jueves, 31 de julio de 2014

PARÁBOLA DE LA RED


Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,47-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos les contestaron: «Sí.»
Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.


Fuente: News.Va

Meditación del Papa Francisco

El testimonio de las primeras comunidades cristianas resuena muy sugerente. Estas solían acompañar las celebraciones y las oraciones con la aclamación "Maranathá", una expresión constituida por dos palabras arameas que, según cómo sean pronunciadas, se pueden entender como una súplica: "¡Ven, Señor!", o como una certeza alimentada por la fe: "Sí, el Señor viene, el Señor está cerca". Es la exclamación con la que culmina toda la Revelación cristiana, al final de la maravillosa contemplación que se nos ofrece en el Apocalipsis de Juan. En ese caso, es la Iglesia-esposa que, en nombre de la humanidad, de toda la humanidad, y en cuanto su primicia, se dirige a Cristo, su esposo, deseando ser envuelta por su abrazo; un abrazo, el abrazo de Jesús, que es plenitud de vida y de amor.
Si pensamos en el juicio en esta perspectiva, todo miedo disminuye y deja espacio a la esperanza y a una profunda alegría: será precisamente el momento en el que seremos juzgados. Preparados para ser revestidos de la gloria de Cristo, como de una vestidura nupcial, y ser conducidos al banquete, imagen de la plena y definitiva comunión con Dios. (S.S. Francisco, 11 de diciembre de 2013)

martes, 29 de julio de 2014

Marta en la resurrección de Lázaro

En el episodio de Betania. Lágrimas derramadas por las hermanas Marta y María junto a su hermano Lázaro, muerto y puesto ya hace cuatro días en la sepultura. También Jesús llora. Pero de aquellas lágrimas del Amigo Divino saltan destellos de victoria, que son el primer anuncio del misterio de la Pascua.


¡Oh, qué palabras las que se dijeron Jesús y Marta! La seguridad de la Resurrección y de la vida garantizada a la humanidad redimida toda entera por virtud de la sangre de Cristo.

"Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en Mí, aunque hubiere muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí no morirá para siempre". En realidad, la Pascua —cuyo anuncio solemne tuvo lugar en Betania— está toda aquí: celebración perenne y renovada del misterio de Cristo, Rey glorioso e inmortal de los pueblos y de los siglos, consuelo y alimento para toda la humanidad, por Él redimida y reservada al triunfo de sus destinos eternos, y también a los triunfos pacíficos dentro de la humana convivencia y de la ordenada prosperidad sobre la Tierra.


MENSAJE PASCUAL DE SU SANTIDAD JUAN XXIII .
Domingo 2 de abril de 1961

El consejo de Cristo a Marta

Cristo le enseña a construir el presente mirando a la eternidad, pues así aprenderá el verdadero valor de las cosas.

¿Cuál es el sentido de la vida humana?

Es ésta una pregunta que todos nos hacemos cuando vemos que no podemos lograr todo lo que queremos, cuando vemos que muere una persona en el inicio mismo de su vida, cuando contemplamos el sufrimiento de tantos seres humanos por culpa del egoísmo de los hombres, cuando vemos la desesperación de tantas personas ante el sufrimiento propio o de un ser querido. Y la realidad es que no podemos aceptar que todo se reduzca a nacer, vivir si es que se puede llamar vivir a muchas vidas, para terminar en la nada. El ser humano debe tener un fin más allá de las cosas que hace o que ve.

Marta representa para nosotros una forma de vivir. Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. Impresiona el cariño de Jesús por aquella mujer que se desvivía por atenderle y procurarle bienestar. El hecho de repetir dos veces su nombre es señal de cariño, de ternura y de reconocimiento a su labor. Pero Jesús quiere prevenirla contra un gran escollo de la vida: el vivir sin más, el irse tragando los días sin ver en el horizonte, el hacer muchas cosas, pero no preocuparse de lo más importante.

Marta es el símbolo de una humanidad que ha dado prioridad al hacer o al tener sobre el ser, a la eficacia sobre lo importante, a la inmanencia sobre la trascendencia. Marta somos cada uno de nosotros cuando en el día al día decimos: "no tengo tiempo para rezar, no tengo tiempo para formarme, no tengo tiempo para pensar, no tengo tiempo para Dios". Basta asomarse a la calle y a las casas para ver cuánto se hace, cómo se corre, cómo se vive. Pareciera que estamos construyendo la ciudad terrena o que hubiera que terminar cada día algo que mañana hay que volver a empezar.

El consejo de Cristo a Marta, santa después al fin y al cabo, está lleno de afecto, de afecto del bueno. La invita a tomarse la vida de otra forma, a respirar, a vivir serenamente, a preocuparse más de las cosas del espíritu. Ahí va a encontrar la paz y la tranquilidad. Le enseña a construir el presente mirando a la eternidad, pues así aprenderá el verdadero valor de las cosas.

Sin duda, Marta aprendió aquella lección y, sin dejar de ser la mujer activa y dinámica que era, en adelante su corazón se aficionó más a lo verdaderamente importante. Marta, por medio de Cristo, había comprendido que la vida tiene un sentido, que el fin del hombre está por encima de las cosas cotidianas. 


Autor: P. Juan J. Ferrán,| Fuente:www.catholic.net



lunes, 28 de julio de 2014

El Evangelio te hace conocer a Jesús verdadero y vivo; te habla al corazón y te cambia la vida. Papa Francisco.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Las breves semejanzas propuestas por la liturgia del día son la conclusión del capítulo del Evangelio de Mateo dedicado a las parábolas del Reino de Dios (13, 44-52). Entre éstas hay dos pequeñas obras de arte: las parábolas del tesoro escondido en el campo y la de la perla de gran valor. Ellas nos dicen que el descubrimiento del Reino de Dios puede producirse improvisamente como para el campesino que, arando, encuentra el tesoro inesperado; o después de una larga búsqueda, como para el mercante de perlas que, finalmente, encuentra la perla preciosísima soñada desde hacía tanto tiempo. Pero en ambos casos, permanece el dato primario que el tesoro y la perla valen más que todos los otros bienes y, por tanto, el campesino y el mercante, cuando los encuentran, renuncian a todo lo demás para poder comprarlos. No tienen necesidad de hacer razonamientos, o de pensar, o de reflexionar: se dan cuenta inmediatamente del valor incomparable de lo que han encontrado, y están dispuestos a perder todo con tal de tenerlo.

Así es para el Reino de Dios: quien lo encuentra no tiene dudas, siente que es lo que buscaba, lo que esperaba y que responde a sus aspiraciones más auténticas. Y es verdaderamente así: quien conoce a Jesús, quien lo encuentra personalmente, permanece fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo en una gran humildad y sencillez.

Buscar a Jesús, encontrar a Jesús, éste es el gran tesoro. Cuántas personas, cuántos santos y santas, leyendo con corazón abierto el Evangelio, se han sentido tan conmovidos por Jesús, que se han convertido a Él. Pensemos en san Francisco de Asís: él ya era cristiano, pero un cristiano “al agua de rosas”. Cuando leyó el Evangelio, en un momento decisivo de su juventud, encontró a Jesús y descubrió el Reino de Dios, y entonces todos sus sueños de gloria terrena se desvanecieron. El Evangelio te hace conocer a Jesús verdadero, te hace conocer a Jesús vivo; te habla al corazón y te cambia la vida. Y entonces sí, dejas todo. Puedes cambiar efectivamente el tipo de vida, o seguir haciendo lo que hacías antes, pero tú eres otro, has renacido: has encontrado lo que da sentido, lo que sabor, que da luz a todo, también a las fatigas, también a los sufrimientos y también a la muerte. Leer el Evangelio, leer el Evangelio. Hemos hablado de esto. ¿Se acuerdan? Cada día leer un pasaje del Evangelio, y también llevar un pequeño Evangelio con nosotros, en el bolsillo, en la cartera. En cualquier caso tenerlo a mano. Y allí, leyendo un pasaje encontraremos a Jesús.

Todo adquiere sentido cuando allí, en el Evangelio, encuentras este tesoro, que Jesús llama “el Reino de Dios”, es decir Dios, que reina en tu vida, en nuestra vida; Dios que es amor, paz y alegría en cada hombre y en todos los hombres. Esto es lo que Dios quiere, es aquello por lo cual Jesús se ha dado a sí mismo hasta morir en una cruz, para liberarnos del poder de las tinieblas y trasladarnos al reino de la vida, de la belleza, de la bondad, de la alegría. Leer el Evangelio es encontrar a Jesús, es tener esta alegría cristiana, que es un don del Espíritu Santo.
Queridos hermanos y hermanas, la alegría de haber encontrado el tesoro del Reino de Dios se transparenta, se ve. El cristiano no puede tener escondida su fe, porque transluce en cada palabra, en cada gesto, incluso en los más simples y cotidianos: transluce el amor. 

sábado, 26 de julio de 2014

Volver a Jesucristo: José Antonio Pagola

El Estado Islámico destruye brutalmente la tumba del profeta Jonás en Mosul

Abuelos de Jesús


Una antigua tradición, datada ya en el siglo II, atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la Virgen María. El culto aparece para Santa Ana ya en el siglo VI y para San Joaquín un poco más tarde. La devoción a los abuelos de Jesús es una prolongación natural al cariño y veneración que los cristianos demostraron siempre a la Madre de Dios.
La antífona de la misa de hoy dice: "Alabemos a Joaquin y Ana por su hija; en ella les dio el Señor la bendición de todos los pueblos". 


La madre de nuestra Señora, la Virgen María, nació en Belén. El culto de sus padres le está muy unido. El nombre Ana significa "gracia, amor, plegaria". La Sagrada Escritura nada nos dice de la santa. Todo lo que sabemos es legendario y se encuentra en el evangelio apócrifo de Santiago, según el cual a los veinticuatro años de edad se casó con un propietario rural llamado Joaquín, galileo, de la ciudad de Nazaret. Su nombre significa "el hombre a quien Dios levanta", y, según san Epifanio, "preparación del Señor". Descendía de la familia real de David. 

Moraban en Nazaret y, según la tradición, dividían sus rentas anuales, una de cuyas partes dedicaban a los gastos de la familia, otra al templo y la tercera a los más necesitados. 

Llevaban ya veinte años de matrimonio y el hijo tan ansiado no llegaba. Los hebreos consideraban la esterilidad como algo oprobioso y un castigo del cielo. Se los menospreciaba y en la calle se les negaba el saludo. En el templo, Joaquin oía murmurar sobre ellos, como indignos de entrar en la casa de Dios.
 

Joaquín, muy dolorido, se retira al desierto, para obtener con penitencias y oraciones la ansiada paternidad Ana intensificó sus ruegos, implorando como otras veces la gracia de un hijo. Recordó a la otra Ana de las Escrituras, cuya historia se refiere en el libro de los Reyes: habiendo orado tanto al Señor, fue escuchada, y asi llegó su hijo Samuel, quien más tarde seria un gran profeta. 

Y así también Joaquín y Ana vieron premiada su constante oración con el advenimiento de una hija singular, María. Esta niña, que había sido concebida sin pecado original, estaba destinada a ser la madre de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado. 

Desde los primeros tiempos de la Iglesia ambos fueron honrados en Oriente; después se les rindió culto en toda la cristiandad, donde se levantaron templos bajo su advocación. 

Aunque el culto de la madre de la santísima Virgen María se había difundido en Occidente, especialmente desde el siglo XlI, su fiesta comenzó a celebrarse en el siglo siguiente 
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Autor: Archidiócesis de Madrid


viernes, 25 de julio de 2014

Los Zebedeo. San Mateo 20, 20-28

La madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo. "¿Qué quieres?", le preguntó Jesús. Ella le dijo: "Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda". "No saben lo que piden", respondió Jesús. "¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?". "Podemos", le respondieron. "Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre". Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".
(San Mateo 20,20-28)

El Evangelio de hoy nos presenta varias ideas importantes para compartir:

1. No porque pidamos a Jesús algo que queramos, él lo va a conceder. La petición de la madre de los hijos de Zebedeo viene hoy a representar a muchos que asumen que cualquier cosa que pidan a Jesús, él la va a dar. Aquí vemos a una madre pidiendo algo para sus hijos pero no lo consigue de Jesús. Podría pensarse que esto contradice a lo que Jesús dijo en otro pasaje: "Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre" (Jn 14, 13). Pero debemos comprender que eso sucederá si está en la voluntad de Dios. Acá Cristo le hace ver que lo que pide no es acorde a lo establecido en la voluntad de Dios. Y pensemos ¿Cuantas cosas estaré pidiendo a Dios, sin saber si me convienen? ¿Estoy resentido con Dios por algo que pedí y no me dio? En esta sociedad hay muchos resentidos porque una oración no rindió el fruto que esperaban, pero no nos ponemos a analizar si era la voluntad de Dios para nosotros. Recordemos siempre lo que el Apóstol Juan nos dejó: Tenemos plena confianza de que Dios nos escucha si le pedimos algo conforme a su voluntad. (1 Jn 5, 14)

2. Reaccionemos como Jesús, no como el hombre. Los otros apóstoles se molestan cuando escuchan la petición de la madre, pero Cristo en vez de molestarse le aclara a la madre y le aclara a los apóstoles. Esta pedagogía de Cristo nos cuesta aplicar porque siempre apelaremos al MOTIVO, y como humanos débiles y pecadores perdemos la luz de Dios para reaccionar como se debe. Entonces, pidamos la luz del Espíritu Santo para saber comprender como Dios comprende. Es un hecho que estuvo mal lo que pedía la madre, pero Cristo la trató de un modo distinto sin por ello justificarle o aprobarle. Debemos hoy tomar la actitud de Cristo con quien necesita aclaración o direccionamiento. En este caso, ella no alegó, no persistió en su error, y por ello la actitud de Jesús. Por tanto, tampoco creamos que debemos ser dulces ante el pecado o la herejía, pero siempre ser proporcional en la corrección con la actitud que muestre quien necesita ser corregido.


3. Ser grande es ser servidor. Me gusta esto, porque esa misma valentía que muestran para recriminar la petición de la madre, debe ser mostrada a la hora de servir al Señor y darlo todo por él. Somos fáciles de caer en esto, para unas cosas somos rápidos: señalar, reclamar, y puede que sean sentimientos humanos justos en algún momento, pero así mismo debiéramos ser rápidos para servir al Señor. Ahí está la grandeza, en el servicio.El que quiera ser grande que se haga esclavo. Es una forma misma de decirle a los Apóstoles: ¿ustedes se molestan por lo que esa madre pidió para sus hijos? Pues entonces sirvan!, háganse servidores, así serán grandes. No quieran ganarse algo, recriminando al que lo pide, hagan ustedes lo que deben.
Estas palabras nos deben poner a pensar y replantear algunas actitudes que tenemos, sobre todo en el servicio, donde se ven los celos y las envidias.
Católicos firmes en su Fe

Conflicto entre Israel y Palestina: La voz de la razón silenciada por el estruendo de las armas

Ciudad del Vaticano, 25 julio 2014(VIS).-El arzobispo Silvano Tomasi, Observador Permanente de la Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas y otras Organizaciones Internacionales en Ginebra, intervino el pasado 23 de julio en la XXI Sesión Especial del Consejo de Derechos Humanos dedicada a la cuestión de los derechos humanos en los Territorios Palestinos Ocupados, incluida Jerusalén oriental.

''Mientras crece el número de personas muertas, heridas, arrancadas de sus hogares en el conflicto entre Israel y los grupos palestinos, en particular en la Franja de Gaza, la voz de la razón parece estar sumergida por el estruendo de las armas -afirmó el prelado-... La mayoría de las víctimas son civiles,los cuales, según el derecho humanitario internacional deben ser protegidos. Las Naciones Unidas estiman que alrededor del setenta por ciento de los palestinos muertos son civiles inocentes. Es intolerable, como lo son los misiles disparados indiscriminadamente contra objetivos civiles en Israel. Las conciencias están paralizadas por un clima de violencia prolongada que pretende imponer una solución a través de la aniquilación del otro. Demonizar al otro, sin embargo, no elimina sus derechos. Por el contrario, el camino hacia el futuro estriba en el reconocimiento de nuestra humanidad común''.

El arzobispo recordó que durante su peregrinación a Tierra Santa, el Papa Francisco pidió que se pusiera fin a la inaceptable situación del conflicto palestino-israelí con estas palabras: ''Ha llegado el momento de que todos tengan la audacia de la generosidad y creatividad al servicio del bien, el valor de la paz, que se apoya en el reconocimiento, por parte de todos, del derecho de dos Estados a existir y a disfrutar de paz y seguridad dentro de unos confines reconocidos internacionalmente''.

''La aspiración legítima a la seguridad, por una parte, y a condiciones de vida dignas, por otra, con libre acceso a los medios de subsistencia, tales como medicinas, agua y trabajo, por ejemplo, reflejan un derecho humano fundamental, sin el cual es muy difícil mantener la paz'', prosiguió Tomasi, subrayando que el deterioro de la situación en Gaza ''nos recuerda constantemente que es necesario llegar a un alto el fuego inmediato y comenzar las negociaciones para una paz duradera''. Y a este propósito citó nuevamente una frase pronunciada por el Santo Padre en Tierra Santa: ''La paz traerá consigo incontables beneficios para los pueblos de esta región y para todo el mundo. Es necesario pues encaminarse con resolución hacia ella, también mediante la renuncia de cada uno a algo''. ''Corresponde a la comunidad internacional -agregó el arzobispo- emprender con entrega la búsqueda de la paz y ayudar a las partes de este horrible conflicto a llegar a un acuerdo para poner fin a la violencia y mirar hacia el futuro con confianza mutua''.

Por lo tanto, la Delegación de la Santa Sede ''reitera su opinión de que la violencia nunca paga. La violencia sólo traerá más sufrimiento, destrucción y muerte, e impedirá que la paz sea una realidad. La estrategia de la violencia puede ser contagiosa y convertirse en incontrolable. Para combatir la violencia y sus consecuencias nocivas tenemos que evitar acostumbrarnos a los asesinatos. En un momento en que la brutalidad es una práctica común y la violación de los derechos humanos es omnipresente, no debemos ser indiferentes sino responder de forma concreta para reducir un conflicto que nos afecta a todos'',

''Los medios de comunicación tendrían que informar de manera justa y sin prejuicios de la tragedia de todos los que sufren a causa del conflicto, con el fin de facilitar el desarrollo de un diálogo imparcial, que reconozca los derechos de todos, respete la legítima preocupación de la comunidad internacional y se beneficie de la solidaridad de la misma a la hora de respaldar los esfuerzos para lograr la paz. Con la vista puesta en el futuro, el círculo vicioso de la venganza y las represalias debe cerrarse. Con la violencia -concluyó retomando las palabras de Francisco durante su encuentro con los presidentes de Israel y Palestina en los Jardines Vaticanos- los hombres y las mujeres seguirán viviendo como adversarios o enemigos, pero con la paz podrán vivir como hermanos y hermanas''.


Lo que está ocurriendo en Gaza es una masacre, denuncia Patriarca Emérito de Jerusalén

El Patriarca Emérito de Jerusalén de los Latinos, Su Beatitud Michel Sabbah, denunció que en la Franja de Gaza está ocurriendo no una guerra, sino una masacre que solo está generando más odio entre israelíes y palestinos, pues ya ha provocado más de 600 muertos, además de la destrucción de viviendas, mezquitas e incluso centros de salud.
“Lo que está ocurriendo en Gaza no es una guerra, sino una masacre. Una masacre inútil, que no hará avanzar ni un paso a Israel hacia la paz y la seguridad. Por el contrario, con todos estos sacrificios humanos, los corazones de los israelíes y los palestinos se llenan de odio”, declaró el Patriarca a la agencia Fides.
“Los medios para alcanzar la paz sólo puede ser medios pacíficos. Desde hace sesenta años, estamos viendo que las guerras, las armas, las masacres son incapaces de obtener cualquier tipo de paz”, añadió.
El Patriarca afirmó que “la única manera de salir de la espiral de la violencia y la destrucción es abordar la cuestión de fondo, que es la ocupación israelí de los territorios palestinos. Habrá paz y seguridad sólo cuando Israel reconocerá la libertad y la soberanía del Estado palestino”.
“Pero tal vez es por eso que tenemos que esperar a una nueva generación de líderes israelíes. Los líderes actuales creen sólo en la fuerza militar. Tienen armas sofisticadas para matar, y no la fuerza para hacer la paz”, señaló.
Por su parte, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pidió hoy a Israel que trate de "contenerse" en sus ataques a Gaza y considerar a la población civil. “Mi mensaje es el mismo para israelíes y palestinos: paren de pelear y empiecen a hablar”, expresó en una conferencia de prensa desde Tel Aviv (Israel) junto al primer ministro, Benjamín Netanyahu.
Indicó que las partes deben ir a la raíz de este conflicto -que ya tiene décadas-, para evitar una escalada similar dentro de seis meses o un año.
Según el portavoz del Ministerio de Sanidad de Gaza, Ashraf Al Qedra, ya son 609 los palestinos muertos y otros 3.720 heridos desde que empezó la operación militar israelí. Indicó que de los muertos, dos terceras partes son civiles. De estos, 154 son niños, 58 mujeres y 38 ancianos.

Por el lado israelí, han muerto dos civiles y 27 soldados, además de unos cien heridos.
Fuente: Aciprensa

EL QUE QUIERA SER GRANDE, QUE SE HAGA SERVIDOR DE TODOS

Evangelio según San Mateo 20,20-28.

Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante Él para pedirle algo.

"¿Qué quieres?", le preguntó Jesús. Ella le dijo: "Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda".

"No saben lo que piden", respondió Jesús. "¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?". "Podemos", le respondieron.

"Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre".

Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. 

Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad.

Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".
News.va

jueves, 24 de julio de 2014

QUÉDATE CONMIGO

Señor, quédate conmigo durante este día,

y guía mis pensamientos y deseos,
mis acciones y mis proyectos.

Guía mis pasos
para que caminen ligeros al encuentro de los cansados y desanimados.

Guía mis manos
para que acompañen  a aquéllos que  se perdieron en el camino

Abre mis brazos,
para que pueda abrazar a los que se sienten solos y sin esperanza.

Ilumina mis ojos
Y vuelve atentos mis oídos al clamor de mis hermanos.

Ofréceme un corazón tierno, capaz de amar sin distinción.

Padre nuestro,
deposito en tu protección mi descanso y el de todos mis amigos y seres queridos.

Coloco en tus manos nuestra tierra, nuestras ciudades,
nuestro mundo tan azotado por la violencia,

Por las catástrofes, por las guerras y por las injusticias...
Ilumina, Señor, la mente y el corazón de los poderosos de la tierra.

Que siempre pueda, por tu gracia, abrir las manos para compartir
lo que soy y lo que tengo
y con tu ayuda pueda ver aparecer la aurora de un mundo nuevo.

GRACIAS, SEÑOR. AMÉN.

LA DECISIÓN MÁS IMPORTANTE. Mt 13, 44-52

El evangelio recoge dos breves parábolas de Jesús con un mismo mensaje. En ambos relatos, el protagonista descubre un tesoro enormemente valioso o una perla de valor incalculable. Y los dos reaccionan del mismo modo: venden con alegría y decisión lo que tienen, y se hacen con el tesoro o la perla. Según Jesús, así reaccionan los que descubren el reino de Dios.

Al parecer, Jesús teme que la gente le siga por intereses diversos, sin descubrir lo más atractivo e importante: ese proyecto apasionante del Padre, que consiste en conducir a la humanidad hacia un mundo más justo, fraterno y dichoso, encaminándolo así hacia su salvación definitiva en Dios.


¿Qué podemos decir hoy después de veinte siglos de cristianismo? ¿Por qué tantos cristianos buenos viven encerrados en su práctica religiosa con la sensación de no haber descubierto en ella ningún "tesoro"? ¿Dónde está la raíz última de esa falta de entusiasmo y alegría en no pocos ámbitos de nuestra Iglesia, incapaz de atraer hacia el núcleo del Evangelio a tantos hombres y mujeres que se van alejando de ella, sin renunciar por eso a Dios ni a Jesús?

Después del Concilio, Pablo VI hizo esta afirmación rotunda: "Solo el reino de Dios es absoluto. Todo lo demás es relativo". Años más tarde, Juan Pablo II lo reafirmó diciendo: "La Iglesia no es ella su propio fin, pues está orientada al reino de Dios del cual es germen, signo e instrumento". El Papa Francisco nos viene repitiendo: "El proyecto de Jesús es instaurar el reino de Dios".

Si ésta es la fe de la Iglesia, ¿por qué hay cristianos que ni siquiera han oído hablar de ese proyecto que Jesús llamaba "reino de Dios"? ¿Por qué no saben que la pasión que animó toda la vida de Jesús, la razón de ser y el objetivo de toda su actuación, fue anunciar y promover ese proyecto humanizador del Padre: buscar el reino de Dios y su justicia?

La Iglesia no puede renovarse desde su raíz si no descubre el "tesoro" del reino de Dios. No es lo mismo llamar a los cristianos a colaborar con Dios en su gran proyecto de hacer un mundo más humano, que vivir distraídos en prácticas y costumbres que nos hacen olvidar el verdadero núcleo del Evangelio.

El Papa Francisco nos está diciendo que "el reino de Dios nos reclama". Este grito nos llega desde el corazón mismo del Evangelio. Lo hemos de escuchar. Seguramente, la decisión más importante que hemos de tomar hoy en la Iglesia y en nuestras comunidades cristianas es la de recuperar el proyecto del reino de Dios con alegría y entusiasmo.



José Antonio Pagola

miércoles, 23 de julio de 2014

Elevación de la mente a Cristo salvador, De las oraciones atribuidas a santa Brígida


Alabanza eterna a ti, mi Señor Jesucristo, por todos y cada uno de los momentos que, en la cruz, sufriste las mayores amarguras y angustias por nosotros, pecadores; porque los dolores agudísimos procedentes de tus heridas penetraban intensamente en tu alma bienaventurada y atravesaban cruelmente tu corazón sagrado, hasta que dejó de latir y exhalaste el espíritu e, inclinando la cabeza, lo encomendaste humildemente a Dios, tu Padre, quedando tu cuerpo invadido por la rigidez de muerte.

Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que con tu sangre preciosa y tu muerte sagrada redimiste las almas y, por tu misericordia, las llevaste del destierro a la vida eterna.

Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que, por nuestra salvación, permitiste que tu costado y tu corazón fueran atravesados por la lanza y, para redimirnos, hiciste que de él brotara con abundancia tu sangre preciosa mezclada con agua.

Gloria a ti, mi Señor Jesucristo, porque quisiste que tu cuerpo bendito fuera bajado de la cruz por tus amigos y reclinado en los brazos de tu afligidísima madre, que ella lo envolviera en lienzos y fuera enterrado en el sepulcro, permitiendo que unos soldados montaran guardia.

Honor por siempre a ti, mi Señor Jesucristo, que enviaste el Espíritu Santo a los corazones de los discípulos y aumentaste en sus almas el inmenso amor divino.

Bendito seas tú, glorificado y alabado por los siglos, Señor Jesús, que estás sentado sobre el trono en tu reino de los cielos, en la gloria de tu divinidad, viviendo corporalmente con todos tus miembros santísimos, que tomaste de la carne de la Virgen. Y así has de venir el día del juicio a juzgar a las almas de todos los vivos y los muertos: tú que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén

ES NECESARIO NO SÓLO LLAMARSE CRISTIANOS, SINO SERLO EN REALIDAD. San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Magnesios

Ignacio, por sobrenombre Teóforo, es decir, Portador de Dios, a la Iglesia de Magnesia del Meandro, a la bendecida en la gracia de Dios Padre por Jesucristo, nuestro Salvador: mi saludo en él y mis votos por su más grande alegría en Dios Padre y en Jesucristo.

Después de enterarme del orden perfecto de vuestra caridad según Dios, me he determinado, con regocijo mío, a tener en la fe en Jesucristo esta conversación con vosotros. Habiéndose dignado el Señor honrarme con un nombre en extremo glorioso, voy entonando en estas cadenas que llevo por doquier un himno de alabanza a las Iglesias, a las que deseo la unión con la carne y el espíritu de Jesucristo, que es nuestra vida para siempre, una unión en la fe y en la caridad, a la que nada puede preferirse, y la unión con Jesús y con el Padre; en él resistimos y logramos escapar de toda malignidad del príncipe de este mundo, y así alcanzaremos a Dios.

Tuve la suerte de veros a todos vosotros en la persona de Damas, vuestro obispo, digno de Dios, y en la persona de vuestros dignos presbíteros Baso y Apolonio, así como del diácono Soción, consiervo mío, de cuya compañía ojalá me fuera dado gozar, pues se somete a su obispo como a la gracia de Dios, y al colegio de los presbíteros como a la ley de Jesucristo.

Es necesario que no tengáis en menos la poca edad de vuestro obispo, sino que, mirando en él el poder de Dios Padre, le tributéis toda reverencia. Así he sabido que vuestros santos presbíteros no menosprecian su juvenil condición; que salta a la vista, sino que, como prudentes en Dios, le son obedientes, o por mejor decir, no a él, sino al Padre de Jesucristo, que es el obispo o supervisor de todos. Así pues, para honor de aquel que nos ha amado es conveniente obedecer sin ningún género de fingimiento; porque no es a este o a aquel obispo que vemos a quien se trataría de engañar, sino que el engaño iría dirigido contra el obispo invisible; es decir, en este caso, ya no es contra un hombre mortal, sino contra Dios, a quien aun lo escondido está patente.

Es pues necesario no sólo llamarse cristianos, sino serlo en realidad; pues hay algunos que reconocen ciertamente al obispo su título de vigilante o supervisor, pero luego lo hacen todo a sus espaldas. Los tales no me parece a mí que tengan buena conciencia, pues no están firmemente reunidos con la grey, conforme al mandamiento.

Ahora bien, las cosas están tocando a su término, y se nos proponen juntamente estas dos cosas: la muerte y la vida, y cada uno irá a su propio lugar. Es como si se tratara de dos monedas, una de Dios y otra del mundo, que llevan cada una grabado su propio cuño: los incrédulos el de este mundo, y los que han permanecido fieles por la caridad, el cuño de Dios Padre, grabado por Jesucristo. Y si no estamos dispuestos a morir por él, para imitar su pasión, tampoco tendremos su vida en nosotros.

martes, 22 de julio de 2014

María Magdalena

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo". Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!". Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'". María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.
(San Juan 20,1-2.11-18)
El Evangelio de hoy es una fuente inagotable de palabras de vida eterna, pero quiero centrarme en el actuar de María Magdalena cuando llega al sepulcro.
María se queda llorando. El llanto es un sentimiento humano que nos permite desahogarnos. El llanto es una forma de expresar nuestro dolor ante alguna situación de la vida que no entendemos, y es lo que vive María Magdalena. Ella llora porque se han llevado al Maestro. ¿Por qué lloramos nosotros? Luego de ver el mundial, es lamentable las escenas de personas que lloraban con profundo dolor por la derrota de Brasil. Puede entenderse que esa cultura sea apasionada por el fútbol, pero ¿lloraríamos así cuando perdemos al Señor por culpa del pecado? Es la pregunta inicial que hoy nos debemos hacer. ¿Nos duele perder al Señor al punto de llorar su ausencia? Cristo mismo lloró cuando murió Lázaro, pero como sabiamente nos enseña San Basilio en su IV homilía sobre la acción de gracias: "Llorando así al amigo, dio a entender la comunicación de nuestra naturaleza, y juntamente nos enseñó a evitar los excesos; no queriendo que nos contristáramos demasiado con las adversidades, ni en las molestias y dolores nos mostremos indiferentes" (Hom IV. 5). De esta forma, esta parte nos muestra que debe dolernos el perder al Señor, a la vez que nos enseña a que el llanto es un sentimiento humano que debe darse en su justa medida.

Cuando llora, los ángeles se le muestran. Esta parte es hermosa, porque muestra que Dios no es indolente ante nuestras dificultades. María mientras llora se asoma y ve a dos ángeles. Igualmente esta parte nos muestra que el llanto no debe paralizarnos. Si María se queda fuera llorando y no entra, seguramente no hubiera visto a los ángeles. Dios hoy nos invita a no quedarnos derrotados ante la pena, ante la pérdida de un ser muy querido, ante un fracaso; hay que levantarse y seguir, y siguiendo podremos ver la presencia de Dios. No podemos seguir mostrando el dolor simplemente para quedarnos quietos por miedo. Hoy debemos pedir la fuerza del Espíritu Santo para seguir caminando al encuentro del Señor. El llanto en María por la pérdida del Señor la impulsa a caminar, a buscarlo a como dé lugar. ¿El llanto en nosotros a qué nos impulsa? Hoy debemos levantarnos a buscar la misericordia de Dios, a buscar su perdón, a no quedarnos inmersos en nuestros problemas creyendo que todo está acabado. Busca al Señor, reconciliate con él, recibe su Cuerpo y su Sangre, y así, podremos vivir como verdaderos creyentes.
María encuentra al Señor. El mensaje es ese, el que busca, encuentra. María le hace ver a los ángeles el por qué de su llanto, el por qué de su angustia. Y Cristo se le muestra. María al comienzo no lo reconoce pero luego lo reconoce. ¿Cuando? Dice el texto que cuando Cristo la llamó por su nombre. Qué hermoso es esto, saber que Cristo nos llama por nuestro nombre. Hoy cuando el mundo nos etiqueta de diferentes formas, cuando el mundo y la sociedad nos ve como productos, cuando la gente que nos ha hecho daño nos ha llamado de manera ofensiva, cuando nos señalan por nuestra fe, hoy el Señor nos llama por nuestro nombre; qué hermoso saberlo, como dice el profeta Isaías: El Señor me llamó desde el seno materno,desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. (Is 49, 2). Hoy el Señor nos invita a ir a su encuentro, a no buscarlo en donde el mundo aparente felicidad, sino como ovejas que oyen la voz de su pastor, saber que él viene a darnos una vida nueva, una vida eterna, y que nuestro nombre es único para Dios.
Fuente: Católicos firmes en su Fe

Nuestro Viaje hacia Dios nunca termina, incluso para los Santos


Cuando los católicos hablamos de conversión, nos referimos casi siempre al viaje de nuestros corazones, mentes y almas hacia Dios, no una experiencia instantánea, un aumento repentino de la fe y de la emoción, o un rayo de luz sobrenatural que nos sella para siempre como los elegidos. 

La idea de la fe como un camino está bien ilustrada en las vidas de algunos de los mayores apologistas del siglo XX. Thomas Merton subió la "montaña de siete pisos." CS Lewis pasó de la Iglesia de Irlanda al ateísmo de alto anglicanismo. Malcolm Muggeridge, un prominente periodista británico, pasó la mayor parte del siglo pasado en su camino a la conversión, que termina en la Iglesia a principios de 1980, el lo describió como un encontrar su "lugar de descanso". Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti, escribe San Agustín en sus Confesiones, por lo que muchos siglos antes. San Gregorio de Nisa dijo esto y mucho más:

San Gregorio, un Padre de Capadocia, que era más o menos contemporáneo de Agustín, habría estado de acuerdo que cuando encontramos a Dios nuestra inquietud llega a su fin y se sustituye por un tipo especial de paz que él llamó parresía. Pero nosotros no "descansamos" en el sentido de que nuestro camino espiritual haya terminado. ¿Cómo puede ser esto? He aquí una manera que San Gregorio describe en su “Tratado Contra Eunomius”, hablando de la creación en general: 

“ La creación alcanza la excelencia al participar en algo mejor que sí mismo; y, además, no sólo tuvo un comienzo en su ser, pero también se encuentra constantemente en un estado de comienzo para estar en la excelencia, por su avance continuo, mejora, ya que nunca se detiene en lo que se ha alcanzado, pero todo lo que se ha adquirido se convierte por la participación de un comienzo de su ascenso a algo aún más grande, y nunca cesa. “

Gregorio vio a la humanidad como a la realeza del orden creado. Ahora leamos las palabras anteriores de nuevo cuidadosamente. Gregorio no dice simplemente que crecemos continuamente en Dios, mientras que estamos en esta tierra, algo que es evidente entre los fieles católicos de hoy. Su afirmación es que estamos "en un constante estado de comienzo para estar en la excelencia", ya que nunca nos detenemos en lo que hemos alcanzado. En otras palabras: el progreso es de nunca allí termina-hay fin para el crecimiento de incluso los más avanzados espiritualmente. 

Para Gregorio, esto se aplica tanto, tal vez incluso más, a los santos para el resto de nosotros. Y es cierto no sólo en la tierra, pero más aún en el cielo. Como el teólogo Lucas Francisco Mateo-Seco dice, "La perfección no consiste en llegar a un fin, sino en correr sin parar nunca" (de The Brill Diccionario de Gregorio de Nisa.) 

Esta idea, conocida como “epectasis” se confirma de profundas reflexiones filosóficas de Gregorio sobre la naturaleza última de la realidad. También se toma directamente de las palabras de San Pablo en Filipenses 3:
” Esto no quiere decir que haya alcanzado la meta ni logrado la perfección, pero sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo no pretendo haberlo alcanzado. Digo solamente esto: olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia adelante y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús.” (12-14)

En el texto anterior, la frase en griego dice “epekteinomenos”, una forma del verbo epekteinomai, lo que significa “estirarse hacia” o “ ir en dirección de”. Esta palabra, que sólo aparece una vez en el Nuevo Testamento, es en realidad un compuesto de tres partes: epi (bajo), ek (de) y Teino (estirar). (Epectasis es la forma nominal.) 

Cada parte es esencial para entender lo que significa el término. Llegar a Dios de hecho implica un "estiramiento" de uno mismo, dada la brecha que existe entre lo humano y lo divino. Es un estiramiento que nos lleva a “salir de nosotros mismos”, "olvidarnos” a nosotros mismos, para usar el lenguaje de Pablo. Y este extenderse hacia fuera ,no es un estrirarse hacia fuera ciegamente en la oscuridad con la esperanza de que nos encontraremos algo o alguien allí. Es un estiramiento "sobre" El que Está allí. Hay una confianza, incluso la certeza, que se refleja en este término. De hecho, esta palabra significa mucho más de lo que creemos acerca de la condición humana, Dios, y cómo los dos están relacionados. Tal vez por eso resultó tan fructífera en las manos de un gran pensador como Gregorio.

Ahora, Gregorio no esta ciertamente diciendo que nunca se llega a Dios, o que la vida divina es inalcanzable incluso para los grandes santos como Paul. En cambio, él está postulando una paradoja: después de haber encontrado a Dios, lo seguimos buscando nuevamente. Para reafirmar esto en términos modernos, diremos que en amar a Dios, uno a la vez tiene tanto la emoción de la persecución y el placer de la captura. 

Y esto no es decir que vamos en círculos buscando y encontrando a Dios, en algún ciclo sin final que aparentemente no va a ninguna parte. Más bien, como ha explicado Mateo-Seco, es un proceso de constante progreso. Cada encuentro con Dios sólo amplía nuestra capacidad para experimentarlo más, profundizando nuestro deseo de Dios. "Cuanto más se llega a él, más se desea. El deseo de Dios trae consigo la paradoja gozosa de alcanzar lo que se desea, ampliando así la capacidad de un nuevo deseo ", escribe Mateo-Seco. 

La preocupación última de Gregorio está aquí centrada en los atributos divinos. Él era cuidadoso de cualquier relato de la vida espiritual que no mantuviera un profundo respeto por una vívida conciencia del infinito y de la trascendencia de Dios. Gregorio argumentó que nuestra experiencia de Dios, que es infinita bondad y amor, nunca podría estar agotada. Decir lo contrario, sugirió, es un insulto a Dios. En su tratado Sobre el alma y la resurrección, Gregorio comenta que "la insolencia de la saciedad no puede tocar" el "La Verdadera Belleza" de lo divino. 

En pocas palabras, Gregorio está diciendo que el infinito y la trascendencia de Dios significa que nunca se puede llegar a él con un sentido de finalidad. No hay punto final, no poste ni línea de meta. No hay límite a Dios y a su amor. Es por esto que el viaje no termina nunca, incluso para aquellos que han "encontrado" a Dios, incluso para grandes santos como Pablo y Gregorio de Nisa.

Fuente: Católicos firmes en su Fe. Autor: Stephen Beale