martes, 24 de septiembre de 2013

Ratzinger: "Querido Odifreddi, le cuento quién era Jesús"

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Rocío Lancho García | 1363 hitos

El matemático italiano Piergiorgio Odifreddi recibió el pasado 3 de septiembre un carta muy especial. Un sobre sellado, con once folios con fecha del 30 de agosto y firmada por Benedicto XVI.

En el texto, el papa emérito responde a Caro papa, ti scrivo (Querido papa, te escribo) (Mondadori, 2011), libro escrito por Odifreddi. Tal y como el autor recuerda, un libro que desde la portada se define como una 'luciferina introducción al ateísmo'.  En el artículo en el que Odifreddi comenta sus impresiones al recibir esta carta afirma que no era una coincidencia que dirigiera mi carta abierta a Ratzinger. Después de haber leído su Introducción la Cristianismo, entendió que la fe y la doctrina de Benedicto XVI, a diferencia de otros, eran lo suficientemente coherentes y sólidas para poder afrontar perfectamente y sostener ataques frontales.
En el fragmento que se ha publicado de la carta en el diario La Repubblica, se pude leer cómo el papa emérito reconoce que ha leído algunas partes disfrutándolo y se ha beneficiado, mientras que en otras se ha maravillado por una cierta agresividad y la ligereza del argumento.
Al inicio de la carta, Benedicto XVI señala que "usted me hace notar que la teología sería 'fantaciencia'. Y frente a este argumento presenta el papa emérito cuatro puntos.

En primer lugar señala que "es correcto afirmar que 'ciencia' en el sentido más estricto de la palabra lo son solo las matemáticas, mientras yo he aprendido de usted que sería necesario distinguir todavía entre aritmética y geometría. En todas las materias específicas la científica tiene cada vez la propia forma, según la particularidad de su objeto. Lo esencial es que aplique un método verificable, excluya el arbitrio y garantice la racionalidad en las respectivas modalidades".

En segundo lugar Benedicto XVI sostiene que "usted debería por los menos reconocer que, en el ámbito histórico y en el del pensamiento filosófico, la teología ha producido resultados duraderos".
Como tercer aspecto afirma que "una función importante de la teología es la de mantener la religión unida a la razón y la razón a la religión. Ambas funciones son de esencial importancia para la humanidad". En este punto recuerda que en su diálogo con Habermas "he mostrado que existen patologías de la religión y  -no menos peligrosas- patologías de la razón. Ambas necesitan la una de la otra, y tenerlas continuamente conectadas es una tarea importante de la teología".

En el último punto, mucho más extenso que los anteriores, Benedicto XVI expresa que "la  'fantaciencia' existe, por otra parte, en el ámbito de muchas ciencias" y hace referencias a las teorías que Odifreddi expone sobre el inicio y el fin del mundo en Heisenberg, Schrödinger etc. que, continúa Benedicto XVI, "lo diseñaría como 'fantaciencia' en el buen sentido: son visiones y anticipaciones, para alcanzar un verdadero conocimiento, pero son, de hecho, solamente imaginaciones con las que buscamos acercarnos a la realidad".
Tras desarrollar con más detalle estas ideas, el papa emérito se detiene en el capítulo sobre el sacerdote y la moral católica y en los distintos capítulos sobre Jesús. "En lo que se refiere a lo que usted dice del abuso moral de menores por parte de sacerdotes, puedo -como usted sabe- constatarlo solo con profunda consternación. Nunca he tratado de enmascarar estas cosas. Que el poder del mal entre hasta tal punto en el mundo interior de la fe es para nosotros una sufrimiento que, por una parte, debemos soportar, mientras, por otra, debemos al mismo tiempo, hacer todo lo posible para que estos casos no se repitan.

No es tampoco motivo de tranquilidad saber que, según las investigaciones de los sociólogos, la porcentual de los sacerdotes culpables de estos crímenes no es más alta de la presente en otras categorías profesionales semejantes. En cualquier caso, no se debería presentar esta desviación ostentosamente como si se tratase de una suciedad específica del catolicismo. Si no es lícito silenciar el mal en la Iglesia, no se debe tampoco silenciar la gran sendero luminoso de bondad y de pureza, que la fe cristiana ha trazado a lo largo de los siglos". Por eso Benedicto XVI recuerda nombres como Benito de Norcia y su hermana Escolástica,
Francisco y Clara de Asís o Teresa de Ávila y Juan de la Cruz.

Respecto a lo que el matemático dice sobre la figura histórica de Jesús, Ratzinger recomienda al autor los cuatro volúmenes que Martin Hengel publicó junto con Maria Schwemer, "un ejemplo excelente de precisión histórica y de amplísima información histórica". Así mismo recuerda, como ya aclaró en el primer volumen de su libro sobre Jesús de Nazaret que "la exégesis histórica-crítica es necesaria para una fe que no propone mitos con imágenes históricas, sino que reclama una historicidad verdadera y por eso debe presentar la realidad histórica de sus afirmaciones también de forma científica".
Continúa el papa emérito afirmando que "si usted, sin embargo, quiere sustituir Dios con "La Naturaleza", queda la pregunta, quién o qué es esta naturaleza. En ninguna parte usted la define y aparece por tanto como una divinidad irracional que no explica nada. Quisiera, por tanto, sobretodo destacar que en Su religión de las matemáticas tres temas fundamentales de la existencia humana quedan sin considerar: la libertad, el amor y el mal. (...) Cualquier cosa que diga la neurobiología sobre la libertad, en el drama real de nuestra historia está presente como realidad determinante y debe ser tomada en consideración".

En la última parte publicada de la carta, Benedicto XVI señala que "mi crítica sobre su libro en parte es dura. Pero del diálogo forma parte la franqueza; solo así puede crecer el conocimiento".