sábado, 19 de marzo de 2016

La cadena de la nueva esclavitud. "El eslabón que hace posibles y fuertes los demás, es el de los ciegos"


El último eslabón lo forman los que humillan, los que acosan, los que pegan hasta magullar, fracturar, mutilar y matar.
El penúltimo lo integran los que encubren, los que justifican, los que mienten, los que legislan, los que mandan, en resumen, los que garantizan que el último eslabón cumpla sin riesgos su misión humanitaria.
Un tercer eslabón, esencial para que la cadena no se rompa, es el de los que financian. Los tales, aunque sepan muy bien qué es lo que se va a hacer con el dinero que asignan a los que han de humillar y acosar a los pobres, a los que magullan sus cuerpos, fracturan sus huesos, mutilan sus miembros, o los empujan a la muerte, jamás dirán que pagan para eso, jamás reconocerán que pagan para no ver echado en su portal al mendigo cubierto de llagas, y fingirán ignorar que ese dinero es una fábrica de dolor y de muerte.
Y el primero de todos, el indispensable, el que hace posibles y fuertes los demás eslabones, es el de los ciegos: una sociedad desinformada, engañada, distraída, indiferente... Sin ella, los negreros no tendrían un minuto de futuro. Esa ceguera hace posible que se llenen de esclavos los caminos de la tierra, y que negocien con el dolor de los pobres las mafias que se reparten los cometidos en los demás eslabones de la cadena.

 (Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger)

HOY, FIESTA DE SAN JOSÉ: FELICITACIÓN, REFLEXIÓN ESPIRITUAL Y ORACIÓN


Queridos amigos, la Iglesia se alegra hoy celebrando la fiesta de San José. News.va desea felicitar a todos los amigos y amigas que llevan el nombre del santo que tanto y tan bien cuidó a Jesús cuando era niño.

Les ofrecemos una reflexión espiritual tomada de los sermones de san Bernardino de Siena, presbítero: 
«PROTECTOR Y CUSTODIO FIEL»
Cuando la gracia divina elige a alguien para un oficio singular o para ponerle en un estado preferente, le concede todos aquellos carismas que son necesarios para el ministerio que dicha persona ha de desempeñar.

Esta norma se ha verificado de un modo excelente en san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del universo y Señora de los ángeles.

José fue elegido por el eterno Padre como protector y custodio fiel de sus principales tesoros, esto es, de su Hijo y de su Esposa, y cumplió su oficio con insobornable fidelidad. Por eso le dice el Señor: Eres un empleado fiel y cumplidor; pasa al banquete de tu Señor.
Si relacionamos a José con la Iglesia universal de Cristo, ¿no es este el hombre privilegiado y providencial, por medio del cual la entrada de Cristo en el mundo se desarrolló de una manera ordenada y sin escándalos?

Si es verdad que la Iglesia entera es deudora a la Virgen Madre por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es san José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular.

José viene a ser el broche del antiguo Testamento, broche en el que fructifica la promesa hecha a los patriarcas y los profetas. Sólo él poseyó de una manera corporal lo que para ellos había sido mera promesa. 
No cabe duda de que Cristo no sólo no se ha desdicho de la familiaridad y respeto que tuvo con él durante su vida mortal como si fuera su padre, sino que la habrá completado y perfeccionado en el cielo. [...]

Acuérdate de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tu oración ante Aquél que pasaba por hijo tuyo; intercede también por nosotros ante la Virgen, tu esposa, madre de Jesús que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

JOSÉ HIZO LO QUE LE HABÍA MANDADO EL ÁNGEL DEL SEÑOR



Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,16.18-21.24a):

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

- «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de los pecados.»

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Palabra del Señor