miércoles, 31 de agosto de 2016

Catequesis del Papa: La misericordia ofrece dignidad

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio que hemos escuchado nos presenta una figura que sobresale por su fe y su coraje. Se trata de la mujer a la que Jesús curó de sus pérdidas de sangre (Cfr. Mt 9,20-22). Pasando en medio de la muchedumbre, se acerca por detrás de Jesús para tocar el borde de su manto. Pensaba: “Con sólo tocar su manto, quedaré curada”  (v. 21). ¡Cuánta fe, eh! ¡Cuánta fe tenía esta mujer! Razonaba así porque estaba animada por tanta fe, tanta esperanza y, con un toque de astucia, realiza cuanto lleva en su corazón. El deseo de ser salvada por Jesús es tan grande que la hace ir más allá de las prescripciones establecidas por la ley de Moisés.
En efecto, esta pobre mujer desde hacía tantos años no sólo estaba sencillamente enferma, sino que era considerada impura porque padecía de hemorragias (Cfr. Lv 15, 19-30). Por esta razón estaba excluida de las liturgias, de la vida conyugal, de las relaciones normales con el prójimo. El evangelista Marcos añade que había consultado a muchos médicos, agotando sus medios para pagarlos y soportando tratamientos dolorosos, pero sólo había empeorado. Era una mujer descartada por la sociedad. Es importante considerar esta condición – de descartada – para entender su estado de ánimo: ella siente que Jesús puede liberarla de la enfermedad y del estado de marginación y de indignidad en el que se encuentra desde hace años. En una palabra: sabe, siente que Jesús puede salvarla.
Este caso nos hace reflexionar acerca de cómo la mujer muchas veces es percibida y representada. A todos se nos pone en guardia, también a las comunidades cristianas, contra consideraciones de la feminidad aminoradas por prejuicios y recelos ultrajantes de su intangible dignidad. En este sentido son precisamente los Evangelios los que  restablecen la verdad y reconducen a un punto de vista liberatorio.
Jesús ha admirado la fe de esta mujer a la que todos evitaban y ha transformado su esperanza en salvación. No conocemos su nombre, pero las pocas líneas con las que los Evangelios describen su encuentro con Jesús trazan un itinerario de fe capaz de restablecer la verdad y la grandeza de la dignidad de toda persona. En el encuentro con Cristo se abre para todos, hombres y mujeres de todo lugar y de todo tiempo, el camino de la liberación y de la salvación.
El Evangelio de Mateo dice que cuando la mujer tocó el manto de Jesús, Él “se dio vuelta”, la vio (v. 22), y le dirigió la palabra. Como decíamos, a causa de su estado de exclusión, la mujer ha actuado a escondidas, detrás de Jesús – tenía un poco de temor – para no ser vista, porque era una descartada. En cambio, Jesús la ve y su mirada no es de reproche, no dice: “¡Vete de aquí, tú eres una descartada!”, como si dijera: “¡Tú eres una leprosa, vete!”, ¿no? No reprocha. Sino que la mirada de Jesús es de misericordia y ternura. Él sabe lo que ha sucedido y busca el encuentro personal con ella, lo que, en el fondo, ella misma anhelaba. Esto significa que Jesús no sólo la acoge, sino que la considera digna de ese encuentro hasta el punto que le dona su palabra y su atención.
En la parte central del relato el término salvación se repite tres veces. “Con sólo tocar su manto, quedaré curada. Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: ‘Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado’” (vv. 21-22). Este “ten confianza, hija” – “confianza hija”, dice Jesús – expresa toda la misericordia de Dios por aquella persona, y por toda persona descartada. Pero cuántas veces nos sentimos interiormente descartados por nuestros pecados, hemos hecho tantas, hemos hecho tantas… Y el Señor nos dice: “¡Confianza! ¡Ven! Para mí tú no eres un descartado, una descartada. Confianza, hija. Tú eres un hijo, una hija”. Y éste es el momento de la gracia, es el momento del perdón, es el momento de la inclusión en la vida de Jesús, en la vida de la Iglesia. Es el momento de la misericordia. Hoy, a todos nosotros, pecadores, que somos grandes pecadores o pocos [pequeños] pecadores, pero todos lo somos, ¡eh!,  a todos [nosotros] el Señor nos dice: “¡Confianza, ven! Ya no eres descartado, no eres descartada: yo te perdono, yo de abrazo”.
Así es la misericordia de Dios. Debemos tener coraje e ir hacia Él; pedir perdón por nuestros pecados e ir adelante. Con coraje, como hizo esta mujer.  Después, la “salvación” adquiere múltiples rasgos: ante todo devuelve la salud a la mujer; después la libera de las discriminaciones sociales y religiosas; además, realiza la esperanza que ella llevaba en su corazón anulando sus temores y su desaliento; y, en fin, la devuelve a la comunidad liberándola de la necesidad de actuar a escondidas. Y esto último es importante: un descartado siempre hace algo a escondidas [alguna vez] o toda la vida: pensemos en los leprosos de aquellos tiempos, en los sin techo de hoy… pensemos en los pecadores, ¡eh!, en nosotros pecadores: siempre hacemos algo a escondidas, como … tenemos necesidad de hacer algo a escondidas y nos avergonzamos por lo que somos. Y Él nos libera de esto, Jesús nos libera y hace que nos pongamos de pie: “Levántate, ven. De pie”. Como Dios nos ha creado: Dios nos ha creado de pie, no humillados. De pie. La salvación que Jesús da es total, reintegra a la vida de la mujer en la esfera del amor de Dios y, al mismo tiempo, la restablece en su plena dignidad.
En suma, no es el manto que la mujer ha tocado el que le da la salvación, sino la palabra de Jesús, acogida en la fe, capaz de consolarla, curarla y restablecerla en la relación con Dios y con su pueblo. Jesús es la única fuente de bendición de la que brota la salvación para todos los hombres, y la fe es la disposición fundamental para acogerla.
Jesús, una vez más, con su comportamiento lleno de misericordia, indica a la Iglesia el itinerario que debe realizar para salir al encuentro de cada persona, para que cada uno pueda ser curado en el cuerpo y en el espíritu, y recuperar la dignidad de hijos de Dios. Gracias.
(from Vatican Radio)

Madre Teresa, hija del Concilio, supo conjugar la tradición con la vida activa


El papa Francisco elevará el domingo 4 de septiembre a los altares, a madre Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad, en una ceremonia en la plaza de San Pedro.
El padre Bernardo Cervellera del Pontificio Instituto Misionero Exterior (Pime) y director de la agencia Asia News, señaló en un reciente desayuno de trabajo, y hoy a ZENIT, que Madre Teresa de Calcuta fue una hija ejemplar del Concilio Vaticano II, porque supo conjugar la tradición de la Iglesia con la vida activa.
“En la Iglesia después del Concilio Vaticano II –explicó el misionero– hubo una fractura entre el empeño social de la Iglesia, el activismo social, y digamos así el tradicionalismo que trataba de defender la identidad, como si las dos cosas se excluyeran mutuamente”.
En cambio ella supo ser “una verdadera hija del Concilio Vaticano II, porque puso juntas las dos cosas” la vida activa y la tradición de la Iglesia “de la misma manera que lo hicieron Juan Pablo II, Benedicto XVI y también el papa Francisco”.
Indicó que las Hermanas de la Caridad lograron conjugar su servicio a las periferias con las piedad de siempre y así cuando se llega a sus casas “se respira un ambiente de gran devoción, se ven los rosarios, la medalla milagrosa, la novena a san José, la novena con elMemorare, etc., y todas las antiguas prácticas muy queridas en la Iglesia”.
El misionero precisó que estuvo con la monja católica de origen albanés, naturalizada india, tres veces: una en Calcuta, otra en Hong Kong, y una tercera en el congreso eucarístico de Milán.
Señaló también la austeridad con la que viven las religiosas de la orden fundada en 1950 por Madre Teresa: cada una de ellas tienen solamente dos túnicas o hábitos, cuando usan uno lavan el otro, a mano porque no emplean lavarropa. No utilizan agua caliente, ni ducha y tampoco tienen calefacción.
Y si bien eso puede asustarnos a nosotros los occidentales, recuerda el padre Cervellera, “casi toda la gente en el mundo hace así, en China como en tantos países no tienen agua caliente y a veces ni agua”.
El misionero del Pime, conoció de cerca a las Hermanas de la Caridad, también en Camboya, y recordó que en ese país “a través de ellas se reabrió el camino de la libertar religiosa, porque después de los Khmers Rouges, o Jemeres rojos, la Iglesia no existía más. Las monjas de madre Teresa fueron invitadas a cuidar a los enfermos, niños abandonados y un sacerdote del Pime se volvió capellán de su instituto.
Las Misioneras de la Caridad son una orden religiosa que se distingue por su trabajo en las periferias, con las personas y en lugares impensables, con unas 4.500 monjas en más de 133 países, las cuales además de los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, hace un cuarto voto de “servicio libre y de todo corazón a los más pobres de entre los pobres”.
A pesar del rigor de su vida la familia religiosa sigue creciendo. En 1963 nacen los Hermanos de las Misioneras de la Caridad y una rama contemplativa se crea en 1976. Y en 1984 la Madre Teresa fundó junto al padre Joseph Langfor, los Padres Misioneros de la Caridad.
ZENIT

Es necesario que evangelice también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado




 Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 38-44 

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. 

La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella. 

Él, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. 

Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando. 

De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían: -«Tú eres el Hijo de Dios». 

Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. 

Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. 

La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos. 

Pero él les dijo: -«Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado». Y predicaba en las sinagogas de Judea.
Palabra del Señor.

Iglesias cristianas de Europa: con el Papa Francisco, oración mundial por la Creación

«El respeto, la apreciación y la contemplación de la Creación son una preocupación común de las Iglesias cristianas. El Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y la Conferencia de las Iglesias Europeas (KEK), con motivo del Día de la Creación, piden oraciones comunes y reforzar la labor ecuménica para el cuidado de la Creación.
Según el Evangelio, la responsabilidad por el medio ambiente no se puede separar de la responsabilidad por los demás seres humanos: hacia nuestro prójimo, hacia los pobres o los olvidados, todo ello con un verdadero espíritu de solidaridad y de amor. Respetar la creación no quiere decir sólo proteger y salvaguardar la tierra, el agua y otros componentes del mundo natural. También consiste en expresar respeto por los seres humanos que comparten esos dones y tienen la responsabilidad de los mismos. Por lo tanto, junto a todos los cristianos, nos esforzamos con alegría en ser testigos de Jesucristo, «porque en él fueron creadas todas las cosas, en el cielo y en la tierra» (Col 1, 16).
Recordamos el pensamiento de Dietrich Bonhoeffer, quien dice que el problema más urgente que afecta a nuestras Iglesias es la forma en la que vivimos nuestra vida cristiana de frente a los desafíos sociales y culturales contemporáneos. Esto significa que tenemos que relacionarnos entre nosotros en el contexto del mundo en el que vivimos. Se trata de una definición original de “oikos” que significa “la casa”. La “casa común” de la que nos ocupamos está formada ya sea del mundo natural que de las relaciones humanas.
El Tiempo para la Creación, desde el 1 de septiembre al 4 de octubre (la fiesta de San Francisco de Asís en la tradición occidental) es un período especial en los calendarios litúrgicos de un número cada vez mayor de Iglesias en Europa. En este período recordamos el don de la creación y nuestra relación con ella. La celebración de este tiempo y su lugar en el ciclo de oraciones y de formas de culto cristiano fue recomendada por la Tercera Asamblea Ecuménica Europea, Sibiu 2007. La Red Cristiana Europea para el Medio Ambiente (ECEN) fue fundamental en animar a los cristianos a rezar juntos con espíritu de cooperación ecuménica y en promover acciones para el cuidado de la Creación. La iniciativa de celebrar un día de oración por la Creación de Dios, el 1 de septiembre, que en la tradición bizantina es el principio del Año Eclesial, fue establecida en 1989 por el Patriarca ecuménico Dimitrios. Siguiendo la misma línea, en el 2015 el Papa Francisco decidió que el 1 de septiembre se celebrase el Día Mundial de Oración por la Salvaguardia de la Creación en la Iglesia católica.
Tenemos que afrontar desafíos urgentes en términos de degradación del medio ambiente y de cambio climático, y animados por las palabras de la carta encíclica del Papa Francisco Laudato si, a reconocer nuestra responsabilidad compartida. Invitamos calurosamente a todos los cristianos europeos, a las Iglesias miembros de la KEK y a las Conferencias Episcopales  del CCEE, a las parroquias, a las comunidades cristianas y a todas las personas de buena voluntad a adherir al Tiempo para la Creación, a celebrar juntos el Tiempo de la Creación en el ámbito de nuestras respectivas tradiciones litúrgicas, y a sostener la común fe cristiana en Dios Creador. Les exhortamos, cada uno en su propio ambiente, a ofrecer oraciones por el don de la Creación, y a unirse a nosotros rezando juntos:
Oh Señor, enséñanos a cuidar toda la Creación, para proteger cualquier forma de vida y compartir los frutos de la tierra.
Enséñanos a compartir nuestro trabajo humano con nuestros hermanos y hermanas, especialmente con los pobres y los necesitados.
Concédenos ser fieles a tu Evangelio y ofrecer con alegría a nuestra sociedad en los diferentes países de todo el continente el horizonte de un futuro mejor pleno de justicia, paz, amor y belleza. Amén».
P. Heikki Huttunen -  Mons. Duarte da Cunha - Rev. Dr. Peter Pavlovic
Secretario general KEK - Secretario general CCEE - Secretario ECEN
(from Vatican Radio)

martes, 30 de agosto de 2016

Francotiradores en la Iglesia


Corren malos tiempos para lo religioso. Hacia afuera, pero especialmente hacia adentro. La imagen que desde algunos sectores se está dando del funcionamiento de la Iglesia, o de los católicos, es sencillamente lamentable.
No faltan días en los que los adalides de la ortodoxia, del "Iglesia sólo soy yo", los nostálgicos de la hoguera, colocan en su diana a aquella persona a la que asaetear desde su atalaya de dominación y fariseismo.
Da igual que sea un cura de pueblo, un sacerdote conocido, una monja mediática, un pobre religioso que deja su vida por los más pobres (pero no usa clergyman), un obispo "moderado", un cardenal reformador, o hasta el mismísimo Papa (o antipapa, o usurpador, o traidor, según el caso).
Tampoco importa el modo: robando fotos, colándose en eventos privados, mintiendo, falseando la realidad... Lo realmente relevante es la satisfacción que se produce en sus glándulas mientras apuntan... y disparan. Después, como todo francotirador a sueldo, desaparecen sin dejar rastro, únicamente el reguero de sangre de la víctima.
Lamentablemente, todo esto sucede en esta nuestra Iglesia. Ante el silencio o, lo que es peor, el miedo cómplice, de algunos, que actúan al son del terror de pensar que, si no les hago caso, el próximo seré yo.
Quién sabe, tal vez el próximo sea usted, o yo. O, seguramente, el mismísimo Jesucristo. Por fortuna, las balas se vuelven contra ellos... Las repele el Evangelio. Y la buena gente.
Jesús Bastante

Tiempo para la Creación. "Cuidar el don de la creación"


El respeto, la apreciación y la contemplación de la Creación son una preocupación común de las Iglesias cristianas. El Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y la Conferencia de las Iglesias Europeas (KEK), con motivo del Día de la Creación, piden oraciones comunes y reforzar la labor ecuménica para el cuidado de la Creación.
Según el Evangelio, la responsabilidad por el medio ambiente no se puede separar de la responsabilidad por los demás seres humanos: hacia nuestro prójimo, hacia los pobres o los olvidados, todo ello con un verdadero espíritu de solidaridad y de amor. Respetar la creación no quiere decir sólo proteger y salvaguardar la tierra, el agua y otros componentes del mundo natural. También consiste en expresar respeto por los seres humanos que comparten esos dones y tienen la responsabilidad de los mismos. Por lo tanto, junto a todos los cristianos, nos esforzamos con alegría en ser testigos de Jesucristo, «porque en él fueron creadas todas las cosas, en el cielo y en la tierra» (Col 1, 16).
Recordamos el pensamiento de Dietrich Bonhoeffer, quien dice que el problema más urgente que afecta a nuestras Iglesias es la forma en la que vivimos nuestra vida cristiana de frente a los desafíos sociales y culturales contemporáneos. Esto significa que tenemos que relacionarnos entre nosotros en el contexto del mundo en el que vivimos. Se trata de una definición original de "oikos" que significa "la casa". La "casa común" de la que nos ocupamos está formada ya sea del mundo natural que de las relaciones humanas.
El Tiempo para la Creación, desde el 1 de septiembre al 4 de octubre (la fiesta de San Francisco de Asís en la tradición occidental) es un período especial en los calendarios litúrgicos de un número cada vez mayor de Iglesias en Europa. En este período recordamos el don de la creación y nuestra relación con ella. La celebración de este tiempo y su lugar en el ciclo de oraciones y de formas de culto cristiano fue recomendada por la Tercera Asamblea Ecuménica Europea, Sibiu 2007.
La Red Cristiana Europea para el Medio Ambiente (ECEN) fue fundamental en animar a los cristianos a rezar juntos con espíritu de cooperación ecuménica y en promover acciones para el cuidado de la Creación. La iniciativa de celebrar un día de oración por la Creación de Dios, el 1 de septiembre, que en la tradición bizantina es el principio del Año Eclesial, fue establecida en 1989 por el Patriarca ecuménico Dimitrios. Siguiendo la misma línea, en el 2015 el Papa Francisco decidió que el 1 de septiembre se celebrase el Día Mundial de Oración por la Salvaguardia de la Creación en la Iglesia católica.
Tenemos que afrontar desafíos urgentes en términos de degradación del medio ambiente y de cambio climático, y animados por las palabras de la carta encíclica del Papa Francisco Laudato si, a reconocer nuestra responsabilidad compartida. Invitamos calurosamente a todos los cristianos europeos, a las Iglesias miembros de la KEK y a las Conferencias Episcopales del CCEE, a las parroquias, a las comunidades cristianas y a todas las personas de buena voluntad a adherir al Tiempo para la Creación, a celebrar juntos el Tiempo de la Creación en el ámbito de nuestras respectivas tradiciones litúrgicas, y a sostener la común fe cristiana en Dios Creador. Les exhortamos, cada uno en su propio ambiente, a ofrecer oraciones por el don de la Creación, y a unirse a nosotros rezando juntos:
Oh Señor, enséñanos a cuidar toda la Creación,
para proteger cualquier forma de vida y compartir los frutos de la tierra.
Enséñanos a compartir nuestro trabajo humano con nuestros hermanos y hermanas,
especialmente con los pobres y los necesitados.

Concédenos ser fieles a tu Evangelio
y ofrecer con alegría a nuestra sociedad en los diferentes países de todo el continente
el horizonte de un futuro mejor
pleno de justicia, paz, amor y belleza.
Amén.

P. Heikki Huttunen Mons. Duarte da Cunha Rev. Dr. Peter Pavlovic
Secretario general KEK Secretario general CCEE Secretario ECEN

De cómo se va al cielo


Yo creo en la Vida Eterna y creo en el Reino de los Cielos (la Nueva Jerusalén). Creo en el Reino prometido donde veremos más gente de la que pensamos. Dicen que "los primeros serán los últimos y los últimos los primeros". Y creo que ese Reino comenzó aquí con Jesús de Nazaret, y que sigue en nuestras manos y en los proyectos que liberan y humanizan al hombre.
Pero también creo, como dice el Señor, que  existen condiciones para pasar a esa Gran Fiesta. Es por ello que dedico hoy un momento para pensar quiénes son esa multitud de seres humanos que luchan hoy por vivirlo ya y que al final participarán del Gran y Eterno Banquete. Un Banquete Festivo donde veremos colmadas todas las aspiraciones bellas, justas y liberadoras de la humanidad.
Yo creo que al cielo no se entra sin unas humildes y desgastadas alpargatas, con las que hayamos recorrido los caminos del mundo al encuentro con los pequeños, los últimos, los desheredados de la tierra. No podremos entrar en el con los lustrosos zapatos del poder por el poder. No entraremos luciendo el calzado realizado con la piel y la vida de aquellos a los que estamos llamados a servir y no a servirnos de ellos.
Pienso que para entrar hay que enseñar las manos encallecidas y selladas por el sello de los pobres, de los que tienen hambre y sed de justicia. Unas manos vacías y desprendidas de todo apego al dinero.

Difícil será participar de esta Eterna Vida Plena sin haber servido, con verdad, a la causa de Dios: el hombre y sus causas justas; el amor y cuidado por la Madre Tierra que nos alimenta; la distribución equitativa de la riqueza del planeta. No, no se entra al cielo despreciando o siendo indiferente a los deseos de Dios, claros y contundentes en su Palabra. Sin interpretaciones "torticeras", exclusivas, hipócritas e interesadas.
No seremos de los invitados al Banquete sin acudir primero en auxilio del enfermo; sin dar en justicia de comer, de lo suyo, al hambriento; sin calmar la sed -con el agua del respeto de la dignidad humana- del sediento; sin dar techo al que no lo tiene por falta de recursos; sin compartir mi manto para vestir al desnudo; sin visitar a los presos y escuchar miles de historias quebradas por el pecado personal y social; sin recoger los cristales rotos de un egoísmo y soberbia desmedida que nos lleva, en algunos casos, a tratar a las personas como cosas, pisoteando su dignidad; sin tratar dignamente a los difuntos, restos sagrados de una vida, que es don de Dios
Sin enseñar al que no sabe, permitiendo así que se le siga "manoseando", precisamente porque no sabe; sin dar buen consejo al que lo necesita, a riesgo que por ello, pongan nuestra cabeza en una bandeja o nuestra vida a los pies de los caballos; sin corregir con amor al que se equivoca o actúa con conciencia maliciosa; sin perdonar las ofensas que nos hacen y las que hacemos a otros; sin consolar a los que lloran o contienen con rabia sus lágrimas por razones justas y honradas; sin llevar pacientemente los defectos soportables del prójimo; sin rezar a Dios más por los vivos que existen y tienen necesidades concretas, que por los difuntos. No olvidemos que nuestro Dios es un Dios de Vivos, pues para Él todos viven.
No cruzaremos la puerta de la Nueva Vida sin una túnica blanca e inmaculada y una felicidad enorme por habernos gastado por el Reino. No participaremos de él amargados y habiendo amargado la vida de los demás. Entraremos en él, felices porque fuimos pobres en espíritu y pobres por nuestro desapego a tantos "becerros de oro" a quienes nos vendemos por tres cuartos.
Seremos parte de la Multitud de los Elegidos porque lloramos con aquellos que lloran e hicimos nuestras sus lagrimas; porque fuimos humildes y sencillos como el mismo Dios; porque hicimos lo posible por compartir en nuestras carnes el hambre y sed de justicia de un pueblo que aún espera ser saciado; porque nuestra meta fue vivir siendo misericordiosos; porque en nuestros ojos se dejó ver que fuimos trasparentes y de limpio corazón; porque procuramos la Paz, de por dentro y de por fuera; porque fuimos "perseguidos" por querer plantar en el planeta un ordenamiento económico más humano y justo, donde todos seamos y nos tratemos de verdad como hermanos y no como siervos; porque nos insultaron, difamaron, calumniaron con falsedad y maldad por decir la verdad con rodeos o sin ellos.
(Antonio Ramos Ayala, sacerdote) Religión Digital

Sé quién eres: el Santo de Dios


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.
Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz:
-«¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús le increpó diciendo:
-«¡Cállate y y sal! de él».
Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño.
Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí:
-« ¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen».
Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.
Palabra del Señor.

Video-mensaje de Francisco por el Jubileo del continente americano: "Fui misericordiado"

Pastores que sepan tratar y no maltratar”, “el Alzheimer espiritual” o el hecho de ser “misericordiado”, fueron algunos de los términos que utilizó Papa Francisco en el vídeo mensaje dirigido a los participantes del Jubileo extraordinario de la Misericordia en el continente americano que se lleva a cabo en Bogotá del 27 al 30 de agosto. Se trata de uno de los vídeos mensajes más largos que ha hecho Papa Francisco durante su pontificado y en el que incide en varias ideas siempre relacionadas con la misericordia.
El Obispo de Roma recuerda la palabra del apóstol Pablo en su carta a Timoteo (1 Tm, 1,12-16a), donde resalta como Pablo utiliza la voz pasiva, el “fui misericordiado”. “La pasiva lo deja a Pablo en situación de receptor de la acción de otro, él no hace nada más que dejarse misericordiar. El aoristo del original nos recuerda que en él esa experiencia aconteció en un momento puntual que recuerda, agradece, festeja”, dice Francisco.
Pero advierte a su vez que “cuando nos olvidamos cómo el Señor nos ha tratado, cuando comenzamos a juzgar y a dividir la sociedad”, llegamos al Alzheimer espiritual. “Nos invade una lógica separatista que sin darnos cuenta nos lleva a fracturar más nuestra realidad social y comunitaria. Fracturamos el presente construyendo «bandos». Está el bando de los buenos y el de los malos, el de los santos y el de los pecadores. Esta pérdida de memoria, nos va haciendo olvidar la realidad más rica que tenemos y la doctrina más clara a ser defendida”.
En su video mensaje el Santo Padre pregunta a los participantes del Jubileo del continente americano si en nuestras catequesis, en nuestros seminarios “enseñamos a los seminaristas el camino de tratar con misericordia”. “En esto se juega nuestra acción misionera, nuestros planes pastorales. En esto se juegan nuestras reuniones de presbiterios e inclusive nuestra forma de hacer teología: en aprender a tener un trato de misericordia, una forma de vincularnos que día a día tenemos que pedir —porque es una gracia—, que día a día somos invitados a aprender”.
Finalmente Papa Francisco detalla que este encuentro que ha sido organizado conjuntamente por la Comisión Pontificia para América Latina (CAL) y el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en colaboración con los episcopados de Estados Unidos y Canadá, “no es un congreso, un meeting, un seminario o una conferencia, es una celebración: fuimos invitados a celebrar el trato de Dios con cada uno de nosotros y con su Pueblo”.
(MZ-RV)

lunes, 29 de agosto de 2016

Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista


Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 17-29
En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado.
El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.
Herodías aborrecia a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
-«Pídeme lo que quieras, que te lo doy».
Y le juró:
-«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella salió a preguntarle a su madre:
-«¿Qué le pido?»
La madre le contestó:
-«La cabeza de Juan, el Bautista».
Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
-«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista».
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.
Palabra del Señor.

Ángelus del Papa: Ser capaces de gestos gratuitos de acogida

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El episodio del Evangelio de hoy nos muestra a Jesús en la casa de uno de los jefes de los fariseos, concentrado en observar cómo los invitados a almorzar se preocupan por elegir los primeros lugares. Es una escena que hemos visto tantas veces: buscar el mejor lugar incluso con los codos. Al ver esta escena, él narra dos breves parábolas con las cuales ofrece dos indicaciones: una se refiere al lugar, la otra se refiere a la recompensa.
La primera semejanza está ambientada en un banquete nupcial. Jesús dice: “Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: ‘Déjale el sitio’ (…). Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio” (Lc 14, 8-9).
Con esta recomendación, Jesús no pretende dar normas de comportamiento social, sino una lección sobre el valor de la humildad. La historia enseña que el orgullo, el arribismo, la vanidad y la ostentación son la causa de muchos males. Y Jesús nos hace comprender la necesidad de elegir el último lugar, es decir, buscar la pequeñez y el escondimiento: la humildad. Cuando nos ponemos ante Dios en esta dimensión de humildad, entonces Dios nos exalta, se inclina hacia nosotros para elevarnos hacia sí; “Porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (v. 11).
Las palabras de Jesús subrayan actitudes completamente diferentes y opuestas: la actitud de quien se elige su propio sitio y la actitud de quien se lo deja asignar por Dios y espera de Él la recompensa. No lo olvidemos: ¡Dios paga mucho más que los hombres! ¡Él nos da un lugar mucho más bello que el que nos dan los hombres! El lugar que nos da Dios está cercano a su corazón y su recompensa es la vida eterna. “¡Feliz de ti – dice Jesús – ! (…). Tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos” (v. 14).
Es cuanto se describe en la segunda parábola, en la que Jesús indica la actitud de desinterés que debe caracterizar la hospitalidad, y dice: “Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte!” (vv. 13-14). Se trata de elegir la gratuidad en lugar del cálculo oportunista que trata de obtener una recompensa, que busca el interés y que busca enriquecerse más. En efecto, los pobres, los sencillos, aquellos que no cuentan, jamás podrán retribuir una invitación a comer. Así Jesús demuestra su preferencia por los pobres y los excluidos, que son los privilegiados del Reino de Dios, y transmite el mensaje fundamental del Evangelio que es servir al prójimo por amor a Dios. Hoy Jesús se hace voz de quien no tiene voz y dirige a cada uno de nosotros un llamamiento afligido a abrir el corazón y a hacer nuestros los sufrimientos y las angustias de los pobres, de los hambrientos, de los marginados, de los prófugos, de los derrotados por la vida, de cuantos son descartados por la sociedad y por la prepotencia de los más fuertes. Y estos descartados representan, en realidad, la mayor parte de la población.
En este momento, pienso con gratitud en las mesas donde tantos voluntarios ofrecen su servicio, dando de comer a personas solas, necesitadas, sin trabajo o sin casa. Estas mesas y otras obras de misericordia – como visitar a los enfermos y a los encarcelados – son palestras de caridad que difunden la cultura de la gratuidad, porque cuantos trabajan en ellas están movidos por el amor de Dios y son iluminados por la sabiduría del Evangelio. De este modo el servicio a los hermanos se convierte en testimonio de amor, que hace creíble y visible el amor de Cristo.
Pidamos a la Virgen María que nos conduzca cada día por el camino de la humildad –  Ella ha sido humilde toda su vida –  y que nos haga capaces de gestos gratuitos de acogida y de solidaridad hacia los marginados, para llegar a ser dignos de la recompensa divina. 
(from Vatican Radio)

domingo, 28 de agosto de 2016

Carta del Papa a una ciudad italiana en dificultad por la llegada de inmigrantes


Monseñor Antonio Suetta, obispo de Ventimiglia-San Remo hizo pública el 26 de agosto la carta que el Santo Padre envió a su comunidad diocesana en respuesta a la que el prelado le había hecho llegar recientemente para informarlo acerca de la difícil situación de esa localidad italiana, a causa de la presencia de numerosos emigrantes  y prófugos que esperan cruzar la cercana frontera ítalo-francesa.
En la noticia a publicada por Radio Vaticano, el Papa Bergoglio afirma que está cercano espiritualmente, con su afecto y oración, tanto a Monseñor Suetta como a la entera diócesis y a cuantos se ocupan de salir al encuentro de las necesidades de esta gente “que escapa de la guerra y de la violencia, en busca de esperanza y de un futuro de paz”.
Después de agradecer los esfuerzos que su comunidad diocesana está realizando “con admirable caridad evangélica, disponiendo recursos humanos, logísticos y económicos” para sostener a estos hermanos y hermanas nuestros “que viven un inmenso drama”, el Pontífice anima a todo el entramado social, laicos y consagrados, “a proseguir en el generoso empeño de la acogida y de la solidaridad”, para ser cada vez más “una Iglesia en salida”, anunciadora gozosa del Evangelio de la Misericordia y testigo de esperanza.
Al renovar su sincero aprecio por el celo con el que Monseñor Suetta guía a su comunidad, en su carta –fechada en la Ciudad del Vaticano el pasado 17 de agosto– el Papa le asegura su recuerdo en la oración por todas las necesidades de la querida Iglesia de Ventimiglia-San Remo y mientras pide que se rece por él, Francisco envía a todos los fieles su Bendición Apostólica.
Zenit

28 de agosto: san Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

El más grande de los Padres de la Iglesia y uno de los hombres más fuera de serie de la humanidad fue, por su propio testimonio, «hijo de las lágrimas de su madre». Y si él lo afirma, ¿quién le quitará la razón? Era africano. Nació en una pequeña población de Numidia –la actual Argelia–, llamada Tagaste, de padre pagano y madre cristiana; el padre se llamaba Patricio y la madre lucía el nombre de Mónica, dechado de madres santas.
Dotado de ardiente imaginación y con un temperamento apasionado, sobresalía por su vivísima inteligencia. Gusta y saborea el triunfo en Cartago como entendido en literatura, elocuencia, arte y filosofía, pero aquel chorro de gloria le desvía de los principios cristianos que su madre le inculcó cuando era niño; se dejó arrastrar por el fresco y acariciante viento de las pasiones (vivió catorce años con una mujer, de la que tuvo un hijo, Adeodato), desviándose hacia los errores, entre ellos, el maniqueísmo, dejándose engañar por la aparente rectitud, pureza y austeridad que proclamaba. Lo dejó, defraudado, por ser un hombre hecho para la verdad, cuando se dio cuenta de que allí no estaba, como tampoco la vio entre los poetas, los retóricos ni en las antiguas teogonías.
Marcha a Roma, dejándose acompañar por su madre, en el 383. Abre en Milán una cátedra de elocuencia que él llamará luego «tienda de verbosidad y vanielocuencia». Escuchó a san Ambrosio y se aplicó al estudio de las Sagradas Escrituras. Llegó a verter lágrimas al escuchar el canto de los fieles que le traían la paz. Pero sigue atormentándole la búsqueda de la verdad que se acrecienta con las muchas incertidumbres descubiertas en el estudio de los filósofos académicos. Platón y Plotino le descubrieron insospechados horizontes, pero su cambio profundo se produjo cuando se entregó de lleno al estudio de san Pablo, derribándose el castillo de sus vanidades de modo definitivo.
En el 386 se entrega al estudio metódico –para que no hubiera lagunas– de las verdades cristianas, y se sintió ganado para la fe con la disposición de ser consecuente con la verdad sin reparar en lo costoso. Ahora entra la etapa de la meditación. Renuncia a la cátedra e inicia solo con su madre y algunos amigos el retiro de Casiciaco, cerca de Milán, entregándose a la contemplación; va descubriendo que solo vale la pena vivir para la verdad, el alma y Dios. Pone en ello toda su fogosidad temperamental. ¿Esfuerzo? Mucho. Entre lo humano y lo divino, entre la libertad y la gracia, entre la rebeldía de la carne y el anhelo del alma. Culmina con la recepción del bautismo administrado por san Ambrosio de Milán el 23 de abril del año 387.
Decide el regreso a África. En Ostia le sobreviene a Mónica la muerte. A su llegada a Tagaste se nota el cambio por la venta de todos sus bienes cuya cuantía distribuye entre los pobres; comienza con sus amigos a vivir retirado en la contemplación, la oración y el estudio; probablemente fue el germen de la futura regla monacal que lleva su nombre.
Fama de santidad aclamada por las voces de la gente. Se ordena como presbítero y en el año 396 sucede en el episcopado de Hipona a Valerio; en su casa episcopal establece el modo de vivir monacal. Su actividad como obispo es extremadamente grande. Atiende a sus fieles con dedicación sin límite; predica y polemiza, cuida de sus pobres, preside concilios. Da criterios acertados para la solución de problemas de sus fieles después de haberlos madurado en la oración y a la luz de la Escritura santa. De todas las iglesias locales, próximas y lejanas, le llueven preguntas y cuestiones de la más diversa índole, pidiendo luz y consejo para los problemas de fe más arduos. Tuvo que intervenir en la explicitación de la fe verdadera ante las dificultades filosófico-teológicas que planteaban las herejías, principalmente las del maniqueísmo, arrianismo, pelagianismo y priscilianismo rechazados, con claridad y fuerza, empleando un lenguaje apasionado y cálido, expresivo y personal que, a la vez que facilita el convencimiento, seduce.
El pensamiento moderno lo considera como principal portador e impulsor del pensamiento cristiano que lo lleva en su época a cimas jamás alcanzadas en temas antropológicos y soteriológicos, expresando con una gran claridad y precisión al tiempo que abre sorprendentes expectativas a la contemplación.
Entre la muchedumbre de sus escritos portadores del saber de su tiempo, se señalan como obras capitales Confesiones (genial historia de su vida narrada con la humildad de quien mascó el error y gozó de la misericordia divina, como primera autobiografía de la literatura universal), La ciudad de Dios (en donde explica la historia desde la perspectiva de la Providencia con ocasión de la invasión bárbara y la caída de la civilización occidental). Las obras teológicas son exposiciones clarificadoras de las polémicas, Sobre la Trinidad, Sobre la Libertad, Sobre la naturaleza y la gracia. Magistrales se muestran los comentarios a la Sagrada Escritura, entre otros, sus Comentarios a los Salmos, Comentarios al Génesis, los Tratados sobre san Juan, las Epístolas y los Sermones.
Insiste en la necesidad de la razón para llegar a penetrar en los dogmas de la fe, al tiempo que afirma y reconoce que la fe en sí misma ayuda a comprender. Pero tanto la fe como la razón encontrarán verdadera eficacia solo si están vivificadas por la caridad que las hará operantes.
Murió el genio con el santo el año 430.
Quizá por su intenso vivir humano, tan pleno de espíritu, se ha clamado por el recurso a él principalmente en los períodos de mayor oscuridad al contemplar la necesidad de firmeza y de doctrina.
Archimadrid.org

EL CONSEJO DEL SABIO

Hace unos días, al seguir las lecturas litúrgicas, se me grabó en la memoria un pensamiento del profeta Miqueas: “Hombre, se te ha hecho saber lo que es bueno, lo que el Señor quiere de ti: tan solo practicar el derecho, | amar la bondad, | y caminar humildemente con tu Dios” (Mq 6, 8).
Este domingo, al meditar los textos que se proclaman – “Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”-, me acude la resonancia del tríptico profético: “practicar el derecho, amar la bondad, caminar humilde”.
El consejo del maestro espiritual es claro: “Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios; porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes”.

En el camino espiritual un signo que muestra si se avanza es comprobar si se camina humilde, sin afanes desmedidos ni pretenciosos, sabiendo de quién proceden los dones. En esta conciencia, al tiempo que surge la acción de gracias y el gesto humilde, también surge la misericordia.

Quien avanza por el camino de la humildad es solidario con los pobres y con los necesitados, y no perece en los protocolos vanidosos de las reuniones sociales, en las que tantas veces se incurre en el deseo de aparentar.
Nos gusta contar que somos amigos de gente importante, que hemos tratado con personas de renombre, que hemos visto a alguien afamado, pero esta tendencia choca con la enseñanza del Evangelio: “Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos”.
La bondad de Dios, que siempre debe ser el referente de nuestra manera de vivir, es compasiva con los pobres. “Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece”.
La experiencia de la peregrinación es maestra de humildad, porque en el camino todos van a pie, paso a paso, comprobando la debilidad, sin autosuficiencia, sensible al peregrino compañero. Sin duda que es escuela de confianza, de misericordia y de humildad.
Ángel Moreno de Buenafuente