lunes, 27 de febrero de 2017

La voz de Dios en los signos de los tiempos


Dios actúa siempre por medio de la libertad de cada uno y habla en lo que el Concilio Vaticano II calificó de signos de los tiempos. Ya Jesús invitaba a sus oyentes a discernir las señales de los tiempos (Mt 16,3) en las que resuena la voz de Dios. Cada uno puede considerar como signos para él aquellos acontecimientos significativos para su vida. Y la Iglesia puede considerar signos de los tiempos aquellos acontecimientos que a todos nos interpelan y plantean una pregunta. 
¿No es un signo de los tiempos la mundialización de las comunicaciones a través de internet, o la violencia religiosa, o las nuevas pobrezas, o los inmigrantes muertos en el mar Mediterráneo? Ahí nos está hablando Dios. La cuestión es cómo respondemos nosotros, cómo usamos internet, qué postura tomamos ante la violencia o cómo acogemos a pobres e inmigrantes.
Es importante estar atentos a los signos de los tiempos para descubrir la voluntad de Dios sobre uno mismo, sobre la sociedad y sobre la Iglesia. El Papa Francisco nos invita a ello. Y propone a las cristianas que parecerían más alejadas de la realidad, las monjas contemplativas, como las que saben “comprender la importancia de las cosas… porque contemplan el mundo y las personas con la mirada de Dios, allí donde por el contrario, los demás tienen ojos y no ven (Sal 115,5; 135,16; cf Jr 5,21), porque miran con los ojos de la carne” (Vultum Dei quaerere, 10). Y, de forma más genérica, dirigiéndose a todos los cristianos, dice el Papa: es sano prestar atención a la realidad concreta, porque “las exigencias y llamadas del Espíritu Santo resuenan también en los acontecimientos de la historia” (Amoris Laetitia, 31).
Dios, en este mundo y en su historia, no actúa ni directa, ni automática, ni mágica, ni espontáneamente. Actúa respetando el modo de ser de la realidad y de las personas. Si actuase directamente dejaría de ser trascendente y se convertiría en una causa mundana, en un elemento de este mundo. El Catecismo de la Iglesia Católica (números 308 y 306) reconoce que “Dios es la causa primera que opera en y por las causas segundas… Esto no es un signo de debilidad, sino de la grandeza y bondad de Dios todopoderoso. Porque Dios no da solamente a sus criaturas la existencia, les da también la dignidad de actuar por sí mismas, de ser causas y principios unas de otras y de cooperar así a la realización de su designio”.
(Martín Gelabert, op)

El cardenal Osoro pide a España que ‘abra ya’ corredores humanitarios para los refugiados



 El cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, visitó hoy algunas estructuras de la comunidad de Sant’Egidio. Allí le explicaron el trabajo con los corredores humanitarios para hacer llegar a Italia a las familias de refugiados. Interrogado sobre qué falta en España para que los corredores humanitarios se puedan activar como lo está haciendo Italia, el cardenal indicó que en su país “es una decisión que debemos tomar los que tienen las responsabilidades para hacerlo”, y desea claramente que sea “ya”.
Después de su visita a la Iglesia de San Bartolomé, en la isla Tiberina, en la que san Juan Pablo II quiso se dedique a la memoria ecuménica de los mártires del siglo XX y contemporáneos, interrogado por ZENIT sobre que le impresionó al visitar este templo, el purpurado español indicó tres puntos: primero “el testimonio de los cristianos en todas las situaciones aun cuando se pide la vida para indicar que Jesucristo es el verdadero camino y la verdad”.
Segundo, porque “me ha ayudado a ver como los cristianos tenemos que uniros”, dijo, porque “hay mártires de la iglesia católica y de otras iglesias, que son hermanos cristianos. Y lo importante de ver en ese ‘dar la vida’ es la unidad. La sangre nos une y la sangre de Cristo une a todos los hombres”.
Tercero, señaló el cardenal, es porque “esta basílica como está dispuesta es la tarjeta de presentación de lo que tiene que ser esta humanidad, un mundo de hermanos. Porque somos todos hijos de Dios”.
En su visita a la estructuras de la comunidad de Sant’Egidio, situada en Vía del Fienarioli, el arzobispo de Madrid estuvo en la escuela de italiano para extranjeros, que da este servicio gratuito a los inmigrantes.
El purpurado entró en diversas aulas y conversó con los alumnos. Entre ellos, una señora salvadoreña le señaló que emigraron pensando a los hijos, porque las pandillas los enrolan y ellos no pueden hacer nada. En esa aula también contaron sus experiencias una señora albanesa y otra de ucrania y una tercera de Georgia. La visita concluyó en una casa hogar cercana, para enfermos terminales.
El cardenal Osoro toma posesión de la basílica de Santa María en Trastevere
Zenit

Buscad el Reino de Dios



Oímos con frecuencia que nuestra sociedad tiende con gran facilidad al individualismo, donde cada hombre pretende ser el único autor de su vida. La autonomía, término que define la facultad de cada sujeto para establecer sus propias reglas, se presenta como uno de los valores fundamentales en toda sociedad moderna. Es decir, se considera como algo anticuado el que alguien me imponga reglas. Dependencia o sometimiento a ciertas normas o valores se perciben a menudo como conceptos más ligados a la esclavitud que a un estilo de vida propio del hombre actual. Sin embargo, en la historia de la salvación hay una palabra omnipresente para referirse a Dios: Señor. El Antiguo Testamento designa así al Padre y el Nuevo lo amplía al Hijo. Siguiendo esta estela, desde los primeros tiempos del cristianismo, las celebraciones litúrgicas de la Iglesia aclamarán y pedirán misericordia al Kyrios, vocablo griego que significa Señor, haciendo referencia a su señorío y victoria sobre la muerte. El domingo es también el Dies Domini, el día del Señor (Dominus). Este reconocimiento a alguien que dirige nuestra vida ha sido percibido en muchas ocasiones por los críticos con la fe como una infantilización de la vida del hombre o una continuación de un vasallaje propio de otras épocas. Al mismo tiempo supondría la negación de la verdadera libertad humana.
O Dios o el dinero
Las palabras que Jesús nos dirige hoy están cargadas de gran realismo. Directamente nos presenta las dos únicas alternativas en la vida: o Dios o el dinero. De una manera sencilla y clara nos enseña que por más que pensemos que es posible la autonomía absoluta del hombre, no es posible una libertad verdadera sin vínculos. Los dos «señores» del Evangelio de hoy no solo reflejan algo que podríamos deducir con facilidad: algo así como «dado que somos creyentes, debemos servir a Dios y no al dinero». Tampoco quedaría comprendido por completo el pasaje dando el paso más de sustituir dinero por cualquier otra atadura del hombre, como puede ser el afán de dominio o de poder sobre los demás. Tendríamos así la elección Dios o dinero, Dios o poder, Dios o mundanidad, etc. Lo realmente revelador es comprender que siempre serviremos a alguien, aunque queramos negarlo. Frente a una rebeldía adolescente, que piensa que ya ha llegado el momento de ser completamente libres, Jesús nos dice hoy que es inútil, que siempre estaremos sometidos, queramos o no. Si no servimos a Dios, serviremos a otros dioses.
¿Por qué os agobiáis?
Junto a las palabras del Señor sobre la inevitable alternativa, Jesús quiere fundamentar nuestro servir a Dios en el amor paternal del Padre celestial sobre lo que ha creado. Del mismo modo que en la primera lectura de hoy escuchamos: «¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta? […] aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré» (Is 49, 15), Jesús nos invita a abandonarnos por completo en los brazos de Dios, que jamás se olvida de nosotros. El Señor presenta el agobio, probablemente la palabra más reiterada en esta página evangélica, como algo propio de los paganos. Ciertamente, si el único horizonte del hombre son bienes que hoy están y mañana pueden desaparecer o no ser de la misma calidad, tales como el vestido, la comida o la bebida, no es extraño que aparezca el agobio o la angustia. Jesús presenta a Dios también como el dueño absoluto de la vida. Por eso, aunque el paso de los años provoque un deterioro creciente en nuestras capacidades físicas o mentales, nuestra actitud debe ser siempre la de la confianza total en ese Señor que no abandona la mayor obra de la Creación, del mismo modo que un padre o una madre, en su sano juicio, no se olvidan jamás del hijo al que le han transmitido la vida. En definitiva, solo es posible servir y buscar a Dios y su Reino, si anteriormente nos hemos puesto con confianza en sus manos.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid
Alfa y Omega

«El Santo Padre me ha hecho un gran regalo al confiarme esta iglesia de Roma que sirve a los pobres»



Antiguamente, el Papa era elegido por los párrocos de Roma. Por eso, además del anillo y la birreta, cada cardenal recibe simbólicamente el título de una iglesia romana. Algunas semanas más tarde, la comunidad de esa parroquia lo acoge con una solemne ceremonia.
Anoche el cardenal Carlos Osoro tomó simbólicamente posesión de la basílica de Santa María in Trastévere de Roma, confiada a la Comunidad de Sant’Egidio, y entró a formar parte del clero de Roma. Fue a última hora del sábado, con la Misa más importante que celebra este movimiento cada semana en Roma. Entre los participantes estaba su fundador Andrea Riccardi.
«Quiero comenzar dando gracias a Dios por el regalo que el Santo Padre, Papa Francisco, me ha dado al entregarme el título de cardenal de Santa María en Trastévere, incorporándome así a la Iglesia de Roma como cardenal presbítero. Gracias a todos los que formáis esta comunidad parroquial, y muchas gracias a la Comunidad de Sant’Egidio, con la que, desde mis inicios en el ministerio sacerdotal y episcopal, he querido contar para el anuncio del Evangelio», les saludó el cardenal.
«En la diócesis de Madrid he sentido su cercanía, y la colaboración que hacen a mi ministerio en el anuncio de la Buena Nueva a los más pobres», explicó. También reconoció que le alegraba «poder estar más cerca aún de quienes habéis vivido el origen de esta comunidad, que busca hacer verdad la cultura del encuentro, sirviendo siempre a los más pobres, en las circunstancias más adversas que dificultan las relaciones fraternas entre los hombres».
Marco Gnavi, párroco de la basílica, le agradeció su cariño hacia la Comunidad de Sant’Egidio en Madrid. «Estamos un poco celosos, le pido que nos quiera como quiere a los de Madrid», bromeó.
Entre los asistentes estaba el embajador de España, Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga. Además, concelebraron con el cardenal Pietro Marini, maestro de ceremonias de Juan Pablo II, y el español José Rodríguez Carballo, secretario de la Congregación para la Vida Consagrada. También participaron peregrinos de Madrid, entre ellos, un pequeño grupo de la parroquia de San Antón.
Este domingo, 26 de febrero, el cardenal Osoro conocerá varias de las iniciativas que la comunidad fundada por Andrea Riccardi mantiene en Roma. Visitará la basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina, santuario de los nuevos mártires de los siglos XX y XXI; así como un centro para extranjeros de la mano de Daniela Pompei, responsable de los corredores humanitarios de Sant'Egidio, y una casa-hogar para enfermos terminales.

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (10,17-27) POR EL PAPA FRANCISCO:





De la homilía del Papa Francisco en Santa Marta el 25-5-2015 (fuente: L’Osservatore Romano)

La liturgia del día propone el pasaje evangélico de san Marcos (10, 17-27) que se refiere al joven rico, un episodio que —dijo el Pontífice— podría llevar por título: «El itinerario desde la alegría y la esperanza a la tristeza y la cerrazón en sí mismo». 

Ese joven, en efecto, «quería seguir a Jesús y al verlo fue a su encuentro, entusiasmado, para plantearle la pregunta: “¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”». A quien el Señor, tras la invitación a vivir los mandamientos, exhorta: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo». Y el joven, «frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico».

Del entusiasmo a la tristeza: «Quería seguir a Jesús y se marchó por otro camino». ¿El motivo?«Estaba apegado a sus bienes. Tenía muchos bienes. Y en el balance vencieron los bienes».

El Papa Francisco destacó la actitud clara de Jesús ante tal reacción: «Dijo a sus discípulos: “¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!”». En efecto —explicó— «hay un misterio en la posesión de las riquezas. Las riquezas tienen la capacidad de seducir y hacernos creer que estamos en un paraíso terrestre». 

Al respecto el Papa presentó también un ejemplo: «Recuerdo que en los años setenta vi por primera vez un barrio cercado, de gente pudiente; estaba cerrado para defenderse de los ladrones, para estar seguros». Había también gente buena, pero se habían encerrado en esa especie de
«paraíso terrestre». Esto sucede, dijo, «cuando existe la cerrazón para defender los bienes»: se pierde «el horizonte». Y «es triste una vida sin horizonte».

En este punto el Pontífice entró aún más en profundidad: hay que considerar, recordó, que «las
cosas cerradas se estropean, se corrompen, entran en descomposición. El apego a las riquezas es el inicio de todo tipo de corrupción, por doquier: corrupción personal, corrupción en los
negocios, incluso la pequeña corrupción comercial —como la practicada, explicó el Papa, por quienes restan algún gramo al peso justo de una mercadería—, corrupción política, corrupción en la educación...». 

Cuantos «viven apegados al propio poder, a las propias riquezas, se creen en el paraíso. Son cerrados, no tienen horizonte, no tienen esperanza. Al final tendrán que dejarlo todo».

Para hacer comprender mejor este concepto, el Pontífice hizo referencia también a la parábola en
la que Jesús habla del hombre que con traje elegante «todos los días tenía grandes banquetes»:
este hombre «estaba tan encerrado en sí mismo que ya no veía más allá de su nariz: no veía que
allí, en la puerta de su casa había un hombre que tenía hambre y también estaba enfermo, con
llagas». 

Lo mismo nos sucede a nosotros: «el apego a las riquezas nos hace creer que todo está
bien, que hay un paraíso terrestre, pero nos quita la esperanza y nos quita el horizonte. Y vivir sin horizonte es una vida estéril, vivir sin esperanza es una vida triste».



Pero, quiso precisar el Papa Francisco, aquí se está criticando el «apego» y no el hecho de
«administrar bien las riquezas». Las riquezas, en efecto, «son para el bien común, para todos», y
si el Señor se las concede a alguien, es «para el bien de todos, no para sí mismo, no para que las
encierre en su corazón, que luego así se convierte en corrupto y triste». 

Jesús usa una expresión fuerte: «¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!». Las riquezas, dijo el Papa, «son como la serpiente en el paraíso terrestre, encantan, engañan, nos hacen creer que somo poderosos, como Dios. Y al final nos quitan lo mejor, la esperanza, y nos lanzan en lo peor, en la corrupción». Por ello Jesús afirma: «Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».

De esto deriva un consejo válido para cada uno: quien posee riquezas debe orientarse «a la
primera bienaventuranza: “Felices los pobres de espíritu”; es decir tomar distancia de este apego
y hacer que las riquezas que el Señor le ha dado sean para el bien común». La «única forma» de
obrar es «abrir la mano, abrir el corazón, abrir el horizonte». 

Si, en cambio, «tienes tu mano cerrada, tienes el corazón cerrado como el del hombre que organizaba banquetes y llevaba vestidos lujosos, no tienes horizontes, no ves a los demás que pasan necesidad y terminarás como ese hombre: lejos de Dios». Lo mismo sucedió al joven rico: «contaba con la senda de la felicidad, la buscaba y... lo pierde todo». Por su apego a las riquezas «termina como un derrotado».

Debemos, por lo tanto, concluyó el Pontífice, pedir a Jesús la gracia «de no apegarnos a las
riquezas» para no correr el peligro «de la cerrazón del corazón, la corrupción y la esterilidad»

MAESTRO, ¿QUÉ HAGO PARA HEREDAR LA VIDA ETERNA?





Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,17-27):

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante Él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».

Jesús le contestó: «Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».

Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».

Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme».

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¿Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!».

Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».

Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?».

Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».

Palabra del Señor

11 cosas que conviene saber sobre el Miércoles de Ceniza



A pocos días del inicio de la Cuaresma, que sirve de preparación para la Pascua y que comienza este miércoles 1 de marzo, recordamos algunas cosas esenciales que todo católico debe saber para poder vivir intensamente este tiempo litúrgico.

1.- ¿Qué es el Miércoles de Ceniza?
Es el primer día de la Cuaresma, es decir, de los 40 días en los que la Iglesia llama a los fieles a la conversión y a prepararse verdaderamente para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la Semana Santa.
El Miércoles de Ceniza es una celebración contenida en el Misal Romano. En este se explica que en la Misa, se bendice e impone en la frente de los fieles la ceniza hecha de las palmas bendecidas en el Domingo de Ramos del año anterior.
2.- ¿Cómo nace la tradición de imponer las cenizas?
La tradición de imponer la ceniza se remonta a la Iglesia primitiva. Por aquel entonces las personas se colocaban la ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad con un “hábito penitencial” para recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo.
La Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos casi 400 años D.C. y a partir del siglo XI, la Iglesia en Roma impone las cenizas al inicio de este 
3.- ¿Por qué se impone la ceniza?
La ceniza es un símbolo. Su función está descrita en un importante documento de la Iglesia, más precisamente en el artículo 125 del Directorio sobre la piedad popular y la liturgia:
“El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual”.
4. ¿Qué simbolizan y qué recuerdan las cenizas?
La palabra ceniza, que proviene del latín "cinis", representa el producto de la combustión de algo por el fuego. Esta adoptó tempranamente un sentido simbólico de muerte, caducidad, pero también de humildad y penitencia.
La ceniza, como signo de humildad, le recuerda al cristiano su origen y su fin: "Dios formó al hombre con polvo de la tierra" (Gn 2,7); "hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19).
5.- ¿Dónde se puede conseguir la ceniza?
Para la ceremonia se deben quemar los restos de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior. Estas son rociadas con agua bendita y luego aromatizadas con incienso.tiempo.
6.- ¿Cómo se impone la ceniza?
Este acto tiene lugar en la Misa al término de la homilía y está permitido que los laicos ayuden al sacerdote. Las cenizas son impuestas en la frente, haciendo la señal de la cruz con ellas mientras el ministro dice las palabras bíblicas: «Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás», o «Conviértete y cree en el Evangelio».
7.- ¿Qué hacer cuando no hay sacerdote?
Cuando no hay sacerdote la imposición de cenizas puede realizarse sin Misa, de forma extraordinaria. Sin embargo, es recomendable que al acto se preceda con una liturgia de la palabra.
Es importante recordar que la bendición de las cenizas, como todo sacramental, solo puede realizarla un sacerdote o diácono.
8.- ¿A quién se puede imponer la ceniza?
Puede recibir este sacramental cualquier persona, inclusive no católica. Como especifica el Catecismo (1670 y siguientes) los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo como sí lo hacen los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia estos «preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella».
9.- ¿Es obligatoria la imposición de las cenizas?
El Miércoles de Ceniza no es día de precepto y por lo tanto la imposición de ceniza no es obligatoria. No obstante, ese día concurre una gran cantidad de personas a la Santa Misa, algo que siempre es recomendable.
10.- ¿Cuánto tiempo hay que tener la ceniza en la frente?
Cuanto uno desee. No existe un tiempo determinado.
11.- ¿Es obligatorio el ayuno y la abstinencia?
El Miércoles de Ceniza es obligatorio el ayuno y la abstinencia, como en el Viernes Santo, para los mayores de 18 años y menores de 60. Fuera de esos límites es opcional. Ese día los fieles pueden tener una comida “fuerte” una sola vez al día.
La abstinencia de comer carne es obligatoria desde los 14 años. Todos los viernes de Cuaresma también son de abstinencia obligatoria. Los demás viernes del año también, aunque según el país puede sustituirse por otro tipo de mortificación u ofrecimiento como el rezo del rosario.
Aciprensa