domingo, 5 de noviembre de 2017

5 de noviembre: santa Ángela de la Cruz




Desde pequeñita fue alegre, devota y trabajadora. Sus problemas de salud le impidieron entrar en las Carmelitas Descalzas y las Hijas de la Caridad. Pasado el tiempo, y tras una profunda maduración espiritual fundamentada en la oración, fundó el Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz, que se caracterizaban por el servicio a los pobres, «haciéndose pobre con el pobre para llevarlo a Cristo». Murió en 1932 y fue canonizada en 2003 en Madrid por san Juan Pablo II
Santa Ángela de la Cruz, más conocida como sor Ángela de la Cruz, nació en Sevilla en 1846. De pequeña era una niña alegre, devota y trabajadora. A los 13 años se tuvo que poner a trabajar y entró en un taller de zapatería. Tres años después, sor Ángela conoce al padre José Torres, un apoyo para su vida espiritual que le anima a madurar en su fe.
Tras un proceso de maduración espiritual, Ángela decide hacerse religiosa pero las Carmelitas Descalzas y las Hijas de la Caridad la rechazan por motivos de salud, así que, a pesar de no poder entrar como monja, Ángela continúa su vida de oración. Es estando en recogimiento, cuando ve una cruz vacía frente a la Cruz de Cristo crucificado, y recibe la inspiración de inmolarse junto a Jesús para la salvación de las almas. Esta inspiración presidirá toda su vida y la de sus hijas en la orden que iba a fundar.
Tras el suceso el padre José le manda escribir un diario espiritual. En él fue detallando su estilo de vida, que sería después el de sus hijas, cuando, en 1875, Ángela funde el Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz, caracterizado por el servicio a los pobres «haciéndose pobre con el pobre para llevarlo a Cristo».
Las vocaciones crecen rápidamente así como las personas a las que tienen que atender. Pobres y ricos, todos estiman a las Hermanas de la Compañía de la Cruz. Son años de muchas fundaciones para Ángela, que morirá el 2 de marzo de 1932 a los 86 años de edad.
Fue beatificada en 1982 y canonizada por san Juan Pablo II el 4 de mayo de 2003 en la madrileña plaza de Colón.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega

El amor, la mejor prótesis



Antonio, el octogenario al que voy a visitar, no para de llorar mientras su hija intenta consolarlo. Al verme, se me acerca y me dice: «Desde ayer, que le tuvimos que decir que le tienen que amputar la pierna, se ha venido abajo y no para de llorar». Con el Señor en el bolsillo de mi bata y apretando más fuerte el porta viril en mi mano, le pido que me ayude a consolar al triste. Me acerco a la cabecera de la cama para saludar a Antonio y no hace falta preguntar el motivo de su angustia. No para de contar su historia personal: lo joven que conoció a su mujer, que ahora está enferma en casa, y lo mucho que les quieren sus hijos, que no les dejan solos ni un momento, lo mucho que han trabajado en la vida…, todo lo cuenta sin dejar de suspirar, insistiendo en qué va a hacer ahora sin su pierna.
Observando el mucho cariño que manifestaba por su familia le dije: «Antonio, si tuvieras que elegir una sola cosa… ¿con qué te quedarías, con tu pierna enferma o con el amor de tus hijos? Respondió: «Sin duda elegiría el cariño de mis hijos». Cuántas alabanzas dedicó a sus dos hijas y a su hijo, pero como si despertara de un sueño volvió a llorar y a lamentar el que le quitaran su piernita.
Antonio sabía que su pierna gangrenada le había dejado tres meses en cama, pero aun así, él esperaba que su pierna sanase y poder atender a su mujer sin ser ambos una carga para sus hijos. Pero Antonio y yo sabíamos que su dolor era el fruto del recuerdo de su pasado, de todo lo vivido y recorrido con sus dos piernas. Me dijo que ya era muy mayor para afrontar un futuro teniendo que depender del amor de sus hijos. Estaba triste porque no sabía si sabría aceptar que le amaran tanto; él había nacido para dar la vida por sus hijos y ahora dependería de ellos para vivir.
Le agarré la mano, después de darle la comunión, diciéndole: «Antonio, no serás ninguna carga para tus hijos porque el amor que tú le diste, como dice el Evangelio de la samaritana, es como un surtidor que hace que necesiten dar todo ese amor que tienen dentro. Siéntete orgulloso de tus hijos y disfruta de lo mejor que tienes, porque el Amor no pasa nunca».
Manuel Lagar
Capellán del hospital de Mérida
Alfa y Omega

Silencio en vías de extinción


Hace algún tiempo hicimos una salida a una reserva forestal en la provincia de León en la que se protegían las hayas, una especie, al parecer, en vías de extinción. Durante el día estuve pensando en posibles especies espirituales en esa situación y descubrí tres: el silencio, interioridad y soledad.
Comenzaré por el silencio. Le veo caminar lentamente, se aleja. ¿A dónde irá? No tiene amigos, no tiene hogar. Va huyendo de quienes lo intentan eliminar. El ruido que ensordece, la palabra vacía, la algarabía, la exterioridad… Todos le van hiriendo obstinadamente día tras día, pero es especialmente la palabra la que se le quiere imponer con prepotencia y desterrarlo al desván, y eso que generalmente no dice nada, es sonante, pero no sonora.
El silencio nos garantiza la presencia de Dios en la tierra como principal vía de acceso al Misterio divino. Proporciona una auténtica comunión y relación. La palabra es siempre un intruso que se interpone en la conversación, mientras que el silencio posee una poderosa dimensión comunicativa.
Permite el conocimiento de la verdad, porque nos revela un aspecto de la realidad demasiado profunda para ser descubierta a simple vista. Nos inunda de serena alegría, ya que el silencio siempre se expande y exterioriza como una amplia sonrisa, inmensa y maravillosa, que abraza todo lo creado. Gracias a él podemos conocernos, al permanecer en ese «espacio de desierto» en el que se forma nuestra identidad.
Agudiza nuestro oído y, asombrados, escuchamos cantar a los campos, aplaudir a los árboles del bosque y a los ríos, y aclamar a los montes (salmos 95 y 97). ¡El silencio desaparece! Necesita urgentemente un ámbito de protección. Al menos los monasterios tendríamos que ser lugares de «reserva forestal» con la obligación de cuidar esos valores que creemos necesarios para el bienestar de la humanidad.
La invitación está hecha. ¡Encontremos tiempos para el silencio en nuestras vidas! Es un reto, como un río que aguarda a que te sumerjas en él.
Ernestina Álvarez
Monjas Benedictinas. Monasterio de Santa María de Carbajal de León
Alfa y Omega

La Iglesia, comprometida con la transparencia económica


"Somos una gran familia CONTIGO" es el lema del Día la Iglesia Diocesana 2017 que se celebra el próximo 12 de noviembre. El secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia nos invita a colaborar con nuestra parroquia aportando lo que tenemos: cualidades, tiempo o dinero.
Somos la familia de los hijos de Dios y como familia todos somos corresponsables de su labor y de su sostenimiento.
Un tema que preo­cu­pa: ¿qué ha­cen con el di­ne­ro los par­ti­dos po­lí­ti­cos?, ¿las fun­da­cio­nes?, ¿los sin­di­ca­tos?, ¿los clu­bes de fút­bol?, ¿las or­ga­ni­za­cio­nes re­li­gio­sas? Desde que se acordó con el Gobierno de España el nuevo modelo de financiación de la Iglesia en el año 2006, los esfuerzos de la Iglesia católica por ser transparente han sido cuantiosos. Todos ellos se han concretado en el acuerdo que en 2016 se ha firmado con la asociación Transparencia Internacional España.
Este acuer­do su­po­ne 10 com­pro­mi­sos:
1.- In­for­mar pun­tual y de­ta­lla­da­men­te de los re­sul­ta­dos de las Asig­na­ción Tri­bu­ta­ria a fa­vor de la Igle­sia de la cam­pa­ña de la ren­ta. To­dos los da­tos es­tán dis­po­ni­bles des­de el año 2007 en la pá­gi­na de re­sul­ta­dos de la cam­pa­ña de la ren­ta a fa­vor de la Igle­sia don­de se in­di­can el nú­me­ro de de­cla­ra­cio­nes a fa­vor e im­por­te de la cam­pa­ña.
2.- Pu­bli­car la in­for­ma­ción eco­nó­mi­ca que ex­pli­que el des­tino de los fon­dos re­cau­da­dos en la Asig­na­ción Tri­bu­ta­ria. La Con­fe­ren­cia Epis­co­pal, como or­ga­nis­mo res­pon­sa­ble de re­ci­bir los fon­dos y dis­tri­buir­los en­tre las di­fe­ren­tes dió­ce­sis se­gún sus ne­ce­si­da­des, edi­ta en la Me­mo­ria de Ac­ti­vi­da­des un apar­ta­do don­de se de­ta­llan los in­gre­sos y el des­tino de los re­cur­sos de la Igle­sia. Ade­más, mu­chas dió­ce­sis pu­bli­can sus pro­pias me­mo­rias eco­nó­mi­cas don­de se de­ta­lla el des­tino de sus re­cur­sos eco­nó­mi­cos.
3.- Dis­po­ner de un Por­tal de Trans­pa­ren­cia que ofrez­ca toda la in­for­ma­ción re­le­van­te so­bre la Asig­na­ción Tri­bu­ta­ria y tan­tos con­ve­nios na­cio­na­les e in­ter­na­cio­na­les que sean ges­tio­na­dos por la CEE. La ofi­ci­na de Trans­pa­ren­cia de la Con­fe­ren­cia Epis­co­pal es ya una reali­dad que cuen­ta con una sec­ción en la pá­gi­na web don­de en­con­trar toda la re­gu­la­ción in­ter­na y ex­ter­na de la CEE.
4.- Di­fun­dir la Me­mo­ria de Ac­ti­vi­da­des de la Igle­sia ca­tó­li­ca en Es­pa­ñaque in­clu­ya in­for­ma­ción con­so­li­da­da so­bre las dis­tin­tas ac­tua­cio­nes que rea­li­zan las ins­ti­tu­cio­nes de la Igle­sia de nues­tro país. To­das las Me­mo­rias de Ac­ti­vi­da­des es­tán dis­po­ni­bles en la pá­gi­na web de Xtan­tos.
5.- Apli­car a la Me­mo­ria de Ac­ti­vi­da­des de la Igle­sia ca­tó­li­ca a un pro­ce­so de au­di­to­ría por una de las gran­des au­di­to­ras in­ter­na­cio­na­les. En los úl­ti­mos años PWC ha au­di­ta­do la Me­mo­ria de Ac­ti­vi­da­des cer­ti­fi­can­do la au­ten­ti­ci­dad de los da­tos pre­sen­ta­dos.
6.- Im­pul­sar en las 70 dió­ce­sis es­pa­ño­las un Por­tal de trans­pa­ren­cia pro­pio. Mu­chas dió­ce­sis cuen­tan ya con una Ofi­ci­na de Trans­pa­ren­cia que dis­po­nen de pu­bli­ca­cio­nes y ser­vi­cios de in­for­ma­ción para to­dos aque­llos que lo re­quie­ran. Ade­más, la ma­yo­ría de las dió­ce­sis cuen­tan con una sec­ción en la pá­gi­na web de Xtan­tos don­de pu­bli­can la me­mo­ria dio­ce­sa­na de ac­ti­vi­da­des y eco­nó­mi­ca.
7.- Adap­tar el Plan Con­ta­ble de en­ti­da­des no lu­cra­ti­vas a las en­ti­da­des re­li­gio­sas. De esta for­ma se con­se­gui­rá una ar­mo­ni­za­ción con­ta­ble en to­das las ins­ti­tu­cio­nes que for­man la Igle­sia en Es­pa­ña, lo que fa­ci­li­ta­rá enor­me­men­te las la­bo­res de aná­li­sis, au­di­to­ria y con­so­li­da­ción.
8.- Crear una Ofi­ci­na de ren­di­ción de cuen­tas para fun­da­cio­nes y aso­cia­cio­nes re­li­gio­sas de toda Es­pa­ña que sir­va de apo­yo or­ga­ni­za­ti­vo y en ma­te­ria de trans­pa­ren­cia a es­tas en­ti­da­des.
9.- De­fi­nir un ma­nual de bue­nas prác­ti­cas en ma­te­ria de trans­pa­ren­cia para la ac­ti­vi­dad de la Con­fe­ren­cia Epis­co­pal y que sir­va de mo­de­lo para la apli­ca­ción en el ám­bi­to dio­ce­sano.
10.- Ha­cer una au­di­to­ría con­ta­ble a las cuen­tas de la Con­fe­ren­cia Epis­co­pal una vez se haya apro­ba­do el Plan Con­ta­ble de­fi­ni­do an­te­rior­men­te.
Más info en www.por­tan­tos.es

No hacen lo que dicen

Jesús habla con indignación profética. Su discurso, dirigido a la gente y a sus discípulos, es una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel. Mateo lo recoge hacia los años ochenta para que los dirigentes de la Iglesia cristiana no caigan en conductas parecidas.
¿Podremos recordar hoy las recriminaciones de Jesús con paz, en actitud de conversión, sin ánimo alguno de polémicas estériles? Sus palabras son una invitación para que obispos, presbíteros y cuantos tenemos alguna responsabilidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.
"No hacen lo que dicen". Nuestro mayor pecado es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. Tenemos poder, pero nos falta autoridad. Nuestra conducta nos desacredita. Un ejemplo de vida más evangélica de los dirigentes cambiaría el clima en muchas comunidades cristianas.
"Atan cargas pesadas e insoportables y las ponen sobres las espaldas de los hombres; pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas". Es cierto. Con frecuencia somos exigentes y severos con los demás, comprensivos e indulgentes con nosotros. Agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias, pero no les facilitamos la acogida del Evangelio. No somos como Jesús, que se preocupa de hacer ligera su carga, pues es humilde y de corazón sencillo.
"Todo lo hacen para que los vea la gente". No podemos negar que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen, buscando casi siempre "quedar bien" ante los demás. No vivimos ante ese Dios que ve en lo secreto. Estamos más atentos a nuestro prestigio personal.
"Les gusta el primer puesto y los primeros asientos [...] y que les saluden por la calle y los llamen maestros". Nos da vergüenza confesarlo, pero nos gusta. Buscamos ser tratados de manera especial, no como un hermano más. ¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido y reverenciado por la comunidad cristiana?
"No os dejéis llamar maestro [...] ni preceptor [...] porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Preceptor: Cristo". El mandato evangélico no puede ser más claro: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo; orientad la atención de los creyentes solo hacia él. ¿Por qué la Iglesia no hace nada por suprimir tantos títulos, prerrogativas, honores y dignidades para mostrar mejor el rostro humilde y cercano de Jesús?

"No llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo". Para Jesús, el título de Padre es tan único, profundo y entrañable que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana. ¿Por qué lo permitimos?
José Antonio Pagola

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (23,1-12)





«Quien quiera ser el primero - o sea el más importante - que sea el último de todos y el servidor de todos». Quien quiera ser grande, que sirva a los demás, no que se sirva de los demás. 

Y esta es la gran paradoja de Jesús... Él trastoca nuestra lógica diciéndoles sencillamente que la vida auténtica se vive en el compromiso concreto con el prójimo. Es decir, sirviendo.

La invitación al servicio posee una peculiaridad a la que debemos estar atentos. Servir significa, en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo. Son los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados a los que Jesús propone mirar e invita concretamente a amar. 

Amor que se plasma en acciones y decisiones. Amor que se manifiesta en las distintas tareas que como ciudadanos estamos invitados a desarrollar. Son personas de carne y hueso, con su vida, su historia y especialmente con su fragilidad, las que Jesús nos invita a defender, a cuidar y a servir. 

Porque ser cristiano entraña servir la dignidad de sus hermanos, luchar por la dignidad de sus hermanos y vivir para la dignidad de sus hermanos. Por eso, el cristiano es invitado siempre a dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles. 

Hay un «servicio» que sirve a los otros; pero tenemos que cuidarnos del otro servicio, de la tentación del «servicio» que «se» sirve de los otros. Hay una forma de ejercer el servicio que tiene como interés el beneficiar a los «míos», en nombre de lo «nuestro». Ese servicio siempre deja a los «tuyos» por fuera, generando una dinámica de exclusión. 

Todos estamos llamados por vocación cristiana al servicio que sirve y a ayudarnos mutuamente a no caer en las tentaciones del «servicio que se sirve». Todos estamos invitados, estimulados por Jesús a hacernos cargo los unos de los otros por amor. 

Y esto sin mirar de costado para ver lo que el vecino hace o ha dejado de hacer. Jesús dice: «Quien quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos». Ese va a ser el primero. No dice, si tu vecino quiere ser el primero que sirva. Debemos cuidarnos de la mirada enjuiciadora y animarnos a creer en la mirada transformadora a la que nos invita Jesús. 

Este hacernos cargo por amor no apunta a una actitud de servilismo, por el contrario, pone en el centro la cuestión del hermano: el servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la «padece» y busca la promoción del hermano. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas.

...Porque, queridos hermanos y hermanas, «quien no vive para servir, no sirve para vivir».
(De la Homilía en La Habana 20 de septiembre de 2015)

EVANGELIO DE HOY: QUE EL MÁS GRANDE DE ENTRE USTEDES SE HAGA SERVIDOR DE LOS OTROS





Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,1-12):

Entonces Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
«Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agradan las filacterias y alargas los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar "mi maestro" por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar "maestro", porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen "padre", porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco "doctores", porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado». 
Palabra del Señor