lunes, 16 de abril de 2012

Contemplar es enamorarse de Dios

Pensar no es vivir.
Vivir es contemplar....
Pensar es una actividad de la mente superficial que nos mantiene lejos de la realidad.
Contemplar es ver, vivir y saborear la realidad.
Pensar es una actividad necesaria y provechosa en algunos momentos y tareas de la vida. Sin embargo, no sabemos usarla convenientemente de un modo sano y liberador, porque la mayoría de las veces desconocemos la "llave" para ponerla o detenerla según nuestra necesidad.
Pero todos sabemos que el parloteo mental nos produce un serio desgaste de nuestra energía vital. Sobre todo cuando, además, funciona de un modo compulsivo, negativo y enfermizo.
Contemplar es nuestra vivencia natural, viviendo y vibrando con cada realidad que tenemos presente.
Pero sólo podemos contemplar cuando la mente se detiene y nos  permite ver directamente la hondura, la belleza y la  unidad de toda la creación.
Contemplar es ver todas las  cosas en su sencillez y riqueza infinitas, tal como son en Dios.
Contemplar es  vivir cada criatura tal como es en el misterio amoroso de Dios.
Contemplar es dejar de pensar para percibir, con los ojos iluminados del corazón, la presencia de Dios en todo.
Contemplar es sentirnos transparentes en la presencia envolvente de Dios.
Contemplar es vivirnos transparentes desde las  raíces  de nuestro  ser en Dios.
Contemplar es  embriagarnos de la  belleza de cada criatura hiriendo  de amor nuestro corazón
Contemplar es no  sentirte atado a nada, viviéndote en comunión en todo.
Contemplar  es  sentirte fundido con Dios  en todo.
Contemplar es estremecimiento del  alma que vive y  vibra enamorada de Dios  en todo.

Del libro " En ti vivimos, Señor" de Manuel Fernández