domingo, 26 de febrero de 2017

El Evangelio exige una elección clara: "No se puede servir a Dios y al dinero", dijo el Papa en el Ángelus


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy (cf. Mt 6.24 a 34) es un fuerte llamado a fiarse de Dios, no lo olviden… ¡fiarse de Dios! que cuida de los seres vivos de la creación. Él da alimento a todos los animales, cuida de los lirios y la hierba del campo (cf. vv 26-28.); su mirada benévola y solícita acompaña cotidianamente nuestras vidas. Ella pasa por el interior de nuestras preocupaciones, que amenazan con quitarnos la serenidad y el equilibrio. Pero esta ansiedad es a menudo inútil, porque no puede cambiar el curso de los acontecimientos. Jesús nos llama con insistencia a no preocuparnos por el mañana (cf. vv 25.28.31.), recordando que por encima de todo hay un Padre amoroso que nunca se olvida de sus hijos: fiarnos de él no resuelve mágicamente los problemas, pero nos permite afrontarlos con el ánimo necesario. Con valentía. Soy valiente porque me fío de mi Padre, que cuida de todo y me quiere tanto.
Dios no es un ser distante y anónimo: Él es nuestro refugio, la fuente de nuestra serenidad y nuestra paz. Es la roca de nuestra salvación, a la que podemos aferrarnos con la certeza de no caer, quien se aferra a Dios no se cae jamás, y es nuestra defensa contra el mal siempre en acecho. Dios es nuestro gran amigo, el aliado, el padre, pero no siempre nos damos cuenta. No nos damos cuenta de que tenemos un amigo, un aliado, un Padre, que nos quiere tanto. Y preferimos apoyarnos en los bienes inmediatos, que podemos tocar…bienes tangibles, olvidando y a veces negando, su bien supremo, es decir, el amor paternal de Dios. ¡Sentirlo Padre, en esta época de orfandad es tan importante! En este mundo huérfano… ¡Sentirlo Padre! Nosotros nos alejamos del amor de Dios cuando andamos en la búsqueda obsesiva de los bienes terrenales y de las riquezas del mundo, manifestando así un amor exagerado a esta realidad.
Jesús nos dice que esta búsqueda afanosa es ilusoria y motivo de la infelicidad. Él da a sus discípulos una regla de vida fundamental: "Busquen primero el Reino de Dios" (v 33). Se trata de llevar a cabo el proyecto que anunció Jesús en el Sermón de la Montaña, confiando en Dios que no defrauda…tantos amigos, tantos que nosotros creíamos amigos nos han desilusionado. Dios nunca defrauda… trabajando como fieles administradores de los bienes que Él nos ha dado, incluso de los bienes terrenales, pero sin  "caer en la exageración" como si todo, incluso nuestra salvación dependiera sólo de nosotros.
Esta actitud evangélica requiere una elección clara, que el pasaje de hoy indica con precisión: "No se puede servir a Dios y al dinero" (v. 24). O el Señor… o los ídolos fascinantes pero ilusorios. Esta elección que estamos llamados a hacer, repercute por tanto, en todos nuestros actos, actividades y tantos compromisos. Es una  elección que hay que hacer de manera clara y renovar constantemente, porque la tentación de reducir todo al dinero y al placer están presionando. ¡Hay tantas tentaciones por esto!
Mientras que honrar a estos ídolos conduce a resultados tangibles aunque fugaces, elegir a Dios y a su Reino no siempre muestra inmediatamente sus frutos. Es una decisión que se toma en la esperanza y deja a Dios la plena realización. La esperanza cristiana está ordenada al cumplimiento futuro de la promesa de Dios y no se detiene ante ninguna dificultad, ya que está fundada en la fidelidad de Dios, que nunca falla. Él es fiel, es un Padre fiel, un amigo fiel, es un aliado fiel.
Que la Virgen María nos ayude a confiar en el amor y la bondad del Padre celestial, a vivir en Él y con Él. Este es el requisito previo para superar los tormentos y las adversidades de la vida, e incluso las persecuciones, como nos lo demuestra el testimonio de tantos hermanas y hermanos nuestros.
Traducción del italiano: (Sofia Lobos- RV)

"La discriminación basada en la eficiencia no es menos deplorable que la cometida por la raza o la religión"


 "La discriminación basada en la eficiencia no es menos deplorable que la cometida por la raza, el origen o la religión". El Papa recibió este mediodía, en el Aula Pablo VI, a la Comunidad de Capodarco, una institución italiana dedicada a las necesidades de los más abandonados, dede enfermos y discapacitados a pobres, mujeres abandonadas "y todo lo que la providencia nos quiera traer", como señaló Vinicio Albanesi, actual presidente de la asociación, que acaba de cumplir medio siglo de vida.
Cincuenta años trabajando en las periferias, con un discurso claro y rotundo en favor de los más desfavorecidos y de una Iglesia en salida, hasta el punto de comparar a Bergoglio como "el nuevo san Francisco", y regalarle un libro sobre el diaconado de la mujer en la Iglesia, "que es necesario, como un ministerio". No recogió el capote el Papa, porque en esta ocasión los protagonistas eran los más débiles y quienes les cuidan.
En su discurso, Francisco agradeció a los "capodarcci" el bien realizado "al servicio de las personas con discapacidad, los niños, las personas que viven en situación de dependencia y dolor, y a sus familias". "Ustedes -añadió- han elegido estar al lado de las personas menos protegidas, para ofrecer su hospitalidad, apoyo y esperanza" y, así "construir una sociedad mejor".
Al tiempo, Bergoglio subrayó cómo "la calidad de vida de una sociedad se mide, en gran parte, en la capacidad de incluir a los más débiles y necesitados, haciendo real su dignidad como hombres y mujeres". La madurez de una sociedad, añadió, "se alcanza cuando esa inclusión no se percibe como algo extraordinario, sino normal", porque "la persona con discapacidad o con fragilidad física, mental o moral, debe ser capaz de participar en la vida de la sociedad, en todas sus dimensiones".
"Sólo mediante el reconocimiento de los derechos de los más débiles, una empresa puede decirse que está fundada en el derecho y la justicia. Una sociedad que diera espacio únicamente a las personas plenamente funcionales, completamente autónomos e independientes no sería una sociedad digna del hombre", advirtió el Papa.
Por ello son tan necesarias experiencias como las de Capodarco, que "tratan de responder a las necesidades de cada persona teniendo en cuenta sus capacidades y sus limitaciones". Una actitud que supere "la actitud pietista o el enfoque de asistencia social, para promover el liderazgo de la persona con dificultades abierto a la sociedad".
"Os animo a continuar en este camino, que coloca en el primer plano la participación directa de los propios discapacitados", insistió el Papa, quien reconocó que, tras la crisis y "las consecuencias negativas de la globalización", esta comunidad "está tratando de ayudar a aquellos que intentan no sentirse excluidos o marginados". "Gracias por promover la dignidad y el respeto de cada individuo".
El Papa también agradeció "el testimonio que dais a la sociedad, ayudándola a descubrir más y más dignidad para todos, empezando por el más pequeño, por los más desfavorecidos" Unos "pequeños" que están "marcados por impedimentos físicos o mentales, o por heridas del alma, pero en los que reconocemos testigos especiales de la ternura de Dios". "Tenemos mucho que aprender de ellos, y de su especial lugar en la Iglesia".
 Jesús Bastante

NO OS AGOBIÉIS


Jesús reitera en el Evangelio que no debemos agobiarnos ni por la vida, ni por el vestido, ni por la comida, pues Dios es providente con quienes confían en Él. Si a los pájaros y a la hierba del campo los trata con tanta generosidad, ¿por qué agobiarnos, si además no podemos añadir ni un minuto a nuestra existencia, más allá de lo que Él nos sostenga?
La confianza en Dios tiene un efecto inmediato y es el descanso del alma, como nos repite el salmista: “Solo en Dios descansa mi alma”. “Descansa en Dios alma mía”. Y la razón de tal abandono nos la ofrece el profeta con un argumento entrañable: “¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré”.

Cuánta paz se experimenta cuando en verdad se da fe a la Palabra que nos asegura: “No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso”.

Los santos nos han revelado siempre que el secreto de su alegría era la confianza en Dios. El papa Francisco reitera permanentemente este argumento para que no seamos pusilánimes, aun en el caso de tener necesidad del perdón. ‘En verdad les digo: todo será perdonado a los hijos de los hombres - y nosotros sabemos que el Señor perdona todos si nosotros abrimos un poco el corazón. ¡Todo! - los pecados y también todas las blasfemias que dirán - ¡también las blasfemias serán perdonadas! (Francisco, 23 de enero, 2017).
Desde esta certeza del amor, del perdón que Dios ofrece a través de Jesús, se comprende mucho mejor la expresión paulina, que hoy se proclama en la segunda lectura: “Mi juez es el Señor”.
Con frecuencia somos aventureros del futuro y adelantamos acontecimientos que no sabemos si en verdad sucederán. De ahí la sabiduría de vivir el presente, no como una realidad cerrada, en la que quedamos prisioneros por el afán de exprimir el tiempo, sino porque a cada día le sobra su disgusto, y para un creyente, un día pasa a otro día el testigo de la confianza.
Ángel Moreno de Buenafuente

No a la idolatría del dinero


El Dinero, convertido en ídolo absoluto, es para Jesús el mayor enemigo para construir ese mundo más digno, justo y solidario que quiere Dios. Hace ya veinte siglos que el Profeta de Galilea denunció de manera rotunda que el culto al Dinero será siempre el mayor obstáculo que encontrará la humanidad para progresar hacia una convivencia más humana.
La lógica de Jesús es aplastante: «No podéis servir a Dios y al Dinero». Dios no puede reinar en el mundo y ser Padre de todos sin reclamar justicia para los que son excluidos de una vida digna. Por eso no pueden trabajar por ese mundo más humano querido por Dios los que, dominados por el ansia de acumular riqueza, promueven una economía que excluye a los más débiles y los abandona en el hambre y la miseria.
Es sorprendente lo que está sucediendo con el Papa Francisco. Mientras los medios de comunicación y las redes sociales que circulan por internet nos informan, con toda clase de detalles, de los gestos más pequeños de su personalidad admirable, se oculta de modo vergonzoso su grito más urgente a toda la humanidad: «No a una economía de la exclusión y la iniquidad. Esa economía mata».
Francisco no necesita largas argumentaciones ni profundos análisis para exponer su pensamiento. Sabe resumir su indignación en palabras claras y expresivas que podrían abrir el informativo de cualquier telediario o ser titular de la prensa en cualquier país. Solo algunos ejemplos.
«No puede ser que no sea noticia que muera de frío un anciano en medio de la calle y que sí lo sea la caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad».
Vivimos «en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano». Como consecuencia, «mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz».
«La cultura del bienestar nos anestesia, y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un espectáculo que de ninguna manera nos altera».
Cuando le han acusado de comunista, el Papa ha respondido de manera rotunda: «Este mensaje no es marxismo, sino Evangelio puro». Un mensaje que tiene que tener eco permanente en nuestras comunidades cristianas. Lo contrario podría ser signo de lo que dice el papa: «Nos estamos volviendo incapaces de compadecernos de los clamores de los otros y ya no lloramos ante el drama de los demás».
José Antonio Pagola

Francisco pide a los párrocos que no se desentiendan de los jóvenes que conviven sin casarse



Tan importante es preparar a los novios al sacramento del matrimonio, como acompañar a los jóvenes que conviven sin casarse, les dice el Papa a un grupo de párrocos
El Papa recibió este sábado en audiencia a los participantes en un curso de formación para párrocos, promovido por la Rota Romana, sobre el nuevo proceso matrimonial. Entre los participantes en la audiencia estuvo el cardenal Osoro, arzobispo de Madrid, uno de los ponentes en el curso, que este sábado toma posesisión de su parroquia Romana, santa María in Trastevere.
«Nadie mejor que ustedes conoce y está en contacto con la realidad del tejido social en el territorio, experimentando su variada complejidad: uniones celebradas en Cristo, uniones de hecho, uniones civiles, uniones fracasadas, familias y jóvenes felices e infelices», les dijo el Papa a los sacerdotes de parroquia, instándoles aa ser «compañeros de viaje de toda persona y en toda situación».
Francisco les pidió cercanía a «los jóvenes que desean formar una nueva familia y unirse con el sacramento del matrimonio». En la preparación al sacramento, es necesario hacerles tomar conciencia «del significado profundo del paso que están por cumplir». «No dejen de recordar siempre a los esposos cristianos que en el Sacramento del matrimonio Dios, por así decir, se refleja en ellos, imprimiendo su imagen y el carácter indeleble de su amor», les pidió.
Pero la misma cercanía les animó a tener el Obispo de Roma con aquellos otros jóvenes que prefieren convivir sin casarse. «Ellos, en el plano espiritual y moral, están entre los pobres y los pequeños, para los que Iglesia, sobre las huellas de su Maestro y Señor, quiere ser madre que no abandona sino que se acerca y por los que se preocupa». «También estas personas son amadas por el corazón de Cristo. Tengan hacia ellos una mirada de ternura y de compasión», añadió.
Además, el Pontífice alentó a los sacerdotes a estar disponibles para «aquellos cónyuges que, a causa de serios problemas en su relación, tienen necesidad de reavivar la fe y volver a descubrir la gracia del Sacramento», o incluso quieren «iniciar un proceso de nulidad».
Alfa y Omega

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO POR SAN VICENTE DE PAUL:





«Buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura»... Se dice, pues, que hay que buscar el reino de Dios. «Buscad», no es más que una palabra, pero me parece que dice muchas cosas. Quiere decir... trabajar incesantemente para el reino de Dios y no permanecer en un estado flojo y parado, poner atención al interior para que esté bien regulado, pero no al exterior para divertirse... 

Buscad a Dios en vosotros, porque san Agustín confiesa que mientras le buscó fuera de él, no le encontró. Buscadle en vuestra alma que le es su agradable morada; es en ese fondo donde quedan establecidas todas las virtudes que sus siervos intentan practicar. 

La vida interior es necesaria, es preciso tender a ella; si la descuidamos, faltamos a todo... Busquemos ser personas de interioridad... Busquemos la gloria de Dios, busquemos el reino de Jesucristo... 

«Pero [me diréis], hay tantas cosas que hacer, tantos trabajos en casa, tantos lugares de trabajo en la ciudad, en el campo... hay trabajo en todas partes; ¿es preciso pues dejarlo todo tal cual está para no pensar sino en Dios?» No, sino que es necesario santificar esas ocupaciones buscando a Dios en ellas, y hacerlas más para encontrarle a Él que para verlas hechas. 

Nuestro Señor quiere que, ante todo, busquemos su gloria, su reino, su justicia, y para ello quiere que construyamos nuestro capital, con la vida interior, con la fe, con la confianza, con el amor, con ejercicios religiosos..., con trabajos y sufrimientos, a la vista de Dios, nuestro soberano Señor... 

Una vez establecidos en esa búsqueda de la gloria de Dios, podemos estar seguros de que el resto vendrá por sí solo.

BUSCAD SOBRE TODO EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA



Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,24-34):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? 

Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?

¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gante de poca fe? 

No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.

Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia».

Palabra del Señor