sábado, 5 de marzo de 2016

En el mundo hay 1.272 millones de católicos, un 14,1% más que hace una década

Jesús en el Corán.Conferencia de Carlos Segovia


Patrocinado por la Fundación Vocento, pronunció una magistral conferencia el joven profesor de la universidad de Saint Louis, campus madrileño, Carlos Segovia con el título Jesús en el Corán. Todos los oyentes nos quedamos maravillados de su exposición en cuanto a forma y fondo pero de casta le viene al galgo pues es hijo del inolvidable y magistral guitarrista, Andrés Segovia.
Un grupo de expertos en el Islam de los inicios, de los que forma parte Segovia, está intentando aplicar los métodos histórico-críticos al Corán, un estudio semejante al que se ha hecho con la Biblia. No llevan muchos años en esta labor y se están encontrando con grandes lagunas pero ya pueden afirmar que, en sus comienzos, el libro nació en un contexto cristiano pues en la península arábiga había comunidades seguidoras de Cristo de todas las tendencias. En sus aleyas se ven rastros de planteamientos monofisitas, nestorianos y de la línea oficial tomada por el Imperio todo esto mezclado con una actitud hostil contra los judíos que nos recuerda mucho a la cristiana.
Las referencias a Jesús de Nazaret son múltiples, bastantes más que a la figura de Mahoma, y todavía mayores son las que hablan de su madre, María, sacadas en su mayoría de los escritos apócrifos que circulaban por las comunidades cristianas. A Jesús se le da el título de profeta y mesías pero se le niega la filiación divina, algo normal en una lucha entre las distintas corrientes sobre la naturaleza de Jesús en esos primeros siglos. El texto final reúne todas las piezas de un puzzle en cuya confección intervinieron diversos autores.
Nos quedamos con muchas preguntas en el aire que todavía no tienen respuesta ¿qué papel se le concede al mesías en este documento primitivo? ¿Quién era Mahoma?¿Van aceptar los musulmanes esta línea de estudio sobre el Corán cuando consideran que es un relato dictado por Dios? Segovia dejó muy claro que una cosa era la fe y otra muy distinta la investigación sobre los textos. Habrá que esperar a que se celebren más reuniones de expertos que vayan sumando datos a los que ya tenemos... y que luego nos los explique el profesor Segovia.
Isabel Gómez Acebo,

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 18,9-14.

El texto del Evangelio pone en evidencia dos modos de orar, uno falso – el del fariseo – y el otro auténtico – el del publicano. El fariseo encarna una actitud que no manifiesta la acción de gracias a Dios por sus beneficios y su misericordia, sino más bien la satisfacción de sí. El fariseo se siente justo, se siente en orden, se pavonea de esto y juzga a los demás desde lo alto de su pedestal. El publicano, por el contrario, no utiliza muchas palabras. Su oración es humilde, sobria, imbuida por la conciencia de su propia indignidad, de su propia miseria: este hombre en verdad se reconoce necesitado del perdón de Dios, de la misericordia de Dios.

La del publicano es la oración del pobre, es la oración que agrada a Dios que, como dice la primera Lectura, «sube hasta las nubes» (Si 35,16), mientras que la del fariseo está marcada por el peso de la vanidad.


A la luz de esta Palabra, quisiera preguntarles a ustedes, queridas familias: ¿Rezan alguna vez en familia? Algunos sí, lo sé. Pero muchos me dicen: Pero ¿cómo se hace? Se hace como el publicano, es claro: humildemente, delante de Dios. Cada uno con humildad se deja ver del Señor y le pide su bondad, que venga a nosotros. Pero, en familia, ¿cómo se hace? Porque parece que la oración sea algo personal, y además nunca se encuentra el momento oportuno, tranquilo, en familia… Sí, es verdad, pero es también cuestión de humildad, de reconocer que tenemos necesidad de Dios, como el publicano. Y todas las familias tenemos necesidad de Dios: todos, todos. Necesidad de su ayuda, de su fuerza, de su bendición, de su misericordia, de su perdón. Y se requiere sencillez. Para rezar en familia se necesita sencillez. Rezar juntos el “Padrenuestro”, alrededor de la mesa, no es algo extraordinario: es fácil. Y rezar juntos el Rosario, en familia, es muy bello, da mucha fuerza. Y rezar también el uno por el otro: el marido por la esposa, la esposa por el marido, los dos por los hijos, los hijos por los padres, por los abuelos… Rezar el uno por el otro. Esto es rezar en familia, y esto hace fuerte la familia: la oración.

Domingo 27 de octubre de 2013

EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENSALZADO

Evangelio según San Lucas 18,9-14.

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:

"Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano.

El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas'.

En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'.

Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. 

Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".

"Hemos sido elegidos para suscitar el deseo de la conversión", el Papa en la celebración de la Penitencia

El Santo Padre Francisco presidió la celebración de la Penitencia el primer viernes de marzo, y durante su homilía recordó el pasaje del Evangelio que habla del ciego Bartimeo quien le pidió a Jesús volver a ver. Así Francisco nos invita a compararnos con el ciego vagabundo, hijo de Timeo, para que como él nos dejemos ayudar por el Señor y podamos ver después que nuestros pecados nos han hecho perder la vista, “haciéndonos vagar lejos de la meta”.

“El pecado empobrece y aísla… impide ver lo esencial, el amor que da la vida”, lo aseguró Francisco haciendo ver que mirándonos sólo a nosotros mismos y creyendo que la vida depende sólo de lo que se posee, nos hacemos “ciegos y apagados”.

El Obispo de Roma recordó que todos nosotros, y sobre todo los Pastores estamos llamados a “escuchar el grito de cuantos desean encontrar al Señor”. “Estamos llamados a infundir ánimo, a sostener y conducir a Jesús. Nuestro ministerio es el del acompañar, porque el encuentro con el Señor es personal, íntimo, y el corazón se pueda abrir sinceramente y sin temor al Salvador. No lo olvidemos: sólo Dios es quien obra en cada persona. Nosotros hemos sido elegidos para suscitar el deseo de la conversión, para ser instrumentos que facilitan el encuentro, para extender la mano y absolver, haciendo visible y operante su misericordia”.
(MZ-RV)