martes, 29 de noviembre de 2011

ADVIENTO

La Iglesia, para comenzar el año litúrgico, celebra la llegada de Cristo con una gran fiesta a la cual llamamos Navidad. Esta fiesta es tan importante para los cristianos que la Iglesia, antes de celebrarla, prepara a sus hijos durante el período conocido como Adviento. Ya desde tiempos remotos la Iglesia acostumbra tener esta preparación.

La palabra Adviento, como se conoce este temporada, significa "llegada" y claramente indica el espíritu de vigilia y preparación que los cristianos deben vivir. Al igual que se prepara la casa para recibir a un invitado muy especial y celebrar su estancia con nosotros, durante los cuatro domingos que anteceden a la fiesta de Navidad, los cristianos preparan su alma para recibir a Cristo y celebrar con Él su presencia entre nosotros.

Pero nosotros, ¿verdaderamente estamos preparándonos para recibir al Señor?. ¿No estamos metidos en una espiral de la que es muy dificil salir? Comidas, hay que hacer una cena y una comida especial, pero, ¿es necesario perder tanto tiempo y tanto dinero?

Los regalos, un montón de regalos que hay que pensar y comprar, pero ¿no es el cumpleaños de Jesús?, ¿qué regalo le hacemos a Él?.
Hay familias que verdaderamnete celebran el Adviento y la Navidad de una forma cristiana. Pero otras no podemos o no sabemos.

Yo hoy te pido Jesús que me ayudes a preparar mi corazón para recibirte como te mereces y aunque el ambiente exterior no me ayude mucho, en Nochebuena tenga un ratito para darte la bienvenida y mi regalo es el único que se me ocurre ofrecerte intentar amarte cada vez más.
H. de Carmen.

NECESITAMOS TIEMPO PARA PENSAR

Escuchamos música, vemos películas, leemos libros, consultamos páginas de Internet. La cantidad de informaciones y de estímulos puede aturdir los corazones. Pero luego, ¿buscamos tiempo para pensar

Un modo de vivir desordenado nos ha llevado a suponer que no tenemos tiempo para la reflexión. En realidad, el tiempo no ha cambiado: la Tierra se mueve hoy como hace mil años (a no ser que los astrónomos tengan que precisar este dato). Lo que ha cambiado es nuestro modo de vivir o, mejor, nuestro modo de malvivir
Con menos prisas, con menos solicitaciones, con menos angustia por lo accesorio, seremos capaces de abrir espacios para pensar. No de un modo egoístico: un pensamiento encerrado en uno mismo resulta extremadamente pobre e inhumano. Sino de un modo abierto, solidario, disponible a la escucha de los “sabios” en humanidad, en alegría, en justicia, enexperiencias buenas, en ideas verdaderas.
Necesitamos rescatar tiempo para abordar temas esenciales: el origen de la vida, el horizonte que se abre tras la muerte, la dignidad de cada hombre o mujer: nacido o no nacido, rico o pobre, con títulos o sin ellos. Necesitamos invertir la mejor parte de las energías interiores en ese asunto que desde que el hombre es hombre ha preocupado a millones de habitantes de nuestro planeta: ¿qué lugar, qué papel desempeña Dios en el sucederse de los hechos y en las expectativas de los corazones
El día empieza. Lo susurra o lo grita un despertador inflexible, o un pájaro que picotea en la ventana. Mil “necesidades” intentarán ocupar nuestros minutos e inquietar el alma hasta impedir que la mirada atisbe lo esencial, lo importante, lo que nunca acaba.

Si ponemos orden en la agenda interna, si dejamos de ser esclavos de mensajes que nos aturden y oprimen, lograremos abrir espacios para lo que nunca pasa, para lo realmente importante, para lo que más necesitamos: el maravilloso e infinito Amor que viene de un Dios que nos conoce y nos espera en un Reino que dura eternamente.
P. Fernando Pascual

jueves, 24 de noviembre de 2011

LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

La Iglesia es "comunión de los santos": esta expresión designa primeramente las "cosas santas" (sancta), y ante todo la Eucaristía, "que significa y al mismo tiempo realiza la unidad de los creyentes, que forman un solo cuerpo en Cristo" (LG 3).

Este término designa también la comunión entre las "personas santas" (sancti) en Cristo que ha "muerto por todos", de modo que lo que cada uno hace o sufre en y por Cristo da fruto para todos.

"Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comunión está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen oídos atentos a nuestras oraciones" (Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 30).

«No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida» (Santo Domingo, moribundo, a sus frailes: Relatio iuridica 4; cf. Jordán de Sajonia, Vita 4, 69). 


Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra (Santa Teresa del Niño Jesús, verba).

Del Catecismo de la Iglesia Católica

SEÑOR DE LA JUSTA CERCANÍA.

Cualquier segundo es una puerta
para entrar a tiempo.
Todo centimetro es una tierra
que lleva tu huella.
Cada color y cada aroma
me hacen sentir tu fantasia
jugando hacia el infinito.
En cada mirada se asoma
la intimidad de tu misterio.
Todo golpe de azada
cae sobre la tierra
con certeza de cosecha.
Cada canto verdadero
trae hasta mi corazón
el rumor de la fiesta
que ya empezó eterna
al final de mi camino.

 
Señor, no puedes perderte en una clandestinidad absoluta:
yo me moriría en tu ausencia.
Ni puedes revelarte en toda tu grandeza :
yo quedaría absorbido
en el resplandor de tu gloria.


Tú eres el Señor de la justa cercania,
del sacramento necesario
que nos permite irnos haciendo , sin tanto frio y noche
que quede crudo nuestro barro ,
ni tanto sol y medio dia
que tu fuego nos calcine .
ISABEL
Del libro Salmos para " sentir y gustar internamente " .

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

Acordémonos de esta viuda que, preocupada por los pobres, se olvida de sí misma hasta el punto de dar todo lo que le quedaba para vivir, pensando sólo en la vida futura, tal como lo atestigua el mismo Señor. Los demás habían dado lo que les sobraba, pero ella, quizás más pobre que muchos pobres- puesto que toda su fortuna quedaba reducida a dos monedas-, en su corazón era más rica que todos los ricos.

Sólo dirigía su mirada hacia las riquezas de la recompensa eterna; deseosa de los tesores celestiales, renunció a todo lo que poseía como a bienes que proceden de la tierra y que a la tierra regresan. Dio lo que tenía para alcanzar lo que no veía. Dio bienes perecederos para obtener bienes inmortales.
Esta pobre mujer no se olvidó de los bienes previstos y dispuestos por el Señor para obtener la recompensa futura. Por eso, el Señor tampoco se olvidó de ella, y el juez de este mundo pronunció por adelantado su sentencia: elogia a aquella que coronará en el día del juicio.
San Paulino de Nola (sacado del Magnificat)

lunes, 21 de noviembre de 2011

NUESTRO ÚLTIMO EXAMEN

Entonces dirá el rey a los de su derecha:


"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."

Entonces los justos le contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte

Y el rey les dirá
"Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
Y entonces dirá a los de su izquierda
"Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.
Entonces también éstos contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?"
 él replicará
"Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."
Algunas personas hemos hecho muchos exámenes en nuestra vida, otros no tantos, pero esos exámenes no tenían tanta importancia como el examen que nos falta a todos los que todavía disfrutamos de vivir. Nos falta el único examen que importa de verdad, nos falta el último examen: NOS TENEMOS QUE EXAMINAR DEL AMOR.
Al final de nuestra vida, a todos, de todas la naciones, de todas culturas, de todas ideologías, nos van a preguntar si hemos amado a los demás, si hemos ayudado a los que nos necesitaban, si hemos consolado a los tristes y hemos visitado a los enfermos.
Si hemos visto a Cristo en los demás, sobre todo si lo hemos visto en los más necesitados, no solo de cosas materiales, sino también necesitados de amor y compañía.

Pidamos al Señor que nos ayude a librarnos de nuestro egoísmo y amemos a los demás como él nos ama.
JME

sábado, 19 de noviembre de 2011

EL PECADO

En algunos lugares es fácil encontrar a católicos que han perdido la idea del pecado. De ahí se deriva la desafección hacia el sacramento de la confesión y, en no pocos lugares, la costumbre de comulgar sin ninguna inquietud acerca de si uno posee o no posee las disposiciones suficientes para participar en la Mesa del Señor. Otros llevan la pérdida del sentido del pecado mucho más lejos: dejan de comulgar, se alejan poco a poco de una Iglesia que “no les sirve”, apagan en su interior todo anhelo detranscendencia al dejarse invadir por las preocupaciones del mundo.

A través de la catequesis de adultos, de lasdiversas actividades pastorales de la parroquia, de la predicación dominical, se hace urgente un esfuerzo por superar este tipo de interpretaciones equivocadas e insuficientes.
Para descubrir lo que es el pecado necesitamos reconocer que nuestra vida está íntimamente relacionada con Dios, que existimos como seres humanos desde un proyecto de amor maravilloso. Es entonces cuando nos damos cuenta de que Dios llama a cada uno de sus hijos a una vida feliz y plena en el servicio a los hermanos, y que nos pide, para ello, que vivamos los mandamientos.

Porque existe Dios, porque tiene un plan sobre nosotros, entonces sí que podemos comprender qué es el pecado, qué enorme tragedia se produce cada vez que optamos por seguir nuestros caprichos: nos apartamos del camino del amor.

Es triste haber cometido tantas faltas, haberle fallado a Dios, haber herido al prójimo. Es doloroso reconocer que hemos incumplido buenos propósitos, que hemos cedido a la sensualidad o a la soberbia, que hemos preferido el egoísmo a la justicia, que hemos buscado mil veces la propia satisfacción y no la sana alegría de quienes viven a nuestro lado. Pero la mirada puesta en Cristo, el descubrimiento de la Redención, debería sacarnos de nosotros mismos, debería llevarnos a la confianza: la misericordia es mucho más fuerte que el pecado, el perdón es la palabra decisiva de lahistoria humana, de mi vida concreta y llena de heridas.

Al mismo tiempo, si al mirar a Dios reconocemos que existe el pecado, también podemos descubrir que existe El misterio de la Cruz, de la misericordia, está presente en el sacramento de la Penitencia. Pero, de modo especial, en la Eucaristía. Allí no sólo recordamos, sino que participamos nuevamente en la entrega del Hijo al Padre, en la donación del Amor más grande, que por salvar al esclavo no dudó en entregar al Hijo, como recordamos en el solemne pregón que se canta en la Vigilia Pascual.
Con los ojos puestos en el Crucificado, que también es el Resucitado, podemos descubrir la maldad del pecado y la fuerza de la misericordia. Desde el abrazo profundo de Dios Padre nace en los corazones la fuerza queacerca al sacramento de la confesión, el arrepentimiento profundo que aparta del mal camino, la gratitud que lleva a amar mucho, porque mucho se nos ha perdonado (cf. Lc 7,37-50). Son verdades que los mismos sacerdotes necesitamos vivir en lo más profundo de nuestra alma, son verdades que necesitamos transmitir como una experiencia maravillosa a la que todos están invitados.l perdón, la misericordia,especialmente a la luz del misterio de Cristo.

P. Fernando Pascual

martes, 15 de noviembre de 2011

¡Señor, yo creo en ti, pero aumenta mi fe!

"Sucedió que, al acercarse él a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?» El dijo: «¡Señor, que vea!» Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado». Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios."


El ciego de Jeericó nos da una enseñanza clara, hay que tener mucha fe. Nosotros solemos pedir cosas al Señor, pero como no nos las concede o tarda más de lo que pensamos, nos desanimamos enseguida.

El ciego gritaba y gritaba, estaba seguro de que el Señor le iba a curar, ¿estamos nosotros tan seguros? ¿O necesitamos que Jesús nos aumente la fe?

A veces Dios puede tardar tanto en concedernos nuestras peticiones, quizás porque no nos conviene, que nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, como dice San Pablo. Y otras veces porque no lo pedimos con suficiente fe, nuestro Padre está esperando que acudamos a Él con amor y mucha fe.

"Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre".

También nos damos cuenta que el ciego después de curado sigue alabando a Dios, esto también debe se una gran enseñanza para nosotros.

¡Señor, yo creo en ti, pero aumenta mi fe!

MEMM

sábado, 12 de noviembre de 2011

LA CRUZ

No es posible prescindir de la cruz de la vida ; pero no nos engañemos en imaginar cruces raras ; la cruz toma la forma de mil circustancias diarias en nuestra vida .

El cumplimiento de nuestros múltipres deberes suele ser cruz que gravita sobre nuestros hombros ; la fiel ejecucion de nuestras obligaciones familiares ; profesionales o ciudadanas ; la práctica sincera del amor a todos , aun a los que no nos resultan simpáticos , la puesta al servicio de los demás aun a costa de nuestra propia incomodidad , para que los demás esten y se sientan cómodos ; la aceptación de las cosas molestas que nosotros no buscamos , pero que nos vinieron solas , sin saber de donde ni por que ; todo eso constituye frecuentemente una cruz pesada , o no , pero al fin una cruz .

Feliz aquel que sufre y sabe para qué sufre ; feliz quien sufre para que los otros sufran menos . La verdadera cruz cristiana tiene como trazo vertical la tensión hacia el cielo y como trazo horizontal el esfuerzo continuo por mejorar la tirra .

Triste es sufrir ; mucho maás triste es no saber sufrir ; el cristiano conoce que debe sufrir con Cristo y por aquellos que fueron redimidos por Cristo . Del libro los cinco minutos de DIOS .
 
ISABEL

miércoles, 9 de noviembre de 2011

EL NÚMERO 7 EN LA BIBLIA

El número 7 tiene el simbolismo más conocido de todos.


El numero 7, representa la Divinidad, lo completo y perfecto. Es el número que para los judíos les significaba lo sagrado de Dios.

Pedro pregunto ¿Hasta siete? Porque era el número de la perfección(Mat. 18:21).

Este número es el que describe el orden en la vida del hombre en todas sus acciones porque toma en cuenta a Dios. La creación fue terminada en Siete días. (Gen. 2:2)

El siete era usado para referirse al séptimo día conocido como el día de reposo (Exo. 20:8)

Siete días duraba la fiesta de la pascua (Exo. 12:15); Siete semanas era el periodo largo para las fiesta conocida como “la fiesta de las semanas” (Lev. 23:15)

La Palabra de Dios es descrita como plata refinada en horno de tierra, purificada por fuego “siete veces” (Salmos 12:6)

Muchos de los ritos para la purificación tenían que hacerse siete veces (Lev 14, 15, 25)

Naamán el sirio tenía que lavarse en el río Jordán siete veces para quedar libre de lepra. (2 Reyes 5:10)

Son siete las virtudes del Espíritu Santo que el profeta Isaías usa para referirse al Espíritu de Dios que iba a estar en Jesús. (Isa. 11:2-3)

Los judíos daban especial atención a las profecías de Daniel respecto a las “setenta semanas” (Dan. 9:24)

El apóstol Juan, escribió a siete iglesias en Asia (Apo. 1:12) Y en uno de sus mensajes, se refirió a Cristo como quien tiene en su mano las siete iglesias para dar confianza y animo a la iglesia misma en medio de gran tribulación. (Apo. 1:16)

En esta tribulación que la iglesia atravesaba en el primer siglo, son siete los ángeles que pronuncian juicio contra los enemigos de Cristo y de la iglesia por medio de siete trompetas (Apo. 8:2)

El Apocalipsis es el que más lo emplea: 54 veces para describir simbólicamente las realidades divinas: las 7 Iglesia del Asia, los 7 espíritus del trono de Dios, las 7 trompetas, los 7 candeleros, los 7 cuernos, etc.

La tradición cristiana continuó este simbolismo del 7, y por eso fijó en 7 los sacramentos, los dones del Espíritu Santo, las virtudes.

CRISTIANOS DEL SIGLO XXI

Ya los primeros cristianos vivían preocupados, mejor aún muy preocupados por la segunda venida al fin de los tiempos, pero San Pablo sale el encuentro de la dificultad, y los invitaba  con fuertes  palabras a dejar ya de ser los cristianos sumidos ciertamente en la esperanza pero al mismo tiempo en la inactividad: “A ustedes hermanos, ese día (el día de la aparición gloriosa de Cristo) no los tomará  por sorpresa, como unladrón, porque ustedes no viven en tinieblas, sino que son hijos de la luz y del día, no de la noche y de las tinieblas.

Hoy tendríamos queescuchar la voz del Papa Benedicto XVI en la convocación para el Año de la fe: “Habrá que intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo. Tendremos la oportunidad de confesar la fe en el Señor Resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo; en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre. En este Año, las comunidades religiosas, así como las parroquiales, y todas las realidades eclesiales antiguas y nuevas, encontrarán la manera de profesar públicamente el Credo”.

Esa es entonces la ilusión, que los cristianos de hoy,vivamos en profundidad  nuestra fe, pero no en la penumbra de nuestros templos sino iluminando este mundo en el que nos desarrollamos y en el que nos ha tocado vivir para que la luz de Cristo resplandezca verdaderamente haciéndolo brillar en su Resurrección, después de haber pasado nosotros mismos por el camino de la cruz, de la entrega y de la fidelidad.  Esto es precisamente  lo que Cristo nos anuncia con la parábola del amo que al irse de viaje a un país lejano, quiso dejar a sus tres servidores una fortuna para que la trabajaran hasta su regreso. Dos de ellos, según su capacidad, doblaron la cantidad, pero un tercero, temeroso, tímido quizá o a lo mejor hasta flojo, fue y escondió el dinero bajo tierra, hasta que volviera el patrón. Y su castigo fue ejemplar, pues no fue capaz ni siquiera de meter el dinero al banco para que hubiera producido sus intereses.  

No escatimemos pues nuestro esfuerzopara que nuestra fe ilumine los hogares con un amor que se vea y se sienta entre dos esposos que se aman, en el trabajo con un trato de persona a persona donde cada uno mire con responsabilidad por la empresa de la que todos comen, y en nuestra relación con los demás, como una comunidad de hermanos que caminan no hacia el  final de esta vida, sino al encuentro con la paz, la alegría y el verdadero descanso eterno.
P. Alberto Ramírez Mozqueda

domingo, 6 de noviembre de 2011

Nuestros difuntos

El día 2  rezamos por los difuntos que están en el purgatorio. Los que han ido al cielo son santos y no necesitan oración.  Pero como no sabemos con seguridad si un difunto está en el purgatorio (a no ser que la Iglesia lo haya declarado santo en cuyo caso está en el cielo), es bueno rezar por todos los difuntos.

Intercedemos por todos los difuntos, en especial nuestros familiares y conocidos, para que pronto se encuentren con el Señor en el cielo.
Aunque es doloroso perder a un ser querido, hasta Jesús lloró cuando se enteró de la muerte de Lázaro, debemos pensar que van a ver o ya están viendo a Dios cara a cara. Y los cristianos no podemos pensar en otra felicidad mayor.

El  apóstol san Pablo en su primera carta a los Tesalonicenses 4, 13-18, nos dijo

"Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza.
Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él."

 Santo Tomás:
 Rezar por los difuntos es la mayor obra de misericordia, aún más que rezar por los vivos, ya que éstos pueden valerse por sí mismos.

martes, 1 de noviembre de 2011

SER SANTOS, POR BENEDICTO XVI

Durante todo el año celebramos la fiesta de muchos santos famosos. Pero la Iglesia ha querido recordar que en el cielo hay innumerables santos que no cabrían en el calendario. Por eso nos regala esta solemne fiesta de Todos los Santos que abarca a todos nuestros hermanos que ya están en el cielo. Multitudes de santos desconocidos por nosotros pero amadísimos de Dios. Entre ellos pueden haber familiares nuestros, amigos, vecinos...

La fiesta de Todos los Santos no es solo para recordar sino también una llamada a que vivamos todos nuestra vocación a la santidad, cada uno según su propio estado de vida (como solteros, casados, viudos, consagrados, etc.).

Dios nos creó para que seamos santos. Según Benedicto XVI, "El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado del prójimo".

El cristiano, «ya es santo, pues el Bautismo le une a Jesús y a su misterio pascual, pero al mismo tiempo tiene que llegar a ser santo, conformándose con Él cada vez más íntimamente».

«A veces se piensa que la santidad es un privilegio reservado a unos pocos elegidos. En realidad, ¡llegar a ser santo es la tarea de cada cristiano, es más, podríamos decir, de cada hombre!».

«Todos los seres humanos están llamados a la santidad que, en última instancia, consiste en vivir como hijos de Dios, en esa “semejanza” a Él, según la cual, han sido creados»

«todos los seres humanos son hijos de Dios, y todos tienen que llegar a ser lo que son, a través del camino exigente de la libertad».

«Dios les invita a todos a formar parte de su pueblo santo. El “Camino” es Cristo, el Hijo, el Santo de Dios: nadie puede llegar al Padre si no por Él»,
Benedicto XVI