miércoles, 24 de mayo de 2017

El Papa de las sorpresas, con cinco nuevos cardenales



«Dios es siempre nuevo». Así es el Dios de los cristianos, según Francisco. «El Dios de las sorpresas». Por eso, su vicario en la tierra no podría ser de otra manera. Fiel a su estilo, el Papa argentino sorprendió una vez más este fin de semana al anunciar un inminente consistorio para la creación de cinco nuevos cardenales. Entre ellos el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella. Además, con los elegidos sentó precedentes inéditos, como el de elevar al cardenalato a un obispo auxiliar mientras el titular de la diócesis no lo es.

Ningún observador lo tenía previsto. Ningún vaticanista pudo anticiparlo, como en otras ocasiones. El último domingo, al finalizar el rezo del Regina Coeli y asomado a la ventana de su estudio privado en el Palacio Apostólico, el Papa Francisco anunció a la multitud su decisión de convocar un consistorio cardenalicio para el próximo 28 de junio.
Un anuncio cuanto menos extraño, sobre todo por el momento. Ya desde el papado de Benedicto XVI, la creación de cardenales se realizaba a inicios o finales de año, coincidiendo –según el caso– con la fiesta de la Cátedra de San Pedro (febrero) o de Cristo Rey (noviembre). Así ocurrió, también, con los primeros tres consistorios de Francisco. Pero ya se sabe, el Papa tiene plena libertad en este ámbito, incluso para sorprender.
Ante la multitud congregada en la plaza de San Pedro, el Pontífice leyó los nombres de los nuevos purpurados. Además de Omella, incluyó a Jean Zerbo, arzobispo de Bamako (Mali); Anders Arborelius, obispo de Estocolmo, en Suecia; Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun, vicario apostólico de Paksé, en Laos y Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, en El Salvador.
«Su procedencia de diversas partes del mundo manifiesta la catolicidad de la Iglesia difundida en toda la tierra, y la asignación de un título o una diaconía en la urbe expresa la pertenencia de los cardenales a la diócesis de Roma, que preside en la caridad de todas las Iglesias», dijo Francisco. El jueves 29 de junio, solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, el Obispo de Roma concelebrará la Misa con los nuevos cardenales, con el Colegio Cardenalicio, con los nuevos arzobispos metropolitanos, obispos y algunos presbíteros.
Según la tradición, la fiesta de esos apóstoles es la entrega del palio, la indumentaria litúrgica que identifica a los arzobispos. Pero este año todo se juntará, y el consistorio eclipsará el viaje a Roma de los nuevos pastores metropolitanos. «Confiamos los nuevos cardenales a la protección de los santos Pedro y Pablo, para que sean auténticos servidores de la comunión eclesial y anunciadores alegres del evangelio en el mundo entero», añadió el Papa.
Aire fresco en la cúpula eclesial
En este imprevisto anuncio, Francisco ratificó una opción precisa: su voluntad manifiesta de incluir aire fresco en los órganos de decisión de la Iglesia, de reconocer a personalidades venidas de sitios geográficos considerados como secundarios e, incluso, hasta irrelevantes. Al menos en la geopolítica moderna. Pero no irrelevantes para la catolicidad.
El Papa dejó en claro, otra vez, que la elección de sus colaboradores más cercanos es suya, personal, y no responde a dinámicas condicionadas por las presiones de ocasión. Para él no existen automatismos, ni carrerismos, ni sedes cardenalicias cuyos obispos deben recibir el birrete colorado obligatoriamente. Ejemplos emblemáticos de esta orientación resultan Turín y Venecia, dos históricas y poderosas diócesis italianas que llevan años sin ser guiadas por un cardenal.
Como contraparte, en estos años de pontificado, Francisco ha roto muchos esquemas. En Panamá creó purpurado al obispo de la pequeña diócesis de Ciudad David, dejando al primado como arzobispo. Y ha concedido el primer birrete cardenalicio de la historia a varios países, incluidas pequeñas islas de Oceanía como Tonga y Papúa Nueva Guinea.
Algo similar ocurrirá ahora. En junio incluirá en el Colegio Cardenalicio al obispo auxiliar de San Salvador. Una verdadera rareza en los tiempos modernos de la Iglesia. Sobre todo, porque establecerá una situación en la cual el inferior tendrá un más alto rango episcopal que el superior, el actual arzobispo de esa diócesis salvadoreña, José Luis Escobar Alas.
De ahí que el elegido, Gregorio Rosa Chávez, haya asegurado haberse sentido «confuso, desconcertado y abrumado» cuando supo la noticia. Reconoció que, con su distinción, el Papa quiso rendir un tributo al obispo de los pobres, Óscar Arnulfo Romero, asesinado por los escuadrones de la muerte que asolaron el país centroamericano en 1980.
La situación inédita en El Salvador y los nombres de los otros futuros purpurados refuerzan el camino impreso por Francisco a la barca de Pedro: de cercanía a la gente, de misericordia y de periferia, donde el cardenalato es a la persona por sus méritos y no por otras razones. En Suecia, donde el catolicismo es minoría, el Papa quiso destacar el testimonio de Anders Arborelius, obispo procedente de una familia luterana que se convirtió a los 20 años. Él será el primer purpurado escandinavo tras 500 años de reforma. Jean Zerbo, de Mali, es un hombre conocido por su trabajo a favor de la paz en un país azotado constantemente por las luchas étnicas, políticas y sociales. Así como en sus anteriores consistorios el Papa mandó cardenales a tierras de inestabilidad y turbulencia (Venezuela y Siria), ahora lo hace con este martirizado territorio africano.
El cambio irreversible
«Me iré cuando el cambio sea irreversible», le dijo, casi al inicio de su pontificado, el Papa a un hombre de su estima. Esa transformación se está manifestando especialmente en el Colegio Cardenalicio. Los tiempos le ayudan. En sus primeros cuatro años de su ministerio petrino muchos cardenales superaron los 80 años, permitiéndole designar un buen número de sustitutos. Así, a partir del 28 de junio, Francisco habrá renovado 49, siete menos que los designados por Benedicto XVI en sus ocho años de pontificado. Corresponderán al 40 % de los 121 electores que podrían votar por su sucesor en un futuro cónclave.
Poco a poco, Bergoglio ha ido modificando el equilibrio geográfico entre Europa y el resto del mundo. En 2013, la mayoría de los cardenales que lo eligieron Papa provenían del Viejo Continente. Ahora la proporción se ha invertido. Con las nuevas designaciones, los extraeuropeos suman 68: 34 de América, 15 de África, 14 de Asia y cinco de Oceanía. En cambio, los europeos son 53.
Una brecha que podrá ampliarse aún más, si Francisco lo desea. En 2018 siete cardenales superarán los 80 años y perderán sus derechos electivos. Solo uno de ellos no es europeo, la mayoría son italianos. Otros diez superarán esa edad en 2019, dándole la oportunidad de profundizar su reforma de las personas del Colegio Cardenalicio.
Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano

Primeras Comuniones: de acto religioso a evento social de exhibición


La crisis no ha frenado el desembolso de las familias, que puede llegar a superar los 8.000 euros
Antaño, la celebración de una comunión reunía a los familiares más cercanos en una comida sencilla en casa, y los niños recibían como regalo algún detalle nada ostentoso. Hoy, al llegar el mes de mayo, las familias se preparan para desembolsar una cantidad de dinero que puede llegar a superar los 8.000 euros –aunque el gasto medio es de 4.000–, entre carísimos viajes a parques temáticos y listas de invitados que son más propias de bodas que de comuniones.
Parece ser cierto que «se nos está yendo la pinza con los convites, banquetes y regalos», como advirtió la semana pasada el juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, en una entrada en su cuenta de Facebook que en pocas horas se convirtió en un alegato viral contra la desmesura.
El gasto en el festejo social que envuelve al acto religioso supone un endeudamiento importante para muchas familias, y ha afianzado la tendencia al exceso que vienen recogiendo las asociaciones de consumidores en los últimos años, que recomiendan «adaptar el presupuesto a los tiempos y a las posibilidades económicas». Ni siquiera la crisis ha logrado frenar el sobregasto, y de producirse una contención, es mínima.
Elemento de «exhibición»
¿Por qué esta tendencia a materializar este acto religioso? El sociólogo José Luis Barceló Mezquita, del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Madrid, identifica que uno de los primeros motivos de este dispendio es la cuestión demográfica.
Las parejas españolas tienen muchos menos niños que hace 15 o 20 años –la tasa de natalidad ha caído dos puntos porcentuales desde la década de los 80– y pueden permitirse hacer una mayor inversión en ellos, en ocasiones con una intención implícita de «exhibir» su poder adquisitivo. «Antes, cuando las familias eran más numerosas, esto no se hacía», apunta Barceló Mezquita. Según el experto, «el que tiene uno o dos hijos los ha convertido en un elemento de distinción, no sólo en este tipo de celebraciones, también, por ejemplo, en la búsqueda de un colegio caro para que estudien».
En esta misma línea, el profesor de Historia del Pensamiento y Movimientos Sociales de la Universidad San Pablo CEU, Juan Carlos Jiménez, habla de «esnobismo de estatus»: el evento religioso es accesorio a la fiesta social, hasta tal punto que los padres se ven obligados a competir para que el niño eleve su estatus mostrando su celebración».
Barceló Mezquita coincide en que «se ha llegado a ridiculizar la comunión». Apunta, además, un dato curioso y contradictorio que aporta una pista del carácter psicosocial de los españoles: el 50% de los enlaces entre parejas a día de hoy se producen por lo civil. «Nos encontramos con que a pesar de que sean parejas civiles sí que quieren que sus hijos hagan la comunión».
En este sentido, Alejandro Néstor García, sociólogo y profesor en la Universidad de Navarra, cree que «esta celebración ha perdido en parte su carácter religioso –aunque, puntualiza, no totalmente– para coger forma de evento social familiar». Y justifica esta tendencia en el cambio en las relaciones familiares: «ahora hay una mayor movilidad de los miembros, por lo que el núcleo se ve fragmentado, y aprovecha estas ocasiones para convertirlas en un motivo de celebración de suma importancia». Inevitablemente, se le da la misma relevancia al consumo y se invierte mucho más en los preparativos.
Sentimiento de culpa
¿Qué lleva a los padres a actuar así? La psicóloga Rocio Martín-Serrano, autora del libro Autoconcepto y ansiedad en adolescentes: un programa de intervención clínica, apunta como primer motivo a que estos comportamientos sirven a los padres para mitigar posibles sentimientos de culpa. «El ritmo de la sociedad ha contribuido a que las obligaciones laborales de los padres les impida pasar más tiempo con sus hijos», así que se vuelcan en la preparación de estos días señalados para los niños adoptando una «conducta de compensación». De esta forma se sustituye «inconscientemente» el componente afectivo por el material: menos atención, pero más regalos.
«Que no sea menos que los demás», «que no le falte de nada», y todo este tipo de proverbios paternales que muestran la inclinación de los progenitores a cuidar en exceso de los hijos, según aclara Martín-Serrano, son otras de las causas del derroche, que sólo contribuyen a «frenar sus habilidades evolutivas» y entorpecer su enfrentamiento a contratiempos futuros.
La causa de esta conducta radica en la inseguridad de los propios padres: «el hecho de que los progenitores le transmitan a su hijo, por ejemplo, que tener menos regalos significa ser menos que los demás, demuestra la inseguridad de ellos», que se proyecta en el niño generando un patrón de conducta que se acabará repitiendo. «Lo único que consiguen estas recompensas inmediatas, vinculadas al capricho, es frenar sus inseguridades a corto plazo, pero -concluye Martín-Serrano- seguirán expuestos a ellas y desarrollarán baja tolerancia a la frustración cuando surgen imprevistos».
Patricia García/ABC
Alfa y Omega

El Papa urge a Trump a evitar las guerras y ser «instrumento de paz»


El Papa Francisco ha recibido este miércoles con una sonrisa cordial a un presidente Donald Trump más bien tenso para un primer encuentro que ha servido para dejar atrás reticencias y abrir un canal de diálogo directo entre dos personas con posturas muy distintas en temas importantes.
«Santidad, es una gran honor estar aquí. Muchísimas gracias», fueron las primeras palabras de saludo del presidente, pronunciadas en su idioma, a lo que Francisco ha respondido con amabilidad «mucho gusto en conocerle, no hablo muy bien inglés».
Durante la conversación de algo menos de 30 minutos en privado, y de nuevo en el intercambio de regalos, el Papa ha urgido al presidente americano a evitar la proliferación de guerras y promover la paz.
Lo hizo en público al comentar en detalle a su visitante el significado del regalo de despedida: un medallón con ramos de olivo y una horrible fractura en el centro, que Trump se lleva como recuerdo a Estados Unidos. Según Francisco, «esa división es la guerra».
En la misma línea de «sugerencia» Francisco le ha regalado también sus tres grandes documentos, La alegría del Evangelio, La alegría del amor, sobre la familia, y Laudato sí sobre, la necesidad de proteger el medio ambiente y disminuir el consumo de combustibles fósiles para aminorar los daños del cambio climático. Con cortesía, Trump ha prometido leerlos.
Al término de cada audiencia, el Papa utiliza los regalos para insistir en algún punto y que sirvan de recordatorio a su visitante. En ese caso, a los tres documentos extensos ha añadido otro más breve pero muy significativo en el que ha puesto especial énfasis: el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2017, haciendo notar que «se lo firmé personalmente».
Francisco ha insistido en comentarle que se lo regalaba con el deseo de que sea «instrumento de paz», a lo que Trump ha respondido «necesitamos la paz».
A su vez, el presidente americano ha regalado al Santo Padre una gran caja con libros de Martin Luther King, diciéndole «creo que le gustarán. Espero que le gusten».

«No olvidaré lo que me dijo»
Después de la conversación de casi media hora en privado –el tiempo normal para jefes de Estado, aunque el encuentro con Obama había durado casi el doble- , ambos parecían más relajados, casi aliviados.
De nuevo en presencia de los periodistas, el presidente americano le ha presentado su séquito, comenzando por su esposa Melania y su hija Ivanka, las dos visiblemente conmovidas.
La primera dama le pidió que bendijese un pequeño objeto, quizá un rosario, que sostenía en el hueco de la mano, mientras Ivanka Trump le daba las gracias con afecto.
El encuentro tuvo momentos distendidos y simpáticos, como cuando Francisco preguntó inesperadamente a la primera dama que le daba de comer a su marido. Melania Trump respondió divertida «¡Pizza!».
Trump fue presentando también al Papa a los demás miembros de su delegación, empezando por su yerno Jared Kushner, el secretario de Estado Rex Tillerson, el consejero de Seguridad Nacional H.R. McMaster y otros siete funcionarios. Todos recibieron como regalo un rosario de manos del Santo Padre.
«No olvidaré lo que me dijo», fueron las últimas palabras del presidente en inglés justo en el apretón de manos de despedida, a las que Francisco respondió en español con un animoso: «¡Buena suerte!».
A continuación, el presidente y sus principales colaboradores se trasladaron a otra sala para un encuentro con el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, y el responsable de Relaciones Exteriores, Paul Gallagher, donde se tratarían más en detalle los principales asuntos de interés mutuo.
Como hace con todos los jefes de Estado, Francisco había salido a recibirle en la antecámara de su biblioteca privada y ambos posaron durante unos instantes para la primera foto oficial. En ese momento se notaba contraste de rostros: el Papa mantenía un gesto serio mientras que el presidente lucía una y otra vez una gran sonrisa, casi de campaña electoral.
En cuanto tomaron asiento a ambos lados de una sencilla mesa de madera, el presidente acercó un poco más su silla como si quisiera escuchar mejor o estar más cerca de su interlocutor. El lenguaje corporal era positivo y manifestaba interés.
A su vez, el Papa inició una explicación muy serena y amable durante el medio minuto inicial hasta que se ordena la salida del resto de las personas. Junto al Papa, en un clima de total reserva, se quedó solamente su traductor Mark Miles, un británico nacido en Gibraltar.
La comitiva del presidente Trump había llegado al Vaticano a las 8.15 y entrado por una puerta lateral en lugar de atravesar la hermosísima plaza de San Pedro, que en ese momento se encontraba repleta de peregrinos para la audiencia general de los miércoles. Ese era el motivo por el que el Papa le había dado cita tan temprano.
Donald Trump, la primera dama y su hija Ivanka, pudieron experimentar por primera vez lo que se parece más bien a un cambio de planeta: pasar de las calles ruidosas de Roma y su tráfico caótico a los Jardines Vaticanos, un oasis de belleza y tranquilidad, donde todo está limpio y ordenado.
El presidente fue recibido en el patio de San Dámaso por un piquete de la Guardia Suiza y por el jefe de la Casa Pontificia, Georg Gaenswein, quien también saludó a la primera dama y a Ivanka Trump, ambas vestidas de riguroso negro y ataviadas con mantillas de encaje ya desde ese momento.
Refiriéndose al viaje iniciado en Arabia Saudí y continuado en Palestina e Israel, Trump comento a Gaenswein que está siendo «una gira muy buena».
Escoltado por los gentilhombres del Vaticano, el presidente recorrió los impresionantes pasillos que llevan hasta la biblioteca privada del Santo Padre, escuchando las explicaciones de Georg Gaenswein sobre la historia del lugar y algunas de las obras de arte.
Daba la impresión de que Trump no le escuchaba mucho. Probablemente, su cabeza estaba totalmente concentrada en el encuentro que estaba a punto de mantener con el Papa y que, a juzgar por el cambio de rostros al final, ha resultado positivo.
Comunicado de la Santa Sede
Al finalizar la visita, la Santa Sede ha emitido un comunicado en el que asegura que durante el encuentro entre ambos mandatarios se ha expresado «el compromiso común en favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia». Asimismo, «se ha manifestado el deseo de una colaboración serena entre el Estado y la Iglesia Católica en los Estados Unidos, comprometida en el servicio a la población en los campos de la salud, la educación y la asistencia a los inmigrantes».
Las conversaciones de Trump con el Pontífice y con el secretario de Estado del Vaticano también han permitido, según la Santa Sede, «un intercambio de puntos de vista sobre algunos temas relacionados con la actualidad internacional y con la promoción de la paz en el mundo a través de la negociación política y el diálogo interreligioso, con especial referencia a la situación en Oriente Medio y a la tutela de las comunidades cristianas».

La «terapia de la esperanza» de Jesús. Catequesis del Papa en español

"El secreto de la terapia está en mostrar a la persona que, aunque que pueda parecer lo contrario, sigue siendo amada por Dios". Así explicó el Papa Francisco la «terapia de la esperanza» de Jesús, en la Audiencia General del miércoles 24 de mayo. 
El pontífice se centró en el Evangelio de Lucas que narra el pasaje de la huida de los discípulos de Jerusalén, quienes tras la muerte de Jesús, caminan hacia Emaús desanimados porque habían visto morir las esperanzas que habían puesto en el Maestro. Jesús, conociendo la tristeza que los inundaba quería ayudarles a sondear en profundidad la amargura que se había apoderado de ellos. 
Los discípulos caminan tristes, observó el Papa, porque vieron morir las esperanzas que habían puesto en Jesús de Nazaret; y la señal más elocuente de la derrota, que no habían previsto, es aquella cruz en el Calvario. En cambio se trata de una derrota que sí había sido prevista por Dios y también anunciada en las Sagradas Escrituras.
"En los Libros Sagrados -  prosiguió el Pontífice -  no se encuentran historias de heroísmo fácil, ni de conquistas fulminantes. A Dios no le gusta ser amado como a un líder que lleva a su pueblo a la victoria, aniquilando a los adversarios" sino, más bien, él representa "una llama frágil que arde en un día de frío y viento"; y, para aparecer aún más frágil, Él ha escogido el lugar que todos despreciamos. 
Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo entregó a los discípulos: fue entonces cuando los discípulos de Emaús lo reconocieron. En ese encuentro rápido de Jesús con los dos discípulos, dijo Francisco, está contenido todo el destino de la Iglesia; y en el gesto de la Eucaristía, el significado también de cómo debe ser nuestra vida: Jesús nos toma, nos bendice, 'parte' nuestra vida - porque no hay amor sin sacrificio - y la ofrece a los demás, a todos.
A continuación, el resumen de la catequesis que el Papa pronunció en nuestro idioma: 
"Queridos hermanos y hermanas:
La lectura del Evangelio de san Lucas que hemos escuchado nos narra la experiencia de los dos discípulos que, después de la muerte de Jesús en el Calvario, huyen de Jerusalén sin esperanza, desilusionados y llenos de amargura por la derrota del Maestro, hacia la tranquilidad de Emaús.
En ese caminar hacia su aldea, mientras conversan con paso triste y desesperanzado, se les une un desconocido. Los ojos de ellos, velados aún por el fracaso de sus expectativas humanas, no reconocen que es Jesús. El Señor camina con ellos, y aunque conoce el motivo de su desilusión, no se impone, sino pregunta y escucha. Comienza su «terapia de la esperanza». Les deja el tiempo necesario para que hagan un recorrido interior y lleguen al fondo de su amargura. Y ellos pronuncian aquellas palabras: «Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel», que trasudan tristeza, decepción, derrota, y que son un retrato de la existencia humana que nos es común.
Jesús camina, de manera discreta, junto a todas las personas desalentadas, y logra darles de nuevo la esperanza. Como a los discípulos de Emaús, él habla a través de las Escrituras, manifestando cómo la verdadera esperanza pasa por el fracaso y el sufrimiento. Y al final del camino cumplido en su compañía, Jesús se hace reconocer en la Fracción del pan, gesto fundamental de la Eucaristía, don de su amor total, de donde brota la vida de la Iglesia y del cristiano.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Que Jesús resucitado nos conceda descubrirlo presente y vivo en su Iglesia donde, saliendo a nuestro encuentro y caminando junto a cada uno, nos conduce con su amor infalible y su presencia vivificante por el camino de la esperanza. Que Dios los bendiga".
(Griselda Mutual - Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena



Lectura del santo Evangelio según san Juan 16,12-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».
Palabra del Señor.