domingo, 3 de septiembre de 2017

La iglesia de San Antón, santuario de las bodas solidarias

El día de su boda, Lourdes y Jaime, se fueron, a las 7 de la mañana, a la iglesia de San Antón del Padre Ángel, para regalar, servir y compartir el desayuno con los 300 sin techo del templo de Mensajeros de la Paz. Un desayuno por todo lo alto, con chocolate, café, churros, bollos y zumos. Era su regalo de bodas. El único regalo que pidieron a sus invitados.
Lourdes, de nacionalidad argentina, es publicista y Jaime, ingeniero. Dos católicos comprometidos, de los que pasan a la acción, para ayudar a los demás. De hecho, Lourdes conoció al Padre Ángel en la estación de tren de Budapest, en plena crisis de los refugiados sirios. Desde entonces, no han perdido el contacto y, a la hora de sellar su amor ante Dios y la Iglesia, quisieron hacerlo en el templo de su amigo, el padre Ángel, y compartiendo su felicidad también con los desfavorecidos.
La primera boda solidaria que se celebra en el templo madrileño abierto las 24 horas. "Es una forma nueva de casarse. Una forma solidaria, pensando en los demás. Una forma bella y evangélica", explica el Padre Ángel. Una forma de casarse que seguro que prolifera. "De hecho, ya tenemos lista de espera", añade el fundador de Mensajeros de la Paz, que pudo oficiar el matrimonio en su iglesia gracias a que el párroco de San Ildefonso, Pedro Luis López, autorizó la ceremonia.

A las 12, los novios regresaron de nuevo en San Antón. Esta vez, para casarse. El templo del Padre Ángel lucía todas sus galas para la ocasión. Alfombras rojas, altar y bancos adornados y cuatro monaguillos sin techo con sus roquetes blancos y sus sotanas rojas.
La novia, de blanco. El novio, de traje y pajarita. En la homilía, el Padre Ángel asegura "sentirse muy feliz de compartir con vosotros vuestra bella boda solidaria". Y, entre otras cosas, les recuerda dos frases que repite continuamente el Papa Francisco a los novios: "La familia perfecta no existe, ¡que vuelen platos! pero luego pidan perdón". Y el otro lema del Papa Bergoglio a los que se van a casar: "Permiso, gracias y perdón".
El templo de San Antón seguirá siendo la iglesia abierta las 24 horas, el templo de los sin techo, el hogar de la misericordia, un oasis de espiritualidad en el corazón del barrio madrileño de Chueca y, además, de ahora en adelante, el santuario de las bodas solidarias. Y es que, como suele decir el Padre Ángel, "hoy hay más solidaridad que nunca". Y en San Antón se nota.

3 de septiembre: San Gregorio I Magno, papa y doctor de la Iglesia


Sus biógrafos dicen que era menudo de estatura y débil de salud. El calificativo de Magno o Grande no le viene de lo que pudiera sugerir su presencia, sino más bien del puesto que le tocó desempeñar y de la manera que lo hizo.
Las noticias más antiguas se tienen del Liber Pontificalis escrito poco después de que muriera; hay, además, una biografía de autor anónimo del siglo VIII y otras dos, escritas por Pablo el Diácono y por el diácono Juan por mandato del papa Juan VIII, que son del siglo IX. También Isidoro de Sevilla e Ildefonso de Toledo, Gregorio de Tours y Beda el Venerable proporcionan abundantes datos sobre su vida; pero, de todos modos, la principal fuente y más directa son sus propios escritos.
Nació en torno al año 540 de una familia noble romana. Su padre era el senador Gordiano y su madre, Silvia, también está metida en el santoral. Estudió derecho como parece que le venía de familia. Ocupó el cargo de Prefecto de Roma entre los años 572-574. En estos años convierte su casa solariega del monte Celio en monasterio; con el tiempo llegará a levantar en sus posesiones de Sicilia otros seis monasterios más. Incluso parece que él mismo se sometió a la regla de san Benito en el monasterio de san Andrés, pero de esto no parece haber dato cierto.
En torno al año 580 es diácono en Roma y colaborador íntimo del papa Pelagio II que lo nombra apocrisario –legado o embajador– suyo en Constantinopla. Esta permanencia en Oriente, que duró seis años, le sirvió para conocer mejor el monacato oriental que siempre le cautivó y a medir los intereses de la política del Imperio de modo directo. Allí trabó amistad –ya para siempre– con el arzobispo Leandro de Sevilla que escapaba por aquel entonces de la ira del rey visigodo Leovigildo. Fue este un tiempo fecundo para la piedad y el comienzo de su faceta de escritor por ánimo y ruego de Leandro, que vio en su conocimiento de la Sagrada Escritura y en su piedad personal un tesoro para la Iglesia que no era lícito desperdiciar.
Vuelto a Roma, el papa Pelagio lo retiene como su consejero hasta que murió. En el año 390 fue elegido papa por el pueblo, por el clero y por el senado.
Hubo una total unanimidad en ello como conscientes eran todos de los difíciles tiempos que corrían para Roma. Gracias a su carácter nada apocado y magnánimo pone audaz remedio inmediato a las situaciones que no permiten dilación. Occidente estaba políticamente olvidado por los exarcas que miran más los intereses orientales; desde fuera, las invasiones lombardas exigían defensas que nadie quería proporcionar; en el interior de la Iglesia, las herejías adopcionistas y monofisitas abundan en extensos focos; los patriarcados orientales miran cada vez menos a Roma; queda el vergonzoso asunto pendiente de la evangelización de los pueblos anglosajones a los que aún no se ha podido llegar; las donaciones que los fieles han ido dando desde que Constantino permitió que la Iglesia pudiera recibir herencias para el mantenimiento del culto necesitan una administración cabal, y ve con la misma claridad meridiana la necesidad de unificar la liturgia.
Se podría decir que se contempla el desmoronamiento completo del Imperio Occidental y que en la Iglesia abundan dificultades y ruinas.
Se apresta a la defensa frente a los pueblos bárbaros asentados en Occidente, organizando los Estados Pontificios. Manda 40 monjes a misionar los pueblos anglosajones con la conciencia clara de las dificultades. Pone las bases jurídicas adecuadas y elige las personas adecuadas para la administración de los bienes eclesiásticos recibidos en limosnas de los fieles y repartidos por todo Occidente. Sigue paso a paso la evolución de la Iglesia visigótica en España, animando a poner los requeridos elementos que faciliten la general vuelta a la verdad de la fe. Potencia la organización de las iglesias africanas.
Mientras va atendiendo a tantos frentes, arrastrando su débil y maltrecha salud, no descansa en la defensa y difusión de la fe con sus abundantísimos escritos y cartas con los que mantiene viva la esperanza de la Cristiandad. Entre ellos merecen especial mención la Regla Pastoral escrita en el primer año de pontificado, Diálogos, Homilías sobre Ezequiel, Comentarios al libro de Job, innumerables escritos de exégesis y comentarios bíblicos, Cartas a las iglesias y a particulares en las que da respuesta adecuada a las necesidades que lleva consigo el gobierno de la Iglesia, Homilías, Panegíricos, y, para animar a la reforma litúrgica que intenta, el Sacramentario y el Antifonario.
Muere el 12 de marzo del año 604. El 20 de septiembre del 1295 lo declaró doctor de la Iglesia el papa Bonifacio VIII.
En medio de todas las dificultades, supo tener un talante positivo cristiano que no le impidió descubrir y detectar los síntomas patológicos del ambiente, sino que le llevó a ponerles el remedio conveniente sin escatimar esfuerzos. Eso que se llama audacia.
Archimadrid.org

El cardenal Osoro pide «cuidar, utilizar y compartir el agua, un bien escaso que es de todos»


Convocadas por el Arzobispado de Madrid y la Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal, varios centenares de personas se han juntado este sábado, 2 de septiembre, en la Casa de Campo para celebrar la segunda oración ecuménica por el cuidado de la creación, en esta ocasión con la mirada puesta en la tarea de ser custodios del agua.
En su pequeña motivación, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ha destacado que «en el relato de la Creación ya tiene una importancia fundamental el agua» y que, además de sus numerosos «significados culturales y religiosos» –como «la entrada en la vida nueva de Jesucristo» a través del Bautismo en el caso de los cristianos–, es «un factor de desarrollo esencial», pues su presencia es importante para la salud, la agricultura, la industria…
«En el compromiso de dar al agua el puesto que le corresponde, hemos de suscitar una cultura del cuidado y de la custodia primorosa de los bienes comunes y fomentar la cultura del encuentro en la que todas las personas hagamos causa común. El grito de los sedientos –“Tuve sed y me distéis de beber”–, que son sacramento de Cristo, se une al clamor de la tierra y a la voluntad de Dios, que nos invita a cuidar, utilizar y compartir este bien escaso, que es de todos», ha asegurado.
Citando al Papa Francisco, el purpurado ha recordado que «en el mundo creado por Dios todo está conectado» y ha mostrado su preocupación no solo por «el grave problema de la escasez del agua», sino también por «la contaminación de la atmósfera y cambio climático» y «la gradual pérdida de la biodiversidad». «Convirtamos la tierra en un lugar habitable. Los cristianos tenemos la certeza de que Dios no nos abandona en este empeño ecuménico de custodiar el agua y asegurar su acceso universal», ha aseverado.
Con el cardenal Osoro han concelebrado el obispo ortodoxo rumano, monseñor Timotei; el padre Macario en representación del arzobispo siro-ortodoxo, monseñor Nicolaos Matti, y el archimandrita padre Demetrio en representación del metropolita monseñor Policarpo, del Patriarcado ecuménico de Constantinopla.
Durante toda la oración, amenizada con música del grupo Siquem, han sido constantes las muestras de ese «empeño ecuménico de custodiar el agua». Uno de los momentos centrales ha estado protagonizado por un grupo de scouts católicos, que ha ido llevando cuencos de agua al altar mientras, a través de la megafonía, se oían frases como «1.000 millones de personas no tienen agua», «el ciclo del agua y el de la vida son uno» o «hay lugares en los que un barril de agua cuesta más que un barril de petróleo». Esa agua ha sido bendecida después y asperjada entre los asistentes.

«El universo no existe por azar, es la manifestación amorosa de Dios»
La celebración de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, instaurada por el Papa en 2015, había arrancado unas horas antes con una mesa redonda en el colegio Cristo Rey [disponible en el canal de YouTube del Arzobispado]. En ella, el archimandrita padre Demetrio ha subrayado que, para los creyentes, el cuidado del agua es «una cuestión de fe». «El universo no existe por azar, es la manifestación amorosa de Dios. Y vemos el terrible daño que se hace al medio ambiente como resultado del pecado, también de nuestro pecado personal», ha destacado, para luego incidir en que, como Iglesia, tenemos que levantar la voz para advertir «la dimensión real de los peligros que nos amenazan».
En primer lugar, ha explicado, «podemos contribuir en la formación de la conciencia social ecológica». También «debiéramos prestar nuestro apoyo a las víctimas de la crisis ecológica». Y por último, hay que dar «testimonio personal». «El estilo de vida del cristiano debiera ser un anticipo de lo que puede ser el estilo de vida de toda la sociedad. […] Podemos llevar un tren de vida más sencillo, librándonos del apremio del consumo», ha añadido.
Junto a él, la expresidenta de Manos Unidas Soledad Suárez ha recordado que el agua es «un elemento indispensable para la vida, para el desarrollo de los pueblos y un derecho humano que se reconoció en 2010, un poco tarde». Hoy, ha continuado, «donde hay pobreza se va a dar la escasez o la mala calidad del agua», por lo que «el cuidado del agua es imprescindible en la lucha contra el hambre». «No la tratamos con el debido respeto: se sobreexplota, se contamina, se negocia con ella como si fuera una mercancía… Y al actuar así estamos haciendo lo mismo a las personas que viven alrededor de esa agua», ha abundado.
Por su parte, el director del Observatorio del Agua – Fundación Botín, Alberto Garrido, ha afirmado que los mayores retos a la hora de gestionar el agua en España son «repartir el agua entre todas las funciones que tiene» aprovechando las buenas infraestructuras y la legislación existentes, y mejorar su calidad pues, según sus propios estudios en ríos, va empeorando sobremanera al pasar por las zonas llanas y poblaciones. Estos problemas «se acentúan» más allá de España, ha detallado, poniendo el foco en la cantidad de agua que requiere la agricultura.
Preguntado por cómo reducir el consumo de agua, Garrido ha enumerado algunas cosas que él hace día a día: no esperar a que el agua se caliente para meterse en la ducha; comer menos carne; no tirar grasa por el fregadero, limpiando con papel la sartén antes de lavarla; jamás tirar la comida, o «educar a las personas con las que convivimos, especialmente a los niños».
En este sentido, la experta en custodia del territorio Amaya Sánchez, de la Asociación Territorios Vivos, ha apostado por la «seducción ambiental»: cuando uno se enamora de algo, lo cuida, y por ello es clave acercar la naturaleza a la gente. Ella, por ejemplo, acompaña a familias al río para que «aprendan a medir la calidad del agua», con indicadores sencillos como la presencia de «bichos asquerosos», agua turbia o «determinados árboles en la ribera».
Alfa y Omega

Aprender a perder

El dicho está recogido en todos los evangelios y se repite hasta seis veces: «El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará». Jesús no está hablando de un tema religioso. Está planteando a sus discípulos cuál es el verdadero valor de la vida.
El dicho está expresado de manera paradójica y provocativa. Hay dos maneras muy diferentes de orientar la vida: una conduce a la salvación; la otra, a la perdición. Jesús invita a todos a seguir el camino que parece más duro y menos atractivo, pues conduce al ser humano a la salvación definitiva.
El primer camino consiste en aferrarse a la vida viviendo exclusivamente para uno mismo: hacer del propio «yo» la razón última y el objetivo supremo de la existencia. Este modo de vivir, buscando siempre la propia ganancia o ventaja, conduce al ser humano a la perdición.
El segundo camino consiste en saber perder viviendo como Jesús, abiertos al objetivo último del proyecto humanizador del Padre: saber renunciar a la propia seguridad o ganancia, buscando no solo el propio bien, sino también el de los demás. Este modo generoso de vivir conduce al ser humano a su salvación.
Jesús está hablando desde su fe en un Dios salvador, pero sus palabras son una grave advertencia para todos. ¿Qué futuro le espera a una humanidad dividida y fragmentada donde los poderes económicos buscan su propio beneficio; los países su propio bienestar; los individuos su propio interés?
La lógica que dirige en estos momentos la marcha del mundo es irracional. Los pueblos y los individuos estamos cayendo poco a poco en la esclavitud del «tener siempre más». Todo es poco para sentirnos satisfechos. Para vivir bien necesitamos siempre más productividad, más consumo, más bienestar material, más poder sobre los demás.
Buscamos insaciablemente bienestar, pero, ¿no nos estamos deshumanizando siempre un poco más? Queremos «progresar» cada vez más, pero, ¿qué progreso es este que nos lleva a abandonar a millones de seres humanos en la miseria, el hambre y la desnutrición? ¿Cuántos años podremos disfrutar de nuestro bienestar cerrando nuestras fronteras a los hambrientos y a quienes buscan entre nosotros refugio de tantas guerras?
Si los países privilegiados solo buscamos «salvar» nuestro nivel de bienestar, si no queremos perder nuestro potencial económico, jamás daremos pasos hacia una solidaridad a nivel mundial. Pero no nos engañemos. El mundo será cada vez más inseguro y más inhabitable para todos, también para nosotros. Para salvar la vida humana en el mundo hemos de aprender a perder.

José Antonio Pagola

Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 21-27
En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenia que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo; porque tú piensas corno los hombres, no como Dios».
Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a si mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta».
Palabra del Señor.

Aliento del Papa a líderes religiosos de Corea: caminar juntos como hermanos y pregoneros de paz

El Papa Francisco recibió a «los queridos amigos del Consejo Coreano de Líderes Religiosos», que llegaron a  Roma en peregrinación interreligiosa.
Con su cordial bienvenida, el Papa reiteró la exhortación que pronunció en Seúl:
«La vida es un camino, un camino largo, que no se puede recorrer solos. Hay que caminar con los hermanos a la presencia de Dios (Encuentro con los Líderes Religiosos, 18 de agosto de 2014).
¡Y es lo que se está cumpliendo hoy aquí, otro trecho de camino juntos!»
Afianzada en «el Concilio Vaticano IIla Iglesia católica no se cansa de encaminarse por los senderos, a veces no fáciles, del diálogo y de promover en particular el diálogo con los seguidores de otras religiones», recordó el Santo Padre, haciendo hincapié en que el diálogo interreligioso debe ser abierto y en el respeto del derecho a la vida, a la integridad física y a las libertades fundamentales, como la de conciencia, religión, pensamiento y expresión, que sientan las bases para construir la paz, por la cual cada uno de nosotros está llamado a orar y a trabajar:
«El mundo nos mira, nos exhorta a colaborar entre nosotros y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Nos pide respuestas y compromisos compartidos sobre varios temas, la sagrada dignidad de la persona, el hambre y la pobreza que aún afligen a demasiadas poblaciones, el rechazo de la violencia, en particular aquella perpetrada profanando el nombre de Dios y deshonrando la religiosidad humana, la corrupción que alimenta injusticias, la degradación moral, la crisis de la familia, de la economía, ecológica y, no última, de la esperanza».
En su exhortación, el Papa reiteró la importancia de la humildad y de la constancia para sembrar la esperanza de un futuro en el cual ayudar al hombre a ser más humano, en el cual se escuche el grito de los muchos que repudian la guerra e imploran mayor armonía entre las personas, las comunidades, los pueblos y los Estados:
«En este sentido, a los líderes religiosos se les pide abrir, favorecer y acompañar procesos de bien y de reconciliación para todos: estamos llamados a ser pregoneros de paz, anunciando y encarnando un estilo no violento, un estilo de paz, con palabras que se diferencian de la narrativa del miedo y con gestos que se oponen a la retórica del odio».
«Queridos amigos, que este encuentro nos confirme en nuestro camino», deseó el Papa, concluyendo su discurso con el entrañable recuerdo de su peregrinación a la bella tierra de Corea y asegurando que no cesa de rezar por el amado pueblo coreano y de pedirle a Dios el don de la paz y de la reconciliación fraterna.
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)