasta 11 años, traían en sus mochilas de campamento padres separados, abandonos, acogidas en casas o familias tutelares… venían junto a niños de padres unidos, creyentes, cuidados y educados en el amor de un padre y una madre. Al final se despedían con inmenso cariño, con deseos de volverse a ver, con el lazo de una amistad, con la gracia de haberse sentido iguales, haciendo las mismas cosas, teniendo las mismas oportunidades. Lo siete días han estado sellados por una verdad: los que deciden amar como Jesús se hacen parientes, se parecen. El amor provoca esta metamorfosis en la que el fruto es la comunión, la cercanía, la amistad.
Los niños no tienen prejuicios, se dejan llevar por donde el Amor les lleva y aprenden con naturalidad. Será necesario empezar ahí, en ese punto de la vida en el que es posible llegar a tiempo y sembrar la semilla más fecunda.
Madre Prado González Heras
Priora del monasterio de la Conversión. Hermanas Agustinas

La decisión más importante


El evangelio recoge dos breves parábolas de Jesús con un mismo mensaje. En ambos relatos, el protagonista descubre un tesoro enormemente valioso o una perla de valor incalculable. Y los dos reaccionan del mismo modo: venden con alegría y decisión lo que tienen y se hacen con el tesoro o la perla. Según Jesús, así reaccionan los que descubren el reino de Dios.
Al parecer, Jesús teme que la gente le siga por intereses diversos, sin descubrir lo más atractivo e importante: ese proyecto apasionante del Padre que consiste en conducir a la humanidad hacia un mundo más justo, fraterno y dichoso, encaminándolo así hacia su salvación definitiva en Dios.
¿Qué podemos decir hoy después de veinte siglos de cristianismo? ¿Por qué tantos cristianos buenos viven encerrados en su práctica religiosa con la sensación de no haber descubierto en ella ningún «tesoro»? ¿Dónde está la raíz última de esa falta de entusiasmo y alegría en no pocos ámbitos de nuestra Iglesia, incapaz de atraer hacia el núcleo del Evangelio a tantos hombres y mujeres que se van alejando de ella, sin renunciar por eso a Dios ni a Jesús?
Después del Concilio, Pablo VI hizo esta afirmación rotunda: «Solo el reino de Dios es absoluto. Todo lo demás es relativo». Años más tarde, Juan Pablo II lo reafirmó diciendo: «La Iglesia no es ella su propio fin, pues está orientada al reino de Dios, del cual es germen, signo e instrumento». El papa Francisco nos viene repitiendo: «El proyecto de Jesús es instaurar el reino de Dios».
Si esta es la fe de la Iglesia, ¿por qué hay cristianos que ni siquiera han oído hablar de ese proyecto que Jesús llamaba «reino de Dios»? ¿Por qué no saben que la pasión que animó toda la vida de Jesús, la razón de ser y el objetivo de toda su actuación, fue anunciar y promover ese proyecto humanizador del Padre: buscar el reino de Dios y su justicia?
La Iglesia no puede renovarse desde su raíz si no descubre el «tesoro» del reino de Dios. No es lo mismo llamar a los cristianos a colaborar con Dios en su gran proyecto de hacer un mundo más humano que vivir distraídos en prácticas y costumbres que nos hacen olvidar el verdadero núcleo del Evangelio.
El papa Francisco nos está diciendo que «el reino de Dios nos reclama». Este grito nos llega desde el corazón mismo del Evangelio. Lo hemos de escuchar. Seguramente, la decisión más importante que hemos de tomar hoy en la Iglesia y en nuestras comunidades cristianas es la de recuperar el proyecto del reino de Dios con alegría y entusiasmo.

José Antonio Pagola

Vende todo lo que tiene y compra el campo


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 44-52
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Habéis entendido todo esto?»
Ellos le contestaron:
«Sí».
Él les dijo:
«Pues bien, un escriba que ese ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
Palabra del Señor.

viernes, 28 de julio de 2017

San Pedro Poveda Castroverde – 28 de julio



«En la vida de los santos, admíralo todo e imita de ellos lo que puedas»,aconsejó el mártir fundador de la Institución Teresiana. Cuando transmitió esta máxima en 1908, transitaba con firmeza por la vereda que le encumbraría a los altares, llevado de su pasión por Cristo, movido por ardiente caridad y la clarividencia que acompaña a los auténticos hijos de Dios.
Nació en Linares, Jaén, España, el 3 de diciembre de 1874 en una familia de siete hermanos, de los cuales fue el primogénito. No tuvo que dilucidar nada acerca de su quehacer porque tuvo clara su vocación sacerdotal. Inicialmente, ingresó en el seminario de Jaén, y luego se trasladó al de Guádix, Granada, donde fue ordenado sacerdote en 1897. Después se licenció en teología en Sevilla. En Guádix permaneció hasta 1905 y allí puso los pilares de lo que sería su preocupación fundamental: la enseñanza. Fue testigo de las graves deficiencias que presentaba una parte de la población, especialmente la residente en el barrio marginal de las cuevas de esta localidad granadina. Eran gentes que no recibían atenciones, faltas de educación y carentes de recursos económicos. Para asistirlas puso en marcha las Escuelas del Sagrado Corazón.
Su siguiente destino fue Covadonga, Asturias; iba como canónigo. En esta nueva etapa de su vida, que duró siete años, oró y estudió con ahínco mientras pervivía en su corazón la inquietud por la enseñanza. Prueba de ello fue la creación en 1911 de dos academias, la de Gijón dirigida a los varones y la de Oviedo a las mujeres; al año siguiente abrió otra en Linares. Con ellas se propuso dar lance a los problemas educativos que hubo en España en las primeras décadas del siglo XX. Su idea pedagógica partía con visión universal y tenía el sólido pilar del humanismo cristiano; todo un aldabonazo en la tarea educativa. Además, acertadamente sumó a este empeño el inmediato objetivo de formar al profesorado de Magisterio.
Vuelto a Jaén en 1913, compaginó su misión como canónigo de la catedral con otras responsabilidades. Fue profesor del Seminario, de las Escuelas Normales y del Instituto de Segunda Enseñanza. Entones conoció a María Josefa Segovia, una valiosa joven que apenas sobrepasaba la veintena, en cuyas manos puso la Academia de Magisterio fundada en la ciudad. También fue la primera en dirigir la Institución Teresiana. Porque otra de las características que resaltan en Pedro es la excepcional labor que realizó escalando peldaños en pro de la educación femenina. Propició la creación de las bases precisas para que las mujeres accedieran a la cultura a través de las academias sembradas en el país, y en 1914 impulsó en Madrid la primera residencia universitaria femenina española. Quería que los docentes implicados en esta tarea, tanto en el presente como en el futuro, supieran mostrar «con los hechos que la ciencia hermana bien con la santidad de vida». Toda su labor estuvo impregnada de la fe, de la oración. Era un hombre de ideas claras, con los pies en la tierra y el corazón en el cielo, un gran director y formador. Advertía: «No mires jamás el bien que hiciste en la vida pasada ni el mal que evitaste con el auxilio del Señor; pon la mira en el cielo, en lo mucho que te falta para conseguirlo. Familiarízate con la frase ¡adelante!, interpretando bien lo que por ella se significa».
En 1921 fue designado capellán real, lo cual le permitió desarrollar fecundos proyectos aprovechando el interesante campo de relaciones que se abrió ante él. Fomentó la colaboración con personalidades afines a su ideario, y de ese modo proporcionó nuevas alternativas a una sociedad que empezaba a impregnarse con los primeros atisbos de secularismo. Continuó impulsando la fundación, sin relegar otros proyectos educativos vinculados a organismos que respaldaban al profesorado católico. En esta etapa de su vida instituyó la Liga Femenina de Orientación y Cultura. También apuntaló su obra con la redacción de las líneas que debería seguir y las bases de la reforma educativa que había promovido. En 1924 la Institución recibió la aprobación pontificia como Pía Unión, y en 1928 comenzó a expandirse por el extranjero.
Fue un apóstol infatigable, dio pruebas de su humildad, paciencia y mansedumbre, y jalonó su vida con la oración y entrega constantes. Como dijo de sí mismo en 1920, su fe no fue «vacilante», sino «firme e inquebrantable», y así lo mostró nuevamente al final de su existencia. Había manifestado: «Creer bien y enmudecer no es posible», una convicción que rubricó con su sangre. El 27 de julio de 1936, en medio de la hecatombe de la guerra civil, fue detenido en su domicilio; acababa de oficiar la misa. Se identificó con valentía: «¡Soy sacerdote de Cristo!». Siempre movido por el vivo anhelo de cumplir la voluntad de Dios, se disponía a encontrarse con Él para siempre. «Sin cruz no tendrás llave para abrir las puertas del cielo», había dicho. Otro matiz de la que portaba él cabalgaba a lomos del odio y del resentimiento, aunque en su airado prójimo siguió reconociendo a Cristo; otro rasgo de su evangélico corazón: «Ve en el prójimo la imagen de Jesús, y así amarás aún a los mismos enemigos […]. Jamás des entrada al odio en tu corazón. Perdona generosamente…».
Pocos días antes de su captura escribió: «Nunca como ahora debemos estudiar la vida de los primeros cristianos para aprender de ellos a conducirnos en tiempo de persecución. ¡Cómo obedecían a la Iglesia, cómo confesaban a Jesucristo, cómo se preparaban para el martirio, cómo oraban por sus perseguidores, cómo perdonaban, cómo amaban, cómo bendecían al Señor, cómo alentaban a sus hermanos!». Apenas le dieron respiro. Fue ejecutado el 28 de julio, al día siguiente de su detención. Juan Pablo II lo beatificó el 10 de octubre de 1993, y lo canonizó el 4 de mayo de 2003.
ZENIT

La verdadera victoria es la fe


El pasado martes, algunos jóvenes cristianos iraquíes auparon sobre sus hombros al cardenal de Lyon, Philippe Barbarin, para que colocase una pequeña imagen de Nuestra Señora de Fourvière en un muro de la antigua catedral de Mosul
La ciudad había sido definitivamente liberada del Daesh hacía pocos días y la férrea seguridad en torno al gesto da idea de la precariedad que todavía domina la vida cotidiana. Pero el arzobispo de Lyon no ha querido esperar para cumplir la promesa realizada tres años atrás, cuando aseguró a los cristianos refugiados en Erbil que una vez liberada Mosul volvería trayendo la imagen de la patrona de la sede primada de las Galias.
La prontitud del cardenal francés para acudir no es una cuestión secundaria, porque hace saber y sentir a los cristianos de Iraq, en este momento trepidante en el que deciden la grave cuestión de la vuelta a sus tierras, que la Iglesia universal sufre y se alegra con ellos, y que no les deja solos. He contemplado las imágenes del cardenal recorriendo las calles de Qaraqosh y Mosul en medio de los aplausos y las lágrimas de los cristianos, muchos de ellos recién llegados. Antes de entrar en la iglesia de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, en Qaraqosh, para celebrar la eucaristía, Barbarin se ha postrado en tierra junto a los obispos iraquíes y juntos han besado el suelo que da acceso al templo, un gesto que evoca el dolor provocado por la destrucción (no solo material) que ha llevado a cabo el Daesh, con especial saña donde se encontraban los signos de la presencia cristiana.
Algunos han titulado hermosamente que “la Virgen vuelve a reinar en Mosul”. Dios lo quiera, aunque hay que entender bien ese reinado. Sin olvidar que de momento la ciudad es caótica e insegura, que muchos cristianos sienten miedo y comprensible incertidumbre, y que el panorama político-institucional es inquietante, con las maniobras de kurdos y chiíes para controlar el terreno y con las discordias que ya asoman entre algunos grupos cristianos sobre la mejor fórmula para asegurar su presencia en el futuro.
Las imágenes de estos días están llenas de esperanza y yo no puedo ni quiero sustraerme a la alegría, por ejemplo al contemplar repleta la nave de la iglesia de la Inmaculada en Qaraqosh, cuyos muros siguen ennegrecidos pero en los que vuelve a levantarse el Cuerpo del Señor. Estas imágenes nos hablan de una realidad que afecta a la Iglesia en todo tiempo y lugar. La Iglesia está siempre rompiéndose y reconstruyéndose, como dice Eliot en Los Coros de la Roca. Siempre está mordiendo el polvo y experimentando una regeneración que viene de lo Alto. Es importante observar esta dinámica de destrucción-reconstrucción que nuestros hermanos de Iraq contemplan ahora entre llantos y sonrisas, porque esta dinámica nos afecta a todos, a cada fiel cristiano y a cada una de sus comunidades.
En este sentido resulta irónica la polvareda que han levantado unas palabras escritas recientemente por el papa emérito Benedicto XVI, en las que subrayaba la certeza de que Dios nunca abandona a su Iglesia, ni siquiera cuando la barca parece a punto de naufragar. Algunos han querido ver una crítica a algunos aspectos del actual momento eclesial, demostrando una vez más que no alcanzan el vuelo alto de Benedicto. En realidad no faltan escenas (nunca faltarán) en las que se pone a prueba en dónde ponemos los cristianos nuestra esperanza, ya estemos en Iraq, en Nueva York o en Roma. La victoria militar sobre el Daesh es una magnífica noticia, pero es una victoria parcial, contingente, insuficiente, que no despeja numerosas incertidumbres. La verdadera victoria es la propia fe de los cristianos, mantenida viva en el exilio o de regreso a casa, con seguridad o con las balas silbando en torno a sus cabezas. Ahora la humilde talla de Nuestra Señora de Fourvière bendice desde su precario emplazamiento en una catedral con los muros desgarrados a los habitantes de Mosul, cristianos y musulmanes, para que la vida comience de nuevo. La única victoria decisiva es la fe, y por eso estamos en deuda con nuestros hermanos de Iraq.
José Luis Restán/Paginasdigital.es