martes, 30 de mayo de 2017

El Papa Francisco podría volver a Tierra Santa en otoño


¿Un nuevo viaje a Tierra Santa? Días después de la visita de Donald Trump al Vaticano, la prensa israelí está apuntando a la posibilidad de que el Papa Francisco pueda volver a visitar el país en otoño próximo, repitiendo destino que ya visitara en 2014.
Así, el Times of Israel, está dando a conocer que ya han arrancado negociaciones diplomáticas entre Jerusalén y la Santa Sede con visitas a que el Pontífice se persone de nuevo en la región para impulsar los procesos de paz entre israelíes y palestinos. Los planes estarían ya tan avanzados, de hecho, que una comitiva del Vaticano visitará Israel el mes que viene para sembrar los fundamentos de la visita y escoger las fechas definitivas para este otoño de tres posibles opciones.
¿Cuáles serían, así pues, las razones para otra visita del Papa a Tierra Santa? Cabría pensar, de entrada, que el presidente Trump ya ha reclutado al Papa para su nuevo plan de paz para Oriente Medio, la hoja de ruta que presentó en su gira por la región la semana pasada justo antes de reunirse con Francisco en el Vaticano.
Pero no es que el presidente haya cooptado al Papa para dar barniz a un plan descabalgado. Para analistas como Hussein Ibish en Foreign Policy, por ejemplo, el de Trump "es el único planteamiento hecho en muchos años que podría superar el punto muerto y quizás ofrecer una situación ideal para todos: Israel, los palestinos y los Estados árabes". No resultaría sorprendente, así pues, en caso de que el Papa sí decidiera respaldar ese plan, sea quién sea su autor.
¿Y cuáles, entonces, serían las novedades en la hoja de ruta que ha presentado Trump? Su nueva estrategia pasaría, en esencia, por implantar una política "de afuera-adentro", en la que buscaría primero alinear los estados árabes, junto con Israel, en un frente común en contra de Irán: y no, de entrada, de reconciliar a Israel y Palestina sin más. Esta especie de "OTAN árabe", en cambio, proveería protección a Israel pero también tanto apoyo político y diplomático como ayuda humanitaria a Palestina.
Pero como siempre, será una cuestión de quién quiere hacer la primera jugada. Para acercarse a los Estados árabes Israel necesitaría primero hacer concesiones a los palestinos, bajo los términos de la "Iniciativa de Paz Árabe" (la política de la Liga Árabe). Aunque al mismo tiempo, son notables los avances que han dado Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos en cuanto a aproximarse a Israel, con propuestas tales como mayor cooperación en telefonía y otros diversos tipos de negocios, por ejemplo.
El Papa es conocido por su ferviente apoyo a la solución de dos Estados, y aunque ésta sigue siendo el sueño, el plan "de afuera-adentro" de Trump puede ser un escalón a ello o si no, un intermedio temporal. El presidente salió de su audiencia con el Papa, como dijo, "más decidido que nunca a buscar la paz en nuestro mundo". Y es obvio que se ha dado cuenta de que esto no lo va a poder hacer sin Francisco, el campeón de la paz de nuestros tiempos.
(Cameron Doody)

Los profetas laicos




A partir de mediados del siglo XX no han dejado de aparecer profetas laicos del futuro de la globalización. Desde los clásicos prospectivistas como Toffler y McLuhan, hasta los visionarios del hombre pantalla como Sartori ó Baurdillard, o los descriptores de la posmodernidad como Lyotard, Vattimo o Bauman.
Llama la atención que tanto Giovanni Vattimo (1936-) como Zygmunt Bauman (1925-2017) coincidan en que el Papa Francisco es la única respuesta creíble a los desafíos del mundo contemporáneo. Vattimo, para quien hemos pasado de un pensamiento fuerte e ilusorio tendiente a establecer fundaciones absolutas del conocer y del actuar, a un pensamiento débil en el que perdidas las pretensiones por la verdad, la unidad y la totalidad, triunfa un nihilismo resignado, dice que el Papa es la gran oportunidad que tiene la humanidad hoy, y que tienen razón quienes los consideran una amenaza, pues lo es para todos los inmovilistas. Antes se consideraba un «ateo por la gracia de Dios». Ahora se considera «católico básico», que reza todas las noches. Sigue rechazando al «Dios capitalista». Ahora, un Papa le habla de un Dios completamente distinto.
Bauman, fallecido el pasado 9 de enero, advertía del advenimiento de una sociedad líquida en la que Dios es sustituido por el individualismo completado por una colectividad de consumo, en la que toda necesidad es consumible, y las necesidades espirituales se consumen en el mercado terapéutico. Pues bien, en su ensayo póstumo, Retropopía, se hace una pregunta hoy insoslayable: ¿puede inducirse el parto de una humanidad cosmopolitamente integrada de tal modo que sobreviva sana y salva al alumbramiento? Solo hay para Bauman una respuesta a esta «cuestión de vida y muerte para la humanidad». Y esa respuesta es el Papa Francisco y su propuesta de diálogo. Él, porque es «la única persona entre las grandes figuras públicas investidas con una autoridad planetaria que demuestra la suficiente audacia y determinación como para plantear y abordar esa clase de preguntas». Y el diálogo, porque se atreve proponer a toda la humanidad sacarlo del estrecho marco televisivo de la política y bajarlo a la vecindad, a los lugares de trabajo, a las escuelas, a las familias. Un diálogo solidario capaz además de pasar «de una economía líquida a una economía social». Concluye que, o unimos nuestras manos (como nos propone Francisco) «o nos unimos a la comitiva fúnebre de nuestro propio entierro en una misma y colosal fosa común».
Manuel María Bru
Alfa y Omega

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (17,1-11a)



Hoy centramos nuestra atención en la oración que Jesús dirige al Padre en la «Hora» de su elevación y glorificación. Como afirma el Catecismo de la Iglesia católica: «La tradición cristiana acertadamente la denomina la oración «sacerdotal» de Jesús. Es la oración de nuestro Sumo Sacerdote, inseparable de su sacrificio, de su «paso» [pascua] hacia el Padre donde Él es «consagrado» enteramente al Padre» (n. 2747).

Esta oración de Jesús es comprensible en su extrema riqueza sobre todo si la colocamos en el trasfondo de la fiesta judía de la expiación, el Yom kippur. Ese día, el Sumo Sacerdote realiza la expiación primero por sí mismo, luego por la clase sacerdotal y, finalmente, por toda la comunidad del pueblo. El objetivo es dar de nuevo al pueblo de Israel, después de las transgresiones de un año, la consciencia de la reconciliación con Dios, la consciencia de ser el pueblo elegido, el «pueblo santo» en medio de los demás pueblos. 

La oración de Jesús, presentada en el capítulo 17 del Evangelio según san Juan, retoma la estructura de esta fiesta. En aquella noche, Jesús se dirige al Padre en el momento en el que se está ofreciendo a sí mismo. Él, sacerdote y víctima, reza por sí mismo, por los apóstoles y por todos aquellos que creerán en Él, por la Iglesia de todos los tiempos.

La oración que Jesús hace por sí mismo es la petición de su propia glorificación, de su propia «elevación» en su «Hora». En realidad es más que una petición y que una declaración de plena disponibilidad a entrar, libre y generosamente, en el designio de Dios Padre que se cumple al ser entregado y en la muerte y resurrección. 

Esta «Hora» comenzó con la traición de Judas y culminará en la ascensión de Jesús resucitado al Padre. Jesús comenta la salida de Judas del cenáculo con estas palabras: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en Él». No por casualidad, comienza la oración sacerdotal diciendo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti».

La glorificación que Jesús pide para sí mismo, en calidad de Sumo Sacerdote, es el ingreso en la plena obediencia al Padre, una obediencia que lo conduce a su más plena condición filial: «Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese». Esta disponibilidad y esta petición constituyen el primer acto del sacerdocio nuevo de Jesús, que consiste en entregarse totalmente en la cruz, y precisamente en la cruz —el acto supremo de amor— Él es glorificado, porque el amor es la gloria verdadera, la gloria divina.

El segundo momento de esta oración es la intercesión que Jesús hace por los discípulos que han estado con Él. Son aquellos de los cuales Jesús puede decir al Padre: «He manifestado tu Nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y Tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra». 

«Manifestar el nombre de Dios a los hombres» es la realización de una presencia nueva del Padre en medio del pueblo, de la humanidad. Este «manifestar» no es sólo una palabra, sino que es una realidad en Jesús; Dios está con nosotros, y así el Nombre —su presencia con nosotros, el hecho de ser uno de nosotros— se ha hecho una «realidad». Por lo tanto, esta manifestación se realiza en la encarnación del Verbo. 

En Jesús Dios entra en la carne humana, se hace cercano de modo único y nuevo. Y esta presencia alcanza su cumbre en el sacrificio que Jesús realiza en su Pascua de muerte y resurrección.
(Audiencia general 25 de mayo 2012)

EVANGELIO DE HOY- ESTA ES LA VIDA ETERNA: CONOCER AL PADRE Y A JESÚS





Lectura del santo evangelio según san Juan (17,1-11a):

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: 

«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que Tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.

Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. 

He manifestado tu Nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y Tú me los diste, y ellos han guardado tu Palabra. 

Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que Tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que Tú me has enviado. 

Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que Tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

Palabra del Señor

Papa: Sin el Espíritu Santo se puede caer en la fe ideológica

Es necesario dejarse interpelar por el Espíritu Santo, aprender a escucharlo antes de tomar decisiones. Es la  exhortación que hizo el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa MartaFrancisco destacó que si no se discierne acerca de lo que sucede, se corre el riesgo de caer en una fe ideológica.
El Espíritu Santo, que mueve el corazón, inspira, suscita las emociones fue el tema central de la reflexión del Papa. Y recordó que en preparación a la fiesta de Pentecostés, la Iglesia pide que se rece para que el Espíritu Santo llegue al corazón, a la parroquia y a la comunidad. El Pontífice comenzó a partir de la Primera Lectura del día que  – dijo – podríamos llamar “la Pentecostés de Éfeso”. Y explicó que, en efecto, la comunidad de Éfeso había recibido la fe, pero ni siquiera sabía que existía el Espíritu Santo. Era “gente buena, gente de fe”, pero no conocía este don del Padre. Y cuando después Pablo les impuso las manos, descendió sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a hablar en lenguas.
El Espíritu Santo mueve el corazón
En efecto, el Espíritu Santo mueve el corazón, tal como se lee en los Evangelios donde tantas personas – Nicodemo, la hemorroísa, la samaritana, la pecadora – se sienten impulsadas a acercarse a Jesús precisamente por el Espíritu SantoFrancisco invitó asimismo a preguntarse cuál es el lugar que el Espíritu Santo tiene en nuestra vida:
“¿Yo soy capaz de escucharlo? ¿Yo soy capaz de pedir inspiración antes de tomar una decisión o de decir una palabra o de hacer algo? ¿O mi corazón está tranquilo, sin emociones, un corazón fijo? Pero, algunos corazones, si nosotros hiciéramos un electrocardiograma espiritual tendrían un resultado lineal, sin emociones. También en los Evangelios están éstos. Pensemos en los Doctores de la Ley: eran creyentes en Dios, conocían todos los mandamientos, pero el corazón estaba cerradodetenido, no se dejaban inquietar”.
Dejarse interpelar por el Espíritu Santo, no a la fe ideológica
La exhortación central del Papa Francisco fue la de “dejarse inquietar”, es decir, dejarse interpelar por el Espíritu Santo que nos hace discernir y no tener una fe ideológica:
Dejarse inquietar por el Espírito Santo: “Eh, he oído esto… Pero, padre, ¿aquello es sentimentalismo?”. No, puede ser, pero no. Si tú vas por el camino justo no es sentimentalismo”. “He sentido las ganas de hacer esto, de ir a visitar a aquel enfermo, o de cambiar de vida o de dejar esto…”. Sentir y discernir: discernir lo que siente mi corazón, porque el Espíritu Santo es el maestro del discernimiento. Una persona que no tiene estos movimientos en su corazón, que no discierne lo que sucede, es una persona que tiene una fe fría, una fe ideológica. Su fe es una ideología. Eso es lo que sucede”.
Interrogarse acera de la propia relación con el Espíritu Santo
Era éste el “drama” de aquellos Doctores de la Ley que se enfadaban con Jesús. Por último, el Obispo de Roma exhortó a interrogarse acerca de la propia relación con el Espíritu Santo:
“¿Pido que me guíe por el camino que debo elegir en mi vida y también todos los días? ¿Pido que me dé la gracia de distinguir lo bueno de lo menos bueno? Porque lo bueno de lo malo se distingue inmediatamente. Pero está ese mal escondido que es el menos bueno, pero que tiene escondido el mal. ¿Pido esta gracia? Yo quisiera sembrar esta pregunta en su corazón”.
Sería necesario preguntarse – añadió el Papa Francisco – si tenemos un corazón inquieto porque está movido por el Espíritu Santo. El Pontífice invitó también a interrogarse cuando “nos llegan las ganas de hacer algo” si le| pedimos al Espíritu Santo que nos inspire, que “diga que sí o que no”, o si sólo hacemos “cálculos mentales”.
Y recordó que en el Apocalipsis de Juan comienza invitando a las “siete Iglesias” – las  siete diócesis de aquel tiempo –  a escuchar lo que el Espíritu Santo les dice. “Pidamos también nosotros esta gracia de escuchar lo que el Espíritu  Santo dice a nuestra Iglesia, a nuestra comunidad, a nuestra parroquia, a nuestra familia” y a “cada uno de nosotros”,  finalizó el Papa. Pidamos “la gracia de aprender este lenguaje para escuchar al Espíritu Santo”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)