sábado, 7 de enero de 2017

Carta a Luisa´. "Vayamos descubriendo y fomentando la belleza de la obra divina"



Querida Luisa: Muchas gracias por tu felicitación navideña: Hermosura tan antigua y tan nueva, Me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.
Tú no necesitas decir "que sea Navidad todo el añ
o". Porque "tu deseo" hoy, acompaña, verdaderamente, todo el año. Han pasado quince días de esta felicitación, y esta frase de san Agustín, que acompañabas de una imagen, sigue viva en mi mente. Y es curioso: el año anterior fue otra felicitación tuya, con una imagen de un monje dispuesto a hacer camino, teniendo delante un ambiente brumoso, gris, y sugiriendo el acompañamiento luminoso de la Cruz... Una imagen que me ha acompañado todo el año.
La de este año viene a complementarla, y va a estar de actualidad en mi vida a lo largo de los meses. ¿Qué sucede?, ¿qué misterio tiene tu deseo navideño para que permanezca?
Yo diría que el mismo misterio de la vida. Tú recoges unas palabras, esta vez, de una obra inmortal, las Confesiones, que rezuman sabiduría de este santo Padre de la Iglesia que es san Agustín, un permanente buscador de Dios. Te has sentido identificada con su enseñanza y me transmites eso que estás viviendo:
La belleza permanece, la belleza impregna toda la creación; que esta belleza se nos manifiesta como sabiduría para iluminar los pasos de nuestro caminar en la tierra.
En el fondo, o en lo profundo, de la existencia hay una conexión, un estrecho lazo de sintonía de nuestra vida con la vibración de la belleza de todo lo creado.
Pero percibimos esta conexión cuando despierta en nosotros la presencia de este Creador bueno y que ha hecho buenas todas las cosas. Y de todo este misterio de vida, belleza y bondad, nos habla san Agustín:
La vida feliz, Señor, no es más que gozar de ti, para ti y por ti. Eso es la vida feliz. No es otra cosa. Los que creen que es otra cosa buscan otro gozo que no es el verdadero.
De aquí que lo importante en la vida humana es plantearla como una permanente búsqueda, donde podemos ir descubriendo y viviendo nuevos horizontes que nos ponen en el sendero de la Divinidad. Y san Agustín nos sigue dando sugerencias para el camino:
¿Y dónde te encontré, Señor, para conocerte? ¿En dónde te encontré para conocerte, sino en ti, que estás por encima de mí? No es un lugar. ¡Oh verdad!, tú diriges en todas partes a los que preguntan por ti, y respondes a todos a la vez, aunque te pregunten cosas distintas. Respondes con claridad, pero no todos lo entienden con claridad. Todos te preguntan lo que quieren, pero no siempre oyen lo que quieren. El que mejor cumple tu voluntad es el que no se preocupa tanto de oír lo quisiera oír, cuanto de querer hacer lo que oye de ti...
Querida Luisa, estas palabras que me escribes en tu felicitación me recuerdan otras del mismo Agustín de Hipona:
Me llamas, Señor. Me gritas, Señor. Quieres romper mi sordera. Brillas y resplandeces ante mí. Quitas la ceguera de mis ojos. Exhalas tu perfume y respiro, y suspiro por ti. Te he probado y siento hambre y sed de ti. Me tocas y me abraso en tu paz.
En el fondo tu felicitación es una invitación a dejarme guiar por él, por ese Dios que ya puso en mí una primera llama de amor, que me guía sin peligro y sigue despertando mi capacidad de amar.
Y dejarse guiar por Dios no se puede separar de dejarse guiar por la obra buena de Dios. Es una llamada a contemplar la realidad, la vida, e ir descubriendo y fomentando la belleza de la obra divina.
Por esto tu felicitación no resulta vacía, no es vulgar, sino que nace de una belleza vivida, y, como tal, deseada para otros. Muy diferente de otras felicitaciones, de otros innumerables deseos, que nacen de "deseos de otros", es decir, a partir de "frases hechas", "de documentos de otros", aunque a veces incluso puedan ser frases tomadas de la Sagrada Escritura, pero que no han nacido del corazón de quien las escribe, un corazón que solo alcanza a pedir que las escriban, sobre incluido, y las remitan a su destino. Para estos Navidad finaliza con la cava y los turrones.
Tu recuerdo en estos días del Nacimiento del Señor es una invitación seria a prolongar la Navidad a lo largo del año. ¡Muchas gracias!
(José Alegre)

Polonia: la asistencia a la misa dominical aumenta de casi el 40 por ciento



El porcentaje de personas que participan en la misa dominical en Polonia, aumentó de casi el 40 por ciento en el 2015 en comparación con el año anterior, con un incremento de las personas que comulgan de un 17 por ciento. Los datos se basan en un estudio realizado en el país de san Juan Pablo II, por el Instituto de Estadísticas de la Iglesia Católica.
Polonia tiene una de las redes de parroquias mejor estructuradas del mundo católico. El número de religiosos que trabajan en las parroquias ha sido relativamente estable desde 1972 y asciende a alrededor del 7%.
En 2015, unos 28.800 sacerdotes participaban en las actividades pastorales en parroquias católicas polacas, mientras que el número de religiosas que trabajaban allí eran unas 7 mil.
A pesar de todo este renacer, no ha habido un aumento de las vocaciones, aunque se espera una inversión de tendencia en el futuro.
El motivo de estos resultados no es analizado en la encuesta encargada por los obispos, pero el ‘efecto papa Francisco’ y eventos como la canonización del papa Juan Pablo II el 27 de abril de 2014, y la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud realizada en el 2016, podrían estar en la raíz del mismo.
La forma del catolicismo polaco está determinada por la actividad religiosa del laicado, que representa un elemento importante del compromiso social de los polacos. En 2014, más de 60 mil organizaciones parroquiales, con 2,5 millones de personas, estaban activas en Polonia.
Además de las actividades de las organizaciones parroquiales de la Iglesia Católica, hay cerca de 1.800 instituciones sociales católicas dinámicas como escuelas o hospicios. Aproximadamente la mitad de ellas trabajan en beneficio de niños y adolescentes. Junto a estas organizaciones, se presta apoyo a los ancianos, a los pobres y a los discapacitados.
Por su parte la oficina de comunicación de la Conferencia Episcopal señala que “un elemento importante del catolicismo polaco es su espiritualidad mariana caracterizada por su gran diversidad y riqueza de formas, prácticas y costumbres”. En particular precisa, “sobre la base de los datos, se puede decir que hay tres formas básicas de devoción mariana en Polonia: el rosario, las devociones de mayo y la devoción a la Virgen de Fátima”.
Zenit

Cristianismo y familia



La celebración de la Navidad es también la exaltación de la familia, raíz de la vida social del hombre, garantía de su formación emocional, referencia imprescindible de nuestra existencia cuando el mundo tiembla a nuestro lado
La Navidad celebra el nacimiento de Cristo. Es momento para alabar aquel instante supremo en que el hombre recuperó la posibilidad de su salvación, y el modo en que la idea de Redención se vinculó para siempre con su libertad y dignidad, lejos del determinismo de la naturaleza, del consuelo ilusorio de la mitología y de la desesperada carencia de razones para habitar la tierra. Celebramos, por tanto, un nuevo comienzo, que se inserta en el origen mismo de nuestra civilización y proporciona sentido de eternidad a nuestro tiempo, universalidad a nuestra vida, espiritualidad a nuestra condición biológica y vinculación inextinguible a los fundamentos morales de nuestra existencia como hijos de Dios.
Sin embargo, hay algo que, casi sin apreciarlo, no dejamos de celebrar, de representar en escenarios teatrales, de fabricar en delicadas arquitecturas hogareñas, de colocar en las plazas y esquinas, en recintos escolares y jardines urbanos: la familia de Jesús, plenamente constituida en un humilde establo del villorrio de Belén. Porque Jesús no fue revelado, como ocurre en los mitos paganos o en las leyendas religiosas de la antigüedad, a través de una fuerza de la naturaleza. No se desprendió de una roca, ni brotó de un árbol, ni cobró forma en una lluvia colérica ante los ojos asombrados y afligidos de unos seres que asistían a una muestra más del poder absoluto de sus dioses.
La familia como refugio
La Verdad luminosa de Cristo empezó por donde siempre comienza la Revelación: por el milagro y la humildad, no por la magia y la humillación. Jesús no entró en el mundo de los hombres. Jesús se hizo hombre. María fue inspirada por el aliento de Dios: el Espíritu Santo fecundó su cuerpo inmaculado. Realidad del acto de la Encarnación, pero también metáfora maravillosa de la presencia del Creador en el arranque de toda vida humana. Jesús se formó en el vientre de María, nació con dolor y llanto, y fue acogido con ternura infinita por sus padres. Hijo del hombre, Dios encarnado, estrenaba su vida en aquel estado de debilidad y completa inocencia común a sus hermanos. El niño Jesús, protegido del frío por José y por María, venerado como Dios, amado como hombre, síntesis singular e irrepetible, milagro constante sostenido en una hora excepcional, cuyo poder simbólico y cuya enseñanza profunda nos alcanzan a más de 2.000 años de distancia.
La celebración de la Navidad es también la exaltación de la familia. En estos momentos de crisis, la familia ha mostrado que es raíz inexcusable de la vida social del hombre, garantía de su formación emocional, fuente de recios valores que protegen y orientan la trayectoria de cada individuo, referencia imprescindible de nuestra existencia, solidez a la que nos acogemos cuando el mundo tiembla a nuestro lado.
En los peores trances de este ciclo económico aterrador, la familia no ha dejado de ser ámbito de consuelo, de protección, de sustancia inalterable ante los vaivenes de la fortuna. Ha ayudado del modo más elemental, paliando circunstancias de sufrimiento económico. Pero ha ofrecido otro tipo de consuelo, junto al indispensable refugio para las penalidades materiales. Ha dado fe de una comunidad íntima, nuclear, sobre la que se trama e inspira toda forma de socialización.
Devastadora banalidad
España ha pasado, como todo Occidente, por un devastador periodo de banalidad, de despreocupación y pérdida de sustancia moral. Ha residido en una jovial ausencia de principios, en una constante improvisación de frivolidades, en un permanente abandono de tradiciones a las que se achacaba caducidad, cuando no oscurantismo. La ignorancia que se ha adueñado de nuestro mundo, el desprecio inaudito por nuestra cultura y la insolencia de querer actuar como si nuestras raíces colectivas fueran obstáculo para nuestra libertad individual, han arremetido con especial saña contra la familia. No ha habido aspecto alguno de esta que no haya sido impugnado. La función educativa de los padres, la preservación de la vida concebida, la fidelidad de los esposos como prenda de un amor que se arriesga a cualquier sacrificio, la unión prometida más allá de las enfermedades, de la pobreza, del cansancio nervioso o de la comodidad superficial, son mucho más que un contrato administrativo.
En momentos en que la injusticia, la violencia, la miseria y el fanatismo golpean este siglo, una Verdad permanente parece reiterar la imagen de Jesús, niño y Dios acunado por María, hombre y Dios velado por José. Una Verdad que asoma cuando, interrumpiendo por unas horas el desorden del mundo, una familia se reúne junto al pesebre para cantar su alegría por estar juntos, su indomable resistencia a la adversidad. Para afirmar su fe en aquella familia de Belén que, en el principio de nuestra era, proyectaba una escena inmortal que nos ilumina, un destino eterno que nos justifica.
Fernando García de Cortázar, SJ
Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto

«La Iglesia no debe encerrarse en sí misma, sino salir a los hombres»



«Dice usted cosas muy lindas, siga en esa línea», le dijo el Papa durante un encuentro en el Vaticano a Francisco Simón Comesa, que será ordenado el sábado obispo en Menorca
Ni se imaginaba Francisco Simón Conesa (Elche, 1961) cuando era monaguillo en la parroquia de San Agatángelo de Elche o cuando acompañaba a sus padres a las convivencias que estos impartían a grupos de matrimonios, que llegaría a ser un sucesor de los apóstoles. Gracias al testimonio y la transmisión de la fe de sus padres, descubrió a Dios y encontró su vocación como sacerdote. Su vida, como insiste, es para servir. Primero lo hizo como vicario parroquial, párroco y vicario general y, ahora, como obispo de Menorca. Será ordenado este sábado de manos del cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, en una celebración en la que también estarán presentes, entre otros, el nuncio del Papa en España, Renzo Fratini, y el obispo de Orihuela-Alicante, Jesús Murgui.
¿Se esperaba el nombramiento? ¿Cómo reaccionó cuando se lo comunicaron?
No me lo esperaba de ninguna manera. Fue una enorme sorpresa y me generó sentimientos contradictorios. Por una parte, uno se da cuenta de la propia debilidad, de que lo que le han encargado le supera. Y, por otra parte, sentí una gran gratitud a la Iglesia, a la comunidad que he servido hasta ahora y a Dios por haberme elegido para este ministerio. Siento dejar la comunidad en la que estaba, pero también tengo ilusión por emprender una nueva tarea, que es fruto de la gracia de Dios, ya que uno no puede solo con sus propias fuerzas.
En la carta que dirigió a sus nuevos diocesanos, habla con mucho cariño de sus padres.
Muchas personas que los conocieron en vida me recuerdan quiénes eran mis padres: personas sencillas y trabajadoras, con una dedicación y amor a la familia muy grande. Y de una fe profunda. Siempre participaron de la vida de su parroquia, en equipos de matrimonios, impartiendo cursillos prematrimoniales… Tengo muchos recuerdos de pequeño en las convivencias de mis padres. Sé que ellos estarán muy contentos y acompañándome en estos momentos.
Supongo que le ayudará haber sido vicario general 16 años…
Tengo mucho que agradecer a los tres obispos con los que he sido vicario general en Orihuela-Alicante. Conocí con profundidad la diócesis, a los sacerdotes, las parroquias. Es un bagaje que me será útil.
También tiene experiencia en el trabajo pastoral en parroquias.
Siempre he trabajado como vicario en parroquias a excepción de estos tres últimos años en los que he sido párroco de la basílica de Santa María de Elche. He disfrutado mucho con la vida parroquial, el contacto con la gente, los grupos y las distintas iniciativas pastorales. Es una experiencia que me llevo a Menorca.
¿Cómo se presenta a esta pequeña diócesis insular?
Yo voy para caminar con esa Iglesia. Uno tiene un ritmo y unos orígenes, pero ahora me tengo que adaptar al rito de ellos, contando con los sacerdotes, laicos… para discernir qué pide el Señor a la Iglesia de Menorca, hacia dónde debemos caminar. Es un proceso que tenemos que hacer todos juntos. Llego también, como dice mi lema episcopal, como servidor de vuestra alegría (Adiutor gaudii vestri), para ayudar en la medida de mis posibilidades a que aquella comunidad cristiana crezca haciendo presente a Jesucristo a las gentes de Menorca.
Usted habla de una Iglesia de puertas abiertas.
La Iglesia no puede cerrarse en sí misma, porque cuando lo hace pierde su misión e identidad. Para la Iglesia es clave salir a ofrecer a Cristo y, por ello, tiene que andar preocupada por cómo lo puede llevar a cabo. Se trata, en definitiva, de abrir las puertas, salir a los hombres y dejar que la gente conozca a Jesucristo.
¿Ha podido visitar ya la diócesis?
Estuve un par de días. Me reuní con los sacerdotes, en torno a 30, que viven una realidad hermosa y sencilla. La ventaja que voy a tener es que podré mantener un contacto muy cercano con el clero, con los dos monasterios que hay y con los fieles, entre otros.
Como Orihuela-Alicante, Menorca es una diócesis que recibe mucho turismo. ¿Será una dimensión que cuidar?
Por supuesto, tenemos que trabajar en este aspecto, así como en la dimensión ecuménica, que también es importante. Pero hay otra coincidencia más, pues algunas poblaciones de Menorca se dedican al calzado como Elche, mi ciudad. Hay una confluencia entre los dos lugares.
Cuando estuvo con el Papa Francisco, ¿le dijo algo en especial?
El encuentro con el Papa fue extraordinario. Fue tras una audiencia general, me presenté como obispo electo de Menorca y me contestó que había leído declaraciones mías que le habían gustado. «Qué cosas más lindas dice, siga usted en esa línea», me dijo. Fue un encuentro muy cordial y salí muy reconfortado.
Fran Otero @franoterof

Está cerca el reino de los cielos



Lectura del santo evangelio según San Mateo 4, 12-17. 23-25

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.
Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó.
Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.
Palabra del Señor.