viernes, 23 de diciembre de 2016

El cardenal Osoro escribe una carta a los misioneros y a sus familias


Un año más, el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, ha escrito a los misioneros para felicitarles la Navidad. En ella les recuerda que «se acercan estas fechas que todos vamos a celebrar con alegría. La alegría que nace de un Dios que quiere a los hombres y desea entrar en su corazón».
«Sé que vuestra familia es ahora la gente con la que trabajáis, con la que compartís vuestras alegrías y sufrimientos. Y sé que, aunque siempre cuesta algo, en el fondo es lo que os está pidiendo el corazón, celebrarlo con la familia que Dios nos da en cada momento», señala el purpurado.
«¡Cuánta gente cerca de vosotros os va a mostrar su afecto y agradecimiento por querer compartir con ellos la alegría del nacimiento de Nuestro Señor! ¡Cuántas personas van a valorar con ilusión todo lo que estáis aportando a sus vidas, instruyéndoles en la Palabra de Dios y acompañándoles en su caminar cristiano! Seguro que el Señor Jesús se hace especialmente presente en vuestras vidas a través de ellos. Sabed dar gracias a Dios por la presencia manifiesta de Él en vuestras vidas», añade.
Si bien reconoce que «en vuestras casas, donde viven vuestros padres, hermanos, sobrinos… se os va a echar mucho de menos», subraya que «ellos también comparten con vosotros la alegría de saber que estáis junto a las personas que ahora más os necesitan». «Seguro que ellos desearían hacerse presentes en vuestras tierras y veros cómo estáis trabajando por hacer cercano el Reino de Dios a los hombres. ¡Con ellos yo también me siento muy unido a vosotros y a vuestra entrega!», asevera.
Al tiempo que les agradece sus muestras de afecto con motivo de su creación como cardenal, les recuerda que «no es un honor o una recompensa, es un servicio que te pide el Señor y es necesario agrandar el corazón y la mirada. Vosotros estáis en mi corazón de un modo especial. Ayudadme a sentirme servidor de la Iglesia extendida por todo el mundo, y allí donde estáis vosotros, de modo particular».
Y concluye encomendando a los misioneros madrileños «a la Virgen María, nuestra Madre. Que Ella os llene de la alegría del Espíritu Santo. Rezad también por mí en esta nueva etapa de mi vida. ¡Muy feliz Navidad y un gran año 2017!».
Dios quiere hacerse presente en nuestras vidas
Además, el arzobispo dirige unas líneas a los familiares de los misioneros, a quienes recuerda que «la alegría del cristiano está fundamentada en este momento tan importante, en el momento en el que Dios quiere hacerse presente en nuestras vidas asumiendo nuestra condición y nuestra labor». «Comprendo que al cantar los villancicos vamos todos a echar de menos a las personas que nos faltan y que tanto queremos o hemos querido, por eso la alegría de estas fiestas está siempre acompañada por una lógica y tierna nostalgia. Pero queremos vivirlo así, con alegría y con deseo de ofrecerle al Señor esa pequeña renuncia. Y el Señor que no se deja ganar en generosidad, seguro que nos hace vivir este tiempo con paz e ilusión».
«Nuestros misioneros están con vosotros, en el corazón y en la oración. Son vuestra gente, son vuestros familiares, ellos no se olvidarán de vosotros, ni vosotros de ellos, pero recordad que la mejor forma de ayudarles, de sostenerles, de quererles es vuestra oración por ellos y por todo lo que ellos llevan a cabo», detalla..
En esta línea, el cardenal Osoro muestra de nuevo su cercanía e incide en que «la Iglesia diocesana está muy agradecida a su generosidad y entrega, y también a la vuestra que con tanta alegría habéis permitido a Dios escoger a vuestros familiares para ser, en nombre de la Iglesia, portadores de la luz y del amor de Cristo».
Infomadrid

Los jóvenes pasarán Nochebuena con los pobres


Los jóvenes de la Pastoral Universitaria de Madrid pasarán la Nochebuena en la calle con personas sin techo. Su lema es Nadie sin cenar: 300 manos para 300 corazones. «El objetivo que nos hemos propuesto es que se involucre mucha gente, para que cada voluntario que entregue la cena se pueda quedar un rato hablando con la persona de la calle. Queremos no tanto dar la comida, como acompañar a estas personas», cuenta José Eugenio Ortiz, profesor vinculado a Pastoral Universitaria.
La iniciativa saldrá adelante gracias a la generosidad de Jorge, un hostelero de la capital que donará las cenas necesarias para esta noche. Su relación con la Pastoral Universitaria de Madrid se remonta a 2013, cuando se encontró por casualidad en la Plaza Mayor con varios voluntarios que repartían bocadillos. «Yo quiero hacer lo mismo en Nochebuena, pero necesito manos», les dijo. Ya llevan tres años dando «un menú bastante completo a todas esas personas que por las razones que sea no suelen ir a los albergues y prefieren estar en la calle. Pensé: “¿Por qué se van a quedar sin cenar en Nochebuena?”, y nos pusimos manos a la obra. La Nochebuena la gente prefiere estar con sus familias, y es un día complicado para hacer algo así, pero ¡qué mejor que celebrar la Navidad estando con estas personas! De hecho, se pueden compaginar las dos cosas, empezar pronto y luego sentarse a la mesa con tu familia y vivir la Nochebuena de otra manera».
La iniciativa dará comienzo en la plaza Mayor a las 18 horas. «Ojalá haya en otras ciudades otros hosteleros que se animen a hacer lo mismo», afirma Jorge, a quien le gustaría que cundiera el ejemplo. «Hay que salir a buscar a estas personas. Es como la fe: no nos podemos quedar en casa, hay que salir a buscar a la gente a la calle».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Alfa y Omega

El Papa afirma que existen «resistencias malvadas» a la reforma de la Curia


En su mensaje navideño a la Curia, el Papa indicó el rumbo de la reforma vaticana. Advirtió contra las «resistencias malévolas», las «palabras vacías del gatopardismo espiritual», instó a acabar con la añeja práctica del promoveatur ut amoveatur (una expresión para quitarse de en medio a alguien), definido como un cáncer, y pidió más espacio para las mujeres en las estructuras de gobierno en la Iglesia
La reforma de la Curia romana “no es maquillaje”. No se trata de una cirugía plástica “lifting” para esconder las arrugas. Porque en la Iglesia no se deben temer las arrugas, sino “las manchas”. Palabras del Papa en el mensaje anual a sus principales colaboradores de la Santa Sede. Un largo e incisivo discurso, en el cual constató que su impulso reformador ha encontrado dificultades. “Resistencias malévolas”, que “germinan en mentes distorsionadas”, refugiándose en “palabras justificadoras”, “en las tradiciones” y “en las formalidades”. Ante ello, Francisco instó a una renovación profunda, un cambio de mentalidad, una conversión espiritual.
Cada año, el mensaje navideño a la Curia suele ser muy esperado. Es la oportunidad para el Papa de trazar un balance e indicar el rumbo. Así fue en 2014 y 2015. Así fue en esta ocasión. Estos mensajes forman ya una trilogía única. En 2014 Jorge Mario Bergoglio habló de las “enfermedades de la Curia”, el año pasado de las virtudes necesarias para los eclesiásticos. En este 2016 optó por presentar una serie de criterios sobre la reforma, un frente aún abierto.
Pero su reflexión partió desde la Navidad, la fiesta de la “humildad amante de Dios”. Un Dios que trastoca el orden lógico de lo “descontado” y lo “debido”, lo “dialéctico y matemático”. Es la lógica de la Navidad –siguió-, que trastoca la lógica mundana, la lógica del poder, del comando, la lógica farisea, causalística y determinista.
Recordando el mensaje navideño de Pablo VI en 1971 sostuvo: “Dios habría podido venir vestido de gloria, de esplendor, de luz, de potencia a darnos miedo, a hacernos saltar los ojos de las maravillas. ¡No, no! Vino como el más pequeño de los seres, el más frágil, el más débil. ¿Por qué? Para que ninguno tenga vergüenza de acercarse a él, para que ninguno tenga temor, para que todos lo puedan tener cercano”.
El significado de la reforma
Francisco explicó que la reforma busca hacer a la Curia más “con-forme a los signos de nuestro tiempo, para salir al encuentro de las necesidades de los hombres y mujeres que estamos llamados a servir” y más “con-forme a su fin”, que no es otro sino “colaborar en el ministerio del sucesor de Pedro” y “sostener al romano pontífice en el ejercicio de su potestad singular, ordinaria, plena, suprema, inmediata y universal”. Entre las numerosas notas al pie de página, más de una reforzó este último pasaje, dejando en claro que la Curia existe como ayuda del Papa y no por otra cosa.
“Es necesario sostener con fuerza que la reforma no es un fin en si mismo, sino un proceso de crecimiento y de conversión. La reforma no tiene un fin estético, como si se quisiera poner más bella a la Curia; ni puede ser entendida como una suerte de lifting, un maquillaje para embellecer el anciano cuerpo curial y, ni siquiera, como una operación de cirugía plástica para quitar las arrugas. Queridos hermanos, no son las arrugas que en la Iglesia se deben temer, ¡sino las manchas!”, indicó.
“La reforma será eficaz sólo y únicamente si se pone en práctica con hombres renovados y no simplemente con hombres ‘nuevos’. No basta con acontentarse de cambiar al personal, sino que se requiere llevar a los miembros de la Curia a renovarse espiritualmente, humanamente y profesionalmente. La reforma de la Curia no se ejecuta con el cambio de las personas –que sin duda se da y se dará- sino con la conversión en las personas. En realidad no basta una formación permanente, se requiere también y sobre todo, una conversión y una purificación permanente. Sin un cambio de mentalidad, el esfuerzo funcional resultaría vano”, agregó.
Las “saludables” resistencias
Más adelante, Bergoglio consideró “normal” y hasta “saludable” que surjan dificultades en un proceso de reforma. Mencionó tres tipos de “resistencias”: unas “abiertas”, que nacen de la buena voluntad y del diálogo sincero; otras “escondidas”, que nacen de los “corazones atemorizados y petrificados” que se alimentan de las “palabras vacías del gatopardismo espiritual”; y las restantes, “resistencias malévolas”, que germinan en “mentes distorsionadas y se presentan cuando el demonio inspira intenciones malas”.
“Este último tipo de resistencia se esconde detrás de las palabras justificadoras y, en tantos casos, acusatorias, refugiándose en las tradiciones, en las apariencias, en las formalidades, en lo conocido, o quizás en el querer llevar todo al plano personal sin distinguir entre el acto, el actor y la acción”, completó.
Pero lejos de estigmatizar las reacciones, afirmó que todas las resistencias -incluso las menos buenas- son necesarias, “merecen ser escuchadas y animadas a expresarse”. Porque la falta de reacción “¡es un signo de muerte!”. Es más, sostuvo que las reacciones demuestran lo delicado del proceso de reforma, que debe ser vivido con “fidelidad a lo esencial”, “valentía evangélica”, “sabiduría eclesial”, con escucha atenta, tenaz acción, firmes decisiones, pasos concretos hacia adelante y –cuando resulte necesario- “también pasos atrás”, con “incondicionada obediencia”, con responsable potestad, con “mucha oración” y “profunda humildad”.
Criterios guía de la reforma
Entonces, el Papa enumeró una lista de 12 criterios que deben guiar la reforma. Algunos de actitud personal, otros de carácter organizacional. Ante todo la individualidad, la “conversión personal” sin la cual serán inútiles todos los cambios de estructura. Luego la pastoralidad, una “espiritualidad de servicio común” que servirá de antídoto “a todos los venenos de vana ambición y de ilusoria rivalidad”. Y la misionariedad, para llevar el mensaje cristiano “a todos los confines de la tierra”, superando las estructuras eclesiales que lo impidan.
Puso el acento en la racionalidad, con la cual optó por reducir el número de oficinas de la Curia y pidió respetar las competencias de cada una de ellas, para que ninguna se atribuya funciones ajenas. Habló de funcionalidad, que exige la “revisión continua de los roles, competencias y responsabilidades del personal”; de modernidad, para que las estructuras se adecúen a las “necesidades de los tiempos”; de sobriedad, que obliga a una simplificación de la Curia, considerando incluso la supresión de oficinas y organismos; de subsidiariedad, para una mejor coordinación y colaboración entre todos los entes de la Curia.
Más laicos y más mujeres en la Curia
Continuó el elenco recomendando la sinodalidad, con reuniones más fructíferas entre los diversos sectores vaticanos. Urgió más catolicidad, deseando la contratación en las oficinas de la Curia de personal proveniente de todo el mundo. “Es oportuno prever el acceso a un número mayor de fieles laicos, especialmente en aquellos dicasterios donde pueden ser más competentes de los clérigos o de los consagrados. De gran importante es, además, la valorización del rol de la mujer y de los laicos en la vida de la Iglesia y su integración en roles de guía de los dicasterios, con una particular atención a la multiculturalidad”, abundó.
Consideró indispensable una mayor profesionalidad, impulsando una política de formación permanente del personal para evitar caer en la rutina del funcionalismo. Al mismo tiempo calificó de «indispensable» la «archivación definitiva» de la añeja práctica eclesiástica del «promoveatur ut amoveatur», una regla no escrita por la cual, para quitar a un funcionario de un puesto se necesita enviarlo a otro de similar o mayor importancia. Saliéndose del discurso preparado exclamó: «¡Este es un cáncer!». Culminó la lista con la gradualidad: el «fruto del discernimiento proprio de un proceso histórico», que exige etapas, correcciones y experimentaciones. Flexibilidad necesaria y no indecisión.
Un resumen de la reforma
El Papa quiso dejar constancia del camino recorrido. Por eso leyó un completo resumen de los pasos cumplidos en la reforma. Desde el establecimiento del Consejo de los nueve cardenales en 2013 hasta la creación de los nuevos dicasterios, de Desarrollo Humano Integral y de Laicos, Familia y Vida, en 2016. Pasando por las comisiones sobre el Instiuto para las Obras de Religión (“banco vaticano”) y sobre las estructuras económico-administrativas, la institución del Consejo y la Secretaría de Economía; la Secretaría para la Comunicación y la Comisión para la Tutela de los Menores.
Para concluir su mensaje, Francisco eligió las palabras del monje Matta el Meskin, quien se dirigió –en uno de sus escritos- a Jesús nacido en Belén. “Dónanos el no creernos grandes en nuestras experiencias. Dónanos, al contrario, de volvernos pequeños como tu para que podamos estarte cercanos y recibir de ti la humildad y la mansedumbre en abundancia… Hay una competencia despiadada entre los gobiernos, entre las Iglesias, entre los pueblos, al interior de las familias, entre una parroquia y otra: ¿Quién es el más grande entre nosotros? Nosotros y el mundo todo no encontraremos ni salvación, ni paz, si no volvemos a encontrarte, de nuevo, en el pesebre de Belén”.
El regalo
Al final, fuera del texto escrito, el Papa recordó que cuando se refirió a las «enfermedades» de la Curia, un cardenal le preguntó si tenía que ir a confesarse o a la farmacia. «A las dos, le dije», replicó sonriendo. Y luego señaló que el cardenal Walter Brandmüller le habló de Claudio Acquaviva, el tercer superior de la Compañía de Jesús, quien escribió un libro que él mismo, de novicio, leía en latín. Un texto sobre el cuidado de las enfermedades del alma. Entonces anunció su deseo de regalar a todos los presentes una copia de una edición reciente, del sacerdote Giuliano Raffo, titulada: «Sagacidad para cuidar las enfermedades del alma».
Andrés Beltramo/Vatican Insider
Alfa y Omega

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS POR SAN AGUSTÍN:



“La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo. Ello no deja de tener su significado...

Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una jovencita virgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe. (...) 

Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. 

Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. 

Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda libre la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado. 

Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de Jesús, a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. 

El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto. 

Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio. 
(Del Sermón 293 de San Agustín, obispo)

NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA


Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,57-66):

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.

A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo:
«¡No! Se va a llamar Juan».

Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así».

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.

Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?»
Porque la mano del Señor estaba con él.

Palabra del Señor