sábado, 30 de septiembre de 2017

San Francisco de Borja, 30 de septiembre

«Ante el cadáver de una emperatriz, este gran jesuita con numerosos títulos nobiliarios, que también fue ejemplar esposo y padre, comprendió la futilidad de la vida y se convirtió. Fue el tercer prepósito general de la Orden»
Como es sabido, la memoria de Francisco de Borja viene celebrándose en España el 3 de octubre, pero las biografías ofrecidas en esta sección de ZENIT se rigen rigurosamente por las fechas insertas en Santi, beati e testimoni que le incluye en el día de hoy (también lo hace el Martirologio romano), por lo cual se respeta el mismo criterio seguido en otros casos similares al suyo.
Era hijo del III duque de Gandía, Valencia, España, donde nació el 28 de octubre de 1510, y bisnieto del papa Alejandro VI. Tuvo seis hermanos de padre y madre, y cuando su progenitor contrajo segundas nupcias, engendró doce vástagos más. Así que formaba parte de una larga descendencia. Perdió a su madre a la edad de 9 años, cuando ya habían apreciado en él virtudes singulares para su edad, marcada por la inocencia y la piedad. Precisamente los dones que advirtió en él, indujeron a su tío materno Juan de Aragón, arzobispo de Zaragoza, a llevárselo con él proporcionándole una excelente formación integral.
Por expreso deseo de su padre llegó a la corte cuando tenía 12 años. Contrajo matrimonio con la portuguesa Eleanor de Castro a los 19, y de esta unión nacieron ocho hijos. Con la prematura muerte de la emperatriz Isabel de Portugal, a la que había servido fielmente, se produjo una inflexión en su acontecer. Tras contemplar el rostro marchito, cuando yacía en su lecho mortuorio, profirió esta apasionada exclamación: «¡No serviré nunca más a un señor que se pueda morir!». Era más que una declaración de intenciones. Habiendo comprendido la futilidad de la vida, selló su acontecer. Él mismo lo recordaba periódicamente en su diario: «Por la emperatriz que murió tal día como hoy. Por lo que el Señor obró en mí por su muerte. Por los años que hoy se cumplen de mi conversión».
En 1539 –el mismo año en el que falleció Isabel, y siendo ya marqués de Lombay– el emperador lo designó virrey de Cataluña. Sin embargo, ni estos títulos, y otros que obtuvo, como el ducado de Gandía y el de Grande de España, ni la vanidad de la corte, ensombrecieron su piedad, la que en su infancia le hizo aspirar a la vida monástica, anhelo truncado por sus padres que lo destinaron a servir en Tordesillas. Por eso, tal circunstancia, aparte de la experiencia que le deparó y del vínculo conyugal que le unió a Eleanor, como no disipó sus anhelos, permanecieron vivos en su interior. Así, al establecerse en Barcelona, tomó contacto con san Pedro de Alcántara y con el beato jesuita Pedro Fabro. Este religioso fue decisivo en su vida. Puede que al conocerlo recordara el doloroso episodio que había presenciado en Alcalá de Henares cuando tenía 18 años. El hecho que le impactó fue ver a un hombre conducido ante la Inquisición; se trataba de Ignacio de Loyola.
Francisco se convirtió en bienhechor de la Compañía y además fundó un colegio en Gandía. Su conducta evangélica chocaba con el ambiente; sus convicciones suscitaban recelos entre algunas personas relevantes que quizá pensaron que no era oportuno mezclar la fe con el trabajo. Pero seguía el dictado de su espíritu y nada de ello hizo mella en él. Enfermó Eleanor y suplicó al cielo por ella. Una locución divina le advirtió: «Tú puedes escoger para tu esposa la vida o la muerte, pero si tú prefieres la vida, ésta no será ni para tu beneficio ni para el suyo». Con mucho dolor y lágrimas expresó: «Que se haga vuestra voluntad y no la mía». Ella murió en 1546; su hijo pequeño tenía 7 años. Coincidió que pasó el padre Fabro por Gandía y, sin perder más tiempo hizo los ejercicios espirituales, y emitió los votos de perfección ese mismo año de 1546. Con ellos se comprometía a integrarse en la Compañía.
En Roma Ignacio acogió con gozo la noticia, pero puso una nota de prudencia aconsejándole que aplazase su ingreso efectivo hasta solventar el tema de la educación de su prole, y que tuviese cautela evitando airear su decisión. Al año siguiente, con la anuencia del santo, Francisco emitió los votos privadamente. Por fin, en agosto de 1550, después de renunciar a sus títulos y dejar a sus hijos enderezados, viajó a Roma para hablar con el fundador de la Compañía, y se vinculó a ella para siempre. En mayo de 1551 recibió el orden sacerdotal en Oñate, y celebró su primera misa en Vergara. Carlos V lo propuso como cardenal, pero él rehusó. Era un hombre bueno, humilde, austero, se entregaba a las mortificaciones y a duras penitencias; no esquivaba los momentos de humillación. Llegó a sentirse más indigno que Judas, a quien el Redentor le había lavado los pies, considerándole por ello con una dignidad superior a la suya.
Durante un tiempo estuvo en Oñate realizando tareas domésticas sencillas, forjándose en la vida religiosa, sufriendo por amor a Cristo muchos instantes de contrariedad porque fue tratado con más severidad de lo acostumbrado dada su antigua condición nobiliaria. Después inició una ardiente evangelización por las localidades colindantes, extendiendo el campo de acción a Castilla, Andalucía y Portugal. Tenía dotes extraordinarias para la organización, virtud y gran celo apostólico; era devotísimo de la Eucaristía y de la Virgen.
En 1566 tras el óbito del padre Laínez se convirtió en el prepósito general de la Compañía. Fundó más de una veintena de colegios en España, construyó en Roma la iglesia de San Andrés en el Quirinale, impulsó el noviciado y el Colegio Romano, puso las bases para la construcción del Gesù y logró que la Compañía se expandiera por distintos continentes, entre otras acciones. Sometió a consideración de Pío V la creación de la Congregación para la Propagación de la Fe. Escribió tratados espirituales, y auxilió a los afectados por la peste que asoló Roma en 1566. Dos días antes de morir expresó su deseo de volver al santuario de Loreto. Su fallecimiento se produjo en Roma el 1 de octubre de 1572. Urbano VIII lo beatificó el 23 de noviembre de 1624. Clemente X lo canonizó el 12 de abril de 1671.
Zenit

Converso, la película que gusta a creyentes y no creyentes, llega a los cines



Toda la familia de David Arratibel se convirtió al catolicismo. Él, agnóstico, ha rodado una película buscando entender por qué. Pero Converso es, sobre todo, un diálogo franco y abierto sobre la fe entre creyentes y no creyentes. La cinta llega este viernes a los cines
Converso, la película documental dirigida por el director agnóstico David Arratibel en la que cuenta la conversión de su familia, se estrena en los cines este viernes 29 de septiembre.
Y a pesar de que por su título la película pueda parecer dirigida exclusivamente para el público creyente, el filme, sin embargo, es un documento valioso tanto para estos como para los agnósticos o ateos.
«Creo que al final lo que ocurre con el cine es que cada espectador lo hace suyo. En este sentido, la película tiene dos lecturas. Para mí, como agnóstico –supongo que también para el público no creyente–, es una película de conversaciones pendientes, de una familia que sana una herida a través del cine y la conversación, y de trasfondo hay una historia de conversión», explica el director.
En este sentido, recuerda Arratibel, «he tenido casos de personas muy beligerantes a priori con el tema, que incluso me decían que estaba cometiendo un error por hacer esta película y que me iban “a ganar”. Esta misma persona al acabar de ver la película me mandó un email, que luego es el que he utilizado para la sinopsis, en el que decía: “me has engañado, esta película no es sobre la fe, trata sobre ausencias, vacíos, cariños y distancias”. Para mí Converso es una película de eso, de ausencias, de vacíos, de distancias, de acercamiento, de llenar vacíos, va por ahí», asegura el director.
Sin embargo, continúa, «el público creyente lo que ve es una conmovedora historia de conversión, con un trasfondo de un conflicto familiar».
Avalada por la crítica y los festivales
La cinta llega, de momento, a los cines de Madrid, Barcelona, Sevilla, Pamplona, Valencia, Bilbao, Donostia-San Sebastián, Cambrils y Santiago de Compostela. Y lo hace avalada tanto por la crítica como por los festivales de cine.
El filme se ha alzado con el Premio del Público en el Festival Internacional Punto de Vista de Navarra 2017, ha obtenido la Biznaga de Plata al Mejor Director en la Sección Oficial de Documentales del pasado Festival de Málaga o el Premio del Público, el Premio DOCMA y el Premio FESTHOME en el Festival Alcances de Cádiz.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega

«Tumbado en la litera de mi celda, mi pensamiento se ha centrado en Ella»


El testimonio de esta semana se convierte en oración sencilla y confiada que brota de lo más profundo del corazón de un hombre que ha sido capaz de descubrir, encerrado varios años entre cuatro muros, el rostro misericordioso de Dios Padre y la presencia amorosa de María, la Madre de Jesús. Poco a poco, reflexionando cada semana el Evangelio en la Eucaristía del domingo, ha experimentado que los muros pueden quitar la libertad exterior, pero que por muchos barrotes que pongan nadie le puede impedir ser libre interiormente, porque «la verdadera libertad me la da Dios, que me ama y me quiere a pesar de todos los fallos que haya cometido».
Pocos días después de la fiesta de la Merced, la mirada la dirige a esa mujer humilde y sencilla llamada María: «Tumbado en la litera de mi chavolo y atravesando con la mirada los barrotes que hay en la ventana, he podido contemplar las estrellas relucientes que llenaban el cielo, y contemplando su resplandor mi pensamiento se ha centrado en Ella. Sin saber cómo ha brotado de mi corazón, tantas veces roto por falta de amor, esta oración a esa Mujer que nunca deja de amarme: “Señora y Madre de la Merced, a ti acudimos los que estamos privados de libertad y en tu regazo ponemos nuestros pesares y nuestras alegrías. Ayúdanos a desechar de nosotros el mal que nos impide ser felices y nos lleva a caminar por lugares equivocados. Somos débiles y por eso te pedimos que no nos abandones, para que con tu ayuda nos vayamos liberando de cuanto nos ata y oprime.
Sé tú el norte que guíe nuestros pasos para volver a empezar y vivir una vida centrada en el amor a Ti y a los hermanos. Madre, cada uno de los que estamos aquí privados de libertad, peregrinamos por este mundo recorriendo nuestro propio camino de fe; un camino entre la duda y la tiniebla; un camino en el que no falta el dolor y los por qué. Hoy nos dirigimos a ti para pedirte que estés a nuestro lado, como estuviste junto a tu Hijo Jesús. Ponemos nuestros ojos en ti para que nos ayudes a acercarnos más al Padre de la misericordia, del amor y de la vida”».
Paulino Alonso
Capellán de la cárcel de Soto del Real. Madrid
Alfa Y Omega

30 de septiembre: san Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia



Doctor máximo en la exposición de la Sagrada Escritura. Habría que añadirle también el título de doctor en «ayunos y penitencias» y así de flaco y seco lo dejó pintado el Greco. Gran conocedor del latín, del griego y del hebreo, tanto que merecería otro «doctorado en clásicas» por esto.
Las cartas que escribió a sus amigos y a conocidos no tan amigos hicieron furor en la Edad Media y trajeron de cabeza a todos los que estaban empeñados en seguir de cerca de Jesucristo de modo radical. En ellas expone su ideal de perfección.
Fue un gran polemista. Las Vidas de Pablo, Malco e Hilarión son escritos que manifiestan su duro temperamento. ¿Era claro en el decir? Alguno dijo de él que era demasiado expresivo para ser santo. Y es verdad que maneja con maestría las invectivas escandalosas, las críticas mordaces y las frases ofensivas. Algún analista bondadoso termina diciendo, ante la evidencia de su dureza, que solo es una forma un tanto retórica de expresar el pensamiento, como quien dice enojado «ahora me vas a oír». Otros, menos generosos, se quedan perplejos ante la duda de si esas maneras eran secuelas del hombre viejo o signo de la libertad que suelen gozar los santos por no tener nada que perder ni apetecer gloria humana. También hay quienes acaban con la frase que suena a renuncia: «es santo para admirar y no para imitar».
Nació en Stridon (Dalamacia) en el siglo IV. Su padre, Eusebio, era rico y lo mandó a Roma a estudiar con los mejores maestros. Hizo retórica y filosofía. Aún no es cristiano, solo un catecúmeno que suele visitar las catacumbas. La mayor parte del tiempo que no dedica al estudio de Cicerón lo emplea en las fiestas y distracciones paganas en las que está tan enfrascado como los amigos y compañeros de academia. Y se ha despertado en él un desconocido afán por hacerse con libros y códices que comienza a coleccionar y copiar.
Recibió en bautismo. Pone fin a los estudios y comienza a viajar por Francia, convive con los monjes de Tréveris, y fue a Aquilea y Jerusalén, llevando como única compañía sus libros y ejercitándose en el ayuno tanto que cae enfermo grave. Con su recuperación física viene la decisión de abandonar a los filósofos paganos y dedicarse el estudio de la Palabra de Dios más acorde con su nueva condición cristiana. Comienza así el estudio del griego y encuentra un maestro judío que le enseña el hebreo.
Se curte con los rigores de la vida eremítica en el desierto de Calcis entre oración y las grandes penitencias que le llevan a golpearse el pecho con piedras a la hora de las grandes tentaciones carnales que tuvo que soportar. Es una etapa de maduración interior con la lucha entre el desaliento y la entrega. Escribe la Cartas, como la de Heliodoro, donde expone las excelencias de la vida solitaria y la Vida de Pablo, el primer ermitaño, donde cubre con abundante fantasía la falta de datos históricos.
Cuando tiene treinta años, lo ordenó sacerdote el obispo Paulino de Antioquía.
Otra etapa de su vida comienza en el año 382, cuando el papa Dámaso lo llama personalmente desde Roma con el ruego de que marche allá para revisar el texto bíblico y pudiera salir la Biblia para el pueblo que hoy llamamos Vulgata. Como secretario papal pasó tres años que fueron para él un verdadero calvario porque, aunque en la Ciudad Eterna crece su fama de santo, el hecho de que desarrollara un apostolado específico con un grupo de damas nobles a las que anima con vehemencia a vivir el más duro ascetismo no fue del agrado de todos, principalmente de los eclesiásticos, a los que les parecía locura enseñar el ayuno diario, abstenerse de vino y carne, dormir en el suelo y hacer otras penitencias con mucha oración. Tuvo que responder al clero romano con Cartas sobre la virginidad.
Entre sus fieles seguidoras destacan Marcela, Paula y su hija Eustoquio. Aunque organizó clases de Biblia para despertar amor al libro santo, no disminuyeron las críticas, sino que aumentaron por la incomprensión o rechazo del rigor ascético que proponía. La muerte de otra hija de Paula, Blesila, hace que se dispare contra él la animadversión, al señalarle como culpable por su extremada penitencia.
Decide abandonar Roma y marcha a Jerusalén, donde se le reunirán más tarde Paula y Eustoquio. Con ellas visitará piadosamente los Santos Lugares y la fortuna de Paula sirve, en el 386, para fundar monasterios de mujeres y de varones, levantar una hospedería para peregrinos y sacar adelante una escuela monacal donde Jerónimo enseña.
Más de treinta años vivió en Belén. Dispone de una magnífica biblioteca. Reza con penitencia, estudia y escribe. Es en Belén donde termina la traducción de la Biblia desde el hebreo y donde hace sus formidables y múltiples Comentarios a los textos santos. No le falta una nube de taquígrafos a los que dicta cuando la salud no le deja escribir.
El sabio Jerónimo tradujo también a Orígenes, Eusebio, Dídimo el Ciego y la Regla de San Pacomio. Su peleón espíritu se manifiesta en lengua afiladísima, temible y certera cuando polemiza contra Elvidio, defendiendo la perpetua virginidad de María, contra Joviniano que consideraba inútiles las prácticas ascéticas y sobrevaloró el matrimonio por encima de la virginidad, contra Vigilancio para defender el culto a las reliquias y a los santos, y contra los herejes pelagianos a los que lanza abundantes invectivas de las que no se vio libre ni el obispo Juan de Jerusalén. Supo emplear con la misma altura otro estilo literario diferente en sus homilías parenéticas, en los consejos a los monjes y en las cálidas y vehementes exhortaciones plagadas de serenidad, bondad, ternura y sensatez lanzando a las almas por las alturas de Dios. No es extraño que la iconografía lo represente con la legendaria figura del león que bien lo define.
Murió en el 420, cuando ya contemplaba –aburrido– la ruina del Imperio por las invasiones bárbaras y sin haber podido asimilar la muerte de Eustoquio.
Archimadrid.org

Cardenal Osoro: «Vivid la grandeza de ser docente cristiano a la manera de Jesucristo»



El jueves, 28 de septiembre, por la tarde, la catedral de Santa María la Real de la Almudena acogió una solemne Eucaristía, organizada por la Delegación Episcopal de Enseñanza. Presidida por el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, durante la misma se procedió al envío de los profesores de la archidiócesis. El prelado, acompañado del vicario general, Avelino Revilla, así como de otros sacerdotes de Madrid, estuvo arropado por los educadores de 30 colegios diocesanos
«Los docentes cristianos venís a que la Iglesia os siga regalando esa misión» y «os haga percibir en vuestra existencia que estáis haciendo una manifestación verdadera de lo que es la misión». Con estas palabras, el arzobispo de Madrid se dirigía a los docentes cristianos que llenaron la catedral en un día «singular» y «especial» para todos los presentes. «A través de vuestra profesión, en las diversas asignaturas que explicáis», dijo, «se puede manifestar la manera de vivir que nos regala Jesucristo». El cardenal reconoció vivir «un día grande» porque «en torno a la Mesa del Señor, descubrimos la libertad y la alegría del Evangelio». La libertad que regala el Señor, continuó, «y que hace posible que todos podamos estar unidos en torno a Él y sentados a su Mesa».
La bondad y el amor del Señor duran por siempre
En su homilía, además, subrayó las palabras del Salmo proclamado durante la Eucaristía: «La bondad y el amor del Señor duran por siempre, decía el salmista», y «esto es lo que, con vuestra vida como testigos, queréis manifestar». Porque «Él inunda con su amor esta tierra y nuestro corazón, nos hace servidores de Él, dadores de su paz, de su amor y de su reconciliación». Así, animó a los fieles a cantar al Señor «la bondad grande que Él nos otorga y nos da».
El prelado destacó que un profesor cristiano promueve y construye: «No es hora de enfrentarnos, ni de tirarnos piedras, ni de rebajas de ningún tipo». Es hora de «construir este templo, que es este mundo, para que sea templo de Dios». Y debemos hacerlo, señaló, «con las armas de su amor y su misericordia, reconociendo que todos somos hermanos». Porque nadie tiene un papel desechable, «y todos tenemos un papel en la vida y en la historia porque somos hijos de Dios». Es hora, aseveró, de «saciar a los hombres» y de «hacerles ver aquello que quita la sed verdadera». Por tanto, «vivid la grandeza de ser docente cristiano, discípulo de Cristo, a la manera de Jesucristo».
«Haced crecer, vivir y experimentar que Dios los quiere»
En este sentido, les animó a meditar lo que el Señor les regala y la vocación que el Señor les ha dado, que es «volver, en definitiva, a Dios». Un profesor cristiano, dijo, entrega la verdad: «Que los seres humanos se enteren de lo que pasa, de lo que sucede cuando vivimos al margen de Dios». Y eso «lo manifestamos con nuestra propia vida».
Entre los alumnos, destacó, «hay gente que necesita una mirada, un consejo y una atención». Y un profesor cristiano «entrega la verdad –que es Jesucristo–, interpela con su vida, sus palabras y sus obras a quienes tiene a su lado». Un profesor, desde cualquier asignatura que sea, concluyó el cardenal, «puede hacer crecer, vivir y experimentar que Dios le quiere».
Ser sal y luz del mundo
Durante la celebración, también estuvo presente Inmaculada Florido, delegada episcopal de Enseñanza, quien destacó que –junto a docentes de centros públicos y privados de todos los noveles educativos– «estamos dispuestos a ser sal y luz del mundo», con la confianza de que el Espíritu «nos acompaña y nos sostiene». Él, subrayó la delegada, «nos ayudará a ir respondiendo a los retos que nuestra Iglesia de Madrid tiene planteado». Y, ahora, insistió, «es el momento».
 Alfa Y Omega

El Hijo del hombre va a ser entregado. Les daba miedo preguntarle sobre el asunto.



Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 43b-45

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
«Meteos bien en los oídos estas palabras: al Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».
Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.
Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.
Palabra del Señor.

La evangelización pertenece al Pueblo de Dios: el Papa al Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización

El anuncio de la misericordia, visible en el estilo de vida de los creyentes
“Este Año Santo ha sido un tiempo de gracia que toda la Iglesia ha vivido con gran fe e intensa espiritualidad. Por lo tanto, no podemos permitir que tal entusiasmo se diluya u olvide. El pueblo de Dios ha sentido fuertemente el don de la misericordia y el Jubileo vivido, redescubriendo especialmente el Sacramento de la Reconciliación, como lugar privilegiado para experimentar la bondad de la ternura y el perdón de Dios que no conoce límites. La Iglesia, por lo tanto, tiene la gran responsabilidad de seguir siendo sin detenerse, un instrumento de misericordia. De esta manera se puede permitir más fácilmente que la acogida del Evangelio se perciba y experimente como un acontecimiento de salvación y pueda traer un significado pleno y definitivo a la vida personal y social”.
El anuncio de la misericordia, prosiguió el Papa Francisco, “que se vuelve concreto y visible en el estilo de vida de los creyentes”, pertenece al compromiso de cada evangelizador, que ha descubierto de primera mano la llamada del apostolado, gracias a la misericordia que le fue reservada. Por ese motivo quien tiene la tarea de anunciar el Evangelio no debe olvidar las palabras del Apóstol Pablo: “Cristo Jesús me tuvo compasión para demostrar conmigo toda su paciencia dando un ejemplo a los que habrían de creer y conseguir la vida eterna”. (1 Tm, 1,16)
La Evangelización pertenece al pueblo de Dios
A propósito de este concepto, fueron dos los aspectos que el Papa quiso subrayar. El primero, la necesidad de tomar de conciencia que la primera contribución a la evangelización es la que los pueblos y sus culturas individuales, ofrecen al camino del pueblo de Dios:
“De todos los pueblos hacia los que nos dirigimos, emerge una riqueza que la Iglesia está llamada a reconocer y valorar para llevar a cumplimiento la unidad de “todo el género humano”, del cual es “signo”, y “sacramento”. (cfr. Cost. Dogm.Lumen Gentium, 1). Esta unidad no está constituida “según la carne, sino en el Espíritu” que guía nuestros pasos. La riqueza que viene a la Iglesia de la multiplicidad de buenas tradiciones que poseen los pueblos individuales, es preciosa para vivificar la acción de la gracia que abre el corazón a acoger el anuncio del Evangelio. Son dones auténticos que expresan la variedad infinita de la acción creadora del Padre, y que confluyen en la unidad de la Iglesia para acrecentar la necesaria comunión con el fin de ser semilla de salvación, preludio de paz universal y lugar concreto de diálogo”.
El segundo aspecto indicado por el Santo Padre, fue que este “ser Pueblo evangelizador”, hace tomar conciencia de una llamada que trasciende cada particular disponibilidad personal, para ser insertada en “una compleja trama de relaciones interpersonales”, algo que tiene una particular valencia, “en un período como el nuestro en el cual se asoma con fuerza una cultura nueva, fruto de la tecnología que mientras fascina por lo que ofrece, hace evidente en la misma medida la falta de una verdadera relación interpersonal y de interés por el otro”.
“Pocas realidades como la Iglesia se pueden jactar de tener una conciencia del pueblo en grado de valorizar el patrimonio cultural, moral y religioso que constituye la identidad enteras generaciones”, afirmó el Papa, y destacó que ese es el motivo por el cual es tan importante, dicho en palabras textuales, “saber entrar en el corazón de nuestra gente, para descubrir aquel sentido de Dios y de su amor que ofrece la confianza y la esperanza de mirar adelante con serenidad, no obstante las dificultades graves y la pobreza que se está constreñidos a vivir a causa de la avaricia de pocos”. “Si somos aun capaces de mirar en lo profundo, - continuó - podremos encontrar el genuino deseo de Dios que vuelve inquieto el corazón de muchas personas caídas, a su pesar, en el abismo de la indiferencia”. “La alegría de la evangelización los puede alcanzar y restituir la fuerza para la conversión”.
La Iglesia, pueblo en camino hacia Dios
En los últimos párrafos, reiterando a los obispos que el camino de evangelización es obra de toda la Iglesia "pueblo en camino hacia Dios", afirmó que redescubrir ese horizonte de sentido y de concreta práctica pastoral facilitará el impulso para la evangelización misma, esto “sin olvidar el valor social que le pertenece para un genuino desarrollo humano integral”.
En la conclusión, el romano pontífice deseó un buen trabajo en modo particular en vistas  a la próxima Jornada Mundial de los pobres, que será celebrada en su primera edición el próximo 19 de noviembre, y les aseguró su cercanía y su apoyo.
(Griselda Mutual – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

Homilía del Papa: los arcángeles enviados para acompañarnos en la vida

Nosotros y los ángeles tenemos la misma vocación: «cooperamos juntos en el plan de salvación de Dios». Está escrito en la Oración Colecta de la fiesta de los tres arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel y el Papa Francisco lo señaló en su homilía en la Misa matutina en la Casa de Santa Marta:
«Somos, por decir así, ‘hermanos’ en la vocación. Y ellos están ante el Señor para servirlo, para alabarlo y también para contemplar la gloria de rostro del Señor. Los ángeles son grandes contemplativos. Ellos contemplan al Señor; sirven y contemplan. Pero, también, el Señor los envía para acompañarnos por el camino de la vida».
Y, en particular, Miguel, Gabriel y Rafael, tienen «un papel importante en nuestro camino hacia la salvación», destacó el Santo Padre, recordando que «el Gran Miguel es aquel que combate contra el diablo», al «gran dragón», a «la serpiente antigua», que «fastidia nuestra vida», seduce al mundo entero, como sedujo a nuestra madre Eva con argumentos convincentes y luego, cuando hemos caído nos acusa ante Dios:
«¡Anda, come el fruto! Te hará bien, te hará conocer tantas cosas… Y comienza, como la serpiente a seducir, a seducir… Y, luego, cuando hemos caído nos acusa ante Dios: ‘¡es un pecador, es mío! Éste es mío: es precisamente la palabra del diablo. Nos gana por medio de la seducción y nos acusa ante Dios: ‘es mío. Éste me lo llevo conmigo’. Y Miguel combate. El Señor le pidió que haga la guerra. Por nosotros, que estamos en camino en esta vida nuestra hacia el Cielo, Miguel nos ayuda a hacerle la guerra, a no dejarnos seducir».
Es un trabajo de defensa que Miguel hace ‘ por la Iglesia’ y por ‘cada uno de nosotros’, distinto al papel de Gabriel, ‘el otro arcángel de hoy’, aquel que - recuerda el Papa – ‘lleva las buenas noticias: aquel que ha llevado la noticia a María, a Zacarías, a José’: la noticia de la salvación. También Gabriel está con nosotros y nos ayuda en el camino cuando ‘olvidamos’ el Evangelio de Dios, que ‘Jesús ha venido entre nosotros’, para salvarnos.
El tercer arcángel que festejamos hoy es Rafael, aquel que ‘camina con nosotros’ y que nos ayuda en este camino: debemos pedirle – invitó el Papa – que nos proteja de la ‘seducción de dar el paso equivocado’.
He aquí pues a nuestros compañeros al servicio de Dios y de nuestra vida a los que el Santo Padre nos enseña a rezar:
«Miguel, ayúdanos en la lucha: cada uno sabe cuál lucha tiene en su propia vida hoy. Cada uno de nosotros conoce su lucha principal, aquella que pone en riesgo su salvación. Ayúdanos. Gabriel, tráenos noticias, tráenos la Buena Noticia de la salvación, que Jesús está con nosotros, que Jesús nos ha salvado y danos esperanza. Rafael, tómanos de la mano y ayúdanos en el camino para no equivocarnos de camino, para no quedarnos parados. Siempre caminar, pero ayudados por ti».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)