lunes, 18 de enero de 2016

Fidelidad como amor continuado

Ser fieles tiene sentido desde el amor y para amor. Porque la fidelidad no es simplemente seguir adelante en unos propósitos concretos: eso puede ser cabezonería. La verdadera fidelidad surge cuando existe un amor continuado.
Ese amor, en ocasiones, sufre heridas. En todos los seres humanos está agazapado un mal que nos lleva al egoísmo, a la avaricia, a la desgana, a la tibieza. Por eso caemos tantas veces en el pecado.
Pero el amor verdadero pide perdón, se levanta, reconstruye lazos, vuelve incluso con más entusiasmo a entregarse. Porque el ser amado lo merece todo, y porque la vida verdaderamente hermosa es la que mantiene encendida la llama del amor.
En un mundo lleno de divorcios, de traiciones, de engaños, de fraudes, de pseudoamores frágiles e inconstantes, produce una gran alegría encontrar esposos fieles, sacerdotes generosos, profesionistas que afrontan seriamente sus deberes de cada día.
Cristo alabó la hermosa virtud de la fidelidad, en lo pequeño y en lo grande. "¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré..." (cf. Mt 25,21). "Al vencedor, al que se mantenga fiel a mis obras hasta el fin, le daré poder sobre las naciones”(Ap 2,26).
Desde la fidelidad surge el testimonio: "La fidelidad de los bautizados es una condición primordial para el anuncio del Evangelio y para la misión de la Iglesia en el mundo” ("Catecismo de la Iglesia Católica”, n. 2044). Solo si somos fieles seremos creíbles.
La fidelidad, en definitiva, es la respuesta del auténtico enamorado, que sabe unirse a Cristo, Hijo del Padre y Salvador del mundo, para permitir que nuestro tiempo sea transformado por un torrente de esperanza, de belleza y de amor perenne y contagioso.

P. Fernando Pascual 

Homilía del Papa: No cerrar el corazón a las sorpresas del Espíritu Santo

Los cristianos detenidos al “se ha hecho siempre así” tienen un corazón cerrado a las sorpresas del Espíritu Santo y jamás llegarán a la plenitud de la verdad porque son idólatras y rebeldes. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
En la primera lectura Saúl es rechazado por Dios como rey de Israel porque prefiere escuchar al pueblo más que la voluntad del Señor y desobedece. El pueblo, después de una victoria en una batalla, quería realizar un sacrificio a Dios con las mejores cabezas de ganado porque, dice, “siempre se ha hecho así”.
Pero Dios, esta vez no quería. El Profeta Samuel reprocha a Saúl: “¿Acaso al Señor le agradan los holocaustos y los sacrificios cuanto la obediencia a la voz del Señor?”. “Lo mismo – observó el Papa – nos enseña Jesús en el Evangelio”: los doctores de la ley le reprochan que sus discípulos no ayunaban como hasta ese momento se había hecho siempre. Y Jesús responde “con este principio de vida”: “Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres, y se pierden el vino y los odres; ¡a vino nuevo, odres nuevos!”.
“¿Qué significa esto? ¿Que cambia la ley? ¡No! Que la ley está al servicio del hombre, que está al servicio de Dios y por esto el hombre debe tener el corazón abierto. El ‘siempre ha sido hecho así’ es de un corazón cerrado y Jesús nos ha dicho: ‘Les enviaré al Espíritu Santo y Él los conducirá a la verdad plena’. Si tú tienes el corazón cerrado a las novedades del Espíritu, ¡jamás llegarás a la verdad plena! Y tu vida cristiana será una vida a medias, una vida emparchada, remendada con cosas nuevas, pero sobre una estructura que no está abierta a la voz del Señor. Un corazón cerrado, porque no eres capaz de cambiar los odres”.
El Papa subrayó que éste es el pecado del rey Saúl, por el que ha sido rechazado. Es el pecado de tantos cristianos que se aferran a lo que se ha hecho siempre y no permiten que se cambien los odres. Y terminan con una vida a medias, emparchada, remendada, sin sentido. El pecado “es un corazón cerrado” – dijo – que “no escucha la voz del Señor, que no está abierto a la novedad del Señor, al Espíritu que siempre nos sorprende”. La rebelión  – dice Samuel – es “pecado de adivinación”, la  obstinación es idolatría:

“Los cristianos obstinados en el ‘siempre se ha hecho así’, ‘éste es el camino’, ‘ésta es la senda’, pecan: pecan de adivinación. Es como si fueran a ver a una adivina: ‘Es más importante lo que se ha dicho y que no cambia; lo que siento yo – por mi parte y de mi corazón cerrado – que la Palabra del Señor’. También es un pecado de idolatría la obstinación: el cristiano que se obstina, ¡peca! Peca de idolatría. ‘¿Y cuál es el camino, Padre?’: abrir el corazón al Espíritu Santo, discernir cuál es la voluntad de Dios”.
El Papa explicó asimismo que en tiempos de Jesús era habitual que los buenos israelíes ayunaran. Pero hay otra realidad: está el Espíritu Santo que nos conduce a la verdad plena. Y por esta razón Él tiene necesidad de corazones abiertos, de corazones que no estén obstinados en el pecado de idolatría de sí mismos, porque es más importante lo que yo pienso que aquella sorpresa del Espíritu Santo”:
“Este es el mensaje que hoy nos da la Iglesia. Esto es lo que Jesús dice con tanta fuerza: ‘Vino nuevo en odres nuevos’. A las novedades del Espíritu, a las sorpresas de Dios, incluso las costumbres deben renovarse. Que el Señor nos dé la gracia de un corazón abierto, de un corazón abierto a la voz del Espíritu, que sepa discernir lo que ya no debe cambiar, porque es un cimiento, de lo que debe cambiar para poder recibir la novedad del Espíritu Santo”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

En el diálogo judío-cristiano hay un ligamen único y peculiar en virtud de las raíces judías del cristianismo, el Papa en Sinagoga de Roma

El día que Italia celebra la Jornada de diálogo entre judíos y cristianos, 17 de enero de 2016, el Papa visitó la Sinagoga de Roma. Francisco dijo estar feliz de encontrarse en ese Templo Mayor y que extendía su saludo de toda la Iglesia católica a toda la comunidad judía. Bergoglio aseguró que tiene en el corazón estas relaciones ya desde Buenos Aires, con sus visitas a la sinagoga y siguiendo las fiestas y conmemoraciones de las comunidades allí reunidas para dar gracias al Señor que nos da la vida y nos acompaña en el camino de la historia.
Como tercer pontífice que atraviesa la puerta de este Templo Mayor, Francisco recordó que el 13 de abril de 1986 el Papa Juan Pablo II, en visita a la misma sinagoga, acuño la bella expresión “hermanos mayores”. “De hechos ustedes son nuestros hermanos y hermanas mayores en la fe –dijo-. Todos pertenecemos a una única familia, la familia de Dios, el cual nos acompaña y nos protege como su pueblo. Juntos, como judíos y como católicos, estamos llamados a sumir nuestras responsabilidades en esta ciudad, aportando nuestra contribución sobretodo espiritual y favoreciendo la resolución de diversos problemas actuales.”

Después de referirse a la conmemoración del 50 aniversario de la Declaración “Nostra aetate” del Concilio Vaticano II, que hizo posible el diálogo sistemático en la Iglesia católica y el judaísmo, el Obispo de Roma dijo que, “junto con las cuestiones teológicas, no debemos perder de vista los grandes desafíos que el mundo de hoy tiene que afrontar. Aquella de una ecología integral es prioritaria, y como cristianos y judíos podemos y debemos ofrecer a la humanidad entera el menaje de la Biblia a cerca del cuidado de la creación. Conflictos, guerras, violencias y injusticias abren heridas profundas en la humanidad que nos llaman a reforzar el compromiso por la paz y la justicia. La violencia del hombre sobre el hombre es una contradicción en cada religión digna de este nombre, y en particular en las tres grandes religiones monoteístas. La vida es sagrada, como don de Dios. El quinto mandamiento del Decálogo es: “No matarás” (Éxodo 20,13). Dios es el Dios de la vida y quiere promoverla y defenderla siempre; y nosotros, creados a su imagen y semejanza, estamos llamados a hacer lo mismo. Cada ser humano en cuanto creatura de Dios es nuestro hermano, independientemente de su origen y de su pertenencia religiosa… Allí donde la vida está en peligro estamos llamados todavía más a protegerla. Ni la violencia ni la muerte tendrán jamás la última palabra frente a Dios, que es el Dios del amor y de la vida. Tenemos que pedirle con insistencia para que nos ayude a practicar en Europa, en Tierra Santa, en Oriente Medio, en África y en cada parte del mundo la lógica de la paz, de la reconciliación, del perdón y de la vida”.

Francisco expresó que “el pueblo judío, en su historia, ha debido experimentar la violencia y la persecución, hasta el exterminio de los judíos europeos durante la Shoah. Seis millones de personas, solo porque pertenecían al pueblo judío, fueron víctimas de la más inhumana barbarie, perpetrada en nombre de una ideología que pretendía poner al hombre en lugar de Dios. El 16 de octubre de 1943, más de mil hombres, mujeres y niños de la comunidad judía de Roma fueron deportados a Auschwitz. Hoy deseo recordarlos de modo particular: sus sufrimientos, sus angustias, sus lágrimas no deben jamás ser olvidadas. Y el pasado nos debe servir de lección para el presente y para el futuro. La Shoah nos enseña que es necesaria siempre la máxima vigilancia para poder intervenir tempestivamente en defensa de la dignidad humana y de la paz. Quisiera expresar mi cercanía a cada testigo de la Shoah todavía viviente…”.

El Papa concluyó: "Queridos hermanos mayores, tenemos que estar verdaderamente agradecidos por todo lo que se ha sido posible realizar en los últimos 50 años, porque entre nosotros han crecido y se han profundizado la comprensión recíproca, la mutua confianza y la amistad. Recemos juntos al Señor, para que conduzca nuestro camino hacia un futuro bueno, mejor. Dios tiene para nosotros proyectos de salvación…” jesuita Guillermo Ortiz - RADIO VATICANA

"Muerte a los paganos cristianos, enemigos de Israel" La Abadía de la Dormición en Jerusalén profanada con pintadas anticristianas

La policía israelí ha abierto una investigación.La Abadía de la Dormición, a las afueras de la vieja ciudadela amurallada de Jerusalén, amaneció esta mañana con pintadas con lemas contra los cristianos, informó la Policía israelí, que ha abierto una investigación.
Las pintadas en el edificio, que pertenece a una orden benedictina alemana, dicen: "Muerte a los paganos cristianos, enemigos de Israel", "Sea su nombre borrado" y "Los cristianos al infierno".

La Abadía se levanta en el conocido comoMonte Sión y, según la tradición cristiana, fue erigida en el lugar donde María pasó su última noche antes de morir. En su cripta tiene una estatua de María dormida y está muy cerca del Cenáculo, otro lugar emblemático para el cristianismo, que considera que en ese lugar Jesús cenó la última noche antes de ser crucificado.

El papa Francisco ofició una misa en 2014 en la abadía, que también fue visitada por el papa Pablo VI durante su peregrinación a Tierra Santa en 1964, informó el diario Haaretz.

Este incidente se enmarca en una cadena de ataques en los últimos años de extremistas judíos contra símbolos religiosos cristianos y musulmanes, entre los que se cuenta también el incendio provocado el pasado junio en la iglesia de los Panes y los Peces, en la Galilea, que quedó gravemente dañada.

El ministro de Seguridad Pública, Gilad Erdan, condenó el suceso, ordenó a la Policía dar prioridad a su investigación y señaló que su departamento tendrá "tolerancia cero para quien daña los cimientos democráticos del estado de Israel y la libertad religiosa". "Cogeremos a quienes cometieron este acto", prometió.
(RD/Agencias)

Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.



Sal 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23 
 Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños.
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
¿Por qué recitas mis preceptos 
y tienes siempre en la boca mi alianza, 
tú que detestas mi enseñanza 
y te echas a la espalda mis mandatos?
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Esto haces, ¿y me voy a callar? 
¿Crees que soy como tú? 
Te acusaré, te lo echaré en cara. 
El que me ofrece acción de gracias, 
ése me honra; 
al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios.
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

El esposo está con ellos



Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 18-22
En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús:
-«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»
Jesús les contestó:
-«¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar.
Llegarán días en que les arrebatarán al esposo; y entonces ayunarán en aquel día.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto - lo nuevo de lo viejo - y deja un roto peor.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos. »
Palabra del Señor.

Amar a los enemigos en tiempos de terrorismo. "¿Seríamos capaces, si nos tocara de cerca?"

"Nuestra vida cristiana pasa por el Sermón de la Montaña"

Hace unos días, en la presentación del libro del Papa Francisco sobre la misericordia, el cineasta Roberto Begnini dijo lo siguiente: "Amar al enemigo es la frase más importante de la Humanidad". ¡Impresionante!
Un buen amigo creyente, a raíz de los atentados de París y del yihadismo, en un tono de ira me interrogaba sobre el amor a los enemigos: ¿Qué hacemos con esa página? A bote pronto le respondí no la podemos borrar. Ahí me quedé.
Humanamente no hay nada más antinatural que amar a los enemigos. Y lo de rezar por ellos es de nota. Pero este mandamiento está en el Sermón de la Montaña de Jesús, corazón de la vida cristiana y del carácter revolucionario de su mensaje (Mt 5, 43-45). Nuestra vida cristiana pasa por esa página como por otras que nos pueden parecer incomprensibles desde criterios puramente humanos.
Varias veces, Benedicto XVI, comentó este texto del evangelio: "¿Por qué Jesús nos pide amar a nuestros enemigos, es decir, un amor que sobrepasa nuestras capacidades humanas?". Se preguntaba en un Angelus en 2007. "En realidad, la proposición de Cristo es realista pues tiene en cuenta que en el mundo existe demasiada violencia, demasiada injusticia y que en consecuencia solamente podemos superar esta situación oponiendo un "plus" de amor y de bondad".
¿Qué significa tener la audacia de amar y rezar por el enemigo en tiempos de terrorismo? ¿Cómo se nos puede pedir amar y rezar por seres humanos que han destrozados impunemente vidas humanas inocentes? ¿Seríamos capaces de hacerlo si nos tocara de cerca? Muchas imágenes de barbaries cometidas nos vienen a la mente y al corazón al hacernos estas preguntas. Incluso, a muchos cristianos estas reflexiones les pueden parecer una frivolidad o un sarcasmo, después de algunos acontecimientos recientes o hechos históricos. Sin embargo, no podemos arrancar ciertas hojas del evangelio, que pueden molestarnos o inco modarnos.
Después de los atentados del 13 de noviembre en Paris, el grupo de Facebook, "Adopta un soldado de Daesh" ha tenido un éxito fulgurante. La página propone adoptar en su corazón un "yihadista" para rezar por él y para que se convierta al "amor". La idea es de una joven francesa, sin duda, atrevida.
Evidentemente, la dimensión afectiva y espiritual, que encarnan el amor y la oración, están profundamente enraizadas en la historia personal y colectiva de cada ser humano. Amar al enemigo no es una tendencia natural de ser humano, probablemente es más cierto lo contrario, el ojo por ojo, el odio y el deseo de venganza. El hombre sólo es difícil que pueda dar este paso hacia quien le ha hecho daño o desea hacérselo a él o a los suyos. Y, sin embargo Jesús insiste en el amor a los enemigos. ¿Cómo poder hacerlo? En primer lugar, reconocer nuestra incapacidad ontológica. Únicamente la obra transformadora de la "gracia" de Dios puede posibilitar esta acción. Vencer esa repugnancia es sólo obra del Espíritu Santo en nosotros, de manera procesual.
El primer paso podría empezar al cambiar nuestra mirada hacia la persona. Y este cambio podría ser la puerta del amor al enemigo, que sería pasar primero por la comprensión, no todavía la justificación. La comprensión es el camino hacia la "empatía" cristiana: ponerse en el lugar del otro, que es también hijo de Dios. Desde esta perspectiva se puede entender la oración por el enemigo. Es pedir que Dios cambie o haya cambiado su corazón para que no siga actuando de la misma manera. Así se convertirá en sujeto de la misericordia de Dios, como cada uno de nosotros lo hemos sido en otras circunstancias. Esta es la lógica cristiana de este mandamiento que nos resulta tan difícil.
El Papa Francisco, en una de sus homilías en Santa Marta nos dice: "Jesús nos pide amar a los enemigos -insistió-. ¿Cómo se puede hacer? Jesús nos dice: rezad, rezad por vuestros enemigos. La oración hace milagros; y esto vale no sólo cuando tenemos enemigos; sino también cuando percibimos alguna antipatía, alguna pequeña enemistad».
San Agustín (354-430), obispo de Hipona, en un discurso sobre la Cuaresma aconseja: "Invoca al Padre que está en los cielos y reza por tus enemigos, pues Saulo también era un enemigo de la Iglesia: rezaron por él y se convirtió en un amigo. Y si quieres saber la verdad, rezaron contra él, es decir contra su maldad, pero no contra su naturaleza. Reza tú también contra la maldad de tu enemigo, para que ella muera y pueda vivir él".
Evidentemente la lógica cristiana no pretende ser el Código Penal de una sociedad determinada. -en todo caso inspirarlo desde sus valores-. Por eso, las personas, que han tenido comportamientos terribles desde cualquier punto de vista, tendrán que asumir sus penas y el castigo que la sociedad les imponga. Pero en cristiano, aunque se encuentren en la cárcel, no podemos negarles el derecho al arrepentimiento y a la conversión, aunque la traducción de esto en términos carcelarios pertenecerá, lógicamente, a los jueces.

(José Luis Ferrando Lada).-