viernes, 16 de diciembre de 2016

Con los cristianos de Pakistán



Los cristianos de Pakistán son los destinatarios de la campaña de Navidad de este año de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), con el apoyo de Cope. Se trata de una pequeña gran minoría de cuatro millones de personas, apenas el 2 % en una población de cerca de 200 millones, sometida a continuo hostigamiento y sistemáticamente discriminada en todos los aspectos de la vida. Son noticia cuando ocurren episodios como el atentado que costó la vida a 78 personas en Lahore el pasado 27 de marzo, Domingo de Resurrección. Pero no basta. AIN anima a informarse sobre su situación, a rezar por ellos y a ofrecerles ayuda material. Obliga a ello un mínimo sentido de comunión eclesial, aunque ese apoyo beneficia también a la mayoría musulmana, que aspira como cualquiera a vivir en paz y a ofrecerles un futuro mejor a sus hijos. El problema en Pakistán es que una minoría fanática se impone al resto, con la ayuda de la ley de la blasfemia, que permite acusar a cualquiera de forma anónima y con presunción de culpabilidad. El amedrentamiento llega a las propias autoridades políticas, que no se atreven a derogar una ley que otorga un salvoconducto al peor fundamentalismo islámico y le hace la vida imposible a las minorías.
Alfa y Omega

El cardenal Tagle, presidente de Cáritas Internationalis, recuerda el drama de Siria en su mensaje de Navidad


El presidente de Caritas Internationalis, cardenal Luis Antonio Tagle, arzobispo de Manila, ha dedicado a Siria su mensaje de Navidad. Este es el texto íntegro del mensaje:
«Nunca es Navidad en Siria
A veces parece que siempre es invierno en Siria, pero nunca Navidad.
Durante media década, la gente ha sufrido los crueles vientos de la guerra. Millones de personas carecen de hogar. Incluso aquellos que cuentan con algún refugio, no tienen calefacción ni electricidad. Nuestro propio personal de Caritas quema sus muebles para poder mantenerse calientes. Las escuelas que aún permanecen abiertas no pueden permitirse pagar el combustible y los niños utilizan pesadas mantas con las que se envuelven mientras están sentados en sus pupitres.
Yusra, madre de cuatro niños menores de 6 años, nos contaba lo que ha sido tener que huir de su hogar para llegar a pie hasta Damasco. Después de un tiempo caminando, llegaron a estar tan agotados para llevar su equipaje que tuvieron que abandonarlo en uno de las cunetas de la carretera. Y es que, en invierno, cada milla recorrida parecen dos. Ahora no tienen nada.
Pensamos en los pobres, los ancianos y los niños, apiñados en habitaciones de 10 en 10. Pensamos en aquellos que están viviendo a la intemperie, en aquellos que viven bajo el bombardeo constante, en quienes han emprendido el camino tras huir de sus hogares en busca de la seguridad.
Una parte del dinero que hemos recibido en Caritas Internationalis se ha destinado a repartir vales de ropa de abrigo y calzado para 500 niños en Damasco. Es una parte de la ayuda que ofrecemos, que incluye asistencia sanitaria, educación, refugio y asesoramiento.
Majida, con cuatro hijos, dice: “No pueden imaginarse la felicidad que sentí cuando Caritas me llamó y me dijo que les darían ropa para el invierno a mis hijos. Me aliviaron una gran carga. Los precios de la ropa son inasequibles y tener ropa nueva llegó a ser un sueño para mis hijos. Necesitan de verdad esta ayuda para poder ir a la escuela todos los días y estar un poco más abrigados en nuestro frio apartamento durante el invierno”.
Nada de lo que hacemos en Siria sería posible sin el compromiso de nuestros colegas sirios, quienes viven codo a codo con estas personas. “En medio de tanta devastación, es realmente heroico que hombres y mujeres hayan permanecido allí para ofrecer ayuda material y asistencia espiritual”, ha afirmado el Papa Francisco. “Cada uno de ellos está en nuestro corazón y en nuestras oraciones”.
Esta guerra, en sí misma, está siendo el invierno más crudo para Siria, pero sabemos que tras el invierno viene la primavera. Con su ayuda, todas las Caritas del mundo han estado trabajando por la paz en Siria. Y el Papa Francisco es uno de los patrocinadores de nuestra campaña Siria: la paz es posible. “Imploremos la gracia de la conversión de los corazones de quienes tienen la responsabilidad de los destinos del mundo, de esa región, y de todos los que intervienen en ella”, ha dicho el Papa.
Una paloma en el frio aire del invierno es una imagen de perfección blanca. La paz en Siria sería la mayor de las perfecciones en esta Navidad.
Les deseo una feliz y bendita Navidad a ustedes y a todos sus seres queridos».
+ Cardenal Luis Antonio Tagle, presidente de Caritas Internationalis
Cáritas

REFLEXIÓN DE BENEDICTO XVI:Lectura del santo evangelio según san Juan (5,33-36)



“El Señor llama a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a los laicos a entrar en el mundo, en su realidad compleja, para cooperar allí a la edificación del reino de Dios. 

Lo hacen de muchas y muy diferentes maneras: con el anuncio, con la edificación de la comunidad, con los diversos ministerios pastorales, con el amor concreto y con la caridad vivida, con la investigación y con la ciencia realizadas con espíritu apostólico, con el diálogo con la cultura de su entorno, con la promoción de la justicia querida por Dios y, en no menor medida, con la contemplación silenciosa del Dios trino y rindiéndole una alabanza comunitaria. 

(...) El centro de la misión de Jesucristo y de todos los cristianos es el anuncio del reino de Dios. Para la Iglesia, para los sacerdotes, para los religiosos, para las religiosas, al igual que para todos los bautizados, este anuncio en el nombre de Cristo implica el compromiso de estar presentes en el mundo como sus testigos. En efecto, el reino de Dios es Dios mismo que se hace presente en medio de nosotros y reina por medio de nosotros. 

Por tanto, la edificación del reino de Dios se hace realidad cuando Dios vive en nosotros y nosotros llevamos a Dios al mundo. (...) Queridos hermanos y hermanas, toda vuestra existencia debe ser, como la de san Juan Bautista, un gran reclamo vivo, que lleve a Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado. 

Jesús afirmó que Juan era "una lámpara que arde y alumbra" (Jn 5, 35). También vosotros debéis ser lámparas como él. Haced que brille vuestra luz en nuestra sociedad, en la política, en el mundo de la economía, en el mundo de la cultura y de la investigación. Aunque sea una lucecita en medio de tantos fuegos artificiales, recibe su fuerza y su esplendor de la gran Estrella de la mañana, Cristo resucitado, cuya luz brilla —quiere brillar a través de nosotros— y no tendrá nunca ocaso. 

Seguir a Cristo —y nosotros queremos seguirlo— significa asimilar cada vez más los sentimientos y el estilo de vida de Jesús. Es lo que nos dice la carta a los Filipenses: "Tened los mismos sentimientos de Cristo" (Flp 2, 5). (...) 

En los testimonios de las sagradas Escrituras no hay ningún momento de su existencia en que se pueda descubrir, en su comportamiento con los hombres, ningún rastro de interés personal o de egoísmo. Jesús amó a los hombres en el Padre, a partir del Padre; así, los amó en su verdadero ser, en su realidad. (...)

Todo ello se encuentra resumido en la oración de san Ignacio de Loyola, una oración que siempre me ha parecido demasiado grande, hasta el punto de que casi no me atrevo a rezarla. Sin embargo, aunque nos cueste, deberíamos repetirla siempre: "Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta" (Ejercicios Espirituales, 234)”. 

(Benedicto XVI, discurso en el santuario de Mariazzell, 8 de septiembre de 2007)

LAS OBRAS DE JESÚS TESTIMONIAN QUE EL PADRE LO HA ENVIADO (EVANGELIO DE HOY)





Lectura del santo evangelio según san Juan (5,33-36):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

«Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.

Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que yo hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado».

Palabra del Señor

El Papa en Santa Marta: pastores sean comprensivos con la gente


La predicación de Juan el Bautista fue motivo de la reflexión del Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. En el Evangelio del día Jesús pregunta a la multitud qué cosa ha ido a contemplar en el desierto. Allí vivía el Bautista que predicaba y bautizaba. Todos iban a encontrarlo, también los fariseos y los doctores de la ley, pero para juzgarlo. Aquel que fueron a ver es un profeta, “más que un profeta”, “entre los nacidos de mujer nadie es más grande que Juan”, “el último de los profetas”. Aunque el más pequeño en el Reino de Dios es más grande que él: “Era un hombre fiel a aquello que el Señor le había pedido”, observó el Santo Padre. “Un grande por su fidelidad”. Con una grandeza que también se veía en su predicación:
Predicaba con fuerza, no decía cosas bellas a los fariseos, a los doctores de la ley, a los sacerdotes, no les decía: “Queridos, pórtense bien”. No. Simplemente les decía: “Raza de víboras”, simplemente así. No iba con rodeos. Porque se acercaban para controlar y para ver, pero jamás con el corazón abierto: “Raza de víboras”. Arriesgaba la vida, sí, pero él era fiel. Luego a Herodes, en la cara, le decía: “Adúltero, no te es lícito vivir así, ¡adúltero!”. ¡En la cara! Ciertamente si un párroco hoy en la homilía dominical dijese: “entre ustedes hay algunos que son raza de víboras y hay tantos adúlteros”, seguramente el obispo recibiría cartas de desconcierto: “Echen a este párroco que nos insulta”. Insultaba. ¿Por qué? Porque era fiel a su vocación y a la verdad.
Pero el Bautista, agregó el Papa, era comprensivo con la gente: a los publicanos, pecadores públicos porque explotaban al pueblo, les decía: “No pidan más de lo justo”. “Comenzaba con poco. Luego veremos. Y los bautizaba”, continuó Francisco. “Primero este paso. Luego veremos”. A los soldados les pedía no amenazar ni denunciar a nadie y de contentarse con  su paga. Juan bautizaba a todos estos pecadores, “pero con este pequeño paso adelante sabiendo que después Jesús haría el resto”. “Fue un pastor que entendía la situación de la gente y la ayudaba a ir adelante con el Señor”. Pero el Bautista también tenía sus dudas: los grandes se pueden permitir  dudar. De hecho en la cárcel Juan comienza a dudar, incluso si había bautizado a Jesús, “porque era un Salvador no como él lo había imaginado”.  
Los grandes se pueden permitir la duda, y esto es hermoso.  Están seguros de la vocación pero cada vez que el Señor les hace ver una nueva vía en el camino entran en la duda. “Pero esto no es ortodoxo,  esto es herético, este no es el Mesías que estaba esperando”. El diablo hace este trabajo y algún amigo lo ayuda ¿no? Esta es la grandeza de Juan, un grande, el último de aquella escuadra de creyentes que comenzó con Abraham, aquel que predica la conversión, aquel que no utiliza medias tintas para condenar a los soberbios, aquel que al final de la vida se permite dudar. Y este es un buen programa de vida cristiana.
El Obispo de Roma pidió como paso primordial la verdad al decir las cosas y recibir de la gente aquello que alcanza a dar:
Pidamos a Juan la gracia del coraje apostólico de decir siempre las cosas con verdad, del amor pastoral, de recibir a la gente con lo poco que puede dar, de dar el primer paso. Dios hará lo demás. Y también la gracia de dudar. Muchas veces, tal vez al final de la vida, uno se puede preguntar: “¿Todo esto es verdad o todo en lo que he creído es una fantasía?” La tentación contra la fe, contra el Señor. Que el gran Juan, que es el más pequeño en el Reino de los Cielos, por esto es grande, nos ayude en este camino tras las huellas del Señor.
(Raúl Cabrera - RV).