viernes, 23 de septiembre de 2016

Ortodoxos y católicos alcanzan un acuerdo histórico sobre el primado del Papa



La Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa rusa luego de una división milenaria comienzan a dar pasos importantes en un tema duro. Parece que atrás queda la inmovilidad que está detrás de la máxima irónica de «dejar a los teólogos en una isla» para resolver temas dogmáticos, mientras el Papa se abraza con Bartolomé I y firma una declaración conjunta con el patriarca Kirill de Moscú.
A través de un comunicado de la parte rusa, la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa reunida en Chieti Italia hasta este jueves 22 de septiembre, informó de un acuerdo para la aceptación del documento Hacia una comprensión común de la sinodalidad y del primado al servicio de la unidad de la Iglesia.
Precisamente, la novedad está en el pacto alcanzado casi a la unanimidad. De esta manera, se llega a un acuerdo sobre la definición compartida del principio del primado.
En los primeros siglos, entre altos y bajos, el obispo de Roma era reconocido por la Iglesia de Oriente y Occidente como primus, debido a que era el titular de la primera sede, o sea la Iglesia de Roma.
El documento es un paso adelante aunque no vinculante, pero en esta ocasión la Iglesia ortodoxa rusa no se ha levantado de la mesa del diálogo como había ocurrido en la sesión de Rávena, Italia, en 2007. Los observadores consideraban «crítico» el momento además por los precedentes de incomunicación dentro de la ortodoxia.
Uniatismo, piedra en el zapato del diálogo
Luego de la conclusión de la XIV Sesión plenaria, el departamento sinodal para las relaciones eclesiásticas externas del patriarcado de Moscú ha dado la noticia, pero también advierte que aún existe un problema con el tema de las secuelas del uniatismo, es decir, el tema de los católicos griegos ucranianos con rito oriental que son fieles al Papa.
La Iglesia rusa puntualizó: «será difícil seguir adelante con el diálogo si no se resuelve la cuestión de las consecuencias eclesiológicas y canónicas del uniatismo».
El documento es producto de un documento borrador que tuvo dos procesos de realización anteriores: la Sesión realizada en Amán en el año 2014 y la reunión del Comité en Roma en 2015. En Chieti se trabajó con ese borrador. Según Moscú, el Comité, que incluye la presentación de 14 Iglesia ortodoxas y autocéfalas, ha llegado a un acuerdo en el tema del primado y la sinodalidad.
Sólo la Iglesia georgiana manifestó su desacuerdo con algunos párrafos específicos, esto se reflejará en algunas notas del documento.
Sin embargo, se trata de un paso adelante en el diálogo entre las Iglesias de oriente y occidente. A pesar de la posición de la Iglesia de Georgia, la Iglesia ortodoxa rusa adoptó el documento final.
El patriarcado de Moscú espera que en la próxima Sesión plenaria, que se realizará en 2017, se resuelva el uniatismo.
El metropolita Hilarión, jefe de la delegación ortodoxa rusa, sostuvo que no aceptaba la posición de la Iglesia católica griega de Ucrania y la tachó de «inaceptable» desde la perspectiva de la «ética cristiana».
El también ministro de Relaciones Exteriores alzó la voz contra el arzobispo mayor de Kiev, Sviatoslav Shevchuk, por sus declaraciones anti-rusas. Hilarión sostiene que Shevchuk está soplando sobre el fuego de la desconfianza que aleja a católicos y ortodoxos y es obstáculo del diálogo presente y futuro.
La Comisión mixta ha sido presidida por el cardenal Kurt Koch, presidente del consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos, y por el arzobispo de Telmessos Iob (Getcha), del patriarcado ecuménico.
Ahora, hay que esperar la publicación del documento completo por parte de ambas partes.
Ary Waldir Ramos Díaz/Aleteia.org

23 de septiembre: san Pío de Pietrelcina, religioso capuchino


Es común el vicio de hablar mucho de lo que se sabe poco. Está claro que los que padezcan de insuficiente información sobre un tema estén desautorizados para asegurar algo que no conocen con profundidad en ese ámbito del saber, por muy peritos que sean de otras ciencias, y que la veracidad de sus afirmaciones no quede garantizada. Digo esto porque no es infrecuente oír que hoy no hay santos. Los afirmantes son en ocasiones personas religiosas, aunque con no mucha formación, o bien gente que no suele gastar los suelos de las iglesias. Y lo dicen entre la ironía, el lamento y la desilusión. Algunos –los irónicos–, porque la pretendida carencia de santos con hechos prodigiosos en sus vidas les sirve de disculpa y apoyo para mantener su poca disposición a ser buenos cristianos, y de disculpa para seguir viviendo al estilo agnóstico, como si Dios no existiera. Otros –los del lamento–, porque bien quisieran poder exhibir un buen número de personas entre los contemporáneos que sirvieran como puntos de referencia incuestionables para la fe. Finalmente, los de la desilusión querrían contar con algún botón de muestra en que apoyarse y llegar a descabalgar de la increencia a los que la montan. Contemplar la figura del padre Pío, religioso capuchino, de nuestros días, sacerdote humilde, predicador, y maravillosamente adornado con fenómenos místicos y prodigios inexplicables, les servirá a todos.
Francesco Forgione nació en Pietralcina, pueblecito de la provincia de Benevento (Italia) el 25 de mayo de 1887, se hizo capuchino el 6 de enero de 1903 y se ordenó sacerdote el 10 de agosto de 1910. Residió casi todo el tiempo de su vida sacerdotal en San Giovanni Rotondo –al este de Italia– hasta su muerte ocurrida el 23 de setiembre de 1968.
El día 2 de mayo de 1999, acabándose el segundo milenio cristiano y cuando ya cae a la Tierra la vetusta Estación Mir por obsoleta, se reunió en Roma la mayor multitud de fieles conocida para asistir a la ceremonia de beatificación que realizaría el Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro y que podía seguirse por la televisión del mundo. De esta manera se ha cumplido el vaticinio del propio padre Pío, que llegó a decir que su persona atraería más fieles «muerto que en vida»; y eso que su santuario es visitado anualmente, hasta el momento, por más de siete millones de peregrinos. En la ceremonia de beatificación se reunió toda clase de personas de Italia, Europa y América. Estaban presentes las más altas autoridades del Estado y del Gobierno italiano y el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede.
¿Qué hizo en su vida el Padre Pío para ser tan venerado y para aglutinar a gente tan diversa? La respuesta es clara: llenar su vida de Dios; todo lo que salió hacia el prójimo, tanto lo que se conoce de extraordinario como lo que no pasa de vulgar, no es más que la consecuencia de esa plenitud de fidelidad.
Fue un estigmatizado. Desde la mañana del 20 de setiembre de 1918, en que recibió el don celeste reservado solo a los místicos, llevó en su cuerpo las heridas sufridas por Cristo clavado en la cruz. Las dos manos, los dos pies y el tórax del Padre Pío las llevaron –dolientes y sangrantes– por lo que dura medio siglo.
Pero este fenómeno místico tan llamativo no impedía el ejercicio habitual de su ministerio sacerdotal, sino que más bien lo animaba y alimentaba: predicación, confesiones, ánimo a las almas para subir, liturgia bien realizada y vivida. Oración, penitencia y mucha expiación.
Sus ochenta y un años de vida dieron para mucho más en hechos prodigiosos. Vaticinó el futuro en varias ocasiones; una de ellas –poco mencionada por sus biógrafos– bien la conocía el papa que le elevaba a los altares, porque al mismo Juan Pablo II, cuando solo era un simple sacerdote, le predijo en 1946 que llegaría a papa, que sufriría una violencia física (el atentado de Alí Agca), aunque no moriría por ella.
Pero también tuvo visiones de ángeles y de ánimas.
Además, fue repetidas veces bilocado cuando aún vivía; bien se sabe que el don de la bilocación consiste en dejarse ver por distintas personas al mismo tiempo en diversos y distantes lugares; una de ellas tuvo lugar a dos tripulantes de un bombardero americano durante la Segunda Guerra Mundial con el aviso de que no dejaran caer su carga destructora sobre San Giovanni Rotondo, cosa que se cumplió.
Otro de los fenómenos inexplicables, durante la vida del padre Pío, fue la falta de apetito y de sueño. ¿Cómo podrían explicarse los médicos que pudiera vivir con las escasas cien calorías que ingería cada día?
Ha dejado a la humanidad como testamento, además del Hospital Casa Alivio del Sufrimiento, los Grupos de oración: asociaciones de laicos, reconocidas por la Santa Sede, que hoy se encuentran esparcidas por los cinco continentes. Se trata de fieles que se reúnen bajo la guía de un sacerdote para formarse espiritualmente y llevar una vida cristiana coherente, en obediencia al propio obispo. En el mundo hay más de tres mil grupos con medio millón largo de miembros.
Muchas curaciones se le han atribuido, entre ellas la de la prestigiosa psiquiatra polaca Wanda Poltawska, pero no fue la única; la milagrosa recuperación de una grave enfermedad de Consiglia de Martino ha sido reconocida oficialmente por la Iglesia.
No faltó en la homilía de la pontifical de la beatificación una alusión a lo que supuso el fenómeno estigmático en la vida del Padre Pío: fueron «dones singulares» que suponían «una participación en la Pasión» y llevaban consigo «sufrimientos interiores y místicos» que le permitieron llegar a tener «una experiencia plena y constante de los padecimientos del Señor».
Entre los dones que Juan Pablo II recibió de la Orden Capuchina, había una preciosa reliquia consistente en un estuche que contenía, en marco de plata, uno de los paños con los que el padre Pío enjugaba la sangre que manaba de sus heridas.
Aunque para tener fe y vivir según ella no nos hacen falta más milagros que los del Evangelio, agradecemos rendidamente a Dios que también hoy se prodigue su bondad en algunos hombres y mujeres cuya vida deje boquiabiertos a los listillos de la ciencia, imposibilitados para explicar lo inexplicable, y ponga en pie a los buenos cristianos tanto para no ceder en lo que debe mantenerse con firmeza como para comunicar al mundo confiadamente dónde esta la verdad.
Archimadrid.org

Una catequesis nueva


Un grupo de catequistas de Madrid participa este fin de semana en el Jubileo de los catequistas en Roma. Es el arranque de un curso en el que se estudiará como renovar la catequesis en Madrid para evangelizar mejor a niños y adultos
La archidiócesis de Madrid va a estudiar durante este curso cómo renovar la catequesis de iniciación cristiana de niños y adultos para dotarla de un sentido más evangelizador. Según Manuel Bru, delegado de Catequesis de Madrid, «se va a renovar tanto el itinerario catequético como los materiales que se están utilizando». Y en esta dinámica de cambio «se va a repensar de nuevo todo: las edades de cada tramo catequético, las temáticas, los métodos para la transmisión de la fe…», al estilo de propuesta del Papa Francisco en Evangelii gaudium de replantear «costumbres, estilos, horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial» para evangelizar mejor el mundo de hoy.
Para llevar esto a cabo, la Delegación de Catequesis ha organizado un grupo de trabajo de expertos muy variado: procedentes del entorno académico, como la Universidad San Dámaso o la Universidad de Salamanca, o las congregaciones religiosas con mayor trayectoria en el campo de la transmisión de la fe, como los Salesianos o el Instituto San Pío X de los hermanos de La Salle. El equipo lo completarán catequistas que ejercen hoy su misión en Madrid.
Dos van a ser las claves principales de la renovación: el catequista y la prioridad de la Palabra de Dios. «Hasta ahora –explica Manuel Bru–, la catequesis en España ha reproducido en general el recorrido que sigue el Catecismo de la Iglesia católica: credo, vida moral y oración. Pero hoy en Europa, para responder al contexto sociológico actual, el camino de la catequesis se está invirtiendo, para partir de textos de la Palabra de Dios». El motivo es que «hoy la mayoría de los catecúmenos no son niños que han recibido la fe en su familia o adultos con una buena formación previa, sino todo lo contrario. En un entorno tan secularizado como el nuestro, hay que empezar la catequesis por el primer anuncio, que en el caso de los niños supone incluso fomentar el despertar religioso».
De este modo, el principio de la catequesis «no puede ser el Catecismo, sino el Evangelio, como ha sucedido siempre en la historia de la Iglesia. No podemos atiborrar de primeras a los niños con una información que no les llega, sino que debemos despertar en ellos la inquietud religiosa, y eso se hace con la Palabra de Dios, con el Evangelio», explica Manuel. Por eso, uno de los instrumentos que valorará este grupo de trabajo es el Oratorio de Niños Pequeños, una herramienta de formación y oración «muy valorada por catequistas y sacerdotes de sensibilidades muy diversas».
El catequista, esencial
La segunda clave para la renovación de la catequesis es el catequista. Se buscará trascender el modelo catequético profesor-alumno, y se ofrecerá a los catequistas formación intelectual, espiritual y habilidades comunicativas. En primer lugar, la Delegación ofrecerá este año un Curso de catequética con diez bloques temáticos que abordarán el lenguaje, la metodología, la relación entre catequesis y compromiso, la interioridad, la catequesis familiar… El curso consiste en 26 sesiones de dos horas, los jueves de 17 a 19 horas, en el salón de actos de Alfa y Omega, con la posibilidad de seguirlo online.
Además, la Delegación pondrá a disposición de parroquias, arciprestazgos y vicarías cursos de entre tres y ocho sesiones para desarrollar en lugares, días y horarios elegidos por los interesados. Y ofrece también a los catequistas un curso especial de pedagogía catequética, para adquirir habilidades de comunicación eficaz y sobre dinámica de grupos. Este esfuerzo se completará con tres tandas de ejercicios espirituales (en febrero, marzo y abril), y diferentes encuentros de catequistas por vicarías.
Juan Luis Váquez Diaz-Mayordomo

Turkson: "El Papa quiere que la Iglesia abandone la teoría de la guerra justa"


"La no violencia: un estilo de política para la paz". Éste será el título del mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz de 2017. Al elegirlo el pontífice ha dado "un reconocimiento muy fuerte" a la iniciativa dentro de la Iglesia católica de que ésta se aleje de la teoría de la "guerra justa". Así lo subrayó el cardenal Peter Turkson en una entrevista al National Catholic Reporter.
En abril tuvo lugar en el Vaticano una conferencia, organizada por el Pontificio Consejo Justicia y Paz y Pax Christi Internacional, que acordó que no hay ninguna justificación nunca para la guerra. Dicha conferencia publicó un manifiesto que exigió "que la Iglesia Católica [desarrollara] y [considerara] el cambio hacia una perspectiva de paz justa basada en la no violencia del Evangelio". Reclamó incluso que el Papa plasmara el marco de referencia de la "paz justa" en una encíclica. Según Turkson, al tomar la no violencia como título para su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, Francisco ha dado un fuerte respaldo a este movimiento que busca el repudio a la teología de la "guerra justa". "Estamos dando un reconocimiento muy fuerte a la conferencia y a las cosas que fueron discutidas y dichas allí", afirmó el cardenal.
La teoría de la "guerra justa" fue pensada, en sus orígenes, para que fuera más difícil que se emprendieran conflictos bélicos. Sin embargo, las condiciones para que una contienda fuera considerada ética se han distorsionado en el mundo actual. Es algo sobre lo cual ha llamado la atención el pontífice, según el cardenal. Incluso si se alegaran la autodefensa, la disuasión de un agresor o la protección de inocentes como motivos para ir a una guerra, "el Papa Francisco diría que "No paras una agresión al convertirte en un agresor"."No paras un conflicto al incitar otro conflicto. No paras una guerra al empezar otra guerra", parafraseó el cardenal al pontífice.
Frente a las posibles reservas de que la Iglesia estuviera promoviendo una utopía al reemplazar la "guerra justa" con la "paz justa", Turkson recordó que se trata de adoptar el mismo enfoque de no violencia que predicó Jesús. "La gente piensa que es utópico, pero así fue Jesús", dijo. Citó como evidencia aquello de que el cristiano ha de volver la otra mejilla. "¿Merece la pena seguir lo que nuestro Maestro nos enseñó?", preguntó el cardenal. "Lo que nos enseñó es la no violencia".
Y es que, según Turkson, la no violencia del Evangelio puede traducirse a políticas concretas en las guerras de hoy día. En este sentido, el cardenal apuntó a varias medidas diplomáticas y económicas que podrían servir para parar las agresiones. Por ejemplo, el fin del tráfico de armas. "Los grandes instrumentos de guerra vienen de factoría y industrias que fabrican armas y algunos de estos ya se están usando en teatros bélicos" como Nigeria, denunció. Esto significa que "hay gente enriqueciéndose con el tráfico de armas", un factor agravante en los conflictos de hoy que fácilmente, dada la voluntad necesaria, se podría cortar de raíz.
(Cameron Doody)

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI SOBRE EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (9, 18 -22)



En el evangelio de hoy vemos representados como dos modos distintos de conocer a Cristo. 

El primero consistiría en un conocimiento externo, caracterizado por la opinión corriente. A la pregunta de Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?», los discípulos responden: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Es decir, se considera a Cristo como un personaje religioso más de los ya conocidos. 

Después, dirigiéndose personalmente a los discípulos, Jesús les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro responde con lo que es la primera confesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». La fe va más allá de los simples datos... y es capaz de captar el misterio de la persona de Cristo en su profundidad.

Pero la fe no es fruto del esfuerzo humano, de su razón, sino que es un don de Dios (...) Tiene su origen en la iniciativa de Dios, que nos desvela su intimidad y nos invita a participar de su misma vida divina. 

La fe no proporciona solo alguna información sobre la identidad de Cristo, sino que supone una relación personal con Él, la adhesión de toda la persona, con su inteligencia, voluntad y sentimientos, a la manifestación que Dios hace de sí mismo. 

Así, la pregunta de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?», en el fondo está impulsando a los discípulos a tomar una decisión personal en relación a Él. Fe y seguimiento de Cristo están estrechamente relacionados. 

Y, puesto que supone seguir al Maestro, la fe tiene que consolidarse y crecer, hacerse más profunda y madura, a medida que se intensifica y fortalece la relación con Jesús, la intimidad con Él. También Pedro y los demás apóstoles tuvieron que avanzar por este camino, hasta que el encuentro con el Señor resucitado les abrió los ojos a una fe plena. 

(...) También hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta que hizo a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondedle con generosidad y valentía (...). Decidle: ‘Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone’.

En su respuesta a la confesión de Pedro, Jesús habla de la Iglesia: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». ¿Qué significa esto? Jesús construye la Iglesia sobre la roca de la fe de Pedro, que confiesa la divinidad de Cristo. Sí, la Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios (...) No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (cf. 1Co 12,12). La Iglesia no vive de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de ella, y le da vida, alimento y fortaleza.

(...) Seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él. 

Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. 

Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.

De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios. (...)

Que todos en la Iglesia, pastores y fieles, nos acerquemos cada día más al Señor, para que crezcamos en santidad de vida y demos así un testimonio eficaz de que Jesucristo es verdaderamente el Hijo de Dios, el Salvador de todos los hombres y la fuente viva de su esperanza. Amén.
(Benedicto XVI, homilía del 21 de agosto de 2011)

Y VOSOTROS, ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?




Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,18-22):

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.»

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.»

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»