miércoles, 10 de mayo de 2017

«La autoridad moral del Papa hizo posible la reconciliación»


El arzobispo emérito de La Habana presentó ayer en Madrid Encuentro, diálogo y acuerdo (San Pablo)
Las conversaciones entre Cuba y EE. UU. estaban ya encarriladas cuando, en 2014, cada parte, por separado, pide al Papa que intervenga. ¿Por qué era necesaria esa mediación?
Se trabó la negociación sobre un intercambio de prisioneros [el espía Alan Gross a cambio de tres agentes cubanos del Grupo de los Cinco, NdR]. «Uno por tres», se quejaban los duros en Estados Unidos. Por eso fue fundamental la aparición en escena de alguien como el Papa con la aceptación de ambas partes. La única persona con esa autoridad moral era Francisco, como me reconoció en un encuentro el embajador norteamericano, Jeffrey DeLaurentis. Raúl Castro me había dicho palabras similares: «El Papa es la única autoridad moral que queda en el mundo». Gracias a eso fue posible la reconciliación.
¿Cómo acogió Francisco la petición?
Rezó mucho durante tres meses antes de tomar una decisión. Obama le visita en marzo de 2014. Es ahí cuando él le dice algo sobre las medidas económicas muy antiguas [el embargo], que eran un peso para el pueblo cubano y un obstáculo para las relaciones de EE. UU. con toda América Latina, no solo con Cuba. La reacción del presidente fue muy positiva, pero le explicó que eso no dependía de él, sino del Congreso. Y cuando el Papa insistió, Obama le dijo: «Pero es que hay también un problema de prisioneros…». Y el Papa le dijo: «¿No puede haber un gesto?». Ahí quedó la conversación. Cuando en abril yo fui a Roma a la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, el Papa me llamó y me preguntó: «¿Qué se puede hacer?».
Unas semanas después Francisco le entrega sendas cartas para que se las entregue personalmente a los dos presidentes. El mensaje –cuenta usted en su libro– les toca «el corazón» y «la mente» a ambos. ¿Cómo una cuestión técnica, el intercambio de prisioneros, es reconducida al terreno personal?
El centro de las conversaciones entre Cuba y EE. UU. estuvo puesto en el intercambio de prisioneros, pero el Papa desestima este enfoque como inadecuado para su intervención directa. Lo que pretende él es que aquellos dos personajes se pongan en contacto, que hablen, para que así resuelvan sus conflictos de todo tipo, con la esperanza de que esto propicie una solución, digamos, global de acercamiento entre dos países que estaban separados desde hacía mucho tiempo. Hasta entonces, había habido diálogo sobre asuntos puntuales, pero de conversaciones con un planteamiento más global, solo hay un antecedente de la época de Clinton. Hasta que aquello se paró con el derribo de los dos aviones [del grupo Hermanos al rescate, dedicados a auxiliar a balseros cubanos].
Entonces Bill Clinton se queda sin argumentos para no firmar la ley Helms-Burton, que refuerza el bloqueo a Cuba. Unos años después, el congresista Richard Burton acudió a usted a disculparse.
Sí, a través de un asesor. Me dijo: «Yo quisiera hacer algo para ayudar a Cuba, no dejarles a mis electores solo la herencia de esta ley». Yo le di las gracias, pero él era ya un hombre en retiro. Fue más algo como un testimonio personal de arrepentimiento.
¿Teme usted que el acercamiento lo pueda revertir ahora Donald Trump?
Hay que esperar. Ha habido mucha discreción por parte de Cuba y no ha habido tampoco declaraciones duras por parte de Trump ni nombramientos de funcionarios con actitudes agresivas. En una visita reciente a La Habana, [el expresidente del Senado] Patrick Leahy y un grupo de senadores estadounidenses me vinieron a ver después de reunirse con Raúl Castro, y me dijeron que era muy positivo que el deseo de diálogo continuara. Además, las circunstancias han cambiado: las líneas aéreas tienen vuelos regulares a Cuba, hay cruceros americanos que vienen a Cuba, el flujo de visitas de americanos a Cuba y de cubanos a EE. UU. también continúa con normalidad…
¿Qué dijo el Papa sobre este tema durante la visita ad limina de obispos cubanos la pasada semana?
Él lo enfoca con serenidad, en el sentido de que lo obtenido es muy probable que se pueda conservar. Pero fue una conversación muy larga y sobre todo tipo de temas relacionados con la vida interna de la Iglesia y de su futuro. Tiene una gran memoria y un gran conocimiento del país, sabe el nombre de cada obispo y de dónde viene… Pudimos incluso intercambiar delante de él criterios que son diversos entre nosotros, y él mantenía una postura de escucha, introduciendo palabras muy acertadas, sobre todo insistiendo en el sentido del diálogo.
Durante la conversación que relata usted con Jorge Bergoglio en el cónclave solo unas horas antes de su elección como Papa, hablaron de los cambios políticos en América Latina inspirados en la revolución cubana y de cómo debía responder la Iglesia. ¿Cuál es esa respuesta?
Lo que respondió Jorge Bergoglio es que no podemos ser simples espectadores ni adoptar una postura hipercrítica, sino acompañar esos procesos desde dentro, en un ambiente –digamos– de participación, aunque sin decir que sí a todo. Pero en estos cuatro años ha cambiado América latina. Ha habido un proceso, dependiendo de la perspectiva de cada cual, de involución, con algunos cambios muy bruscos, al estilo del Brasil, con esa decisión parlamentaria de cesar a la presidenta. Hoy el mundo ha entrado en una etapa de incertidumbre, donde lo inesperado puede pasar. Cuando se hablaba de cambio hace cuatro años era para avanzar hacia una economía más social. Hoy todo el mundo quiere un cambio, pero no se sabe ya para qué. Desde el punto de vista global, estamos en un momento difícil. Pero lo que sí creo que va a perdurar, a pesar de los fracasos en este o en aquel país, es el deseo de integración continental en América Latina. El hecho de que se hable del muro con Estados Unidos ha hecho que México se vuelva más hacia América Latina. También favorece la integración que Trump haya dado la espalda al Acuerdo Transpacífico, que incluía a algunos países latinoamericanos. El comercio en la región está aumentando. Con la CELAC [la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, creada en 2011, que incluye a los 33 países de la región, excluyendo a EE. UU. y a Canadá] se están dado también pasos muy importantes.
Ricardo Benjumea

Alfa y Omega

Siria: consagrarán Alepo a la Virgen de Fátima durante la peregrinación del Papa a Portugal


La ciudad siria de Alepo será consagrada el 13 de mayo a la Virgen de Fátima en coincidencia con el viaje del papa Francisco al santuario mariano de Portugal este próximo jueves y viernes.
Un gesto simbólico de gran importancia en una ciudad devastada por años de guerra de la llamada batalla de Alepo, iniciada a mitad de 2015, con la división de la ciudad en dos partes una del Gobierno y otra de los rebeldes. Una guerra de posiciones que concluyó a final de diciembre de 2016 con la conquista de toda la ciudad por parte de las tropas gubernativas.
En la ciudad no caen misiles, pero se vive sin electricidad ni agua corriente, en condiciones de pobreza extrema, indicó a Radio Vaticano el sacerdote franciscano Ibrahim Alsabagh.
La consagración será durante la misa concelebrada por todos los obispos y sacerdotes de Alepo y presidida por el Eparca Antoine Audo, sj.
La iniciativa que partió de la parroquia latina de San Francisco inicia el 11 de mayo las celebraciones, sigue durante todo el viernes 12, cuando además se realizarán actividades varias, y concluye en la festividad de María con una procesión con la imagen de Nuestra Señora de Fátima y la consagración de la ciudad de Alepo a la Virgen María, con la participación de todos los ritos del norte de Siria.
Sobre el evento Mons. Audo declaró a Asia News que “todo el mes de mayo es importante para la comunidad cristiana de Alepo. Todas las iglesias están llenas de fieles que rezan el Rosario, se acercan a la Eucaristía, recitan las letanías. Este es un momento muy importante de oración y comunión en torno a María, una tradición agradable y arraigada en el tiempo”.
De hecho, el pueblo de Alepo “ama mucho la devoción popular”, desea “participar” y perpetrar una “profunda tradición”, que une a las iglesias y las familias en torno a María. Esto, dijo, “es muy bonito, ya que crea una atmósfera de serenidad. Mayo es el mes preferido para orar por la paz, por el fin de todos los conflictos”.
La consagración de Alepo a María, el tema de la paz – añade el obispo caldeo – son  fuente de esperanza y un signo de nuestra presencia. Queremos aprovechar el evento para revivir los temas de diálogo, la unidad y el encuentro no sólo entre las diferentes denominaciones cristianas, sino también con los musulmanes aprovechando la gran repercusión que ha tenido el viaje del Papa a Egipto. Es un evento del que todavía se habla hoy, un testimonio hecho más con gestos que con palabras”.
Al drama de la guerra, concluye Mons. Audo, se puede responder “con el fanatismo o con la comunión: la Iglesia ha ayudado a optar por la segunda. La fe cristiana es firme y fuerte, y esto genera optimismo, a pesar de que oermanecen las incertidumbres y  las sombras en lo que concierne al futuro”.
Zenit

Año jubilar de Fátima: el Papa concede indulgencia plenaria



El santuario de Fátima anunció la concesión de una indulgencia plenaria por mandato del papa Francisco, durante este año jubilar que inició el 27 de noviembre de 2016 y concluirá el 26 de noviembre de 2017.
Durante este Año Jubilar, la indulgencia será concedida:
A los fieles que visiten en peregrinación el Santuario de Fátima y participen devotamente de alguna celebración o oración en honor de la Virgen María, recen la oración del Padre Nuestro, reciten el Símbolo de la Fe (Credo) e invoquen a Nuestra Señora de Fátima;
A los fieles que visiten devotamente una imagen de la Virgen de Fátima expuesta a la veneración en iglesias, capillas o lugares adecuados en los días del aniversario de las Apariciones (día 13 de cada mes, de mayo a octubre de 2017), participen en celebraciones o oraciones en honor de la Virgen María, recen la oración del Padre Nuestro, reciten el Símbolo de la Fe (credo) e invoquen a Nuestra Señora de Fátima;
– a los fieles que por razón de edad, enfermedad o graves motivos no puedan moverse, estén arrepentidos de sus pecados y tengan la firme intención de poner en práctica, tan pronto como sea posible, las tres condiciones indicadas ante una pequeña imagen de la Virgen de Fátima; Y en los días de las Apariciones, se unan espiritualmente a las celebraciones jubilares, ofreciendo con confianza a Dios misericordioso, por medio de María, sus oraciones, sufrimientos y dificultades.
Para obtener la indulgencia plenaria, los fieles sinceramente arrepentidos y animados por la caridad deben cumplir las siguientes condiciones: confesión sacramental, comunión eucarística y oraciones por las intenciones del Papa.

Secuestrada y violada por Boko Haram, Rebeca invocaba a Dios cuando le hacían rezar hacia la Meca



Al pequeño Zacarías, de dos años, los terroristas de Boko Haram le lanzaron al lago Chad, donde murió ahogado, porque su madre se negaba a tener relaciones sexuales con los milicianos. Era el segundo hijo que Rebeca perdió después de ser secuestrada por el grupo terrorista, que era tal la violencia que ejercía sobre ella que le rompieron hasta las muelas y perdió al hijo que estaba esperando.
El calvario de Rebeca comenzó cuando Boko Haram atacó su pueblo, Baga, situado al noroeste de Nigeria. Tuvo que salir corriendo junto a su marido, Vitrus, y sus dos hijos, Zacarías, de 2 años, y Jonathan, de 1. Pero Rebeca, de 24 años y embarazada, no podía seguir el ritmo. El matrimonio decidió separarse porque el grupo terrorista asesina directamente a los hombres y secuestra a las mujeres. Boko Haram dio alcance a la mujer cristiana y a sus dos hijos y acto seguido se escuchó una ráfaga de disparos. Rebeca pensó que habían asesinado a Vitrus, y este pensó que habían matado a Rebeca.
La llevaron a un campo de entrenamiento de Boko Haram, junto con el resto de mujeres cristianas de Maiduguri, donde la obligaron a trabajar de sol a sol y donde se convirtió en esclava sexual de los milicianos. Rebeca se negaba a entregar su cuerpo a los terroristas, lo que le costó un sinfín de palizas que provocaron la muerte del bebé que estaba esperando y que asesinaran a su hijo Zacarías en el lago Chad.
También quisieron que Rebeca renegara de Jesucristo y le obligaban a rezar el Corán cinco veces al día. Pero cuando, de rodillas, inclinaba la cabeza hacia la Meca, recitaba en su interior: «En el nombre de Jesús, te quiero Señor Jesús». Incluso los terroristas la forzaban a rezar el rosario musulmán y en cada cuenta, ella paladeaba un avemaría a la Virgen.
Finalmente, Rebeca fue violada y se quedó embarazada de un terrorista de Boko Haram, al que convirtió en padre nueve meses después.
Tras dos años en este infierno, la mujer cristiana pudo escapar. Salió corriendo del campo de entrenamiento con su hijo Jonathan y el hijo del miliciano. Rebeca pasó semanas perdida en el norte de Nigeria hasta que pudo llegar a su pueblo, donde se reencontró con su marido. Vitrus, pensando que su mujer había fallecido, estaba apunto de casarse con otra mujer.
La historia de Rebeca fue uno de los testimonios que se escuchó este lunes en la Noche de los Testigos, organizada por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) y presidida por el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, en la catedral de la Almudena. La historia de la mujer nigeriana se hizo presente en esta vigilia de oración por boca de Raquel Martín, responsable de Comunicación de ACN-España y que conoció personalmente a Rebeca en marzo en un viaje que la fundación pontificia organizó al país africano.
«Gracias a su comunidad y a la iglesia local, el matrimonio emprendió un camino [de reparación] que les ha permitido volver a estar juntos y que Vitrus acepte el hijo fruto de la violación del terrorista», aseguró Raquel. «Yo he tenido a Cristóbal –nombre de bautizo del hijo del miliciano– en mis brazos y les aseguro que sin la presencia de Jesús es humanamente imposible que esa familia esté ahora unida, que el niño haya sido aceptado, que Rebeca le mire con infinito amor sin estar determinada por el odio hacia su padre, el terrorista, algo que he podido comprobar».
Rebeca, dijo Martín antes de concluir su intervención, «ha sido capaz de poner a Jesucristo por encima de absolutamente todo» y su historia «se ha convertido en un faro que ilumina mi fe y cuya relación tan real con Jesús hace que me pregunte cada mañana: “¿Quién es Jesús para mí? ¿Es Él lo más grande de mi vida?».
Ciudadanos de segunda
En la Noche de los Testigos también alzó la voz el carmelita de Vietnam Francisco Javier Tien, quien aseguró que «la Iglesia católica» en el país asiático «ha sido perseguida desde los comienzo de su existencia en el siglo XVI». Desde entonces, apuntó el padre Tien, «se estima que el número de cristianos vietnamitas que murieron por su fe oscila entre los 130.000 y los 300.000».
Entre los mártires se encuentran, continuó el carmelita, todos los habitantes de la aldea de la madre del cardenal Van Thuan, que en 1885 «fueron quemados vivos en la iglesia parroquial». El propio cardenal vietnamita, que este jueves fue declarado venerable por el Papa Francisco, sufrió en sus propias carnes la persecución que se vivía contra los católicos. Van Thuan fue recluido durante 13 años en una cárcel comunista, nueve de los cuales los pasó en régimen de aislamiento.
En la actualidad, la Iglesia en Vietnam sigue sufriendo el hostigamiento del partido comunista. A pesar de que «ya no ha persecución como la de antes», según el padre Tien, «los cristianos son considerados ciudadanos de segunda clase» y tienen prohibido, por ejemplo, «celebrar cualquier actividad religiosa fuera de las parroquias sin el permiso del Gobierno». Tampoco se puede, según la ley, que se establezcan nuevas órdenes religiosas en el país sin el reconocimiento oficial del Estado, algo que Francisco Javier –que fundó la primera comunidad carmelitana en el país– pidió hace cuatro años y «todavía no nos han dado el reconocimiento oficial».
La persecución religiosa no ha conseguido ahogar la fe de los cristianos, que siguen creciendo en número en el país asiático. «Seguimos queriendo ser [una nación] cristiana porque Dios es nuestra verdadera felicidad y, gracias a la sangre de nuestros santos mártires, también nuestra herencia», concluyó el carmelita.

10 de mayo: san Juan de Ávila, sacerdote


La condición de cristiano nuevo en su tiempo era dar a entender a la gente que su ascendencia procedía de nuevas cepas implantadas en el cristianismo y que sus antecesores solo habían sido o judíos o más probablemente discípulos del Profeta. Esto ponía graves trabas a quienes padecían inculpablemente la novedad. En el ambiente eclesiástico no había puestos que escalar y en la vida de los cristianos era un baldón permanente a soportar; a la más mínima denuncia, aunque fuera adobada con el condimento de la envidia, ya podía el cristiano nuevo echarse a temblar. Juan de Ávila era uno de esos cristianos nuevos.
Nació en Almodóvar del Campo. Hizo estudios de Teología y Derecho en Salamanca y Alcalá. Obtuvo grados y, más importante que todo ello, quiso ponerlos a disposición del Señor, que le había puesto fuego en el alma. Ya sacerdote en 1525, mira como posibilidad la difusión del Evangelio en las Indias y mantiene contacto con los dominicos –principalmente con Garcés– que quizá pudieran abrirle puertas.
Pero el sur de España fue su parcela de siembra, el arzobispo don Alonso Manrique supo retenerlo en Sevilla. En Écija comienza su predicación y a leer públicamente las epístolas de san Pablo, reúne niños en la misma casa donde se hospeda para enseñarles el catecismo, a los mayores les comenta la Pasión y junta a un grupo de sacerdotes celosos, predicadores y austeros. Lo mismo hizo en Alcalá de Guadaira. Su actividad poco común, la reciedumbre de su predicación y la claridad en la doctrina conjugada con la ascética personal más dura le valieron la envidia tan terriblemente frecuente en el estamento clerical de todos los tiempos; por eso no pudo publicar con su firma el conjunto de libros espirituales, entre ellos uno sobre el modo de rezar el rosario; los publicó como anónimos, como hizo con la traducción del Kempis que por largo tiempo se atribuyó al también dominico Luis de Granada. No aconsejaba otra cosa el proceso de casi dos años al que lo sometió el Tribunal de la Inquisición y que se resolvió sin nota condenatoria.
Su actividad se traslada a Córdoba y, luego, a Granada donde, ya como maestro, tiene sitio y parte apostólica activa en la universidad recién creada por el arzobispo don Gaspar de Ávalos rodeándose de sacerdotes apostólicos, bien formados y santos. La mayor parte de ellos –sin exclusividad– son también cristianos nuevos que tienen bien cerradas las puertas de los mejores puestos por prejuicios seculares. (Con harta frecuencia, los cargos donde trabaja el clérigo no se dan al buen pastor, sino al amigo del dueño.) Pero a pesar de ello, forman un numeroso grupo, es ya todo un movimiento sacerdotal de predicadores y confesores cuyo director es el Maestro Ávila, que les inculca frecuencia en la confesión, amor a la Eucaristía, oración, contemplación de la Pasión de Cristo y familiaridad con las Sagradas Escrituras; en la vida práctica, viven con un desprendimiento completo de los bienes y ni tan siquiera cobran dineros por las predicaciones y ministerio. El amplio campo de apostolado ulterior de cada uno de ellos solo es la consecuencia normal del espíritu que se desborda.
Desde el principio, en el 1538, supo ser en Baeza alma y maestro de la universidad fundada por don Rodrigo y don Pedro López; aquello más que un centro de estudios superiores parece uno de los seminarios que todavía no había inventado el Concilio grande de la Iglesia que en aquel tiempo se celebraba en Trento y al que envió memoriales a ruegos de los obispos allí reunidos para reformar la Iglesia que Juan de Ávila ya reformaba desde hacía tiempo. Además hay que contar su estancia en Montilla y Priego, el trato con los importantes duques de Feria, el rastro que deja en tierras extremeñas, las cartas y escritos espirituales, el tratado de vida cristiana Audi filia compuesto a modo de cartas escritas a doña Sancha Carrillo, la compañía frecuente con fray Luis de Granada, que le admiraba, y la fundación de numerosos –hasta quince– colegios.
Tan popular es su figura, tan evangélico su mensaje, tan claro su ejemplo, tan sincera su entrega y tan cargado de frutos su celo que el jesuitismo incipiente se plantea seriamente incorporarlo a sus filas para el bien de la Iglesia y del Reino. Será el mismísimo jesuita Villanueva, encargado por Ignacio del negocio de estudiar la conveniencia y de invitarlo a incorporarse a ellos, quien llegó a comentar con veraz y certera intuición después de haberle tratado por algún tiempo: «En tanta conformidad, no parece que haya otro acuerdo: o que él se una a nosotros o que nosotros nos unamos con él». Llegaron las enfermedades con su compañía de achaques, limitación y dolores que ya no desaparecerán hasta la muerte. Entonces se plantea Juan dejar a la Compañía la herencia de hombres y colegios, pero la persecución del cardenal Silíceo obliga a tomar precauciones a la Compañía ante los conversos y cristianos nuevos.
Murió Juan de Ávila el 10 de mayo de 1569 con humildad y piedad ejemplar, repitiendo los nombres de Jesús y María. Fue beatificado en 1894; Pío XII lo proclama patrón del clero español en 1946, y lo canoniza Pablo VI en 1970, el 31 de mayo.
Se ve que a Dios le importa menos que a los eclesiásticos la condición de «nuevos o viejos» que tengan sus hijos; para que las cosas salgan a su manera y hagan bien a la Iglesia solo es preciso que sean fieles, santos.
Archimadrid.org

Yo he venido al mundo como luz



Lectura del santo Evangelio según san Juan 12, 44-50

En aquel tiempo, Jesús dijo, gritando:
- «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.
Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre».
Palabra del Señor.