jueves, 13 de octubre de 2016

Mensaje del Papa para la 103ª Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado

Publicado este jueves 13 de Octubre el Mensaje del Papa Francisco para la 103ª Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que se celebrará el 15 de enero de 2017 sobre el tema “Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz”. Con este tema el Santo Padre quiere poner al centro de la atención a los más pequeños entre los pequeños, los niños, que a menudo “llegan solos al país de destino, no consiguen hacerse oír y se convierten con facilidad en víctimas de graves violaciones de los derechos humanos”.
La Jornada Mundial en cuestión, se celebró por primera vez en 1914, bajo el pontificado de Benedicto XV, cuyo inicio de pontificado coincidió con el estallido de la primera Guerra Mundial. La Jornada se estableció con el objetivo de sensibilizar a la sociedad sobre el fenómeno de la migración y también para organizar una colecta en favor de las obras pastorales para los emigrantes italianos y la formación de los misioneros que trabajan en este ámbito.
En su mensaje el Papa Francisco recuerda a la comunidad cristiana una enseñanza de Jesús que apasiona y, a la vez, compromete; es decir, resalta la dinámica de la acogida que traza el camino seguro que conduce a Dios, partiendo de los más pequeños y pasando por el Salvador. “Precisamente la acogida es condición necesaria para que este itinerario se concrete – afirma el Pontífice – Dios se ha hecho uno de nosotros, en Jesús se ha hecho niño y la apertura a Dios en la fe, que alimenta la esperanza, se manifiesta en la cercanía afectuosa hacia los más pequeños y débiles”. En este sentido, el Obispo de Roma señala que la caridad, la fe y la esperanza están involucradas en las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales, que hemos redescubierto durante el reciente Jubileo extraordinario de la Misericordia.
Por ello, es importante afirma el Papa tener en cuenta la responsabilidad del que actúa en contra de la misericordia y se pregunta: ¿Cómo no pensar en esta severa advertencia cuando se considera la explotación ejercida por gente sin escrúpulos, ocasionando daño a tantos niños y niñas, que son iniciados en la prostitución o atrapados en la red de la pornografía, esclavizados por el trabajo de menores o reclutados como soldados, involucrados en el tráfico de drogas y en otras formas de delincuencia, obligados a huir de conflictos y persecuciones, con el riesgo de acabar solos y abandonados?
Por esto, agrega el Papa Francisco, con motivo de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que se celebra cada año, deseo llamar la atención sobre la realidad de los emigrantes menores de edad, especialmente los que están solos, instando a todos a hacerse cargo de los niños, que se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son menores, extranjeros e indefensos; por diversas razones, son forzados a vivir lejos de su tierra natal y separados del afecto de su familia.
(GM-RV)

El Papa explica el ecumenismo de la sangre: ‘Los terroristas no hacen diferencias entre los cristianos’


El papa Francisco, en su discurso a los participantes de la Conferencia de los secretarios del Christian World Communions, ha recordado que el ecumenismo es “la caridad hacia el prójimo” y esto es “unidad”, “unidad en camino con Jesús”.
En el encuentro, que ha tenido lugar antes de la audiencia general, en unas breves palabras que ha improvisado, el papa Francisco ha abordado dos aspectos haciendo referencia al saludo que había realizado el jefe de la delegación. En primer lugar “Jesús está con nosotros” y en segundo lugar “Jesús está en camino con nosotros”. Estas dos cosas, ha indicado el Papa, plantean dos preguntas: “¿soy capaz de creer que Jesús está con nosotros?”. “¿Soy capaz de caminar con todos, juntos, también con Jesús?”.
Asimismo, ha advertido de que muchas veces pensamos que el trabajo ecuménico es solamente el de los teólogos. Es importante –ha asegurado– que los teólogos estudien, se pongan de acuerdo y expresen el desacuerdo. Pero al mismo tiempo, el Papa ha recordado que “el ecumenismo se hace en camino”. Y “en camino con Jesús, no con mi Jesús contra tu Jesús, sino con nuestro Jesús”.
Al respecto, el Santo Padre ha precisado que el camino es sencillo: se hace con la oración y con la ayuda a los otros. Rezar juntos: “el ecumenismo de la oración, los unos por los otros y todos por la unidad”. Y también está el ecumenismo del trabajo “por los muchos necesitados, por muchos hombres y mujeres que hoy sufren injusticias, guerras”.
Por otro lado ha hablado del ecumenismo de la sangre. Cuando los terroristas o las potencias mundiales persiguen a las minorías cristianas o a los cristianos –ha observado–  no preguntan: ‘¿eres luterano? ¿eres ortodoxo? ¿eres católico? ¿eres reformado? ¿eres pentecostal?’ El enemigo, ha asegurado el Papa, no se equivoca, sabe reconocer dónde está Jesús. “Ellos reconocen solo uno: el cristiano”, ha indicado. Y hoy, ha dicho el Papa, somos testigos de ello. Por ejemplo, Francisco ha querido recordar a los ortodoxos coptos degollados en la playa de Libia, “son nuestros hermanos”, ha reconocido.
ZENIT

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO según san Lucas (11,47-54)



El Papa Francisco centró su homilía en el pasaje evangélico de Lucas (11, 47-54) que relata la advertencia de Jesús a los doctores de la ley —«Ay de vosotros, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia; vosotros no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis impedido»—, asociando a ello la imagen de «una iglesia cerrada» en la que «la gente que pasa delante no puede entrar» y de donde «el Señor que está dentro no puede salir». 

De aquí la referencia a esos «cristianos que tienen en su mano la llave y se la llevan, no abren la puerta»; o peor, «se detienen en la puerta» y «no dejan entrar».

¿Pero cuál es la causa de todo ello? El Santo Padre la identificó en la «falta de testimonio cristiano», que se presenta aún más grave si el cristiano en cuestión «es un sacerdote, un obispo, un Papa». 

Por lo demás, Jesús es muy claro cuando dice: «Id, salid hasta los confines del mundo. Enseñad lo que yo he enseñado. Bautizad, id a las encrucijadas de los caminos y traed a todos dentro, buenos y malos. Así dice Jesús. ¡Todos dentro!».

En el cristiano que asume «esta actitud de “llave en el bolsillo y puerta cerrada”» existe, según el Pontífice, «todo un proceso espiritual y mental» que lleva a que la fe pase «por un alambique» transformándola en «ideología». Pero «la ideología —advirtió— no convoca. En las ideologías no está Jesús. Jesús es ternura, amor, mansedumbre, y las ideologías, de cualquier sentido, son siempre rígidas». Se corre el riesgo de hacer al cristiano «discípulo de esta actitud de pensamiento» antes que «discípulo de Jesús».

Por ello sigue siendo actual el reproche de Cristo: «Vosotros os habéis llevado la llave del conocimiento», pues «el conocimiento de Jesús se ha transformado en un conocimiento ideológico y también moralista», según el mismo comportamiento de los doctores de la ley que «cerraban la puerta con tantas prescripciones». 

El Papa recordó al respecto otra advertencia de Cristo —contenida en el capítulo 23 del Evangelio de Mateo— contra escribas y fariseos que «lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros». Es precisamente a causa de estas actitudes que se desencadena un proceso por el que «la fe se convierte en ideología ¡y la ideología espanta! La ideología expulsa a la gente y aleja a la Iglesia de la gente».

El Papa Francisco definió «una enfermedad grave la de los cristianos ideólogos»; pero se dijo también consciente de que se trata de «una enfermedad no nueva». Ya había hablado de ello el apóstol Juan en su primera carta, describiendo a «los cristianos que pierden la fe y prefieren las ideologías»: su «actitud es hacerse rígidos, moralistas, “eticistas”, pero sin bondad».

Entonces es necesario preguntarse qué provoca «en el corazón de ese cristiano, de ese sacerdote, de ese obispo, o de ese Papa» una actitud así. Para el Papa Francisco la respuesta es sencilla: «Ese cristiano no reza. Y si no hay oración», se cierra la puerta. 

Así que «la llave que abre la puerta a la fe es la oración». Porque «cuando un cristiano no ora, su testimonio es soberbio». Y él mismo es «un soberbio, es un orgulloso, es uno seguro de sí, no es humilde. Busca la propia promoción. En cambio, cuando un cristiano ora, no se aleja de la fe: habla con Jesús».

El Santo Padre puntualizó al respecto que el verbo «orar» no significa «decir oraciones», porque también los doctores de la ley «decían muchas oraciones», pero sólo «para hacerse ver». En efecto, «una cosa es orar y otra es decir oraciones». En este último caso se abandona la fe, transformándola precisamente «en ideología moralista» y «sin Jesús».

Quienes oran como los doctores de la ley —apuntó el Pontífice— reaccionan de igual modo «cuando un profeta o un buen cristiano les reprocha», utilizando el mismo método que se usó contra Jesús: «Al salir de allí los escribas y los fariseos empezaron a acosarlo implacablemente —dijo, repitiendo las palabras del pasaje evangélico— y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, tendiéndole trampas para cazarle con alguna palabra de su boca». Porque —comentó— «estos ideólogos son hostiles e insidiosos. ¡No son transparentes! Y, pobrecitos, ¡son gente ensuciada por la soberbia!».

De ahí la invitación conclusiva a pedir al Señor la gracia de no dejar nunca «de orar para no perder la fe» y de «permanecer humildes» a fin de no transformarse en personas cerradas «que cierran el camino al Señor».
(Homilía del Papa Francisco en Santa Marta el 17-10-2013)

LOS QUE CIERRAN LA PUERTA PARA NO DEJAR ENTRAR A LOS DEMÁS




Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,47-54):


En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron! Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron, y vosotros les edificáis sepulcros. 

Por algo dijo la sabiduría de Dios: "Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los perseguirán y matarán"; y así, a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. 

Sí, os lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!»

Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, para cogerlo con sus propias palabras.

Palabra del Señor

Apremiantes llamamientos del Papa: cese del fuego en Siria y prevención desastres naturales en el mundo

Una vez más, en la Plaza de San Pedro se elevó la voz del Obispo de Roma para expresar su cercanía a las víctimas inocentes del cruel conflicto en la amada Siria. El Papa Francisco renovó su apremiante llamamiento implorando a los responsables un inmediato cese del fuego para favorecer la ayuda humanitaria:
«Quiero subrayar y reiterar mi cercanía a todas las víctimas del inhumano conflicto en Siria. Consciente de la urgencia, renuevo mi llamamiento, implorando con todas mis fuerzas, a los responsables, para que se provea a un inmediato cese del fuego, que se imponga y respete por lo menos durante el tiempo necesario para consentir la evacuación de los civiles, sobre todo de los niños, que aún están atrapados bajos los cruentos bombardeos»
En la víspera del Día Internacional para la Reducción de los Desastres 2016, el Obispo de Roma alentó la promoción de una cultura de prevención y tutela de nuestra casa común, con especial atención a los más necesitados:
«Mañana, 13 de octubre, se celebra el Día Internacional para la Reducción de los Desastres naturales, que este año propone el tema: ‘Reducir la mortalidad’. En efecto, los desastres naturales se podrían evitar o por lo menos limitar, puesto que sus efectos se deben a menudo a faltas en el cuidado del ambiente por parte del hombre. Aliento, por lo tanto, a aunar los esfuerzos de manera previsora en la tutela de nuestra casa común, promoviendo una cultura de prevención, con la ayuda también de los nuevos conocimientos, reduciendo los riesgos para las poblaciones más vulnerables».
Haciendo hincapié en el Año Jubilar de la Misericordia el Santo Padre recordó la importancia de impulsar la revolución cultural de la caridadque tanto necesita nuestro mundo indiferente:
«Queridos peregrinos, algunos simples gestos de misericordia, a través de la caridad que expresan, pueden cumplir una verdadera revolución cultural de la que nuestro mundo indiferente tiene tanta necesidad. Dejemos que el Espíritu Santo encienda en nosotros el anhelo de brindar  a los demás la ternura y la proximidad de Dios»
Algunas horas antes del II Partido por la Paz organizado en la capital italiana el saludo y aliento del Papa:
«Dirijo un saludo especial a los organizadores y a los participantes en el ‘Partido para la paz y la solidaridad’, que tendrá lugar en el Estadio Olímpico».
El ejemplo, la ternura y dulzura del amor de padre de San Juan XXIII, en las palabras de aliento del Papa Francisco a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:
«Ayer celebramos la memoria de San Juan XXIII. Invoquen su celeste intercesión, queridos jóvenes, para imitar la dulzura de su amor paternal. Récenle en los momentos de la cruz y del sufrimiento, queridos enfermos, para afrontar las dificultades con su misma mansedumbre. Aprendan de Él, queridos recién casados, el arte de educar a sus hijos con su ternura y ejemplo».
(CdM – RV) 
(from Vatican Radio)

El Papa en la catequesis: “Las obras de misericordia, antídoto contra la indiferencia”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En las catequesis anteriores nos hemos ido metiendo un poco a la vez en el gran misterio de la misericordia de Dios. Hemos meditado sobre el actuar del Padre en el Antiguo Testamento y luego, a través de las narraciones evangélicas, hemos visto como Jesús, en sus palabras y en sus gestos, sea la encarnación de la Misericordia. Él, a su vez, ha enseñado a los discípulos: «Sean misericordiosos como el Padre» (Lc 6,36). Es un empeño que interpela la conciencia y la acción de todo cristiano. De hecho, no basta tener la experiencia de la misericordia de Dios en la propia vida; es necesario que quien la reciba también se convierta en signo e instrumento para los demás. La misericordia, además, no está reservada solo para los momentos particulares, sino abraza toda nuestra experiencia cotidiana.
Por lo tanto, ¿Cómo podemos ser testigos de misericordia? No pensemos que se trate de realizar grandes esfuerzos o gestos sobre humanos. No, no es así. El Señor nos indica un camino mucho más simple, hecho de pequeños gestos pero que ante sus ojos tienen un gran valor, a tal punto que nos ha dicho que sobre esto seremos juzgados. De hecho, una página entre las más bellas del Evangelio de Mateo nos presenta la enseñanza que podríamos considerar de alguna manera como el “testamento de Jesús” por parte del evangelista, que experimentó directamente en sí la acción de la Misericordia. Jesús dice que cada vez que damos de comer a quien tiene hambre y de beber a quien tiene sed, que vestimos a una persona desnuda y acogemos a un forastero, que visitamos a un enfermo o a un encarcelado, lo hacemos a Él (Cfr. Mt 25,31-46). La Iglesia ha llamado a estos gestos “obras de misericordia corporales”, porque ayudan a las personas en sus necesidades materiales.
Existen también otras siete obras de misericordia llamadas “espirituales”, que se refieren a otras exigencias también importantes, sobre todo hoy, porque tocan el interior de las personas y muchas veces hacen sufrir más. Todos ciertamente recordamos uno que ciertamente ha entrado en el lenguaje común: “Soportar pacientemente a las personas molestas”. ¡Y existen eh! ¡Existen personas molestas! Podría parecer una cosa poco importante, que nos hace sonreír, en cambio contiene un sentimiento de profunda caridad; y así es también para las otras seis, que es bueno recordar: aconsejar a los inciertos, enseñar a los ignorantes, corregir al que se equivoca, consolar a los afligidos, perdonar las ofensas, rezar a Dios por los vivos y por los difuntos. ¡Son cosas de todos los días! “Pero yo estoy afligido…” “Dios te ayudará, no tengo tiempo”. ¡No! ¡Me detengo, lo escucho, pierdo el tiempo y lo consuelo, este es un gesto de misericordia y esto nos es hecho sólo a él, sino es hecho a Jesús!
En las próximas Catequesis nos detendremos sobre estas obras, que la Iglesia nos presenta como el modo concreto de vivir la misericordia. A lo largo de los siglos, muchas personas sencillas las ha puesto en práctica, dando así un genuino testimonio de fe. La Iglesia por otra parte, fiel a su Señor, nutre un amor preferencial por los más débiles. Muchas veces son las personas más cercanas a nosotros las que tienen necesidad de nuestra ayuda. No debemos ir en búsqueda de quien sabe qué acciones por realizar. Es mejor iniciar por aquellas más sencillas, que el Señor nos indica como las más urgentes. En un mundo lamentablemente herido por el virus de la indiferencia, las obras de misericordia son el mejor antídoto. Nos educan, de hecho, a la atención hacia las exigencias más elementales de nuestros «hermanos más pequeños» (Mt 25,40), en los cuales está presente Jesús.
Siempre Jesús está presente allí donde hay necesidad, una persona que tiene necesidad, sea material que espiritual, pero  Jesús está ahí. Reconocer su rostro en aquel que está en necesidad es un verdadero desafío contra la indiferencia. Nos permite estar siempre vigilantes, evitando que Cristo pase a nuestro lado sin que lo reconozcamos. Me viene a la mente la frase de San Agustín: «Timeo Iesum transeuntem» (Serm., 88, 14, 13), “Tengo miedo que el Señor pase” y no lo reconozca, que el Señor pase delante a mí en una de estas personas pequeñas, necesitadas y yo no me dé cuenta que es Jesús. Tengo miedo que el Señor pase y no lo reconozca. Me he preguntado porque San Agustín ha dicho temer el paso de Jesús. La respuesta, lamentablemente, está en nuestro comportamiento: porque muchas veces estamos distraídos, indiferentes, y cuando el Señor pasa a nuestro lado perdemos la ocasión del encuentro, de encuentro con Él.
Las obras de misericordia despiertan en nosotros la exigencia y la capacidad de hacer viva y operante la fe con la caridad. Estoy convencido que a través de estos simples gestos cotidianos podemos cumplir una verdadera revolución cultural, como lo ha sido en el pasado. Si cada uno de nosotros, cada día, hace una de estas, esta será una revolución en el mundo. ¡Pero todos eh! Cada uno de nosotros. ¡Cuántos santos hoy son todavía recordados no por las grandes obras que han realizado, sino por la caridad que han sabido transmitir! Pensemos en Madre Teresa, canonizada hace poco: no la recordamos por las casas que ha abierto en el mundo, sino porque se inclinaba en cada persona que encontraba en medio de la calle para restituirle la dignidad. ¡Cuántos niños abandonados ha abrazado entre sus brazos; cuantos moribundos ha acompañado al umbral de la eternidad sujetándolos por la mano! Estas obras de misericordia son los rasgos del Rostro de Jesucristo que cuida de sus hermanos más pequeños para llevar a cada uno la ternura y la cercanía de Dios. Que el Espíritu Santo nos ayude, que el Espíritu Santo encienda en nosotros el deseo de vivir con este estilo de vida: al menos hacer una cada día. Aprendamos de nuevo de memoria las obras de misericordia corporales y espirituales y pidamos al Señor nos ayude a ponerlos en práctica cada día y en el momento en el cual veamos a Jesús en una persona que está necesitada.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)