lunes, 17 de agosto de 2015

La comunidad es mucho más que vivir y trabajar juntos

“La comunidad es mucho más que vivir y trabajar juntos. Es un vínculo del corazón que no tiene límites físicos. Son velas que arden en diferentes partes del mundo, todas ellas rezando la misma oración silenciosa de la amistad y del amor”.

“No creo que tengamos que reprimir nuestras energías eróticas para llevar una vida ordenada. Tampoco creo que debamos olvidar toda disciplina u orden para entrar en contacto con las fuerzas salvajes de nuestra existencia. Pero sí que hace falta una concentración de esfuerzo para encontrar la única manera de llegar a ser personas íntegras”.

“El valor de la vida no depende de las horas, días o años que se vivan, ni tampoco del número de personas con las que uno se relacione, ni de la influencia que se tenga en la historia. El valor de la vida es la vida en sí misma”.

“Nuestros dones, por pequeños que parezcan, se hacen grandes cuando se reconocen como dones de Dios para el pueblo de Dios. Cuando nos refrenamos en la entrega, con una mentalidad de escasez, lo poco que tengamos se hace aún menos. Cuando damos con generosidad, con una mentalidad de abundancia, lo que entregamos se multiplica”.

“Creo personalmente que Jesús se encarnó para abrirnos la puerta de la casa de Dios, y todos los hombres pueden pasar por esa puerta, conozcan o no a Jesús”.

Henri Nouwen.


Publicado por Reflejos de Luz Pastoral 

Teresa, como la piedra imán


«Me afirma quien la conoció muchos días, que nadie la conversó que no se perdiese por ella; y que, niña y doncella, seglar y monja, reformada y antes que se reformase, fue con cuantos la veían como la piedra imán con el hierro; que el aseo y buen parecer de su persona, y la discreción de su habla, y la suavidad templada con honestidad de su trato, la hermoseaban de manera que el profano y el santo, el distraído y el de reformadas costumbres, los de más y los de menos edad, sin salir ella en nada de lo que debía a sí misma, quedaban como presos y cautivos de ella, pues en estos naturales, como en tierra fértil y sazonada, prendió luego con firmes y hondas raíces la gracia que recibió en el bautismo, de manera que en los primeros años de su niñez dio claras muestras de lo que después pareció en ella».

Fray Luis de León

Fuente: Blog de las carmelitas descalzas de Puzol.


Francisco, contra los rigoristas

El Sínodo de la familia está llamado a ser uno de los hitos del pontificado de Francisco. Por la temática abordada, por los procesos que puso en marcha y porque el propio papa quiso que se desarrollase con total parresia, la capacidad de decir lo que se piensa en conciencia con claridad, franqueza y valentía. 
Aún siendo un acontecimiento mayor y pleno de parresía, el Sínodo no está por encima del papa. Francisco no le entregó su agenda ni dotó de poderes deliberativos a la asamblea sinodal. Y al final, él y sólo él tendrá la última palabra sobre todos los temas que aborde el Sínodo, incluidos los más polémicos y sensibles, como el de los divorciados vueltos a casar civilmente.
Por eso, todas las campañas (y van ya muchas) de los rigoristas se centran en denunciar que cualquier “alejamiento de la disciplina”, lo haga el Papa o el Papa apoyado en el Sínodo, es una “traición a la doctrina”.
Los rigoristas son esa especie eclesial, poco numerosa pero muy ruidosa en ciertos círculos especialmente de Internet, que, al igual que los fariseos imponen “cargas pesadas” sobre las espaldas de la gente. Y lo hacen con absoluta desfachatez, siempre seguros de sí mismos, de su interpretación de la doctrina. Una docrtrina a la que dicen defender a capa y espada, porque ellos y solo ellos lo hacen con absoluta transparencia y sin buscar para nada el aplauso de la gente.
Gente y pueblo que, lógicamente, en su interpretación doctrinaria no sólo es pecadora y busca permanentemente pecar y no salir del pecado en el que se refocila como puercos en lodazal, sino que, además, como masa que es, desconoce la doctrina, se deja llevar siempre por el diablo y quiere vivir sin valores morales.
Es ésta, la de los rigoristas y fariseos, una especie antigua, que sacaba de sus casillas al propio Cristo, y que se ha perpetuado en la historia de la Iglesia, que siempre los condenó taxativamente, como su maestro.
Ya en el primer Concilio de Nicea, allá por el 325, excomulgó a los llamados “puros” y se consideraban como tales.
Hace unos días, Francisco recordó que los divorciados vueltos a casar no están excomulgados. Al recordar y explicitar, con su habitual estilo catequético, la doctrina común de la Iglesia, el Papa marcaba el camino de la misericordia a los padres sinodales. Pero, sobre todo, señalaba a los rigoristas de hoy. A los que le acusan de ser un Papa débil.
Al proclamar que los divorciados no están excomulgados, está diciendo a los rigoristas queson ellos los que a menudo los tratan como tales y que eso no es evangélico ni doctrinal. Y, además, que con esa actitud no están defendiendo el matrimonio ni entienden el significado doctrinal profundo de la eucaristía.
Los rigoristas patrios y ajenos ni se han enterado ni se enterarán. Lo que dice el Papa sólo va a su misa, si coincide con su cristianismo doctrinario e ideologizado. Y seguirán tronando desde sus pequeños púlpitos y disparando con tirachinas, creyendo que son misiles.
No saben conjugar el verbo misericordear. Hasta abominan de él y, por lo tanto, del Evangelio de Cristo, que coloca en su frontispicio al Dios Padre misericordioso.
En cualquier caso, ya es hora de que sepan estos 'cátaros' de hoy que el silencio habitual de los buenos no implica que comulguen con sus 'chinas doctrinales'. Los buenos callan, pero siguen al Papa y, sobre todo, al Dios de la misericordia.
José Manuel Vidal


«Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna? »

Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 16-22
En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó:
-«Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna? »
Jesús le contestó:
-« ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. »
Él le preguntó:
-«¿Cuáles?»
Jesús le contestó:
-«No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo. »
El muchacho le dijo:
-«Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?»
Jesús le contestó:
-«Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres – así tendrás un tesoro en el cielo - y luego vente conmigo. »
Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.
Palabra del Señor