miércoles, 16 de marzo de 2016

Monseñor Audo, obispo de Aleppo (Siria): «Los cristianos me preguntan “¿dónde está Dios?” “¿Qué hace por nosotros?”»

Decenas de miles de refugiados cristianos llegaron a Siria entre 2007 y 2010 procedentes de Irak. Monseñor Antonie Audo era el único obispo de rito caldeo –el mayoritario en el país vecino–, y por eso se hizo cargo de su asistencia. Cuando en 2011 estalló la guerra en Siria, ese bagaje le permitió poner a punto Cáritas Siria para enfrentarse a la mayor crisis de su historia. «De un día para otro, hubo que formar a los voluntarios y trabajadores en asistencia humanitaria. No era suficiente con tener caridad en el corazón, hacía falta profesionalización», cuenta a Alfa y Omega durante su estancia en Madrid, que visitó la pasada semana invitado por la Fundación Promoción Social de la Cultura.
Cáritas llega a las zonas bajo control del Gobierno sirio y asiste a unas 300 mil personas con cestas de comida, alojamiento, medicinas o educación. «El 80 % de los sirios vive en la pobreza severa, y con la inflación resulta imposible acceder a bienes básicos», asegura el obispo de Alepo, la segunda ciudad del país, si bien su mitad oeste resulta inaccesible por encontrarse bajo control de grupos islamistas, que han obligado a huir de sus casas a los cristianos y a muchos vecinos musulmanes.
La ONG de la Iglesia no solo presta una ayuda humanitaria preciosa en tiempos de guerra, también construye ciudadanía en Siria, «por encima de las diferencias étnicas o religiosas». «No hacemos distinción en la ayuda», asegura Audo. «Eso sorprende a los musulmanes, porque, en su mentalidad, solo es posible ayudar a los del propio grupo. Está habiendo testimonios muy positivos. Hace poco, saliendo de Obispado, un musulmán viejo y muy pobre estaba sentado en el suelo, muy sucio… Cuando me vio, saltó y empezó a señalarme, gritando, como si fuera un profeta: “Ahora sabemos quiénes son los cristianos. Ahora sabemos que son un pueblo verdadero. Son oro puro, no son falsos”. Yo estaba muy sorprendido». «Cuando la guerra termine –prosigue el obispo–, los cristianos vamos a tener una misión importante de ayudar a reconciliarse a las comunidades enfrentadas: a sunitas con chiítas y alauitas. Nosotros no tenemos problema con nadie».
Pero también es necesario frenar la desmoralización entre los cristianos, a menudo entre dos fuegos y blanco preferente de los radicales. De los más de 250.000 que había en Aleppo antes del conflicto, hoy quedan solo unos 50 mil, los que no han podido o no han querido emigrar. «Muchos sacerdotes y familias están dando un testimonio heroico, pero otros están muy desanimados. La situación es difícil. Yo no le puedo decir a un padre de familia: “no os vayáis”. No culpabilizo a nadie por marcharse, aunque, si me preguntan, les explico que Europa no es el paraíso. Pero entiendo que quieran viajar».
En medio de multitud de dramas humanos –añade el obispo–, «muchas veces me preguntan: “¿dónde está Dios?’ “¿Qué hace por nosotros?”. En momentos así, no sirve hacer homilías. Yo me limito a estar con ellos, a rezar, a intentar consolar».

Ricardo Benjumea
Fuente: Alfa y Omega

"Risen (Resucitado)": la película imprescindible de esta Semana Santa. La Resurrección, en los ojos de un centurión romano

Está llamada a ser la película de esta Semana Santa. El próximo 23 de marzo se estrena en toda España "Risen"(Resucitado) y producida por Sony Pictures. Protagonizada por Joseph Fiennes (Lutero) y Tom Felton (Malfoy en Harry Potter), Risen nos sitúa en el Jerusalén del siglo primero, cincuenta días después de la muerte de Jesucristo.
En la ciudad no se habla de otra cosa y por ello Poncio Pilato manda a Clavius, un centurión romano agnóstico, a que investigue la realidad del asunto. La misión que le encomiendan consiste en localizar el cuerpo desaparecido de Jesús de Nazaret para zanjar y dar fin al tema de la resurrección.
Sin embargo, a lo largo de la misión, las dudas aumentan en el centurión, respecto a la existencia de lo sobrenatural y se veráconfrontado con los apóstoles, otros personajes bíblicos y los misteriosos acontecimientos que tuvieron lugar después de la crucifixión.
Dirigida por Kevin Reynolds (Waterworld y Robin Hood: príncipe de los ladrones), Risen mezcla épica, historia y acción. Junto a Fiennes y Felton, se encuentran Peter Firth y Cliff Curtis, y las españolas Leonor Watling y María Botto, su estreno en España está previsto para el próximo 23 de marzo de 2016.

‘Resucitado' es la épica historia bíblica sobre la resurrección, contada desde los ojos de un no creyente. Clavius (Joseph Fiennes), un poderoso militar romano y su ayudante Lucius (Tom Felton), son asignados para resolver el misterio sobre lo que le ocurrió a Jesús en las semanas posteriores a su crucifixión, con el fin de combatir los rumores del mesías resucitado y prevenir una revuelta en Jerusalén.


COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (8,31-42) POR BENEDICTO XVI

«Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8,31). En este texto del Evangelio, Jesús se revela como el Hijo de Dios Padre, el Salvador, el único que puede mostrar la verdad y dar la genuina libertad. 

Su enseñanza provoca resistencia e inquietud entre sus interlocutores, y Él los acusa de buscar su muerte, aludiendo al supremo sacrificio en la cruz, ya cercano. Aun así, los conmina a creer, a mantener la Palabra, para conocer la verdad que redime y dignifica.

En efecto, la verdad es un anhelo del ser humano, y buscarla siempre supone un ejercicio de auténtica libertad. Muchos, sin embargo, prefieren los atajos e intentan eludir esta tarea. Algunos, como Poncio Pilato, ironizan con la posibilidad de poder conocer la verdad (Jn 18, 38), proclamando la incapacidad del hombre para alcanzarla o negando que exista una verdad para todos. 

Esta actitud, como en el caso del escepticismo y el relativismo, produce un cambio en el corazón, haciéndolos fríos, vacilantes, distantes de los demás y encerrados en sí mismos. Personas que se lavan las manos como el gobernador romano y dejan correr el agua de la historia sin comprometerse.

Por otra parte, hay otros que interpretan mal esta búsqueda de la verdad, llevándolos a la irracionalidad y al fanatismo, encerrándose en «su verdad» e intentando imponerla a los demás. Son como aquellos legalistas obcecados que, al ver a Jesús golpeado y sangrante, gritan enfurecidos: «¡Crucifícalo!» (cf. Jn 19, 6).

Sin embargo, quien actúa irracionalmente no puede llegar a ser discípulo de Jesús. Fe y razón son necesarias y complementarias en la búsqueda de la verdad. Dios creó al hombre con una innata vocación a la verdad y para esto lo dotó de razón. No es ciertamente la irracionalidad, sino el afán de verdad, lo que promueve la fe cristiana. Todo ser humano ha de indagar la verdad y optar por ella cuando la encuentra, aun a riesgo de afrontar sacrificios.

Además, la verdad sobre el hombre es un presupuesto ineludible para alcanzar la libertad, pues en ella descubrimos los fundamentos de una ética con la que todos pueden confrontarse, y que contiene formulaciones claras y precisas sobre la vida y la muerte, los deberes y los derechos, el matrimonio, la familia y la sociedad, en definitiva, sobre la dignidad inviolable del ser humano.

Este patrimonio ético es lo que puede acercar a todas las culturas, pueblos y religiones, las autoridades y los ciudadanos, y a los ciudadanos entre sí, a los creyentes en Cristo con quienes no creen en Él.


El cristianismo, al resaltar los valores que sustentan la ética, no impone, sino que propone la invitación de Cristo a conocer la verdad que hace libres. El creyente está llamado a ofrecerla a sus contemporáneos, como lo hizo el Señor, incluso ante el sombrío presagio del rechazo y de la cruz. El encuentro personal con quien es la verdad en persona nos impulsa a compartir este tesoro con los demás, especialmente con el testimonio. 

Queridos amigos, no vacilen en seguir a Jesucristo. En él hallamos la verdad sobre Dios y sobre el hombre. Él nos ayuda a derrotar nuestros egoísmos, a salir de nuestras ambiciones y a vencer lo que nos oprime.

El que obra el mal, el que comete pecado, es esclavo del pecado y nunca alcanzará la libertad (cf. Jn 8,34). Sólo renunciando al odio y a nuestro corazón duro y ciego seremos libres, y una vida nueva brotará en nosotros. 
(Benedicto XVI, homilía del 28 de marzo de 2012 en La Habana)

CONOCERÁN LA VERDAD Y LA VERDAD LES HARÁ LIBRES


Lectura del santo evangelio según san Juan (8,31-42):
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en Él: «Si permanecéis en mi Palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.»
Le replicaron: «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: "Seréis libres"?».
Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres.
Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».
Ellos replicaron: «Nuestro padre es Abrahán».
Jesús les dijo: «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre».
Le replicaron: «Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».


Jesús les contestó: «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que Él me envió».