sábado, 31 de agosto de 2013

Aniversario de la muerte del Carldenal Martini


HACE un año, en la casa de los jesuitas en Gallarate, en la provincia de Varese, fallecía el cardenal Carlo Maria Martini.

El Papa Francisco ha calificado al cardenal Martini como un hombre de discernimiento y de paz, como un profeta y un hombre de paz, que nos ha ayudado a entender la relación entre la fe y la justicia.

Y ha descrito a Martini, por supuesto a nivel espiritual y eclesial, como un padre de la Iglesia, el padre para su diócesis, y padre para innumerables personas. El Papa Francisco recordó que también "ellos desde la otra parte del mundo habían recibido de Martini una gran contribución al conocimiento de la Biblia, y a la espiritualidad y la vida de fe, alimentada por la Palabra de Dios."

"Este sábado en el primer aniversario de la muerte del cardenal Maritni en la catedral de Milán a las 17.30 el Cardenal Arzobispo, Angelo Scola, presidirá una solemne Celebración eucarística en sufragio de su predecesor.(ER RV)

viernes, 30 de agosto de 2013

A los necesitados de luz y consolación


Es saludable reconocernos vulnerables

Todos o casi todos conocemos el sufrimiento físico y moral, el peso profundo del propio pecado, la oscuridad del misterio de Dios, la incógnita del futuro, lo difícil que es encajar el sufrimiento en la familia, la soledad, la enfermedad, la traición, las humillaciones, la incomprensión de los seres queridos, etc. Así es la condición humana. Así es la vida... Por eso buscamos consolación. Esta vida es maravillosa pero tiene luces y sombras.

Qué saludable es sentirnos vulnerables y que no nos dé vergüenza reconocerlo. Y luego, tener la humildad y el valor de pedirle a Dios consolación y fortaleza.

El consolador tiene un nombre

Jesucristo, al volver al Padre, no quiso dejarnos solos; vio que necesitaríamos compañía y consuelo para nuestra peregrinación camino al cielo. ¿Qué fue lo último que hizo en su vida terrena? Expiró. Exhaló el Espíritu", refiere san Mateo. (Mt 27, 50) Nos dejó su Espíritu.

"Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de Verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce" (Jn 14,16) "Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré" (Jn 16,7).

Lo más común en la oración es dirigirse a Dios Padre y a Dios Hijo. Al Espíritu Santo se le llama "el Gran Desconocido". Pero Jesucristo le llamó: "Paráclito", que significa "Consolador". Esa consolación que tanto buscamos tiene un nombre: Espíritu Santo. La consolación, más que un estado anímico, es el fruto de una presencia, la presencia de una Persona: la tercera persona de la Trinidad.

Cuando el Espíritu Santo se derrama sobre nosotros y nosotros lo acogemos como el "dulce huésped del alma" y somos fieles a sus inspiraciones, Él va produciendo sus frutos. Su presencia se demuestra con frutos. El don de Consolación abarca toda la realidad que Pablo enumera cuando habla de los frutos del Espíritu: caridad, gozo, paz, paciencia, afabilidad, bondad, longanimidad, fidelidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad. (cf Gál 5, 22-23) Por eso, si buscamos consolación, debemos acudir a la fuente y origen de todo consuelo.
P Evaristo Sada 

jueves, 29 de agosto de 2013

Ir hacia el futuro con los tres deseos que tienen en su corazón: la belleza, la bondad y la Verdad, el Papa a los jóvenes de la diócesis italiana de Piacenza-Bobbio


“Gracias de la visita, eh, comenzó diciendo el Papa a los jóvenes. Y les recordó: El obispo ha dicho que yo he hecho un gran gesto, al venir aquí. Pero... lo he hecho por egoísmo, ¿saber por qué? Porque me gusta estar con ustedes ¡eh! Y eso es un egoísmo…
 
¿Por qué me gusta estar con los jóvenes? Porque ustedes tienen en su corazón una promesa de esperanza. Ustedes son portadores de esperanza. Ustedes, es verdad, viven en el presente, pero ustedes están mirando hacia el futuro, ustedes son artífices del futuro, constructores del futuro. 

Y ésta les dijo el Papa Francisco, es su alegría, es algo bello ir hacia el futuro, con las ilusiones, con tantas cosas bellas y también con su responsabilidad. 
Y añadió: “Convertirse en constructores del futuro. Cuando a mí me dicen: “Pero, Padre, qué feos tiempos éstos… ¡Mira, no se puede hacer nada!”. ¿Cómo no se puede hacer nada? Y explico que ¡se puede hacer tanto! Pero cuando un joven me dice: “¡Qué feos tiempos, éstos, Padre, no se pude hacer nada!”, lo mando del psiquiatra, ¡eh! Porque… es verdad, ¡eh! ¡No se entiende! No se entiende a un joven, a un muchacho, a una muchacha que no quieran hacer una cosa grande, apostar por ideales grandes, grandes para el futuro, ¿no? Después harán lo que puedan, ¿no? Pero la apuesta es por las cosas grandes y bellas”. 

Entre otros conceptos el Papa les explicó que son artífices del futuro porque dentro de ellos tienen tres deseos: el deseo de la belleza; la música, el teatro, la pintura, las cosas de belleza, son buscadores de belleza. En segundo lugar son profetas de bondad. Les gusta la bondad. Ser buenos. Y tercero, tienen sed de Verdad: buscan la Verdad… Y añadió que si dicen que ellos tienen la verdad, se equivocan, porque a la Verdad no se la tiene, no la llevamos… se la encuentra. 

Es un encuentro, con la Verdad que es Dios, pero que es necesario buscarla. De ahí su invitación a llevar adelante estos tres deseos que tienen en su corazón. Ir adelante, hacia el futuro y hacer el futuro con la belleza, con la bondad y con la Verdad. Éste es el desafío. Su desafío, les dijo el Papa.

Por eso les pidió que no sean holgazanes ni tristes, porque es algo feo en un joven. También les pidió que hagan ruido. Porque donde hay jóvenes debe haber rumor. Puesto que la ilusión de un joven es hacer rumor siempre. Y por favor, les dijo, vayan contracorriente y sean valerosos en esta civilización que nos está haciendo tanto mal con el alcohol y las drogas...

Antes de darles su bendición apostólica, los invitó a rezar a la Virgen, que es la Madre de la belleza, la Madre de la bondad y la Madre de la Verdad, para pedirle la gracia del coraje: porque la Virgen era valerosa. ¡Tenía coraje, esta mujer!, exclamó el Papa. De ahí su invitación a pedirle a Ella que está en el Cielo, y que es nuestra Madre, que nos de la gracia del valor para ir hacia adelante y contracorriente.

Tras rezar con los jóvenes el Ave María y darles la bendición, sonriendo el Papa Francisco les dijo: 
“Y les pido que recen por mí, porque este trabajo es un trabajo insalubre, ¡eh!, no hace bien...
¡Recen por mí”!
(María Fernanda Bernasconi – RV). 

miércoles, 28 de agosto de 2013

San Agustín: No sabemos pedir lo que nos conviene

Quizá me preguntes aún por qué razón dijo el Apóstol que no sabemos pedir lo que nos conviene, siendo así que podemos pensar que tanto el mismo Pablo como aquellos a quienes él se dirigía conocían la oración dominical.

Porque el Apóstol experimentó seguramente su incapacidad de orar como conviene, por eso quiso manifestarnos su ignorancia; en efecto, cuando, en medio de la sublimidad de sus revelaciones, le fue dado el aguijón de su carne, el ángel de Satanás que lo apaleaba, desconociendo la manera conveniente de orar, Pablo pidió tres veces al Señor que lo librara de esta aflicción. Y oyó la respuesta de Dios y el porqué no se realizaba ni era conveniente que se realizase lo que pedía un hombre tan santo: Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad.

Ciertamente, en aquellas tribulaciones que pueden ocasionarnos provecho o daño no sabemos cómo debemos orar; pues como dichas tribulaciones nos resultan duras y molestas y van contra nuestra débil naturaleza, todos coincidimos naturalmente en pedir que se alejen de nosotros. Pero, por el amor que nuestro Dios y Señor nos tiene, no debemos pensar que si no aparta de nosotros aquellos contratiempos es porque nos olvida; sino más bien, por la paciente tolerancia de estos males, esperemos obtener bienes mayores, y así la fuerza se realiza en la debilidad.

Esto, en efecto, fue escrito para que nadie se enorgullezca si, cuando pide con impaciencia, es escuchado en aquello que no le conviene, y para que nadie decaiga ni desespere de la misericordia divina si su oración no es escuchada en aquello que pidió y que, posiblemente, o bien le sería causa de un mal mayor o bien ocasión de que, engreído por la prosperidad, corriera el riesgo de perderse. En tales casos, ciertamente, no sabemos pedir lo que nos conviene.


Por tanto, si algo acontece en contra de lo que hemos pedido, tolerémoslo con paciencia y demos gracias a Dios por todo, sin dudar en lo más mínimo de que lo más conveniente para nosotros es lo que acaece según la voluntad de Dios y no según la nuestra. 

De ello nos dio ejemplo aquel divino Mediador, el cual dijo en su pasión: Padre, si es posible, que pase y se aleje de mi ese cáliz, pero, con perfecta abnegación de la voluntad humana que recibió al hacerse hombre, añadió inmediatamente: Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. Por lo cual, entendemos perfectamente que por la obediencia de uno todos se convertirán en justos. 

martes, 27 de agosto de 2013

Acoger el Amor de Dios

Entender que Cristo es Dios, que tenemos un Padre en los cielos que nos ama, que el Espíritu Santo habita en nuestros corazones, sólo es posible desde una actitud de acogida.

Es cierto que nadie nos puede obligar a creer o amar. Como también es cierto que el camino más fácil, más directo, más decisivo para aceptar el Evangelio consiste en acoger el Amor de Dios al darnos cuenta de la gran verdad: Él me amó primero.

De modo más radical, sorprende descubrir que el amor llegó a nosotros precisamente cuando estábamos lejos, cuando el pecado nos había herido, cuando no lo merecíamos. Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan... dice el Señor por medio del profeta Oseas (cf. Os 14,5).

San Pablo lo recordará con palabras bañadas en el fuego del Espíritu: En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos -en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir-; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros (Rm 5,6-8).

A partir de esa certeza, convertida en experiencia, arranca mi condición cristiana, en la que se unen el amor a Dios y el amor al prójimo: Nosotros amemos, porque Él nos amó primero (1Jn 4,19).

Sí, soy cristiano desde su Amor y para amar. Soy cristiano porque me abro, cada mañana, cada minuto, a la certeza de su cercanía y su misericordia. Soy cristiano cuando empiezo a acoger, con gozo y esperanza, a Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María.

P. Fernando Pascual

lunes, 26 de agosto de 2013

Papa Francisco: Entrar por la puerta estrecha

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 


El Evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre el tema de la salvación. Jesús está saliendo de Galilea hacia la ciudad de Jerusalén y a lo largo del camino un tal – relata el evangelista Lucas – se le acerca y le pregunta: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” (13, 23). Jesús no responde directamente a la pregunta: no es importante saber cuántos se salvan, sino que más bien es importante saber cuál es el camino de la salvación. 
Y he aquí entonces que a la pregunta Jesús responde diciendo: “Luchen por entrar por la puerta estrecha, porque, les digo, muchos pretenderán entrar y no podrán”. (v. 24). ¿Qué quiere decir Jesús? ¿Cuál es la puerta por la que debemos entrar? ¿Y por qué Jesús habla de una puerta estrecha? 

La imagen de la puerta vuelve varias veces en el Evangelio y se remonta a la de la casa, a la del hogar doméstico, donde encontramos seguridad, amor y calor. Jesús nos dice que hay una puerta que nos hace entrar en la familia de Dios, en el calor de la casa de Dios, de la comunión con Él. 

Y esa puerta es el mismo Jesús (Cfr. Jn 10, 9). Él es la puerta. Él es el pasaje para la salvación. Él nos conduce al Padre. Y la puerta que es Jesús jamás está cerrada, esta puerta jamás está cerrada. Está abierta siempre y a todos sin distinción, sin exclusiones, sin privilegios.

Porque saben, Jesús no excluye a nadie. Alguno de ustedes quizá podrá decirme, pero Padre, yo estoy excluido, porque soy un gran pecador. He hecho cosas feas. He hecho tantas en la vida. No, no estás excluido. Precisamente por esto eres el preferido. Porque Jesús prefiere al pecador. Siempre, para perdonarlo, para amarlo. Jesús te está esperando para abrazarte, para perdonarte. No tengas miedo. Él te espera. Anímate, ten coraje para entrar por su puerta. 

Todos somos invitamos a pasar esta puerta, a atravesar la puerta de la fe, a entrar en su vida, y a hacerlo entrar en nuestra vida, para que Él la transforme, la renueve, le de alegría plena y duradera.

En la actualidad pasamos ante tantas puertas que invitan a entrar prometiendo una felicidad que después, nos damos cuenta de que duran un instante. Que se agota en sí misma y que no tiene futuro. Pero yo les pregunto: ¿Por cuál puerta queremos entrar? Y ¿a quién queremos hacer entrar por la puerta de nuestra vida? 

Quisiera decir con fuerza: no tengamos miedo de atravesar la puerta de la fe en Jesús, de dejarlo entrar cada vez más en nuestra vida, de salir de nuestros egoísmos, de nuestras cerrazones, de nuestras indiferencias hacia los demás. 

Porque Jesús ilumina nuestra vida con una luz que no se apaga jamás. No es un fuego artificial, un flash, no, es una luz tranquila, que dura siempre. Y que nos da paz. Así es la luz que encontramos si entramos por la puerta de Jesús.

Ciertamente la de Jesús es una puerta estrecha, no porque es una sala de tortura, no por eso. Sino porque nos pide abrir nuestro corazón a Él, reconocernos pecadores, necesitados de su salvación, de su perdón, de su amor, de tener la humildad de acoger su misericordia y hacernos renovar por Él. 

Jesús en el Evangelio nos dice que el ser cristianos no es tener una “etiqueta”. Y yo les pregunto a ustedes: ¿Ustedes son cristianos de etiqueta o de verdad? Eh esa se responde dentro. No cristianos, jamás cristianos de etiqueta, cristianos de verdad, de corazón. Ser cristianos es vivir y testimoniar la fe en la oración, en las obras de caridad, en promover la justicia, en realizar el bien. 

Por la puerta estrecha que es Cristo debe pasar toda nuestra vida. 

A la Virgen María, Puerta del Cielo, le pedimos que nos ayude a pasar la puerta de la fe, a dejar que su Hijo transforme nuestra existencia como ha transformado la suya para llevar a todos la alegría del Evangelio.
Angelus domini...

(María Fernanda Bernasconi – RV).



sábado, 24 de agosto de 2013

Ha resplandecido sobre nosotros la luz de tu rostro, de San Ambrosio

¿Por qué nos escondes tu rostro? Cuando estamos afligidos por algún motivo nos imaginamos que Dios nos esconde su rostro, porque nuestra parte afectiva está como envuelta en tinieblas que nos impiden ver la luz de la verdad. En efecto, si Dios atiende a nuestro estado de ánimo y se digna visitar nuestra mente, entonces estamos seguros de que no hay nada capaz de oscurecer nuestro interior. Porque, si el rostro del hombre es la parte más destacada de su cuerpo, de manera que cuando nosotros vemos el rostro de alguna persona es cuando empezamos a conocerla, o cuando nos damos cuenta de que ya la conocíamos, ya que su aspecto nos lo da a conocer, ¿cuánto más no iluminará el rostro de Dios a los que él mira?

En esto, como en tantas otras cosas, el Apóstol, verdadero intérprete de Cristo, nos da una enseñanza magnífica, y sus palabras ofrecen a nuestra mente una nueva perspectiva. Dice, en efecto: El Dios que dijo: «Brille la luz del seno de la tiniebla» ha brillado en nuestros corazones, para que nosotros iluminemos, dando a conocer la gloria de Dios, reflejada en Cristo. Vemos, pues, de qué manera brilla en nosotros la luz de Cristo. Él en efecto, el resplandor eterno de las almas, ya que para esto lo envió el Padre al mundo, para que, iluminados por su rostro, podamos esperar las cosas eternas y celestiales, nosotros que antes nos hallábamos impedidos por la oscuridad de este mundo.

¿Y qué digo de Cristo, si el mismo apóstol Pedro dijo a aquel cojo de nacimiento: Míranos? Él miró a Pedro y quedó iluminado con el don de la fe; porque no hubiese sido curado si antes no hubiese creído confiadamente.

Si ya el poder de los apóstoles era tan grande, comprendemos por qué Zaqueo, al oír que pasaba el Señor Jesús, subió a un árbol, ya que era pequeño de estatura y la multitud le impedía verlo. Vio a Cristo y encontró la luz, lo vio y él, que antes se apoderaba de lo ajeno, empezó a dar lo que era suyo.


¿Por qué nos escondes tu rostro?, esto es: «Aunque nos escondes tu rostro, Señor, a pesar de todo, ha resplandecido sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor. A pesar de todo, poseemos esta luz en nuestro corazón y brilla en lo íntimo de nuestro ser; porque nadie puede subsistir, si le escondes tu rostro».

martes, 20 de agosto de 2013

SAN BERNARDO DE CLARAVAL, CISTERCIENSE, DOCTOR DE LA IGLESIA

Bernardo de Fontaines nació en Dijon, Borgoña (Francia) en 1090. Ingresó al Convento de Monjes Benedictinos llamado Cister a los 22 años, pero además convenció a familiares y amigos a que entraran junto con él (ingresaron alrededor de 30). Dos años después funda un monasterio, Claraval,  del que es nombrado abad. Allí es donde forja su santidad. Durante su vida fundó más de 300 conventos. Tenía el don de atraer a jóvenes a la vida religiosa, además hizo llegar a la santidad a muchos de sus discípulos, lo llamaban “el cazador de almas y vocaciones”. Sus sermones hacían vibrar a la gente. Uno de sus discípulos llegó a ser Sumo Pontífice, Eugenio III.
 

Entre sus numerosas obras, cabe destacar De amore Dei, donde San Bernardo muestra que la manera de amar a Dios es amarle sin medida,  "De consideratione" dirigido al Papa Eugenio III, más de trescientos sermones y muchos poemas. Señaló tres etapas en el camino hacia la experiencia mística: la vida práctica, la vida contemplativa y el éxtasis, momento en que el alma se une a Dios. Muy devoto de la Santísima Virgen María, escribió “-Si se levanta la tempestad de las tentaciones, si caes en el escollo de las tristezas, eleva tus ojos a la Estrella del Mar: ¡invoca a María!”.

 A San Bernardo se le deben las últimas palabras de la Salve: "Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María", así como la bellísima oración del "Acordaos."Murió a los 63 años, el 20 de agosto de 1153. Fue Canonizado en 1174 por Alejandro III. Posteriormente fue declarado Doctor de la Iglesia por Pío VIII en 1830.


Oración:

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

lunes, 19 de agosto de 2013

PAPA FRANCISCO: RENOVACIÓN SIN TEMORES

Una invitación a dejarse renovar por el Espíritu Santo, a no tener miedo de lo nuevo, a no temer la renovación en la vida de la Iglesia, fue lo que expresó el Papa Francisco.

Comentando el evangelio del día (Mt 9, 14-17) el Pontífice destacó el espíritu innovador que animaba a Jesús. «Por ejemplo —destacó—, Jesús decía: “la ley permite odiar al enemigo; pero yo te digo que recéis por el enemigo, no odiéis”». El hecho es que «la doctrina de la ley se enriquece y se renueva con Jesús». Por lo demás es «Jesús mismo quien dice: “yo hago nuevas todas las cosas”. Como si su vocación fuese la de renovar todo. Y esto es el Reino de Dios que Jesús predica. Es una renovación, una renovación auténtica. Y esta renovación está ante todo en nuestro corazón».

A quien piensa que la vida cristiana consista sólo en una serie de cumplimientos, el Papa Francisco recordó que «ser cristiano significa dejarse renovar por Jesús en una nueva vida». Ser cristiano significa dejarse renovar por el Espíritu Santo, convertirse en vino nuevo.

En la vida cristiana, y también en la vida de la Iglesia, existen estructuras caducas. Es necesario renovarlas. Es un trabajo «que la Iglesia siempre ha hecho, desde el primer momento». La Iglesia —agregó— siempre ha ido adelante de este modo, dejando que el Espíritu Santo sea quien renueve las estructuras.

Quien lleva adelante estas novedades —prosiguió el Papa— es desde siempre el Espíritu Santo. Por ello, el Pontífice recordó el día de Pentecostés, subrayando la presencia de María junto a los apóstoles. Concluyendo la homilía el Obispo de Roma hizo una invitación: pedir «la gracia de no tener miedo de la novedad del Evangelio, de no tener miedo de la renovación que realiza el Espíritu Santo, de no tener miedo a dejar caer las estructuras caducas que nos aprisionan. Y si tenemos miedo sabemos que con nosotros está la madre». Ella, como dice la más antigua antífona, “protege con su manto, con su protección de Madre”».
 

domingo, 18 de agosto de 2013

Hoy necesito que me escuches, Señor

Todos los días hablo contigo, Señor.
A veces más, otras veces estoy más despistado, y, simplemente un "Buenas días" o "Buenas noches". Pero siempre sé que estás ahí, cerca de mí, cuidando de mí y de mis hermanos.

Cuando te siento más cerca, te cuento mis problemas, mis aciertos, lo bueno o malo de cada día. Muchas veces me olvido de darte las gracias. 


Hoy no, no quiero olvidarme y quiero empezar dándote las gracias, Señor, por mi vida, por mi familia, por mi fe, porque sé que me amas, por tantas cosas...

Quiero pedirte perdón, por todos mis fallos, porque no eres siempre el centro de mi vida, por mi falta de humildad, porque no sé corresponder a Tú Amor, porque no amo a mis hermanos como Tú me enseñaste amarlos.

Hoy, como siempre, también voy a pedirte, ya sé que siempre te estoy pidiendo, pero Señor, Tú lo dijiste. "Pedid y se os dará".


Hay muchas personas a mi alrededor enfermas, personas que te aman, que te siguen, que son ejemplo para los demás. Y están sufriendo, Señor, yo hoy quiero pedirte especialmente por ellas, quiero que seas consuelo en su sufrimiento, quiero que ayudes en su curación; y si no puede ser, que sepan aceptar tus designios.

Te doy las gracias Señor, sé que harás lo mejor para cada uno de ellos y yo seguiré rezando y pidiendo por todos y cada uno de ellos.

H. de Carmen

domingo, 11 de agosto de 2013

Papa Francisco. La paciencia de Dios

No existe «un protocolo de la acción de Dios en nuestra vida», pero podemos estar seguros de que, tarde o temprano, interviene «a su modo». Por ello no podemos dejarnos llevar por la impaciencia o por el escepticismo, porque cuando nos desanimamos y «decidimos bajar de la cruz, lo hacemos siempre cinco minutos antes de la revelación». Saber aceptar y reconocer los tiempos de Dios fue la invitación del Papa durante la misa que celebró el viernes 28 de junio en la capilla de la Domus Sanctae Mathae.

Dios camina siempre con nosotros «y esto es seguro», dijo el Pontífice. «Desde el primer momento de la creación —explicó— el Señor se involucró con nosotros. Nos creó a su imagen y semejanza». El Señor está cerca de su pueblo, muy cerca, Él mismo lo dice: ¿Qué nación tiene un Dios tan cercano como vosotros?».

«Esta cercanía del Señor —afirmó el Papa— es un signo de su amor. La vida es un camino que Él ha querido recorrer junto a nosotros». Pero, precisó, «cuando el Señor viene, no siempre lo hace de la misma manera. No existe un protocolo de la acción de Dios en nuestra vida. Una vez lo hace de una manera, y en otra ocasión lo hace distinto. Pero lo hace siempre». «El Señor toma su tiempo —continuó el Pontífice—, pero también, en esta relación con nosotros, tiene mucha paciencia. Nos espera hasta el final de la vida, como al buen ladrón que al final reconoció a Dios».


«En la vida, algunas veces, las cosas llegan a ser muy oscuras —explicó el Papa—. Y sentimos ganas, si estamos en dificultad, de bajar de la cruz. Y éste es el momento preciso: la noche es más oscura cuando el alba se acerca. Siempre cuando bajamos de la cruz, lo hacemos cinco minutos antes de que venga la revelación. Es el momento de la impaciencia más grande». Aquí nos ayuda la enseñanza de Jesús que «en la cruz sentía que lo desafiábamos: “¡baja!, ¡ven!”». Se requiere «paciencia hasta el final, porque Él tiene paciencia con nosotros».

sábado, 10 de agosto de 2013

SEGUIR A CRISTO


En los tres Evangelios, este seguirle en el signo de la cruz... como el camino del "perderse a sí mismo", que es necesario para el hombre y sin el cual le resulta imposible encontrarse a sí mismo. 

Como a los discípulos, también a nosotros Jesús nos dirige la invitación: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame". 

El cristiano sigue al Señor cuando acepta con amor la propia cruz, a pesar de que a los ojos del mundo aparece como un fracaso y una "pérdida de la vida", sabiendo que no la lleva solo, sino con Jesús, compartiendo su mismo camino de donación. 

Escribe el Siervo de Dios Pablo VI: "Misteriosamente, el mismo Cristo, para erradicar del corazón del hombre el pecado de la presunción y manifestar al Padre una obediencia íntegra y filial, acepta... morir en una cruz".

 Aceptando voluntariamente la muerte, Jesús lleva la cruz de todos los hombres y se convierte en fuente de salvación para toda la humanidad. San Cirilo de Jerusalén comenta: "La cruz victoriosa ha iluminado a quien estaba ciego por la ignorancia, ha liberado a quien era prisionero del pecado, ha llevado la redención a toda la humanidad" 

(Benedicto XVI, 28 de agosto de 2011).

viernes, 9 de agosto de 2013

La Transfiguración del Señor


La Transfiguración del Señor es particularmente importante para nosotros por lo que viene a significar. Por una parte, significa lo que Cristo es; Cristo que se manifiesta como lo que Él es ante sus discípulos: como Hijo de Dios. Pero,además, tiene para nosotros un significado muy importante, porque viene a indicar lo que somos nosotros, a lo que estamos llamados, cuál es nuestra vocación.

Cuando Pedro ve a Cristo transfigurado, resplandeciente como el sol, con sus vestiduras blancas como la nieve, lo que está viendo no es simplemente a Cristo, sino que, de alguna manera, se está viendo a sí mismo y a todos nosotros. Lo que San Pedro ve es el estado en el cual nosotros gloriosos viviremos por la eternidad.

Es un misterio el hecho de que nosotros vayamos a encontrarnos en la eternidad en cuerpo y alma. Y Cristo, con su verdadera humanidad, viene a darnos la explicación de este misterio. Cristo se convierte, por así decir, en la garantía, en la certeza de que, efectivamente, nuestra persona humana no desaparece, de que nuestro ser, nuestra identidad tal y como somos, no se acaba. 
Está muy dentro del corazón del hombre el anhelo de felicidad, el anhelo de plenitud. Muchas de las cosas que hacemos, las hacemos precisamente para ser felices. Yo me pregunto si habremos pensado alguna vez que nuestra felicidad está unida a Jesucristo; más aún, que la Transfiguración de Cristo es una manifestación de la verdadera felicidad. 

Si de alguna manera nosotros quisiéramos entender esta unión, podríamos tomar el Evangelio y considerar algunos de los aspectos que nos deja entrever. En primer lugar, la felicidad es tener a Cristo en el corazón como el único que llena el alma, como el único que da explicación a todas las obscuridades, como dice Pedro: "¡Qué bueno es estar aquí contigo!". Pero, al mismo tiempo, tener a Cristo como el único que potencia al máximo nuestra felicidad. 

Las personas humanas a veces pretendemos ser felices por nosotros mismos, con nosotros mismos, pero acabamos dándonos cuenta de que eso no se puede. Cuántas veces hay amarguras tremendas en nuestros corazones, cuántas veces hay pozos de tristeza que uno puede tocar cuando va caminando por la vida. 

¿Sabemos nosotros llenar esos pozos de tristeza, de amargura o de ceguera con la auténtica felicidad, que es Cristo? Cuando tenemos en nuestra alma una decepción, un problema, una lucha, una inquietud, una frustración, ¿sabemos auténticamente meter a Jesucristo dentro de nuestro corazón diciéndole: «¡Qué bueno es estar aquí!»?

Hay una segunda parte de la felicidad, la cual se ve simbolizada en la presencia de Moisés y de Elías. Moisés y Elías, para la mentalidad judía, no son simplemente dos personaje históricos, sino que representan el primero la Ley, y el segundo a los Profetas. Ellos nos hablan de la plenitud que es Cristo como Palabra de Dios, como manifestación y revelación del Señor a su pueblo. La plenitud es parte de la felicidad. Cuando uno se siente triste es porque algo falta, es porque no tiene algo. Cuando una persona nos entristece, en el fondo, no es por otra cosa sino porque nos quitó algo de nuestro corazón y de nuestra alma. Cuando una persona nos defrauda y nos causa tristeza, es porque no nos dio todo lo que nosotros esperábamos que nos diera. Cuando una situación nos pone tristes o cuando pensamos en alguien y nos entristecemos es porque hay siempre una ausencia; no hay plenitud.

La Transfiguración del Señor nos habla de la plenitud, nos habla de que no existen carencias, de que no existen limitaciones, de que no existen ausencias. Cuántas veces las ausencias de los seres queridos son tremendos motivos de tristeza y de pena. Ausencias físicas unas veces, ausencias espirituales otras; ausencias producidas por una distancia que hay en kilómetros medibles, o ausencias producidas por una distancia afectiva.

Aprendamos a compartir con Cristo todo lo que Él ha venido a hacer a este mundo. El saber ofrecernos, ser capaces de entregarnos a nuestro Señor cada día para resucitar con Él cada día. "Si con Él morimos -dice San Pablo- resucitaremos con Él. Si con Él sufrimos, gozaremos con Él". La Transfiguración viene a significar, de una forma muy particular, nuestra unión con Cristo.

Ojalá que en este día no nos quedemos simplemente a ver la Transfiguración como un milagro más, tal vez un poquito más espectacular por parte de Cristo, sino que, viendo a Cristo Transfigurado, nos demos cuenta de que ésa es nuestra identidad, de que ahí está nuestra felicidad. Una felicidad que vamos a ser capaces de tener sola y únicamente a través de la comunión con los demás, a través de la comunión con Dios. Una felicidad que no va a significar otra cosa sino la plenitud absoluta de Dios y de todo lo que nosotros somos en nuestra vida; una felicidad a la que vamos a llegar a través de ese estar con Cristo todos los días, muriendo con Él, resucitando con Él, identificándonos con Él en todas las cosas que hagamos.

Pidamos para nosotros la gracia de identificarnos con Cristo como fuente de felicidad. Pidámosla también para los que están dentro de nuestro corazón y para aquellas personas que no son capaces de encontrar que estar con Cristo es lo mejor que un hombre o que una mujer pueden tener en su vida.
P. Cipriano Sánchez

Comentario evangélico para el domingo 11 de agosto de 2013 / 19 Tiempo ordinario(C) / Lucas 12, 32-48

Lucas ha recopilado en su evangelio unas palabras, llenas de afecto y cariño, dirigidas por Jesús a sus seguidores y seguidoras. Con frecuencia, suelen pasar desapercibidas. Sin embargo, leídas hoy con atención desde nuestras parroquias y comunidades cristianas, cobran una sorprendente actualidad. Es lo que necesitamos escuchar de Jesús en estos tiempos no fáciles para la fe.
“Mi pequeño rebaño”. Jesús mira con ternura inmensa a su pequeño grupo de seguidores. Son pocos. Tienen vocación de minoría. No han de pensar en grandezas. Así los imagina Jesús siempre: como un poco de “levadura” oculto en la masa, una pequeña “luz” en medio de la oscuridad, un puñado de “sal” para poner sabor a la vida.
Después de siglos de “imperialismo cristiano”, los discípulos de Jesús hemos de aprender a vivir en minoría. Es un error añorar una Iglesia poderosa y fuerte. Es un engaño buscar poder mundano o pretender dominar la sociedad. El evangelio no se impone por la fuerza. Lo contagian quienes viven al estilo de Jesús haciendo la vida más humana.
“No tengas miedo”. Es la gran preocupación de Jesús. No quiere ver a sus seguidores paralizados por el miedo ni hundidos en el desaliento. No han de perder nunca la confianza y la paz. También hoy somos un pequeño rebaño, pero podemos permanecer muy unidos a Jesús, el Pastor que nos guía y nos defiende. El
nos puede hacer vivir estos tiempos con paz.
“Vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino”. Jesús se lo recuerda una vez más. No han de sentirse huérfanos. Tienen a Dios como Padre. Él les ha confiado su proyecto del reino. Es su gran regalo. Lo mejor que tenemos en nuestras comunidades: la tarea de hacer la vida más humana y la esperanza de encaminar la historia hacia su salvación definitiva.
“Vended vuestros bienes y dad limosna”. Los seguidores de Jesús son un pequeño rebaño, pero nunca han de ser una secta encerrada en sus propios intereses. No vivirán de espaldas a las necesidades de nadie. Será comunidades de puertas abiertas. Compartirán sus bienes con los que necesitan ayuda y solidaridad. Darán limosna, es decir “misericordia”. Este es el significado original del término griego.

Los cristianos necesitaremos todavía algún tiempo para aprender a vivir en minoría en medio de una sociedad secular y plural. Pero hay algo que podemos y debemos hacer sin esperar a nada: transformar el clima que se vive en nuestras comunidades y hacerlo más evangélico. El Papa Francisco nos está señalando el camino con sus gestos y su estilo de vida. 
José Antonio Pagola

Papa Francisco. Jesús y San Cayetano. 2013

lunes, 5 de agosto de 2013

Hablar de Dios con alegría


Miles de corazones esperan que alguien les lleve luz, alegría, esperanza. Miles de corazones necesitan y piden que alguien les hable de Dios.

Por eso, una de las misiones más urgentes que tenemos los católicos consiste precisamente en hablar de Dios.

Es cierto que sin el ejemplo las palabras suenan vacías. Por eso, el primer modo de hablar consiste precisamente en el testimonio de la vida.

Son mis gestos, mis acciones, los que más hablan de las convicciones que guardo en el corazón. Sólo si mi vida corresponde al Evangelio estaré en condiciones de susurrar, de anunciar, de gritar incluso, verdades llenas de esperanza.

Luego, desde la coherencia de vida y desde la alegría, podré hablar de Dios a tantos hermanos necesitados.

Hermanos que viven muy cerca: un familiar, un amigo, un compañero de trabajo. Hermanos que tal vez están lejos, pero a los que pueden llegar letras y sonidos gracias a las mil posibilidades abiertas en el mundo de Internet.

Tras ese deseo se esconde Dios mismo, que suscita nostalgias, que llama a los hijos, que desea celebrar una fiesta grande, hermosa, eterna, en el Reino de los cielos.

Ese Dios me invita hoy a hablar de Él con alegría, desde mi vida, desde mis plegarias, desde palabras que salen de lo más íntimo del alma. Mi testimonio será creíble si me dejo guiar por la fuerza del Espíritu y si me alimento con un Pan y un Vino convertidos en el Cuerpo y en la Sangre del Cordero que quita el pecado del mundo.

P. Fernando Pascual

EL PAPA BUENO: JUAN XXIII


Estando Juan XXIII, de Nuncio en Paris, encontróse con el Rabino principal de Francia, también fornido, ante la puerta de un ascensor estrecho, en el que imposible cupiesen ambas humanidades.---"Despues de usted"-le dijo cortésmente el Rabino.

-De ninguna manera -le contestó el Nuncio Roncalli- ¡Por favor, usted el primero!.

Siguió el forcejeo de cortesías, hasta que lo resolvió Roncalli, con la mejor de sus sonrisas:

-Es necesario que suba usted antes que yo, ya que siempre va delante el Antiguo Testamento, y sólo después, el Nuevo Testamento.

Hay personas que están siempre de buen humor. Todo les cae bien, bendicen siempre, y sonríen; su sonrisa es acogedora y, de esta forma, todo les sonríe en la vida.

Juan XXIII era de espíritu abierto, afable, condescendiente, misericordioso y tolerante, dotado con un extraordinario sentido del humor. No se tomó a sí mismo demasiado en serio, a pesar de que su figura era bien pesada. Se reía de sus debilidades.

Observando un día una de sus fotos se dirigió a Monseñor Fulton Sheen, diciéndole. "El buen Dios, que ya sabía que yo iba a ser elegido Papa, ¿no pudo haberme hecho algo más fotogénico?.

Tenía una imagen positiva, se apreciaba , estaba satisfecho con todo lo que el Señor le había dado.

El Papa Bueno en todo y en todos descubría algo bueno.. Trataba de ver el lado bueno de las cosas, de los acontecimientos, y, sobre todo, de las personas. Se preocupaba de una forma especial de la gente humilde y por los que sufrían . Visitaba los enfermos, los presos. Se acercaba a los obreros del Vaticano, con ellos compartía y tomaba un trago de vino.

Jamás tomó demasiado en serio los problemas, ni el mismo cargo de Papa. Una vez le manifestó un obispo que la carga de su nueva responsabilidad le producía insomnio, el Papa le contestó :"Eso mismo me ocurría a mi durante las primeras semanas de mi pontificado. Hasta que un día se apareció en mi aposento mi ángel custodio y me dijo:"Giovanni, no te consideres tan importante". Y yo comprendí. Desde entonces duermo perfectamente todas las noches".

Vivía en paz y estas fueron sus palabras al recibir el Premio Balzan por la Paz:"Os lo decimos con toda sencillez, como lo pensamos: ninguna circunstancia, ningún acontecimiento, por honroso que sea para nuestra humilde persona, puede exaltarnos ni turbar la tranquilidad de nuestra alma".

"Más moscas se cazan con una gota de miel que con un barril de vinagre", decía san Francisco de Sales. Angelo Giuseppe Roncalli, nuestro Papa Bueno, sembró alegría y buen humor por donde pasó. Así consiguió abrir una ventana de aire puro donde pudiera entrar libremente el Espíritu y poder renovar desde lo más profundo la Iglesia a la que tanto amó. Su alegría y su buen humor nos lo dejó en herencia. 

Autor: P. Eusebio Gómez Navarro.| Fuente: Catholic.net



domingo, 4 de agosto de 2013

" TE AMO, OH MI DIOS " Autor: San Juan María Vianney

Te amo, Oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
Hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Oh infinitamente amoroso Dios,
Y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.
Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno
Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor,
Oh mi Dios,
si mi lengua no puede decir
cada instante que te amo,
por lo menos quiero
que mi corazón lo repita cada vez que respiro.
Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,
Y de amarte mientras que sufro,
y el día que me muera
No solo amarte pero sentir que te amo.
Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora
Final aumentes y perfecciones mi amor por Ti.

Amén. 

sábado, 3 de agosto de 2013

¿No es el hijo del carpintero? Por Juan XXIII

Cada vez que pienso en el gran misterio de la vida  escondida y humilde de Jesús durante sus treinta primeros años, mi espíritu se siente cada vez más confundido y me faltan las palabras.

No tan sólo los juicios y la manera de pensar del mundo, sino también de muchos eclesiásticos me parecen completamente falsos y se oponen del todo a esta lección.

Por mi parte confieso que no he llegado todavía a hacerme una idea de ello. Sin embargo, y por lo que me conozco, me parece que sólo poseo una apariencia de humildad, pero no su verdadero espíritu; ese amor a "lo desconocido" de Jesucristo de Nazaret no conozco más que de nombre.

¡ Y decir que Jesús pasó treinta años de vida escondida, y que era Dios, y que era el reflejo de la sustancia del Padre, y que vino para salvar el mundo, y que todo esto lo hizo únicamente para enseñarnos, lo necesaria que es la humildad y la falta que hace practicarla!  

Y yo, que soy un grande y miserable pecador, que sólo pienso en complacerme a mí mismo, en complacerme en los éxitos que me dan un poco de honor terrestre, que no puedo tener el más mínimo pensamiento santo sin que se deslice la preocupación de mi reputación...A fin de cuentas no sé acostumbrarme, si no es con un gran esfuerzo, a esa idea de pasar realmente desapercibido, tal como Jesucristo lo practicó y tal como me lo enseña.

BEATO JUAN XXIII, PAPA QUE CONVOCÓ EL CONCILIO VATICANO II.
Del Magnificat

viernes, 2 de agosto de 2013

Separarán a los malos de entre los justos. El Señor es mi luz y mi salvación

"El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?». «Sí», le respondieron. Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo». Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí."

Él -como lo revela Jesús-, es el Padre que alimenta a las aves del cielo sin que deban sembrar ni cosechar, y reviste de magníficos colores las flores del campo, con vestidos más bellos que los del rey Salomón; y nosotros -añade Jesús-, ¡valemos más que las flores y las aves del cielo! 

Y si Él es lo suficientemente bueno para hacer "salir el sol sobre malos y buenos, y... llover sobre justos e injustos", podremos siempre, sin temor y con total confianza, confiarnos a su perdón de Padre cuando nos equivocamos de camino. 

Dios es un Padre bueno que acoge y abraza al hijo perdido y arrepentido, se entrega gratuitamente a aquellos que se lo piden y ofrece el pan del cielo y el agua viva que da vida para siempre. 

Por lo tanto, el orante del salmo 27, rodeado de enemigos, asediado por malvados y calumniadores, mientras busca la ayuda del Señor y lo invoca, puede dar su testimonio lleno de fe, diciendo: "Mi padre y mi madre me han abandonado, pero el Señor me ha acogido". Dios es un Padre que nunca abandona a sus hijos, un Padre amoroso que apoya, ayuda, acoge, perdona y salva, con una fidelidad que supera inmensamente a la de los hombres. (Benedicto XVI, 30 de enero de 2013).

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?

Cuando se alzaron contra mí los malvados
para devorar mi carne,
fueron ellos, mis adversarios y enemigos,
los que tropezaron y cayeron.

Aunque acampe contra mí un ejército,
mi corazón no temerá;
aunque estalle una guerra contra mí,
no perderé la confianza.

Una sola cosa he pedido al Señor,
y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor
todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor
y contemplar su Templo. 

 Sí, él me cobijará en su Tienda de campaña
en el momento del peligro;
me ocultará al amparo de su Carpa
y me afirmará sobre una roca.

Por eso tengo erguida mi cabeza
frente al enemigo que me hostiga;
ofreceré en su Carpa sacrificios jubilosos,
y cantaré himnos al Señor.

Súplica en la persecución

¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!

Mi corazón sabe que dijiste:
"Busquen mi rostro".
Yo busco tu rostro, Señor, 
 no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor,
tú, que eres mi ayuda;
no me dejes ni me abandones,
mi Dios y mi salvador.

Aunque mi padre y mi madre me abandonen,
el Señor me recibirá.
 Indícame, Señor, tu camino
y guíame por un sendero llano,
porque tengo muchos enemigos.

No me entregues a la furia de mis adversarios,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
hombres que respiran violencia.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.

 Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.