jueves, 21 de agosto de 2014

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

Mt 16, 13-20

También hoy nos dirige Jesús a los cristianos la misma pregunta que hizo un día a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. No nos pregunta solo para que nos pronunciemos sobre su identidad misteriosa, sino también para que revisemos nuestra relación con él. ¿Qué le podemos responder desde nuestras comunidades?

¿Conocemos cada vez mejor a Jesús, o lo tenemos “encerrado en nuestros viejos esquemas aburridos” de siempre? ¿Somos comunidades vivas, interesadas en poner a Jesús en el centro de nuestra vida y de nuestras actividades, o vivimos estancados en la rutina y la mediocridad?

¿Amamos a Jesús con pasión o se ha convertido para nosotros en un personaje gastado al que seguimos invocando mientras en nuestro corazón va creciendo la indiferencia y el olvido? ¿Quiénes se acercan a nuestras comunidades pueden sentir la fuerza y el atractivo que tiene para nosotros?

¿No sentimos discípulos y discípulas de Jesús? ¿Estamos aprendiendo a vivir con su estilo de vida en medio de la sociedad actual, o nos dejamos arrastrar por cualquier reclamo más apetecible para nuestros intereses? ¿Nos da igual vivir de cualquier manera, o hemos hecho de nuestra comunidad una escuela para aprender a vivir como Jesús?

¿Estamos aprendiendo a mirar la vida como la miraba Jesús? ¿Miramos desde nuestras comunidades a los necesitados y excluidos con compasión y responsabilidad, o nos encerramos en nuestras celebraciones, indiferentes al sufrimiento de los más desvalidos y olvidados: los que fueron siempre los predilectos de Jesús?

¿Seguimos a Jesús colaborando con él en el proyecto humanizador del Padre, o seguimos pensando que lo más importante del cristianismo es preocuparnos exclusivamente de nuestra salvación? ¿Estamos convencidos de que el modo de seguir a Jesús es vivir cada día haciendo la vida más humana y más dichosa para todos?

¿Vivimos el domingo cristiano celebrando la resurrección de Jesús, u organizamos nuestro fin de semana vacío de todo sentido cristiano? ¿Hemos aprendido a encontrar a Jesús en el silencio del corazón, o sentimos que nuestra fe se va apagando ahogada por el ruido y el vacío que hay dentro de nosotros?

¿Creemos en Jesús resucitado que camina con nosotros lleno de vida? ¿Vivimos acogiendo en nuestras comunidades la paz que nos dejó en herencia a sus seguidores? ¿Creemos que Jesús nos ama con un amor que nunca acabará? ¿Creemos en su fuerza renovadora? ¿Sabemos ser testigos del misterio de esperanza que llevamos dentro de nosotros?


        José Antonio Pagola

Agradecimiento del Papa a la Virgen por la peregrinación a Corea y preocupación por Irak. A los periodistas en el avión: “detener si, bombardear no”

Inmediatamente después su llegada a Roma, antes de las 18 horas del 18 de agosto, de regreso de su tercer viaje apostólico, Francisco se dirigió a la Basílica Santa María Mayor con un ramo de flores que le entregó en Seúl una niña coreana.
 

En el avión el Obispo de Roma habló con los periodistas de los momentos más importantes de este viaje, de las emociones vividas y de los diversos encuentros, de la actualidad internacional desde Irak a Oriente Medio. El servicio es de nuestra colega Gabriela Ceraso:
El pensamiento sobre el pueblo coreano abre y cierra sustancialmente el diálogo articulado en 16 preguntas que el Papa respondió a los periodistas. 

Fue la actualidad internacional la que irrumpió entre los argumentos. Especialmente Irak: “Estoy dispuesto a ir”, reveló Francisco, “pero en este momento no es lo mejor para hacer”, después afirmó: “Es lícito frenar al agresor injusto”, frenar, "no digo bombardear", aclara, y por lo tanto evaluar los medios con los cuales hacerlo”. Detener al agresor es justo y lícito.Pero tenemos que tener memoria de todas las veces que con esta escusa de detener al agresor las potencias se han apropiado de los pueblos y han hecho ¡una verdadera guerra de conquista! Una sola nación no puede juzgar cómo se detiene esto, cómo se detiene a un agresor injusto".
 


Después se habló de la guerra en Oriente Medio. Le preguntan si fue inútil la oración y el ayuno con Abu Mazen y Peres, en el Vaticano. El Obispo de Roma respondió que aquella iniciativa “nacida de hombres que creen en Dios”, “no ha sido un fracaso absoluto” porque sin oración no hay negociación ni diálogo –explicó-, ha sido un paso fundamental en cuanto a la actitud humana”, “Creo que la puerta fue abierta”: "Ahora el humo de las bombas, de las guerras no dejan ver la puerta, pero la puerta ha quedado abierta desde aquel momento. Yo creo en Dios y creo que el Señor mira aquella puerta y a cuantos rezan y a cuantos piden que Él nos ayude".
 


Las emociones experimentadas, que encuentran muchos testimonios de sufrimiento en Corea, son ocasión para que el Papa hable de los efectos de la guerra. En el abrazo con las mujeres ancianas que sobrevivieron a la deportación en la Segunda Guerra mundial Francisco manifiesta haber visto el dolor de todo el pueblo coreano, dividido, humillado, invadido y sin embargo fuerte en su dignidad. De aquí parte el llamado al mundo: “debemos detenernos a pensar un poco en el nivel de crueldad al que hemos llegado” y después, palabras duras sobre la tortura usada en los procesos judiciarios y de inteligencia: "La tortura es un pecado contra la humanidad, es un delito contra la humanidad y a los católicos yo les digo: ¡Torturar una persona es pecado mortal, es pecado grave!. Pero es más: es un pecado contra la humanidad".
 


Después el pensamiento del Papa regresa sobre la disponibilidad al diálogo con el pueblo chino, definido “bello, noble y sabio”; "la Santa Sede tiene abiertos los contactos” dice Francisco que revela el deseo de viajar a China.También le hacen una pregunta sobre el proceso de beatificación del arzobispo de San Salvador, Mons. Oscar Arnulfo Romero. “Está desbloqueado” -explica el Papa-, y expresa el deseo de que ahora todo se aclare para este "hombre de Dios" y se proceda con prontitud.
 

Después, las infaltables preguntas sobre los viajes previstos para el 2015: es segura la etapa en Filadelfia, para el encuentro mundial de las familias, a la que se podría agregar New York y Washington. Es probable después el viaje a Méjico, pero no es seguro, como también España. Finalmente, tantas curiosidades de los periodistas sobre la vida privada: la vida "normal" en Santa Marta, las vacaciones caracterizadas por un “ritmo distinto” de vida, con más lectura, más descanso, música. También la relación con Benedicto XVI fue tema de la conferencia: Es una relación "fraterna" hecha de intercambio continuo de opiniones. La elección que hace hoy un Papa emérito "abre una puerta", afirma Francisco, una “puerta que es institucional, non excepcional": "Porque nuestra vida se alarga y a una cierta edad no está la capacidad de gobernar bien, porque el cuerpo se cansa… la salud quizá es buena pero no hay capacidad para llevar adelante los problemas de un gobierno como el de la Iglesia. Quizá algún teólogo me dirá que esto es injusto. Los siglos dirán si es justo o no. Veremos. Pero yo haría lo mismo".

El Papa Francisco concluye la visita a Corea indicando a todo el continente un futuro de reconciliación y de paz - Nuevos horizontes de diálogo y encuentro

Para Corea, que desde hace más de sesenta años vive «una experiencia de división y de conflicto», y para toda Asia, el Papa Francisco ve en el horizonte «nuevas oportunidades de diálogo, de encuentro y de superación de las diferencias». Y así, como conclusión de su tercer viaje más allá de los confines italianos, lanza un mensaje que une realismo y esperanza: incluso cuando toda perspectiva humana parece «imposible, irrealizable y, quizás, hasta inaceptable» —asegura durante la misa celebrada en la catedral de Seúl el lunes 18 de agosto, por la mañana, poco antes de dejar Corea para regresar al Vaticano— es posible experimentar que «el perdón es la puerta que conduce a la reconciliación» que «supera toda división, sana cualquier herida y restablece los lazos originarios del amor fraterno».
Una convicción que, en la visión del Papa Francisco, se basa en la «disciplina de la paciencia» y en el trabajo paciente de una diplomacia lejana de «recriminaciones recíprocas, críticas inútiles y demostraciones de fuerza», como había destacado ante las autoridades políticas coreanas ya a su llegada el jueves 14 por la mañana. Sin olvidar que en un mundo cada vez más globalizado la paz pasa también a través de un desarrollo económico a la medida del hombre, atento a los más vulnerables y capaz de poner un freno al «espíritu de competición desenfrenada —adviritió en la misa de la solemnidad de la Asunción— que genera egoísmo y hostilidad».

A este compromiso el Pontífice llama a los cristianos a dar una aportación original, a través de un «testimonio profético» en beneficio de toda la sociedad. Y así a los obispos coreanos recordó que la Iglesia debe huir de la tentación del «bienestar espiritual» que aleja a los pobres de sus puertas. Y a los prelados del continente le presenta una iluminadora lección de diálogo, invitándoles a no «esconderse detrás de respuestas fáciles, frases hechas, leyes y reglamentos» sino a acercarse a los demás con espíritu libre y abierto. Teniendo bien presente que los cristianos no actúan como «conquistadores» sino deseando caminar junto a cada hombre para mostrar que la unidad —como recordó a los jóvenes protagonistas de la sexta jornada de la juventud asiática en el santuario de Solmoe— «no destruye la diversidad sino que la reconoce, la reconcilia y la enriquece».