lunes, 20 de febrero de 2017

Papa Francisco: “Mi vida no ha sido fácil”


“Les diré, mi vida no ha sido fácil”, dijo el papa Francisco en tono confidencial dirigiéndose a los niños de una parroquia ubicada en el este de la periferia de Roma. En una serie de visitas pastorales a las parroquias de su diócesis, el Pontífice estuvo el domingo 19 de febrero en la Parroquia de Santa María Josefa del Corazón de Jesús, en Castelverde de Lunguezza.

El teatro parroquial fue el escenario del encuentro del Obispo de Roma con los infantes. Entre cantos, risas, abrazos y complicidad, Francisco dejó que los niños y niñas se acercaran a él y le hicieran preguntas y selfies (auto fotos con el celular).

El momento más difícil de Bergoglio
Los niños hacen preguntas sin rodeos. El Papa lo sabe. ¿Cuál ha sido el momento más difícil de su vida? “A los veinte años estuve cerca de morir, una infección pulmonar, me han quitado un pedazo de pulmón”, dijo el Papa refiriéndose a la ablación parcial de un pulmón a la que se sometió hace más de medio siglo y que al inicio del pontificado (marzo 2013) suscitó interrogantes entre sus detractores.
“Pero, yo les pregunto a ustedes: ¿la vida en general es fácil? No, la vida no es fácil. Es un don de Dios pero existen momentos difíciles por superar: yo he tenido tantos, pero de los cuales recuerdo la enfermedad. Siempre existen dificultades y siempre existirán, pero se superan con la fe y con coraje”, aseguró Francisco, de 80 años.

El cónclave explicado a los niños
¿Es difícil ser Papa, ser representante de la Iglesia? “Se siente mucha responsabilidad. Tú has dicho representante. Y uno que representa la Iglesia no puede quedar mal, no puede. ¿El Papa puede quedar mal? ¡No! Se debe tener cuidado. Es el obispo de Roma, pero tiene el cuidado pastoral de toda la Iglesia en el mundo con los otros obispos. Obispo y padre: a un obispo que no se siente padre, le falta algo”.

¿Cómo se elige el Papa?, preguntan a secas los niños. “Porque existen culpables y uno de ellos está aquí presente”, bromeó mirando hacía el cardenal vicario de Roma, Agostino Vallini. Así, explicó el cónclave. “Les explico cómo se convierte en Papa”. “¿Se paga para ser Papa? “¡No!”. ¿Pero si uno paga tanto, tanto, tanto, al final lo hacen papa? “¡No!”. Los cardenales “se reúnen , hablan entre ellos, piensan….’ ‘Eh, pero pensemos en esto, pensemos a este, y este tiene esta ventaja’, y razonan…Pero sobre todo –y esto es lo más importante- , se reza. ¿Entendido? Los cardenales hacen todos estos razonamientos humanos, pero el Señor envía al Espíritu Santo que ayuda a la elección. Sucesivamente cada uno da su voto y el que tiene dos tercios de los votos es elegido. Pero hace falta mucha oración, no hay amigos poderosos que te den un empujón”.

¿Quién es el más importante entre los que crean el Papa? “Piensen. ¿Quién es?” [Uno de los niños dice: El Papa]. “No, no han creado al Papa todavía”. [Otros niños dicen: Dios]. “Dios, el Espíritu Santo, que transmite el voto hace el Papa. Luego, aquel que es elegido, tal vez no sea el más inteligente, quizás no es el más inteligente, tal vez no sea el más rápido en hacer las cosas, pero es lo que Dios quiere para el tiempo de la Iglesia. ¿Entendido?” [“¡Sí!”].

¿El Papa se jubila?
Francisco admitió que también el Papa “debe morir, como todos o jubilarse, como ha hecho el gran papa Benedicto, porque no tenía buena salud, y llegará otro, que será diferente, será diverso, tal vez será más inteligente, o menos inteligente, no se sabe. Pero llegará este otro de la misma manera: elegido por el grupo de cardenales bajo la luz del Espíritu Santo”.

El saludo a los musulmanes
“Muchas gracias por estar aquí y rezar juntos, rezar por todo el barrio, por la parroquia. Saludo a todos ustedes, fieles católicos, y también a los musulmanes, y para todos ustedes pido la bendición del Señor”. Así se despidió el Papa.
Aleteia

El obispo de Roma visita otra parroquia en las afueras. La oración es antídoto al deseo de venganza



El papa Francisco visitó en la tarde de este domingo, una parroquia en las afueras de la ciudad de Roma, la segunda de este tipo después del final del Jubileo de la Misericordia y la treceava visita de este tipo.
La parroquia de Santa María Josefa del Corazón de Jesús, en Castelverde di Lunghezza, está a seis kilómetros al este de la autopista circular entorno de Roma, (Grande raccordo anulare).
El Pontífice que llegó poco antes de las 15,30, fue recibido en el ingreso del templo por el cardenal Agostino Vallini, vicario de Roma y por el párroco Francesco Rondinelli.
Francisco saludó a las personas que se encontraban detrás de las vallas y saludó a muchas personas, apretando manos, bendiciendo a niños y ancianos e incluso permitiendo a algunos presentes de hacerse un ‘selfie’ con él.
Después encontró en el salón del teatro parroquial a los niños y jóvenes del catecismo, con el grupo juvenil. Ha saludado también a los enfermos y ancianos, a los esposos que han bautizado a sus hijos en los últimos meses, a las familias asistidas por la Cáritas parroquial, junto a los operadores y voluntarios. El Santo Padre también ha confesado a algunos parroquianos.
En la iglesia el Papa ha presidido la santa misa e improvisado su homilía, recordando que el Evangelio a diferencia de la ley del Talión invita a poner la otra mejilla. “Las ganas de vengarse, el ‘me la vas a pagar’, eso no es cristiano. Sean santos como Dios es santo, perfectos como perfecto es vuestro Padre, que hace nacer el sol sobre los buenos y malos y llover sobre justos e injustos”, dijo.
“Ese me hizo…, hay que perdonar en el corazón –prosiguió el Pontífice– esta es el camino de la santidad y esto aleja de las guerras. Si todos los hombres y mujeres del mundo aprendieran esto no habría guerras”.
La guerra inicia aquí (señaló el corazón), la ganas de venganza, destruye familias, los barrios, tanto, tanto…
¿Y qué hacer?, alguien preguntará: “lo dice Jesús, no lo digo yo… amene a vuestros enemigos. Yo tengo que amar a este? Sí” y añadió: recen por quien les persigue y les hace mal, para que cambie vida, para que el Señor le perdone.
“Esta es la magnanimidad de Dios, que todo perdona” señaló. Y concluyó preguntando: ¿Y tú eres misericordioso con las personas que te han hecho mal, o que no te quieren? Y subrayó la oración como antídoto, única vía de salida y medicina para salir del odio y de la venganza. El Papa al concluir la misa regaló un cáliz dentro de una teca para la parroquia. Y después de la bendición final estallaron los aplausos.
Zenit

20 de febrero: beatos Francisco y Jacinta Martos, los pastorcillos de Fátima


Los hermanos Francisco -nacido el 11 de junio de 1908- y Jacinta -nacida dos años después, el 11 de marzo de 1910- Martos son, con la excepción de algunos niños mártires, los más jóvenes en haber sido elevados a los altares por la Iglesia Católica. Junto a su prima hermana, sor Lucía Dos Santos (1907-2005), fueron los agraciados por las apariciones de Nuestra Señora en Fátima.
Los tres eran de origen humilde, hijos de unos padres -emparentados entre ellos- que se ganaban la vida cultivando unas hortalizas y pastoreando a unas pocas ovejas; tareas en las que los tres niños colaboraron desde muy pronto. Eran todos oriundos de Ajustrel, aldea situada en el centro de Portugal, y llevaban, tanto padres, como hijos una vida típica de sencillez cristiana.
En 1916, a los tres pastorcillos se les apareció un ángel. Pero fue al año siguiente, el 13 de mayo de 1917, cuando, en una encina de la pendiente de Cova de Iría se les apareció Nuestra Señora. Fue la primera de varias apariciones, en las que les reveló los tres secretos y les pidió que rezaran el rosario a diario para lograr la salvación del mundo. Solo la fe de los tres niños les permitió vencer la incredulidad de sus mayores y de las autoridades eclesiásticas cuando les relataron lo ocurrido. De ahí el interés que suscitan sus personalidades, especialmente la de los dos beatos.
Según cuenta Sor Lucía en sus memorias, «Francisco no parecía hermano de Jacinta, sino en la fisionomía del rostro y en la práctica de la virtud. No era tan caprichoso y vivo como ella. Al contrario, era de un natural pacífico y condescendiente». Sin embargo, ambos demostraron madurez sobrenatural; en el caso de Francisca cuando Nuestra Señora le anunció, en la aparición del 13 de junio de 1917, que pronto se le llevaría de este mundo. El joven pastor empezó enfermar de gripe española a finales de 1918 y murió el 4 de abril de 1919.
Jacinta empezó a enfermar por las mismas fechas que su hermano. Sin embargo, su calvario -que no le fue anunciado por Nuestra Señora- fue más largo y se prolongó hasta el 20 de febrero de 1920. Con la muerte de Francisca se cumplió la promesa que a ella y a Francisco les hizo la Virgen: «Tendréis mucho que sufrir, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza».
Años después, en 1935, los cuerpos de los dos pastorcillos fueron exhumados para ser trasladados del cementerio de Ajustrel a la Basílica de Fátima, el de Jacinta permanecía incorrupto. Fueron beatificados el 13 de mayo de 2000 por Juan Pablo II.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)
Alfa y Omega

«La revolución cristiana», según Francisco


Durante el rezo del Ángelus, el Papa expresa su «profundo dolor por las víctimas» en los últimos enfrentamientos del Congo, y denuncia la «tragedia» de «tantos niños arrebatados de sus familias y de la escuela para ser usados como soldados»
Ante las «noticias de enfrentamientos violentos y brutales» en la República Democrática del Congo, el Papa expresó este domingo su «profundo dolor por las víctimas, en especial por tantos niños arrebatados de sus familias y de la escuela para ser usados como soldados. ¡Ésta es una tragedia: niños soldados!», clamó el Pontífice, que, a través del Vídeo del Papa, ha apoyado recientemente la campaña de Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados a favor de estos niños. Las dos organizaciones han lanzado una campaña de recogida de firmas en la web http://menoressoldado.entreculturas.org.
Francisco expresó su «cercanía» y «oración» al «personal religioso y humanitario que trabaja en esa difícil región» del Congo, e hizo un «apremiante llamamiento a la conciencia y a la responsabilidad de las autoridades nacionales y de la comunidad internacional, con el fin de que se tomen pronto decisiones adecuadas para socorrer a estos nuestros hermanos y hermanas».
Francisco pidió extender esas oraciones «por todas las poblaciones que, en otros lugares del continente africano y del mundo, sufren a causa de la violencia y de la guerra», y recordó «en particular a los queridos pueblos de Paquistán y de Irak, golpeados por crueles actos terroristas en días pasados».
«Jesús no propone un nuevo orden civil»
Antes del rezo del Ángelus, Francisco comentó el pasaje evangélico del día, en el que, frente a la antigua ley del «ojo por ojo», Jesús pide devolver mal por bien, porque «solo así se rompe la cadena del mal».
«Para Jesús –añadió Francisco– el rechazo de la violencia puede comportar también la renuncia a un legítimo derecho», como cuando aconseja «poner la otra mejilla». «Pero esta renuncia no quiere decir que las exigencias de la justicia sean ignoradas o rebatidas; no, al contrario, el amor cristiano, que se manifiesta de modo especial en la misericordia, representa una realización superior de la justicia. Aquello que Jesús nos quiere enseñar es la neta distinción que debemos hacer entre la justicia y la venganza». Porque «la venganza no es jamás justa».
Con estas enseñanzas, «Jesús no quiere proponer un nuevo orden civil», sino hacer efectivo «el mandamiento del amor al prójimo, que comprende también el amor a los enemigos». «Esta palabra no se debe entender como aprobación del mal realizado por el enemigo, sino como invitación a una perspectiva superior, a una perspectiva magnánima, semejante a aquella del Padre celestial, quien – dice Jesús – “hace salir el sol sobre malos y buenos”». «Cuantas enemistades en la familia, ¡cuántas!», prosiguió. «Pensemos en esto. Enemigos son también aquellos que hablan mal de nosotros, que nos calumnian y nos hacen daño. Y no es fácil digerir esto. A todos aquellos estamos llamados a responder con el bien, que también esto tiene sus estrategias, inspiradas en el amo

Creo, Señor, pero ayuda mi falta de fe


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9, 14-29

En aquel tiempo, Jesús y los tres discípulos bajaron del monte y volvieron adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas discutiendo con ellos.
Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo.
Él les preguntó:
«¿De qué discutís?».
Uno de la gente le contestó:
«Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda rígido. He pedido a tus discípulos que lo echen, no han sido capaces».
Él, tomando la palabra, les dice:
«¡Generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuando os tendré que soportar? Traédmelo».
Se lo llevaron.
El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; este cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos.
Jesús preguntó al padre:
«¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?».
Contestó él:
«Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos».
Jesús replicó:
«¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe».
Entonces el padre del muchacho gritó:
«Creo, pero ayuda a mi falta de fe».
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo:
«Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: sal de él y no vuelvas a entrar en él».
Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió.
El niño se quedó como un cadáver, de modo que muchos decían que estaba muerto.
Pero Jesús lo levantó, cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas:
«¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?».
El les respondió:
«Esta especie solo puede salir con oración».
Palabra del Señor.