sábado, 30 de abril de 2016

Audiencia Jubilar: “el pecado nos aleja del amor de Dios”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy deseo reflexionar con ustedes sobre un aspecto importante de la misericordia: la reconciliación. Dios no ha dejado jamás de ofrecer su perdón a los hombres: su misericordia se ha manifestado de generación en generación. Muchas veces pensamos que nuestros pecados alejan al Señor de nosotros: en realidad, pecando, nosotros nos alejamos de Él, pero Él, viéndonos en el peligro, con mayor razón nos viene a buscar. Dios no se conforma jamás con la posibilidad que una persona permanezca extraña a su amor, pero a cambio de encontrar en ella algún signo de arrepentimiento por el mal realizado.
Sólo con nuestras fuerzas no lograremos reconciliarnos con Dios. El pecado es de verdad una expresión de rechazo a su amor, con la consecuencia de cerrarnos en nosotros mismos, iludiéndonos de encontrar mayor libertad y autonomía. Pero lejos de Dios no tenemos más una meta, y de peregrinos en este mundo nos hacemos “errantes”. Un modo común de decir es que, cuando pecamos, nosotros “le damos la espalda a Dios”. Es justamente así, el pecador ve solo a sí mismo y pretende de este modo ser autosuficiente; por eso, el pecado aumenta siempre más la distancia entre nosotros y Dios, y esto se puede convertir en un abismo. A pesar de ello, Jesús viene a buscarnos como buen pastor que no está contento hasta cuando no ha encontrado la oveja perdida, como leemos en el Evangelio (Cfr. Lc 15,4-6). Él reconstruye el puente que nos une al Padre y nos permite reencontrar la dignidad de hijos. Con el sacrificio de su vida nos ha reconciliado con el Padre y nos ha donado la vida eterna (Cfr. Jn 10,15).
«¡Déjense reconciliar con Dios!» (2 Cor 5,20) - «¡Dejémonos reconciliar con Dios!» -: el grito que el apóstol Pablo dirige a los primeros cristianos de Corinto, hoy con la misma fuerza y convicción vale para todos nosotros. ¡Dejémonos reconciliar con Dios! Este Jubileo de la Misericordia es un tiempo de reconciliación para todos. Tantas personas quisieran reconciliarse con Dios pero no saben cómo hacerlo, o no se sienten dignos, o no quieren admitirlo ni siquiera a sí mismos. La comunidad cristiana puede y debe favorecer el regreso sincero a Dios de cuantos sienten su nostalgia. Sobre todo cuantos realizan el «ministerio de la reconciliación» (2 Cor 5,18) están llamados a ser instrumentos dóciles del Espíritu Santo para que ahí donde ha abundado el pecado pueda sobre abundar la misericordia de Dios (Cfr. Rom 5,20). ¡Ninguno permanezca alejado de Dios a causa de obstáculos puestos por los hombres! Y esto es válido, esto vale también – y lo digo enfatizándolo – a los confesores, es válido para ellos: por favor, no pongan obstáculos a las personas que quieren reconciliarse con Dios. ¡El confesor debe ser un padre! ¡Está en lugar de Dios Padre! El confesor debe acoger a las personas que van a él para reconciliarse con Dios y ayudarlos en el camino de esta reconciliación que está haciendo. Es un ministerio tan bello: no es una sala de torturas ni un interrogatorio, no, es el Padre quien recibe, Dios Padre, Jesús, que recibe y acoge a esta persona y perdona. ¡Dejémonos reconciliar con Dios! ¡Todos nosotros! Este Año Santo sea el tiempo favorable para redescubrir la necesidad de la ternura y de la cercanía del Padre y para regresar a Él con todo el corazón.

Tener la experiencia de la reconciliación con Dios permite descubrir la necesidad de otras formas de reconciliación: en las familias, en las relaciones interpersonales, en las comunidades eclesiales, como también en las relaciones sociales e internacionales. Alguno me decía, los días pasados, que en el mundo existen más enemigos que amigos, y creo que tiene razón. Pero no, hagamos puentes de reconciliación también entre nosotros, comenzando por la misma familia. Cuantos hermanos han discutido y se han alejado solamente por la herencia. Pero mira, ¡esto no es así! ¡Este Año es el año de la reconciliación, con Dios y entre nosotros! La reconciliación de hecho es también un servicio a la paz, al reconocimiento de los derechos fundamentales de las personas, a la solidaridad y a la acogida de todos.
Aceptemos, por lo tanto, la invitación a dejarnos reconciliar con Dios, para convertirnos en nuevas creaturas y poder irradiar su misericordia en medio a los hermanos, en medio a la gente.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

30 de abril: san Pío V, papa

La notable familia de los Ghislieri había venido a menos económicamente en los comienzos del siglo XVI. A Pablo y Dominga Augeria les nació un hijo el 17 de enero de 1504, en Bosco Marengo, al norte de Italia; le pusieron el nombre del santo del día que era san Antonio Abad. Desde pequeño fue pastor por no poder ser clérigo y tener que arrimar el hombro a la economía familiar.
Sabedor de las inclinaciones del muchacho, el Sr. Bastone se ofreció a pagar los gastos para que pudiera entrar en la escuela de los dominicos, cuando también ingresó a su hijo Francesco.
Ingresa en los dominicos de Voghera; a fray Miguel –es ahora su nuevo nombre– lo destinaron a Vigevano; en Bolonia cursa los estudios filosóficos y teológicos y aprende santidad allí mismo junto al sepulcro del fundador santo Domingo de Guzmán. Se ordenó sacerdote en Génova en 1528.
Fray Miguel de Alessandría vive pobre, enseña y predica, atiende los oficios divinos y combate a los herejes en Pavía, Alba y Como, donde lo nombraron inquisidor. Camina a pie de un lado a otro poniendo orden entre los nobles y herejes, sin respeto humano, ni miedo a las amenazas del Conde de Alba –llegó a amenazarle con arrojarlo a un pozo–, o a los mercaderes que se irritan profundamente cuando les requisa los libros heréticos.
En 1550 está en Roma; hasta allí han llegado las quejas y protestas por la rectitud con la que lleva adelante su encargo inquisitorial; vista la cosa, nadie puede ponerle un pero a su trabajo, que supo llevar con una escrupulosidad ejemplar. El mismo cardenal Caraffa lo reconoció y hasta lo admiró.
Al bueno y recto fray Miguel lo nombraron obispo de Sutri y Nepi el 4 de septiembre de 1556 y Paulo IV lo hizo cardenal de la Iglesia el 15 de marzo de 1575, y luego, Inquisidor General.
Pío IV, Médici de pura cepa, lo despreció, olvidó e ignoró porque varias veces tuvieron un ten con ten en el que el último papa del Renacimiento solía recibir alguna que otra amonestación del cardenal Ghislieri, amante de la pobreza, despegado del mundo y de los honores, recio, y en algunos puntos inflexible.
Contra su voluntad lo eligieron papa el 7 de enero de 1566, por la decisión que tomaron en un agitadísimo cónclave los cardenales Borromeo y Farnesio. Lo pintan de mediana estatura, de ojos pequeños con mirada aguda, y nariz aguileña; lleva como atributos un crucifijo y un rosario.
En el Vaticano se nota que ha dado un giro la Iglesia con su presencia. Despidió a todos los bufones, se mostró enemigo de los abundantes aduladores y generosísimo con los pobres; decía Misa diaria –cosa nada frecuente en aquella época–, impuso austeridad y redobló la oración meditando de modo preferente la Pasión, acompañada por el Rosario; desconfiando de los cardenales, se propuso renovar el Colegio. Se iban corriendo las voces de que el antiguo inquisidor –ahora papa– solo sabía reformar.
Y tenían bastante razón aquellos rumores. Pío V ha decidido poner en marcha los Decretos del Concilio Tridentino; reforma el Breviario y el Misal; publica el Catecismo de Trento, que también se conoce por su nombre; urge la obligación de residencia en sus diócesis para los obispos, les manda la celebración de sínodos anuales, y da ejemplo en Roma realizando las visitas pastorales. El viejo inquisidor frena todo lo que puede la herejía protestante, contando con el saber y la fidelidad de Pedro Canisio, ayudando a los católicos franceses a luchar contra los hugonotes, y adoptando medidas para favorecer la ortodoxia: fomentó las ciencias eclesiásticas, cuidó la universidad de Roma y nombró Doctor de la Iglesia a santo Tomás de Aquino.
Además hay un terrible problema planteado. El turco. A Pío V le preocupa la unidad de la Iglesia, defender y extender la fe. Intenta la unidad de los príncipes y reinos cristianos para dar respuesta al peligro turco; una y mil veces propone formar la Santa Liga y fracasa tanto por sus escasas dotes políticas como por los sobrados intereses políticos de los gobernantes. Por fin, consigue la Triple Alianza entre Venecia, los Estados Pontificios y España para montar una escuadra capaz de presentar batalla a los turcos; los venció en Lepanto y la mandaba Juan de Austria como almirante.
Murió el ilustre piamontés que tuvo un origen tan humilde, el 1 de mayo de 1572, como simple fraile dominico; deseó morir vestido con el hábito de la Orden. Su voluntad expresa fue que se le enterrara en Bosco, pero en este punto no le dieron gusto; el papa Sixto V trasladó sus restos a Santa María la Mayor, desde su entierro provisional en el Vaticano.
Al papa de la recuperación moral de la Iglesia –el que se mostró implacable contra el nepotismo, que excomulgó a Isabel de Inglaterra y eliminó en la práctica el protestantismo en Italia– lo canonizaron en 1712, aunque hubiera sido tratado de intransigente y duro. Y es que en la Iglesia pasa como en el cuerpo humano; arreglarlo, cuesta. Y a veces es preciso cortar para el bien de la totalidad.

Archimadrid.org

El Papa pide que el lucro no impida la investigación de las enfermedades raras

El Santo Padre invita a los médicos e investigadores que en este Año Jubilar sean ‘cooperadores cualificados y generosos de la misericordia del Padre’
El santo padre Francisco recibió en audiencia este viernes por la mañana en el Vaticano, a los participantes de la III Conferencia Internacional de Medicina Regenerativa, que lleva como título “Cellular horizons: how science, technology, information and communication will impact society” .
El congreso organizado por el Pontificio Consejo de la Cultura se celebra en el Aula Nueva del Sínodo, en el Vaticano, con la colaboración de diversos entes entre los cuales la “Stem For Life Foundation”, y ve hoy en el Aula Pablo VI el punto culminante, con la audiencia pontificia.
El Santo Padre agradeció este encuentro dedicado a las enfermedades raras que afectan a millones de personas en todo el mundo, “porque a estos pacientes muchas veces no le dan la debida atención, dado que no se vislumbra un consistente retorno económico a las inversiones hechas en favor de ellos”.
“Este encuentro asume –añadió el Papa– un valor aún más significativo en el horizonte del Jubileo Extraordinario de la misericordia” y despierta esperanza ya que involucra a diversas personas e instituciones de diferentes partes del mundo.
El Pontífice señaló tres ideas principales durante su discurso: sensibilización,  investigación y acceso a los tratamientos médicos.
Sensibilización: “Tiene una importancia fundamental –aseguró Francisco– promover que en la sociedad crezca la empatía para que nadie se quede indiferente al pedido de ayuda del prójimo, también cuando sufre una enfermedad rara”. Y cuando no se encuentran soluciones hay que responder con rapidez a estas personas, porque la sensibilidad humana “debería ser universal, independientemente del credo, posición social o contexto cultural”.
La segunda idea es ‘investigación’ en sus dos aspectos, “la educación y la investigación científica propia”. Junto a las facultades intelectuales de los estudiantes es necesario garantizar una adecuada formación humana, asegurando el máximo nivel profesional, con recorridos interdisciplinarios, que den preparación humana y ética. “Porque la investigación hoy requiere una constante atención a los temas morales para ser instrumento de tutela de la vida y de la dignidad de la persona humana”.
El tercer concepto es ‘acceso a los tratamientos médicos’. El Santo Padre recordó que en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium ha señalado “el valor de los progresos de la humanidad en este momento” en el “ámbito de la salud, de la educación y de la comunicación”. Entretanto lamenta “una economía de la exclusión y de la iniquidad”, cuando “el mecanismo del lucro prevalece sobre el valor de la vida humana”. Por este motivo “a la globalización de la indiferencia hay que contraponer la globalización de la empatía”. Esto nos invita a “volver evidente el problema de las enfermedades raras en escala mundial” a invertir en formación y recursos así como a “promover la adecuación legislativa” para que “sea promovida la persona humana”.
El Papa concluyó invitando a los médicos e investigadores en este Año Jubilar, a ser cooperadores cualificados y generosos de la misericordia del Padre.

(ZENIT – Ciudad del Vaticano)

Italia detiene a cuatro extremistas islámicos que planeaban atentar contra el Vaticano


Cuatro extremistas islámicos detenidos en Italia planeaban atentar, entre otros objetios, contra la embajada de Israel en Roma y el Vaticano durante el Año de la Misericordia, según confimó ayer el ministro del Interior, Angelino Alfano.

"Los acusados fueron inducidos a realizar atentados o actos violentos en Italia", declaró el funcionario en una entrevista televisiva. Al respecto, el fiscal adjunto de Milán, Maurizio Romanelli, reveló en conferencia de prensa que este mes fue interceptado un mensaje enviado a uno de los detenidos desde Siria o Irak en el que se le invitaba a "efectuar atentados en Italia".

"Juro que seré el primero en atacarlos en esta Italia de cruzados, juro que atacaré, en el Vaticano", aseguró uno de los seis sospechosos que según las autoridades italianas planeaban integrarse a las filas del grupo extremista Estado Islámico.
El expediente judicial incluía transcripciones de conversaciones telefónicas entre esos tres sospechosos, agregó la agencia. Romanelli confirmó que fueron emitidas seis órdenes de arresto contra otros tantos imputados, pero que solamente fueron ejecutadas cuatro.
En la norteña localidad de Baveno, provincia de Verbania, fue detenida Wafa Koraichi, de 24 años de edad, mientras que en la vecina ciudad de Lecco fueron capturados el boxeador Abderrahim Moutaharrik y su esposa Salma Bencharki, de 27 y 26 años de edad, respectivamente.

El cuarto arrestado fue Abderrahmane Khachia, de 22 años, residente en Brunello, hermano de un militante del Estado Islámico (EI) que habría muerto en combate. Los cuatro nacieron en Marruecos y residían en Italia desde hace varios años.

EL SEÑOR ES BUENO, SU MISERICORDIA ES ETERNA

Del Salmo 99:


Aclama al Señor, tierra entera


Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.


Aclama al Señor, tierra entera

Sabed que el Señor es Dios:
que Él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.


Aclama al Señor, tierra entera

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.


Aclama al Señor, tierra entera

Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes


Evangelio según San Juan 15,18-21. 


Jesús dijo a sus discípulos: 


«Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia. 

Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes. 

Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.» 

viernes, 29 de abril de 2016

Homilía del Papa: seguir a Cristo en la Luz, nunca cristianos con doble vida



Un cristiano no debe andar entre tinieblas, porque allí no está la verdad de Dios, pero si cae, puede contar con el perdón y la dulzura de Dios, que lo devuelve a la vida de la Luz. Lo reiteró el Papa Francisco, en su homilía, en la Santa Misa matutina, que celebró en la Capilla de la Casa de Santa Marta, reflexionando sobre la primera Carta de San Juan: «La noticia que hemos oído de Jesucristo y que les anunciamos es ésta: Dios es luz y en Él no hay tinieblas» (1, 5).
Haciendo hincapié en las palabras del Apóstol - que con cariño, como si fuera un abuelo que escribe a sus jóvenes nietos - pone a los creyentes ante la seria responsabilidad de no tener una doble vida: «luz de fachada y tinieblas en el corazón», el Papa subrayó, con la misma lectura, que «si decimos que no hemos pecado, hacemos pasar a Dios por mentiroso». Y recordó la eterna lucha del hombre contra el pecado y la búsqueda de la gracia:
«Si dices que estás en comunión con el Señor, entonces camina en la luz. ¡Pero, una doble vida no! ¡Eso no! Esa mentira que estamos tan acostumbrados a ver, e incluso a caer en ella ¿no? Decir una cosa y hacer otra ¿no? Siempre la tentación… Nosotros sabemos de dónde viene la mentira: en la Biblia, Jesús llama al diablo ‘el padre de la mentira’, el mentiroso. Y por ello, con tanta dulzura, con tanta mansedumbre, este abuelo le dice a la Iglesia ‘adolescente’: ‘¡No seas mentirosa!’ Tú estás en comunión con Dios, camina en la luz. Haz obras de luz, no decir una cosa y hacer otra, no tener una doble vida y todo eso».
Con la Carta de San Juan, resuena de forma especial la dulzura del Evangelio del día, destacó el Santo Padre, evocando las palabras de Jesús, que define ‘suave’ su yugo y ‘liviana’ su carga y promete ‘alivio’ a los que están afligidos y agobiados. Del mismo modo, la llamada de Juan es la de no pecar, pero si alguien lo ha hecho, que no se desaliente:
«Tenemos un Paráclito, una palabra, un abogado, un defensor ante el Padre: es Jesucristo, el Justo. Él nos justifica, Él nos da la gracia. A uno le dan ganas de decirle a este abuelo que nos aconseja así: ‘Pero ¿no es tan feo tener pecados?’ ¡Claro, el pecado es feo! Pero si has pecado, ¡mira que te esperan para perdonarte! ¡Siempre! Porque Él – el Señor – es más grande que nuestros pecados».
«Ésta es la misericordia de Dios, es la grandeza de Dios. Sabe que somos ‘nada’, que sólo de Él mana la fortaleza, y por ello nos espera siempre, dijo una vez más el Papa:
«Caminemos en la luz, porque Dios es Luz. No vayamos con un pie en la luz y el otro en las tinieblas. No hay que ser mentirosos. Y, otra cosa: todos hemos pecado. Nadie puede decir: ‘Éste es un pecador, ésta es una pecadora. Yo, gracias a Dios, soy justo’. No, sólo uno es Justo, Aquel que ha pagado por nosotros. Y si alguien peca, Él nos espera, nos perdona, porque es misericordioso y sabe muy bien de qué somos plasmados y recuerda que somos polvo. Que la alegría que nos da esta lectura nos lleve adelante en la sencillez y en la transparencia de la vida cristiana, sobre todo cuando nos dirigimos al Señor, con la verdad».

(CdM – RV)

Santa Catalina de Siena – 29 de abril

«Defensora y consejera del papa, excelsa mística y doctora de la Iglesia, terció en el conflicto de Avignon, logrando que el pontífice regresara a la sede de Roma. Es patrona de Italia con san Francisco, y copatrona de Europa»
 Tuvo un papel excepcional en la historia –e insólito para una mujer de su tiempo– al defender la sede de Pedro y luchar por la unidad de la Iglesia. Nació en Siena, Italia, el 25 de marzo de 1347. Le urgía tanto la entrega de su vida a Dios, que le consagró su virginidad a los 7 años mediante voto privado. Lapa, su madre, ignoraba el fuego que latía en las entrañas de su pequeña, la penúltima de los veinticuatro hijos que daría a luz. Cuando Catalina tenía 12 años, ella y otra de sus hijas hicieron lo posible para encaminarla al matrimonio, aconsejándole que cuidase su aspecto. Entonces la santa realzó su indumentaria luciendo diversos aderezos conforme a la moda del momento. Pero enseguida se arrepintió de esta muestra de vanidad y quiso purgar su flaqueza con actos penitenciales. Los contratiempos, la rudeza de los trabajos que le impusieron y el rígido trato que recibía incrementaron su paciencia. Nadie podía penetrar en el recóndito espacio interior que ardía de amor a Dios, sino Él mismo que lo inundaba con su inmensa ternura.
A los 15 años ya era conocida por su heroica caridad con los pobres, prisioneros, enfermos y desahuciados. Todo lo asumía como vía de expiación de sus culpas. Al año siguiente tomó el hábito de la tercera Orden de Santo Domingo. Intensificó la oración y la penitencia realizada en la habitación que había convertido en una especie de eremitorio. Fueron tres años intensos de los que solo sabía, además de Dios que todo lo conoce, su confesor. Punzantes tentaciones contra la castidad que brotaban de su mente de mil formas distintas le produjeron gran turbación y desasosiego. A ello siguió una profunda oscuridad que constituyó para la santa una prueba aún mayor. Le sostuvo su humildad y confianza en Dios. Al final de este túnel, cuando vislumbró el rostro resplandeciente de Cristo, le preguntó: «¿Dónde estabas Tú, mi divino Esposo, mientras yacía en una condición tan abandonada y aterradora?». Él respondió: «Hija, estaba en tu corazón, fortificándote por la gracia». Cristo crucificado le tendía los brazos y se esforzaba por asemejarse a Él. Este inefable amor fue singularmente correspondido en 1366 con su místico desposorio sellado con una alianza, que siempre era visible para ella pero no para el resto de mortales.
A lo largo de su vida fue agraciada con numerosos éxtasis, así como dones de lágrimas, milagros y profecía. En una de sus visiones, narra su confesor y biógrafo san Raimundo de Capua, tuvo la impresión de que Dios se había llevado su corazón. Y pocos días más tarde, viéndose envuelta en una luz que provenía del cielo, se le apareció el Salvador portando en sus manos un rojo corazón del que emanaba intenso fulgor. Se acercó a ella y abrió su costado izquierdo introduciéndoselo, al tiempo que le decía: «Hija, el otro día me llevé tu corazón; hoy te entrego el mío y de aquí en adelante lo tendrás para siempre». Le cerró el pecho, pero la cicatriz fue ostensible. A partir de entonces solía decir: «Señor, te recomiendo mi corazón».
En 1369 inició una intensa vida apostólica. Pasando por alto el gravísimo riesgo que corría de contraer la lepra, atendía a los enfermos. Doblegó su voluntad venciendo su natural repulsión en un hecho que la asemejó a san Francisco de Asís al aplicar sus labios a las llagas purulentas de uno de aquellos infelices. Su acción durante la peste que asoló el país fue también admirable. Tan ardiente caridad fue recompensada por Dios a través de varios milagros. Convirtió a muchos pecadores incapaces de sustraerse a sus exhortaciones, con las que les encaminaba a una vida de penitencia. Muchos la seguían porque les reportaba paz y consuelo abriéndoles el camino del amor a Dios. Había quienes la calificaban de hipócrita y fanática, y otros la consideraban santa. El 1 de abril de 1375 fue bendecida con los estigmas de la Pasión, que en su caso no fueron de sangre sino de luz.
Fue una gran conciliadora en su entorno familiar y a otras escalas, como hizo cuando supo que Florencia estaba adherida a una liga contra la Santa Sede. Sus componentes desoyeron las demandas de Gregorio XI, residente en Avignon, y aceptaron la mediación de Catalina, que convenció a los magistrados. El papa, admirado por su prudencia y virtud, le dijo: «No deseo nada más que la paz. Dejo esta cuestión totalmente en sus manos; solo le recomiendo el honor de la Iglesia». Con todo, persistieron las gravísimas desavenencias. Pero quizás el hecho más significativo fue su papel dentro de la Iglesia. Arreciaron las quejas de los romanos por la ausencia de los últimos pontífices de la Sede de Roma, que duraba ya sesenta y cuatro años de residencias en Avignon, y con ello las amenazas de cisma. Gregorio XI se propuso regresar, pero este sentimiento confiado prudentemente en la corte no obtuvo su beneplácito. Consultó a Catalina quien, conocida por revelación la íntima decisión del pontífice, le dijo: «Cumpla con su promesa hecha a Dios». Su determinación y ternura calaron en el Santo Padre. Le había llamado «dulce Cristo en la tierra», diciéndole:«¡Animo, virilmente, Padre! Que yo le digo que no hay que temblar». El papa quedó impresionado y se propuso volver a Roma. La santa logró que en 1378 Florencia admitiera la autoridad del pontífice Urbano VI sucesor de Gregorio XI. Cuando aquél la llamó a través de su confesor para que fuese a Roma, al comienzo del gran cisma en el que estuvo implicado junto a Clemente VII, Catalina se trasladó allí, donde murió el 29 de abril de 1380, ocho días después de haber sufrido un ataque de apoplejía. Tenía 33 años.
Le había costado aprender a leer, y pudo escribir siendo adulta. Ente otras obras maestras, ha legado «El Diálogo de la Divina Providencia», dictado en su celda de Siena. Pío II la canonizó el 29 de abril de 1461. En 1939 fue declarada patrona de Italia junto a san Francisco de Asís. El 4 de octubre de 1970 Pablo VI la proclamó doctora de la Iglesia. El 1 de octubre de 1999 Juan Pablo II la designó copatrona de Europa.
Zenit

Del Diálogo de santa Catalina de Siena, virgen, sobre la divina providencia




¡Oh Deidad eterna, oh eterna Trinidad, que por la unión de la naturaleza divina diste tanto valor a la sangre de tu Hijo unigénito! Tú, Trinidad eterna, eres como un mar profundo en el que cuanto más busco, más encuentro, y cuanto más encuentro, más te busco. Tú sacias al alma de una manera en cierto modo insaciable, pues en tu insondable profundidad sacias al alma de tal forma que siempre queda hambrienta y sedienta de ti, Trinidad eterna, con el deseo ansioso de verte a ti, la luz, en tu misma luz. 

Con la luz de la inteligencia gusté y vi en tu luz tu abismo, eterna Trinidad, y la hermosura de tu criatura, pues, revistiéndome yo misma de ti, vi que sería imagen tuya, ya que tú, Padre eterno, me haces partícipe de tu poder y de tu sabiduría, sabiduría que es propia de tu Hijo unigénito. Y el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, me ha dado la voluntad que me hace capaz para el amor. 

Tú, Trinidad eterna, eres el Hacedor y yo la hechura, por lo que, iluminada por ti, conocí, en la recreación que de mí hiciste por medio de la sangre de tu Hijo unigénito, que estás amoroso de la belleza de tu hechura. ¡Oh abismo, oh Trinidad eterna, oh Deidad, oh mar profundo!: ¿podías darme algo más preciado que tú mismo? Tú eres el fuego que siempre arde sin consumir; tú eres el que consumes con tu calor los amores egoístas del alma. 

Tú eres también el fuego que disipa toda frialdad; tú iluminas las mentes con tu luz, en la que me has hecho conocer tu verdad. En el espejo de esta luz te conozco a ti, bien sumo, bien sobre todo bien; bien dichoso, bien incomprensible; bien inestimable, belleza sobre toda belleza, sabiduría sobre toda sabiduría; pues tú mismo eres la sabiduría, tú, el pan de los ángeles, que por ardiente amor te has entregado a los hombres.

Tú, el vestido que cubre mi desnudez; tú nos alimentas a nosotros, que estábamos hambrientos, con tu dulzura, tú que eres la dulzura sin amargor, ¡oh Trinidad eterna!'  


  (Cap. 167, Acción de gracias a la Santísima Trinidad: edición latina, Ingolstadt 1583, ff. 290v-291)

Fuente: News.Va        

No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.


Evangelio según San Juan 15,12-17. 

Jesús dijo a sus discípulos: 


«Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado.

 
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. 


Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. 


Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. 

No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. 

Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»

jueves, 28 de abril de 2016

Cuando ansío a Dios y de repente se pone a mi lado. Ese amor inmenso que me desborda, inmerecido, que me sacia por un momento...

El amor del que Jesús habla es un amor lleno de misericordia. Es un amor hondo, que no necesita palabras. Vive en los silencios y en las miradas. Es un amor de abrazos y delicadeza.
Comenta el Papa Francisco en la exhortación Amoris Laetitia: “El amor no obra con rudeza, no actúa de modo descortés, no es duro en el trato. Sus modos, sus palabras, sus gestos, son agradables y no ásperos ni rígidos. Detesta hacer sufrir a los demás. ‘Todo ser humano está obligado a ser afable con los que lo rodean’ [1]. Cada día, entrar en la vida del otro, incluso cuando forma parte de nuestra vida, pide la delicadeza de una actitud no invasora, que renueve la confianza y el respeto […] El amor, cuando es más íntimo y profundo, tanto más exige el respeto de la libertad y la capacidad de esperar que el otro abra la puerta de su corazón”.
Es un amor auténtico, generoso, hondo, trasparente. Un amor cálido, lleno de ternura, de bondad, de gestos delicados y verdaderos.
Jesús nos pide que nos amemos como Él nos ha amado. Me parece imposible. Seguramente es imposible sólo para mí, con mi escaso poder, con mi corazón tan duro.
Él me ha amado dando la vida. Desde su pobreza. Y yo tantas veces no soy capaz de dar algo de mi tiempo, de mis cosas, de mis talentos.
Jesús quiere enseñarme a amar hasta lo más hondo. Él me ha amado de una forma nueva. Acompaña mi fragilidad. Me sostiene en mis caídas.
Dice la Biblia: “Esta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor”. Acampa en mi vida. Me quita las lágrimas y el dolor.
Es mi Dios. Yo soy su pueblo, su tierra, su morada. Me impresiona. Viene para estar conmigo, a mi lado. Es un amor que me hace capaz del amor.
Pero tantas veces me olvido de ese amor y vivo mendigando amores. Vivo esperando caer bien a todos, ser aceptado por todos. Cada uno tiene sus medios. La simpatía, las palabras amables, el decir que sí a todos, el responder a todos los requerimientos. Es la necesidad casi enfermiza de ser aceptado y querido por todos.
Sangra la herida. Esa herida honda de amor que viene de mi infancia, de mi adolescencia, de mi juventud. Esa herida por no haber recibido tanto amor como esperaba, por no haber sido tan querido como lo fueron otros. Es un misterio.
Esa herida está abierta en el alma. La intento tapar para no sentir su dolor. Para que no supure, para que no me recuerde mis pequeños fracasos. Necesito amores humanos que calmen el dolor. Lo sé. Esa ausencia de amor.
Y necesito volver a tocar el amor de Dios en mi vida. ¿Cuándo noté su brazo abrazando mi dolor? ¿Cuándo lo vi alegrándose por mí en el camino? ¿Cuándo volvió a buscarme cuando yo me encontraba solo y olvidado?
Me veo en mitad de una calle esperando la llegada de Dios. Espero, lloro, noto la ausencia. Y Él, súbitamente, viene y se pone a mi lado. Ese amor inmenso que me desborda. Inmerecido. Ese amor que me sacia por un momento.
Luego sigo caminando y noto otra vez el vacío. Y de nuevo vuelve. Ese hecho de volver por mí ha marcado siempre mi vida.
Me emociono al pensar en esos discípulos de Emaús que descubrieron a Jesús caminando a su lado. Por ellos hizo ese largo camino. Por ellos caminó a su lado esperando a responder todas sus preguntas. Por amor a ellos. Sólo dos discípulos desconocidos que caminaban hacia Emaús. Tristes, abandonados.
Me emociona Tomás que gracias a su herida pudo experimentar ese amor inmenso de Jesús que volvió para que tocara sus heridas abiertas.
Me conmueve pensar en ese Jesús que piensa en mí, me busca, me sigue, pierde el tiempo por estar a mi lado.
Esa experiencia de mi propia vocación es la que me da paz cuando yo mismo no la encuentro. Rememoro ese momento. Me adentro de nuevo en el recuerdo. Y vuelvo a pedirle que venga a mí y que me busque siempre.
Jesús me ama y yo me olvido. Me ama y quiere que yo lo ame. Me ama y me busca, pero a mí se me olvida y me vuelvo mendigo de amores pasajeros. Yo quiero amarlo como Él me ama. De nuevo imposible.
Una persona rezaba: “Señor, te amo y quiero sólo amarte. Te amo a veces mal, pero te amo. Te amo a veces de palabra y sin obras, pero te amo. Me gustaría amarte bien. Tú que haces imposibles, ayúdame a quererte incluso cuando sólo salga mi ego, mi orgullo, o mi soberbia. Tú me amas, Señor. Suples el amor que me falta. Incluso después de pecar, me abrazas”.
Es el amor imposible que yo no sé dar a Jesús. Ese amor hondo que toca mis entrañas. Pero Él me ama siempre. Sé que todo lo puedo hacer si amo. Puedo hacerlo todo nuevo. Él me lo promete: “Todo lo hago nuevo”.
El que ama no se equivoca nunca. Porque el amor verdadero nos hace actuar bien. Un amor verdadero, un amor sin doblez. Un amor en el que la luz reina y huyen las sombras. Un amor hondo y auténtico.
Necesito saberme amado por Jesús para poder amar así. Él hace en mí lo imposible. A través de mis manos puede llegar su amor a otros. Amar desde Dios. Me usa como instrumento.
Parece imposible amar como Dios me ama. Para Él sí es posible. Amar hasta el extremo, dando la vida. Amar bien, amar con respeto, con humildad. Me gustaría ser capaz de amar así.
Pero muchas veces amo dando sólo algo de mí, de mi tiempo, de mi vida. No amo como Jesús me ama. Mi amor no siempre es generoso. Aislado del amor de Dios puede llegar a ser hasta contrario a Dios. Puede esclavizar, puede ser egoísta. Mi amor no siempre es cristiano.
El amor en Jesús es el que ayuda al otro a ser mejor, más pleno, más feliz. Es el amor que no da sólo lo justo, sino lo imposible. Es el amor que va más allá de los límites. Supera lo que corresponde. Ese amor es el que desea mi corazón.

 Carlos Padilla Esteban. Fuente: Aleteia

Los obispos españoles vuelven a ofrecerse al Gobierno para acoger refugiados. "En las diócesis se han establecido ya los mecanismos necesarios para colaborar"

La Comisión episcopal de Migraciones, reunida el 20 de Abril de 2016 desea con esta nota informativa seguir insistiendo en la necesaria y urgente toma de medidas de acogida, hospitalidad, y acompañamiento a refugiados. A ella se comprometió el Gobierno Español a quien la Iglesia española se ofreció y se sigue ofreciendo para lo que necesitara y pudiera ofrecer.
En las diócesis españoles se han establecido ya los mecanismos y previsiones generosas y necesarias para colaborar y sensibilizar en dicha acogida. Y en el trabajo posterior para su integración social. Del trabajo ya hecho estamos seguros se beneficiarán emigrantes, refugiados y demás personas en situaciones de especial vulnerabilidad como lo vienen haciendo hasta la fecha
Agradecemos la labor incisiva y solidaria que está haciendo la Red de Entidades eclesiales que trabajan con emigrantes (CEM, Confer, Caritas, Justicia y Paz y Sector Social de la Compañía de Jesús) y la de tantas organizaciones y entidades de Iglesia y otras a propósito de las personas concretas a quienes tan gravemente afecta esta crisis humanitaria necesitada de repuestas eficaces.
Deseamos que no se ponga en cuestión la imprescindible necesidad de ayuda a los que huyen de la guerra o del hambre, refugiados e inmigrantes. Muchos en su camino hacia Europa son víctimas de la trata de personas y de muchos otros tipos de violencia. Y deseamos también que no caigamos en estereotipos ni en estigmatizaciones que afecten a su dignidad y a la fraterna y evangélica acogida.
Tal y como recientemente ha hecho nuestro Santo Padre Francisco debemos pasar de las declaraciones formales y pronunciamientos a los hechos. Con los refugiados y emigrantes en Europa y con los que están en lugares de conflictos, origen de la gran tragedia que vivimos. Y necesitamos hacerlo con urgencia porque está en juego la vida de muchas personas sobre todo las más vulnerables.
Estamos ante una situación muy urgente que necesita también celeridad y eficacia en la toma de decisiones. Mientras tanto continuaremos con nuestra labor humanitaria, de servicio, de acompañamiento y de defensa de los derechos de todos los emigrantes y refugiados. De los que vendrán y de los que ya están entre nosotros, favoreciendo su integración social, cultural y religiosa.

(Comisión Episcopal de Migraciones)

Homilía del Papa: en la Iglesia, aún hoy resistencias al Espíritu, pero Él vence

Aún hoy, en la Iglesia, así como ayer, hay resistencias contra las sorpresas del Espíritu, ante las situaciones nuevas, pero Él nos ayuda a vencerlas y a ir adelante, seguros, por el camino de Jesús. Lo reiteró el Papa Francisco, en su homilía, en la Santa Misa matutina, que celebró en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
Acaloradas discusiones en la Iglesia, pero el protagonista es el Espíritu
Comentando la célebre lectura de los Hechos de los Apóstoles, sobre el denominado ‘Concilio’ de Jerusalén, el Papa recordó que ‘el protagonista de la Iglesia’ es el Espíritu Santo. Es Él el que, desde el primer momento, les dio a los apóstoles la fortaleza para proclamar el Evangelio’. Es ‘el Espíritu el que lo hace todo, el Espíritu es el que lleva adelante a la Iglesia’. Aun con sus problemas, también cuando estalla una persecución, es Él el que fortalece a los creyentes para que permanezcan en la fe, aun en los momentos de ‘resistencias y de ensañamiento de los doctores de la ley’. En este caso, hay una resistencia doble a la acción del Espíritu: la de los que creían que ‘Jesús había venido sólo para el pueblo elegido’ y la de los que querían imponer la ley mosaica a los paganos convertidos. En todo ello, hubo una gran confusión, señaló el Papa:
«El Espíritu ponía a los corazones en un camino nuevo: eran las sorpresas del Espíritu. Y los apóstoles se encontraron en una situación que nunca hubieran creído, situaciones nuevas. Y ¿cómo manejar estas nuevas situaciones? Por ello la lectura de hoy, comienza así: ‘en aquellos días, al cabo de una prolongada discusión’. Una acalorada discusión, porque discutían sobre este tema. Ellos, por una parte, tenían la fuerza del Espíritu – el protagonista – que impulsaba a ir adelante, adelante, adelante… Pero el Espíritu los llevaba a ciertas novedades, cosas que nunca se habían hecho antes. Nunca. Ni siquiera se las habían imaginado. Como, por ejemplo, que los paganos recibieran el Espíritu Santo»
El que tiene miedo de escuchar, no tiene al Espíritu en el corazón
Los discípulos ‘tenían la patata caliente en las manos y no sabían qué hacer’. Por lo que convocan una reunión en Jerusalén, donde cada uno puede contar su propia experiencia, sobre cómo el Espíritu Santo descienda también sobre los paganos:
«Y al final se pusieron de acuerdo. Pero antes hay una cosa linda: ‘Toda la asamblea hizo silencio para oír a Bernabé y a Pablo, que comenzaron a relatar los signos y prodigios que Dios había realizado entre los paganos por intermedio de ellos’. Escuchar, no tener miedo de escuchar. Cuando uno tiene miedo de escuchar, no tiene al Espíritu en el corazón. Escuchar: ‘¿tú qué piensas y por qué?’. Escuchar con humildad. Y, después de haber escuchado, decidieron enviar a las comunidades griegas, es decir a los cristianos que vinieron del paganismo, enviar a algunos discípulos para tranquilizarlos y decirles: ‘Está bien, sigan así’».
Novedades mundanas y novedades del Espíritu
Los paganos convertidos no están obligados a la circuncisión. Y es una decisión comunicada a través de una carta, en la que ‘el protagonista es el Espíritu Santo’. En efecto, los discípulos afirman: ‘el Espíritu Santo y nosotros hemos decidido…’ ‘Éste es el camino de la Iglesia ante las novedades, no las novedades mundanas, como las modas de los vestidos, sino las novedades, las sorpresas del Espíritu, porque el Espíritu siempre nos sorprende’, volvió a recordar el Papa. Y, tras preguntar cómo resuelve esto la Iglesia, cómo afronta estos problemas, cómo los resuelve, reiteró que lo hace con la ‘reunión, la escucha, la discusión, la oración y la decisión final’:
«Éste es el camino de la Iglesia hasta hoy. Y, cuando el Espíritu nos sorprende con algo que parece nuevo o que ‘nunca se había hecho así’ – se debe hacer así’ – piensen en el Vaticano II, en las resistencias que tuvo el Concilio Vaticano II. Y digo esto porque es el más cercano a nosotros. Cuántas resistencias: ‘pero no…’ Aún hoy, resistencias que siguen de alguna forma. Y el Espíritu va adelante. Y el camino de la Iglesia es éste: reunirse, unirse juntos, escucharse, discutir, rezar y decidir. Y ésta es la llamada sinodalidad de la Iglesia, en la cual se expresa la comunión de la Iglesia. Y ¿qué hace la comunión? ¡Es el Espíritu! Otra vez es el protagonista. ¿Qué nos pide el Señor? Docilidad al Espíritu. ¿Qué nos pide el Señor? No tengamos miedo, cuando vemos que es el Espíritu el que nos llama».
La Iglesia desde el comienzo ha afrontado las sorpresas del Espíritu
‘A veces, el Espíritu nos detiene, como hizo con San Pablo, para que cambiemos de camino, señaló también el Obispo de Roma, volviendo a recordar que no nos deja solos, nos da coraje, nos da la paciencia, nos hace ir seguros por el camino de Jesús, nos ayuda a vencer las resistencias y ser fuertes en el martirio’. ‘Pidamos al Señor – alentó el Papa -  la gracia de comprender cómo va adelante la Iglesia, de comprender cómo desde el primer momento ha afrontado las sorpresas del Espíritu y, también, para cada uno de nosotros, la gracia de la docilidad al Espíritu, para ir por el camino que el Señor Jesús quiere para cada uno de nosotros y para toda la Iglesia’.
(CdM – RV)

OJALÁ HOY ESCUCHEMOS LA VOZ DEL SEÑOR


 Ojalá hoy escuchen la voz del Señor

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
¡Lleguemos hasta Él dándole gracias,
aclamemos con música al Señor!


Ojalá hoy escuchen la voz del Señor

Porque el Señor es un Dios grande,
en su mano están los abismos de la tierra,
y son suyas las cumbres de las montañas.
¡Vengan, inclinémonos para adorarlo!


Ojalá hoy escuchen la voz del Señor

¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
Porque Él es nuestro Dios,
y nosotros, el pueblo que Él apacienta,
las ovejas conducidas por su mano.



Ojalá hoy escuchen la voz del Señor