lunes, 12 de diciembre de 2016

Cardenal Osoro: Una sociedad que cierra las puertas a los refugiados «alguna enfermedad tiene»



En una entrevista en RNE Cantabria, el cardenal Osoro ha pedido que los refugiados puedan entrar a España «con la dignidad que todo ser humano se merece». «Todo ser humano, por el hecho de ser imagen y semejanza de Dios tiene derecho a pisar un suelo, a tener suelo, a tener un lugar donde situarse, donde permanecer, donde realizarse como persona y todos tenemos obligación de hacer que esto suceda». Si en una sociedad «esto no se da» es que «algo está funcionando mal», dijo. «Alguna enfermedad tiene esa sociedad y ese mundo».

El arzobispo de Madrid, el cardenal Carlos Osoro, ve «deseos» y «esfuerzos» de los países europeos de solucionar la crisis de los refugiados, pero advierte de que «las puertas nunca se pueden cerrar a nadie».

«Otra cosa es cómo tengan que entrar», puntualizó, ya que «a veces no es fácil conjugar las necesidades imperiosas de la gente que está llamando a la puerta y que necesita un lugar» y la «convivencia en el lugar de origen». «Pero esfuerzos se están haciendo», añadió.

En lo que respecta a la Iglesia, «está haciendo lo que nos dijo Jesús: Amaos como yo os he amado. No puede poner fronteras la Iglesia», dijo Osoro. Y siguiendo el magisterio de Francisco y de Benedicto XVI, remarcó que el «problema real» en el mundo no es la crisis económica sino una «crisis antropológica».

Frente a esta crisis, lo mejor que puede hacer la Iglesia es presentar a Dios. «Que no es imponérselo a nadie pero sí tenerlo presente. Dios es un dios que no estorba, es el que más libertad nos da» y nos hace «capaces de respetar a los demás». «Nos hace mirar a los demás, no como enemigos o como alguien que me estorba sino como un hermano al cual yo necesito buscarle un lugar».

Alfa Y Omega

Una explosión junto a la catedral copta de El Cairo se cobra la vida de al menos 25 personas




Se trata del peor ataque terrorista contra cristianos desde 2011, cuando un coche bomba fue detonado junto a una iglesia copta en Alejandría, cobrándose más de una veintena de vidas. Centenares de cristianos egipcios se han acercado al lugar del atentado en lo que pronto se ha convertido en una espontánea protesta contra el gobierno
Al menos 25 personas han muerto y otras 40 resultaron heridas en un atentado este domingo contra la comunidad cristiana de El Cairo, según confirmó el Ministerio de Sanidad egipcio.
Durante el servicio religioso del domingo, hacia las 10:00 de la mañana hora local, un artefacto explotó en una capilla lateral de la iglesia de San Pablo, aledaña a la catedral de San Marcos, en el barrio cairota de Al Abasiya.
La deflagración rompió los cristales de la iglesia, destrozó bancos y el exterior del edificio, tal como ha podido comprobar este diario. Según los primeros reportes de la Policía, el atentado fue perpetrado con un IED de entre 6 y 12 kilos de TNT.
Se trata del peor ataque terrorista contra cristianos desde 2011, cuando un coche bomba fue detonado junto a una iglesia copta en Alejandría, cobrándose más de una veintena de vidas.
Indignación entre los coptos
Pese a que la policía ha acordonado el perímetro, centenares de egipcios coptos se han acercado al lugar del atentado en lo que pronto se a convertido en una espontánea protesta contra el gobierno de Abdelfatah Al Sisi y el ministro de Interior, a quien culpan de negligencia en proteger a la minoría cristiana, un 10 % de la población egipcia.
Coptos con los que ha hablado ABC se mostraron asustados y enfadados. «No había apenas medidas de seguridad. La iglesia es vieja y tiene dos puertas, han conseguido colarse dentro, es terrible» señala Mina, mientras frente a la catedral cientos de coptos pedían la dimisión del Ministro de Interior. «La sangre de los egipcios no es barata», «Sisi, ¿por qué fue atacada esta iglesia?», coreaba la exaltada multitud.
La magnitud del atentado apunta a una brecha en la seguridad: normalmente las iglesias, especialmente las catedrales, están flanqueadas por puestos de seguridad militares o policiales. La espontánea protesta se ha convertido en una de las mayores contra el gobierno de Sisi en los últimos dos años, que ha controlado con mano de hierro a manifestantes y críticos.
Momentos de horror
Otros coptos todavía no se desprendían del horror del atentado. Según han relatado testigos del atentado a medios locales, tras la explosión el suelo quedó lleno de cadáveres, muchos de ellos destrozados.
Se espera que aumente el número de muertos, la mayoría mujeres, pues la bomba fue colocada cerca de una zona reservada para ellas.
Para los coptos, la catedral de San Marcos es especialmente significativa, pues es la sede del patriarca de la Iglesia copta ortodoxa en El Cairo, el papa Teodoro, de visita hoy en Grecia. «Es como si hubieran atentado contra el Vaticano. La catedral de San Marcos es importante no sólo para los cristianos en Egipto, sino para los cristianos de Oriente Medio», apostilla otro joven.
Hasta el momento, ningún grupo ha reivindicado el atentado, que tiene lugar días después de que un casi desconocido «Movimiento de los Brazos de Egipto-Hasm» se adjudicara la autoría de un ataque con bomba en la calle Al Ahram, cerca de las pirámides de Giza, que se saldó con la muerte de 6 policías. En los últimos meses, este grupo ha llevado a cabo diversos atentados con coche bomba, dirigidos a fuerzas de seguridad o fiscales envueltos en procesos judiciales contra islamistas.
Punto de inflexión terrorista
Aunque los cristianos son objeto de violencia sectaria en Egipto, especialmente en zonas rurales, y varias iglesias fueron atacadas por turbas e incendiadas en 2013, cuando el entonces militar Abdelfatah Al Sisi sacó al islamista Mohamed Morsi del poder, este atentado es un «punto de inflexión» en la actividad de grupos terroristas en el país, según el investigador para Egipto del Centro Carnegie, Mojtar Awad.
Desde 2013, Egipto hace frente a periódicos atentados terroristas, especialmente en la península del Sinaí. Sin embargo, los objetivos suelen ser posiciones militares o efectivos policiales. Atentados organizados por grupos terroristas contra la minoría cristiana no han sido habituales, aunque Mina Thabet, investigador en minorías de la Comisión Egipcia para Derechos y Libertades (ECRF), señala que es solo «un paso más consecuencia del discurso sectario y anti-otras religiones de algunos predicadores».
 Alicia Alamillos. El Cairo (ABC)
Alfa y Omega

Comentario del papa Francisco al santo evangelio según san Mateo (21,23-27)



«La Iglesia no es una organización de cultura, de religión, tampoco social; no es eso. La Iglesia es la familia de Jesús. La Iglesia confiesa que Jesús es el Hijo de Dios que se hizo carne. Este es el escándalo, y por esto perseguían a Jesús». Sin la Encarnación del Verbo falta el fundamento de nuestra fe. 


Los sacerdotes, los escribas y los ancianos de Jerusalén plantean esta pregunta a Jesús: «¿Con qué autoridad haces esto?». ¿Por qué Jesús constituía un problema? No es porque hiciera milagros, ni porque predicara y hablara de la libertad del pueblo. 

«El problema que escandalizaba a esta gente era aquello que los demonios gritaban a Jesús: “Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el santo”. Esto, esto es el centro». Lo que escandaliza de Jesús es su naturaleza de Dios encarnado. 

Y como a Él, también a nosotros «nos tienden trampas en la vida», porque lo que escandaliza de la Iglesia es el misterio de la encarnación del Verbo. También ahora oímos decir a menudo: «Pero vosotros cristianos, sed un poco más normales, como las otras personas, sensatas, no seáis tan rígidos». Detrás, en realidad, está la petición de no anunciar que «Dios se hizo hombre», porque «la encarnación del Verbo es el escándalo».

Cuando el sumo sacerdote le pregunta: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo de Dios?», Jesús responde que sí e inmediatamente es condenado a muerte. «Este es el centro de la persecución». De hecho, «si nosotros nos convertimos en cristianos sensatos, cristianos sociales, de beneficencia solamente, ¿cuál será la consecuencia? Que no tendremos jamás mártires». 

Al contrario, cuando afirmamos que «el Hijo de Dios vino y se hizo carne, cuando predicamos el escándalo de la cruz, vendrán las persecuciones, vendrá la cruz».

Hemos de pedir al Señor «no tener vergüenza de vivir con este escándalo de la cruz». Hemos de implorar de Dios la sabiduría, la inteligencia «para no dejarse atrapar por el espíritu del mundo, que siempre hará propuestas educadas, propuestas civilizadas». Propuestas que realmente niegan «el hecho de que el Verbo se encarnó».

(Papa Francisco, homilía en Santa Marta del 1-6-2013)

LA AUTORIDAD DE JESÚS




Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,23-27):

EN aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle:

«¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».

Jesús les replicó:

«Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?».

Ellos se pusieron a deliberar:

«Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?”. Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta».

Y respondieron a Jesús:

«No sabemos».

Él, por su parte, les dijo:

«Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».

Palabra del Señor

Llamados a compartir la alegría por la venida del Señor, dando consuelo y esperanza a los pobres, Ángelus del Papa



Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy celebramos el tercer domingo de Adviento, caracterizado por la invitación de san Pablo: “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. El Señor está cerca” (Fil 4,4-5). No es una alegría superficial o puramente emotiva aquella a la que nos exhorta el apóstol, y ni siquiera aquella mundana o aquella alegría del consumismo: no, no es ésta, sino que se trata de una alegría más auténtica, de la cual estamos llamados a redescubrir el sabor. El sabor de la verdadera alegría. Es una alegría que toca lo íntimo de nuestro ser, mientras esperamos a Jesús que ya ha venido a traer salvación al mundo, el Mesías prometido, nacido en Belén de la Virgen María. La liturgia de la Palabra nos ofrece el contexto adecuado para comprender y vivir esta alegría. Isaías habla de desierto, de tierra árida, de estepa, (cfr 35,1); el profeta tiene ante sí manos débiles, rodillas tambaleantes, corazones perdidos, ciegos, sordos y mudos (cfr vv. 3-6). Es el cuadro de una situación de desolación, de un destino inexorable sin Dios.
Pero finalmente la salvación es anunciada: “¡Sean fuertes, no teman!, dice el Profeta. ¡Ahí está su Dios! ¡Él mismo viene a salvarlos!” (cfr Is 35,4). E inmediatamente todo se transforma: el desierto florece, la consolación y la alegría invaden los corazones (cfr vv. 5-6). Estos signos anunciados por Isaías como reveladores de la salvación ya presente, se realizan en Jesús. Él mismo afirma respondiendo a los mensajeros enviados por Juan Bautista. ¿Qué dice Jesús a estos mensajeros?: “Los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan” (Mt 11,5).  No son palabras, son hechos que demuestran cómo la salvación, traída por Jesús, aferra todo el ser humano y lo regenera. Dios ha entrado en la historia para liberarnos de la esclavitud del pecado, ha puesto su tienda en medio de nosotros para compartir nuestra existencia, curar nuestras llagas, vendar nuestras heridas y donarnos la vida nueva. La alegría es el fruto de esta intervención de salvación y de amor de Dios.
Estamos llamados a dejarnos involucrar por el sentimiento de júbilo: este júbilo, esta alegría. Pero un cristiano que no es alegre… algo le falta a este cristiano, ¡o no es cristiano! La alegría del corazón, la alegría dentro que nos lleva adelante y nos da el coraje. El Señor viene, viene a nuestra vida como liberador, viene a liberarnos de todas las esclavitudes interiores y externas. Es Él que nos indica el camino de la fidelidad, de la paciencia y de la perseverancia porque, a su regreso, nuestra alegría será plena. La Navidad está cerca, los signos de su aproximación son evidentes por nuestras calles y en nuestras casas; también aquí en la Plaza ha sido puesto el Pesebre con el árbol al lado. Estos signos externos nos invitan a recibir al Señor que siempre viene y llama a nuestra puerta, llama a nuestro corazón: para acercarse a nosotros. Nos invitan a reconocer sus pasos entre aquellos de los hermanos que nos pasan al lado, especialmente los más débiles y necesitados.
Hoy estamos invitados a alegrarnos por la venida inminente de nuestro Redentor, y estamos llamados a compartir esta alegría con los demás, donando consuelo y esperanza a los pobres, a los enfermos, a las personas solas e infelices. La Virgen María,  la “sierva del Señor”, nos ayude a escuchar la voz de Dios en la oración y a servirlo con compasión en los hermanos, para llegar listos a la cita con la Navidad, preparando nuestro corazón a recibir a Jesús. 
(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual, Radio Vaticana)