lunes, 26 de julio de 2010

Santiago el Mayor por Benedicto XVI

De Santiago podemos aprender muchas cosas:


La prontitud para acoger la llamada del Señor incluso cuando nos pide que dejemos la "barca" de nuestras seguridades humanas.

El entusiasmo al seguirlo por los caminos que él nos señala más allá de nuestra presunción ilusoria.

La disponibilidad para dar testimonio de él con valentía, si fuera necesario hasta el sacrificio supremo de la vida.

Así, Santiago el Mayor se nos presenta como ejemplo elocuente de adhesión generosa a Cristo. Él, que al inicio había pedido, a través de su madre, sentarse con su hermano junto al Maestro en su reino, fue precisamente el primero en beber el cáliz de la pasión, en compartir con los Apóstoles el martirio.



Y al final,  podemos decir que el camino no sólo exterior sino sobre todo interior, desde el monte de la Transfiguración hasta el monte de la agonía, simboliza toda la peregrinación de la vida cristiana, entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, como dice el concilio Vaticano II. Siguiendo a Jesús como Santiago, sabemos, incluso en medio de las dificultades, que vamos por el buen camino.