sábado, 30 de abril de 2011

Beatificación de Juan Pablo II

Mañana, 1 de mayo, beatifican al papa Juan Pablo II. En la siguiente direcció podemos enterarnos de todos los detalles.
O pulsar en el título del artículo y se va directamente a la página

http://www.juanpabloii.va/es/#home

lunes, 25 de abril de 2011

Resurrección

«La fe de los cristianos -afirma san Agustín- es la resurrección de Cristo». Los Hechos de los Apóstoles lo explican claramente: «Dios dio a todos los hombres una prueba segura sobre Jesús al resucitarlo de entre los muertos» (Hch 17, 31). En efecto, no era suficiente la muerte para demostrar que Jesús ! es verdaderamente el Hijo de Dios, el Mesías esperado. ¡Cuántos, en el decurso de la historia, han consagrado su vida a una causa considerada justa y han muerto! Y han permanecido muertos.

La muerte del Señor demuestra el inmenso amor con el que nos ha amado hasta sacrificarse por nosotros; pero sólo su resurrección es «prueba segura», es certeza de que lo que afirma es verdad, que vale también para nosotros, para todos los tiempos. Al resucitarlo, el Padre lo glorificó. San Pablo escribe en la carta a los Romanos: «Si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rm 10, 9).

Benedicto XVI

Señor Jesucristo, te pido que nunca me separe de ti. Que nunca dude de tu amor y nunca deje de amarte. Ayúdame a saber qué debo hacer para cumplir tu voluntad, tanto en las cosas pequeñas como en las grandes. Dame la gracia de amar y tratar a las demás personas con el amor y la bondad con que Tú lo has hecho. ¡Quédate siempre a mi lado, te necesito porque Tú eres mi fortaleza y mi esperanza. Señor, confío en Ti!. Ya sabes que sin Ti no soy nada. Te necesito.

domingo, 24 de abril de 2011

ELLAS FUERON LAS PRIMERAS

1- ¡Cristo ha resucitado! Hoy es una noche de gozo y de alegría....Jesucristo ha roto las cadenas de la muerte. No hay que temer. Es cierto, es verdad. ¡Señor Jesús has resucitado, no tengo ya ningún miedo! Porque el Señor es mi luz y mi salvación, confío en El.

2.- Triunfa la vida a pesar de las dificultades. A pesar de los pesares, del dolor, del fracaso de las tentaciones, de la soledad y de la agonía de Getsemaní. A pesar de la crisis económica, del paro, de la guerra…... es posible una solución. ¡Regocijaos cielos y tierra; verdaderamente resucitó Jesús, ha salido victorioso del sepulcro y éste ha "quedado vacío"! La muerte es la puerta de la vida. Es increíble....la muerte es la puerta de la vida. ¡Qué difícil es entender esto! Jesús, la vida es misterio, la muerte es misterio. No entiendo muchas cosas, me desbordan los acontecimientos, me ahoga el no saber, el no poder, tu silencio muchas veces. Pero yo Señor, confío en Ti, Tú eres mi salvación.

3.- Hoy, Señor, nos haces capaces de entusiasmarnos. Sí, la tiniebla ya no es tiniebla delante de Ti, la noche tiene luz como el día. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? ¡HA RESUCITADO! Hoy empieza una nueva era, las lanzas se convierten en podaderas, de las armas nacen arados y los oprimidos son liberados.
4.- La primeras mensajeras. La muerte y el pecado han sido vencidos. ¡Resucitemos con Cristo! Dios nos ha liberado para siempre. Las mujeres fueron las primeras "apóstoles", las primeras enviadas por el joven vestido de blanco a anunciar a todos esta gran noticia. Es la hora de reconocer la vocación, la misión y el puesto de la mujer en la Iglesia. Yo, como ellas, también me siento enviado y proclamo mi fe en Dios Padre, mi fe en la vida, en el Dios de la vida. Y sé que vale la pena "desvivirme" por los demás. ¡Jesús, resucitado de entre los muertos, luz de luz, vida de la vida, primogénito de la nueva creación, proclamo mi fe en Ti, mi Señor!
Por José María Martín OSA

jueves, 21 de abril de 2011

JUEVES SANTO

Hoy Jueves Santo sentimos una necesidad imperiosa de recordar y más que recordar llegar con nuestra imaginación y nuestro sentir hasta el Cenáculo, lugar que tuvo que quedar perfumado con las palabras eucarísticas que pronunció allí Jesús la misma noche en que sería entregado a la muerte.

En aquel sagrado recinto vemos a Cristo rodeado de sus apóstoles junto a una mesa y le vemos tomar el pan y el cáliz en sus manos sacerdotales para convertirlos en su Cuerpo y en su Sangre divinos.
Jesucristo se nos presenta con todo el poder de que es verdadero Dios, por su milagro, por el dominio de su pena interna, por el infinito amor con que corresponde a la soledad de los sagrarios de todo el mundo y de todos los tiempos, a los sacrilegios y perversiones de los corazones de los hombres, al desamor, y a la tibieza de los malos cristianos que lo reciben con gran indiferencia.

San Pablo nos dice: Porque yo aprendí del Señor lo que también os tengo enseñado; y es que el Señor Jesús, la noche misma en que había de ser entregado, tomó el pan y dando gracias lo partió y dijo a sus discípulos: "Tomad y comed. Esto es mi cuerpo que por vosotros será entregado a la muerte. Haced esto en memoria mía". Y de la misma manera el cáliz, después de haber cenado, diciendo: "Este cáliz es el Nuevo Testamento en mi sangre. Haced esto cuantas veces lo bebiereis en memoria mía, pues todas las veces que comierais este pan o bebierais este cáliz, anunciareis la muerte del Señor hasta que venga.

Así es que, cualquiera que comiera este pan o bebiera el cáliz del Señor indignamente será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Porque quién lo come o bebe indignamente, se traga y bebe su propia condenación". (Cor, ll,2O-32).
Las palabras del Señor en esa noche son una promesa de amor de que jamás estaremos solos sin El, de que podremos alimentar nuestra alma y cuerpo con el mismo Dios nuestro Creador que se quedó en el Sagrario pero también palabras fuertes de una advertencia grave para que no tomemos a la ligera al acercarnos a recibirle sin que antes reconciliemos nuestro corazón, si le hemos ofendido gravemente, con el acto humilde de reconocer nuestros pecados en el Sacramento de la Penitencia.

Y de nuevo ante esta inconmensurable escena de amor en el noche del Jueves Santo podemos ver su rostro trasfigurado y sus ojos llenos de pesadumbre, su corazón dolorido y sus palabras misteriosas para quedarse por siempre, hasta la consumación de los siglos, entre los hombres
Caigamos de rodillas y pidámosle que nos alimente con su Eucaristía mientras recorremos el camino de la vida, que nos consuele en nuestras penas, que participe de nuestras alegría y que nos ayude a no perder la gracia para poderlo recibir frecuentemente y de una manera digna.

Ma. Esther de Ariño

sábado, 16 de abril de 2011

Domingo de Ramos (Papa Juan Pablo II)

Es admirable la liturgia del Domingo de Ramos, como admirables fueron también los acontecimientos de la jornada a que hace referencia.
Sobre el entisástico “hosanna” se ciernen espesas tinieblas. Las tinieblas de la Pasión que se aproxima. Cuán significativas resultan las palabras del profeta, que en esa jornada tienen su cumplimiento:

“No temas, ciudad de Sión mira que tu Rey llega montado en un borrico” (Jn 12,13; cf. Zc 9,9)

¿Puede en este día de júbilo general del pueblo a causa de la venida del Mesías, la ciudad de Sión tener motivo de temor? Por supuesto que sí. Cercano está ya el tiempo en que en labios de Jesús se cumplirán las palabras del salmista: “Dios mío, Dios Mío, ¿por qué me haz abandonado?” (Sal 21(22),2. El va a ser quien pronuncie estas mismas palabras desde lo alto de la cruz.

Para entonces, en vez del entusiasmo del pueblo que canta “hosanna”, seremos testigos de las burlas inferidas en la casa de Pilato, en el Gólgota, como proclama el salmista:

“Al verme se burlaban de mí, hacen visajes, mueven la cabeza: Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libere si tanto lo quiere” (ibid. 8 ss.)

La liturgia de este día. Domingo de Ramos, a la vez que nos permite contemplar la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, nos lleva a la conclusión de su pasión. “Me taladrarán las manos y pies, y puedo contar mis huesos” Y poco después “… se reparten mi ropa, se sortean mi túnica” (Sal 21(22), 17-19) Es como si el salmista estuviese viendo con sus propios ojos los acontecimientos del Viernes Santo. Verdaderamente, en ese día ya próximo Cristo se hará obediente hasta la muerte y muerte de cruz (cf. Flp 2,8).

Sin embargo, precisamente este desenlace significa el comienzo de la exaltación. La exaltación de Cristo implica su previa humillación. El inicio y la fuente de la gloria está en la cruz.

viernes, 15 de abril de 2011

Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees tú esto?

“Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees tú esto?... Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”

«Una pregunta que Jesús nos dirige a cada uno de nosotros; una pregunta que ciertamente nos supera, que supera nuestra capacidad de comprender, y nos pide abandonarnos a él, como él se abandonó al Padre. La respuesta de Marta es ejemplar: ¡Sí, oh Señor!
También nosotros creemos, a pesar de nuestras dudas y de nuestras oscuridades; creemos en ti, porque tú tienes palabras de vida eterna; queremos creer en ti, que nos das una esperanza fiable de vida más allá de la vida, de vida auténtica y plena en tu reino de luz y de paz»

(Benedicto XVI).


 
Señor, ayúdanos a creer siempre en ti, a creer que moriste y resucitaste por nosotros, por cada uno de nosotros. No dejes que nunca dudemos o nos desanimemos, por que tú eres el motor de nuestra vida, sin ti nuestra vida no tiene sentido. Hemos nacido y vivimos por y para ti, para hacer tú voluntad.

miércoles, 13 de abril de 2011

SER CRISTIANO

Creer en Cristo va más allá de las palabras piadosas, de los sentimientos y emociones. Nuestro mundo necesita de cristianos no sólo convencidos sino fraguados en el misterio de la fe. Esta fe es como una gran fogata que sólo se mantiene encendida con los leños de las obras: «Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta» (St. 2, 17)


Es la fe la que nos permite ver a Jesús en las personas que nos rodean y es el impulso a buscar que el mayor número de almas le conozcan y le amen. Es por eso que la necesidad de ahondar en nuestra fe, a través de la oración, de la lectura de su palabra, de la participación de los sacramentos, se hace cada día más urgente. La fe no es una virtud que por nuestras propias fuerzas podamos alcanzar. Se trata de un don de Dios que debemos pedir incesantemente no sólo para nosotros sino para todos aquellos que viven sin esta brújula que oriente sus vidas hacia la meta que es Dios.
 
Señor, tu sabes que mi fe muchas veces es débil, y que ante las preocupaciones y quehaceres del día a día fácilmente languidece. Fortaléceme Señor con este don para que te descubra en mis hermanos, para que ante las cruces que tú permitas en mi camino, sepa responder a tu voluntad con la mirada puesta en Ti. ¡Creo Señor! ¡Ayúdame a creer en Ti con firmeza!
 
H Juan Pablo Peña Castillo
 

jueves, 7 de abril de 2011

El Ciego de Nacimiento

Queridos hermanos y hermanas: En estos domingos de Cuaresma, a través de los pasajes del evangelio de san Juan, la liturgia nos hace recorrer un verdadero itinerario bautismal: el domingo pasado, Jesús prometió a la samaritana el don del “agua viva”; hoy, curando al ciego de nacimiento, se revela como “la luz del mundo”; el domingo próximo, resucitando a su amigo Lázaro, se presentará como “la resurrección y la vida”. Agua, luz y vida: son símbolos del bautismo, sacramento que “sumerge” a los creyentes en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, liberándolos de la esclavitud del pecado y dándoles la vida eterna.


Detengámonos brevemente en el relato del ciego de nacimiento. Los discípulos, según la mentalidad común de aquel tiempo, dan por descontado que su ceguera es consecuencia de un pecado suyo o de sus padres. Jesús, por el contrario, rechaza este prejuicio y afirma: “Ni este pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios”. ¡Qué consuelo nos proporcionan estas palabras! Nos hacen escuchar la voz viva de Dios, que es Amor providencial y sabio. Ante el hombre marcado por su limitación y por el sufrimiento, Jesús no piensa en posibles culpas, sino en la voluntad de Dios que ha creado al hombre para la vida. Y por eso declara solemnemente:

“Tengo que hacer las obras del que me ha enviado. (...) Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo” Inmediatamente pasa a la acción: con un poco de tierra y de saliva hace barro y lo unta en los ojos del ciego. Este gesto alude a la creación del hombre, que la Biblia narra con el símbolo de la tierra modelada y animada por el soplo de Dios. De hecho, “Adán” significa “suelo”, y el cuerpo humano está efectivamente compuesto por elementos de la tierra. Al curar al hombre, Jesús realiza una nueva creación. Pero esa curación suscita una encendida discusión, porque Jesús la realiza en sábado, violando, según los fariseos, el precepto festivo. Así, al final del relato, Jesús y el ciego son “expulsados” por los fariseos: uno por haber violado la ley; el otro, porque, a pesar de la curación, sigue siendo considerado pecador desde su nacimiento.

Al ciego curado Jesús le revela que ha venido al mundo para realizar un juicio, para separar a los ciegos curables de aquellos que no se dejan curar, porque presumen de sanos. En efecto, en el hombre es fuerte la tentación de construirse un sistema de seguridad ideológico: incluso la religión puede convertirse en un elemento de este sistema, como el ateísmo o el laicismo, pero de este modo uno queda cegado por su propio egoísmo.

Queridos hermanos, dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere damos la luz de Dios. Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, lo que la Biblia llama el “gran pecado”: el orgullo. Que nos ayude en esto María santísima, la cual, al engendrar a Cristo en la carne, dio al mundo la verdadera luz.

Benedicto XVI

sábado, 2 de abril de 2011

Hablar con Jesús

Ahora es sábado noche, muchas personas estarán divirtiéndose y eso está muy bien, Señor. Pero yo estoy delante del teclado y pensando en Tí Jesús. Y siento como te amo, como me siento amado por Ti, se que me amas intensamente, diste la vida por todos, y en particular la diste por mí. Y siento tu amor cuando estoy triste, cierro los ojos y te siento cerca, amándome, consolándome, diciéndome:  "Tranquilo, no te preocupes, déjalo en mis manos, Yo te amo".
Cuando estoy contento, también te siento Señor, en la felicidad de la gente, en la sonrisa de los niños, en la hermosura de tu creación, en pequeños detalles que otras veces pasan desapercibidos.
Pero Jesús, tu ya me conoces, también sabes de mis miedos, sabes de mi egoismo y de mi ingratitud. Tengo miedo de no hacer lo que tu deseas que haga, tengo miedo de no dar testimonio de Ti, tengo miedo de hacer daño a mis hermanos y entonces hacértelo a Ti. Tengo miedo de que esta cuaresma no sea una verdadera conversión en mi vida. Y tengo miedo, mucho miedo, de que al final del camino no estés TÚ esperándome.
 Pero otra vez estás aquí, amándome, queriéndome, llenando todo mi ser de tu amor y diciéndome: "¿Por qué me dices que me amas, si luego no lo demuestras?. Confía en mi, yo todo lo puedo y si tu me amas, dejálo en mi mano, tú solo di sí cuando te lo pida. Confía en mi, yo te amo."
Señor, yo confío en ti, yo también te amo.
CM