martes, 29 de diciembre de 2015

Primera oración del Encuentro Europeo de Taizé en Valencia



 Decenas de miles de jóvenes han abarrotado esta noche las dos carpas gigantes instaladas en el viejo cauce del río Turia, la Catedral y los templos principales de la capital valenciana durante la

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, acompañado de su obispo auxiliar, monseñor Esteban Escudero, han participado en la oración en la Catedral de Valencia, junto con monjes de la comunidad ecuménica de Taizé, y cerca de cuatro mil personas sentadas en el suelo, al haber sido retirados los bancos de la Seo.

De igual manera, el prior de la comunidad ecuménica de Taizé, el hermano Alois, ha tomado parte en la vigilia en la carpa B, situada frente al puente de Serranos, y ha agradecido, dirigiéndose en valenciano a las familias y parroquias de la archidiócesis de Valencia, la "calurosa bienvenida de vuestros corazones".

En su mensaje el hermano Alois ha relatado su viaje de estas navidades a Beirut y a la ciudad siria de Homs, donde, según ha señalado, "cada uno de los que conocí, me decía `Rece por nosotros´". También ha evocado cómo en la catedral greco católica de Homs, en ruinas, los feligreses han celebrado la fiesta de Navidad, "donde el mensaje de paz de la Palabra de Dios era sentido tan intensamente".

"En Navidad recordamos que Jesucristo vino como testigo de la infinita misericordia de Dios y le pedimos que nos muestre qué podemos hacer ante estos conflictos, cómo podemos contribuir sin demora para hacer posible que su paz brille".


A este respecto, ha asegurado que "la paz del mundo empieza en el corazón". Y para transformar los corazones y hacer mujeres y hombres de paz, "necesitamos el coraje de la palabra de Dios, el coraje de su misericordia".
Religión digital

"Sean un oasis de misericordia": aliento del Papa a los jóvenes del Encuentro Europeo de Taizé

"Queridos jóvenes:

Miles de vosotros os habéis reunido en Valencia, España, con ocasión del 38° Encuentro Europeo organizado por la Comunidad de Taizé. El tema de la misericordia, que os reúne y en el que vais a profundizar durante el 2016 hace que el Papa Francisco se sienta especialmente cercano a vosotros, sobre todo después del inicio del Jubileo de la Misericordia el 8 de diciembre. Es su deseo que “los cristianos puedan reflexionar durante el Jubileo sobre las obras de Misericordia” (Documento de Indicción del Jubileo Extraordinario de la Misericordia). El Santo Padre os agradece de todo corazón que os dediquéis a esta tarea con toda la fuerza creativa y la imaginación de vuestra juventud.

Vosotros queréis también que la Misericordia se manifieste en todas sus formas, incluida su esfera social. El Papa os anima a continuar por este camino y a tener el coraje de la misericordia, el cual os va a guiar no solamente a recibirla vosotros en vuestras vidas, sino también para estar cerca de las personas más desamparadas. Vosotros sabéis que la Iglesia está aquí para toda la humanidad y “allí donde están los cristianos, todos tendrían que encontrar un oasis de misericordia”. Esto es en lo que se pueden convertir vuestras comunidades.

Esto se aplica de manera particular a los muchos emigrantes que necesitan nuestra acogida. El Papa escribió hace algunos meses al Hermano Alois por el centenario del nacimiento del Hermano Roger: “el Hermano Roger amaba a los pobres, a los más desamparados, a los que aparentemente a nadie importan. Él ha demostrado con su vida y la de sus hermanos que la oración va unida con la solidaridad humana”. A través de vuestra práctica de la solidaridad y de la misericordia, podréis vivir esta alegría exigente, rica de significado, a la cual os llama el Evangelio.

El Santo Padre os desea que durante estos hermosos días, en los cuales os reunís en Valencia, rezando y compartiendo, podáis descubrir mejor a Cristo, “el rostro de la misericordia del Padre”. Él ha hablado ya a través del Profeta Oseas cuando ha transmitido a su pueblo el mensaje “yo deseo misericordia y no sacrificios”.

De todo corazón el Papa Francisco manda su bendición a los jóvenes que participan en el Encuentro, a los Hermanos de Taizé y a todas las familias que acogerán en Valencia y en los alrededores.

Cardenal Pietro Parolin 

Alégrese el cielo, goce la tierra.


Sal 95, 1-2a. 2b-3. 5b-6
Alégrese el cielo, goce la tierra.
Cantad al Señor un cántico nuevo, 
cantad al Señor, toda la tierra; 
cantad al Señor, bendecid su nombre.
Alégrese el cielo, goce la tierra.
Proclamad día tras día su victoria. 
Contad a los pueblos su gloria, 
sus maravillas a todas las naciones.
Alégrese el cielo, goce la tierra.
El Señor ha hecho el cielo; 
honor y majestad lo preceden, 
fuerza y esplendor están en su templo.
Alégrese el cielo, goce la tierra.


Luz para alumbrar a las naciones

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-35
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, corno dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María su madre:
- «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Palabra del Señor